Hey, hey, hey! Aquí de nuevo como lo prometí, les entrego un capitulo más de esta historia, este capi. va especialmente dedicado a -Talii- Muchísimas gracias por ser mi primer reviewer, espero disfrutes este episodio.
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Anteriormente en Sakura Blossom...
Las tropas del Shinsengumi dejaron temporalmente la mansión Matsumura, tenían planeado embestir tropas enemigas en un punto estratégico. En su ausencia un grupo entro sigilosamente al castillo, los intrusos tomaron de rehenes a todos los habitantes.
En un acto sorprendente y determinada a proteger a todos en la mansión, la lider del clan demuestra sus maravillosas habilidades como espadachín ante los intrusos, acabando uno a uno con ellos.
Los miembros de Shinsengumi se enteran y Hajime, Okita y Heisuke van en su auxilio, cuando llegan quedan asombrados ante la destreza de la última de los Matsumura, pero esto es ensombrecido con el repentino desmayo de la joven.
-¡Kiyoshi-san! -Gritaban al unisono Heisuke, Chizuru y Tetsuya.-
Episodio IV
Hajime-san llevo a la heredera a su habitación, Tetsuya, trato de hacerla volver en sí, pero fue imposible.
Aquella maravillosa demostración de habilidades, había dejado sus estragos, el doctor Kurokawa acudió inmediatamente, le suministro algunas medicinas y dejo indicado que por ningún motivo la joven debía tener sobresaltos, debería comer muy bien y permanecer en cama hasta nuevo aviso.
Okita y Heisuke fueron a encontrarse de nuevo con los demás, no podían descuidar su posición. Hajime se quedaría hasta ver una mejora en la joven Matsumura.
Chizuru y Hajime se reunieron con Tetsuya para que les explicara el tan repentino desvanecimiento de la heredera.
-¿Pero qué fue lo qué paso? -Interrogo Chizuru.-
-Es mi culpa, no debí dejar que Matsumura-san se esforzara de esa manera. -Musitaba Tetsuya con culpa.-
-Tu culpa, qué podías haber hecho, ambas estábamos inconscientes cuando Hajime-kun y los otros nos encontraron. Y ella actuó de la mejor manera posible, demostrando su destreza con la espada. -Decía Chizuru tratando de levantarle el ánimo.-
-Falle como su protectora, es verdad que ella es una magnifica espadachín, esa sorprendente destreza la desarrollo en los entrenamientos que tenía junto a Matsumura-sama que la entrenaba constantemente, a pesar de su frágil condición, él quería que su hija pudiera defenderse de cualquier cosa en caso de requerirlo, sin necesitar de terceros. Utilizando solo su fuerza interior y su esplendida habilidad con la espada. Pero, al hacer eso puso en riesgo su vida, verán, Matsumura-san está enferma, tiene un corazón vulnerable. -Desde pequeña ha sufrido constantes afecciones, su salud es delicada, cada mes acudimos con el doctor Kurokawa para una revisión rutinaria y por las medicinas que la ayudan a mantenerse estable. -Más tiene prohibido cualquier esfuerzo mayor, es similar a lo que sucede con sus fuerzas Rasetsu, su fuerza vital disminuye al ejercer un arrebato de energía, reduciendo su tiempo de vida.
Los del Shinsengumi quedaron pasmados, nunca hubieran imaginado aquella triste revelación, sí la joven parecía frágil, pero nunca la habían visto sufriendo de alguna complicación.
-Pero, Matsumura-san nunca se ha quejado de algún mal. -Decía Chizuru.-
-Eso es porque a ella no le gusta que nadie sepa de su enfermedad, pocas personas sabían de esto, sus padres y hasta ahora solo el doctor y yo sabíamos de su padecimiento, ni siquiera los trabajadores del castillo tienen conocimiento de esto. -Matsumura-san no desea que nadie sienta lastima por ella, no quiere que las personas se preocupen y arriesguen innecesariamente. -Así que por favor, no digan que les he contado esto.
-No lo haremos. -Prometió el par.-
La heredera no despertó sino hasta tres días después, Chizuru la cuidaba.
-Cómo te sientes Kiyo-chan.
-Muy bien Chizuru, parece que dormí una eternidad.
Kiyoshi pretendía pararse, Chizuru la detuvo de inmediato, alegando que el doctor había dejado en claro que no podía hacerlo.
-No debes forzar a tu corazón Kiyo-chan, descansa por favor.
Chizuro metió la pata, se supone que no tenía que decir que sabía lo del padecimiento de la joven.
-Al parecer, Tetsuya-san les conto todo, ¿no es así? -Bueno, no importa ya. -Decía con resignación Matsumura-san.-
El doctor volvió y en privado después de una revisión dijo a Kiyoshi y a Tetsuya que el esfuerzo realizado había debilitado mucho al corazón de la heredera.
-Su corazón ya no puede bombear suficiente sangre oxigenada al resto del cuerpo. Esto ocasiona una congestión en los pulmones y otros órganos, lo que reduce su capacidad para funcionar adecuadamente. -Como cuidados le recomiendo que siga tomando la medicina que le he recetado, haga ejercicio ligero, camine para que su corazón se acostumbre a dar oxigeno constantemente. -Cuando acabe de realizar alguna actividad, repose. -Si no sigue mis instrucciones puede provocarse una insuficiencia cardíaca total, lo que significa que su corazón dejará de latir completamente. -Aunque... debo ser totalmente franco con usted Kiyoshi-san, su enfermedad es crónica.
-Eso significa que… -Tetsuya no se atrevió a completar su frase.-
-Sí, si sigue mis indicaciones al pie de la letra, es posible que su corazón resista por mucho más tiempo.
-¿Entonces, cuánto tiempo cree que me queda? -Preguntaba con suma tranquilidad la enferma.-
-El arrebato de hace unos días aceleró el proceso de degeneración de su corazón. -Me temo que le queda poco más de un año….
La cara de Tetsuya se desoló, Kiyoshi se mantenía calmada, a pesar de que la noticia que había recibido era una del tinte fatal.
Ambas despidieron al doctor que pidió ser llamado en cualquier caso.
Tetsuya se derrumbo llorando culpándose del destino de la que consideraba su hermana.
-Tetsuya-san, no es tu culpa. -Ambas lo sabíamos que esto tenía que suceder en cualquier momento.
-Pero yo fui la culpable, no pude hacer nada para evitar que te esforzaras de esa manera, sabía lo que podía pasar y no hice nada más para ayudarte.
-¿Qué querías hacer, traicionar al Shinsengumi…querías morir por mi? -Sabes que eso me hubiera devastado más que esta noticia. -Eres lo único que me queda Tetsuya-san, tú, este lugar y las personas que lo habitan son lo único que tengo, no me arrepiento de haber actuado como lo hice, tuve la oportunidad de protegerlos. -Cuando mi madre y padre murieron, lo acepte porque sé que no podía hacer nada; pero en ese momento no iba a permitir que me arrebataran otra cosa que amo, te dije que la muerte no estaba invitada para los que vivimos en este castillo. -Así que por favor quita esa cara de angustia.
Tetsuya se sentía muy triste, pero al ver la fortaleza y madurez de Kiyoshi se prometió a sí misma no volver a llorar ni a sentirse mal por lo pasado o por lo menos no demostrarlo frente a Kiyoshi.
Otro de los habitantes se enteró de la noticia, por casualidad iba a ver a Kiyoshi-san, por lo que pudo escuchar cuando el doctor le decía en qué estado estaba su condición.
Unos días después, Chizuru entro en la habitación de esta, siempre lo hacía para conversar y aminorar el aburrimiento de la heredera, ya que en días pasados no podía ir a ningún otro lugar. Pero se comportaba extraña desde hace unos días, parecía triste y afligida.
-¿Qué es lo qué te pasa Chizuru-chan? -Cuestionaba la joven Kiyoshi.-
-Solo me duele un poco la cabeza Kiyo-chan, no te preocupes.
-Eres tú la que no debería preocuparse por algo que es totalmente natural.
Chizuru miro con sorpresa a Kiyoshi, al parecer Matsumura-san sabía que Chizuru se comportaba de esa manera porque de alguna manera se había enterado de lo complicado de su padecimiento.
Kiyoshi le explicaba que con el tiempo había comprendido que la muerte es un paso más, quería creer que la vida no termina al momento en que el corazón deja de latir y que la estadía en el mundo físico ayuda al alma a enriquecerse para llegar a una evolución. Las personas son pequeños entes en un gran universo y que a pesar de ello, tienen la capacidad de cambiarlo.
-Todos tienen que morir en algún momento dado. -Yo no veo un problema en que mi muerte este cerca o muy lejos todavía. -Sé que aunque mi estadía en este mundo sea corta o larga forma parte de un todo, de algo que ayuda a transformarlo.
-Pero no es justo, no es justo que las personas buenas abandonen este mundo. Primero la enfermedad de Okita-san, luego la muerte de Kondou-san y ahora tu Kiyoshi-chan. -No soportaría si eso llegara a pasarle a…. -Decía la castaña.-
-No tienes por qué preocuparte por eso Chizuru.
-¿A qué te refieres Kiyo-chan? -Preguntaba la ayudante del Shinsengumi.-
Kiyoshi confesó a Chizuru que de manera extraña podía sentir cuando una persona iba a morir, estando ella misma al borde de la muerte en innumerables ocasiones, había desarrollado esa habilidad, sentía un frío profundo, penetrante cada vez que alguien cercano estaba próximo a fallecer.
Esa sensación pudo experimentarla por primera vez de pequeña, pensando que era provocado por el dolor de haber perdido a su madre no le hizo mucho caso, volvió a sentirlo con algunos trabajadores del castillo y finalmente con su padre.
-Su muerte aún está muy lejos, Chizu-chan, así que aprovecha cada instante a su lado…
La madurez de la heredera reanimo a la castaña, si ella no mostraba abatimiento alguno por lo que iba a pasar no había motivo para hacer que todo eso se convirtiera en una gran tristeza para todos.
Pero en esa confesión Kiyoshi-san no menciono que comenzaba a tener aquella sensación en otros de los miembros del Shinsengumi…
Todos los integrantes del Shinsengumi ya habían regresado, algunos heridos los acompañaban, pero su operación resulto fructífera y satisfactoria.
La nieve se derritió y los retoños inundaban las ramas de los árboles, Kiyoshi era un poco obstinada, siempre salía a caminar sola a pesar de que Tetsuya-san le había dicho que no era correcto porque podría sentirse mal y nadie estaría cerca para auxiliarla.
Se apoyaba en uno de los setos; su madre, tenía el mismo nombre que aquellos árboles, tal vez por eso le gustaba tanto verlos, porque guardaban recuerdos gratos.
Ya se sentía mejor, pero por momentos, los mareos y los dolores en el pecho le regresaban.
-No debería estar usted sola, Matsumura-sama.
-Hajime-kun, no se lo diga a Tetsuya-san sino se enfadara conmigo, guarde ese secreto por mí. -Kiyoshi le ofrecía una cálida sonrisa al espadachín.- -Pero ya que está usted aquí, quisiera acompañarme. -Invitaba la heredera.-
-Con gusto. -Aceptaba el pelinegro.
Casi no hablaban, paseaban por el jardín de sakuras, él manteniendo una distancia propia detrás de ella; a pesar de la nula conversación, de la distancia entre sus cuerpos, les agradaba su compañía, la tranquilidad se apoderaba de sus mentes, para Hajime no había guerra, para Kiyoshi no había enfermedad ni muerte.
De repente Hajime-san vio la figura de Matsumura-san inclinarse para después tambalarse, acudió para que la joven no cayera, tomándola de los brazos, Kiyoshi se apoyo por un momento en el pecho del samurái, por unos cuantos segundos se quedaron así, pero pronto los dos se sonrojaron, se percataron de lo cerca que estaban y tomaron de nuevo una distancia prudente, ella se apoyo ahora en el antebrazo del joven.
-¿Está bien, Matsumura san? Será mejor que la acompañe a su habitación para que repose. -Le aconsejaba el espadachín a la heredera.-
-Está bien.
Se dirigieron al recinto donde dormía la heredera, en las puertas de este Kiyoshi invito a repetir su paseo, lo que dibujo una minúscula sonrisa en el rostro serio del Shinsengumi.
-¿Podemos regresar mañana? Deseo ver cuando los cerezos florezcan.
-Con gusto Matsumura-san.
A media tarde del siguiente día, volvieron, la escena se repetía, Hajime se mantenía detrás de la joven para salvaguardarla, pero la joven no sentía ningún malestar, se detuvieron debajo de un árbol, observando, dejando que todo aquello los inundara de una paz que se respiraba en el ambiente. Los cerezos florecían uno a uno, con toda calma, mostrando su perfección.
-Cada vez que los capullos brotan y florecen, su magnificencia me atrapa. -Rompía el silencio la última de los Matsumura.-
-Su ciclo inmutable y maravilloso, a pesar de eso su belleza es aún más grande cada vez. -Completo Hajime-san, como si sus pensamientos estuvieran sincronizados.-
Kiyoshi miro al samurái atrapada en una sensación reconfortante, algo estaba muy claro, entre ellos existía una cierta empatía, una unión invisible, pensaban de manera similar acerca de muchas cosas; se admiraban, Hajime-san admiraba a Kiyoshi-san por todo lo que había hecho, por creer en sus propios ideales, por tener la determinación de proteger a la gente que habitaba en la mansión, por no dejarse vencer por un obstáculo, nunca había conocido a una mujer tan fuerte y delicada al mismo tiempo.
Y a su vez Kiyoshi admiraba al Shinsengumi por la fortaleza y disciplina que mostraba, por pelear frente a frente contra lo que amenazaba su credo. En las reuniones en las que había estado presente, se dio cuenta de que era un hombre sabio, leal, inteligente, que analizaba cuidadosamente la situación para así formar un plan de acción efectivo.
Se disponían a caminar un rato más, Hajime ofreció su brazo para que ella pudiera bajar de la pequeña colina a la que habían subido, en cuanto hubo contacto, Kiyoshi-san sintió un profundo escalofrió recorrer su cuerpo, su rostro se ensombreció, ella sabía perfectamente que significaba esa sacudida y también sabía que no podía hacer nada. Aquello la turbo por un momento, pero de nuevo recobro su apacible mirada al sentirse más cerca del joven guerrero.
-…más que vivir mil vidas, quiero vivir intensamente este instante que me queda…-
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Qué les ha parecido, no sean malos y dejen sus reviews, sino la maldición de los finales caerá sobre ustedes (la maldición consiste en que nunca podrán ver, leer o escuchar el final de una historia, anime o que se yo :P así que pongan reviews!)
Hasta la próxima semana, un beso :*
