Y aquí está el capítulo cuatro, es el más largo que he escrito hasta ahora (aunque no hay mucha diferencia), espero que les guste ^^


Pese a que el sol llevaba luciendo todo el día, por la tarde el cielo comenzó a cubrirse de nubes.

El grupo encargado de buscar agua, formado por China, Rusia, Austria y Prusia no se habían fijado demasiado en el tiempo por culpa de un pequeño problema. Austria necesitaba una válvula de escape pera su frustración pero cuando fue a tocar su piano… ¡Horror! ¡No tenía piano! Se había quedado en el barco (menos mal que no era el suyo sino el que le había prestado Elizabeta). La impresión le impidió moverse correctamente por bastante tiempo y el awesome pruso tuvo que cargar con él a regañadientes (Ya claro, cómo que no le gustaba).

Finalmente, cuando los truenos comenzaron a sonar y la lluvia empezó a caer, las naciones salieron corriendo en busca de refugio. La lluvia les impedía ver por donde iban, obligándolos a correr a ciegas.

Yao, accidentalmente, pisó una zona de tierra húmeda que le hizo resbalar y caer por un acantilado que no había visto hasta entonces. Lo último que recordaba fue sentir el agua en su rostro al precipitarse.

Mientras tanto…

Rusia tuvo un mal presentimiento. Miró alrededor de una forma un tanto demoníaca y se detuvo al notar lo que faltaba. ¿Dónde estaba China? ¿Y por qué estaba tan preocupado? No tenía ni idea de por qué le recorría ese extraño sentimiento. Acabó diciéndose que era porque algún día China sería uno con él, por lo que era normal que se preocupase.

Volvió corriendo atrás en busca de Yao, pero por supuesto no era porque fuera importante para él.

Un extraño movimiento despertó a China de su sueño. Le dolía todo el cuerpo, como si un montón de osos pandas hubiesen pasado sobre él.

-¡Yao despierta!-gritó Ivan mientras lo zarandeaba.

-¿Por qué hay tantas Shinatty-chan volando a mi alrededor-aru?

-¿Estás bien, da?

-¡Rusia-aru!-Gritó Yao al darse cuenta de con quien estaba. Asustado, se apartó todo lo que pudo teniendo en cuenta el pequeño espacio en el que se encontraban.- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde estamos-aru?

-Te has caído por un acantilado mientras corríamos y has perdido la conciencia. Cómo llovía mucho te he traído hasta este resquicio entre las rocas para resguardarnos.

Estaban tan cerca que Yao podía sentir la respiración de Ivan, sonrojado intentó levantarse pero un dolor punzante hizo que perdiese el equilibrio. El ruso lo atrapó antes de que se espachurrase contra el suelo.

-Creo que deberíamos esperar a que la lluvia pare, y habría que revisarte ese tobillo-le aconsejó.

Ivan remangó con cuidado el pantalón hasta dejar expuesto completamente su tobillo. Yao se estremecimiento ante el tacto frío de las manos del ruso contra su piel.

-Creo que no es nada grave, solo está un poco hinchado, pero no deberías apoyarlo por un tiempo, da

El chino maldijo en voz baja ante la visión de su tobillo, que en ese momento parecía más bien una naranja.

Finalmente los dos se sentaron ha esperar que la lluvia pasase. Yao no entendía por qué estaba tan nervioso. Bueno, estaba el hecho de que se encontraba solo junto con el país que más miedo daba, pero no era esa clase de nerviosismo. Se encontraba confuso, lo que le parecía completamente fuera de lugar en ese momento. ¿No se supone que debía tener miedo?

Miró de reojo a Ivan, que tenía la vista clavada en las gotas de lluvia que caían. De su rostro había desaparecido su típica sonrisa, que había sido reemplazada por una expresión seria. En sus ojos podía distinguir una mirada triste y solitaria, y eso hizo que su corazón se apretara con fuerza.

-¿Por qué estás tan triste Ivan-aru?- soltó sin querer.

El ruso lo miró sorprendido. Normalmente Yao no era muy dado a hablarle, si no que más bien salía corriendo.-Jaja, que tontería, si yo estoy muy feliz…

-Pero no lo pareces, siempre que crees que nadie te está mirando tienes una expresión tan triste y solitaria-aru.-Yao se dio cuenta de que llevaba mucho tiempo prestando más intención de lo que pensaba al ruso- Yo quiero que sepas que puedes contar conmigo-aru.

-¡Y tú que sabes, da! ¡No quiero tu compasión!-gritó mientras que salía corriendo del refugio.

Algo en su interior le dijo que nunca se perdonaría si dejaba que Ivan se fuese así en esas condiciones. Cómo pudo, salió de entra las rocas e intentó seguirlo pero apenas pudo dar unos pasos antes de ser vencido por el dolor y caer sobre el barro. No tenía fuerzas para levantarse y las lágrimas empezaron a caer.

No sabía cuanto tiempo llevaba así cuando unas fuertes manos le sujetaron y le ayudaron a levantarse.

-Yao…lo siento, no debí gritarte- se disculpó el ruso mientras lo llevaba de vuelta hasta el resquicio.-Pero hay algo diferente en ti, algo que no siento con los demás. Cuando te veo siento como mariposas en mi estómago que revolotean sin para. Cuando sonríes me haces feliz y cuando lloras parece que mi vida va a acabarse. No entiendo lo que ocurre, siempre he estado solo y estaba bien con eso, pero desde que te conocí quiero estar contigo las veinticuatro horas del día y que nunca nos separemos. ¿Sabes que me ocurre, da?

-Ivan… ¿puede ser que tú estés enamorado de mí-aru?- Soltó completamente sonrojado pero sin apartar la mirada.

El menor clavó sus ojos en el chino, como si este le hubiese dado la respuesta de una pregunta que llevaba siglos buscando.-Eso debe ser…-respondió pensativo.- Pero eso crea otra pregunta muy importante.

-¿Cuál-aru?- preguntó aguantado la respiración. Ivan se acercó más a él, hasta que sus frentes casi se rozaban.

-¿Qué siente, entonces, Yao por mí?- le preguntó mientras acariciaba con una mano la mejilla del mayor.

Yao tardó un poco en contestar, perdido como estaba en todos los sentimientos que Ivan le producía. Se detuvo a pensar en todo lo que le había dicho el ruso. Y se dio cuenta que sus sentimientos eran muy parecidos. A él también le dolía cuando el ruso tenía esa mirada triste y quería que fuese feliz a todo coste. En ese momento el chino se deshizo de toda esa confusión con la que había cargado por tantos años.

-Yo también te amo-aru.- Susurró, totalmente rojo. En los ojos de Ivan brilló la felicidad de ser correspondido, y acercándose suavemente posó sus labios en los de su amado. Un beso que contenía los sentimientos infinitos que había llevado consigo durante mucho tiempo. Yao le correspondió el beso, emocionado mientras rodeaba el cuello del ruso con sus brazos y lo atraía hacia él. No pararon de besarse hasta que, a regañadientes, se tuvieron que separar por falta de aire. Se miraron durante unos segundos, como si no se creyesen que todo eso estaba sucediendo, como si estuviesen dentro de un maravilloso sueño. Ivan volvió a posar su mano en la mejilla del otro, y Yao puso la propia sobre la del ruso, acariciándola con cariño mientras una sonrisa se mostraba en sus labios. Tras esta pausa para contemplarse con ojos de amor volvieron a besarse, perdiéndose en una ardiente guerra de roces apasionados.

Ni siquiera notaron que la lluvia había parado y el sol había vuelto a mostrarse en todo su esplendor. A ellos no les importaba mientras pudiesen estar juntos. Y así estuvieron, juntos, amándose, hasta que se escucharon las voces de otras naciones que habían ido ha buscarlos. Un poco tristes se separaron, pero sabían que tendrían mucho tiempo en adelante para perderse en los brazos del otro. Porque a partir de entonces vivirían amándose.


¿Qué os ha parecido? Al principio no tenía planeado que este capítulo se dedicase a esta pareja (es que tengo una lista con el orden de parejas) Pero llegó la señorita "Inspiración" y me pegó un puñetazo. Así que tuve que hacer lo que me mandó.

Muchas gracias por darme vuestras opiniones, me animan un montón para seguir, ya saben que si quieren seguir animando no hay más que darle a ese botoncito que hay más abajo. Si lo haces a lo mejor Prusia consuela al pobre Austria que se ha quedado sin piano (sip, esta soy yo chantajeando).

Hasta luego!