Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes nos pertenecen… aún… pero algún día serán nuestros, ya que Rosy y yo estamos ahorrando para comprarle los derechos de autor a Kishimoto-sama. ¡Wiii! Y por cierto: Kishimoto-sama, ¡Somos unas de tus muchísimas fans número 1!

Disclaimer de Andrea: Zoey si me pertenece, yo la inventé... ¡También tengo mis derechos! ¡Wiii!


.:La Teoría del Miedo:.

Capítulo III:

-Too Much For Only One Day -

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La Academia Konoha. Posiblemente el instituto con los jardines más hermosos y variados de toda la isla. Espléndida flora que recubría amplias extensiones de terreno, dándole vida con tan alegres colores.

Los nuevos estudiantes ahora eran dirigidos hacia el auditorio, y en el camino se maravillaban con la vista que tenían. Parecía una reserva natural, donde hasta animales se hallaban comiendo en la zona. Apenas cruzaban el gran espacio entre la entrada y el edificio principal, que se divisaba a lo lejos. Antiguo, enorme y hermoso, las palabras perfectas para describirlo. Ni pensar que ese sólo era uno de los más visibles, pues había muchos más divididos por facultades, cada uno con una cantidad de anexos de todo tipo llegando a impresionar.

- Estos jardines tienen muchos años aquí y son famosos a nivel mundial, por lo que ustedes como nuevos miembros también deberán cuidarlos y no dañar ni una sola hoja.- dijo Izumo en voz alta para que le escucharan. Los chicos del grupo que se conocían comenzaron a intercambiar opiniones mientras llegaban al auditorio para la bienvenida.

Entre el grupo estaba una bella muchacha de ojos perlados y cabellos azulados junto a su primo, de aspecto muy parecido al de ella. Ella se veía siempre tímida ante todos, y él era de expresión fuerte y con cierto aire de superioridad. Nunca se separaban del otro por el lazo de gran amistad que se había formado entre ellos desde muy pequeños, y otro motivo también había: el muchacho era el encargado de cuidarla siempre en todo momento y lugar hasta que ella contrajera nupcias, por órdenes y tradición familiar.

- Primo Neji, ¿no te parece hermoso? Me gusta mucho.- la peliazul observaba impresionada la cantidad de flores sembradas a lo largo de la entrada hasta las estructuras.

- A mí también me gusta, Hinata.

- Mira esas flores de allá. Son violetas, me encanta su color.- unas florecitas más adelante llamaron su atención sobre todas las demás. Eran pequeñas y casi pasaban desapercibidas, pero ese color indicaba su presencia justo allí y conseguían ser notadas.

- Si quieres ve a verlas. Estaré pendiente.

- Sí.

Fue pasando el río de jóvenes con cuidado, pidiendo permiso a cada uno de ellos. Estaba algo apretujada entre las personas, pero le encantaría oler esas flores. Cuando logró salir, se acercó emocionada y se agachó junto al arbusto que las daba y con delicadeza se llevó una a la nariz percibiendo un dulce y suave aroma.

- Huelen delicioso.- se dijo fascinada. De pronto sintió a alguien muy cerca de ella y se giró para encontrarse con un chico olfateándola de manera extraña. Era un rubio de ojos azules grandes y expresivos que tenía su rostro muy cerca del de ella, oliéndola. Se sonrojó notablemente por la proximidad de ese desconocido.

- Yo también olí esas flores, pero me gusta más como hueles tú.- dijo separándose y mostrándole una amplia sonrisa amistosa.

Hinata se quedó pasmada ante lo radiante que se veía ese muchacho de piel tostada. No sabía de dónde venía ni quién era, pero su corazón latió con fuerza ante la sonrisa más bella que había visto jamás. Sintió que su sonrojo aumentó cuando este arrancó una de las florecillas y se la ofreció acercándosela. Ella miró la flor y después a él, quién volvió a sonreírle. El rubio notó que sólo lo miraba sin moverse, y como no la tomaba se la colocó sobre la oreja, siendo sostenida por sus azules cabellos.

- Si te gustan tanto, yo te obsequio una. Te queda muy bien.- le guiñó un ojo y después se perdió entre la multitud dejándola abismada ante el pequeño y lindo acto.

- ¿Puedes explicarme que fue eso, Hinata? – la voz de su primo la hizo sobresaltarse. El sonrojo no bajaba de sus mejillas y de seguro le reprendería por haber hablado con ese chico, aunque en realidad ella nunca dijo una sola palabra.

- Yo…- jugó nerviosa con sus dedos índices. Neji a veces se pasaba en cuanto a su labor, y tal vez el rubio ya estaba metido en problemas por eso.

- Quítate esa flor de la cabeza. No podemos aceptar ese tipo de cosas de categorías tan bajas como la de él.

- Pero…- calló ante su mirada. Se quitó la pequeña flor sin volver a protestar y cuando este no veía la ocultó en su bolso.

- Pudo haberte metido en problemas. Tu misma escuchaste que no tocáramos estos jardines y de todas formas recibiste la flor sin desaprobarlo.

- Lo siento.

- No seas tan duro con ella, chico. Sólo es una tonta flor.- dijo una voz detrás de ellos. Hinata volteó y se encontró con una chica que creyó no vería más en su vida.

- Te pediré que no te entrometas.- dijo Neji cortante sin darle la cara.

- Que miedo. Estoy temblando ante tu severidad.- se burló la castaña guiñándole un ojo a la peliazul.- deberías bajarle un poco, vas a dañar la mente de esta pobre chica.

Neji, un poco harto de sus palabras, se giró hacia la muchacha. Sin demostrarlo, se sorprendió al verla. Cabello castaño recogido, ojos marrones, sonrisa traviesa, actitud de chica fuerte. ¿Cómo no notó que era ella?

- Tenten.

- Tiempo sin vernos. ¿Tan rápido te has olvidado de mi voz? Realmente a ti nada te marca.- dijo con sequedad, recordando ciertas cosas sucedidas años atrás entre ellos.

- Prefiero eliminar de mi mente lo que no me agrada.

- Y exactamente por eso terminé contigo.- dijo cortante. Le molestaba la actitud arrogante que tomaba ante todos. Ella sabía cómo era bajo esa ridícula máscara de ser superior que ocultaba su verdadera personalidad.

Se quedó callado. Tomó a Hinata del brazo y tragándose lo que quería decir, dio la vuelta y comenzó a caminar para alcanzar al grupo que los había dejado atrás, llevando a su prima casi a rastras. Tenten sonrió con amargura, no esperaba verlo allí, y menos que en la primera conversación tenida después de 3 años tuviese que salir el pasado que habían compartido siendo más jóvenes. Avanzó también detrás de ellos y se propuso no decaer de nuevo por eso.

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El gigantesco auditorio se llenó casi por completo. Parecía un estadio de fútbol en partidos de las finales. Por todos los accesos entraron los grupos de nuevos estudiantes y les dejaron libertad para ubicarse donde quisieran en la sección que tenían asignada.

Sasuke, seguido de Sakura, se ubicó en los asientos delanteros que eran de su agrado desde siempre. Tenía una vista perfecta del escenario y de los costados. Cuando estuvieron sentados, notó algo muy interesante: era la tercera vez que ellos dos se situaban al lado del otro. Se quedó observándola buscando una explicación lógica.

- ¿Qué? – preguntó incomoda por la mirada sobre ella.

- ¿Por qué siempre te sientas a mi lado?

La pelirrosa se quedó callada, esa era una muy buena pregunta, pero ella no la formularía de esa manera; parecía que le insinuaba que lo estaba persiguiendo. Y por la expresión que tenía, eso era lo que él estaba creyendo en ese preciso momento.

Sasuke sonrió altanero buscando molestarla, ese había sido su hobby del día. Y habría disfrutado la respuesta de no ser porque unos golpecitos en la parte de atrás de su asiento interrumpieron el momento mágico.

- ¿Qué demo…? - se volteó para matar con la mirada a quien le estuviese pateando, y se encontró al mismo rubio chillón del avión con los ojos cerrados, tarareando y moviendo los brazos de forma extraña como si tocara una batería mientras le molía el asiento a patadas.

- Oye.- trató de llamar su atención pero este al parecer no lo escuchaba.- Oye, tú.- intentó de nuevo el azabache. Seguía tarareando y hubo un momento en que usó la cara de Sasuke como platillo improvisado.- ¡Deja de tararear esa basura y escúchame, dobe! - harto, le jaló bruscamente los audífonos logrando quitárselos.

- ¡Hey, baka! ¡Casi me arrancas las orejas! – gritó el rubio escandaloso sobándoselas exageradamente.

- No me digas así, dobe. Deja de patear mi asiento, es muy molesto.

- Pudiste pedírmelo amablemente.- lo fulminó con una mirada acusadora.

- Eso hacía, pero tú estabas en tu mundo de baterías y no me prestabas atención.

- ¿Cómo sabías que era un mundo de baterías? – lo miró asombrado.- ¿Acaso puedes leer la mente?

- Sí, leo las mentes. Y por tu cara perdida, tu mentalidad de niño de 5 años, y tu notable credulidad, puedo leer en tu mente que eres un idiota.

- ¡¿Qué dijiste, teme?

- Lo que escuchaste, usuratonkashi.- se mantuvo calmado. Indiferencia ante todo y todos. Debía enorgullecer a su familia.- Y deja de gritar. Nos están viendo.

Pero el rubio continuó insultándolo con cosas que hasta llegaban a perder el sentido por lo ridículas y poco pensadas que eran. El Uchiha sin evitarlo le siguió el juego y los insultos fueron aumentando cada vez más junto con el tono de voz de ambos, quienes no se percataban de que estaban atrayendo todas las miradas de los presentes hacia ellos.

- ¿Les importaría callarse? ¡No puedo escuchar mis propios pensamientos! - gritó impaciente otro rubio de cabello más largo que compartía asiento con el "baterista", pero al parecer no tenían intenciones de detenerse.- ¡Naruto, ya cállate!

- ¡No me calles, Deidara! No voy a quedarme tranquilo hasta que le dé su merecido a este teme.- dijo con mirada retadora señalándolo con el dedo.

- No seas infantil y cierra la boca.

- Hazle caso, así dejarías de molestarme con tus idioteces, baka.

Y como podría esperarse, el rubio menor no se tragó ni una sola de sus palabras, diciéndoselas a Sasuke en la cara mientras este le respondía. A la discusión se había incluido Deidara, hermano mayor de Naruto, que ahora gritaba para que los otros dos dejaran de gritar.

- Por Kami, ya están grandecitos como para estar discutiendo por tonterías.- opinó Sakura cruzándose de brazos.

El griterío se volvía cada vez más fuerte, molestando a las personas que se encontraban sentadas alrededor de los tres chicos. Ya comenzaban a ser irritantes.

En los puestos de adelante, el par de primos de ojos perlados mantenían la serenidad de siempre.

- Me siento un poco incómoda aquí, primo. ¿Podríamos cambiarnos de lugar? – pidió la joven, juntando tímidamente sus dedos índices como acostumbraba.

- Ignóralos, Hinata. Son gente inculta.- le dijo el chico con un ego que inundaba sus palabras mientras jugaba con su Nintendo DS.

- Disculpa pero, ¿quién te crees para llamar incultas a personas que ni siquiera conoces? – el oído de Sakura nunca le fallaba, ni siquiera teniendo a un trío de inmaduros gritando improperios junto a ella.

- Mucho gusto, mi nombre es Neji Hyüga, heredero de las empresas Hyüga. Y ahora que nos conocemos opino que tus amigos son muy infantiles y están incomodando a mi prima.- comentó irónicamente el joven.

- Por favor, no...- Hinata no pudo terminar de hablar debido a que Sakura ya había respondido al insensato comentario del ojiblanco.

La peliazul giró un poco al escuchar con claridad una voz conocida, y se sorprendió al notar que dos filas detrás de ella, estaba ese tierno rubio que le había regalado la flor. Se sonrojó con tan sólo verlo y en sus labios una pequeña sonrisa se asomó. Pero esta se esfumó cuando el de cabellos dorados se levantó del asiento de un brinco y siguió gritándole al pelinegro frente a él, quien lo imitó. Luego vendrían los empujones, después los golpes, después la sangre… y ella odiaba la sangre.

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Zoey estaba en la misma fila de los primos, algunos puestos hacia la derecha, contemplando cómo se insultaban los jóvenes de las filas cercanas. Se tapó la boca ante ciertas palabras que ella conocía pero que jamás usaría; se le ensuciaría horriblemente su educado vocabulario. Una mano en su pierna la hizo girar al lado contrario y sin pensarlo le propinó una bofetada –más suave que la del avión- a Itachi.

- ¡Oye! ¿Ahora qué hice?

- ¡Aparte su mano, bastardo! – abrió los ojos del todo al notar que el muchacho tenía ambas manos en su teléfono celular. Lentamente bajó la mirada para encontrarse con una horrenda tarántula subiendo por su descubierta pierna.

-…

- ¿Ahora qué te pasa, francesita?

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- Por milésima vez, aquí nadie es inculto. Deja de decir esa estúpida palabra.- la tierna Sakura se estaba irritando con la arrogancia de Neji.

- Está bien. No son incultos.- se acomodó correctamente en su lugar para dejar de ver a la chica.- Son ignorantes.

- ¿Pero qué pasa contigo?

Las discusiones fueron interrumpidas por un agudo pero potente grito de terror femenino, alarmando a todos.

- ¡Aahh! ¡Sacrebleu!

Una de las primeras en alzarse fue Sakura, viendo a la chica rubia gritando de pánico puro sobre el hermano del Uchiha.

- ¿Escucharon ese grito? – preguntó Hinata un poco asustada.

- Sí, al parecer es la extranjera de hace un rato.- dijo Sasuke evitando reírse por la escena en la que su aniki era asfixiado por la chica; si se ponía morado, no aguantaría las risas.

- ¡Une tarentule!

Se abrazó mucho más fuerte al pelinegro, quién de momento no pudo ver absolutamente nada porque sin notarlo la chica le estaba sujetando la cabeza contra sus voluptuosos senos impidiéndole la visión.

- ¡C'est dégoûtant, tuer cette chose! ¡Tuer cette chose!*

- ¡¿Qué rayos estás diciendo? - preguntó un poco alterado y quedándose sin aire por la presión con la que Zoey lo apretaba como si con eso se alejara de la araña.

- ¡Que la mates, idiota! - gritó histérica con la cara pálida, sintiendo las peludas patas subir una por una llegando casi a su falda.

- ¿Por qué no lo dijiste antes? – le dio un manotazo a la araña, cayendo está en el pasillo que estaba junto a ellos, lo que llamó la atención de algunas personas; entre ellas, un chico castaño de ojos afilados con un perrito en la cabeza.

- Shino, ve a buscar a tu araña.- le dijo señalando el lugar donde se hallaba esta, un poco mareada por la caída. Un chico de gafas oscuras y con la mitad de su cara tapada por un suéter fue presuroso en busca de su pobre mascota.

- Mi pequeña Patricia, ¿qué te han hecho estás horribles personas? - la tomó con cuidado y la introdujo en un frasco de vidrio con agujeritos en la tapa.- ¿Cómo rayos te saliste de ahí?

- Te dije que dejaras a la araña junto al equipaje. Ellos la llevarían a tu habitación, tonto.

- Lo sé, lo siento.- dijo resignado el misterioso chico de peinado extraño.- Pero en ese caso tú también debiste dejar a tu animal en una jaula junto con el equipaje.

- Oye, no empieces de nuevo. Akamaru no es un animal, es un perro.- contraatacó ofendido el chico.

- Sí. Y los perros son animales.

- ¡Pero Akamaru y yo nunca nos hemos separado! - gritó entre drama y drama el castaño.

- Olvídalo.- finalizó Shino, viendo a su traviesa tarántula, que había estado haciendo de las suyas.- te he dicho que no asustes así a las personas, Patricia. Corres peligro porque nadie sabe apreciar tu belleza como yo.- aprovechando lo cómodas que eran las butacas, se reclinó un poco hacía atrás, lo poco que esta se lo permitía.

- Idiota, lo que acabas de golpear con tu asiento es mi pie.- dijo una castaña con moñitos detrás de él.

- Oh, por eso no podía moverse más. Lo siento.- fue la única respuesta del chico, que arregló el asiento de nuevo.

- ¿Lo siento? Con decir "lo siento" no me quitas el dolor del pie.- exclamó aún molesta, viendo como este al parecer la ignoraba, porque no decía nada.- ¡No me ignores cuando te hablo!

- ¿Qué quieres que diga? – preguntó tranquilamente sin siquiera verla.

- Tenten, deja al pobre chico en paz. Pelear es malo, ¡hay que disfrutar la vida, estamos en el loto de la juventud! – exclamó muy alegre un chico excesivamente extraño que estaba sentado al lado de ella.

- Cállate, Lee. Ni siquiera estoy hablando contigo.

- Oigan, ¿podrían hacer silencio? Estoy tratando de dormir. Que problemáticos.- habló otro con voz cansada como si respirar le costase mucho, y en su cara la flojera se hacía presente.

- Un momento. Tú, el flojo. ¿No eres ese cara de chango qué tiró todo mi equipaje cuando iba al avión? - preguntó una rubia de cuatro coletas al mismo tiempo que se ponía de pie.

- Ay, no. Otra pelea.- bufó hastiado por tantos problemas.

- Oye, será mejor que pidas disculpas ahora, ya que no lo hiciste antes e hiciste que se ensuciaran mis cosas.

- No me hagas exasperar.- fue la respuesta cansada del chico, pero sus palabras no cuadraban con su cara. Soltó un largo bostezó y se talló los ojos.

- ¿Te estás burlando de mi, chico listo?

El alboroto en el auditorio se hacía mayor a medida que los estudiantes se irritaban con facilidad y discutían por cualquier tarugada. Ese día no había sido precisamente el mejor para ellos.

Un chico de cabello blanco que mantenía sus manos unidas intentando rezar entre todo aquél griterío se empezaba a desconcentrar y a molestarse; tenía una marcas extrañas en varias partes de su cuerpo como si se estuviese ofreciendo al diablo o algo así. Seguro era de una secta satánica o heredero del infierno… quién sabe.

- Pero que escándalo, ¡no me dejan escuchar a Jashin-sama! No puedo terminar mis alabanzas con tanto alboroto, ¡Jashin-sama se molestará y todos moriremos!

- Vaya, que divertido.- dijo aburrida una rubia decolorada.- pues, espero que ese tal Jashin-sama me mate a mi primero, ya no soporto este lugar donde todos gritan, insultan y rezan cosas raras invocando a dioses de la muerte.- el peliblanco la observó con el ceño fruncido.

- ¿Acaso te estás refiriendo a mí? – preguntó desentendido.

- No, por supuesto que no.- dijo con sarcasmo la rubia. Además de loco, tonto.- ¿Ves a ese chico de allá? ¿El de la esquina...? ¡Claro que me refiero a ti! ¡Has estado murmurando cosas estúpidas desde que subiste al avión!

- Pues, lamento que pierdas tu tiempo quejándote cuando podrías estar alabando a Jashin-sama, niña insolente. Pero de todas formas el gran Jashin-sama se apiadará de ti por haber maldecido y querer continuar la discordia entre los estudiantes. ¡Que viva Jashin-sama!

- ¿Podrías dejar de repetir "Jashin-sama" en cada oración? Me estoy aburriendo de tus estupideces religiosas.- ya la chica estaba comenzando a obstinarse de verdad.

- ¿Estupideces religiosas? El gran Jashin-sama no es ninguna estupidez. ¡Deberías aprender a respetar las religiones de los demás! Aunque tu religión es una porquería comparada con la mía, obviamente cualquiera que no profese la religión del gran y honorable Jashin-sama es un completo ignorante, retrasado mental, que no comprende absolutamente nada del universo y está condenado a ser un fracasado eternamente; ó, en tu caso, una decolorada de por vida.

- ¿Qué dijiste, idiota?

- Lo que oíste, decolorada.- dijo el jashinsamista con sorna, haciendo énfasis en la última palabra.

- ¡Ahora sí morirás! - gritó Ino, colérica.- ¡Prepárate para reunirte con tu creador! - en cuestión de nada, ya estaba sobre Hidan, zarandeándolo y ahorcándolo.

- ¡Ahh! ¡Jashin-sama, protégeme!- fue lo único que pudo articular Hidan antes de comenzar a ponerse azul.

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Tras bastidores, Orochinade preparaba mentalmente el discurso que daría a los tontos alumnos nuevos por costumbre desde que la academia había estado habilitada para enseñar. Estaba muy concentrado pensando en las palabras adecuadas cuando varios gritos se escucharon por todo el auditorio y aumentaban un poco su sonido por el eco. Uno que claramente decía "Jashin-sama" le sacó de quicio, por lo que decidió salir de una vez para callar a esos mocosos religiosos adinerados.

Se arregló el enorme busto al cual no estaba acostumbrado y apartó un poco el telón para pasar. No creía lo que estaba viendo. Sus pequeñas alcancías vivientes discutían, se peleaban y otros se estrangulaban entre ellos mismos. ¿Qué rayos era eso? ¿Dónde estaban los imbéciles que había contratado para que supuestamente los mantuvieran en orden?

- Por Kami y Jashin-sama, ¿cómo Tsunade soportaba a estos críos? – eso no andaba bien. A veces ni soportaba a Kabuto, y ahora debía evitar asesinar a otra centena de malcriados.- Bueno, yo hare lo que sea por sus billeteras llenas de dinero, incluso soportar sus estúpidos comportamientos.- cerró de nuevo el telón ya sin poder aguantar algunos gritos.

- Orochimaru-sama.

- Tsunade, dime Tsunade.

- Tsunade, Orochimaru, Orochinade, es igual. Ya debería salir a dar el discurso.

- Lo sé, Kabuto-kun. Pero esos escandalosos no paran de hacer ruido. No puedo trabajar así.

- Apresúrese señor, o señora… o lo que sea.- lo/la empujó fuera del telón y dando traspiés llegó al micrófono torpemente y casi se lo traga. Observó como la gran mayoría de los nuevos se acribillaban a insultos todavía y suspiró con fuerza, produciendo un horrendo sonido por todo el auditorio debido a la cercanía de su boca y el micrófono.

En un segundo todos se quedaron callados viendo hacia el escenario. Como si les hubiesen dado en un interruptor oculto, se ordenaron y quedaron impecables como unos angelitos; las apariencias suelen ayudar.

- Bien.- los observó a cada uno con rápido detallado, y su mirada cayó por varios segundos sobre el Uchiha menor. Este se mantenía distraído viendo de reojo a la pelirrosa.- "con que hay algo con la Haruno…"

- Hey, Oroch… Tsunade-sama.- unos susurros de Kabuto tras el telón le hicieron dejar de lado sus planes malévolos extraños para con el pelinegro justo a tiempo antes de que comenzara a reír diabólicamente frente a un auditorio lleno.

- Buenas tardes, queridos alumnos. Me enorgullece poder compartir este momento tan especial en el que...- comenzó su discurso con emoción fingida, tratando de disimular las miradas que intercalaba hacia el joven de ojos negros y la Haruno; más perfecto no podía ser su plan en esos momentos.

Realmente casi nadie prestaba atención al aburrido discurso de la directora. Se distraían hablando en voz baja sobre lo enormes que eran los pechos de esta, o jugaban con sus aparatos electrónicos. Algunos ya estaban roncando, otros comiendo, y otros preguntándose por qué demonios daban discursos de bienvenida cuando la mayoría ni siquiera notaba que alguien hablaba.

Zoey por su parte trataba de calmarse después del incidente arácnido, y luego de casi asesinar la descendencia de Itachi con una pisada accidental.

Eso sería algo que el Uchiha jamás olvidaría: cuando la araña voló por los aires, Zoey se paró en el asiento para ver si ya esta estaba bastante lejos, pero no pareció recordar que ese lugar seguía ocupado por Itachi, quien recibió una pisaba justo en su orgullo. Después de un grito de dolor y de unas risas cerca de ellos, la rubia vio la cara del pelinegro mayor y juraría que se le iban a salir los ojos. Su rostro se había puesto rojo debido al dolor allí abajo.

Cinco minutos después, la directora comenzaba su palabrería molesta y Zoey iniciaba su lluvia de disculpas.

- Ya no te preocupes, sin proponértelo me has dejado sin día del padre.- dijo Itachi tratando de sonreír, pero más bien parecía una mueca extraña de dolor mezclada con ganas de llorar. Su voz estaba más aguda de lo normal.

- Perdón.- agachó de nuevo la cabeza a la par que se acomodaba mejor en su asiento, asegurándose de que no hubiese más de esos horrendos seres de ocho patas.- Le tengo un poco de miedo a las arañas.- trató de restarle importancia para que lo olvidara mientras arreglaba su cabello. Más avergonzada no podía sentirse.

- ¿En serio? No lo noté.

- De verdad, perdóname.- su cara se veía bastante apenada, a lo que Itachi no le pudo negar perdón.

- No te preocupes. Pero te agradecería que no volvieras a hacerlo.- apartó por fin las manos de su zona que ya estaba un poco mejor. Cuando estuviera en su habitación se pondría un kilo de hielo seco ahí.

- Está bien. No lo haré a menos que sea estrictamente necesario.

- No será necesario en ningún momento si tú misma haces todo el trabajo.- afirmó recordando la suave sensación de ciertas cosas de la francesa. Ella se sonrojó a más no poder.- Sé que dentro de poco no podrás vivir sin mí, cariño.- tomó su mano y le besó el dorso por tercera vez en el día, y continuó dando besos a lo largo de su brazo mientras esta apoyaba la cabeza en su mano libre y lo veía aburrida.

- Definitivamente, este no es mi día.- afirmó estresada desviando la mirada, dejando que el chico siguiera con sus tonterías.- alguien cambió mi asiento, y fue lo peor de todo el viaje, porque gracias a eso sucedió todo lo demás: me caí del asiento en el avión, una asquerosa tarántula me caminó por la pierna provocando que armara un escándalo, por accidente un idiota realizó su sueño en mi pecho y he tenido que pasar todo el día con ese mismo idiota, que es un pervertido acosador que siempre está a mi lado.- con eso último Itachi dejó su labor y le sostuvo el mentón con dos dedos.

- Oye, seré un pervertido acosador, pero soy un pervertido acosador muy sexy.- sonrió socarronamente el muy egocéntrico.- ¿o me lo vas a negar? - Ella respondió volteando los ojos y frunciendo el ceño.

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Neji se ocupaba de pasar de nivel en su videojuego. Apenas consiguiera unos puntos más terminaría después de ocho días jugándolo, un cuarto del tiempo que le llevaría a cualquier otra persona común. Él era el rey.

- Hey, Tenten, ¿quieres que paseemos juntos después de este aburrido discurso?

- Podría ser.

Y al rey Neji le daba un mal sabor en la boca cuando ese chico del perro le hablaba a la castaña, y la invitaba a pasear.

- Está bien. Recuerda llevar a Akamaru.

- Jamás lo olvido.

Y el sabor se convertía en repugnancia cuando ella aceptaba tan amigablemente.

Por más que intentara sacarla de su cabeza, sólo había conseguido olvidar su voz. No, ni siquiera eso; la chica había cambiado la voz a una más madura, y él aún recordaba a la perfección cómo era tres años atrás. Se sentía tan estúpido por comportarse así ante una tonta relación juvenil. Era débil frente a ella, tenía que admitirlo.

Estaba seguro de que podría superarlo, pero se le haría mucho más difícil si la veía a diario en la academia. Sabía cómo eran las cosas en el mismo ambiente que ella. Tenten jamás descansaba, siempre estaba en constante movimiento; lo peor era que de seguro se la pasaría en el rin de entrenamientos para las artes marciales, justo donde él estaría también. Ni pensar que se conocieron en un enfrentamiento amistoso, el primero que él había perdido, y ante una mujer: Tenten, la más fuerte de todas.

Y, precisamente, por eso había caído en sus redes.

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Sakura atendía a cada palabra de la sabia Tsunade.

O al menos eso parecía. En realidad estaba profundamente sumida en sus pensamientos y sólo tenía la mirada perdida en el escenario. Era de vida o muerte dictaminarlo, así que se tomó todo el tiempo que quiso mientras la directora chachareaba para decidir en ese importante cuestionamiento. La elección debía ser la correcta.

- "Sería mejor el de mora azul... no, mejor pruebo el de durazno."

Y así concluyó su arduo enfrentamiento mental sobre cuál sabor de helado debía probar primero para que le dejara un aliento fresco.

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- Así que, mis queridos alumnos, les doy la bienvenida a la academia Konoha. Gracias.

El lugar se inundó de aplausos por tan bello y llegador discurso, al cual nadie prestó la más mínima atención. Y si debían decir la verdad, aplaudían porque había terminado de hablar. Ya les dolía el trasero de estar sentados ahí.

- Gracias, gracias. Sé que fue inspirador y espero que se lleven algo para el futuro.- dijo con orgullo Orochinade, por esas palabras tan bellas que usualmente le darían asco. Sonrió con malicia y se perdió tras el telón, dando paso a su siempre fiel asistente, Kabuto.

- Por favor, salgan en orden. A partir de ahora tendrán el espacio de 30 minutos para descansar o recorrer los jardines, lo que sea de su agrado. Pasado esto por favor diríjanse a la entrada de la institución, donde les daremos el recorrido oficial por la academia para que conozcan la estructura interna de las instalaciones. Traten de no extraviar sus cosas o a ustedes mismos. Buenas tardes.

Hasta que al fin saldrían de ese lugar. Comenzaron a levantarse y estirarse con pereza, pensando en lo que harían a continuación; quizá darle una vuelta a la academia, ir a la cafetería, o tal vez conocer de una vez los dormitorios y hacerle una prueba de calidad a la cama.

Sasuke se puso de pie y se detuvo al final de la hilera de asientos. Esperó cinco segundos de prueba para ver si la pelirrosa haría lo mismo y se quedaba detrás de él cuando bien podría salir por el otro lado. No le extrañaría que también estuviese siguiéndolo o acosándolo; estaba acostumbrado.

3… 2… 1… alguien chocó contra su espalda. Cuando se volteó, ¡sorpresa! era Sakura.

- Oye, ¿por qué no caminas?

- ¿Por qué no sales por el otro lado?

- No quiero salir de última, con permiso.- prácticamente por las malas intentó apartar a Sasuke, pero este no movía ni un cabello de lugar. La ojijade hizo ademán para pasar a un lado del chico, pero este le bloqueó el camino nuevamente. Su paciencia al caño, ¿por qué jugaba así con ella?

Sasuke se divertía ante los gestos impacientes y berrinchudos de la pelirrosa. Por su mente pasaba el de pedirle nuevamente explicaciones sobre su constante 'acoso', pero al ver su cara y detallar el rojo de sus mejillas debido a la rabia se le hacía demasiado divertido como para parar de hacerlo.

Sakura ya demasiado impaciente se lanzó contra Sasuke para darle un fuerte empujón, pero éste, captando con rapidez los movimientos de la chica, retrocedió unos pasos provocando que la pelirrosa se desequilibrara con su propio impulso y tropezara con una de las patas de las sillas delanteras, dando como resultado a una Sakura yaciendo en el piso, sujetada del pantalón del pelinegro, y con un terrible dolor en su retaguardia.

- Tarado.- intentó levantarse tomando como apoyo el pantalón del pelinegro.

- Oh, claro. ¿Ahora también quieres desnudarme? Acosadora.

- ¿Qué? – el tonito chillón que usó mostró que lo que le acababa de decir estaba fuera de su compresión.

Los estudiantes pasaban de ellos dirigiéndose a la puerta de salida, no sin antes hacer algún comentario sobre aquella escena tan comprometedora; pero antes de que el primero lograra abandonar el lugar, un sonido estridente retumbó por todo el lugar produciendo un eco aterrador, al mismo tiempo que el techo crujió, dejando caer pequeños escombros y algo de polvo. Se taparon los oídos para disminuir la fuerza que se ejercía sobre sus tímpanos. Nadie supo de dónde provino, pero fue lo suficiente fuerte para aturdirlos durante un momento.

- ¿Qué fue eso? – preguntó Sakura turbada por el estruendo, tirando de los pantalones para intentar pararse.

- Algún inconveniente con el sonido.- respondió sin más, bastante seguro de su respuesta.- novatos manejando los micrófonos.

Ya harto de que estuviese por bajarle los pantalones junto a los calzones, la tomó del brazo y la levantó sin hacer mucho esfuerzo.

- Gracias.

Las puertas comenzaron a cerrarse una tras otra reteniendo a los jóvenes dentro del auditorio que parecía estar por caerse a pedazos en cualquier momento.

Las luces comenzaron a fallar seguidas veces. Varios bombillos estallaron de pronto y pequeños vidrios volaron por doquier, cayendo sobre el alumnado. Se cubrían con los brazos empezando a asustarse por los repentinos sucesos, para luego buscar cómo salir. Sasuke por reflejo abrazó a la ojijade para protegerla de los cristales que podrían herirla y sin soltarla se acercaron a la puerta, pero como habían notado antes, estas no se abrían.

- ¿Qué rayos está pasando? – la pelirrosa aún no comprendía por qué sucedían esas cosas.

- Sólo son fallas técnicas. Se llaman "cortocircuitos".

- Sé lo que es un cortocircuito, pero esto no me parece de esa naturaleza.- dijo cortante ante la socarronería del pelinegro.

- ¿Naturaleza?

- No lo entenderías.- y ella no entendía por qué seguían abrazados.

Los estudiantes se aglomeraban en la salida, empujándose unos a otros.

De la nada, un aroma repugnante a putrefacción llegó hasta las fosas nasales de Sakura, que tuvo que tapar su nariz con ambas manos. Y por las caras contraídas de asco de los demás, se dio cuenta de que el olor nauseabundo no fue percibido sólo por ella, y ya inundaba el lugar provocando desagrado en la mayoría.

- Argh, que asco. Deberías considerar usar jabón más a menudo, Uchiha.- dijo Sakura asqueada con el aroma a descomposición flotando en el aire.

- Deberías considerar lavarte los dientes más a menudo, tu aliento apesta el lugar.- contraatacó percibiendo cada vez con más fuerza el hedor a cadáver.

- ¿Seguro que estás vivo?

- Si tanto te desagrada el hedor que según tú viene de mi, ¿por qué sigues abrazándome?

- ¿Qué? Tú fuiste el que…- sintió que algo húmedo caía sobre su hombro. Volteó y notó como una baba verde resbalaba por la manga de su suéter.- ¿Qué es esto? – alzó la mirada y divisó pequeñas grietas en el techo, por donde comenzaba a emanar la sustancia viscosa.

- ¿Qué ves? – alzó la vista también, y un misterioso líquido espeso que parecía mucosidad cayó en su mejilla izquierda.

- La cosa que está en tu cara.- respondió, quitándose el suéter y dándoselo para que se limpiara, después de todo ya estaba lleno de baba.- Y bien, ¿qué respuesta tienes para eso, chico listo? ¿Se rompió el tubo del drenaje que pasa por el techo o algo así?

- Es probable.

- No lo decía en serio, idiota.- trató de hacerse espacio entre las personas junto a Sasuke que querían salir y que ahora estaban llenos de viscosidad, pero tuvo que mantenerse quieta cuando se apagaron por completo las fuentes de luz y el lugar quedó en penumbras.

El pánico se acrecentaba. Quitaron los seguros internos, pero parecían estar selladas por fuera. Los estudiantes, desesperados, golpeaban las puertas de salida, pero estas, fuertemente cerradas, no los dejaban huir. La desesperación crecía por el hecho de que los jóvenes no comprendían lo que pasaba, y eso los aterraba más.

- ¡Quiero salir de aquí! – gritó Naruto, golpeando y empujando una de las puertas.

- Todos queremos. Tal vez hubo alguna falla con la seguridad de las entradas.- le respondió Deidara tomándolo por los hombros en la oscuridad.

- Ya basta, sólo lograrás lastimarte.- le dijo Sasuke llegando junto a Sakura.

- Demonios. Estúpida falla.- se soltó de su hermano y optó por recostarse de la puerta, ya que no quería abrirse por ningún medio.

- Y ahora, ¿qué hacemos? – preguntó Sakura, notando por fin la cercanía que tenía con el pelinegro.

- ¡Yo voy a golpear esta puerta hasta que quede hecha pedazos! – el rubio lleno de energía iba a levantarse, cuando la puerta de la que hablaba se abrió de sopetón y lo dejó caer de espaldas afuera.

Los focos restantes que no se habían vuelto añicos comenzaron a encenderse de nuevo, uno por uno, sin mucha potencia. Los más alterados consiguieron calmarse cuando pudieron ver con más claridad el auditorio y los rostros de sus amigos. Por el escándalo del rubio ya fuera del auditorio, una vez más intentaron con las otras puertas, las cuales cedieron con tanta facilidad que hasta un soplido leve las pudo haber abierto.

- Ototo.- llamó Itachi llegando hasta su hermanito con la atemorizada rubia a su lado, atada con fuerza a su musculoso brazo.

- Vamos, antes de que algo más ocurra.- les indicó Sakura soltándose del agarre de Sasuke, más por evitar sonrojarse en frente de él, su hermano y la rubia que por cualquier otra cosa. El moreno menor la observó por un instante detallando sus reacciones.

Sin pisar los vidrios esparcidos en el piso, lograron marcharse entre la muchedumbre que evacuaba la sala de conferencias tamaño jumbo. Ya afuera pudieron respirar aire fresco con tranquilidad.

- Bien…- Itachi suspiró y los otros tres se quedaron viéndolo para lo que iba a decir.- ¿Quieres salir conmigo? – sólo bastó la pregunta para que sus caras cambiaran por completo. Zoey lo soltó como si el tacto le quemara y se cruzó de brazos. Sasuke y Sakura soltaron un breve suspiro por la actitud del mayor.

- Itachi, compréndelo. Ella no quiere que la molestes.- le dijo Sasuke avergonzado por las tonterías de su aniki, pero luego de un momento se sorprendió por sus propias palabras.- Un momento. Tú…

- ¿Yo, monsier?

- Sí, tú. ¿No quieres nada con él?

- No. La mayoría del tiempo ha estado molestándome mucho.

Sasuke se quedó perplejo ante lo que sus oídos escuchaban. Una mujer estaba rechazando a su hermano en su cara y se lo decía como si nada. Algo malo debía sucederle a esa rubia; normalmente eran las que caían más rápido.

¿Sería por la nacionalidad? No, Itachi incluso había salido con unas canadienses que estaban turisteando, así que esa chica sencillamente no cayó en sus "encantos". Ese momento lo recordaría como el increíble día en que el siempre amado, adorado y conquistador de chicas Itachi, era rebotado sin piedad. Sería un día festivo y nadie tendría que ir a clases, y hasta podrían romper con sus novios. Y dejando todas esas ridiculeces mentales de lado, contempló el rostro indiferente de su hermano.

- Y… ella no quiere la molestes.- una pequeña sonrisa malvada llena de sorna se asomó en la comisura de sus labios.

- Lo sé, pero ya caerá.

- Ella…

- No lo digas.

- Esta rubia te…

- Ni siquiera lo pienses, Sasuke.

- Te rechazó.

- Cállate. Eso es lo más horrendo que he escuchado salir de tu boca, ototo-baka. Eres terriblemente cruel conmigo.

Le había dolido en su orgullo Uchiha, no que su hermano se estuviese burlando de él sin compasión, sino que realmente una chica lo estaba rechazando y después de varias horas no había siquiera podido lograr sacarle una pequeña sonrisa que no fuera sólo por cortesía.

- Voy a vengarme por esto luego, hermanito, y no te va a gustar.- vio a la pelirrosa y le sonrió; a esta se le erizó el vello de la nuca.

- Claro, lo que digas, rechazado.

- Si no hay problema, iré a beber algo. Me ha dado mucha sed.- la francesa fue alejándose de ellos pero unos brazos la sujetaron.- Suélteme antes de que lo golpee.- se zafó del agarre del mayor y lo vio con mirada acusadora.

- No te preocupes, serás fielmente acompañada por estos pequeños.- dijo socarrón Itachi sacando sus bíceps y tríceps para besar cada uno de sus brazos con cariño; como amaba su cuerpo.

- Aléjese de mí.- sin más, continuó su camino aunque no tenía ni idea de adónde ir por su bebida. A lo lejos se escuchó una corta carcajada de Sasuke quien divertido admiró la escena. Otro strike para su hermano.

- ¡Francesita, espera! – iba a seguirla pero paró en seco cuando una horda de chicas babeantes se situaron frente a él.

- ¡Miren todas! ¡Es Itachi Uchiha!

- Oh, oh…

- Mejor vayamos con ella antes de que presencies cómo estas fans desnudan a mi hermano.- Sasuke empujó a Sakura para que caminará detrás de la rubia, y esta rió por lo bajo.

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En los campos verdosos cercanos al auditorio, sentados en la hierba, Tenten jugaba con el pequeño Akamaru mientras el dueño de este los observaba divertido. El cachorro ladraba de emoción cuando veía esa redonda pelotita ser arrojada, y él con gusto la traería de vuelta. Era su juego favorito.

- Kiba, ¿puedo preguntar por qué me invitaste esta vez?

- Pues, no creí que te encontraría en el aeropuerto y mucho menos que vendríamos al mismo sitio, así que quise pasar un tiempo de calidad con una vieja amiga de la escuela.

- Ay, que tierno… ya, en serio, ¿por qué?

- Oye, hieres mis sentimientos.

- Claro. Y Shino no quiso venir contigo porque de nuevo discutieron para ver si los perros eran mejores que las arañas, ¿no?

- De acuerdo, sí. Pero de todas maneras. Además, quería ver la cara que ponía Neji.

- Que bien.- moría por preguntar, pero… no debía, se vería muy interesada en el tema.- ¿y qué cara puso? – con Kiba estaba en confianza, así que no importaba tanto, ¿cierto?

- Nunca despegó la vista de ese tonto juego, pero podría jurar que frunció el ceño casi imperceptiblemente cuando accediste a venir.

- Bien.- acarició al juguetón de Akamaru y lo alzó para dedicarle una sonrisa, aunque si era sincera con ella misma, sabía que en realidad aquella curvatura de alegría no era para el canino precisamente.

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- Entonces, ¿sí eres de Francia?

Sakura se veía interesada por conocer a la rubia, que amigablemente le respondía con detalle a cada pregunta histórica sobre su tierra natal; y era todo lo contrario a lo que pensaba que ella sería. Primero creyó que la chica sería tonta o molesta igual que Ino, y también tenía la impresión de que era un poco extraña por el griterío en el auditorio, pero para su sorpresa se estaban llevando de maravilla. Sasuke por su parte caminaba detrás de ellas preguntándose por qué las seguía. Ya se estaba aburriendo.

- Así es. ¿Y ustedes si son de Japón? – preguntó al tiempo que se sentaba en una mesa de la cafetería al aire libre tomando un jugo.

- Yo, sí.- se acercó al oído de la chica para susurrarle algo.- Él es del planeta Marte. No te sorprendas si te dice que viene en son de paz.

- Escuché eso.- se sentó también el moreno y con la mirada advirtió que no se reiría de ninguno de esos chistes.

- No me veas así, Uchiha.

Varias personas giraron hacia ellos al escuchar ese apellido. Sasuke levantó su bebida y se tapó la cara con disimulo.

- Dilo un poco más fuerte, Haruno.- dijo en tono mordaz.

- Si tanto te molesta que hable, ¿por qué no te vas? – preguntó normal tomando una porción de su helado de durazno.

- Eso estaba a punto de hacer, pero ahora que me estás echando no me iré.- se cruzó de brazos y siguió ingiriendo su bebida. Se sintió incómodo cuando Sakura se quedó observándolo por un tiempo más largo del que soportaba antes de preguntar.- ¿Qué me ves?

- ¿Por qué siempre te sientas a mi lado? ¿Me estás persiguiendo? – en la boca de la pelirrosa emergió la copia exacta de la sonrisita altanera de medio lado que él había usado rato atrás.

- ¡Oh! Ya lo entiendo.- dijo de pronto la rubia con emoción al creer conocer el motivo por el que discutían.- ustedes son pareja. Que ternura.

- ¡Ese horrible idiota no es mi pareja y jamás lo será!

- ¡Esa fea esquizofrénica inclusive me asusta, nunca la querría de pareja!

- C'est la vie, c'est l'amour.- soltó sonriente, viendo como se sonrojaban hasta la médula.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Orochimaru, ya en su oficina junto a Kabuto, revisaba las listas de los ingresados y en qué grupo habían sido asignados. Echó una ojeada rápida; entre la gran cantidad de nombres, uno encerrado en un círculo rojo a marcador le hizo detenerse: su alumno preferido, Uchiha Sasuke. No podía esperar más, necesitaba ver las habilidades de ese chico. Era el único que lograría conseguir todo lo que él buscaba.

- ¿Por qué ese Uchiha? – preguntó Kabuto, yendo directo al punto.

- Es el indicado para esto, lo sé.- cerró la carpeta y la guardó en el estante junto a él, colocando luego el candado de seguridad. La lista no debía ser vista.- Una mente tan brillante no puede desperdiciarse de esa manera, en esas simples academias japonesas.- vio de reojo cómo su subordinado suspiraba cansinamente y sonrió.- No estés celoso, es sólo que… él es mejor.- se encogió de hombros dándole a entender que no le importaba lo que pensara.

- Claro, sangre Uchiha.- dijo burlista.

- No te molestes, tengo un trabajo especial del que sólo tú podrás encargarte.- dijo de pronto sacándose la bata verde que siempre llevaba su amiga. Kabuto lo miró asustado y con duda ante eso.- No me veas así, hace demasiado calor como para estar con esa estúpida bata.

- Menos mal, ya iba a lanzarme por la ventana.- dijo aliviado.

- El trabajo es seguir a Sasuke Uchiha, quiero mantenerme al tanto de todo lo que haga. Y también ve tras la chica del cabello peculiar.

- ¿Haruno Sakura?

- Sí.

- ¿Y ella por qué? ¿Fantasías con chicas de cabello rosa? – un puño impactó en su cabeza.

- ¡Por supuesto que no, tonto!

- ¡No tenía que golpearme, Orochinade-sama!

- Sólo vigílala. Podría interferir en nuestros planes.


(*) "¡Es repugnante, mata esa cosa! ¡Mata esa cosa!"

Andrea: Pondremos siempre el significado de las frases de Zoey al final, no se preocupen xD…

Rosy: Amé este capítulo, aunque la parte que supuestamente debía asustar, como siempre sólo dio risa u.u…

Andrea: eso lo decidirán los lectores con sus lindos reviews ^^… a que si!

A&R: Nos vemos en el próximo cap, que ya casi está listo!

Sayo!