Otra vez aquí! Empecemos a leer XD
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. (Mil Gracias por el NARUHINA !)
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CAPÍTULO IV
CAMINO DE LILAS
Tres días habían pasado ya, y su cuerpo aún respondía angustiado por la remembranza de sus palabras ahogándola. El mismo tiempo llevaba sin presentarse a la Universidad, exiliada de todo lo que conocía y extrañaba, el motivo… ¿Debía existir alguno? Simplemente una oleada de tristeza y depresión la hicieron rea de su habitación. Se había convertido en una vampiresa temerosa a los rayos de sol y amante a la oscuridad, quien pasaba sus noches de insomnio reclamándole a la luna sus infortunios.
"¿Por qué?" Era la pregunta que se hacía una y otra vez entre luces y sombras, entre humedad y sequía, entre corduras y desvaríos. No tenía ánimos para seguir y enfrentar al mundo que se reía sarcástico de ella. ¿De qué servía luchar? Ella lo había hecho y había fracasado. Su destino ya había sido trazado, y en ningún lado estaba presente su ajeno rubio de ojos azules.
¿Lo odiaba? El primer día sí, lo odió como a nadie alguna vez. Deseó con toda sus fuerzas agarrarse de valor e ir a espetarle cuan despreciable y desgraciado era, decirle que haberlo conocido había sido la desdicha más grande de su vida. El segundo día, cambió. Llorar había sido el único aliciente para sobrellevar el dolor que calaba hasta lo más profundo de su ser, para controlar el desesperado sentir de salir corriendo y suplicarle que no la dejara, que le permitiera amarlo. El tercer día, estaba siendo diferente, solo estoicismo y somnolencia la dominaban.
Acurrucada en el sofá de su habitación y con su rostro hundido entre sus rodillas, desistía en exponerse a la tenue claridad que traspasaba las cortinas y quemaba su piel. Así había estado desde que decidió romper las cadenas de su cama y enseñarle a sus pies a desplazarse. Al parecer el mundo seguía su curso normal sin ella. Su existencia o desaparición no significaba nada para nadie, menos para él. No había recibo ninguna llamada o mensaje suyo. Que ingenua ¿Aún esperaba algo cómo eso?... Bueno, al menos no todos la habían olvidado. Su teléfono estaba atestado de llamadas de Ino y Neji. Ellos eran los únicos que parecían lamentar su ausencia. Kami, sí tan solo pudiera compartir esa carga con alguien más, si se le permitiera expresar esa negrura que contaminaba su alma y corazón, sería un alivio, un regalo divino… pero una desmesurada vergüenza también. Qué pensarían de ella después de contarles que estaban en lo cierto y que Naruto sí la engañaba, que había tolerado su infidelidad y que… y que su compromiso había sido solo por intereses…No. No podía hacerlo. Se le escocían los ojos solo de imaginarse bajo esas miradas cargadas de pena y compasión. Prefería condenarse a la soledad antes de padecer la lástima de los demás, aunque fuera de ellos.
En un momento, alzó su rostro y repasó cada detalle de su cuarto, gélido, oscuro y sin vida. Oteó su cama, tentándola a introducirse de nuevo en ella y abrigarla hasta que la luna reinara los cielos. Movió sus extremidades para responder a aquel llamado, sin embargo, entre sombras pudo discernir el retrato de un sugestivo hombre, quien hilarante pasaba su brazo sobre los hombros de un chica de cabellos negro, quien tímida, había rehusado a ver la cámara. Las lágrimas se asomaron por sus mejillas y de nuevo volvió a ocultar su rostro en la fortaleza de su cuerpo. Aquellas palabras no dejaban de repetirse, una y otra vez, de principio a fin, incluso con falsas imágenes.
"Mis sentimientos son calvarios míos… Yo te amo Sakura, y esa es mi felicidad y mi cruz… eres la única mujer que hace correr mi corazón con solo una mirada. Y aunque no haya posibilidad entre nosotros, siempre será así…"
Respingó al escuchar el toque de la puerta. Rápidamente limpió la humedad de sus ojos pero se mantuvo quieta. Volvieron a tocar dos veces más y luego pararon. Agradeció el silencio que prosiguió, no obstante, su piel se erizó ante la reanudada tenacidad de aquellos golpes.
— ¿Q-qué sucede Kaede- sama?— pronunció al abrir la puerta con lentitud, mientras sus ojos resentían el repentino resplandor.
Aquella anciana no se reparó en sus pronunciadas ojeras, ni en sus cabellos enmarañados o su mirada hinchada y enrojecida. Se limitó a sonreírle dulcemente, ocasionando que todas las arrugas de su rostro se conglomeraran en sus mejillas y alrededor de sus ojos.
—Yo sé que no desea ver a nadie, Hina-chan— emitió afable—. Pero en la sala hay alguien que está esperando por usted.
—Lo siento, pero me siento indispuesta. Por favor dígale que vuelva otro día.
Nunca había sido tan seca con su nana, pero el simple hecho de verse obligada a salir al mundo, le encrespaba.
Hizo el intentó de cerrar la puerta, no obstante, Kaede se lo impidió. Esto la tomó por sorpresa.
— ¿Qué- qué sucede…?— articuló desconcertada.
—Discúlpeme, Hina-chan— sus expresiones se volvieron comedidas y su tono se tornó transversalmente serio—. Pero no permitiré que siga encerrada.
Hinata quiso decir algo, pero sus palabras fueron detenidas antes de salir de su boca.
—Puede que la haya secundado y respetado en su decisión de estar sola. Pero a tres días de su reclutamiento, es suficiente. No le pido que me diga la verdadera razón que la tiene en este estado de ánimo, pero tampoco me quedaré sin hacer nada mientras miró como se consume dentro de estas cuatro paredes.
—Pero…— trató inútilmente de replicar.
—Pero nada— le dedicó un gesto cargado de jovialidad—. Así que alístese y póngase bien bonita. ¡La tarde está preciosa y usted no debería de estarla desperdiciando!
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Sí su nana le hubiera dicho el nombre de la persona quien la esperaba, no hubiera puesto un pie fuera de la habitación, es más, se hubiera catapultado bajo los enredones de su cama y rehusado a salir de ahí hasta el día siguiente.
Se sintió confundida al cruzar mirada con él, incluso, llegó a pensar que aquella visión era una jugarreta de su mente u otro de sus delirios queriéndose pasar por realidad. En un intento de diferenciar entre la verdad y la fantasía, temerosa, susurrante, lo llamó por su nombre, esperando confirmar la falsedad de la dulce sonrisa pintada en sus labios. Pero al obtener un inesperado saludo de su parte, su piel palideció. Sus piernas se acobardaron, solo permitiéndole dar pasos descoordinados de regreso a su cuarto. Sin embargo, un leve jalón en su brazo, girándola y conduciéndola hacia un fuerte abrazo, la petrificó.
—Te necesito, Hinata…—había murmurado él a su oído. Fue lo único que precisó escuchar para convertirse de nuevo en la sumisa esclava de sus deseos.
En un parpadeo, se vio caminando bajo el suave sol tardero, estrujando una interminable hilera de pétalos de lilas bajo sus pies. Con cada paso que daba el viento pegaba sin remordimiento contra su ser, y las sombras de claridad tatuaban las partes desnudas de su rostro.
Antes de salir se había visto al espejo, lo que observó fue desalentador. Estaba demasiado lánguida, sus ojos irreconocibles de tanto llorar, y sus expresiones duras y extrañas. Pensó que solo disfrazada saldría ahí, y como no tenía con qué, se tapó de pies a cabeza. Optó por un vestido azulado hasta las rodillas acompañado de unas botas sin tacón, un gorro lila y una bufanda del mismo color. Sí hubiera podido también se hubiera cubierto el rostro, pero resolvió ocultándose bajo el flequillo de sus cabellos.
Tímida, lo oteó de perfil. Ninguno de los dos había hablado durante los quince minutos de recorrido. Parecía que ambos rehusaban a la idea de hacerlo. Una punzada no esperó a injertarse en su pecho. Él no gozaba de un mejor semblante que el suyo. Tenía círculos oscuros bajo sus azulinos ojos, sus facciones estaban decaídas y su vista hundida en ningún punto en particular. Su mente no vagó mucho para dar con la causante de su estado.
—E-este paisaje es maravilloso… ¿N-no lo crees?— pronunció ella, mientras su mirada, cohibida, se alzaba hacia las hileras de árboles de lilas que formaban un majestuoso arco sobre ellos.
El rubio pareció dar un pequeño brinco de sorpresa al escucharla. No tardó en voltearse y observarla con algo de extrañeza.
—Sí… tienes razón— repuso, al conducir su atención hacía la idílica imagen—. Es increíble que en plena ciudad se pueda encontrar lugares como este. Honestamente, nunca me había reparado en ello antes…— una ráfaga de viento revolvió sus cabellos, propiciando que sus pulmones inhalaran el fresco que lo avivaba—. Tengo que viajar de nuevo a Francia— soltó él sin más—. Es imperioso que salga de viaje dentro de una semana.
Hinata se reservó a comentar, pero su rostro reflejó el desconcierto por la noticia.
—Mi padrino me encomendó un trabajo muy importante— continuó, llevando sus ojos al sol, y luego sus manos como protección—, por lo que creo estaré mucho tiempo en el extranjero. Tal vez dos meses o tres… pueda que más. No dependerá solo de mí— devolvió su mirada al frente del camino con algo de pesadez—. Estas escenas serán una de las cosas que más extrañaré. Claro, junto con la compañía de todos nuestros amigos; Shikamaru, Shino, Ino… y la de Sakura por supuesto— terminó en un ahogante farfullo.
Lo escuchó y todo a su alrededor pareció desvanecerse. Los pasos que le salieron a continuación fueron tambaleantes y pesados, pero se agarró de un hilillo invisible para equilibrarse. Quiso pretender que aquella triste exhalación no era el despeje de los llantos de su alma, que no estaba pensando en la otra, que no había olvidado mencionarla… Cómo pudo se tragó su dolor e intentó estabilizar su arrítmico corazón, pero el silencio no tardó en asfixiarla.
— ¿Y-y en qué consiste ese trabajo, N-Naruto?— le lanzó. No estaba pensando juiciosamente, solo ambicionaba que él no se percatara de su desliz y la hiciera sentir más miserable con alguna falaz justificación. Sin embargo, su respuesta nunca llegó.
Hina llevó su mirada a la tierra y por unos instantes cerró sus ojos, reprimiendo la avalancha de humedad que se le avecinaba. Los abrió al escuchar aquella voz llamándola.
—Lo siento— le sonrió incauto—. Disculpa mi falta de tacto, Hinata. Debo de ser una compañía fatal para ti— el rubio alzó su brazo izquierdo y lo posó sobre su cabellera, en un gesto que siempre denotaba su ingenuidad e inocencia—. Sabes, no deseo hablar de mí. Mis cosas son demasiado aburridas y no quiero incomodarte hablándote de trabajo, ni de…nimiedades— suspiró largamente—. Mejor hablemos de ti. Tú nana me comentó que has estado enferma y que por eso faltaste a clases ¿Cómo has estado?
El fingido interés que le demostró al decirle aquello, fue desgarrador. ¿Por qué era tan apático? ¿Cómo podía minimizar sus sentimientos de esa manera?
— ¿Por qué lo haces?— murmuró ella, ligera—. ¿Por qué?... dime ¿Por qué lo haces?
Él no tardó en reaccionar.
— ¿Qué sucede, Hinata? Hice algo malo o dije algo que…
— ¿Hiciste, dijiste?— repitió amargamente, al tiempo que detenía su inseguro caminar—. No, no has hecho nada. En estos momentos, no estás diciendo o haciendo algo… Nada. Ese es el problema.
El rubio se paró en seco, demostrándose más preocupado que confuso por su actitud. Se acercó a ella, y con una mano le alzó la barbilla mientras que con la otra destapó sus facciones del escondite de sus cabellos. Pero nunca se encontró con su mirada.
—Perdóname— le susurró él—. Soy un maldito cobarde.
Hinata se entieso en el acto, y mordió sus labios al sentir una lagrimilla revolar por su mejilla.
—Pero hay cosas que…— prosiguió titubeante—, que me están pasando y no tengo el valor de enfrentarlas. Siempre había pensado que tenía la cualidad de la decisión y del arrojo, pero… no es así. Soy más indeciso y cobarde de lo que alguna vez estimé… Lo siento.
Apabullada alzó su mirada hacia él, no importándole dejar en evidencia el fuego que la quemaba por dentro y que amenazaba con extenderse. Sin embargo, su ardor se disipó al apreciar aquellos ojos oteándola con una reciente callada ternura. En una súbita epifanía descubrió que estaba totalmente de acuerdo con él. Sí, era un cobarde. Un tonto cobarde. Un necio que no podía confesarle el daño que le había hecho, incapaz de lanzarle en cara que simplemente no la amaba, que nunca lo había hecho, y que agonizaba por haber sido rechazado por el único amor de su vida.
—N-no me hagas caso, Naruto— apartó su mano de su barbilla y discreta talló sus ojos—. A veces me pongo muy sensible… ya sabes, cosas mías— Inquieta, llevó su visión a las filas de matojos que ladeaban el camino y que parecían interminables entre cruces y dobleces. El aire movía las pequeñas hojas de los arbustos, y las marchitas florecillas en el suelo se levantan y se regaban dominantes por el espacio.
Una ventisca engarrotó su cuerpo, y sus dientes no esperaron en querer castañar.
—Parece que pronto lloverá— comentó el rubio inesperadamente, reparándose en el oscurecido cielo azul y posando ambas manos sobre su dorada cabellera.
—Sí. Eso p-parece...
Un extraño mutismo se apoderó de ellos cuando decidieron retomar su caminata por la calle. Ahora, ambos parecían estar en mundos diferentes. Las personas pasaban a su alrededor, se escuchaban voces que iban y venían de un lugar a otro, incluso los pajarillos entonaban cánticos melancólicos, y los dos seguían ignorantes de todo.
— ¡Hinata!— frenó él de pronto, virando su torso a su derecha—. Chocolate, fresa, vainilla… ron— leyó concentrado, mientras sus ojos se despabilaban con gran velocidad ante la diversidad de colores y sabores—. ¿¡Deseas un mantecado!? ¡Vamos!—. No esperó que le respondiera, la tomó por la muñeca y la condujo hacia un pintoresco carrito de helados situado bajo el único árbol de cerezos. Las adorables flores del cerezo se encontraban regadas por todo el suelo, y sin querer sus pies tuvieron que avasallar contra ellas para llegar a su destino—. ¿¡Que sabor te gustaría!?— su entusiasmo era auténtico, lo que la alentó a relajarse.
—De chocolate estaría bien, por favor.
Sin importar que el tiempo continuara, Naruto seguía guardando la esencia de su infancia. A sus 26 años seguía sonriendo por cosas tan insignificantes como un helado, igual que lo hubiera hecho de crío. Ni mencionar su comportamiento en la vida diaria. Siempre tan rebelde y gustando resolver las cosas a su manera. Uzumaki Naruto. Un encantador niño en un cuerpo de hombre.
Observarlo así, tan sugestivamente bobalicón, significó un retorcimiento a su corazón, porque sabía que dentro de muy poco todo eso acabaría, y ella volvería a la sombra en la que siempre se había mantenido oculta. No lo vería más… no habría un futuro en que pensar; ¿matrimonio, hijos, hijas…? Realmente, ¿Creyó que eso sucedería?
— ¡Hinata, toma!— extendió su brazo—. Espero que no te molestes— ladeó levemente sus labios—, pero me tomé el atrevimiento de pedir que agregaran un poco de crema y caramelo a tu helado. ¡Te aseguró que te encantará!
Ella fue incapaz de tomarlo, ni siquiera pudo levantarle la mirada.
— Hee… ¿Hinata, qué te sucede? ¿Te encuentras bien?
Ventiscas de aire corrieron sutilmente por el ambiente y la oscuridad inició poseer cada rincón de la calle. En medio de aquella metamorfosis, parte del rostro de la ojiperla yacía iluminado por el reflejo naranja de unos faroles, mientras que el resto se encontraba cubierto por la acogedora calidad de su bufanda, pareciendo esconderla de la inclemente realidad hecha hombre.
— ¿Qué pasa?— volvió él, aumentando su alarma—. Por favor, si algo te está molestando, no dudes en decírmelo. No importa lo grave que sea… no estás sola.
Ella no respondió y comenzó a respingar grabadamente. Esto pareció inquietar al rubio.
—Me asustas, Hinata… ¿¡Dime, qué es lo qué te sucede!?
¿Qué es lo que le sucedía? Lo podía resumir con dos simples palabras, "Lo amaba". Ojala pudiera creer en lo que le decía. Confiar en él y pensar que nunca la dejaría sola, pero...
Detuvo su desenfrenado pensar cuando se notó siendo agarrada por los hombros.
— ¡Suéltame!— le espetó contrariada.
—No. ¡No lo haré!— le devolvió con decisión y aumentando la fuerza de su estruje—. No hasta saber qué es lo que te pasa— la oteó con autoridad—. ¿¡Sucedió algo en tu casa, o tuviste alguna discusión con tu padre!?... ¿Es eso lo que te perturba?
— ¡No, déjame tranquila!— forcejeó inútilmente.
—Vaya que no lo haré. No hasta escuchar la verdad de tus propios labios.
Hina se quedó estática. A pesar de eso, sus manos le vibraban. Temió que él pudiera percibir el descontrol de sus emociones, pero al parecer solo estaba en vilo por su respuesta.
En un momento de impulso y desconcierto, decidió obedecer su pedido de decir la verdad y todo lo que atormentaba desapareció. Sin vacilar, cerró sus ojos y se puso de puntillas. Alargó su rostro hacia él y se detuvo hasta tocar sus tiritantes labios con los suyos. Sintió la sorpresa de Naruto ante su acción, pero poco le importó y continúo con su propósito. Su inexperiencia solo le permitió ofrecerle torpes caricias, miedosa de ir a un lugar al que nunca había tenido acceso. Sintió su perfume a ámbar y su boca sabor a menta, y en seguida se embebió de él. Apreció la necesidad de hacerlo sentir de esa forma y aceleró sus lentos agasajos. La música que entonaban sus labios era suave y melancólica, con repentinos aceleres que no llegaban al clímax esperado, pues la orquesta parecía no seguir su melodía… Se detuvo, sin aliento, pero no separó su boca. La calurosa humedad de sus labios la estremecieron, y la hicieron querer ir por más, pero la rigidez con la que se encontró después, fue fulminante.
Horrorizada, percibió como su rostro se cubría de rojo y su respiración se disparaba. Al instante fue consciente de todo a su alrededor. El gélido aire traspasándola, las risas lejanas de los niños en el parque, la mancha de helado en su vestido… sus manos alejándola.
En seguida se apartó de él, dándole la espalda y tratando de mantener la cordura. Él no emitió palabra, pero pareció dar pasos indecisos hacía ella. Su cuerpo no esperó en tensarse. No quería escucharlo. Rehusaba a atender sus repetidos pedidos de disculpas. ¿¡Ahora qué le diría!? "¡Lo siento por no corresponderte Hinata, pero no me gustas!" "¡Ni siquiera eres tolerable para besarte!" ¿¡Qué tonta e impulsiva había sido!? Suficiente vergüenza tenía con saberse no correspondida, no necesitaba que se lo demostrara…
—Hi… Hinata, yo— susurró martirizado, al tiempo que posaba una mano sobre su hombro.
Ella lo apartó, como si su tacto le ardiera. Él recapacitó y prefirió mantener su distancia, pero no desistió en explicarse. Empezó a hablar y Hina solo distinguió murmullos, leves y lejanos. Nada interesante, nada que pudiera calmar su hemorragia, nada que sanara su alma...
No quiso seguir atendiéndolo, pues ya no le importaba. Sin pensarlo, se echó a correr. Nunca especuló que sus piernas se pudieran alargar tanto, es más, jamás imaginó que las lágrimas se limpiaran tan rápido con la velocidad del aire golpeándola. Perdió su gorro por el viento y sus cabellos danzaron una magistral danza fundiéndose espléndidamente con el fondo de la noche. Le pareció escuchar gritos llamándola, no le importó. Por fin se sentía ligera y libre, y no quería que eso acabara, al menos no esa noche.
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Debió de andar deambulando por la calle por varias horas. No supo cómo había llegado hasta su casa. Sus piernas le dolían mucho, su rostro estaba humedecido y sus mejillas rojizas por el maratón que inconscientemente había decidido correr. A las ocho de la noche parecía que todo el traqueteo y algarabía de un día en la mansión había muerto. No yacía una sola alma en la sala. No había empleados, ni mayordomos queriéndola atiborrar con comidas, ropas o preguntas como siempre lo hacían, ni siquiera Kaede había salido a su encuentro. No tener que lidiar con los cuestionamientos y sospechas de su nana, o peor aún, de su padre, le quitó un gran peso de encima.
Se dejó caer sobre el sofá, fatigada, abatida. Su mirada no aguardó demasiado y empezó a andar entre cuatro paredes; oteó sedas de colores, cuadros incomprensibles, esculturas deformes, todo tan frío y sin vida, nada de donde obtener un poco de calor. Alzó sus ojos al techo y se encontró con la blancura lisa del techado. Sin saber por qué, su sentimiento de soledad y pena incrementó. Cerró enérgicamente los ojos y después se halló en el abismo. Todo era oscuro e inhóspito. Solo ella y su dolor encerrados en la jaula de su depresión y pena propia.
Las lágrimas no tardaron en brotar y los insipientes respingones en aparecer.
—Tonta, deja de llorar… — se le escapó en un rasposo murmuro. Se sintió arder y llevó una mano a su cabeza, palpando su frente. La dejó ahí. Inhaló largamente y quiso exhalar, pero el quiebre de un gimoteo hizo eco en la estancia—. ¿Cómo pudiste?— reclamó en un desoxigenado monólogo sin audiencia—. Te odio, Naruto. Te odio— trastabilló—. Eres un idiota... ¡Idiota! ¡Idiota!... ¡Mil veces idiota!...— farfulló con desprecio…
—Y yo creí que eras una mocosa sin carácter— pronunciaron detrás.
No reaccionó de inmediato, pero una fuerza mayor la obligó a detener sus sollozos y regularizar su respiración.
—Al parecer me equivoqué— volvieron a decir.
En segundos se encontró con la mirada ensartada en la mesita de frente y sus manos conteniendo su pecho. Rápidamente pasó sus dedos libres por las cuencas de sus ojos y borró la humedad estancada. Sintió la necesidad de huir de ahí, pero un pequeño murmullo nacido desde su bizarría la frenó.
— ¿Q-qué hace aquí?— resolvió balbucear.
—Acaso esa es la manera de tratar a uno de los socios de tú padre— su voz no tenía ningún matiz, era seca y raposa—. Que lamentable.
Un espasmo recorrió por su cuerpo al escuchar el crujir de la madera bajo sus pies. Por lo distante del rechinar, supuso que él se encontraba cerca de la puerta principal. Irónicamente, esa era la única entrada y salida de la estancia.
—T-tiene razón, discúlpeme— se excusó, no siendo consciente de sus palabras, más sí de los recuerdos y sensaciones que empezaban a atacarla. Sin poder detenerlo, llegaron a su mente piezas de un rompecabezas, que terminado formaban el momento más aterrador de su vida. Tragó hondo al remembrar la ferocidad de su mirada y las marcas de sus manos sobre su cuello—. Supongo que ha de reunirse con él— emitió sin mover un músculo de más.
—Supones bien— respondió.
La ira no tardó en atacarla. Siendo consciente, sus manos se empuñaron fervientemente y un centenar de recriminaciones se atoraron en su garganta, pero tan rápido como su odio surgió, así desapareció. De repente, se vio sin fuerzas para luchar o resentirse, para gritar o maldecir. ¿Y cómo hacerlo? ¿Cómo generar algo cuando se ha perdido el alma y el corazón?
—Bueno, es mejor que me retire…— se reincorporó del sofá, tambaleándose al quedar en pie—. Mi padre no tardará en presentarse y no deseo molestarlos—. Dio los primeros pasos y se condujo en silencio. Se abstuvo de alzar la mirada y encararlo, queriendo aparentar serena diferencia, pero le fue difícil tan solo el respirar.
— A dónde crees que vas…— le lanzó con hosquedad, mientras que regostado sobre el marco de la puerta ponía una barrera con su brazo.
— ¿Q-qué está haciendo?— El nervio se vio reflejado en la inconsistencia de su voz.
—No he dicho que puedes retirarte.
Aquello fue lo más irrisorio que había escuchado en su vida. ¿Desde cuándo debía de pedirle autorización para poder retirarse o quedarse en algún lugar? Aquellas atribuciones solo se las podía permitir a su padre, pero a él, un absoluto desconocido, nunca.
—P-por favor— trató de no dejar a entrever su agitación—. Déjeme pasar.
—Ya te lo dije, no hasta que pidas mi autorización.
— ¿Autorización…?— se repitió ella a lo bajo—. No creerá que le daré el gusto de escucharme decir tal incoherencia ¿verdad?— lo cuestionó incrédula. De inmediato percibió como la corpulencia del pelinegro se tensó.
Pegó un leve brinquillo de sorpresa al observarlo sustituir su brazo por su cuerpo, que ahora ocupaba casi todo el espacio en la puerta. Escuchó su bufar molesto y se apreció vulnerable, pero esa desazón duró poco en su paladar. En un impulso por demostrarse valerosa levantó su vista hacía él, queriéndole devolver un poco de veneno con la mirada, sin embargo, su ímpetu murió al momento de ver el suyo. Rápido volvió sus ojos a la seguridad del suelo. Se sentía empequeñecida ante su sombra. Su rostro llegaba a su pecho y su cuerpo la apabullaba completamente. La diferencia de diez centímetros que había notado antes, se había convertido en veinte.
Luchando contra su miedo, fue subiendo de nuevo su mirada, ganando tiempo de encontrar su voz, no obstante, abandonó su propósito al repasar más allá del gélido demonio frente suyo. En un delirante y extraño momento, reconoció el porqué de la popularidad de Uchiha Sasuke entre las mujeres. Su sugestión no se trataba solo de su dinero o de su cuna, había algo más... tal vez, quizás, eran sus finas facciones endurecidas o sus penetrantes ojos carboneros, posiblemente era su negra melena azabache… o simplemente, era todo él.
Oteó su vestimenta y dos palabras llegaron a su mente, elegancia y soberbia. Vestía un traje negro a la medida, una camisa blanca con los primeros botones desabrochados y un collar de cruz que se perdía en el misterio de sus pectorales. Por primera vez reparó en su carne desnuda y se percató en lo trabajado de su cuerpo. Sus manos eran fuertes y duras, ya las había sentido antes, no dudaba que detrás de la tela que cubría sus brazos también encontraría la misma perfección. Reconoció el aroma a su perfume. Jacinto. Claro que lo recordaba, y cada vez que sucedía su cuerpo se estremecía. Se había limitado a pensar que aquello se debía a una reacción al miedo que le enfundaba, pero ya no estaba tan segura.
—Aunque no lo quieras, lo harás— se acercó ágilmente hacia su oído, y luego le susurró—. Además, no creo que desees revivir lo que sucedió la última vez…
— ¿Qué… qué dice?—. El sonrojo que antes la dominó, la dejó, y el pánico no tardó en inundarla.
—Lo que oíste— afirmó el Uchiha apático—. No te espantes, bien que te haría un favor.
— ¿Un favor?... —tragó amargó.
—Así es— volvió indiferente—. Según tu propio padre eres solamente un estorbo. Una mujer débil e insignificante, que no posee capacidad alguna para forjarse un futuro prometedor. Incluso, para el estúpido de Naruto no eres nadie importante…— ladeó sus labios con algo de altivez—. O acaso no es por eso que llorabas y refunfuñabas cómo tonta por tu infantil desdicha de niña encaprichada.
— ¡Ese no es asunto suyo!— rebatió herida.
—Pues la próxima vez procura no hacer públicas tus desventuras— su voz salió molesta—. O ignoras el hecho de que todo el mundo arde con el chisme de que Naruto prefiere a tu mejor amiga en tu lugar. Que todos te ven con pena y lástima…
— ¡Eso no es cierto!
—Lo es y por eso reaccionas así— le lanzó severo, mientras la escrudiñaba con cargada dureza—. Honestamente me confundes— acercó su mano y le alzó la barbilla con hosquedad, obligándola a mantenerle la mirada—. Un día puedes andar llorando por los rincones y al día siguiente ofrecérteme sin pudor alguno. ¿O eres una mocosa confundida o una sucia meretriz?
— ¿¡Cómo se atreve!? No tiene ningún derecho a…— la indignación no le permitió continuar.
—No te escandalices por mis palabras. No eres una niña con la cual deba de censurarme. Además, tú eres la única responsable de la reputación que te precede. No he dicho nada que desconozcas.
—Eso no es así…— trastabilló, sintiendo como los ojos le escocían por las lágrimas que pedían a gritos ser liberadas—. Lo de la carta fue u-un mal entendido…— lo oteó con algo de desesperación y vergüenza—. Mis sentimientos no son los que están expresados ahí, sino los de Sakura-san, y-y bueno, todo fue un error que...
—No mientas— le soltó sarcástico—. Sakura no es una mujer que utilizaría ese tipo de medios para confesar su sentir, en cambio tú sí. Eres demasiado mojigata para hablar de frente.
—De veras que no es así, créame…
Ya no sabía porque continuaba rebatiendo sus imputaciones, sí era por pena o por esperanza.
—Te creeré sí eres capaz de asegurarme que la letra de la carta es la de Sakura y no la tuya.
Hina alzó la mirada tan rápido como si la hubieran llamado por su nombre. Lo vio y en sus ojos encontró ironía y confianza. Tan ágil como lo encaró, así huyó.
—No,… sí es mi letra— dijo después. Sasuke no respondió, ni se mofó, al menos no con palabras. El silencio que se asentó fue asfixiante. Éste parecía darle la razón a él y castigarla con dureza a ella. Aquello fue más humillante que sí el azabache se hubiera jactado de la razón que aparentemente lo acompañaba. No lo podía soportar.
—Sabe…— cortó ella el mutismo, con extraña serenidad—. Me da lástima, Uchiha- sama.
— ¿¡Te doy lástima!?
—Así es.
—No digas estupideces— le exigió con controlada brusquedad.
—No. No lo son— lo contradijo firme—. Usted se divierte haciendo sentir menos a los demás, pregonando una superioridad inexistente. Cree que tiene la razón absoluta de todo, pero no es así… pobre— sonrió con fingida tristeza—. Creyéndose un gran hombre, el más inteligente y astuto, pero no— sus expresiones se endurecieron y sus labios formaron una comisura recta—. ¡No es más que un tonto burgués igual a los demás! ¡Un acomplejado que no tuvo un buen padre que le aconsejara y lo formara como un verdadero hombre, respetuoso de los límites…!
— ¡Cállate!— bramó rabioso.
— ¡No lo haré!— rebatió más decidida que nunca.
— ¡Deja de querer hacerte la fuerte, niña estúpida!— la agarró abruptamente por los brazos, sacudiéndola hasta hacerla soltar un puro sollozo de dolor—. Tú no sabes nada de mi vida, ni de mi familia. ¡No vuelvas a hablar pensando que me conoces!
—Duele, ¿Verdad?...— pudo pronunciar—. ¡Contésteme Uchiha- sama, ¿Duele?! ¡Lástima que alguien entre a tu vida y quiera opinar y juzgar lo que cree que está sucediendo!... Cuando la mentira que imputan está muy lejos de ser la pura verdad…
Perturbada, alzó la vista hacia las aspas del abanico en el techo e intentó contener la presa de sus ojos. No iba a lograrlo... Estando a punto de fracasar apreció como sus brazos repentinamente dejaron de punzarle y sus piernas se doblegaron. La gravedad no tardó en exigirla. Sus codos impidieron que golpeara su cabeza, pero el resto de su cuerpo no contó con la misma suerte.
Antes de poder emitir algún quejido de dolor o masajear sus partes más dañadas, su indolente voz la petrificó.
—No lo digas por mí— la observó por arriba del hombro—. La mentira nunca es dolorosa, pero la verdad te lastima sin compasión, y ese no es mi caso.
Sin pensarlo, quiso levantarse del suelo y reponerse, pero sus piernas no le respondieron. Mordió su labio ante su impotencia. Muy pronto un bochorno la envolvió; su cara, sus manos, sus piernas, todo le ardía, como sí se estuviera quemando por dentro. Ya no podía continuar obviando la verdad. No podía seguir haciendo oídos sordos a sus palabras, por mucho que lo aborreciera, que lo despreciara, está vez había mucha verdad en su veneno. Una mentira no la hubiera herido tanto como la realidad que le había escupido a la cara, una que todos veían, todos… menos ella.
—Váyase…— emitió con un hilillo de voz, al tiempo que filas de lágrimas terminaban en su cuello—. Váyase, ha sido más que suficiente de mentiras y verdades por un día ¿No lo cree?… — él no se movió—. ¡Qué se vaya, no lo quiero ver!— le gritó ronca.
Sasuke musitó algo por lo bajo, pero luego se alejó en un inquebrantable silencio por ambos. Cada paso que él dio significó un nudo acumulándose en su garganta, impidiéndole respirar y razonar con tranquilidad. Poco a poco fue dejando de escuchar el crujir de sus pasos, hasta poder discernir únicamente el galope de su corazón llorando.
Sintiéndose segura, alzó su mirada después de la puerta, y como lo sospesó, él ya no estaba. Una inefable sonrisa se formó en sus labios, la cual lentamente fue difuminándose hasta convertirse en la única barrera entre sus lamentos y su dolor. Febril, sacudió su cabeza y trató de reincorporarse del suelo, no obstante, el esfuerzo de todo un día cayó sobre sus piernas, imposibilitándole el logro de levantarse. Se quedó quieta, observando la oscuridad que dominaba los pasillos y que amenazaba con cubrirla a ella también.
En un sordo segundo, el gemido contenido fue liberado y todo lo antes nítido, se nubló y desapareció. En ese punto ya no le importó ser escuchada, ni vista. Nadie podía herirla o humillarla más. Había sido usada, traicionada y rechazada. ¿Qué podía dolerle más? ¿Cuál podía ser la estocada final?... ¿Qué alguien más se lo echara en cara? Ya no…
Súbitamente se vio alzada del suelo. Unos molestos cosquilleos se asentaron en su estómago y el inesperado desconcierto engarrotó sus pensamientos. Insistió en bregar entre aquel agarre, sin embargo, al apreciarse muy lejos de tierra, desistió y se aferró con fuerza de quien la había liberado de sus cadenas.
—Hee… ¿Qué es- está haciendo?— balbuceó incrédula, al quitar su vista del suelo y posarla en quién la sostenía en brazos—. Usted… no debería estar aquí, ¿Por qué…?— Él no hizo caso y continuó caminando entre los pasillos oscuros con gran familiaridad, pareciendo conocer perfectamente el destino de cada uno.
Ante su parquedad ella no pronunció más, pero hizo un leve movimiento indicándole que la bajara, no obstante, él continuó indolente. Hina sintió sus ojos picar de nuevo, pero antes de poder hacer o decir algo más para zafarse, los brazos de Sasuke rodeando su tembloroso cuerpo, y sujetándola con cierta presión en sus piernas y caderas, extrañamente le dieron una sensación de tranquilidad. Una, que no había podido lograr en mucho tiempo. Era cómo sí en sus brazos encontrara protección contra todos aquellos demonios que constantemente la atosigaban.
Cansada de tanto batallar, emitió un pequeño suspiro y descansó su cabeza sobre su pecho. Pudo sentir la rigidez del Uchiha por su cercanía, pero poco le importó. El cuerpo de Sasuke a pesar de ser fuerte, se sentía tan suave y cálido. Su fragancia masculina era tan agradable y seductora, y su respiración tan fuerte y regular, que la hicieron desear permanecer por mucho tiempo así.
Un "gracias" le pareció susurrar, no lo supo. De lo único que estaba consciente en ese momento era de su deseo de acurrucarse entre el refugio que había descubierto eran los brazos de aquel feroz demonio, y así lo hizo.
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Notas: Sé que algunos me van a querer matar! O matar a Naruto o Sasuke jejeje. La pobre de Hinata sufre mucho, pero al final todos recibirán lo que merecen, se los prometo jejeje.
Sí, Sasuke es un patán odioso e insufrible (aunque no creo que más que Naruto XD). Sin embargo, tiene una razón de peso para serlo, la cual va a ser revelada en el próximo capi sin falta!
Alguien me pidió spoilers jejeje. Bueno, lo único que puedo decir es que NSLM va a ser una historia larga! Estamos comenzando apenas XD. Creo que los sentimientos de los protagonistas deben de desarrollarse con calma para hacerlos originales y atrayentes… Ah, nuevos personajes van a entrar a la trama! Quizás otro azabache.
Antes de despedirme, lo más importante: Gracias por leer! yuli2401, Jesica Ryuzaki Hyuga Higurashi, kds, Elena, Fher34, Nanami, celuaso, Kurokocchii0, Nairu Nara, wendyl0327, Patohf, soledad-uchiha, Yuli-chan F.D.U.L Monkey kyubi, Mare-1998, me he releído sus reviews, me encantan!... Así como también a todos lo que han puesto follow y favorite a esta historia, ARIGATO!
Hasta el próximo sábado!
P/D: B D = Carita sonriendo jeje.
