¡Acaba de salir el nuevo disco de Dream Theater, Distance Over Time! Fueron meses de espera, pero cada minuto lo valió con creces. No digo que sea mejor que sus trabajos más celebrados, pero vamos, siempre es una alegría saber que esta gran banda sigue sacando material. Les invito a escuchar el nuevo disco, al igual que el resto de su discografía, no se arrepentirán.
Esa alegría me hizo avanzar con mi fic de Metalocalypse. Al fin traigo una nueva actualización de la banda más brutal del mundo. Espero tener por fin el tiempo y las ganas necesarias para completarlo como tengo planeado.
Sin más, espero lo disfruten.
En el Tribunal—
—Al parecer, la propuesta ofrecida por Mugatu no es tan descabellada como aparentaba.
El senador Strapingston estaba entregando la información de los últimos acontecimientos de Dethklok, al resto de los miembros reunidos.
»Tras un arriesgado acto de provocación, Mugatu demostró que su superbanda está a la altura de los mismísimos Dethklok. Esto supondría una oportunidad valiosa para suprimir esta fuerza tan arrolladora.
—Sin embargo —dijo el teólogo Orlaag—, el hombre no dejo en claro cuál es su propio objetivo, una vez lograda la disolución de Dethklok. Si bien, hablo sobre desarmar a su propia banda al cumplir la misión, no explicó con claridad la manera en cómo hacerlo, ni los resultados que desea obtener de todo esto.
—Eso se afirma con las recientes noticias —dijo el general Crozier—, sobre el anuncio de la banda de un periodo de vacaciones que acaban de tomar.
—Se sabe —dijo el senador— que la banda está en un proceso de crisis existencial luego del ataque. Fue tal su impacto, que actualmente están de vacaciones en Rumania. Para explicar detalladamente la coyuntura, nos acompaña el doctorado en vacaciones de artistas de metal, el señor Atite Cojegar-Chaculia.
Entró un señor de edad de smoking rojo, un hombre de piel pálida, enormes ojos, cabeza cuadrada y un bigote fino como los popularmente usados en los años 20. Se dispuso a hablar:
—Las vacaciones para los artistas que volvieron a escena hace unas pocas semanas, se traducen como un fuerte proceso de procrastinación. En el caso de Dethklok, lo anterior se refuerza con el sentimiento de arrepentimiento, todo por haber estado tanto tiempo fuera de escena, dando por sentado que ya no poseen el nivel de antaño. La peor parte para ellos, es que su apresurada decisión de darse un tiempo de vacaciones no hace más que solo aumentar su preocupación, principalmente porque la causa de sus malestares seguirá sin cambio o, en el caso de la superbanda Hexagram, seguirá aumentando, porque es obvio que aprovecharan la nueva ausencia de sus rivales para establecerse en el mercado.
—Y, por ello, tendremos a otros fenómenos amenazando la estabilidad mundial —dijo el general Crozier, con cinismo.
—Si me permiten sugerir —dijo el senador—, considero pertinente la opción de colaborar con Mugatu y su plan.
—¡No!
Exclamo el señor Salacia con imponencia.
—Por ningún motivo recibirá nuestro apoyo.
—ΜΛΦΛΜ—
Transilvania, Rumania—
En las enormes montañas, un enorme y abultado helicóptero de modelo exclusivo para Dethklok, denominado el Dethcopter, arribaba en la cima de una planicie. El transporte consistía en un gigantesco helicóptero de transporte para cargas pesadas, de colores que fluctuaban entre el gris, el rojo y el negro, cuyo tamaño en su interior era equivalente al de una mansión y lo suficientemente potente para llevar en su interior unos containers vacíos sin problemas.
Los miembros llegaron a un castillo muy tenebroso, en las altas montañas de Transilvania. La razón de escoger ese destino para sus vacaciones, se debió a que encomendaron a Toki ver algún sitio alejado de la gente. En el buscador, solo puso «lugar alejado de la gente», sin especificar que se tratara de un sitio para vacacionar, ni siquiera si se tratara de un sitio seguro. Entre las fotos, encontraron las del castillo. Se las mostró a sus compañeros y estos inmediatamente aceptaron. Como era de suponer, Abigail se había negado a la idea de ir hacia allá (y la idea misma de darse un tiempo fuera de los escenarios, luego de apenas volver). Sin embargo, luego de la enorme insistencia de los chicos, sumado a los molestos síntomas falsos que los músicos hacían, como toser exageradamente o decir que tenían fiebre, la mánager tuvo que acceder a la petición.
—¿Están seguros de que aún quieren hacerlo, chicos? —dijo Abigail, en un último intento de hacerlos entrar en razón.
—Obvio que sí, mujer —dijo Murderface—. Necesitamos mentalizar nuestro camino actual. Debemos reflexionar si hemos tomado las decisiones correctas.
—Entonces deberían reflexionar si fue decisión correcta el tomarse un tiempo de vacaciones, luego de la enorme ausencia que permitió a una banda como Hexagram tomar ventaja y sabiendo que dicha banda volverá a hacer de las suyas.
Los miembros de Dethklok quedaron mudos ante las palabras de su manager.
—No deberías mencionar a esa banda —dijo Skwisgaar—. Necesitamos relajación y solo nos estás dando más estrés. Es evidente que no piensas en la salud de tus empleados.
Luego de poner una expresión despectiva, Abigail dio media vuelta y pidió a los Klokateers encender el Dethcopter con un gesto de su mano. Todos lo abordaron e inició el vuelo, dejando a los 5 músicos en completa soledad, por petición de los mismos.
—ΜΛΦΛΜ—
Dentro de la mansión, los miembros de la banda no se notaban preocupados por el deplorable estado en el interior del castillo, ni por el hecho de que estaban completamente solos. Lo que hicieron fue encontrar la primera silla o lo que sea para sentarse, lo que Murderface aprovechó de sentarse en un misterioso cofre, parecido a las de las películas de piratas, de madera gris y placas de metal oxidado. Tenía un candado grueso e igual de oxidado, el cual, con el impacto de las nalgas del bajista sobre la madera, hizo que se soltara casi al instante. Sin embargo, los miembros no habían notado ese detalle, solo se preocuparon de relajarse, pensar en qué comer y lo que sus empleados tendrían preparados para las noches que estarían ahí, sin pensar que en esa mansión no había quedado nadie más que ellos.
Luego de que los chicos de Dethklok se divirtieran cazando murciélagos durante el mediodía, disparando con escopetas de balines, habían entrado al comedor, llevando bolsas ensangrentadas con los cadáveres de los murciélagos obtenidos y dejándolas debajo de la enorme mesa de madera añejada, con enormes telas de araña en las patas.
—¡24 murciélagos! —dijo Pickles—. ¡Yo soy el ganador, perras!
—Tuviste suerte —dijo Nathan.
—Si hubiese estado en mi mejor racha, yo te habría superado —dijo Toki.
Una vez relajados en la mesa, esperaron a que alguien apareciese a dejarles comida, como es de esperar en los recintos lujosos. Pero como ignoraban que se trataba de un sitio abandonado, nadie más llegó y los músicos quedaron con las ganas de comer.
—¿Por qué nadie viene a servirnos? —dijo Nathan.
—Quizás hemos venido muy temprano —dijo Skwisgaar.
—O muy tarde —dijo Murderface—. Estuvimos demasiado tiempo cazando estos murciélagos.
—Oigan —dijo Toki—, ¿y si nos comemos estos murciélagos?
—¿Hablas en serio? —dijo Pickles—. Estas cosas de mierda no se comen, se cazan. Para eso nacieron.
—No es absurdo —dijo Skwisgaar—, vi en la tele que en ciertos países pobres se comen los murciélagos, como China y otras partes que nadie conoce.
—Talvez —dijo Toki—, si los preparamos a las brasas, la carne tendría el mismo sabor que un pollo. ¿Qué creen?
—Creo que paso —dijo Nathan.
Mientras discutían la posibilidad de comer murciélagos, lo cual al final quedó en nada más que en hambruna, en la habitación más lejana, el cofre antiguo, donde Murderface se sentó, comenzó a temblar por sí mismo sin explicación aparente. El cuerpo del candado suelto se desprendió del arco, el cual permanecía colgado en los agujeros. La fuerte vibración del cofre hizo que el resto del candado se moviese de a poco, a punto de descolgarse para que se pudiese abrir.
—ΜΛΦΛΜ—
En la tarde, trataban de encontrar algo para divertirse, lo cual era difícil. No había televisión, la vista del castillo consistía en un enorme y terrorífico valle —de montañas pedregosas y sin indicios de vida, aparte de las bandadas de murciélagos con rabia que aparecían en el día—, ni siquiera habían algo como piscinas o ríos, porque no corría nada de agua y lo más cercano a ella era un pozo que estaba seco.
Lo único que hicieron hasta antes del anochecer fue usar los cadáveres de los murciélagos y arrojarlos lo más lejos que podían con la mano. Cuando se les acababa, los mismos miembros iban directo a buscarlos e iniciaban una nueva ronda de lanzamiento. Llegada la noche, los músicos volvieron a la mesa a esperar la cena, pero esperaron en vano.
—¡Pero qué mal servicio! —dijo Toki— ¡Me quejaré en internet para que nadie venga hasta acá!... Claro, cuando vuelva el internet, he esperado todo el día para que vuelva.
Al notar que se hacía de noche y no tenían más que hacer, se fueron a dormir. Fueron a un pasillo repleto de puertas, algunas tenían camas completamente empolvadas; otras, guarderías con instrumentos de tortura —en donde Pickles sacó una pera de angustia(*), con el cual se divertía abriendo y cerrando—; por último, una sala de oración, donde se apreciabas 2 pinturas de la edad media. Una de ellas mostraban caballeros medievales orándole a la figura de un ángel. La otra mostraba a brujas y doncellas, siendo torturadas por caballeros similares a los de la primera pintura.
—Religiones —dijo Murderface—, todas son iguales.
Habiendo escogido sus habitaciones, todos estuvieron esperando hasta la noche para dormir, completamente hambrientos y faltos de ducha. Cuando todo indicio de luz solar desapareció en el horizonte, el cofre maldito vibró con mayor violencia, incluso se sintieron golpes más audibles que los de Dethklok escucharon, pero no quisieron ver de qué se trataba. Después de mucho, el arco de candado que aún cerraba el cofre se había desprendido finalmente. En un parpadeo, se abrió por completo, emitiendo una luz verdosa y liberando estelas de igual color por todo el castillo.
Cuando Skwisgaar se levantó para ir al baño, notó las extrañas luces flotando en medio del aire.
—Qué mierda de iluminación —dijo el rubio— ¿Cómo hacen para mantener así estas luces?
El problema comenzó cuando Skwisgaar tocó una de esas luces flotantes. Eso hizo que aquella y todas las demás brillaran con mayor fuerza y se movieran en direcciones aleatorias. La luz tocada por el rubio aumentó su tamaño y tomó la forma de un fantasma con ojos pequeños amarillentos, enorme boca y pequeños brazos, que secretaba un viscoso líquido brillante y verdoso, llamado ectoplasma.
—¡AAAAAAAHHH! —Gritaron Skwisgaar y el pegajoso fantasma al unísono, para luego huir en direcciones opuestas.
Esos gritos de terror despertaron a los demás miembros.
—¿Quiénes están gritando como maricas? —preguntó Nathan, molesto de que hubiesen interrumpido su sueño.
Cuando el vocalista salió, vio el enorme cúmulo de luces verdosas que lo llevaron al susto, especialmente cuando estas se reunieron formando un cúmulo luminoso que parecía preparado para perseguir al vocalista. Este huyó por instinto y la luz lo persiguió.
Murderface también salió por el ruido, al abrir la puerta, la figura de una mujer voluptuosa, de cabello largo negro, tez blanca y completamente desnuda, estaba llamando al bajista usando sus dedos y con una sonrisa promiscua.
—¡Ay, mamá! —dijo, completamente excitado— ¡Es mi día de suerte! ¡Gracias, Dio!
Murderface fue corriendo para abrazarla y besarla mientras le agarraba sus nalgas. Pero antes de siquiera tocarla, la cara de la mujer se fue desprendiendo y su cabello fue cayendo, como si se derritiera su piel, dando a revelar su cráneo y emitiendo un brillo verdoso en su cuerpo. El espíritu esquelético gritó con un sonido profundo indescriptible, mientras que en el desnudo cuerpo aparecía un fino atuendo de la edad media de color escarlata.
—¡AAAAAAAAH! —gritó Murderface por el terror.
Mientras huía del espíritu, pasó por el salón principal y vio una pintura antigua, con la imagen de la mujer que se transformó en esqueleto. Con ese detalle, llegó a una conclusión:
»¡Es un fantasma!
—¡No me digas! —gritó Pickles, corriendo en sentido contrario y solamente en calzoncillos.
—¿Y tu ropa?
—Me vestía para ver qué ocurría, cuando los muebles se movieron y me fueron quitando lo que tenía encima.
—¡Auxilio! —se escuchó la voz de Toki, a lo lejos.
—¡Toki está en problemas! —dijo Pickles— ¡Debemos ayudarlo!
—Sí —dijo Murderface—. Tengo la solución… ¡HUYE!
El bajista huyó siguiendo el rumbo que seguía.
—¡Murderface! —Gritó Pickles con enojo—. ¡Eres un puto maricón!
Pickles se devolvió hacia donde se oían los gritos de Toki. En el camino, encontró un hacha oxidada y la tomó. Trató de abrir la puerta de la habitación del guitarrista rítmico, pero la encontró cerrada.
»¡Maldición! ¡Descuida, Toki, voy a ayudarte!
Pickles usó el hacha y fue rompiendo la puerta. Cuando ya quedaba poco para romperla, vio a Toki atado de pies y manos en su cama, con las viejas sabanas de la habitación. Al entrar finalmente, el baterista pelirrojo gritó:
—¡Ahí voy, Toki!
Trató de usar su hacha para romper las ataduras. Pero lo único que hizo fue asustarlo, porque el movimiento de la cama no le permitía dar en el blanco y dio un par de hachazos, uno cerca del brazo derecho y otro a centímetros de la pierna izquierda.
—¡Ya basta, Pickles! —gritó Toki—. ¡Me cortarás mis partes!
—¡No te muevas, Toki!
—¡Como si yo estuviese moviendo la cama!
Mientras estaban metidos en el dilema, Nathan seguía huyendo por el castillo. Pero al oír los gritos de sus compañeros, un ímpetu de ayudarlos brotó de golpe en su interior. Repentinamente dejó de huir y dio la media vuelta con mirada de enfado. El cúmulo de luces que lo perseguía se detuvo repentinamente en frente. Para intimidarlo, se movieron directamente hacia él como una ola de mar gigante, pero el vocalista de Dethklok se mantuvo parado con valentía. Las luces, al ver que el indeseado invasor seguía parado, se separaron y poseyeron todo objeto presente en el pasillo. Nathan lo vio y pudo tomar una barra metálica como las usadas para mover las brasas de una chimenea. La tomó como si de un bate de béisbol se tratase.
—Así que con esas iremos, ¿eh?
Cuando los primeros objetos fueron al ataque, Nathan tomó la barra y los golpeó directamente, rompiéndolos y sacando las luces que huyeron a otra parte. El resto de los objetos poseídos se acercaron con igual violencia y Nathan los recibió con la barra.
»¡Sientan el poder de mi vergazo! ¡FANTASMAS DE MIERDAAAAAAA!
En tanto, Skwisgaar había salido del castillo, tratando huir de ese fantasma verde. Para su desgracia, el aludido, detrás del primero y precisamente huyendo de él, se tocaron las espaldas. El rubio sintió un viscoso líquido en su espalda. Al mirar ambos detrás, ambos gritaron, el pegajoso fantasma se le pegó a la cara a Skwisgaar, dejándolo completamente verde mientras iba hacia un lugar desconocido. Lo malo para el rubio, fue que a lo lejos, se vieron figuras de personas vestidas como en la antigüedad, que tenían rastrillos y antorchas, pero éstas emitían un fuego verde. Cuando miró más detenidamente, notó que las personas tenían piel pálida y sus caras dañadas por putrefacción. Se trataban de zombis, los suficientes para rodear el castillo, Skwisgaar se vio imposibilitado de salir.
—ΜΛΦΛΜ—
Murderface se encerró en el sótano, poniendo el picaporte —con dificultad, por la oxidación del metal— y tratando de evitar el espíritu. Sin embargo, echó un vistazo y descubrió urnas y ataúdes que estaban repartidos en el sitio. Había entrado en un mausoleo y era precisamente esa zona donde estaba enterrado el cuerpo del espíritu del cual huía. En el suelo brotó un vapor luminoso, lo que lo asustó de sobremanera.
—¡Ay, mamá! —dijo el bajista.
La carga espiritual se hacía cada vez más peligrosa, al punto de todos los miembros de Dethklok, en sus propios problemas, imaginaban que su final estaba cerca. Fue ahí que el bajista se aterró al ver el espectro con forma humana del cual huía. Se le apareció en medio de la habitación, su rostro esquelético terrorífico, vestido en un atuendo medieval de color escarlata, que le daba un aspecto curvilíneo y llamas verdosas, rodeándolo por completo. Murderface imaginó que era quien ordenaba a los espíritus del castillo, ella era la Reina fantasma del castillo. Había abierto su esquelética mandíbula y aspiró, su intención era consumir el alma de Murderface. El último se había arrinconado lo más que pudo al muro, al no tener una alternativa de escape y notar que el picaporte oxidado quedó apretado. Estaba tan aterrado, que sentía su cuerpo tembloroso, esperando su hora, viendo cada vez más cerca ese rostro terrorífico, desagradable, que le llegaban a sentir náuseas.
Antes que la Reina Fantasma le diera su mordida final, Murderface llevó instintivamente sus manos un poco al frente y llegó a agarrar algo suave por la superficie, pero duro en su interior. El bajista cambio inmediatamente su expresión de terror a una de extrañeza, para pasar lentamente a un placer sexual.
»Esto es…
Se dio cuenta que le había agarrado el trasero a la Reina Fantasma, el cual tenía cierta dureza, cómo el de una supermodelo que va al gimnasio con regularidad. Aunque también agarraba la tela del traje, Murderface imaginaba ese trasero de una piel suave y piel de gallina, algo que jamás había disfrutado antes.
»Ay qué buena forma de morir —dijo en voz alta y cerrando sus ojos con excitación—. Jamás en mi vida había agarrado algo de tanta calidad.
Asumiendo su final, el bajista sólo se limitó a seguir agarrando con fuerza las nalgas del fantasma para, por último, disfrutar esa muerte inminente y decir en el infierno que valió la pena su muerte. Sin embargo, estaba pasando un par de minutos y no ocurría nada. No sentía su vida desvanecerse ni nada parecido, se empezó a extrañar y abrió los ojos para ver qué ocurría. Para su desgracia Murderface vio directamente al rostro esquelético desagradable de la Reina Fantasma, lo que sintió una repulsión, susto y pérdida del apetito sexual que estaba ganando. Inmediatamente, soltó las nalgas y se alejó lo poco que pudo de la Reina que, por lo que apreciaba, parecía mostrar un deseo carnal.
Murderface sabía que podía tomar el cuerpo perfecto de una chica espectro, algo que ninguno de los miembros de Dethklok había hecho, así podría presumirles de haberse relacionado con un fantasma. Pero, por más que trataba, con sólo mirar el rostro esquelético, perdía toda emoción por concretar su proeza. Murderface solamente se resignó:
—No sabes cuánto me arrepiento de decírtelo. Mira, yo quiero algo contigo y tú quieres algo conmigo, pero ese rostro tuyo… Ese feo rostro que tienes, ese horripilante rostro, me mata las ganas de querer algo contigo. Lo siento.
Cómo era de esperarse, la Reina Fantasma se enfadó tanto, que sus llamas verdosas habían vuelto con fuerza y abrió su mandíbula, emitiendo ese grito espectral y ruidoso que se escuchó en todo el castillo, al punto de que los miembros del club también sentían ese horripilante mientras lidiaban con sus problemas.
—¡Ok, ok calma! —dijo Murderface—. ¡¿Pero cómo le hago?! Quiero hacer esto, sí quiero, pero tu rostro… ¿No te puedes transformar en esa belleza desnuda otra vez.
La Reina Fantasma volvió a gritar.
Preocupado, Murderface estaba mirando a distintas partes del mausoleo, tratando de imaginarse la situación más placentera posible. Trató de fantasear con una bella actriz porno, para evitar pensar en el rostro esquelético. Pero solo duraba unos cuantos segundos, veía el esquelético rostro y sus deseos se iban inmediatamente y, por más que trató, no lograba que su parte más penosa funcionase. Afortunadamente, en una orilla había encontrado la solución a sus problemas: un balde de madera para sacar agua de pozo, el cual usó para tapar con fuerza desmedida la cabeza de la Reina Fantasma.
La solución había funcionado, el bajista de Dethklok, quien nunca tuvo la suerte de relacionarse sexualmente con una chica de voluptuoso cuerpo, la agarró con desesperación y, como un animal salvaje, la llevó al suelo. Le abrió toda la ropa que revelaba una piel que, aunque pálida y fría como la de un cadáver, era bastante suave. Su cuerpo era tan curvilíneo cómo lo había visto cuando se mostró en su habitación. El bajista hizo lo propio al sacarse todo su ropa y quedando los 2 en la clásica posición del «misionero». Murderface disfruto todo lo que quiso, liberó todas sus tensiones y, en el momento final, levantó su rostro y miró al cielo como una foca, para celebrar su victoria.
»¡SIIIIIIIIIIIIIII!
—ΜΛΦΛΜ—
Poco después de acto, la Reina Fantasma había desaparecido y el cielo se había despejado. Los espíritus y espectros que estaban aterrorizando a los demás miembros habían desaparecido. Hubieron muchos minutos de silencio, en los que todos miraron extrañados el repentino momento de calma. Notaron que el peligro había desaparecido y, finalmente, todos salieron del castillo a contemplar el amanecer y se extrañaron al ver un objeto en el cielo que iba hacia ellos.
—Ese es… —dijo Nathan.
Era el Dethcopter, los miembros estaban contentos de que por fin llegase el vehículo que les permitiría salir del mísero lugar. Al descender e instalar su rampa, Abigail salió a ver a sus muchachos:
—¿Disfrutando sus vacaciones, chicos?
—Fue un asco —dijo Nathan.
—Me arrepiento de haber venido —dijo Toki.
—Discúlpanos Abigail —dijo Skwisgaar, cubierto por un pegajoso material brilloso—, no te hicimos caso
—Era mejor continuar con la producción de nuestro disco —dijo Pickles, en calzoncillos.
—Hablen por ustedes, idiotas —dijo Murderface, en calzoncillos, completamente cubierto por el verdoso ectoplasma y con sus párpados caídos—. Yo la pasé excelente.
la mánager, viendo la opinión tan contraria del bajista, miró detenidamente el ectoplasma que le cubría:
—¿Qué te pasó, Murderface? —le preguntó.
—Una chica... ¿Has oído esa canción que dice «soy fea, pero sexy(**)»?
Todos miraron al contento y empapado bajista.
—Em… olvídalo, no digas nada —dijo Abigail—. La verdad, vine porque los necesitamos a todos, ahora mismo.
—¿Ocurre algo?
La mánager puso una mirada seria y dijo:
—Hexagram…
Los miembros de Dethklok miraron a Abigail con una mirada igual de seria.
NOTAS
*La pera de angustia es un instrumento de tortura usado en la Edad Media, que consistía en un objeto metálico en forma de pera (de ahí el nombre). Éste se colocaba en la boca de la víctima y, al girar un tornillo en su base, se abría gradualmente hasta romperle la mandíbula.
**La canción mencionada es una cumbia ranchera, llamada «Fea, Pero Sexi», de la banda Los Halcones Negros.
