Capítulo 4:

-¿Sigues leyendo?-preguntó Angelina, que acababa de volver de la casa de sus padres.

-No…yo…acabo de empezar a ver el libro-contestó Katie, sin bajar la mirada de las páginas.

-Ahh-respondió ella-Sabes, Fred paso hoy por la casa. Y bueno, me habló de George…-

-¿A sí?-preguntó Katie, con una indiferencia muy mal fingida.

-Sí. Dijo que su libro se vende muy bien y que lo único que quiere él es que tú lo leas.-

-Típica mentira de George-dijo volviendo a su lectura.

-Vamos Kat. Te dedicó el libro y prácticamente en cada página aparece tu nombre.

-Ningún libro va a cambiar esto, Angie.-respondió ella-Un par de frases cursis no cambian lo que hizo.

-Lo sé, pero…-empezó a decir Angelina, pero no encontraba las palabras-Bueno, si crees que es así, ¿Por qué lo sigues leyendo?

-Curiosidad-respondió y se encogió de hombros sin soltar el libro-Para saber cómo termina el dichoso libro.

-¿Y cuando sepas como termina lo tirarás por la ventana?

-Mmm…yo pensaba arrojarlo a la chimenea. Pero admito que tu idea es mejor.

Angelina suspiró y salió de la habitación hacia la sala, tal vez a escribirle una carta a Fred, hacia dos horas que no se había comunicado con él, eso era demasiado tiempo.

Mientras, Katie continuó leyendo.

George no tenía mucho tiempo para encontrarse con Katie. Entre todas las bromas que realizaba con su hermano, las clases y las tareas (que raramente hacían) le ocupaban gran parte de su horario. A veces la encontraba en la sala común, pero otras ella no estaba, él suponía que tenía mucha tarea y se encontraba en la biblioteca.

El año pasó y llegó otro nuevo, él se encontraría en el tercer año y ella en el segundo. Justo cuando pasó con su gemelo la barrera para llegar a la estación 93/4 la vio hablando con unas chicas.

-¿Otra vez con esa chica?-preguntó Fred

-Por supuesto-respondió George-¿Con quién más?

-Está bien, pero no dejaré de arrojarle globos con agua a Filch para buscarla por los pasillos.

-No, no. Ya lo sé.

-Mejor subamos, quiero ver si es cierto lo de la tarántula gigante de Lee.

Ambos subieron al tren, y comenzaron a buscar a su amigo, cuando él la vio apunto de entrar en un compartimiento. Le dirigió una mirada desesperada a su hermano.

-Está bien, ve-dijo señalándola-Yo voy a ver a Lee.-Y sin decir más se alejó. George se acercó a ayudarla con su baúl.

-¿Necesita ayuda?-preguntó con voz gruesa, ella levantó la vista y al verlo sonrió.

-Hola, George. Sí, creo que necesito algo de ayuda.

-No te preocupes-respondió y (con un poco de trabajo) cargo el baúl y lo llevó hasta un rincón del compartimiento.

-Gracias.

-A su servicio, señorita-dijo haciendo una reverencia. Katie se rió.-Nos vemos abajo-y salió del compartimiento. Le hubiera gustado quedarse más, pero las amigas de ella lo miraban con esas estúpidas y vergonzosas sonrisas.

-Nos vemos, señor-dijo sonriendo y cerró la puerta.

Él se quedó un momento ahí, recordando su breve conversación con ella, y sonrió. Entonces vio a un chico de pelo negro que hacia esfuerzos sobrehumanos para pasar su baúl por los escalones, y fue hacía él.

-¿Quieres una mano?-le preguntó

-Sí, por favor-jadeó el chico

-¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!-le gritó a su gemelo, que acababa de aparecer en el pasillo.

Katie se detuvo otra vez y recordó como sus amigas la molestaron todo el año con George solo porque la había ayudado a subir su baúl. Y como les mentía diciéndoles que George no le gustaba. E igualmente no le creían. Y se rió, había olvidado eso.

-Hasta que se aparecen-dijo una joven pelirroja, abrazada a un chico de pelo negro y alborotado con anteojos-Desde que se mudaron al callejón Diagon ya casi no los vemos.

-No te preocupes, tienes a Harry para entretenerte cuando nosotros no estamos-dijo Fred mirando al moreno, que enseguida se sonrojó.

-No seas tonto-respondió Ginny, también ruborizada.-Leí tu libro-dijo volviéndose a George.

-Genial, únete al club de todas las personas que lo leyeron menos Katie-dijo deprimido

-Seguro que ella lo está leyendo-dijo Harry, contento de que hayan cambiado el tema.

-Sí, seguro. ¿Entonces por qué no ha venido a verme?-preguntó sentándose en la mesa de la cocina, enfadado.

-Tal vez aún no lo termino. No sé, pudieron haber pasado mil cosas.

-Sí, y te diré la cosa número mil: Lee el primer capítulo, llora, y luego lo tira por el inodoro.

-Oh, vamos, George-comenzó su hermana

-Olvida el asunto, Ginny. ¿Charlie llegó?

-Sí, esta en el jardín, pero…

-Genial, iré a saludarlo-se levantó de la mesa y se fue hacia el jardín.

-Ha estado así todo el día.-dijo Fred-Mejor no saques el tema de Katie. Oye, Harry, ¿Trajiste tu saeta de fuego?

Ginny miró a su hermano por la ventana, estaba hablando con Charlie. Y no pudo evitar preguntarse si de verdad Katie habría leído el libro.