¡Felices fiestas~!

Vengo de nuevo con la conti lista para leer, para este capítulo quiero agradecer a Wikipedia por su inmenso y gratuito conocimiento. Hay menos desmadre que en los capítulos anteriores, ¡pero no penséis que nuestros chicos comienzan a calmarse!


CAPÍTULO 04

.

.

.

Ni en sus más extraños sueños (normalmente relacionados con templarios o asesinos) podría Desmond prepararse para esta escena. Él tomaba el papel de padre enfadado y les reñía a los cuatro visitantes que serían sus hijos problemáticos, sentados uno al lado del otro, con Desmond caminando frente a ellos mientras hablaba. Aunque, que hablase no significaba que le hicieran caso: Malik intentaba entender el mecanismo del encendedor que los dos asesinos habían traído; Altaïr revisaba por segunda vez la cartera de un tal "Johnny Goodman", encargado del mantenimiento informático en una empresa cuyo nombre no era capaz de pronunciar; Leonardo admiraba más que maravillado su propia obra estampada en una camiseta, y Ezio se rehacía la coleta con su cabello, la aventura en el desguace había hecho estragos con su apariencia (más maduro o no, seguía preocupado por mantener una imagen impecable).

—¿Pero me estáis escuchando? —llamó su atención alzando un poco la voz—. ¡Habéis puesto en marcha una caravana, os han llovido las multas, habéis trepado un edificio a plena luz del día, habéis robado en una gasolinera, y os habéis colado en el desguace municipal! ¿Entendéis lo peligrosas que han sido vuestras acciones?

No hubo respuesta alguna y Desmond compartió el mismo sentimiento de impotencia que muchos padres experimentan con sus hijos. Optó por calmarse, soltando un muy largo suspiro y llevándose ambas manos al rostro, e intentar retomar la conversación agachándose frente a los cuatro en el suelo.

—A partir de ahora dormiréis aquí con nosotros, sois un peligro para la sociedad.

—Bien mirado, todos somos peligrosos —anotó Rebecca apoyada en uno de los mostradores con varios cajones encima—. Unos más y otros menos, por ejemplo, el único peligro de Shaun es que te hiera con su sarcasmo.

Shaun resopló acomodándose las gafas pensando en devolver el comentario, pero Desmond hizo de pacificador poniéndose en pie.

—Dejad las discusiones para más tarde, tenemos problemas más graves que el sarcasmo de Shaun.

—Por supuesto, id todos contra el inglés —le interrumpió—, la culpable es siempre Inglaterra, ¿verdad?

—Shaun, por favor —William habló echándose a andar hacia uno de los laterales del templo—, venid conmigo, necesito un par de manos que me ayuden a crear un campamento base para esta gente. Usaremos los colchones de la caravana, será mejor que dormir sobre la piedra. Desmond, quédate con ellos y vigila que no se escapen.

El chico asintió cruzándose de brazos, los cuatro habían permanecido totalmente ajenos a la conversación, ahora con Malik encendiendo y apagando el mechero para familiarizarse con su mecanismo, Leonardo todavía ensimismado con la camiseta, y a ambos asesinos hablando sobre las armas que llevaban. El resto del grupo –William, Shaun y Rebecca- fue a por los colchones para ese campamento que debían montar.

—¡Desmond, Desmond! —Leonardo le llamó yendo frente a él, mostrándole la camiseta como si fuera un cuadro—. ¿Cómo es posible que mi dibujo haya acabado en una prenda?

—En esta época es de lo más normal, con unas máquinas se copia el dibujo en la tela —simplificó lo más que pudo el proceso, y pareció bastar—. Esa camiseta es sólo merchandising, ha salido de una exposición que está ahora mismo en marcha; lo pone aquí —se acercó y cogió la prenda, le dio la vuelta y le enseñó la etiqueta.

"Exposición Da Vinci, 2012" —leyó—. ¡Soy yo! ¡Protagonizo una exposición! ¡Ezio, Ezio, ven, corre, ven! ¡Mira! —fue el inventor quien corrió hacia él, casi estampándole la etiqueta en la cara—. ¡Hay una exposición a mi nombre! ¡Una exposición con mis obras!

—Vaya, es realmente sorprendente, Leonardo.

—¡Tenemos que ir! ¡Desmond! —se giró hacia él—. ¡Por favor, Desmond, dime dónde es! ¡Tengo que ver esa exposición!

—¿Qué? Ni hablar, ya habéis causado todos los suficientes problemas.

—¡Por favor! ¡Soy yo en esa exposición, debo verme! —Desmond negó con la cabeza—. ¡Sólo dime el lugar, podré llegar, sé conducir!

—Ése es precisamente el problema, además de que te acompañarían tres hombres tan o más perdidos que tú en esta época.

—¡Entonces venid todos conmigo! —chocó su puño con la palma de la otra mano—. ¡Eso es!

Asintió más animado y se echó a correr hacia el lateral donde estaba el resto del equipo con los colchones.

—¡Leonardo, vuelve aquí! ¡Leonardo!

—Por mucho que le llames, no va a volver —le advertía Ezio poniéndose en pie, sacudiendo un poco su ropa—. He visto esa mirada antes, no se va a rendir.

—Entonces será mejor que nos preparemos para visitar esa exposición —Altaïr suspiró—. Desmond, ¿está muy lejos el sitio?

—¡No vamos a ir a ningún lado!

—El auto-engaño no es nada bueno —dijo Ezio ladeando un poco la cabeza—. Te aseguro que ahora mismo nada podrá echar atrás a Leonardo.

—Qué casualidad, conozco a alguien igual de terco —Malik fue el último en incorporarse, observando cómo el resto del grupo venía en su dirección encabezados por Leonardo.

Decidieron hacer una votación popular pues, a fin de cuentas, estaban en una democracia y las decisiones importantes como ésta debían votarse (igual que se había votado la noche anterior que Ezio llevara la mínima prenda de licra).

—Así que —Desmond se impuso, una vez más, como mediador entre unos y otros en este popular consejo—, los que estén a favor de visitar la exposición que levanten la mano. Leonardo, obviamente, ¿alguien má-? ¡¿Shaun?!

—Perdóname por amar el conocimiento, Desmond. Ir con él será como ver una película con los comentarios del director, no me lo pienso perder.

—Nunca creí poder decir esto, pero estoy de acuerdo con Shaun —Rebecca le señaló pasando al lado del SÍ, acompañada por Shaun, Leonardo y Ezio, que se había visto arrastrado junto a los otros dos asesinos. Sólo William se mostró indiferente con el resultado, él se quedaría en el templo arreglando el rincón elegido como área de descanso.

—¡Somos mayoría! —exclamó Leonardo alzando los brazos—. ¡Vayamos a la exposición! ¡Yo conduzco!

Por suerte Rebecca pudo evitar que cogiese las llaves de la caravana. Subieron todos en el vehículo, haciendo malabares para no caerse, la conducción de Rebecca no podía catalogarse como una demasiado segura y más de una vez temieron un choque frontal con otro coche o un peatón. Por suerte no ocurrió, llegaron sanos y salvos al centro sociocultural donde se llevaba a cabo la exposición.

El evento fue organizado por los estudiantes de la universidad cercana, exponían sus propios trabajos e investigaciones sobre Da Vinci, yendo entonces desde algunas de sus obras más populares hacia su controvertida vida privada –este tema recibía bastante interés por parte de estudiantes y visitantes-. La entrada era gratuita, aunque aceptaban cualquier tipo de donativo para financiar un viaje de fin de curso a Italia, así que los más generosos expresaban su gratitud dejando algunos dólares en la cesta de mimbre dispuesta a la salida.

Nuestro grupo, formado por asesinos, informáticos y el protagonista mismo de la exposición, avanzó hacia el primer trabajo expuesto. Una gigantesca tabla lijada y barnizada con una leve biografía del inventor, además de alguna que otra imagen por los lados que había sido grabada en la madera.

"Leonardo di ser Piero da Vinci (Leonardo hijo de Piero y venido de Vinci) nació el 15 de abril de 1452. Fue un polímata florentino del Renacimiento italiano. Fue a la vez pintor, anatomista, arquitecto, paleontólogo, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta y urbanista" —leía el propio Leonardo—. "Frecuentemente descrito como un arquetipo y símbolo del hombre del Renacimiento, genio universal, además de filósofo humanista cuya curiosidad infinita sólo puede ser equiparable a su capacidad inventiva, Leonardo da Vinci es considerado como uno de los más grandes pintores de todos los tiempos y, probablemente, es la persona con el mayor número de talentos en múltiples disciplinas que jamás ha existido" —rió—. Increíble, ¡incluso sabéis mi fecha de muerte! A ver, a ver…

Entonces Ezio se acercó y cubrió sus ojos con una mano, impidiendo que siguiera leyendo.

—No creo que debas saber eso —le dijo.

—¿Te preocupa que viva atormentado por mi propia muerte si llego a conocer la fecha exacta?

—¿A ti qué te parece? —echó un rápido vistazo a la madera, descubriendo que el 2 de mayo de 1519 iba a ser un día bastante oscuro en su vida, y arrastró a Leonardo hacia el siguiente trabajo.

El resto les seguía en relativo silencio, comentando de cuando en cuando las ropas que veían en muchos de los visitantes, tanto Altaïr como Malik se escandalizaban viendo las piernas desnudas de las mujeres; mientras que a Ezio le asombraba verlas con su largo cabello suelto. Leonardo nunca llegó a mostrar demasiado interés por el género femenino, en su lugar contaba anécdotas referentes a los cuadros, esculturas o cualquier escrito que identificara como suyo: pinturas utilizadas sobre los lienzos, la elección de los modelos, el precio de los materiales… Leonardo habló durante horas, con Shaun como el oyente más interesado, incluso varios visitantes a la exposición se habían arremolinado junto a él para escuchar sus explicaciones. Ignoraban todos ellos que era el propio Da Vinci quien les hablaba con tanto entusiasmo.

Obviaron la última zona referente a sus obras, Rebecca les dijo que sería "hacerse spoiler a uno mismo sobre su vida". Los cuatro visitantes no le entendieron del todo, pero le hicieron caso y pasaron a los trabajos dedicados a la vida de Da Vinci, no a sus obras.

—"Leonardo fue un apasionado admirador de la naturaleza hasta el punto de convertirse en vegetariano, y de comprar aves enjauladas para luego ponerlas en libertad" —volvió a leer un texto decorado con numerosas hojas de árboles.

—Así que Da Vinci era vegetariano antes de que se pusiera de moda, un dato interesante —rió Shaun junto a Desmond.

El siguiente trabajo era también el último, uno bastante más comprometedor si se comparaba con los anteriores. Para empezar, lo encabezaba un título de llamativas letras doradas: "presunta homosexualidad de Leonardo Da Vinci". Bajo él numerosas imágenes de sus dibujos, algunos cuadros, los alumnos que tenía en su taller o los estudiosos posteriores que indagaron en el tema. Y, a modo de anexo, había una segunda sección titulada "el posible amor secreto de Leonardo Da Vinci" con varias anotaciones y un dibujo superpuestos, debías apartar unos para ver el restante.

Leonardo quedó frente al mural, después de dedicarle un vistazo comenzó a leer los datos aquí expuestos, los leyó con el mismo interés a todo lo que había leído, sonriendo con algunas partes y sonrojándose con otras debido al lenguaje utilizado. El peor rato lo tuvo con la zona del "amor secreto", y aunque estuvo tentado de arrancar los folios, no lo hizo, pero no pudo evitar que su rostro palideciera al verlos.

Afortunadamente no tuvo que dar ninguna explicación, el grupo temía que comenzara otra ronda de anécdotas sobre un tema tan controvertido como éste, por ello decidieron apurar sus pasos y poner rumbo a la sala contigua, una dedicada a la venta del merchandising. Todos, salvo Rebecca, que se quedó leyendo el mural incluso cuando Leonardo fue con el resto.

"Numerosas notas halladas en sus diarios parecen ser dedicadas a una única persona, un hombre del que no tenemos más datos que su aspecto" —leía bastante interesada—. "Hemos realizado un retrato usando las descripciones hechas por Leonardo, más detalladas de lo que pueda pensarse. Según nuestras investigaciones, este amor tan misterioso debía tratarse de alguien muy cercano a Leonardo, dado el tono tan familiar utilizado en sus escritos".

Rebecca apartó la nota y miró el dibujo que los alumnos habían hecho, reconociendo al instante aquel rostro marcado con una cicatriz en sus labios.

Salió de la sala llevando una mezcla de orgullo y satisfacción a la espalda, dándole un andar que resultaba bastante divertido. Mantuvo la misma actitud subiendo a la caravana, donde se re-encontró con el resto del grupo.

—¿En qué has tardado tanto? —le preguntó Shaun sentado en el asiento del copiloto, era un lugar privilegiado si se tuviera que comparar con el resto del vehículo (ahora, sin los colchones, la caravana parecía más pobre de lo que era).

—He ido al baño, cosas de mujeres.

El chico se dio por satisfecho y no insistió en el tema.

El viaje de regreso al templo fue igual de caótico que la ida hacia la exposición, con el aliciente de que ahora Ezio, Desmond y Altaïr cargaban numerosas bolsas con objetos que Leonardo había comprado en la exposición (muñecos articulados de madera, maquetas, lápices, libretas que imitaban la apariencia de sus diarios, y un par de camisetas con varios cuadros estampados en ellas), Ezio se ofreció a cargar con las bolsas –viendo que aunque Leonardo le ponía empeño, era imposible que cargara con todo-, pero Altaïr y Desmond se vieron obligados a echar una mano. Malik se negó desde el comienzo a colaborar.

Para cuando llegaron al templo ya William había terminado la creación de la zona de descanso, aquella pequeña recámara atravesada con varios pilares oscuros tenía los dos colchones –uno a cada lado- y mantas que resguardarían del frío. Además había instalado unas minicámaras que grabarían todo lo que ocurriera, transmitiéndose a tiempo real en los monitores dispuestos en las mesas cerca al Animus.

—Así que montaremos nuestro Gran Hermano particular —dijo Rebecca después de que William explicara con cierto orgullo sus actividades de la tarde—, puede ser interesante, aunque deberemos instalar también micrófonos. Shaun, ven y échame una mano.

—Ardo en deseos de colaborar.

—Me llevaré a los chicos a la ducha mientras tanto. Iremos al gimnasio que está aquí al lado, está abierto las 24 horas, no debería haber problema.

—Salvo que debéis ser miembros para entrar —William frenó el avance de su hijo mostrando lo obvio—, ¿qué identificación piensas enseñar?

—No será un problema si nos colamos. Voy con gente acostumbrada a trepar catedrales, ¿recuerdas? —rió escuchándole resoplar—. Te toca vigilar que Shaun y Rebecca no destrocen los ordenadores, volveré con los chicos en menos de una hora, no te preocupes.

—Ten cuidado.

Después de la despedida guió a los cuatro extranjeros en una misión de higiene básica. Algo no demasiado común en la época de las Cruzadas, mucho menos en el Renacimiento –por lo que había dicho Shaun alguna vez, los sastres vendían los guantes perfumados para disimular el olor a suciedad y mugre que desprendía la gente-. Por la calle tuvo que explicar qué era un semáforo, para qué servía y por qué era necesario obedecer su sistema de tres luces, y definir lo mejor que pudo el concepto de gimnasio.

—Es un lugar donde la gente va a hacer ejercicio.

—¿Todos juntos?

—Sí, a veces… hay máquinas que ayudan a realizar los ejercicios de manera individual.

—¿Y la gente de esta época no puede hacer ejercicio en otro sitio que no sea un gimnasio?

—Sí, pero ir a un gimnasio es otro rollo.

—¿Rollo? ¿Qué rollo?

—Agh, quiero decir —suspiró viendo sus caras tan confundidas, iba a ser difícil explicarlo así que pensó en una pequeña mentira piadosa, a su parecer—. No, no se puede hacer ejercicio en otro sitio que no sea en los gimnasios, por eso hay tantos por la calle.

—Ya veo, es una manera de tener localizada a la población, ¿no es algo sospechoso?

—En absoluto, la gente viene a ellos porque quiere, no porque sea una obligación —un gesto con la mano sirvió para pedir silencio, acallando las preguntas que sin duda formarían—. Debemos buscar la manera de colarnos en él.

Señaló hacia el edificio. El gimnasio era bastante amplio, con tres plantas en total: la primera dedicada a las máquinas de ejercicios, con las duchas y vestuarios al final de la misma, la segunda eran aulas utilizadas en las sesiones de grupo, y la tercera planta estaba reservada para el almacenamiento del material.

Rodearon el edificio yendo por la parte trasera, mientras que Leonardo y Malik subieron por las escaleras de emergencia, el resto trepó por cornisas y rebordes hasta llegar a la altura de la tercera planta. Se colaron por una de las ventanas que estaba abierta para proporcionar algo de ventilación a los balones y alfombrillas que se guardaban aquí. El plan sería descender hacia las duchas masculinas sin llamar la atención, algo no muy difícil, sólo debían evadir a los monitores del gimnasio, las cámaras de seguridad y evitar perderse. A pesar de que un asesino solía trabajar en solitario, avanzaron en grupo, en parte porque sentían que no debían alejarse demasiado de Desmond. De hecho mientras caminaban le iban preguntando cosas, logrando poner a prueba su paciencia más de una vez.

—Lo que oís se llama música electrónica… no, Leonardo, no tengo tiempo de enseñarte a tocarla… eso que llevan se llama chándal, es ropa muy cómoda… sí, Malik, hoy en día es completamente normal que un hombre muestre el ombligo si le apetece hacerlo… sí, las duchas se dividen en función del género… no, Ezio, no iremos a la de mujeres… ese ruido es el agua cayendo sobre las baldosas, como es mucha pues es normal que haga ese alboroto… no, Altaïr, no vamos a nadar, vamos a ducharnos, puedes calmarte…

Ésta debía ser la primera vez en su vida que el agua caliente cayendo sobre su cabeza le relajaba tanto. Apoyó la frente contra la baldosa frente a él escuchando las voces de los otros cuatro.

—Todos desnudos bajo el agua, qué desagradable.

—Siento que si alzo la mirada estaré haciendo algo indecente.

—Yo propuse ir a las duchas de las mujeres, pero mi propuesta fue rechazada de manera injusta.

—¿"Jabón en gel"? ¿Gel? ¿Qué es "gel"? ¡Oh! ¡Es una pasta! ¡Mirad, chicos, es una pasta verde!

—Por favor, ducharos en silencio —les pidió Desmond volviendo a suspirar.

Si fuera cierto que a cada suspiro el alma abandona el cuerpo, él caería ahí mismo.


.

.

.

-Nociva: yaay~ ¡muchas gracias por leer y dejar un comentario tan dulce! Tenía miedo de empezar esta historia por si no conseguía narrar correctamente la personalidad de cada uno sin caer en la parodia, pero manteniendo el humor. La verdad es que es todo un reto que estoy disfrutando más de lo que debería, como sea~ ¡me alegra que te guste la historia!

-Mastercold: huhu, es divertido escribir la parte más mujeriega del Auditore~ umh, dudo que pueda hacer algo con los Kenway, al menos de momento, porque sienot que si lo hago se me iría la historia de las manos. Aunque sería bastante divertido ver a los Kenway por el NY actual.

-Xepes: a mí me encantaban todas las misiones que tenían que ver con Leonardo (apenas se ha notado que es mi no-asesino favorito, ¿verdad?), imagina lo que he disfrutado escribiendo sus locuras, ¡una tras otra y sin tregua! Tengo la sensación de que los policías sabrán bastante sobre nuestros chicos, sus aventuras apenas están comenzando~ ¡muchas gracias por leer!

-Una chica: los "¡qué emocionante!" de Leonardo deben convertirse en parte del himno de Italia, yo lo veo claro (x'D).

(sep, sep, en este capítulo ha abundado el EzioLeo, preparaos para el AltMal en el siguiente~).