***Todos los personajes de Resident Evil son propiedad de Capcom, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***
"En el mundo existen varios tipos de fuerza: la fuerza de gravedad, la fuerza del destino,
pero la más poderosa de ellas es la fuerza del amor
ya que te puede llevar al más oscuro abismo o a la más grande gloria...
sailortierra."
El sol comenzaba a ponerse en lo alto del cielo, cubriendo con su suave luz todo aquello que era capaz de alcanzar. Leon tomó una de las almohadas y la puso directo en su rostro, en un intento por conciliar el sueño. El ruido estridente de la alarma comenzó a escucharse por toda la habitación. Tomó el reloj y miró la hora antes de arrojarlo contra la pared, furioso.
A pesar de haber pasado una velada agradable con su vieja amiga Claire Redfield en la cena benéfica que ofreció Terra Save, el resto de la noche la había pasado en vela. Se levantó de la cama y un intenso dolor le recorrió desde el hombro izquierdo hasta la punta de los pies. Ya habían pasado varios días desde que recibió esa herida, sin embargo; se negaba que un médico lo revisara.
—No hay nada que un par de aspirinas no puedan resolver—murmuró para sí mismo al tiempo que se llevó la mano al hombro lastimado.
Con desgana caminó hacia la cocina. El lugar estaba hecho un completo desastre; el fregadero estaba lleno de platos sucios, botellas vacías de cerveza por todas partes y cajas de comida rápida tiradas por el suelo. Sonrió al imaginar la expresión que pondría Helena cuando viera el caos en que se había convertido su pequeño e inmaculado santuario como ella solía llamarlo. Llenó una tetera de agua y la puso sobre la estufa, para luego abrir la alacena; el simple esfuerzo por alcanzar el frasco de café soluble le arrancó un alarido de dolor. Se apoyó contra la encimera y de nuevo se llevó la mano al hombro, notó como la sangre comenzaba a atravesar la barrera del vendaje, otra vez, su instinto le dijo que debía ir a un hospital, no obstante; hizo a un lado ese pensamiento, tomó una taza limpia y esperó a que el agua estuviera lista.
Agarró el control remoto y encendió la televisión. Recorrió la programación sin que ningún canal llamara su atención, decidió dejar el noticiero matutino y miró por la ventana hacia el edificio de junto. La primera imagen que vio fue a Ann Blend vestida con ropa deportiva haciendo su rutina diaria de ejercicios. Él se apoyó y se deleitó con la imagen que ofrecía cada mañana aquella chica morena con unas curvas de infarto, mostrando sus atributos a través de la fina tela del spandex. Un par de prominentes pechos se movían al compás de la música mientras que sus caderas se sacudían en un movimiento de vaivén, exhibiendo su bien torneado trasero. Leon sintió la boca seca y se lamentó por no haber aceptado la invitación de su vecina para cenar en su piso. Aunque era una mujer agradable a la vista de todos, lo rumores sobre sus rupturas amorosas dejaban ver que detrás de la belleza que la caracterizaba se escondía una persona con un carácter terrible y manipulador.
—No necesitas a una mujer controladora en tu vida, para eso ya tienes a Helena —dijo esbozando una leve sonrisa.
El chillido de la tetera lo sacó de sus pensamientos. Tomó la taza y se volvió hacia la estufa, pero de pronto un fuerte mareo lo obligó a apoyarse con fuerza sobre la encimera. Cerró los ojos esperando que el malestar pronto pasaría, sin embargo, un repentino sudor frío le invadió el cuerpo y sintió como sus miembros iban debilitándose cada vez más. Todo parecía moverse a su alrededor, apretó la mandíbula e intentó respirar hondo, no obstante; las piernas comenzaron a fallarle y cayó al suelo golpeándose la cabeza contra las baldosas del piso de la cocina.
Los únicos sonidos que podía escuchar eran el ruido de la televisión y el de sus débiles latidos. Intentó gritar para pedir ayuda, sin embargo; de su boca solo salían leves quejidos de dolor y la herida le escocía con más fuerza, de pronto, comenzó a sentirse relajado y todo su mundo se volvió negro.
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Claire echó una última mirada al edificio de ladrillo antes de volver a presionar el botón del timbre del apartamento 520. Era sábado por la mañana, por suerte, sus superiores le habían dado el fin de semana libre debido al gran éxito de la cena que organizó la noche anterior, aunque ella sabía que de no haber sido por Ady y sus habilidades para la organización de eventos, tal vez estaría en ese momento pegada a la pantalla del ordenador revisando planes de trabajos hasta que los ojos se le quedaran secos.
Revisó el reloj de su móvil y vio que marcaban las once treinta. Hacía mucho tiempo que Claire no se despertaba tan tarde o dormía una noche entera sin interrupciones. Debía agradecerle a su amiga Ady por convencerla de asistir a la cena de caridad que ofreció Terra Save, hacía mucho tiempo que no pasaba una velada tan agradable. Leon resultó ser una mejor compañía de lo que pensó, era un hombre divertido y buen conversador, aún estaba sorprendida por sus habilidades para el baile pero sobre todo de su poder de persuasión. Cuando estuvieron juntos en el claro, se sintió tentada a contarle la verdad acerca de Nate y de lo terrible que lo estaba pasando, sin embargo; no quiso arruinar la magia del momento con una historia tan dolorosa y que además, comenzaba a resultarle un poco cansado tener que recordar aquel trágico accidente.
Tocó de nuevo el timbre y esperó paciente a que alguien respondiera por la bocina del interfono. Miró de nuevo la tarjeta y comprobó que estaba en el edificio correcto.
—Quizá debiste esperar a que él llamara —murmuró Claire decepcionada.
Un hombre mayor se acercó a ella y preguntó: — ¿Buscaba a alguien?
Claire se volvió hacia el hombre y advirtió que se trataba del guardia del edificio.
—Vine a visitar a un amigo, pero parece que no está en casa.
— ¿Cuál es el nombre de su amigo? —inquirió el guardia.
—Leon... Leon Kennedy.
El hombre estudió a Claire de pies a cabeza. Ella comenzó a sentirse incómoda con la mirada lasciva del guardia, éste esbozó una sonrisa ladina y dijo: —Es muy linda para ser sólo una simple amiga del señor Kennedy.
Claire sintió como la furia comenzaba a bullir en su interior.
—Veo que se toma su trabajo muy en serio —espetó irritada— Me pregunto si dice lo mismo de todas las personas que visitan al señor Kennedy.
—Mi trabajo es vigilar quién entra y quien sale de este edificio —dijo el guardia visiblemente molesto por el comentario de Claire.
—Lo felicito por ello, debe ser muy bueno como para hacer sentir incómodas a las visitas de sus inquilinos —Claire le dedicó una sonrisa cargada de ironía.
—Veré si el Señor Kennedy puede recibirla —el guardia frunció el ceño, tomó el teléfono y marcó al número del apartamento de Leon.
—Subiré a verlo, si no le importa —Claire pasó junto al guardia y entró al edificio.
Tomó el ascensor y mientras éste subía hacia el quinto piso, Claire pensaba que quizá fue demasiado atrevido visitar a Leon esa mañana. Era el primer día que pasaba sin su familia, y desde la muerte de Nate, odiaba pasar el tiempo sola. La suave música que sonaba en el elevador, lejos de tranquilizarla sólo le ponía los nervios de punta.
—Hola Leon, sé que te parecerá un poco extraño pero... espera... eso suena estúpido —murmuró Claire al tiempo que caminaba en círculos, nerviosa—. Vamos Claire, eres una mujer adulta, es normal que entre adultos se hagan visitas de cortesía, no debes comportarte como una adolescente asustada.
El elevador se detuvo y una mujer mayor entró, cargando a un pequeño perro maltés blanco. Claire miró hacia la puerta y vio que aún faltaban tres pisos para llegar al apartamento de Leon. Se apoyó contra una de las paredes frías de metal y apretó la enorme bolsa de papel que llevaba contra su pecho, el aroma de los waffles calientes y el café recién hecho le hicieron agua a la boca. Esa mañana después de ir a la cocina, decidió que no estaba de humor para desayunar sola; no podía llamar a Ady, ya que ésta había hecho planes para salir de la ciudad con sus amigos y al no estar su familia en casa, la única opción que tuvo fue buscar al chico con el que vivió una de las experiencias más traumáticas de su vida en Raccon City.
El ruido del timbre la obligó a salir de su ensoñación. La puerta se abrió, Claire salió del elevador y caminó por el amplio pasillo hasta llegar al apartamento 520. Se detuvo en el umbral, respiró profundo y dejando de lado su nerviosismo tocó tres veces la pesada puerta de caoba, en el tercer golpe, ésta se abrió y ella dio un paso hacia atrás, sorprendida.
— ¿Por qué dejaría la puerta abierta? —se preguntó, intrigada.
Pensó que tal vez, Leon con las prisas, dejó la puerta abierta, o peor, quizá un ladrón entró a irrumpir mientras su amigo no estaba en casa. Pasó de la curiosidad a la preocupación en un instante y entró al apartamento. Echó una mirada rápida por la sala de estar y notó que había un desorden en todas partes: documentos esparcidos en la mesa de centro, botellas de cerveza vacías a un lado del sofá y ropa tirada por el suelo. Claire tomó un paraguas que estaba colgado en un perchero y lo sostuvo con fuerza mientras se abría paso en la habitación.
—Leon... ¿estás ahí? —preguntó ella mientras caminaba sigilosamente por el lugar.
Sacó su móvil de su bolsillo y tecleó el número de emergencias. Sin duda un ladrón entró a la casa de Leon y debía llamar a la policía. Se dirigió a la cocina y justo antes de oprimir botón para hacer la llamada, fue que lo vio tendido en el suelo, inconsciente, bajo un pequeño charco de sangre que provenía de su hombro herido.
— ¡Leon!
Claire de inmediato corrió hacia él y dijo: — ¡Leon, despierta!
Ella tomó su cabeza y la posó en su regazo. Leon tenía la frente perlada de sudor y comenzó a murmurar algo indescifrable. Claire notó que él estaba ardiendo en fiebre, necesitaba atención médica pronto, así que colocó el brazo sobre sus hombros y lentamente lo ayudó a levantarse del suelo. A paso lento y haciendo un gran esfuerzo lograron llegar a la habitación principal.
—Espera, en un segundo vuelvo —le susurró Claire al oído y justo antes de partir, él la sostuvo del brazo con fuerza.
—No me dejes... Ada.
Claire se quedó de piedra. ¿Quién era Ada?, ¿Acaso era su novia?, se preguntó. De repente una pequeña punzada de celos cruzó por su pecho tomándola por sorpresa. Puso de lado sus pensamientos, no era momento para actuar como una chiquilla celosa, aunque no tenía por qué tener ese tipo de sentimientos además era la tercera vez que se veían en mucho tiempo y lo único que había entre ellos era una buena amistad. Lo tomó de la mano y acarició su mejilla con ternura.
—No voy a ir a ninguna parte. Voy a prepararte el baño, necesitamos bajarte la fiebre y después iremos al hospital.
—No quiero ir a ningún hospital —Leon intentó ponerse de pie pero perdió el equilibrio y cayó sentado sobre la cama.
—Está bien— De pronto Claire recordó las rabietas de su sobrino Josh y sonrió al ver a Leon comportarse como un niño pequeño—. No iremos a ningún hospital, si es lo que quieres.
Leon esbozó una leve sonrisa al tiempo que sostuvo un pequeño mechón rojo de ella.
—Tu cabello es muy suave, Claire.
—Por un momento pensé que me llamaba Ada.
— ¿Ada? —Inquirió sorprendido —Lo siento... yo...
—No importa —ella sonrió.
De pronto el silencio invadió el ambiente entre ellos. Leon continuaba jugando divertido con aquel mechón de pelo mientras que Claire permanecía inmóvil en su sitio. Ella no pudo evitar ver el torso desnudo él, su bien torneados pectorales que si bien mostraban algunas pequeñas cicatrices, eso no evitaba que tuviera un fuerte deseo por pasar la yema de sus dedos y delinear cada una de aquellas marcas. Se detuvo a mirarlo a los ojos y notó que éstos eran de un azul tan intenso que denotaba una gran fuerza e inteligencia, pero a la vez su había en su mirada cierto brillo de dolor que no lograba descifrar.
— ¿Qué es aquello que te lastima tanto Leon?— pensó.
Él cerró los ojos, apoyó su frente contra la de ella y la abrazó por el cuello, dejándola perpleja. Claire intentó alejarse, no obstante, la calidez de su abrazo fue tan embriagadora que no tuvo más opción que disfrutar del momento. Leon la estrechó con más fuerza y susurró suavemente en su oído: —No te vayas, Claire.
Claire sintió que el corazón se le encogía al escuchar sus palabras. Debía de estar pasando un momento terrible en su vida como para pedirle eso a alguien que no había visto en años. Se limitó a consolarlo en silencio, ella mejor que nadie entendía lo que él sentía; la angustia que lo mantenía cautivo, el dolor que lo arrastraba a buscar alivio en los brazos de una completa desconocida. Pasaron los minutos, y parecía que aquel abrazo no tenía fin. Inesperadamente, Leon se separó un poco, acarició su mejilla con el pulgar y reclamó sus labios con dulzura, dejándola perpleja.
Su beso fue suave al principio, para volverse intenso y exploratorio cuando él hurgó con la lengua los labios de Claire hasta separarlos. Mientras su boca se deleitaba con aquella dulce invasión, su mente le decía a gritos que debía detener esa locura. Leon le recorrió la espalda con las manos, arrancándole un ligero gemido. Incapaz de seguir resistiendo, se dejó llevar por el momento, por lo tanto Claire se aferró a sus hombros con fuerza y fue entonces que un grito de dolor sonó por la habitación, obligándolos a volver a la realidad.
—Lo siento... —dijo Claire, avergonzada.
Leon se tumbó en la cama y se quedó profundamente dormido. Claire se acercó a él y tocó su frente; la fiebre seguía había aumentado, por lo que se dirigió al baño, tomó una vasija, después de llenarla con agua fría del grifo, cogió un paño y volvió a la habitación.
Lo ayudó a recostarse y puso una compresa fría en su frente, con la esperanza de que lo ayudara a disminuir la fiebre. Buscó en los contactos de su móvil el número del doctor Smith, no obstante, recordó que Leon no quería ir al hospital, así que guardó de nuevo el teléfono y se encaminó de nuevo al baño. Con un poco de suerte encontraría medicina y algo para limpiar la herida de su hombro. Detrás del espejo había un pequeño botiquín de primeros auxilios, rápidamente tomó las gasas, la botella de antiséptico y dos frascos de píldoras.
Aunque no tenía ningún tipo de adiestramiento en el campo de la medicina, por su experiencia en los campos de refugiados, Claire tenía algunos conocimientos básicos para tratar heridas graves. Vertió un poco de antiséptico en una de las gasas y comenzó a limpiar la herida de Leon, cuidando de no causarle más daño, desinfectó la parte lastimada hasta dejarla totalmente aseada. Cubrió con una venda limpia el área, sacó un par de píldoras de los frascos y lo obligó a tomarlos sin que él pusiera resistencia alguna.
Ella cambió el paño de su frente por otro más frío. Por sus síntomas, Claire dedujo que Leon estaba pasando por una terrible infección debido al descuido de su herida. Una aspirina y un desinflamatorio no serían suficiente para controlar los síntomas; así que tomó su móvil, llamó a una farmacia que estaba a unas calles del edificio y ordenó un par de antibióticos además de otros medicamentos.
Se volvió de nuevo hacia Leon y notó que éste dormía plácidamente. Cambió una vez más el paño húmedo y se sentó en un sillón que estaba a un lado de la cama cerca de la ventana. Se detuvo a mirar a detalle la habitación y notó que a pesar de tener una decoración simple, era muy masculina: la cama estaba cubierta con sábanas oscuras, las paredes estaban pintadas en color blanco y el piso de madera estaba perfectamente lustrado. Un escritorio de madera que parecía haber visto sus mejores días hace mucho tiempo colocado bajo la copia de un Van Gogh que colgaba de la pared. Otra pintura ilegítima pendía en el cabecero de la cama, a pesar de haber varios cuadros por todo el lugar, a Claire le pareció extraño no ver ninguna fotografía personal o de algún pariente cercano, contrario a ella, que tenía inundados los muros de su alcoba con retratos de sus sobrinos y del resto de su familia.
Se llevó la mano a la boca y recordó beso que aún le escocía en los labios como fuego ardiente. ¿Por qué la habría besado?, quizá no estaba consciente de sus actos y solo fue un delirio a causa de su estado de salud, se dijo a sí misma. Con ese pensamiento, se apoyó en el respaldo del sillón y esperó paciente a que Leon se recuperara de la fiebre.
Hola!
Sé que no tengo perdón de Dios por dejar este fic en hiuatus por tanto tiempo (2 años), aún con eso, agradezco a quienes se pasaron a leer esta actualización.
Agradecimientos especiales:
Polatrixu y AdrianaSnapeHouse por revisar esta entrega, las quiero Betas galletas :D
CMosser, SKANDROSITA por alegrarme mis ratos de escritura y mis jornadas laborales con sus ocurrencias...Un día de estos me van a quitar el celular en el trabajo jajajaja!
Light of the Moon 12 por presionarme a continuar con este fic, me tomé una taza de café con satán y me pidió que revindicara a Leon... jejeje!
A todos quienes por medio de reviews y MP me pidieron que continuara con esta historia, mil gracias. Espero les haya gustado esta actualización.
Bueno, creo que eso es todo.
Dudas, comentarios, son libres de expresarse.
XOXO
Addie Redfield :D
