Hola sempais. Vaya, me siento muy mal porque tardó cada vez más en actualizar u-u y si los tengo esperando, es todavía peor. Pero aún así, espero que me perdonen, porque el día de hoy, Mary se esforzó mucho para agregar más ItaSaso. owó

Espero que gusten de la continuación.


4.

((~*~LA TENTACIÓN DEL PECADO~*~))

"Cuando la tristeza interminable nos cubra; Abracémonos nuevamente, esperando el mañana…" Manatsu no yoru no yume, Suga Shikao.

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¿Cuánto tiempo había pasado de que no apartaban la mirada el uno del otro? Sasori no lo sabía, pero aunque estaba seguro de que solo habían sido segundos, a él se le habían antojado como una eternidad. No era capaz de procesar ningún pensamiento coherente mientras lo escudriñaban meticulosamente aquellos profundos ojos negros que, por alguna razón todavía desconocida para él, parecían cohibirle hasta hacer que sus piernas comenzaran a temblar y su corazón palpitara dolorosamente en su pecho.

No lograba entender por qué Itachi no dejaba de observarlo de esa manera tan penetrante, haciéndole sentir completamente desnudo. Eso no podía hacer otra cosa que avergonzarlo, porque… ¿Cómo podía él hallarse tan repentinamente vulnerable ante ese escritor? ¿Cuándo había ese Uchiha penetrado en aquella muralla de impasibilidad que había construido durante tanto tiempo?

Apartó la mirada de Itachi, intentando convencerse de que lo hacía no por ser débil ó sentir vergüenza y sustituyendo esos sentimientos diciéndose que lo hacía solo porque le había hartado esa manera de que lo observaran. Abrió la boca para decir algo, pero en ese momento las palabras se ahogaron en su garganta sin que pudiera hacer nada… Simplemente se quedo mudo. Aunque Itachi –lo agradeció infinitamente– no pareció percatarse de ello. Carraspeó ligeramente para que si llegaba alguna vez a recuperar la voz, no saliera la voz ronca.

–¿Qué sucede?– preguntó, después de unos segundos, ciertamente aliviado porque su voz se había escuchado con el siempre toque pedante que lo caracterizaba. Se atrevió a sonreír de lado –¿Eh, Uchiha?

Itachi apartó la mirada de su rostro y parpadeo rápidamente, como si despertara de un sueño. Hasta ese momento Sasori, se dijo que debía de respirar para calmarse, pues probablemente Itachi hubiera estado viendo su rostro como un punto en la nada, absorto en sus pensamientos. Nunca se enteraría de que en ese momento, el Uchiha se imaginaba cómo sería pasar sus manos por el anguloso y perfilado rostro del pelirrojo mientras recorría con sus labios cada centímetro, reclamando para sí cada centímetro de esa nívea piel. Incluso a pesar de que Itachi se sonrojo, Sasori decidió tomar eso como un indicio de que el pelilargo se había avergonzado por ser atrapado en sus cavilaciones.

El Uchiha se irguió y miró hacia Sasori con una imperceptible sonrisa en sus labios –y el sonrojo disminuyendo en su rostro al paso de los segundos– con la intención de pasar de largo los pensamientos que le habían engullido la razón y la mente durante varios segundos.

–Estaba pensando– susurro Itachi, encogiéndose de hombros y haciendo que Sasori frunciera el ceño –No ha sido nada importante.

–¿En serio?– preguntó Sasori, entre burlón y arisco al mismo tiempo –Por la forma en que me mirabas parecía que pensaras en cómo matarme.

Itachi apretó la mandíbula, a Sasori le pareció que pretendía hacerse el ofendido.

–¿De verdad parezco un asesino?– preguntó Itachi, arqueando sus cejas –Interesante suposición la tuya. Aunque un poco exagerada, ¿no te parece?

–Si estuvieras en mi lugar, pensarías lo mismo.

–¿De verdad?

Sasori ya no se atrevió a añadir algo más que le hiciera creerse la persona más estúpida del planeta. Aunque nadie lo culparía si Itachi, al mirarlo de aquella manera, le pusiera la carne de gallina e hiciera que sintiera un horrible hueco en la boca del estomago, al mismo tiempo agradable. Frunció el ceño, apartando la mirada hacia la puerta de la entrada. ¿Cuánto tardaría en llegar Madara? No podía esperar para irse de ahí. Sin embargo, no podía dejar de escuchar dos voces en su cabeza. Una le decía que no tenía por qué quedarse, en fin que no tendría caso. Y la otra –más potente todavía– le decía que no le importaría seguir admirando la cara de Itachi a tan escasos metros todo el día. Ninguna de las dos parecía darle la solución mientras su cabeza era un remolino que lo confundía y aturdía al mismo tiempo.

Necesitaba salir a tomar aire antes de que…

–¿Qué te pasa?– preguntó Itachi, tan repentinamente que Sasori podría haber dicho lo mismo. Itachi se ponía de pie y estiraba los brazos hacia Sasori, frunciendo el ceño y el pelirrojo se permitiría de alardear, que preocupado –¿Te sientes bien? Te estás poniendo verde. ¿Sasori? ¡Eh, Sasori, reacciona!

Sasori, para lo único que reacciono fue para llevarse la mano a la boca. Quería vomitar, y no sabía si eso era precisamente por estar enfermo ó simplemente habían sido los nervios por Itachi. Durante unos segundos, mientras sentía la mano de Itachi sobre su hombro –el que por cierto, le ardía terriblemente– logró calmarse y respirar profundamente para controlar las arqueadas. Asintió, sin apartar la mano de la boca y con los ojos abiertos.

No podía sino avergonzarse por lo débil que lo volvía su enfermedad. Levantó la mirada hacia Itachi. La galantería que siempre exhibía se había vuelto a perder mientras lo miraba, como si hubiera existido una barrera que se derrumbaba ó tendía a abrirse a sus pies. Podía notarlo por la especie de miedo que Itachi le tenía. Lo sabía porque le pasaba a él también.

Ahora era Sasori el que no apartaba la mirada de Itachi y el otro se empezaba a sentir incómodo, pero lo expresaba abriendo y cerrando el puño ó mirando a todos lados. Sasori sonrió ligeramente.

–Si no te pasa nada, no es gracioso que hagas eso– soltó Itachi, amargamente al regresar la mirada y hallarse con que Sasori sonreía, ya un poco más ruborizado y no verdoso –Además de que es ridículo. Si quieres llamar mí… la atención, no necesitas hacerlo.

Sasori frunció el ceño. ¿Había pretendido decir que quería llamar su atención? Naturalmente, él habría considerado siempre un insulto que alguien le dijera eso, pero cuando Itachi lo hacía… ¡Bang! Se esfumaba el coraje antes de siquiera aparecer.

–¿A no?– preguntó Sasori, en un susurro –¿Por qué no lo necesito para llamar la atención?

Itachi abrió la boca para contestar, pero inmediatamente la cerró. Sasori sonrió mientras se erguía lentamente –no fuera a ser que se mareaba de nuevo– y se pasó la lengua por los labios. Notó con cierta satisfacción, aunque claro que nunca lo admitiría, que Itachi no apartó la mirada de sus labios. El Uchiha volvió a mostrar sus manías cuando empezó a estrechar sus dedos y apretarlos hasta que las puntas se ponían completamente blancas.

–Oye…– comenzó Sasori, intentando enmendar el tono malicioso de hace unos segundos. Itachi giró a verlo –No hace falta que te pongas a la defensiva.

–No estoy a la defensiva– contestó Itachi rápidamente, y enseguida vio cómo sonreía Sasori, se sonrojo ligeramente –Solamente… No me gusta que la gente esté en mi casa.

–¿No?– preguntó Sasori, arqueando la ceja y perdiendo la sonrisa, ofendido.

–¡No! Me refiero a que…Quiero decir que no acostumbro a invitar a la gente a mi casa… Es que, me ponen…

–¿Nervioso?– adelantó Sasori. Itachi se encogió de hombros, dejando las manos a los costados.

–No sé cómo hacer sentir a gusto a la gente. Y además, lo veo innecesario, puesto que mi familia es bastante… aislada.

–Ya lo creo– dijo Sasori con un asentimiento de cabeza –Pero no importa. Con que no busques deshacerte de la conversación, me parece que ya te ayudará.

Itachi sonrió maliciosamente, intentando no conectar la mirada con los labios de Sasori. No estaba seguro de cuánto tiempo podría resistir mirarlos mientras se movían si lo hacían a tan escasa distancia y sin embargo, pareciendo tan lejanos.

–Entonces…quieres charlar conmigo. ¿Probar que podemos llevarnos bien?– susurro, sentándose de nuevo frente a Sasori. El pelirrojo se sonrojo violentamente e Itachi sonrió de lado, burlón –Veo por tu silencio que es así. Bien, ¿Por qué no me cuentas algo tú?

–¿Sobre qué?

Itachi se encogió de hombros.

–Eres tú el que sugirió charlar sobre algo– dijo, recargando su codo sobre el brasero del sillón y la barbilla en su mano. Sasori se sonrojo ligeramente al ver que Itachi volvía a penetrarlo con su mirada –¿O pretendías hacerme iniciar la conversación?

–No me importa quién empiece– susurro Sasori, bajando la mirada. Cuando la levantó, Itachi se volvía a inclinar hacia delante en el sillón y se movía distraídamente los cabellos hacia un lado. El pelirrojo suspiro –Bien. Entonces…Esto es lo que sé de ti…– hizo una pausa antes de añadir: –Tú eres un escritor que adora matar a sus personajes.

–Y tú, un marionetista que ama dar vida a sus muñecos– interrumpió Itachi, mirando a Sasori como si su incomodidad se hubiera convertido en interés por una especie de juego.

–Tienes muchas manías nerviosas– aseguró Sasori, con el ceño ligeramente fruncido –Y te parece ridículo todo cuánto a relaciones sociales se refiere– el pelirrojo hizo una pausa, esperando que Itachi añadiera algo, pero él se limitó a seguirle mirando –Te gusta el té de manzanilla y odias el chocolate. Te gusta leer y que no te interrumpan. Eso da pie a pensar que cuidas los libros y procuras maltratarlos poco o nada. No parecen gustarte los animales, mucho menos los niños. Eres muy soberbio y grosero con las personas, pero también eres muy amable. Me haces pensar que cuando sientes cariño por una persona, te abocas a cuidarla y protegerla. Tienes inclinación por la música de violín, en especial… Chopin, ¿me parece recordar? No tocas ningún instrumento, ¿verdad?

Itachi se limitó a negar con la cabeza, había fruncido el ceño entre más palabras salían de la boca del pelirrojo. Sasori espero un momento antes de pensar qué más podría decir.

–Si me muestras un poco de tu letra, te podría decir mucho más sobre tu carácter– continúo, recargándose en el respaldo con aire superior.

–¿Eso es lo que sabes de mí?– preguntó Itachi, con una media sonrisa –Déjame ver que sé de ti– hizo una pausa mientras miraba detenidamente a Sasori –Eres bastante impaciente, tienes tendencia a ser déspota y también eres muy soberbio y orgulloso. No te agrada el chocolate, pero te gusta en cierto modo. Tú si pareces tener un gusto por los animales y la música del piano es tú favorita. Estás obsesionado con la idea de lo eterno y quieres bastante a Deidara. Te gusta leer y en vista a lo que piensas del arte, seguro que amas la pintura. Se ve que tienes buen ojo para la fotografía, te gusta el café… Le tienes miedo a la muerte, aunque cuando la mencionas la tratas como algo banal, y además, me odias.

Sasori pudo haber corregido muchas de las afirmaciones de Itachi. Es decir, algunas parecerían una ofensa para cómo se sentía –además de que daba miedo que hablara con tanta soltura respecto a la psicología de su carácter– pero lo único que atino a decir, sonó irascible, incluso a sus propios oídos:

–Yo no te odio– dijo con rapidez. Itachi abrió los ojos, ligeramente sorprendido. Sasori se mordió el labio, mientras se sonrojaba, de una manera que (Itachi se complació notar) su rostro era igual a su cabello, Sasori carraspeo y añadió, para enmendar su ridículo comentario –Y no le tengo miedo a la muerte. ¿De dónde sacaste esa gilipollez?

Itachi no respondió. Su corazón había empezado a latir con fuerza después de las palabras de Sasori, que por alguna razón, Itachi sabía que las había pronunciado con veracidad. Aunque, claro está, nunca quisiera confiarse mucho de ello. Entrecerró los ojos. Sabía que Sasori, al agregar aquello último había esperado desviar el tema de las primeras cuatro palabras que habían salido de sus labios justo cuando él había terminado de hablar. Pero quiso aprovechar la ocasión para molestarlo un poco.

–Con que no me odias– repitió con una media sonrisa –¿Entonces? ¿Te desagrado?

–No me…– el pelirrojo se interrumpió en ese momento, había empezado a mover los pies y ponerlos de puntas y regresarlos a su antigua posición, mientras se ponía más rojo –¿No puedes dejar eso a un lado? ¿Tan importante es mi opinión… para ti…?

Itachi se encogió de hombros.

–Me gustaría dejarlo en claro– respondió, con sencillez. Sasori frunció el ceño y dejo quietos sus pies.

–¿Y qué tal tú? Parece como si al verme, te hubiesen propinado un buen puñetazo en medio del estomago.

–Tiendes a cambiar el tema cuando te incómodas– dijo Itachi extendiendo su sonrisa. Sasori lo miró, molesto.

–¿Y quién no?– soltó, déspota. La conversación empezaba a salirse de sus manos y lo ponía nervioso –Tú mismo lo acabas de hacer hace un momento, ¿no te enteraste?

Itachi se quedo callado, consciente de que así había sido. Carraspeo y miró hacia otro lado. ¿Qué podía decir Sasori si estaba en las mismas? Sasori, también apartó la mirada de Itachi, preguntándose cuándo llegaría el tío de éste para que lo "revisara" y pudiera irse. Durante unos segundos, solo se escucho el tic tac de un reloj que Sasori no podía encontrar con la mirada, incluso hasta se pregunto si no estaría imaginándolo. De repente abrió la boca y volteo a ver a Itachi, para decir algo. Justo en el momento en que el Uchiha hacía lo mismo.

–¡Tú…!– dijeron y se quedaron callados, observándose mutuamente, parpadeando.

–Ehm…Este…– tartamudeo Sasori, acomodándose en el mullido cojín –Tú primero.

–¿Eh?– preguntó Itachi, que seguía ligeramente aturdido –Ah… no… tú primero.

Siguieron unos segundos más de silencio.

–¿No me vas a responder?– susurro Sasori, retomando su pregunta. Itachi frunció el ceño.

–¿Por qué quieres que te responda?

–Oye, es justo– soltó, como niño pequeño –Ahora tú sabes que no te odio. Dime al menos que no te desagrado ó… si lo hago, dímelo de una vez.

Itachi lo miró atentamente. Espero unos segundos más.

–De hecho, me parece justo. Y la balanza todavía no está equitativa– dijo, con una imperceptible sonrisa, pero con la mirada seria. Sasori casi da un brinco en el sillón.

–¿A qué te refieres?– preguntó, malhumorado –¿Por qué?

–Porque hiciste que me sacaran de la biblioteca y antes de eso, te burlaste de uno de mis libros diciendo que era basura.

Sasori se sonrojo. ¿Lo haría admitirlo? ¿Nada más por saber qué opinaba de él? Estaba claro que no lo haría…

–Bien– dijo, sin poder sellar sus labios –No pienso que es una porquería. Es…– hizo una pausa, con el corazón martilleando su pecho, esperando que admitir su mentira, no lo haría quedar en ridículo frente a Itachi… otra vez –Eres un escritor excelente. Tu libro… Tu libro me iba gustando mucho. Con la excepción de que todos morían…

Se quedaron en silencio. Itachi, de cierta manera esperaba ver a Sasori esforzarse por disculparse, porque le quedaba claro que el pelirrojo no lo hacía nunca, pero el silencio no hizo más que prolongarse. Hasta que Sasori, harto de haber admitido algo buscando otro algo y no recibirlo, se decidió a exigirlo.

–¿Y bien? ¿No me vas a decir la razón por la que parece que te desagrado? ¿Me odias o no?

Itachi lo miró con determinación.

–Nunca dije que lo haría– respondió. Sasori abrió la boca y los ojos, de par en par.

–Pero…

–Ahora te daré la bendición de la duda. Además, no creo que mi opinión sobre ti, te importe mucho, ¿verdad?– preguntó, socarronamente. Orgulloso de haber conseguido una victoria. Sasori se limito a cerrar los ojos y fruncir el ceño, tomando nota mental de que el Uchiha, era un completo idiota.

–No quiero tener el beneficio de ninguna duda– susurro Sasori, tan bajo que Itachi fue incapaz de escucharlo. Itachi se le quedó mirando, divertido.

–¿Esa es la clase de plática que te gusta mantener a ti?– preguntó. Sasori frunció el ceño.

–En realidad… No. Dime… ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

–¿Qué me gusta?– repitió Itachi, intentando no ser muy obvio en su renuencia a hablar sobre él –Muchas cosas.

Sasori se le quedo mirando, al principio preguntándole con la mirada si no estaba de broma. Cuando dedujo que Itachi no pensaba decir nada más, parpadeo sorprendido y luego arqueo una ceja.

–¿Es en serio?– preguntó, malhumorado. Itachi lo miró, como si en su inmensa inteligencia lo que menos hubiera previsto era que Sasori reaccionaría así –Bien. Si es lo único que puedes intentar hacer está bien. No necesitas acompañarme a la puerta, puedo encontrarla perfectamente. Hasta nunca, Uchiha bastardo.

Inmediatamente después, Sasori se puso de pie. Itachi se quedo pasmado al verlo caminar hacia la puerta y se puso de pie, con el corazón golpeando su pecho con fuerza.

–Hey, Sasori– llamó, pero Sasori lo ignoró. Dio largas zancadas hasta alcanzar a Sasori y le tomo de la mano –Oye, no era en serio.

Sasori se volteó y lo miró a los ojos.

–¿No?– repitió, todavía más de mal humor –A mí me parece que era completamente cierto.

–Vamos. Hemos estado conversando de esta manera de…– empezó a decir Itachi, pero Sasori removió la mano, tratando de soltarse.

–¡Déjame, idiota!– gritó Sasori, logrando soltarse. Estiro la mano hacia la manija de la puerta cuando de repente, Itachi lo empujó hacia un lado y lo aprisiono contra la pared, poniendo los brazos a cada lado de la cabeza de Sasori –¡¿Qué… qué estás haciendo…?

Itachi analizo lo que estaba haciendo. Se sonrojo violentamente, pero por más que su cerebro mandaba señales a su cuerpo de que se retirara, no podía hacerlo. Miró nuevamente los amielados ojos de Sasori, que en la oscuridad de la casa, casi parecían grises. Sentía su cálido aliento en su cuello y tragó saliva. Había empezado a temblar incontrolablemente, pero Sasori –igual ó más cohibido que él– tampoco atinaba más que a levantar la mirada y observarlo con nerviosismo, con la respiración cada vez más agitada.

El pelilargo fijo su mirada en los labios de Sasori, ligeramente entreabiertos. Se pasó la lengua por la comisura de los labios.

–No…– susurro Itachi. Sasori sentía los oídos zumbarle y apenas podía escuchar lo que Itachi decía –No te vayas. No quería ofenderte.

Sasori se sonrojo violentamente. ¿Cómo era posible que se viera tan vulnerable cada vez que estaba frente a ese Uchiha?

Él era un idiota. Y Sasori también lo era. Itachi frunció el ceño más y se separó de Sasori, arrancándole al pelirrojo un suspiro desilusionado.

–Lo siento– dijo Itachi. Sasori sonrió de manera que parecía todavía más enojado que antes e Itachi se sintió un poco mareado por la firmeza de aquella irada, y también por la amargura en ella.

–Eres un grosero– soltó, molesto –Y no me interesan tus disculpas.

Sasori intento irse de nuevo, pero una vez más Itachi le tomo de la mano y lo atrajo contra sí, con tanta fuerza que por poco caen ambos al suelo. Itachi tuvo que esforzarse en mantenerse en pie, con Sasori estrechado en su cuerpo. El cabello del pelirrojo le cosquilleaba el cuello, y le llegó de nuevo un aroma de yerbabuena que debía de provenir de Sasori. Se preguntó si aquel delicioso aroma vendría de la boca de Sasori y cómo sabría si lo besaba ahora.

Se miraron nuevamente, Itachi comenzó a agacharse, olvidando la resistencia que había puesto para no besar a Sasori. El pelirrojo se limito a tensarse, pero se quedo quieto, esperando.

Sus labios prácticamente se tocaban, un roce tan inexistente que podría llamarse un producto de la imaginación; tan suave como la caricia de una pluma sobre la piel. Las puntas de sus narices se tocaban ligeramente y Sasori lanzó un suspiro.

Itachi se detuvo justo en ese momento, haciendo que el calor de sus alientos les quemara un poco más en el pecho, en cada centímetro de la piel que se erizaba bajo aquella sensación cálida y acogedora. Sasori tuvo ganas de decirle que no le gustaba esperar, que quería besarlo ya. Pero ni se podía hablar y tampoco se atrevía a romper esa distancia de milímetros entre sus labios. ¿Cómo podía resultarle esto tan placentero? ¿Por qué no se alejaba de una vez e intentaba no pensar nunca más en Uchiha Itachi?

La respuesta sería tan sencilla cómo ridícula: No quería.

–Uchiha bastardo…– susurro, con la voz extremadamente roja. Sentía como las mejillas le ardían terriblemente. Itachi volvió a separar un poco su rostro y sujeto de los brazos a Sasori, empujándolo hacia atrás. Por un momento ninguno apartó la mirada del otro, y después de un segundo, lo hicieron casi al mismo tiempo –Odio esperar…

Itachi se mordió el labio inferior con fuerza, buscando algo de que asirse para no caer en la dulce tentación, y tampoco pecar con besar a ese pelirrojo que lo traía vuelto loco desde el primer momento en que lo vio… en persona. Aquella galantería con la que Sasori iba por la vida, restándole importancia a todo, mientras sus verdaderos sentimientos se escondían tras una máscara de sentimientos muertos. Itachi quería ser el que liberara y rompiera aquella mascada, la hiciera trisas, justo como ahora lo estaba haciendo mientras torturaba a Sasori con su cercanía. Se le escapo una risita nerviosa, porque él también se estaba muriendo por besarlo.

Pero, ¿quién los mandaba a ser tan masoquistas?

El pelinegro hizo que Sasori de nuevo topara espalda contra la pared y agachó la cabeza. La respiración de Sasori se aceleró cuando en vez de que Itachi lo besara, él solamente hundiera la nariz en su cuello. Abrió los ojos y lo miró, entre malhumorado y complacido, mientras el Uchiha le besaba suavemente el cuello. No pudo evitar que se le soltara un suspiro y cerró los ojos, dispuesto a dejarse hacer.

El Uchiha le dio un mordisco y Sasori soltó una maldición. Con las manos temblorosas atrajo más a Itachi contra su cuerpo.

–No seas idiota y… ya…– susurro Sasori, pero su voz se quedo ahogada mientras Itachi se apartaba y lo miraba a los ojos.

–¿Bésame?– aventuró a decir Itachi, con una sonrisa burlona. Sasori enrojeció todavía más, si es que eso era posible.

Itachi se agachaba para besarlo. ¡Iba a pasar! Sasori sentía como si esto hubiese sido una fantasía de toda su vida, y solo lo era de unas cuantas semanas en las que se había deleitado con la presencia del Uchiha, tan abstraído al ver y –se atrevería a agregar que también– a admitir su arte. No se conocían de toda una vida, pero por las noches, Sasori se limitaba a dar vueltas en la cama, imaginando que podían entablar una conversación. Y ahora que lo hacían, todo terminaba en un intercambio verbal de palabras que le carecían de sentido. Por él que Itachi se quedara callado para siempre, con la boca cerrada no pararía de besarlo.

Siempre pensó que tendría el valor de ser él quien lo besara. Pero ahí se hallaba, esperando a que Itachi terminara con aquel suplicio. ¿Por qué querría un beso en el cuello, si por un momento, Itachi rosaba sus labios con los suyos?

Ardía en deseos que lo hiciera ya. Podía ver y sentir cómo todo ocurría en cámara lenta.

Pero la realidad era que solo habían pasado tres minutos desde que se había parado del sillón y decidido salir. Muy dentro de él sabía que debía haberse resistido y salir corriendo, si así lo ameritaban las circunstancias. Pero la tentación por aquel… deseo, por aquel pecado, había sido demasiado fuerte.

Antes de que Itachi pudiera besarlo, la puerta principal se abrió y rompió la burbuja que se había creado entre ellos: Itachi prácticamente saltó hacia atrás, y Sasori se quedo quieto, completamente tenso en su lugar, al ver cruzar por el umbral de la casa a Madara.

Se hizo un profundo silencio mientras Madara repartió una mirada entre ambos chicos, con las cejas ligeramente arqueadas. Itachi se pasó una mano por los cabellos y Sasori se mordió el labio inferior con fuerza. Madara pareció sopesar que había interrumpido algo, se irguió en su estatura y se metió a la casa.

–Buenas tardes– dijo, con la voz firme, aunque un poco incómoda.

–Buenas tardes, señor– respondió Sasori con la voz ronca, pero con un poco de exageración respecto a su postura de firmes, como si se estuviera presentando ante su general. Itachi hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.

Madara sonrió ligeramente y comenzó a quitarse el saco negro que llevaba. Al parecer, pensó Sasori, a los Uchiha les gustaba mucho el negro. Y es que además les quedaba, en realidad, todo en ellos parecía una noche oscura.

–Tú debes ser el chico del que me comentó Itachi– volvió a hablar Madara –Debo decir que me sorprendo, porque creo que te he visto en alguna parte…

El Uchiha mayor hizo un ademán de invitar a Sasori hacia la sala. El pelirrojo asintió y empezó a andar, hasta ese momento no se había dado cuenta de que Itachi iba adelantándose hacia la cocina. Frunció ligeramente el ceño. Madara se mantuvo a su lado.

–Mi nombre es Sasori…– susurro el pelirrojo, y carraspeo, pues su voz seguía ligeramente fuera de sí –Akasuna no Sasori.

–¿A sí?– preguntó Madara, sorprendido –Eres el chico que compro el teatro, ¿no?

Sasori sonrió y asintió.

–¡Vaya!– exclamó Madara en tono condescendiente, mientras tomaba asiento e invitaba a Sasori a hacer lo mismo –Me alegro mucho de que lo hicieras. Sería una pena que hubiesen derrumbado ese lugar. Una verdadera pieza de arte.

–Ya lo creo– concordó Sasori, de manera respetuosa. Muy en el fondo esperando que Madara no hubiese visto nada del anterior comportamiento de su sobrino para con él –Cuando era pequeño, mi abuela realizo muchas funciones en ese lugar.

–Lo sé. Fui a ver muchas de ellas. ¿Chiyo, verdad? Lamento lo de su muerte.

–Está bien– dijo Sasori, un poco triste –Ya… tiene tiempo.

Madara hizo una inclinación de cabeza, refutando sus condolencias.

–¿Así que te quedaras a vivir aquí ó el teatro solo ha sido una inversión?

–Bueno… No lo sé. En realidad, no tengo preparado un plan respecto al futuro.

–Inglaterra es un buen sitio, una vez que te acostumbras a ver llover todos los días.

–No tengo problemas con el clima.

–¿Originario de Inglaterra?– preguntó Madara, afablemente.

–Sí. De hecho.

Itachi llegó con una taza de café negro que sacaba humo y se la ofreció a su tío, antes de sentarse a su lado. Todo quedo en un silencio un tanto incómodo mientras Madara sorbía de su café.

–Bueno…– dijo el mayor mientras dejaba la taza a un lado de las que habían usado Sasori e Itachi. El pelinegro había empezado a frotarse las manos contra las piernas. Sasori intento fingir que no se había dado cuenta –No creas que estoy haciendo tiempo de más, y lamento haberte echó esperar demasiado (la doctora Shizune reporto que había un problema con un paciente y tuve que desviarme un poco del camino para administrarle una inyección potente). Me gusta conocer a mis pacientes un poco antes de aplicar diagnostico. Traeré mi equipo y…

–¡Yo lo hago!– exclamó Itachi, poniéndose de pie de un salto. Haciendo que tanto Sasori como Madara lo observaran con ligera displicencia pintada en los rostros. Sin embargo, Itachi no espero y se lanzó escaleras arriba.

Ciertamente que a Sasori le produjo cierta amargura aquella forma de querer zafarse de nuevo de la conversación. ¿Sería que temía que Madara se hubiera percatado del mal comportamiento? Su atención paso a ser de Madara, que todavía observaba las escaleras con cierta intriga, y –si Itachi pretendía restarle importancia, no lo había logrado– también interés.

–De acuerdo…– dijo Madara, mientras volvía la mirada a Sasori. A él le inquietaba que los Uchiha fueran todos tan iguales. Ojos negros, cabello negro, piel blanca, dientes perfectos, rasgos bellos. ¿Es qué esa familia no tenía… rasgos distintivos? Además del corte ó el peinado, Sasori podía decir que eran exactamente iguales. Sus ojos pasaron a desviarse hacia las escaleras. No. Itachi era diferente de otro modo, sus pensamientos se vieron interrumpidos por Madara –¿En qué te puedo ayudar?

Sasori parpadeo confundido y volvió la mirada a Madara.

–Ehm…– susurro, forzándose a prestarle atención al mayor –Yo no quería molestarlo. En realidad… Ya me siento mejor y…

–Para nada– soltó Madara, con seriedad. Sasori lo miró con el ceño fruncido –Me gustaría mucho poderte ayudar. ¿Sabes? Cuando yo era pequeño amaba pasar el tiempo en aquel teatro. Cuando dijeron que lo derrumbarían sentí mucha tristeza, parte de mi infancia está implantada ahí. Y debes saber que yo no soy de los que se aferran mucho a ese tipo de cosas, así que… Por ende, queda implícito que es importante para mí el que ese lugar sigua en pie. Además… Parece que Itachi al fin se encontró con alguien que le importará más que un pepino, como suele pasar con todos los invitados jóvenes de esta casa.

Si algo hizo aquel último comentario, fue solo aumentar el nerviosismo de Sasori respecto a Itachi, y seguramente el sonrojo en su cara. ¡Estúpido sonrojo! Debía de ser de familia porque una vez que lograban hacerle salir, era muy fácil notarlo y además, dificil de quitar. Sasori maldijo mentalmente no ser un poco más moreno. Bajó avergonzado la cabeza.

Madara sonrió de lado, casi burlón.

–¿Son amigos?– preguntó, mientras se ponía de pie y se acercaba a Sasori.

–Más conocidos que amigos, diría yo– contestó Sasori, segundos después. Itachi llegó con un maletín y se lo entregó a Madara, se quedo parado mirando a todos lados, a excepción de su tío y Sasori.

–Gracias, Itachi kun– dijo Madara mientras sacaba unos materiales del maletín. Sacó un estetoscopio y se puso las olivas en los oídos, y le puso la campana en la espalda a Sasori –Vale. Respira profundamente.

Sasori lo hizo repetidas veces, mientras Sasori intentaba que su corazón dejara de latir con tanta fuerza en su pecho. Madara asintió una vez antes de quitarse de las orejas el aparato y dejarlo de nuevo en el maletín.

–Me dices si te duele– dijo, mientras se ponía detrás de Sasori y le golpeaba ligeramente la espalda. Sasori no notaba ningún tipo de dolor, como era natural después de unos minutos de alguno de esos ataques –Bien. ¿Estás tomando alguna medicina?

–Sí– contestó Sasori, con la voz un poco ronca y después de enumerar los siete medicamentos que debía tomar al día y los tres de la noche, Madara e Itachi fruncieron el ceño.

–Son muchos medicamentos– admitió Madara –Me gustaría hacerte unos estudios para refutar…

–Si lo que usted percibió en mí fue insuficiencia cardiaca, ya no tiene por qué molestarse en hacer más estudios– dijo Sasori, déspota. Madara abrió los ojos sorprendido e Itachi abrió la boca para decir algo que no llegó a sus labios antes de volver a cerrarlos. Sasori arrugo la nariz, consciente de que había sonado terriblemente grosero –Lo lamento. A veces… es dificil aceptar cosas de este tipo. Yo…– Sasori se puso de pie –Muchas gracias por…

–Bien– dijo Madara, mirando a Sasori con una sonrisa –Pero, me gustaría mucho frecuentarte como tu doctor, sino te molesta. Y además, te recomiendo que en cuanto te termines esas medicinas, las cambies por esta… Es muy buena.

Madara sacó de su maletín una libreta donde anotaba recetas y una pluma. Escribió algo rápidamente con una elegante caligrafía y se la tendió a Sasori. Itachi permaneció quieto, intentando sacar de su mente las palabras "insuficiencia cardiaca" mientras iban de la misma oración que "Sasori tiene…".

El pelirrojo asintió y agradeció a Madara su amabilidad. Itachi pudo notar, que fingiendo que en esa visita no había pasado nada. Por un momento, incluso creyó que al salir de la casa tiraría la receta y jamás en su vida lo volvería a ver.

Retiro la mirada del apretón de manos que se daban Madara y Sasori.

–Fue un placer conocerlo, Madara samma– dijo Sasori, en tono respetuoso. Madara correspondió el gesto –También agradezco su intención de ser mi doctor, y créame que la tomare muy en cuenta.

–Si necesitas algo, llamas– dijo Madara.

–Por supuesto– contestó Sasori, antes de mirar a Itachi. Sus ojos volvieron a cruzarse e Itachi juraría que el mundo se le venía encima con la amargura de aquella mirada; Más parecida a una despedida –Bien. Muchas gracias por ayudarme, Uchiha. No tenías que molestarte.

–No hay por qué – contestó Itachi, volviendo a retirar la mirada –Que… te vaya bien.

–Seguro…– susurro Sasori.

–Itachi, por favor– interrumpió Madara, mientras Sasori estaba en proceso de dar media vuelta –Acompaña a este joven a su casa. Solo para asegurarte de que estará bien. ¿Hay quien cuide de ti en casa, Akasuna kun?

–Ah… sí. Y no es necesario…– dijo, refiriéndose a que Itachi lo acompañara.

Itachi miró a Sasori con cierto recelo.

–Voy a ir a comprar manzanas para mi hermano– se excusó Itachi, ligeramente nervioso. Hizo un encogimiento de hombros –En realidad, puedo acompañarte más de la mitad del camino. Si eso no te molesta.

A Sasori si le molestaba. De la manera dicha en el buen sentido. Se encogió de hombros y seguido, tragó saliva ruidosamente, notando como el color volvía a subir a sus mejillas. ¿Cómo demonios eso le podía pasar? Es decir, parecía que se quedaba sin una gota de sangre en todo el cuerpo porque ésta cubría sus mejillas. Itachi asintió y subió las escaleras, alegando ir por un suéter para él y otro para Sasori.

–De acuerdo– agregó Madara antes de sentarse en el sillón y coger su taza de café negro. Sasori lo miro un momento, guardándose la receta en el bolsillo del pantalón –Te hará bien dejar tantas medicinas.

El Uchiha lo miró de arriba abajo, quizá notando que llevaba una camisa de su sobrino. Sonrió burlón y cerró los ojos justo cuando Itachi llegaba con dos suéteres en la mano. Le tendió a Sasori uno color azul marino y se puso el negro encima y se fue hacia la puerta principal, seguido del pelirrojo.

–¡Oh, lo olvidaba!– agregó Madara y Sasori se giro sobre el hombro para verlo, Itachi también se quedo en la puerta, mirando a su tío –Parece que tienes un salpullido en el cuello Sasori, lo tienes muy rojo. Con una crema de almendra se te irá rápido.

Sasori apretó los labios en una fina línea y asintió. Se dio media vuelta y se apresuro a salir por la puerta. Itachi también miró a su tío de manera nerviosa. Él le dirigió una mirada burlona.

–Qué bueno que te hagas de amigos, Itachi– fue lo único que dijo, antes de que el avergonzado Uchiha saliera y avanzara rápido por la acera, intentando mantener un ritmo que a Sasori no le perjudicara.

No hacía falta decir que durante cierto tiempo, todo fue silencio entre ellos. Hasta que por fin, Itachi se animó a decir algo.

–Sasori…– susurro, llamando la atención del pelirrojo –Lo que paso allá… quiero decir… cuando…

–¿Sí?

–Quería decirte que… lo lamento.

Sasori se detuvo y miró a Itachi con una ligera sonrisa en los labios. Itachi también paró en seco.

–¿Por qué?– preguntó, en tono displicente –¿A caso… te arrepientes de querer besarme? ¿Ó de creer que yo quería besarte?

Itachi bajo la mirada.

–No es algo que yo…– susurro, metiendo las manos en los bolsillos del suéter negro –Fue ridículo.

Sasori frunció el ceño, nuevamente malhumorado.

–¿Ahora me vas a venir con eso?– dijo, déspota. Segundos después volvió a andar –Oye, no importa. En realidad, creo que lo fue. Quiero decir, ¿tú?, ¿besarme a mí? ¡Por favor! Eso solo es una especie de parodia.

–¡No!– gritó Itachi, volviendo a caminar y a alcanzar a Sasori, que evito mirarlo –Me refiero a que… No tenía… no es correcto que yo… Oye, ¿me estás escuchando?

–Sí. Desgraciadamente– dijo, mientras volvía la mirada al otro lado. Itachi maldijo en voz baja al ver que Sasori tomaba una ruta distinta.

–¿A dónde vas?– preguntó.

–No quiero seguir escuchándote.

–Sasori. Oye. ¡Espera! No quería decirte eso en ese sentido es solo que…– le tomo de la mano a Sasori y volvió a jalarlo, con cuidado de no hacerlo con demasiada fuerza, como antes. Sasori lo miró, enojado –Escucha. Tú… tienes esa… esa…enfermedad.

Sasori enrojeció, esta vez de coraje. Se soltó del agarre de Itachi.

–Esa enfermedad no es contagiosa– reprochó, molesto. Itachi levantó la mirada al cielo, como si estuviera pidiendo paciencia a un Dios –¿Y qué, que la tenga? ¿A caso le tienes miedo a la sangre? ¡Qué cosa más ridícula, si en tus novelas hablas de muerte, muerte y más muerte!

Itachi miró a todos lados, esperando que nadie escuchara la conversación. La calle estaba casi desierta, pero los que estaban por ahí, los miraban y señalaban. Itachi le tapo la boca a Sasori.

–¿Podrías?– le susurro –La gente nos está mirando.

Sasori se hizo para atrás.

–Pues vete. ¿Quién te manda estar con un enfermo?– le soltó, con amargura.

Itachi sintió que se le iban las fuerzas. Si antes quería besarlo, ahora no le vendría mal darle una buena zurra. No era la enfermedad, no en sí. Era que, durante unos segundos, mientras lo había mantenido prisionero entre sus brazos, creía que Sasori y él serían intocables, invisibles… Inmortales.

Y ahora caía en la cuenta de que no era así. En algún momento, algo los iba a separar. E Itachi no quería correr el riesgo de volver a desplomarse sobre un ataúd. En ese momento, se percato de que sino era la muerte, sería otra cosa lo que los separaría.

¿Cómo alguien podía, después de tan poco tiempo, querer a alguien de esta manera? Itachi no se imaginaba siquiera cómo era pensar en alguien que no fuera Sasori. ¡Era un completo estúpido!

Sí, todo eso se trataba de una parodia.

Itachi Uchiha, que prometió no escribir nunca de amor, ahora estaba enamorado. Y de alguien que, probablemente, no tendría mucho tiempo de vida.

Era un sufrimiento banal, y que si Itachi tuviera la voluntad suficiente, podría hacer a un lado. No es que no la tuviera. Es que no quería dejarlo a un lado. Vivir sin Sasori, sin siquiera pensarlo, era… era…

–¿Qué? ¿Por qué te quedas mirándome como idiota?– preguntó Sasori, con el ceño fruncido.

–Terminaré esa obra que me pediste– susurro Itachi, taciturno. Sasori arqueo una ceja –Lo haré.

–¿Por qué estás hablándome ahora de eso? ¡Ah, ya! Tiendes a cambiar el tema cuando te pones nervioso ó te complica las cosas…

–No estoy cambiando el tema– se defendió Itachi –Es precisamente… por eso que…

–¿Por eso qué?

Silencio. Sasori miró a Itachi con amargura y desdén. El Uchiha intentó parecer lo más natural cuando pensó que el pelirrojo iba a morir, tarde ó temprano y que él, Uchiha Itachi no correría el riesgo de sufrir su perdida.

Así que imaginen su sorpresa cuando avanzó un par de pasos y lo abrazó.

El pelirrojo abrió los ojos y la boca desmesuradamente, sin poder creer lo que estaba pasando. Otra vez.

Uchiha Itachi. ¿Cómo describirlo? Era soberbio, intrigante, hermoso, grosero, orgulloso, serio, inteligente, burlón. Uno podría llamarlo shinigami de sus historias. Pero sobre todo, Sasori se había dado cuenta de que era un enigma en lo que respectaba a sus emociones y a veces, impredecible con sus acciones.

(0*0*0)

Deidara se paseaba de un lado a otro, refunfuñando y tirando cosas en su cuarto. ¿Cómo había sido posible que Sasori terminara, de alguna manera, en la puñetera casa de Itachi? Seguía buscando algo que en realidad, ignoraba de qué se trataba.

Intentó que su cabeza se concentrara en cosas triviales. Pero no podía hacerlo, porque entre más pensaba, más iban sus cavilaciones a donde Sasori yacía, probablemente riendo y compartiendo todo con el Uchiha.

–¡ARG!– gritó, revolviéndose los cabellos con coraje –Ese desgraciado Uchiha, hum.

Al final termino por sentarse sobre su cama y echarse sobre ella en toda su estatura. Gritó de frustración cuando se golpeo con un radio que había quitado en la mañana porque lo planeaba componer, justo en el instante en que Sasori le había gritado que salía a la biblioteca y había dejado tirado el radio encima de la cama para decirle a Sasori que se llevara las medicinas, un suéter más abrigador, el celular.

Para colmo, ni caso le había hecho. Y ahora, refutando su pesar, estaba en la casa de Itachi.

Resultaba más que obvio que Sasori se estaba tomando demasiada estima con ese escritor. Sabía que no debería de sentirse tan abatido, pero no podía dejar de estarlo. ¿No debería de alegrarse de que Sasori se hallara tan lleno de energía, de vida?

Pero cada vez que pensaba en las noches de los espectáculos, cuando pese a que Sasori iniciaba a toser sangre, sonreía victorioso y a la noche siguiente, insistía terriblemente en dar otra función. La escena se repetía.

Cuando Deidara se dio cuenta de que Itachi venía a las obras de Sasori y eso era lo que lo motivaba a seguir haciendo espectáculos, no tuvo las agallas de hacer que el Uchiha se largara. Porque antes que nada, a su odio porque estuviera ahí, le ganaba el hecho de ver a Sasori tan lleno de esperanza. Como si aunque supiera que podía a morir en cualquier momento, aceptara que debía de sonreír.

Al mismo tiempo, no podía sencillamente olvidar que su relación con Sasori había tenido varios choques por eso mismo. Sus sonrisas, estaba a costa de la existencia de Itachi, y el caso que él le daba. ¿Y si éste se acababa? Si solo era otro interesado en burlarse de los sentimientos.

Deidara sabía por experiencia que eso no era nunca agradable. Y ni a su peor enemigo se lo desearía.

Aquel rostro de rasgos finos apareció en su cabeza. Y seguido, se transformo en el de Tobi.

Como odiaba a ese sujeto. Y la aberración que tenía por Tobi se debía a lo mucho que lo relacionaba con…

El timbre de la casa sonó y Deidara saltó, sobándose todavía la nuca, y corrió. Esperaba que ese Uchiha idiota no fuera el que venía a hablar otra vez sobre ser su amigo. Si era así, esta vez lo golpearía, para dejarle muy en claro que no quería tener nada que ver con él. Y de paso, se desahogaba por la frustración que sentía por Sasori.

Pero al abrir la puerta se encontró con Sasori, solo.

–¡Sasori, hum!– gritó, sonriendo automáticamente. Esa reacción tendía a ser normal cuando veía al pelirrojo.

–Deidara– contestó el otro, sonriendo.

–¡Estás…!– la voz de Deidara se ahogo al percatarse de ciertas cosas diferentes en el aspecto de Sasori –No llevabas eso puesto cuando te fuiste. ¿Por qué estás tan rojo? ¿Qué es eso que tienes en el cuello, hum?

Sasori se llevó automáticamente la mano al cuello.

–Olvide mi suéter e Itachi, amablemente me prestó uno suyo. Debe ser porque tome un buen chocolate caliente (aún no comprendo por qué te gustan tanto, mocoso) y…– susurro Sasori, con la voz ronca. Deidara frunció el ceño, mirando alternadamente los ojos de Sasori y la mano que cubría su cuello –Me caí.

–¿Sobre el cuello, hum?– preguntó Deidara, con un tono amargo y con los azules ojos perdiendo un poco de color.

–Sí…– susurro Sasori, indicándole a Deidara que se hiciera a un lado para poder pasar. Deidara tardó un poco en mirarlo –Vamos, Deidara. No seas tan quisquilloso. No me pasa nada, déjame pasar

Deidara, que conocía tan bien a su maestro se entero de inmediato de todo, aún sin tener que escucharlo de sus labios. Entristecido se hizo a un lado.

(0*0*0)

Había sido un cobarde. Después de abrazar a Sasori como niño pequeño, había pensado en besarlo, pero el único beso que le dio, fue uno en la comisura de los labios. Había sido un mal cálculo, pero ya no se atrevió a volver a acercarse. Antes que eso, le dijo a Sasori que seguiría escribiendo su obra para las marionetas, y le susurro al oído que si se iba, le faltaría la inspiración.

¿Eso qué significaba? Había sonado mucho a una declaración, ¿quería que hubiera sonado como una? ¿Sasori la había tomado como una?

A juzgar por el papelito con el número telefónico del teatro que tenía en la mano y aferraba como si se tratara de su vida, apostaría a que sí.

Pero, ¿en qué lío se había metido? Cielos. ¿Qué clase de broma era esta? Itachi Uchiha enamorado, de un chico que no podía morir en cualquier momento.

Parado frente a la puerta de su casa, con la cabeza gacha, juraría que le importaba un comino. Quería ver a Sasori de nuevo, y en realidad, no podía esperarlo para hacerlo.

TO BE CONTINUED


-w- Estoy empezando a dudar de mi fidelidad hacia el ItaSaso. Si lo han notado, a veces mis impulsos de Sasori es el seme, llegan a salir a la luz x3, y creo que tardaré en quitarlos. Aunque, personalmente, amo la parte en que Sasori le dice a Itachi que no lo odia, siempre lo imagine haciendo eso x3 y me lo imagino mirandose tan lindo

¡Wuuaaa! Les juro que me sigo muriendo por escribir un beso, y soy tan masoquista como estos dos Akatsuki lo son con sus sentimientos, porque tan solo me limitaba a imginarlos uno tan cerca del otro pero sin darse un verdadero beso =w=. Y ese era el chiste owó

¡Aviso!: Ya que este capítulo fue inversión para el ItaSaso el próximo sería TobiDei. ¡Me propongo a hacerlo! Ambos necesitan su espacio en este fic, ya que gracias a ambos ¬w¬ estos dos genios de la literatura y el espectaculo de marionetas se conocen.

Sé que Madara estuvo muy OC, pero ya que se ha convertido en un sempai Akatsukiano oficial, necesito volverlo de vez en cuando un chico bueno xP. Pero recuerden: LOS PERSONAJES SON DE MASASHI KIHIMOTO.

¡Recuerden dejar review para la continuación! Entre más pocos haya, muy probable que danna corra el riesgo de sucumbir bajo la enfermedad :O, y nadie quieres eso, ¿cierto? ¬¬**

Matta ne~ sempais. Los leo en un review y ustedes en la conti :3