Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling
Aquí está el tercer capítulo de esta historia
"Quizás no fue mi padre y si bien tengo uno a quién amo, usted también ocupa un lugar en mi corazón. Gracias maestro."
Destinados al Secreto
Capítulo Tres
"H"
¿Cómo había llegado a esto? El punzante dolor del hombro izquierdo de Harry Potter, le recordaba una y otra vez cuán difícil era su deporte favorito, y que en cuestión de segundos la suerte del partido puede cambiar radicalmente.
Una Blugger loca se había escapado del control del equipo en práctica tomando peligrosamente la dirección donde James, Alex y Helena se encontraban, el ojiverde estaba a pocos metros de ellos y logro interponerse entre el grupito de niños y la blugger, resultado: un hombro vendado e inmovilizado por una semana. Para terminar su mala suerte, tenía a la profesora Mcgonagall riñendo a los niños y al equipo por el incidente.
-Minerva – interrumpió este sentado a la orilla de la cama – Fue un accidente y pudo pasarle a cualquiera, lo importante es que nadie salió lastimado… alumno lastimado – rectifico sonriendo
-De acuerdo – suspiró ella cansada – pueden retirarse – dijo echándoles una última mirada reprobatoria a los alumnos. Espero a que todos hubiesen salido de la enfermería para luego girarse hacia Harry – No manipulaste esa Blugger ¿Cierto? – Observó al moreno quién le devolvió la mirada horrorizado.
-Por Dios Minerva ¿Por quién me tomas? – Se exalto este parándose de la cama incrédulo – Quiero decirle la verdad a mí hija pero jamás expondré su seguridad.
-Lo siento – suspiró Minerva aliviada – Lo bueno de esto es al menos te mantendrás quieto por una semana y no provocarás problemas…
-Me ofendes – observó Harry siguiendo a la profesora – la última semana he seguido tus ordenes al pie de la letra, me costó pero lo hice, y este pequeño incidente solo me detendrá una semana luego, pues se verá en el camino.
Se sentaron pesadamente sobre el sofá aliviados, se habían salvado una grande y todo gracias a su profesor de defensa, ya suficientes castigos tenían con su profesor de pociones para sumar otro a su colección de castigos semanales.
Mientras James y Alex jugaban ajedrez mágico, Helena leía distraídamente un libro… su mente viajaba muy lejos de allí y una insistente palabra volaba hace muchos días sobre su cabeza, la sola idea de imaginárselo le producía escalofríos y sus ojos se llenaban de lágrimas por inercia. Bruscamente movió la cabeza y tragó saliva, estaba en fase de aceptación y aquello le dolía profundamente, sintió su garganta cerrarse y el ardor en sus ojos incrementar. La pequeña charla con su profesor de historia le había deshecho las pocas esperanzas que mantenía.
-Muchos mortifagos huyeron ¿Cierto? – Afirmó Helena interesada – hay algo que no puedo entender… varios de ellos debieron tener familias ¿Qué sucedió con ellas? ¿Las encarcelaron?
-No – negó el hombre pacientemente – algunas familias rompieron relación con aquel mortifago, aunque habían familias… matrimonios mortifagos que huyeron, dejando parientes, hermanos, primos e hijos… supongo que muchos no deseaban exponer a sus seres queridos a esa cacería de mortifagos que inicio el ministerio.
Cerró el libro bruscamente sobresaltando a sus compañeros y salió de la sala común, las lágrimas comenzaron a brotar ya sin resistencia y Helena solo podía seguir caminando rápidamente sin destino alguno, deseaba hablar con alguien pero no sabía a ciencia cierta con quién. Pensó en James y Alex pero no se sentía preparada, la imagen de Rob se hizo presente pero no sabía dónde se encontraba. Instintivamente dobló a la izquierda y siguió ese camino, confiada que él le escucharía.
En una mueca de dolor se hizo presente en cuanto terminó de sacarse el molesto vendaje que llevaba sobre su hombro, prefería intentar curarlo con magia y pociones a simple curación muggle, y aunque sus métodos fallarán siempre tendría a Hermione para curarle, después de todo era una de las mejores medimagas del hospital. Adolorido levantó el brazo y lo giro sutilmente para estirarlo, una lágrima salió de sus ojos al tiempo que presionaba su hombro ligeramente.
Unos golpes en la puerta le sacaron de su adolorido problema y se acercó para abrir, sorprendido y angustiado observó a su hija parada en el umbral de la puerta, con la respiración entrecortada, los ojos llorosos y lágrimas que deslizaban por sobre sus mejillas. La imagen le dejó helado y solo pudo reaccionar cuando la pequeña niña se abrazó a su cintura con fuerza y desesperación, el dolor de su hombro no era nada comparado con el dolor que le provocaba oír y ver llorar a su hija.
-Tranquila – susurró este acariciando los rebeldes rizos castaños de su hija - ¿Por qué lloras? ¿Qué sucedió? – Preguntó caminando junto a ella hacia el pequeño sofá que tenía en su oficina
-Sé quiénes son mis padres, profesor – habló Helena de carrerilla abrazándose a sí misma. El corazón de Harry se detuvo y luego comenzó a bombear fuertemente – No puedo estar equivocada… que leído tantas cosas y estudiado cada detalle, que no puedo estar equivocada y eso es lo que más me duele… no puedo aceptarlo, no quiero aceptarlo.
-¿De qué estás hablando? – Le miró el moreno confundido por las palabras de su hija
-Si me dieron en adopción, eso quiere decir que mis padres en este mundo tenían graves problemas – relató mirando un punto fijo del suelo – y esos problemas se deben a tuvieron que huir y esconderse cuando la guerra termino. – El ojiverde alzó una ceja confundido aunque solo necesito una milésima de segundo para darse cuenta de la conclusión que había sacado su hija, una horrible conclusión – No lo entiende – miró Helena con lágrimas en los ojos a su profesor – Mis verdaderos padres… son mortifagos.
Incrédulo el moreno observó a su hija tomarse la cabeza e inclinarse sobre su cuerpo hasta las rodillas derrotada, no pudo evitar sonreír y arrodillarse frente a ella. ¿Cuántos años había esperado por ese momento? Once años. Días eternos esperando por su llegada y volver a ver esos ojos verdes que le observaron por última vez cuando apenas si era un bebé, y hoy no podía seguir esperando, no cuando su silencio implicaba que su hija sufriera y se ahogará en una verdad que no era tal.
Dulcemente le tomo por el rostro y le observó sonriendo, percatándose de la pequeña cadena que colgaba de su cuello, la que una vez perteneció a Hermione. Cogió entre sus dedos la pequeña "H" y volvió a sonreír, ya había callado por muchos años y ya iba siendo hora que el silencio se rompiese, no deseaba que aquel malintencionado destino le volviese a quitar lo que más amaba en la vida. Su razón de vivir.
-Es absurdo pensar que tus padres son mortifagos – Sonrió él jugando con el colgante – simplemente es imposible.
-¿Por qué? – Pregunto Helena entre lágrimas – Todo calza, la historia no miente profesor. Los hechos ya están escritos.
-Lo sé – susurró él consciente que el pasado no se podía cambiar – Sólo que no cuentas con que hay historias que no se escriben, que permanecen en silencio. – Dio un suspiro y desvió la mirada hacia la pequeña "H" entre sus dedos – La tienes desde muy pequeña… tus padres te la regalaron – musito y Helena asintió como si su profesor estuviese adivinando – Era de tú madre y te la obsequio con la esperanza de algún día volver a verte, tal y como lo yo lo hago ahora – terminó de hablar sintiendo su garganta cerrarse y sus ojos comenzar a arder – Te he esperado por tantos años…
Cerró los ojos y suspiro profundamente, las lágrimas cayeron y las palabras se amontonaban en su garganta. Su corazón se encogió cuando sintió la suave caricia sobre su rostro y suspiro mientras más lágrimas rebeldes caigan, la imagen de su hija en aquel hospital le lleno por completo, deseo poder haber tomado otra decisión: tomar a su hija y a Hermione e irme muy lejos de ese lugar, por desgracia aquello ya no era posible.
-Al fin me has encontrado – escuchó el moreno quién abrió los ojos de golpe. Su hija le observaba con una sonrisa en los labios – y no quiero separarme de ti ni de mi madre.
Una sonrisa cruzó el rostro del moreno al tiempo que fundía en un estrecho abrazo con su hija, aquel tan anhelado abrazo que por tantos años fue postergado por miedos e inseguridades, irónicamente el único obstáculo para ser felices, eran ellos mismos.
-Necesito saber tantas cosas – susurró Helena deshaciendo el brazo con su padre. Tenía tantas preguntas rondándole la cabeza en esos momentos
-Lo sabrás te lo aseguro – asintió el ojiverde limpiándose los restos de lágrimas que aún poseía al igual que su hija, ya no había motivos porque llorar – no quiero ocultarte nada…
-¿Harry? Estás allí – Se escuchó desde el otro lado de la puerta. El aludido se incorporó de su lugar y antes de abrir se aseguró recuperar la compostura antes perdida, a pesar que su sonrisa le delataba terriblemente – Profesor – volvieron a decir y Harry asintió – Necesito que vaya a la oficina de inmediato, ocurrió un desorden y dos de sus alumnos de Gryffindor están involucrados. – Observo ligeramente a Helena y añadió levantando una ceja – la señorita Dawson debería venir, al parecer también está involucrada.
-Iremos Minerva, gracias – sonrió Harry para luego dirigirse hacia su hija y asentir en silencio.
En silencio, iniciaron el trayecto hacia la oficina de la directora donde sentados frente al escritorio se hallaban, James, Alex y Rob, en una esquina de la oficina se encontraba Severus observando todo meticulosamente, ante esto, Harry temió porque la mente del Slytherin estuviese conjuntando piezas demasiado rápido.
En un gesto cordial el moreno saludo al profesor y se quedó junto a él, después de todo era jefe de casa y debía mantener una compostura. Solo en esa posición, Harry pudo percatarse del estado de los tres niños, Rob tenía rastros de sangre, James estaba magullado y Alex tenía una ligera mancha azul debajo de su ojo izquierdo, la evidencia era clara: Pelea.
-Les llame – Comenzó Minerva dirigiéndose a los jefes de casa - con motivo de establecer castigos para los tres niños presentes – les miró – Les encontré en los jardines peleándose, hasta el momento la única causa que puedo encontrar en todo esto, es usted señorita Dawson. – Observó a la niña quién instintivamente se sonrojo, no comprendiendo a ciencia cierta lo sucedido – Los señores Potter y Weasley acusan al señor Malfoy de que él es el responsable que usted haya salido de la sala común de forma alterada. – Relató y el moreno se maldijo internamente. Cuando todo ese lío se hubiese solucionado, la directora iría por él. – Es cierto.
-No – negó ella girándose hacia sus amigos quiénes le miraron confundidos - ¿Por qué creyeron que Rob me hizo algo? – Les preguntó molesta.
-Porque cuando te buscábamos, él preguntó por ti – saltó James – saliste tan apresuradamente de la sala común…
-Creímos que te había hecho algo – continuo Alex echándole una molesta mirada a Malfoy. Harry tuvo la tentación de reírse pero se aguantó
-Rob no hizo nada – volvió a negar Helena ahora dirigiéndose hacia la directora – salí de la sala común porque no me sentía bien y necesitaba estar sola.
-"Estoy muerto" – se dijo Harry al escuchar las palabras de su hija
-Esto está claro, Minerva – habló Severus manteniendo semblante frío – Es obvio que el señor Malfoy no ha hecho nada y ha sido atacado injustificadamente por Potter y Weasley. Tengo razón o no profesor – le sonrió al moreno quién hizo una mueca de desagrado.
-Tiene razón, Severus – sonrió Harry sosteniendo la mirada. James y Alex se miraron sorprendidos, y Rob suspiro aliviado – Será justo que seas tú quién imponga el castigo y yo seré el responsable de trasladar al señor Malfoy a la enfermería.
Se dirigió hacia Rob y le ayudo a incorporarse de la silla, eludiendo la mirada insistente de su hijo y sobrino, muy a su pesar no tenía nada que hacer y la declaración de su hija había sido clave, debía admitir que Rob solo había sido una víctima en todo ese lío. Mientas caminaba junto a Rob, se dio cuenta que su hija caminaba a su lado dispuesta a acompañarle.
-Cuando haya dejado al señor Malfoy, le ruego regrese – escuchó Harry cuando estaba a punto de cerrar la puerta
Debió sentirse nervioso, ansioso e inquieto ante la conversación con la directora, sin embargo el corazón del moreno solo podía caber felicidad y alegría, después de tanto esperar a su hija al fin la tenía consigo y está vez no iba a abandonarla, no importaba cuando costará revelarle a su familia y mejor amigo, aquel terrible secreto, ya no concebía perder de nuevo al fruto de ese amor con su mejor amiga. Ya no.
Helena abrió la puerta de la enfermería dejando pasar a su padre y amigo al interior, la enfermera les recibió y tendió al rubio muchacho en una camilla donde le examino detenidamente.
-Lo siento mucho – susurró Helena a su amigo – no pensé que James y Alex podrían hacer algo así, si tan solo les hubiese dicho lo que me aquejaba…
-No fue nada – sonrió el chico encogiéndose de hombros – Tienes todo el derecho a decidir a quién le cuentas tus problemas o simplemente a pensarlos por ti misma. Un malentendido, no debes sentirte culpable.
-Le diré al profesor Snape que te lleve a tu sala común – habló Harry interrumpiendo la conversación de los niños – Espero que para mañana te sientas mejor, Rob.
-Gracias profesor - agradeció el chico
-Buenas noches – susurró Harry volteándose para volver donde la directora.
Revolviéndose el cabello cada cinco minutos llegó nuevamente hacia las escaleras de caracol, por más que intentaba buscar una excusa fiable para la presencia de Helena en su oficina, no tenía nada planeado. El sinfín de emociones que aún circulaban por su cuerpo, le impedía ser un buen mentiroso frente a la directora. Indeciso, ingreso silenciosamente a la oficina, encontrándose de nuevo con James y Alex, aparentemente ya le habían asignado un castigo: Limpiar calderos.
Solo pudo dedicarles una mirada de arrepentimiento y verles salir de la oficina junto al profesor de pociones, por mucho que intentará defenderles, las pruebas no estaban a su favor y literalmente sería una batalla perdida.
Sintió la intensa mirada de la directora en cuanto la puerta volvió a cerrarse, la hora de la "verdad" había llegado para Harry Potter y necesitaba usar todos sus dotes actorales para convencer a la directora de… bueno, él no lo sabía pero algo pensaría durante el trascurso de la conversación.
-Siéntese, señor Potter – le ofreció la directora en un tono que claramente no era amable. Harry obedeció y se sentó una silla – Me gustaría saber qué hacía la señorita Dawson en su oficina.
-No lo sé, profesora – habló el ojiverde sosteniéndole lo mejor que podía la mirada – la verdad es que ella acababa de llegar, se hallaba bastante afectada y no me contó lo que sucedía.
-Se supone que había salido de la sala común hace varios minutos, casi una hora – dijo Minerva y el moreno tuvo que pensar rápido en una excusa - ¿Por qué acudió a ti?
-Sí salió de la sala común – inició este – quizás lo hizo con intenciones de pensar y reflexionar, no lo sé. Y si acudió a mí, es su decisión. Se lo repito, Helena toco a mi puerta bastante afectada ¿Por qué? No tengo la menor idea, no pude preguntarle nada.
"Mentiroso". Susurró una vocecilla en el oído del moreno, sin embargo se mantuvo firme y nunca desvió la mirada de la directora, cualquier atisbo de inseguridad le significaría exponerse ante ella. No es que no confiará en Minerva Mcgonagall, simplemente Harry no deseaba causarle problemas a su hija, planeaba ocultarlo durante unos días y cuando ya hubiese hablado con Helena, le contaría la verdad a la directora.
-Procura saber que sucedió – soltó Minerva con cierta desconfianza que el moreno percibió – cualquier malentendido en su pasado puede confundirle.
-Sí, claro – sonrió este. Aunque ese malentendido le ayudo a reencontrarse con su hija – Cualquier noticia le informaré, profesora. Buenas noches – se despidió él incorporándose de su asiento.
Manteniendo su semblante tranquilo hizo abandono de la oficina de la directora, aliviado por haber convencido, aparentemente, a Minerva Mcgonagall, esperaba por un tiempo suficiente para colocar las piezas en su lugar. Apenas si termino de bajar las escaleras, diviso a Helena esperándole, y no pudo evitar sentirse nervioso ante su presencia.
-¿Qué haces? – Le miró curioso – Severus sabe que estás aquí.
-No – negó ella – dejé a Rob en la enfermería, quise quedarme un poco más pero él dijo que ya era lo suficientemente tarde. Fue entonces que decidí esperarle.
-Rob tiene razón, es tarde – murmuro Harry observando su reloj – y no es bueno que estés deambulando por los pasillos, sobre todo si Severus está dando vueltas… vamos, te llevaré a la sala común, allí podremos hablar – menciono al tiempo que su hija sonreía levemente.
Caminaron por los desiertos pasillos del castillo hasta llegar finalmente a la sala común de Gryffindor y mencionando la contraseña lograron ingresar a la sala que se encontraba levemente iluminada por la chimenea. En silencio, el moreno camino hasta el sofá y se sentó, seguido de su hija quien aguardo con paciencia a que su padre iniciará la conversación.
Helena tenía tantas preguntas rondándoles por la cabeza y todo parecía girar en un torbellino sin descanso alguno. Jamás imagino que aquel hombre a quién le había cogido un gran cariño desde que se conocieron, sería nada más y nada menos que su padre después de tantos años, aquel parentesco tenía un nombre y un apellido: Harry Potter.
Rápidamente las cientos de páginas y fotografías con información de su padre, llegaron a su mente, ella conocía su historia y todo lo que había hecho en el mundo mágico desde que ingreso a Hogwarts. Cientos de reportajes y sin embargo, solo una imagen ocupó casi por inercia su memoria, y su corazón latió con fuerza, está vez segura de no haberse equivocado en sus conjeturas y a la vez temerosa y confusa porque fuese verdad. Aquella simple fotografía horas después de acabar esa fatídica guerra… su agotado y herido padre siendo ayudado por su mejor amigo, Ronald Weasley y su mejor amiga Hermione Granger.
-¿Qué...
-¿Quién es mi madre? – Interrumpió Helena sin darle tiempo a su padre de formular su propia pregunta. El ojiverde se removió incómodo y se revolvió el cabello ansioso, se esperó la pregunta pero sabía que la respuesta solo generaría más preguntas… una ligera sonrisa atravesó su rostro, todo estaba malditamente conectado
-Has leído e investigado tanto, Helena – comenzó Harry acariciando el rostro de su hija y luego desvió su mirada hacia el colgante – Fue un regalo que le hice a tu madre, hace muchos años. Hasta ahora sigue simbolizando el gran amor que sentimos el uno por el otro, y simboliza nuestra unión en un sola letra.
-Hermione Granger – susurró Helena desviando la mirada hacia su colgante, siempre la respuesta estuvo en aquel objeto, por fin lo sabía. Una punzante duda cruzó su mente y subió la mirada para encontrarse con la de su padre – Alex…
-No.. – Negó el moreno acomodándose en el sofá – Es difícil decirte esto y sobre todo porque estoy seguro que tu madre querría explicarse personalmente pero no quiero confundirte. Efectivamente, Alex es hijo de Ron Weasley pero no de Hermione. ¿Leíste algo sobre Luna Lovegood? – Le miró curioso y Helena asintió – Cuándo regresamos del hospital… tu madre se encontró a Ron y un pequeño bebé en sus brazos, nervioso y visiblemente afectado, confesó que había tenido un romance con Luna y fruto de ello, había nacido Alex.
-¿Y Luna? – Inquirió la niña observando una pequeña sombra de tristeza en los ojos de su padre
-Murió – confesó este en apenas un susurro – sus signos vitales cayeron rápidamente y falleció a los pocos minutos de dar a luz. Alex no lo sabe y las personas que sabemos esto, juramos guardar el secreto, personalmente lo hago por la memoria de Luna, siempre fue una gran persona.
-Comprendo – susurró Helena pensativa – entonces mi madre y tú son… amantes.
El moreno dio un suspiro y se volvió a acomodar en el sofá, no le gustaba esa palabra para definir la relación que tenía con Hermione, sin embargo y por mucho que le costará admitir era la palabra correcta: Amantes.
-Algo así – suspiro este y luego aclaró – no me gusta esa palabra… es vacía y física. Llevamos casi un año de matrimonio con nuestras respectivas parejas y nada funcionaba bien, demasiadas discusiones y enfados se presentaban día tras día. Con Hermione, siempre fuimos los mejores amigos, estuvo allí cuando más la necesite y nunca me falló – se explicó y Helena asintió – simplemente comenzamos a ver aquello que todo el mundo vio en nosotros y sin embargo siempre ignoramos, el amor que sentíamos y ocultábamos bajo el nombre de la amistad. Fue en navidad donde nos atrevimos a dar el paso definitivo.
-¿Cómo ocultaron el embarazo? – Preguntó
-Magia – sonrió Harry – Aunque no deseo darte demasiados detalles – añadió él cambiando su semblante, no deseaba darles detalles de cómo ocultar embarazos, primero porque era su hija y segundo porque Hermione le mataría. Helena comprendió también sintiéndose incomoda. – No te sorprenderás cuando sepas que el cumpleaños de Alex son tres días antes que el tuyo.
-¿De verdad? – Le miró impresionada, no había tenido la oportunidad de saber ese detalle. Se hizo un silencio y luego habló - ¿Por qué no están juntos? – Preguntó y observó a su padre resoplar.
Había esperado esa pregunta por tantos años y siempre que la formulaba, no había dado con la respuesta adecuada, la única palabra que daba vueltas en su mente era: Cobardía. Dio un último suspiro y miró a los ojos a su hija, no deseaba mentirle, no más mentiras.
-Cobardía – Susurró él permitiéndose una leve sonrisa – A pesar de no sentir amor por nuestras parejas, la amistad y el cariño que nos unía a ellos, nos hacía retroceder en nuestra decisión de confesarlo todo. Nuestra indecisión se aplazó a tal punto que ya no dimos marcha atrás… nos destrozaba la idea de perder a nuestros amigos, sin embargo y hasta ahora, nos hemos dado cuenta que nuestra cobardía, solo ha trae y traerá más dolor. – Se vio obligado a interrumpirse y alejarse un poco de su hija, el retrato de la dama gorda se abría dejando ingresar a James y Alex.
-Este es el castigo más asqueroso que he tenido en las últimas semanas – decía James al tiempo que intentaba limpiar sus manos pegajosas.
-Y vaya que hemos tenido castigos ¿Cierto? – Bromeó Alex despreocupadamente – Buenas noches – saludo risueño a su amiga y profesor/tío
-Papá ¿Por qué no nos defendiste? – Preguntó James observando al moreno – Nos bajaron puntos y nos castigaron por tres días.
-Golpearon a un compañero y aquello era indudable – explicó él tranquilamente
-Creímos que había lastimado a Helena – se explicó el niño dirigiéndose a su amiga, está simplemente le desvió la mirada molesta – Helena…
-No James – habló la castaña visiblemente enojada. Harry se rasco la nuca y supo que el temperamento de su hija había sido heredado de su madre – Golpearon a Rob por el simple hecho que les pregunto dónde estaba, asumiendo que me había hecho algo. Cuando salí de la sala común estaba intranquila y necesitaba pensar, no necesito guarda espaldas, sé cuidarme sola.
-Tiene razón – apuntó Alex y Harry tuvo la tentación de reírme, sin embargo por respeto se abstuvo de hacerlo
-No ayudas mucho ¿Sabes? – Le miró James irónico – Helena, de verdad lo sentimos. Actuamos mal y nos merecemos el castigo – dijo
-Si realmente quieren disculparse, háganlo con Rob – Declaró la castaña y ambos niños se miraron recelosos. No, disculparse con Rob Malfoy no estaba en los planes de ambos – De acuerdo. Olvídense de que tienen una amiga. – añadió emprendiendo rumbo hacia las escaleras, los tres hombres guardaron silencio hasta que el sonoro portazo se hizo escuchar.
Un bufido molesto salió de los labios de la castaña mientras se dirigía silenciosamente hacia el baño, necesitaba refrescarse sino quería regresar a la sala común y hechizar a sus amigos, no lograba entender la manía de los hombres de golpearse sin motivo aparente, y sus amigos habían demostrado no tener sentido común, aún.
La imagen de su padre apareció en su mente y su molestia fue reemplazada por algo cálido justo en el centro de su corazón. Toda angustia que sintió en un momento ante la idea de ser hija de mortifagos, rebeldes sin causa, fue dejada atrás al enterarse de la verdad, ahora comprendía porque la presencia del profesor de defensa no le era incómoda y porque sentía que podía confiar en él, tal vez algo inconsciente le hizo leer sobre su vida y memorizase detalles de la guerra.
Despejada salió del baño y se acercó hasta su velador, cogió un viejo recorte de diario y lo observó con una leve sonrisa en sus labios, no tuvo dudas de quién era su madre, la mujer castaña al lado derecho de su padre poseía sus mismas fracciones, solo el color de ojos les diferenciaba, ella poseía el verde de su padre.
Recordó a sus padres adoptivos y sintió la misma calidez, quizás encontró su origen en aquel mundo sin embargo, no podía desconocer el amor que ellos y ella misma sentía, todos los años que le amaron y cuidaron como si fuese su propia hija, no, nunca podría reprocharles nada y mucho menos desconocer cuanto los amaba.
Exhausta se puso el pijama y se acostó había vivido demasiadas emociones por un solo día, esa noche Helena Dawson pudo dormir en paz, al igual que Harry Potter.
Continuará…
Lo sé, lo sé… lo últimos párrafos pueden suscitar algunos comentarios… yo más que nadie sabe la frase "Padre es quién te cria y no quien te gesta", sin embargo no quiero convertir la historia en una novela barata con enredos y más enredos que al fin y al cabo nos llevaría nada. Principalmente porque ahora el centro de la historia, ya pronto comenzará…
En fin, espero que les haya gustado este capítulo y disculpas por la demora, está semana será la más estresante de todo este semestre académico, trabajos, exposiciones, preparación de clases y una supervisión de la misma, ocuparan tres días de mi existencia. Ahora mismo, he estado tres horas frente al pc y no tengo la menor idea de cómo terminar un trabajo e iniciar el estudio de una prueba… rayos!
Bueno, saludos a todos y esperaré sus comentarios. Cuídense mucho.
Anita
