Ni la historia ni los personajes son míos, solo soy una simple mortal que ha querido adaptar esta historia con los personajes de Stephenie Meyer.
Las mujeres y sus dolores de cabeza. ¿Quién los necesitaba? Edward se aflojó la corbata y luego se quitó los gemelos de oro y ónix, que dejó sobre la mesilla justo antes de quitarse los zapatos. Abarcó con la mirada la suite vacía y la cama de cuatro columnas con cierto remordimiento.
Tenía que haber llevado a Victoria . No tendría que haber puesto fin a su acuerdo cuando lo hizo, aunque en su momento le pareció lo más sensato. Aparte de su propia tendencia a jugar la carta de los dolores de cabeza, siempre era un riesgo llevar a cualquier mujer a una boda y esperar que no saliera de allí con sus propios pensamientos sobre vestidos de boda y lunas de miel.
Pero si la hubiera llevado, al menos estaría con alguien ahora. Alguien que le diera un masaje en los hombros y en las sienes y calmara también otra parte de su cuerpo... Kolasi! ¿Por qué diablos tenía ganas de sexo cuando tenía que enfrentarse a la peor noche de su vida?
No, no era la peor. La noche más negra y la explosión de acontecimientos que había detonado tuvieron lugar trece años atrás. Esta noche podría haber sido incómoda pero nada comparado con aquélla.
Y sin embargo, seguro que merecía algún tipo de compensación por haber tenido que enfrentarse de nuevo a Bella. Se quitó la camisa y la tiró al suelo antes de lanzarse sobre la cama y quedarse mirando fijamente el dosel.
Se había tomado como una ofensa el comentario de que había cambiado, pero no había forma de negarlo. Había crecido durante aquellos años, tenía los pechos más grandes y la cadera se había redondeado, dándole una forma más femenina.
Edward cerró los ojos, pero la imagen de Bella desnuda en su cama seguía nítida en su cabeza, con el cabello rojizo revuelto y la inconfundible marca de sus dientes sobre la perfecta piel de su seno.
Y sin embargo, era la expresión de sus ojos lo que se había grabado con más fuerza que cualquier otro recuerdo. Herida y consternada cuando la echó de su cama y de su vida.
Edward le dio un puñetazo a la almohada para acomodarla. Sí, Bella había cambiado. Aunque a él no le importaba el aspecto que tuviera. Suspiró y cruzó los brazos detrás de la cabeza, inquieto e insatisfecho. Quería sacarse de la cabeza todos los pensamientos relacionados con ella. Le había dicho que lo consideraba un hombre familiar. Tal vez lo hubiera sido mucho tiempo atrás, pero eso fue antes de que aprendiera lo que las familias esperaban de sus miembros.
Y aunque nunca había llegado a casarse con Tanya después de aquella noche, el alivio había sido muy corto. La consiguiente caída financiera requirió de toda su atención. Había necesitado de años de trabajo al lado de Emmett para recuperar la fortuna familiar, años en los que se había presionado mentalmente para conseguir el tipo de acuerdos que le reportaran millones, años en los que se había presionado físicamente con horas en el gimnasio para ejercitar sus músculos y que estuvieran a la altura de su mente. Y durante todos aquellos años no hubo tiempo para las mujeres, a menos que tuvieran un cuerpo caliente, el corazón frío y ausencia de planes de futuro.
No, el matrimonio y la familia no tenían cabida en su lista de prioridades.
Estaba tomando el desayuno cuando ella bajó.
Bella vaciló antes de entrar en la terraza empanada. Necesitó de un instante para ordenar sus pensamientos mientras absorbía la imagen de Edward sentado a la mesa dándole la espalda, bebiendo su café y leyendo el periódico.
Consideró la posibilidad de darse la vuelta y marcharse... siempre podía pedir que le llevaran algo al dormitorio. Estaba a punto de hacerlo cuando Edward pareció presentir su presencia y miró hacia atrás. Fue sólo un segundo, pero la vio. El frío reconocimiento en sus ojos bastó para que lo supiera. Y Bella sabía que, si desaparecía ahora, sería como si estuviera huyendo. Él ya la había acusado una vez de tener miedo. No le daría la oportunidad de que volviera a pensarlo.
Así que estiró los hombros y cruzó la terraza haciendo resonar los tacones de sus sandalias sobre las baldosas.
¿Por qué iba a tener que acobardarse y acercarse en silencio? No tenía nada de qué avergonzarse. Había cometido un error vergonzoso cuando no era más que una adolescente, lo había aceptado y había seguido con su vida.
—Buongiorno —dijo decidida a no hacerle ver cuánto le hubiera gustado evitar otro encuentro con él tan pronto—. Es un día perfecto para una boda.
Y lo era. El cielo era de un azul infinito, y el sol proyectaba destellos de joya sobre el mar en calma.
Bella le dio la espalda a la vista y se sentó frente a él. A pesar de su bravuconería, no se atrevía a mirarlo a los ojos, pero algo, curiosidad o mero impulso, la llevó a alzar la vista hacia él.
Debió haber imaginado que estaría mirándola.
Durante un instante, sus ojos se conectaron antes de que ella apartara la mirada y le pidiera a la doncella que acababa de entrar que le sirviera café.
— ¿Has dormido bien? —le preguntó a Edward. Tenía ganas de provocarle para que no supiera cuánto la perturbaba. Ella no había dormido bien.
Edward cerró el periódico que estaba leyendo y se reclinó en la silla, colocándose las manos detrás de la cabeza.
—He dormido de maravilla.
—Excelente —dijo ella sonriendo con excesivo entusiasmo. Se sirvió un poco de miel en el yogur y declinó la oferta de las pastas y el pan—. He quedado con Rosalie a las diez —dijo a modo de explicación, aunque nadie se la había pedido—. No tengo mucho tiempo.
— ¿No sería mejor que tomaras un desayuno decente?
— ¿Hay algo indecente en el yogur con miel? No me había dado cuenta.
Bella se llevó la cuchara a la boca, consciente de que él estaba observando cada uno de sus movimientos.
Pues que mirara.
Abrió los labios y entrecerró los ojos antes de abrir la boca del todo y chupar de la cuchara el cremoso yogur.
Desde luego, había algo indecente en su boca. Mientras la miraba, una pequeña mota de miel le corrió por el labio, una gota minúscula que brillaba como el oro bajo la luz del sol. Edward tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para quedarse en la silla y no limpiársela él mismo. Seguía mirándola hipnotizado cuando la punta de su rosa lengua emergió y le lamió los labios.
Era como si le hubiera lamido a él. Sintió una descarga eléctrica en dirección sur al recordar cuando lo hizo. Entonces era virgen, y le había saboreado con la lengua.
—Está bueno —dijo Bella volviendo a meter la cuchara en el cuenco—. Tal vez deberías dejarte llevar tú también por esta indecencia.
—Yo ya he pedido mi desayuno —gruñó apartando la vista.
Edward se levantó de la silla y se acercó el extremo de la terraza. Necesitaba espacio, mental y físicamente. En el nivel inferior, había una gigantesca piscina que llegaba hasta el acantilado y se mezclaba con el brillante mar que quedaba atrás, un mar que sólo quedaba interrumpido por alguna embarcación ocasional y aquella roca afilada y negra que se alzaba varios kilómetros más allá. En la distancia parecía una montaña, y algo que Emmett le había mencionado acabó con su resistencia a seguir hablando con aquella mujer.
—Dime, ¿es ahí donde se estrelló el helicóptero de Rosalie?
Bella siguió la dirección de su mirada y se estremeció a pesar del calor al recordar el día que llegó a Montvelatte y la emoción que sentía por conocer a la prometida de Emmett.
—Sí, en la Pirámide de Iseo. Así es.
— ¿Qué ocurrió? Emmett me dijo que tuvo suerte de salir con vida.
Edward no se dio la vuelta, siguió mirando hacia el mar, y ella se alegró. Los recuerdos de aquel día, del miedo a no saber si Rosalie estaba viva o muerta y la expresión de angustia que había visto en los ojos de su hermano seguían recientes en su corazón.
—Aquel día se desencadenó una inusual tormenta de verano. Llevaba horas formándose en silencio, y cuando se desató, lo hizo con ferocidad. Rosalie iba de pasajera en el helicóptero cuando un rayo cayó sobre la roca, asustando a los pájaros marinos, que salieron huyendo en todas direcciones. El piloto no tuvo forma de evitarlos. Uno de los pájaros atravesó la cabina y dejó inconsciente al piloto.
— ¿Qué diablos estaba haciendo Rosalie en un helicóptero en medio de una tormenta?
Bella apartó la vista. Por supuesto, parecía una locura que alguien viajara en helicóptero con aquel clima, pero en aquel momento Rosalie no tenía elección. Iba a casarse con un hombre al que amaba y que sin embargo se negaba a reconocer su amor por ella. Un hombre que sólo se dio cuenta de la verdad cuando ella se fue.
Pero ¿cómo explicarle el amor a un hombre como Edward, que sólo sabía de ira?
Bella se encogió de hombros.
—Rosalie no tenía elección. Tenía que irse. Lo cierto es que el piloto tuvo suerte de que estuviera ella allí. Rosalie se las arregló para controlar el helicóptero y consiguió aterrizarlo en una pequeña playa que hay al otro lado de la roca.
No fue un aterrizaje suave, pero consiguió salvar la vida de ambos.
¡Holaaa! Un nuevo capitulo para ustedeeees!
Chicos de verdad no se si seguir con la historia, no he recibido muchos comentarios, si les gusta, si no les gusta... De verdad díganmelo, me animan el ver que muchos han visto la historia, pero me desanima el ver que son pocos los mensajes.
Espero que tenga una linda noche y los veo para la próxima...
