N/A:
Wow, hacia mucho que no actualizaba este fic! pero aquí llegó al fin su actualización. Una noticia, tiene salto temporal, XD los que esperaban que hubiera un lemon luego de que ellos se encontraran pues... no digo nada, sólo digo que aquí hay un corto lemon y que al fin... se demuestra a los verdaderos villanos y drama! espero que les guste y que me perdonen por tardar tantoooooooo tiempo en actualizar esta historia. diran que soy una ingrata, pero es que no habia tenido inspiracion para escribir... proxima actualizacion sera la de Bittersweet symphony!
AGRADECIMIENTOS:
Gracias a todos por el apoyo a esta historia. Lamento mucho la demora, pero aqui esta. Los amo^^
DISCLAIMER:
Bleach no me pertenece, es de Tite Kubo.
ADVERTENCIA:
Contiene lemon.
CAP IV
Cuando era pequeña, mi hermano solía decirme que la felicidad solo se alcazaba en la vida eterna, que en la vida humana sólo alcanzábamos pequeños momentos de felicidad, pero que para ser completamente felices debíamos ser personas buenas y al final, Dios nos recompensaría, enviándonos al paraíso. Allí todos encontraríamos la verdadera felicidad, una que nadie ha logrado alcanzar en la vida.
No sé si eso sea correcto, porque después de todo yo sé que cuando muera iré a la Sociedad de Almas y no sé si exista una felicidad absoluta, pero creo que si existe esa verdadera felicidad en alguna parte, entonces debe ser una sumamente amplia y grandiosa. Aunque sinceramente, a mi no me importaría para nada continuar con mi "pequeña" felicidad".
Desde hace cuatro años, Ichigo y yo hemos formado una familia, una verdadera, con nuestra pequeña Kaiya (n/a: significa Perdón). No creo que en mi vida yo haya sido más feliz como el día en que el doctor colocó sobre mi pecho a mi hija. Ella era tan hermosa. Era perfecta.
Lloré como una niña pequeña cuando recibe un juguete tan anhelado. Ichigo, quien no se había apartado ni un solo instante de mi lado, besó mi frente una y otra vez, mientras deslizaba sus dedos con ternura sobre la cabecita de nuestra pequeña niña. Él estaba realmente feliz. Kaiya tenía los ojos chocolate de Ichigo y su cabello tenía el mismo color que el mío, naranja oscuro. Según Ichigo, ella se parecía a mí, porque su carácter es igual de pacifico que el mío, además de ser tan soñadora como yo.
En realidad yo creo que ella es una combinación de los dos. Kaiya también se parece bastante a Ichigo, por que tiene el mismo tono de piel y cuando está sumergida en sus pensamientos o está pintando en alguno de sus libros para colorear, frunce el ceño como Ichigo.
Nuestro matrimonio había sido un fracaso en los primeros años, incluso yo había huido de él en cuanto me entere de mi embarazo, pero mi huida solo duro dos días, porque Ichigo me encontró. Y esa noche me dijo una y otra vez lo que tanto yo soñé con escuchar de sus labios: te amo. Nunca había sentido mi corazón latir tan rápido como en ese momento… y tampoco mis mejillas se habían puesto tan rojas como en ese día, donde ambos terminamos profesando nuestro amor por toda esa habitación.
Es vergonzoso admitirlo, pero esos tres días que estuvimos en Kyoto habían sido nuestra tan anhelada y verdadera luna de miel. Y sí, habíamos pasado la mayor parte de esos tres días en la habitación juntos, porque sólo habíamos salido de ella para comprar comida y sólo habíamos parado de hacer el amor cuando realmente estábamos agotados y eso solo sucedió unas tres o cuatro veces durante esos tres días.
Cuando regresamos a Karakura, no sólo me había llevado el regaño de Tatsuki-chan, sino que Otou-san (Isshin) y Yuzu-chan habían llorado sobre mi hombro, claro, Otou-san lloraba de forma estrambótica y bastante graciosa para mí e irritante para Ichigo. Me enteré de que Tatsuki-chan se había molestado bastante con mi esposo, pero a pesar de que al comienzo ninguno de los dos parecía muy feliz con la presencia del otro, después de un par de horas volvieron a ser los mismos amigos de toda la vida.
Al final, todo había culminado de una manera sumamente bien, al menos para mí, porque Kuchiki-san estaba destrozada. Rukia-chan no estaba triste porque Ichigo y yo hubiésemos arreglado nuestras cosas, sino porque Abarai-kun había solicitado la anulación de su matrimonio a la Cámara de los 46, y estos se la habían otorgado.
Nunca había visto a Rukia-chan llorar tanto como cuando me lo relato. Yo sólo pude abrazarla y reconfortarla, porque a pesar de que yo conocía su pasado con mi esposo, yo jamás podría odiar a la pequeña shinigami, porque ella era una de mis mejores amigas. Ella había cambiado el mundo de Ichigo y de cierta manera, gracias a ella nosotros nos habíamos acercado en el pasado. Ella no sólo era importante para Ichigo, sino que para mí también lo era.
Kuchiki-sama había enviado a buscar a Rukia-chan. Sabía muy bien que Rukia-chan debía estar destrozada, no solo porque ella se había percatado de que amaba a Renji, sino porque su hermano estaba realmente molesto de que el prestigioso apellido Kuchiki se hubiese 'ensuciado y desprestigiado' de esa manera. Byakuya-sama se la había llevado a la Sociedad de Almas, donde yo estaba segura de que Rukia-chan no iba a tener el apoyo de nadie.
Renji-kun había fundamentado su divorcio como "una relación sin arreglo alguno", pero yo estaba segura de que a pesar de que él no había dicho nada, los cotilleos entre los shinigamis se habían expandido, divulgando que Rukia le había sido infiel a Renji, con Ichigo, algo que me involucraba de cierta manera a mí en todo el asunto.
Yo preferí ignorar los comentarios de varios shinigamis cuando le hice una visita a Kuchiki-san en su mansión, hacia tres años atrás, luego de que Kaiya hubiera nacido. Sabía que muchos shinigamis estaban hablando a mis espaldas, y sabía muy bien que Ichigo no había hecho nada porque yo le había hecho jurar que no hiciera nada contra ninguno de ellos. Muchos de ellos me miraron con extrañeza, de que yo aun continuara con mi esposo después de todo lo ocurrido. Y yo estaba segura de que Ichigo estabas muy enojado, lo podía sentir en su reatsiu.
Abarai-kun fue ascendido a capitán del segundo escuadrón, por lo que rara vez regresaba al mundo humano y según tenía entendido, no había vuelto a hablarle a Rukia desde lo sucedido hacia cuatro años atrás. En el fondo de mi corazón, yo estaba segura de que Abarai-kun aun continuaba amando a Rukia-chan. Ellos habían sido amigos de infancia, habían sobrevivido y vivido tantas cosas juntos, que estaba segura de que él aun sentía algo por ella.
Kuchiki-san continuaba amándolo, ella misma me lo había confesado en el pasado cumpleaños de Kaiya. Rukia-chan había conseguido el permiso de Ukitake-san para poder visitarnos en el cuarto cumpleaños de mi hija. Ella tenía su cabello un poco más largo que antes, ahora le llegaba sobre sus hombros y se veía mucho más madura que antes. Quizás por su sufrimiento.
Renji-kun no había vuelto a hablar con Ichigo y sólo me había hablado una vez hacían ya tres años atrás, para ver como había nacido mi bebe. Yo entendía muy bien el porque él no le había vuelto a hablar a Ichigo. Él aun estaba herido por todo lo sucedido. Yo había vivido con el dolor durante mucho, por lo que yo podía manejarlo, pero él no. Él lo había recibido de golpe y su orgullo había sido herido por los errores pasados.
Orihime estaba sentada sobre su cama, escribiendo en una libreta de anotaciones su nueva receta de galletas de jengibre. Estaba segura de que serían las mejores galletas de jengibre de todo Japón. Pensaba hacer una tarta de chocolate pero Yuzu-chan había conseguido la antigua receta de pastel de chocolate de Masaki-san, así que las dos se dispusieron en continuar con esta en honor a la difunta madre de los Kurosaki.
Su panza de seis meses de embarazo se notaba gracias a que su suave y delicado camisón de manguillos de color azul se acoplaba a sus curvas de embarazada. La mujer llevo una de sus manos a su panza, mientras escribía con la otra. Cada vez que una receta se pasaba por su mente, Orihime solamente debía buscar su cuaderno en la primera gaveta de su mesa de noche y anotarla. Esa noche, antes de que el sueño la invadiera, la idea de unas galletas de jengibre con algún toque de fruta o canela, le llego a la mente, por lo que tuvo que tomar su libreta de apuntes para escribirla.
La cama se movió lentamente, provocando que la chica subiera su vista y se encontrara con los ojos chocolate de su adorado esposo-shinigami. Inoue deslizó su mirada por el chico, encontrándose con que su esposo ya estaba descamisado, mostrando sus tonificados musculos-ganados por cada batalla contra hollows que había tenido a lo largo de su vida. Orihime le sonrió ampliamente al joven hombre, que sin más, se acercó a ella y le robó un beso. El shinigami introdujo lentamente su lengua al interior de su esposa, para comenzar a batallar con la de Hime. La joven mujer llevó sus manos atrás de la cabeza de Kurosaki, jugando con los mechones de cabello que caían sobre el cuello del shinigami.
Apartando sus labios, Ichigo sonrió al ver como las las mejillas de su esposa se tornaban rojas. Era increíble ver como después de tanto tiempo (y de tantas noches juntos) Hime continuaba sonrojándose en cuanto él se acercaba a ella. Ningún otro hombre había logrado eso, solo él, y eso lo llenaba de orgullo y elevaba su ego por los cielos. Ella era de él y siempre seria de esa manera.
Él había estado observando, silenciosamente, a su esposa escribir, desde la puerta. Había acostado a Kaiya-como todas las noches- y luego de relatarle un cuento (el que siempre era La Bella y la Bestia, el que él narraba a su manera, con ciertas distinciones a la obra original), la pequeña se durmió. Su hija era una preciosura, solo tenía cuatro años y era inteligente y muy hermosa, igual a su madre. Kaiya era soñadora, inocente y amistosa, como su esposa, por eso él sobreprotegía su hogar como nunca antes lo había hecho, porque dentro de esa casa estaban las dos mujeres más importantes de su vida, además de su futuro hijo, el que sería un niño. Mamoru (n/a: significa Protector en japonés) Kurosaki.
Él no estaba seguro el por qué, pero para él, la belleza de Orihime se elevaba cuando ella estaba embarazada. Sus mejillas se ruborizaban con más facilidad, sus ojos tenían un brillo especial, su cabello era mucho más sedoso, sus pechos y sus curvas eran mucho más sensuales… todo era sencillamente más hermoso cuando ella estaba en espera de un bebe. Quizás se debía a que ella estaba cargando en su vientre a una nueva vida… o a que su amor por ella era tan grande, que lo había convertido en un idiota.
El shinigami sustituto llevó sus labios hacia el cremoso cuello de su esposa, quien aun sonrojada lo inclino hacia él. Orihime dejo caer sobre la cama su pluma y su libreta de apuntes, para recorrer con sus dedos el cabello de su esposo, el que besaba una y otra vez su cuello.
—I-Ichi…— gimió, besando el rostro de su amado shinigami. De manera brusca el chico lanzó a un lado la pluma y la libreta, para luego darle un giro a la chica y colocarla sobre él. Siempre que hacían el amor cuando ella estaba embarazada, las posiciones cambiaban, y ella iba arriba, para evitar que el shinigami le hiciera daño al bebe con su peso. La joven mujer se acomodó sobre Kurosaki, colocando sus manos sobre el torso de este y acercando sus bragas blancas al abultado bóxer del chico. Orihime e Ichigo gimieron juntos al percibir la fricción causada por estar tan cerca sus sexos, causando que la mujer cerrase sus ojos.
Kurosaki no perdió tiempo en llevar sus manos hasta los tirantes del camisón, dejando caer uno de ellos y que con esto se expusiera el seno izquierdo de la chica. El joven hombre se las arregló para poder llevar su rostro hasta el pecho y comenzar a besarlo y acariciarlo con su lengua. Succionó el pezón rosado de su esposa, causándole un escalofrió a esta. Los gemidos de la chica eran música para los oídos de Ichigo, que llevo una de sus manos hasta el otro tirante y lo desató, para dejar expuesto a su mano el pecho derecho de Orihime. De la misma manera que torturaba con su boca el seno izquierdo, su mano molestó al otro pecho.
Inoue masajeaba los hombros y el torso desnudo y de manera atrevida llevo su pequeña mano hasta el bulto que había surgido entre las piernas de su esposo. De forma delicada, la chica frotó su mano por el miembro erecto de Kurosaki, provocando que este liberara -por unos segundos- de su cautiverio al pezón de la chica, para jadear ante las caricias de su esposa.
Él iba a estar al borde de llegar a la cima, de la misma manera que ella ya estaba lista para continuar. Por eso el shinigami tomó por la cintura a su delicada esposa y de una muy suave penetración, entró en ella. Kurosaki se movió lento dentro de Orihime, volviendo a besar a esta en sus labios. Él sabía que no había riesgo de que hiriese al bebe, pero él no era un adolescente para apurar o querer embestir con fuerza a su esposa. Ella estaba embarazada con su bebe y él no permitiría que un sentimiento bajo fuera el causante de que él la hiriera a ella o a su hijo.
Luego de varios movimientos lentos, la pareja llegó a su cima. Con gran cuidado, Ichigo acomodó a su esposa a un lado de él, para luego besarla en su cabeza y en su vientre. Orihime sólo se rio al percibir como el cabello naranja de Ichigo le hacía cosquillas en su abultada panza.
— ¿Te conté que tengo una nueva empleada en la repostería?— preguntó Orihime repentinamente, colocándose nuevamente su camisón azulado. Ichigo recostó su cabeza sobre el abultado vientre, mientras que Orihime tocaba su cabello naranja.
—No. Sólo me dijiste que había una vacante para un nuevo empleado. — le respondió Ichigo en voz baja, mientras trataba de escuchar a su hijo en el vientre de su madre. Mamoru había sido completamente diferente a Kaiya. En el embarazo de su primogénita, Orihime había sufrido desmayos, vómitos, antojos extraños y lloraba con bastante frecuencia. Con su nuevo embarazo, ella no había tenido ninguna de las anteriores. De hecho, ella descubrió que estaba embarazada porque le había preocupado que no hubiera caído en su ciclo menstrual durante mes y medio.
—Pues tengo una nueva empleada. ¡Es un encanto!— expresó Orihime de su nueva empleada. Una gran sonrisa iluminó el rostro de Inoue e Ichigo frunció el ceño. El chico alzó su cabeza y sonrió de lado.
—Huh, así que tendré que comenzar a sentirme celoso de este "encanto" de empleada. — mascullo con cierto celo en su voz. Realmente él no estaba celoso, sólo lo decía para molestar un poco a su esposa. Y lo había logrado, Orihime había dibujado una graciosa mueca en su rostro, en señal de estar "enfadada".
— ¡Ichi!— exclamó la chica, observando cómo su esposo sonreía de lado. —Sabes que a la única persona que encuentro adorable es a ti. — molestó la mujer, ganándose que Ichigo frunciera el ceño. —Es tan adorable cuando frunces el ceño…— continuó, ganándose de que Kurosaki se incorporara y que de un momento a otro comenzara a hacerle cosquillas a la mujer. —…no, no, está bien… jajaja… me rindo…. No eres adorable…..Ichi….jajaja… me rindo…— rio la chica, mientras su esposo le hacía cosquillas de manera suave.
—Muy bien. — dijo soltándola, para luego robarle un beso en sus labios y arroparla con la manta. El joven hombre se acostó a un lado de Orihime, la que aun continuaba riéndose por el efecto de las cosquillas. —…cosquillosa…— susurró a su oído.
— ¡No me dejaste contarte de mi nueva empleada!— exclamó nuevamente la chica, con esa gran sonrisa en su rostro.
—Uh huh, ¿Cómo se llama?— murmuró Kurosaki con sus labios sobre el hombre de Inoue.
—Riruka Dokugamine, Ichi. Riruka-chan es adorable. —
La tarde era una fresca. Era sábado, por lo que se podían ver algunas personas caminando por las calles, para ir a visitar las tiendas o el parque. Kurosaki Ichigo caminaba junto a una pequeña niña de cabello naranja oscuro, cuyos ojos eran color chocolate. Kurosaki tenía agarrada una de las pequeñas manos de Kaiya, la que caminaba tatareando una de las canciones infantiles que le había enseñado Orihime.
—Otou-san— llamó Kaiya. Ichigo miró a su pequeña niña, la que le sonrió ampliamente. — ¡Otou-san! ¿Me compras un helado?— preguntó con ansiedad la niña, dando unos ligeros brincos de emoción.
Ichigo no estaba seguro de que fuera una buena idea. Orihime no permitía que Kaiya comiera mucho dulce y la pequeña niña ya se había comido un pedazo de pastel en la repostería de su madre. Pero ella tenía esa gran sonrisa en su rostro. Y él sencillamente no tenia corazón (aunque le jodiera admitirlo) para decirle no a su pequeña niña. Pero él tampoco deseaba recibir una de esas miradas que le lanzaba Orihime cuando no estaba de acuerdo con algo.
—Pero quedará entre nosotros, ¿vale?— dijo con una sonrisa de lado. El shinigami sustituto se ganó una brillante sonrisa de su primogénita, quien había comenzado a brincar, pero luego se detuvo y frunció su ceño, llevando uno de sus deditos a su labio. — ¿Ocurre algo, Kaiya?— preguntó con preocupación Ichigo.
— ¡No se qué sabor escoger, Otou-san!— exclamó la niña con los ojos llenos de ese brillo tan parecido a su madre. — ¡A los duendes azules les gusta el chocolate! ¡Y a los duendecillos verdes le gusta las fresas!— Kurosaki respiró hondo. Su hija había heredado esa gran imaginación de su esposa.
— ¿Y cuál te gusta a ti?— le preguntó, mirando de un lado a otro antes de cruzar la calle con su pequeña, la que llevaba un vestido de manga larga hasta las rodillas. El vestido era de color rosado fuerte, y en su ruedo tenia flores bordadas. En su cabello naranja, Kaiya tenía un lazo del mismo color. En resumen, aquella pequeña parecía una muñeca con su vestido y con su lazo a un lado de la cabeza.
— ¡Ese es el problema, otou-san! ¡Me gustan los dos!— expresó la pequeña. Ichigo se rió, para luego ladear la cabeza. Los dos Kurosaki caminaban por la pequeña calle que llevaba hasta la heladería.
—Puedes pedir ambos sabores, Hikaru (n/a: cielo en japonés) — comentó Ichigo, con una media sonrisa en su rostro. Su pequeña princesa dio un salto y comenzó a brincar nuevamente.
—Arigatou! Ai shiteru, Otou-san!— (n/a: te amo, papá en japonés) exclamó la pequeña aun dando saltos alrededor de Ichigo. Antes de que los dos Kurosaki pudieran acercarse más a la heladería, un hombre con un abrigo purpura salió corriendo, empujando a la pequeña niña al suelo.
— ¡Deténganlo, es un ladrón!— grito un hombre con camisa blanca y abrigo negro. El hombre corría tras del ladrón que había empujado a Kaiya al suelo, haciendo que la pequeña se cortara una de sus rodillas con una roca, haciendo que esta comenzara a llorar. No era una herida profunda, pero aun así había sangre, la misma que había manchado el ruedo del vestido rosado.
Enojado porque aquel maldito bastardo había sido el responsable de que su pequeña princesa estuviera llorando, Kurosaki corrió tras del ladrón. Este trato de pegarle un puñetazo, pero el shinigami lo esquivo.
—Otou-san!— gritó Kaiya desde el suelo, asustada por que a su papá le fuera a ocurrir algo.
Con gran habilidad Ichigo le pegó en el rostro al hombre, dejándolo inconsciente. El ladrón cayó al suelo, gimiendo por el dolor.
—Bastardo, la próxima vez observa por donde corres. — le gritó molesto, dándole una patada. Con enojo, Ichigo le arrebató la billetera que el ladrón se había robado. El sujeto que había corrido tras del ladrón en primera instancia, se detuvo tras de Ichigo, jadeando.
—Arigatou. — dijo el hombre, sonriendo. Ichigo frunció el ceño y asintió, para luego darle la espalda al hombre. —Tendría que recompensarte por…—
—Oi, no sólo lo hice por tu billetera, también lo hice porque ese bastardo empujo a mi hija. — indicó Ichigo. El hombre asintió, retrocediendo con una pequeña sonrisa en su rostro. —Está bien, Kaiya, otou-san esta aquí. — le dijo en voz suave Kurosaki a su pequeña, que lloraba por el miedo y el dolor. La pequeña enredó sus manos en el cuello de su padre y lo abrazó. —está bien, hikaru, todo está bien. Vamos por un gran helado, ¿vale?— aun con lágrimas en los ojos, la pequeña asintió. Ichigo cargó a la pequeña y los dos se fueron hacia la heladería.
Mucho más atrás de ellos, estaba el hombre de camisa blanca y de abrigo negro, a su lado había otro hombre, sólo que mas alto y delgado. Este tenía una camisa de manga larga y con tirantes.
—Después de tanto tiempo, has dado con él, huh, Ginjou. — comentó con sarcasmo en su voz el hombre con tirantes.
—Así es, Tsukishima, hemos dado con Kurosaki Ichigo y su familia. —
review?
