4. Molestando a Misaki—


Dos semanas después (Jueves. 01:30 PM)

McDonald's

La tarde era fresca y soleada, perfecta para un día de ocio bien merecido. El aroma a hamburguesas y patatas fritas inundaba el local con su característica esencia de comida rápida. Al fondo —apartados de las miradas curiosas, bien resguardados por el área de juegos infantiles— Jackie y Taro, charlaban animadamente mientras degustaban la comida al más y puro estilo americano. Como estaba estipulado, aquel jueves era como el anterior, un día libre para ambos, ya que no podía decirse que el personal ajeno a los jugadores se presentara en el plantel, los días que las prácticas se suspendían.

— ¿Ha sido difícil?— preguntó el castaño con el ceño fruncido, como quién espera una respuesta no agradable.

— A decir verdad, no lo ha sido— aseguró la chica frente a él, con una sonrisa, mientras acercaba la soda de cola a sus labios.

Aquella mañana, ambos jóvenes se habían reunido para una pequeña prueba a la italiana que demostró sus habilidades al volante y las dominó hacia el final del día, con ayuda del japonés. Taro, le había dicho que a su llegada a Francia, había sido Pierre el que le enseñara a él como conducir. «Claro que yo, respeto mucho más los altos que él» se jactó el chico.

Al cabo de dos semanas transcurridas, desde el día en que Jacqueline había comenzado a laborar en el complejo del equipo, ambos habían logrado entablar una amistad sólida y agradable. Por las mañanas, se encontraban en la estación de bus frente a la repostería que Taro adoraba y enfilaban juntos al campo charlando y bebiendo café. Por las tardes, el japonés solía visitarle en la enfermería a escondidas del equipo —para evitar malas interpretaciones— y dejaban de igual forma el complejo, juntos y entre agradables charlas. Los sábados, que no se veían, pues la italiana lo laboraba, juntos a los domingos intercambiaban mensajes en Messenger o notas de voz en WattsApp.

Aprovechando el momento, la italiana, cogió el móvil y abrió la cámara, al tiempo que se ponía de pie y tomaba asiento en la butaca junto a Taro.

¿Selfie?— le preguntó, con una sonrisa danzando en sus labios. Taro sonrió y asintió con la cabeza, mientras la castaña ponía el móvil frente a ellos. La luz del lugar los hacía brillar y hubo que acercarse más de la cuenta para opacar el brillo y aparecer, el japonés le pasó una mano por los hombros y sonrió. Con la imagen capturada, la italiana no se resistió y abrió Facebook para subir la fotografía.

Jackie Balizari

Junto al mejor mediocampista del mundo. *emoji corazón*

— ¿El mejor, eh?— rió Taro, cohibido ante la descripción. Jaqueline rió.

— Obviamente… aunque en realidad, no conozco muchos— se mofó. El castaño acompañó sus risas y jugó con sus largos cabellos. En los días que llevaba tratándole, Taro se sentía cómodo en su compañía, alegre y muy jovial. Ella, de su parte, no alcanzaba a recordar hacía cuanto que la pasaba tan bien, pues ni siquiera con las doctoras y doctores del hospital ni con las más jóvenes enfermeras, había encontrado amistades tan naturales y agradables como la del japonés.

La tarde siguió su curso. Taro cedió el control del auto a la italiana y la instó a subir velocidades, Jaqueline los llevó hasta su apartamento a un ritmo agradable y con una técnica sencilla. Cuando el japonés se retiró tras dejarle, ella subió hasta el cuarto piso y entró en su apartamento justo cuando las notificaciones de Facebook comenzaban a llegar. Divertida, envió un texto al castaño y botó el móvil en la cama.

:-:-:

La noche ya había caído sobre París, cuando Taro dejó la ducha, fresco como vegetal luego de un día de diversión con la italiana. Acababa de meterse en el viejo conjunto de algodón que su madre le obsequió una Navidad atrás y estaba dispuesto a tumbarse en la cama y jugar FIFA en el X-Box, cuando el brillo en la pantalla del móvil llamó su atención. No lo había advertido con anterioridad, dado que no había quitado el modo silencio.

Facebook

La lista de notificaciones era tan amplia, que el japonés, tuvo que ingresar a la aplicación para poder desplegarlas en la sección correspondiente. Al hacerlo, se encontró con 3 nuevas publicaciones, una etiqueta en una fotografía y un sinfín de comentarios, me gusta, reacciones y mensajes en las burbujas de chat. Decidido, comenzó por las notificaciones que habían quedado hasta debajo de la lista.

Jackie Balizarite ha etiquetado en una fotografía

'Junto al mejor medio campista del mundo…'

Kojiro H. y W. Genzo han comentado una foto en la que fuiste etiquetado.

A Tsubasa O., Izhizaki Super Star Ryo, S. Aoi, W. Ken y Anego Ozhora les gusta una foto en la que apareces.

Pierre LB. Te ha etiquetado en una nueva publicación.

'¡Por fin…! Ha llegado el fin del….

Kojiro H. ha publicado en tu biografía.

— ¿Pero qué…? ¿Qué le pasa a todo el mundo?— se preguntó— ¿Y por qué Hyuga me publica?— sin querer mirar los chats sin haber respondido, abrió la publicación que sabía de qué trataba y se encontró con la fotografía que habían tomado aquella tarde. Picando en me encanta, sonrió ampliamente y se dispuso a responder:

Misaki Taro

Junto a la mejor doctora del mundo *emoji corazón, emoji beso*

Siguiendo la lista, exploró los comentarios de aquella misma publicación, encontrando que no solo eran bastantes, sino que el número de reacciones, subía a cada instante. Algunos nombres le resultaban conocidos y otros por completo ajenos. Los primeros comentarios eran respectivamente de Estefan B y Lucían Luchetti. «Deben ser los hermanos de Jackie…» se dijo, entre atemorizado y sorprendido. Los últimos comentarios, por encima del suyo, eran los de Hyuga y Genzo.

Kojiro H.

¿Qué demonios ven mis ojos? *emoji sorprendido*

W. Genzo.

Misaki ¿en serio eres tú? *emoji impactado*

«Si mis ojos no me engañan, estos dos se piensan que nunca he convivido con una chica» refunfuñó para sí, picando en el responder de cada comentario y dejando sus palabras. Sin detenerse, siguió a la publicación de Pierre y al abrirla descubrió que no era el único etiquetado. Todo el PSG estaba ahí y los comentarios ya habían comenzado a llover:

Pierre LB — con Misaki Taro, Loui N. y otras 15 personas más.

¡Por fin! Ha llegado el fin del mundo *emoji llorón* ¡Tarito tiene novia!— Pierre se siente: impactado.

Las respuestas del equipo iban desde las más chuscas hasta aquellas que le retaban a un duelo en la cancha por la cita final con la doctora del complejo. Ni siquiera se molestó en responder, ya tendría que explicar todo al día siguiente en el entrenamiento. La última publicación, era la de Hyuga y era —con creses— la que más le sorprendía.

Aunque eran compañeros durante los partidos del combinado nacional, no podía decirse que el castaño y el tigre, fueran realmente verdaderos amigos. A esas alturas de su historia, Taro no estaba del todo seguro, si fuera del respeto como compañeros y jugadores que le profesaba al moreno, sentía verdadero agrado o miedo. Y es que desde que lo conoció en su estancia en Saitama cuando niños, Taro temblaba con las facetas más rudas del tigre.

Kojiro H.

La niña ha salido del clóset. Y a buena hora, comenzaba a creer que eras gay. Felicidades niñato.

Misaki Taro.

¿Cuándo dejaste el clóset? No me había enterado, nena.

Como si el mismo tigre estuviera frente a él, el castaño cerró la publicación y la aplicación de Facebook, estaba seguro que Hyuga le arrearía a porrazos en cuanto lo viera y que en la cancha, un tiro del tigre le valdría un par de lesiones, pero la respuesta, bien valía lo que ocurriera. Fuera de la aplicación, los chats aún aguardaban, así que abrió las burbujas y se encontró con mensajes de casi todos sus amigos. El primero, sin embargo, era de la italiana:

Jackie Balizari.

No dejo de responder, mis hermanos no pueden creer no les hubiera dicho que salía con el medio campista del PSG. *sí, fans encantados* Parece que la imagen ha causado revuelo *emoji tristón* Sin embargo, la he pasado bien contigo. Te vez genial en la fotografía. Repitamos.

Misaki Taro.

Lo genial eres tú. Vaya noticia, me voy a volver loco, ja, ja, ja. Repitamos. ¿Mañana mismo? *emoji corazón*

Luego de aquella, la conversación era de Tsubasa. El castaño arqueó una ceja. Aunque era su mejor amigo, no podía decirse que hablara demasiado con el pelinegro y es que entre el soccer y su esposa, Tsubasa no se daba abasto para trabajar también la vida social en las redes de internet. Con todo, Taro no le reprochaba nada y le agradaba advertir que el chico no estaba lo suficientemente aislado como para no escribirle de vez en vez.

Tsubasa O.

Vaya con los mejores amigos de hoy en día ¿no crees? Con decirte, mi mejor amigo tiene novia y Facebook goza de enterarse antes que yo. ¿Qué se le hará? Se cree que porque me case, su vida no importa *emoji llorón* Linda chica Taro, ¿desde cuándo salen? Parece tan tierna como tú y eso es bueno. Enhorabuena, oni-chan.

Las palabras del capitán los hicieron sonreír. Hacía cinco años que Tsubasa hubiera contraído nupcias y en aquellas fechas, su amistad se había reforzado mucho más, dado el nerviosismo del novio ante los sucesos. Taro, había perdido como todos, el contacto con el genio del soccer, en un intento de dejarle vivir su vida como hombre casado. Pese a todo, le agradaba la idea de que el pelinegro también resintiera aquella distancia y mucho más, considerando que cuando niños se habían vuelto inseparables. Dentro y fuera de la cancha. Igualmente, la punzada de culpa lo golpeó cuando advirtió que él tampoco había contribuido a reducir el distanciamiento:

Misaki Taro.

Que malos mejores amigos tienes entonces. *emoji llorón* No creo que Facebook goce de privilegios que tú mereces, pero no se puede hacer mucho cuando la chica en cuestión no sale con el chico nombrado. *emoji pensativo* Una chica preciosa, lo sé. No salimos, simplemente, somos buenos amigos —por ahora— Es tierna y tan divertida que la pasarías bien con ella. Ototo, tu vida también me importa. Espero con ansías la Champions y el Mundial para vernos de nuevo como en los viejos tiempos. Salúdame a Anego-chan y no pierdas la cabeza en tu matrimonio.

Después de aquella conversación restaba un chat de Genzo y la conversación que los de la selección habían formado. El arquero, lo retó por no haberle contado de Jaqueline, cuando él sí que lo había puesto al tanto de la chica que había conocido.

W. Genzo.

No vuelvo a sincerarme contigo, traidor. Esta amistad es unilateral. En fin, que te miras contento, felicidades. Me alegro que hayas madurado tanto, has crecido y mucho. ¿De dónde te has sacado esa sonrisa marca Tsubasa?

Misaki Taro.

Disculpe usted, señor 'me basto solo' *emoji serio*, pero siempre he sido maduro y por supuesto que he crecido. Y no es unilateral, eso querría decir que solo YO pongo de mi parte *emoji risueño* ¿Marca Tsubasa? Yo más bien diría que es la sonrisa 'Estoy intentando no quedar en la Friendzone' ja, ja, ja.

Haciendo acopio de fuerzas y mentalidad centrada, el japonés dejó las conversaciones fuera y abrió el chat del combinado. Japón la selección de acero. «Ishizaki debe pensarse mejor el nombre del grupo» se dijo, con una sonrisa.

Ishizaki SS Ryo: ¡Lo han visto! ¡Misaki tiene novia! *emojis varios*

S. Aoi: Quién lo viera con esa cara de niño bueno…

Jun M: Felicidades Taro. Saludos.

M. Hikaru: Sí, felicidades, nuestros mejores deseos *emoji corazón*

W. Ken: Y yo que creía que este si era gay. Tsubasa me contradijo solo por haberse casado.

Kojiro H: ¡Adiós a la mariposita!

Riendo a carcajada limpia, Taro no podía creer lo que sus amigos escribían. Y aunque eran varios los que le deseaban cosas buenas, los comentarios tanto de Aoi, Hyuga y Ken lo pusieron a pensar. «En realidad ¿parezco gay?» se preguntó horrorizado.

Misaki Taro:

Ryo, no es mi novia. Aoi, ¿cara de niño bueno? Disculpa pero YO SOY un niño bueno. Jun, Hikaru, gracias chicos por los buenos deseos —pero solo es mi amiga—. Besos a Yayoi y Yoshiko. Ken: NO-SOY-GAY. Hyuga… *emoji sonrojado* Te las das de tigre y de filosos 'colmillos' pero yo no te conozco ninguna novia. ¿No será que el gay, eres tú, gatito? *emoji burlón*

:-:-:-:-:

— Viernes (07:00 AM) —

La mañana como otras, resultaba agradable, idónea para una práctica matutina. Paciente como todos los días, Taro esperaba en el interior de su auto a ver aparecer a Jaqueline por el espejo retrovisor. En la radio, M. Pokora ya había comenzado a animar a los parisinos y mientras tamborileaba los dedos sobre el volante, el japonés se divertía escuchando las letras del cantante francés.

Al poco, la imagen de la italiana se hizo visible y tras abordar y saludarle con un beso en la mejilla, ambos partieron al campo entre charlas amenas.

— ¿Has revisado Facebook, Taro?— le cuestionó ella con una sonrisa.

— Sí. Vaya conmoción ¿no? Solo ha sido una fotografía— se apenó el castaño.

— Eso. La foto se ha compartid tanto que ya perdí la cuenta y las reacciones no han dejado de llegar. Me ha costado tranquilizar a mis hermanos y es que en realidad, no sabía que eran fanáticos del PSG— le relató ella.

— ¿No te han incomodado algunos de los comentarios de mis amigos?— le preguntó, preocupado por que alguna indiscreción de los muchachos le hubieran hecho sentir comprometida.

— Para nada, me he divertido de lo lindo— rió ella.

Pronto, el camino terminó y ambos arribaron al campo, al bajar, fue Taro quién le abrió la puerta —todavía riendo por lo ocurrido en las redes— y tomó su bolsa como bien amigo, ya que además de todo, esa mañana, Jaqueline llevaba con ella varias carpetas repletas de documentos. Acababan de poner un pie en el interior del edificio principal, con rumbo a la enfermería, cuando una multitud frente a ellos los hizo detenerse. El equipo entero estaba frente a ellos.

— ¿M-Muchachos…? ¿Q-Qué…?— comenzó a balbucear el japonés, temeroso.

— Buenos días Tarini— saludó Napoleón, jovial como cada día. «¿Por qué rayos me llamas así?» se preguntó el castaño.

— Buenas Jaqueline— le saludó Pierre. La italiana se sorprendió por aquel saludo en voz informal, puesto que a diario, el capitán del equipo se dirigía a ella de usted— ¿Cómo estás? ¿Has venido con Taro?— le preguntó, sonriente.

— Esto… buenos días joven Pierre. Yo…— Taro salió al rescate entonces y sin dejarle continuar, la tomó de la mano y atravesó el pasillo hasta la enfermería.

Sin nada más que un escueto «Bonito día, guapa. Yo me encargo.» el japonés cerró la puerta tras de sí y la dejó sumida en una completa burbuja de confusión. Fuera, el equipo no se había movido ni un poco de dónde les había dejado y le aguardaban con infantiles sonrisas en los labios y los ojos brillando de emoción.

— Se puede saber ¿qué demonios les pasa a todos ustedes?— les cuestionó, más confuso que cabreado.

— ¡Eres un desconsiderado, Taro!— lo riñó Napoleón, indignado— No conforme con habernos ocultado tu relación con la doctora, ahora la arrojas a la enfermería cuál niña castigada, estando solita.

— Creí haberles dicho que no era…— comenzó a hablar, pero el grito estruendoso que todos los presentes profirieron lo mandaron a callar sin más.

¡Ha crecido! ¡El bebé ha crecido!— la manos en alto, las risas y las palabras de ánimo, no se hicieron esperar y sin advertirlo, el japonés se vio envuelto en vítores, palmadas y abrazados de enhorabuena. Dijera lo que dijera, sus palabras se ahogaban en la algarabía de los jugadores y resignado a su suerte, comenzó a aceptarles sin rechistar. Pasados unos minutos, Pierre impuso orden y los llamó a entrenar, otorgándole a Misaki unos instantes de calma.

Desde pases hasta dribleos, incluyendo tiros y las vueltas al campo; Pierre detuvo la práctica luego del tiempo reglamentario, sin cumplir la doble sesión que habían acordado mantener en vista de sus jueves libres.

— ¿Quieres entrenar todo el día, cuando puedes ir y salir con ella? Venga, vamos al bar, yo invito la primera ronda— le dijo Pierre al guiñarle un ojo, mientras Taro componía una mueca de completa frustración.

— Obviamente, Jaqueline puede y debe venir— le aseguró Napoleón con una sonrisa.

— ¿Y si no quiere? ¿Esperas que la meta al auto y la lleve a rastras?— le retó con el ceño fruncido, temiendo que aquellos actos impusieran entre Jaqueline y él una irremediable distancia que afectara su amistad.

— No creo que se negué si se lo pides bien y bonito— siguió el rubio— Ya lo entendí. No es tu novia— suspiró— Pero ¿me negarás, que te gusta? ¡Si la castaña te trae babeando el suelo! Quizás no lo noté hasta el día de ayer, pero ahora que lo pienso, no puedo creer que estuve tan ciego, si es que eres agua a su lado— sin evitarlo, el castaño se coloró y sonrió levemente, cohibido.

— Venga Taro, solo queremos que ambos sepan que pueden verse, ser amigos, salir o qué se yo, sin ocultárnoslo. Pídele que venga, disfruten de un rato con nosotros sin verse a escondidas, que eso debe cansar— intervino Pierre.

— ¿De verdad, lo hace por ayudar?

— Mira que eres desconfiado— le retó Napoleón apretando los dientes— ¡Pero claro que sí!

— Ja, ja, era una broma— rió el castaño— Vale, le pediré que venga— acotó y sin más, desapareció del campo. Pasó a los vestidores, dónde se sacó el uniforme y se lavó el rostro. Ya vestido de civil, se dirigió a la enfermería y llamó para entrar.

— Hola Taro, ¿qué tal la multitud enérgica?— bromeó la castaña al verle entrar.

— Se han calmado, si a eso te refieres— suspiró él, tomando asiento sobre la camilla.

— Quiere eso decir, que has aceptado que creciste ¿o cómo?— se mofó la italiana, que al parecer había escuchado el grito informativo del equipo, el japonés se sonrojó y desvió la mirada.

— ¿Tú igual?— preguntó— Creo que debo irme…

— ¿Qué?— Jaqueline, se puso de pie, tan abruptamente que los lapiceros sobre el escritorio estuvieron a nada de caer. Taro la miró y comenzó a reír.

— Estaba bromeando— le dijo, la chica frunció el ceño— Lo siento. En fin… la práctica ya terminó y pensábamos en ir al Le Fumoir. Los chicos me ha pedido que te invite, claro que si no quieres, estás en tu derecho a negar. Solo… bueno, me gustaría que vinieras— aceptó con una sonrisa— Después de todo, ahí nos conocimos— le guiñó uno ojo.

— Oh Dios, Misaki. ¡Ese día no se recuerda!— exclamó ella cohibida. El japonés comenzó a reír.

— ¿Y por qué no? Si es mi día favorito

— Claro, como no. Vale pues… iré— cedió, por fin. Misaki abrió grandes los ojos, por la sorpresa de la respuesta, pero no objetó absolutamente nada. Con una sonrisa, Jaqueline dejó lo que hacía y se sacó la bata blanca, tomó su bolso y juntos dejaron la enfermería enfrascados en las remembranzas de la noche en que se habían conocido.

Cuando el edificio principal quedó atrás, el habitual escenario vacío del aparcamiento se hallaba distorsionado por una multitud basta y enardecida de reporteros, fotógrafos y más de alguna fanática del PSG, exclusiva del japonés. Delante de los mismos, el equipo intentaba por todos los medios terminar con la euforia, cuando en conjunto todas las miradas recayeron en ellos. Sin pensárselo, Misaki dio un paso al frente y cubrió a la italiana tanto de los señalamientos como de las lentes, consciente de que Jaqueline, no estaba —ni por asomo— acostumbrada ni mentalizada para las cámaras.

¡Misaki! ¡Misaki!

¿Desde cuándo sale con ésta chica?

¿Por qué decidió dar a conocerle en las redes sociales?

¡Misaki! ¡Eres demasiado guapo para esa!

Desde reporteras y periodistas de TV hasta revistas y los diarios locales, hasta las fanáticas que se habían enamorado del medio campista japonés, los comentarios eran tan variados que el castaño no era capaz de captarles al cien por ciento. Finalmente, Amoro, apareció corriendo con un silbato en la mano, que inmediatamente extendió a Pierre. Al pitazo, como si de jugadores se tratara, todos los presentes callaron y dirigieron su atención al rubio francés:

— ¡Basta de escándalos, señores y señoras! Por favor, exijo orden— habló el capitán con aires de autoridad— Recordad, que si se aparecen de este modo, ninguno puede hablar. Por ahora, yo hablaré por Misaki, él pobre tiene cosas que hacer y lo están retrasando— les espetó, a su señal el PSG ayudó a Taro y a Jaqueline a enfilarse al Porsche cuál equipo de seguridad.

Taro subió a la chica al asiento del copiloto y se volvió para mirar a sus compañeros y a los reporteros y fans que le seguían con la mirada. Entonces, Pierre volvió a tomar la palabra:

— Reporteros, fanáticas: Nuestras vidas personales deberían ser tratadas y respetadas como tales, ustedes, no tiene ningún derecho a cuestionarnos lo que hacemos o armar este tipo de escenas. Lo que se dice red social, como citas personales, nos concierne solo a nosotros. Lo que hacemos fuera de la cancha, no les apañe ni por un momento— aseguró con dureza— Pero siendo que nunca hemos tenido roces entre la presa y que en la medida de lo posible, han respetado esas barreras, quisiera pedirles, que por ahora, zanjemos el tema hasta aquí. Sin especulaciones ni afirmaciones. Creedme que cuando Taro desee hablar sobre su relación, serás los segundos en saberlo, pues obviamente yo seré el primero— rió y con la respuesta de carcajadas, taro supo que Pierre había logrado aminorar la ansiedad y la euforia.

Con ello, subió al auto y dejó el campo atrás, con los reporteros tomando entrevistas de todo aquel que se los permitiera. A su lado, Jaqueline había fijado la mirada en la ventana y observaba el paisaje a su alrededor, con un suspiro de resignación, Taro advirtió, que había llegado el tiempo de sincerarse.

Continuará…


JulietaG.28