Hola guapas y guapos, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo final de este mini fic, el cual alguna vez lo pensé como two-shot, pero por esas cosas de la vida se alargó. Espero que les guste.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

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Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi último shot: Velmon, MarFer Hatake, Yi Jie-san, Roronoa Saki, Arita Nara, fiorelaa91, ANABELITA N, AnitaNara040922 y Lirio-Shikatema. Muchas gracias por comentar, les mando un gran beso.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Problemática rivalidad profesional

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Capítulo 4.- Limando asperezas (Tercera parte)

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El pelinegro al darse cuenta de lo extasiada que estaba, decidió adentrándole un par de dedos, y así cambiarle el ritmo de golpe.

Ese cambio la mató.

La mujer abrió los ojos de forma exorbitante al sentir ese par de intrusos adentrarse. Éstos comenzaron a ser movidos de forma frenética, lo que la extasió sobremanera.

Los gemidos y jadeos rápidamente se intensificaron, llegando a tal punto que su cuerpo no lo resistió.

Sus piernas se debilitaron y su cuerpo se estremeció.

—Ayyy, Kami.

La rubia gimió contrayendo el rostro, había logrado alcanzar un orgasmo intenso y delicioso.

Shikamaru sonrió triunfante, había conseguido que la ojiverde se corriera. Sacó los dedos de aquella empapada cavidad para así chupar la esencia que había en éstos.

—Me encanta tu sabor, mujer —susurró con frenesí, acercando otra vez su boca a la mojada guarida de ésta para succionar los restos de fluidos que habían quedado en su interior.

El éxtasis se le reflejó en el rostro. A esa altura, disimular las sensaciones que le provocaba el moreno era imposible.

Cerró sus ojos, esbozando una sonrisa al final.

Luego de permanecer de unos segundos, sintió los labios del azabache ascender desde su monte de venus hasta uno de sus senos. Atrapó con la boca su pezón erecto, con el que jugó, para luego succionar con desenfreno.

Se excitó, contrajo el rostro y jadeó.

Las manos del pelinegro recorrieron con desosiego su curvilínea figura. Lo hizo repetidas veces, mientras seguía devorando sus redondos senos.

Ella volvió a gemir cerrando fuerte sus ojos.

—Ayyy mujer me tienes loco —musitó extasiado, tratando de meter sus manos por debajo de la espalda de ésta con el fin de levantarla.

Ella rodeó el cuello del hombre con sus delgados brazos, y éste rápidamente la tomó por la espalda, para luego comenzar a enderezarse. En ese proceso, ella bajó sus piernas del escritorio, dejándolas abiertas para que el moreno nuevamente se posara entre éstas.

Una vez erguido, quedó con ella entre sus brazos, tal como en un comienzo, pero con la pequeña diferencia que ahora ambos estaban sin ropa de por medio.

La atmósfera que los rodeaba se tornó más que lujuriosa. El deseo se les veía reflejado en los ojos, y la pasión les brotaba por los poros, ¿qué podían hacer? Sencillo, simplemente dejarse llevar por los instintos.

Con premura, el pelinegro bajó su boca hasta alcanzar los labios de la rubia. Los atrapó desaforado, iniciando una apasionada sesión de besos que lo extasió de inmediato. Sus lenguas rápidamente se entrelazaron, a su vez que los sobajeos también se intensificaron.

Temari sintió la dura demanda del moreno sobre su sexo, lo que de inmediato la hizo jadear.

—¡Oh, Kamisama! —balbuceó excitada.

—Te gusta —susurró lascivo, el pelinegro, llevando su boca hacia la oreja derecha de la mujer, para luego recorrer con su lengua todos los pliegues que habían en su órgano auditivo.

Se estremeció.

—Me encanta sentirlo tan duro —musitó extasiada, dejando sus labios entre abiertos.

Las manos de la rubia rápidamente descendieron desde sus omóplatos hasta atrapar sus bien formados glúteos, los cuales apretó y amasó de forma desesperada.

Ese gesto hizo que Shikamaru se prendiera aún más, por lo que no tardó en llevar sus manos alrededor de los muslos de la rubia con el fin de adentrarse pronto en su ardiente cavidad. La rubia al percatarse de su objetivo, soltó rápido los glúteos de éste, y llevó sus manos sobre el escritorio para deslizar su trasero más a la orilla. Enseguida posó sus palmas en la superficie plana que había detrás de donde estaba sentada, y echó su cuerpo hacia atrás, en un ángulo de cuarenta y cinco grados, utilizando los brazos como soporte.

Su intimidad quedó expuesta.

El pelinegro al ver a la rubia tan dispuesta, la tomó firme por los muslos, posicionado su hinchado glande en la entrada de aquella ardiente cavidad. El deseo lo carcomía, necesita hundirse en ella a la brevedad.

Y lo consiguió.

De una sola estocada, la penetró.

—¡Ayyy, Kamisama! —gimió extasiada, la mujer, al sentir que se había acoplado perfectamente en ella. A su vez, él también gimió, al sentirla tan húmeda y estrecha.

Sin perder tiempo, el moreno comenzó a embestirla con ímpetu. Necesitaba calmar aquel deseo que lo estaba atosigando, necesitaba saciarse de ella.

La rubia sintió el desenfreno de él en cada una de sus arremetidas. Podía sentir como él se deslizaba bruscamente a lo largo de su empapada guarida.

Esa sensación le fascinó, incitándola a gemir.

—Ayyy, Kami

Escuchar a la rubia completamente extasiada, lo calentó una enormidad. Sujetó con más fuerza los muslos de ésta, y la penetró como animal.

La rubia contrajo el rostro, y sus brazos comenzaron a flaquear.

Era imposible seguir resistiendo las duras embestidas que le propinaba su compañero con la postura que tenía.

El azabache se percató de aquello, por lo que desaceleró el ritmo de sus arremetidas.

Ella apoyó ambos antebrazos sobre el escritorio, y como pudo descendió su tronco hasta posarlo sobre la superficie plana.

Ver a la mujer tendida en todo su esplendor, lo volvió a extasiar. El moreno echó ambas piernas sobre sus hombros, alzó su redondo trasero alineándolo con su miembro, y la volvió a penetrar con brusquedad.

El éxtasis se volvió a reflejar en ambos rostros, sin embargo, ella quería mucho más.

—Más fuerte, Nara —balbuceó contrayendo el rostro —, más fuerte.

La cara del pelinegro se desencajó.

—Deja de decirme Nara, mujer —espetó bajando notoriamente la intensidad de sus arremetidas.

Sus miradas rápidamente se cruzaron.

—¡Te dije que más que más fuerte! —exclamó, la rubia, con cierto desasosiego.

—Di mi nombre, problemática —aseveró con seriedad, el pelinegro, moviéndose lentamente su erección en formar circular—, sino te juro que no seguiré follándote.

El moreno sabía que esa frase era un arma de doble filo, sin embargo, la probabilidad de que la rubia se enfadara y mandara todo a la mierda era, con suerte, de un cinco por ciento.

Sus cálculos no podían fallar.

Temari lo miró confusa, no lo podía creer lo que había escuchado, sin embargo, en cosa de segundos, pensó fríamente y frunció el entrecejo.

—Más fuerte, Shikamaru, porque te juro que si no continuas, apena lo saques te lo voy a cortar —sentenció con convicción.

El hombre la miró estupefacto, pero a los pocos segundos volvió a la realidad.

Chasqueó la lengua y cerró los ojos.

—Está bien, tú ganas problemática —espetó resignado.

—Así me gusta, Shikamaru —le respondió de un tono lascivo, mordiéndose el labio inferior.

Lo sorprendió.

El pelinegro la miró embobado por un par de segundos, e instantáneamente el deseo resurgió.

—No sé cuál es tu afán de fastidiarme, mujer —susurró en tono lujurioso, que a ella la derritió —, pero ya verás, quien reirá al final.

Volvió a tomarla firme por los glúteos y de una sola estocada la penetró.

—Ahhh —se quejó extasiada, volviendo contraer el rostro. Sabía que lo mejor estaba por comenzar.

Los movimientos del moreno no se hicieron esperar. La embistió con dureza y con desenfreno, prácticamente parecía un animal en época de apareamiento.

Ella resistió sus embates con estoicismo. Era su castigo por haberlo fastidiado e interrumpido cada vez que ella quiso.

Los jadeos y gemidos se intensificaron, inundando rápidamente toda la oficina. El sudor cubrió por completo sus cuerpos, como si hubiesen corrido la maratón más larga de sus vidas.

—Más fuerte, Shika —continuó exigiéndole, la rubia, entre gemidos.

—Mujer insaciable, quédate callada que me calientas más.

Cerró fuerte los ojos y se concentró, volviendo a acelerar el ritmo.

El éxtasis aumentó sobremanera y la rubia se comenzó a desesperar. Sus manos apretaban cada vez más fuerte el borde del escritorio, sin embargo, aún tenía fuerzas para chillar.

—Sigue, Shika, sigue —balbuceó como pudo, la ojiverde. A penas podía hablar, pero aún tenía fuerzas para seguir aguantando los embates del hombre, ya que la posición que tenía, la favorecía bastante.

—Mujer problemática, ya verás —acotó entre jadeos, el pelinegro. Apretó fuerte la mandíbula y arremetió como animal.

Ese nuevo cambio de ritmo a ella le fascinó. Podía sentir la toda pasión del pelinegro en cada fuerte estocada que le propinaba.

Se mordió el labio inferior.

Poco a poco sus frenéticos embistes comenzaron literalmente a volverla loca. La fricción que él provocaba al chocar su sexo contra el suyo era demasiado deliciosa.

Los jadeos y gemidos de ella se intensificaron, y los de él, no se hicieron esperar.

Sintió como él volvió acelerar sus penetraciones, ¡por Kami!, su cuerpo no lo iba a soportar. El éxtasis se incrementó de golpe haciéndola de pronto delirar.

—Ayyy, Kamisama —gimió extasiada, y su cuerpo de una se estremeció. Cerró fuerte los ojos y una sensación exquisita la invadió.

Suspiró.

Ver a la rubia alcanzar su orgasmo, mientras él la seguía penetrando, lo hizo colapsar de inmediato. El moreno se salió rápidamente de ella, derramando su esencia en el piso cerámico.

Bajó el trasero de la mujer sobre el escritorio.

Luego de semejante sesión de sexo, Shikamaru se tiró jadeante en la primera silla que encontró. Necesitaba normalizar sus latidos cardiacos, al igual que su respiración.

La rubia al igual que su compañero, se quedó tendida sobre ese duro escritorio, con el fin recuperar el aliento. Necesitaba desacelerar sus revoluciones para así poder pensar con claridad.

El silencio se adueñó del lugar. Había pasado más de cinco minutos y la rubia no se movía de donde quedó.

Shikamaru al percatarse de eso, se puso de pie. Tenía los brazos algo entumecidos, así que se desperezó. Con la parsimonia que lo caracteriza, se subió el pantalón para luego acercarse al escritorio.

—Temari —susurró, sin embargo, ella no le respondió.

Avanzó hasta el costado del escritorio, deteniéndose justo a la altura de su rostro. Parecía dormida, ya que su respiración se notaba demasiado suave y pausada.

El pelinegro apoyó sus manos en el borde del mueble, y se inclinó sobre ella para observarla de más cerca. Pese a la poca luminosidad del lugar, podía detallar todas sus facciones.

Se veía tan hermosa dormida.

Parecía un ángel que había caído del cielo, ya que tenía todo sus cabellos desgreñados. Luego de admirarla por varios segundos, se separó de ella para buscar su camisa. Rápidamente la halló, la recogió y se la puso enseguida. Luego caminó hacia el pasillo, buscando el vestido de ella, para luego recoger sus otras prendas que estaban tiradas cerca del escritorio.

Volvió a inclinarse sobre su rostro.

—Despierta, mujer —le susurró cerca del oído, y ésta enseguida abrió los ojos.

—Shikamaru… —musitó con pereza, algo poco común en ella. Lentamente intentó de sentarse.

Por acto reflejo, él la ayudó a enderezase, tomándola suavemente por hombros.

—Al parecer me quedé traspuesta.

—Dormida, diría yo.

Ella frunció el ceño, sin embargo, él sólo le sonrió.

—Toma tus cosas —espetó, pasándole sus prendas.

—Gracias —respondió algo incómoda por el gesto. Ella cogió su ropa y lo observó.

—Veo que ya estás vestido.

—Sí, preferí vestirme antes de despertarte, así te daba un par de minutos más para que descansaras.

—¡Vaya!, ¡qué considerado!

—No seas sarcástica, mujer, fue algo que me nació —replicó sin dejar mirar sus bellos ojos. Enseguida, le sonrió de medio lado —. Me alegro que vuelvas a ser tú.

Ella desvió la mirada de esos ojos oscuros que la analizaban. Tomó su sostén y se colocó. Luego siguió con su braga, la cual no pudo colocarse bien ya que estaba sentada. Rápidamente bajó del escritorio y se subió la prenda. Enseguida se puso el vestido. Llevó sus manos a su espalda para subir el cierre, cuando de repente, una voz le recordó que no estaba sola.

—¿Te ayudo? —inquirió, el pelinegro, colocándose a su lado.

—Hmp… bueno —respondió sin mirarlo.

Shikamaru se acercó a la espalda de la rubia, tomó la punta del cierre con una de sus manos, y lentamente lo subió, enganchando al final el broche.

—Gracias —acotó, la rubia, al percatarse que el hombre había terminado. Dio un par de pasos rápidos hacia el frente con el fin de tomar su cartera e irse, sin embargo, no pudo continuar, ya que Shikamaru le agarró uno de sus brazos.

Cerró los ojos y suspiró. Lentamente, la mujer giró su cuerpo quedando, otra vez, enfrente de él.

Lo miró fijamente.

—Sé que tienes prisa por llegar a tu casa, sin embargo, creo que tenemos una conversación pendiente.

El pelinegro sabía que no era lo más inteligente que pudo haber dicho, pero de alguna manera tenía iniciar esa conversación.

Soltó su brazo.

—Si te refieres a mi molestia porque tú y tu equipo se quedaron con la campaña de Konoha Corporation, no te preocupes, ya lo superé.

La franqueza con la que habló llamó su atención. No era el tema que precisamente quería tratar con ella, aunque de cierto modo le interesó.

—¿Me estás hablando en serio, mujer? —inquirió, mirándola con curiosidad.

—Por supuesto. No me gusta llorar por mucho tiempo sobre la leche derramada. Sé cuando tengo que cerrar un ciclo.

—Pero eso sucedió sólo hace un par de horas.

—Lo sé, pero si no lo hago, no avanzó. Me derrotaste limpiamente, Shikamaru Nara, lo asumo y acepto mi derrota.

El pelinegro quedó sorprendido por la convicción de la rubia, sin duda, era una profesional en toda la extensión de la palabra, sin embargo, ese tema no era el asunto pendiente que él quería aclarar con ella.

—Me alegra saber que superaste lo de la campaña, pero la verdad es que el asunto que quiero tratar contigo no tiene que ver con el ámbito laboral —espetó sin tapujos, el moreno, disimulando su nerviosismo.

No había que tener más de dos dedos de frente para entender a lo que se refería.

—No sé por qué nuestra discusión terminó en lo que terminó —habló con seriedad, la mujer —, supongo que fue producto de la tensión del momento, sumado al estrés laboral que cargamos.

—Yo no sufro de estrés laboral, Temari —le respondió con franqueza, el pelinegro—, y tampoco estaba exaltado al momento que comenzamos a discutir.

—Pero igual terminaste furioso.

—Es que tú me sacaste de quicio.

—¿Por eso me cerraste la boca con beso? —inquirió mirándolo con detenimiento.

—Sólo quería demostrarte que puedo calmar tus demonios —se sinceró, el moreno—, y créeme que me encantó hacerlo.

Sus palabras la incomodaron, no fue capaz de sostenerle la mirada.

Shikamaru al no escuchar réplica de su parte, decidió continuar.

—Temari, quizás tú pienses que todo lo que pasó entre nosotros fue producto de la adrenalina del momento, y pude que en parte tengas razón, pero tuvimos la oportunidad de detenerlos, no una, sino dos o más veces, sin embargo, no lo hicimos. La pregunta es ¿por qué?

Ella alzó su rostro para hablar, sin embargo, las palabras no le salieron. Fijó su vista hacia la nada, y luego bajó la mirada.

Al ver que ella no pudo responder, el moreno prosiguió.

—¿Sabes, por qué yo no me detuve? —su voz volvió a captar la atención de la rubia, lo que hizo que ella alzará otra vez el rostro—, porque para mí era un como sueño hecho realidad. Siempre me has gustado, mujer, aunque en estos ocho meses me hayas tratado a las patadas.

La rubia abrió los ojos desmesuradamente. No esperaba tal confesión, ya que ella nunca se comportó adecuadamente con él.

Sonrió forzadamente.

—Sé que no he sido muy simpática contigo, pero entiéndeme, antes que tú llegarás a la agencia, el talento andante era yo —reveló de una manera muy particular, el problema que tenía con él.

—Eres muy engreída, mujer… pero me gusta tu forma de ser.

—Estoy sincerándome, no me interrumpas —espetó seria —. Ahora, lo que ocurrió en ese jueguito de quien doblega a quien, no me lo esperé. La situación se me escapó de las manos —resopló —. En resumen: Ganaste.

Shikamaru enarcó una ceja, la muy problemática había hablado tanto, pero al final no había dicho nada.

—Explícate mejor, mujer.

La rubia frunció el ceño.

—¡Me tenté, Shikamaru!, ¡eso querías escuchar! —exclamó molesta, la rubia —. No estoy ciega después de todo.

Él sonrió ante sus dichos, sin embargo, quería que fuera más clara. La volvió a pinchar.

—¿En resumen? —espetó mirándola con atención.

Ella chasqueó la lengua.

— ¡Me gustas, idiota! ¿Estás contento? —lo miró con rabia, ya que a ella lo que menos le gustaba en la vida era dar explicaciones—. Me extraña que no me entiendas, si se supone que eres un cerebro andante.

El moreno volvió a sonreír. Sabía que para ella hablar del tema era incómodo, pero tenía que hacerlo, era la única forma de conocer el terreno donde se estaba moviendo.

—¿Tanto te costó reconocerlo?

—Pues, sí —aseveró ya más tranquila. Sentía que se había sacado una roca de encima —. No es fácil reconocer que te guste alguien que alguna vez odiaste a muerte.

—¿Me odiaste a muerte? —inquirió mirándola con curiosidad.

—Nunca tanto, sólo quería que un automóvil te arrollara para que así faltaras a la agencia una par de semanas.

Su macabro comentario le heló la espina dorsal.

—Eres perversa, mujer.

Ella sonrió sardónicamente.

—Fue tu culpa que aflorarán todos esos sentimientos en mí.

—Temari, eres una mujer muy problemática —espetó, el pelinegro, tomando el rostro de ésta entre sus manos —, pero tengo la certeza que podré lidiar con ello.

Lentamente, el pelinegro acortó distancia y atrapó sus labios en un suave beso.

Ella lo respondió sin rechistar.

—Sabes, mujer, que es lo bueno de que haya ocurrido todo esto —señaló al separar los labios de la mujer.

—¿Qué te voy a dar una oportunidad? —inquirió curiosa.

—¿Me la darás? —interrogó. Una sonrisa se apareció en rostro.

—Mmmm, lo voy a pensar —acotó falsa soberbia

—Mujer engreída, pero no me refería a eso.

—¿Entonces?

—Que ya no me verás más como un rival, por ende, podremos trabajar en paz. Además, dejaras de decime niño, niñato e incluso mocoso. Es un gran avance, ¿no crees?, ya que me estabas traumando con tantos apodos.

—Tampoco te he dicho Nara —aseveró serena —. Sabes, me he portado muy bien contigo, deberías darte con una piedra en los dientes.

—Es lo mínimo que puedes hacer después de tratarme a las patadas por más de ocho meses.

—Te lo merecías, por igualado.

—Tsk, mujer problemática. Mejor vamos a limpiar y a ordenar el puesto de Naruto —acotó, soltándole el rostro —, sino mañana hablará todo el santo día. Debemos evitar que cualquier rumor llegue a los oídos de Tsunade.

—Tengo una duda, ¿por qué tuvo que ser en el escritorio de Naruto?, si habían otros escritorios más cerca.

—Porque ahí hay un punto ciego.

—¡Mierda!, ¡las cámaras!

—¿Y recién las recuerdas, mujer?

—¡Por qué tenía que recordarlas! Nunca pensé que nuestra discusión terminaría en una exquisita sesión de sexo.

—Pues, yo tampoco, si no hace tiempo ya te hubiese buscado pleito.

—Muy gracioso, Nara.

—Hablo en serio, mujer, quizás a esta altura ya lo hubiésemos hecho en todos los puntos ciegos.

—¿Piensas que soy una pervertida?

—No menos que yo, mujer, no menos que yo.

—Tsk, idiota.

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Una nueva jornada laboral había comenzado en la agencia, y como todos los días, los creativos ya estaban en sus respectivos puestos.

—¿Entonces que van a querer ? —preguntó un entusiasta Lee antes de salir de la oficina.

—Un mocachino grande con una de azúcar, y una rosquilla bañada en chocolate —chilló, Tenten, mirando a su compañero.

—Yo quiero un capuchino vainilla grande, obviamente con una de azúcar —alzó el rostro, Temari, topándose con ojos negros de su amigo—. Ahh, no olvides mi muffin de frambuesas.

—Okey, chicas, voy a comprar. Me cubren si Tsunade pregunta por mí.

—No te preocupes, Lee, ve tranquilo —respondió la castaña mientras revisaba su correo.

El de cejas gruesas rápidamente cerró la puerta, dejando a las dos mujeres en la oficina.

Tenten en un santiamén giró su asiento.

—Todavía no puedo creer que te lo hayas comido, y pensar que sus amigos creían que lo ibas a matar.

—No sé de dónde sacaron que yo lo podía matar, ni que fuera una criminal.

—Jajajaja, pero lo mataste de cierto modo —espetó burlesca, la morena—. Bueno, Naruto fue el que sembró la histeria en el grupo.

La rubia resopló.

—Quien más podía ser.

Desde el otro lado de la pared, un fuerte grito llamó la atención de ambas.

Nara Shikamaru y Sabaku no Temari, a mi oficina.

Era Tsunade que había llegado a la agencia, y al parecer estaba convocando a reunión.

—¿Tú crees que se enteró de algo? —espetó preocupada, la castaña.

—No creo, usamos un punto ciego —acotó la rubia seria, colocándose de pie —. Iré a ver que quiere.

—Suerte amiga.

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—Adelante, tomen asiento —hizo un ademán con la mano, la dueña de la agencia.

Ambos se sentaron en silencio.

—No sé qué les ocurrió, pero hoy los veo más relajados —la mujer mayor los miró detenidamente, sin embargo, ellos mantuvieron la compostura —. Bueno, iré directo al grano: Akatsuki Corporation llegará al país.

—¿La contactaron para hacer la campaña de entrada? —espetó emocionada la ojiverde, al escuchar el nombre de una de las compañías de telecomunicaciones más reconocida a nivel mundial.

—Digamos que sí, pero no sólo a mí, sino también a Orochimaru.

—¿Tendremos que competir entre agencias? —inquirió curioso, el pelinegro.

—Exacto, Shikamaru y ahí es donde entran ustedes.

Ambos enarcaron una ceja.

—Temari y Shikamaru, necesito que hagan la mejor campaña de entrada de sus vidas —señaló con seriedad, la ojimiel—. Akatsuki quiere llegar al público con publicidad agresiva.

—¿Cuánto tiempo tenemos para presentar la campaña? —preguntó curiosa, la rubia.

—Diez días.

—Es una broma, ¿cierto?, diez días es muy poco tiempo —espetó preocupado, el pelinegro.

—Ellos están acostumbrados a trabajar bajo presión, Shikamaru, no puedo hacer nada al respecto.

—Pero tendríamos que dedicarnos exclusivamente a eso —señaló, la ojiverde, mirando fijamente a la mayor.

—Es imposible, ustedes saben que hay mucho trabajo pendiente en la agencia. Lo único que puedo ofrecerles, son las tardes para trabajen en la campaña.

—Pero igual nos faltarían horas —acotó, el pelinegro, tratando de convencerla para que les diera los días completos —, tendríamos que quedarnos por lo menos dos horas todas las tardes.

—Si quieren un incentivo, les prometo a fin de mes un excelente bono por desempeño.

—Creo que aquí el dinero es lo de menos, nos vamos a terminar estresando con tanto trabajo —espetó, Temari, tratando de que la rubia mayor entrara en razón.

—Bueno, si el estrés es el problema, creo que eso ya lo tienen solucionado.

Ambos enarcaron una ceja.

—¿Por qué me miran así?, ustedes mismo tienen la receta y el medicamento a la mano.

—¿A qué se refiere señora Tsunade? —inquirió, el moreno, algo nervioso.

—No se hagan los santos conmigo, sé muy bien que ocurrió anoche en la agencia.

Ambos se quedaron de una pieza.

—No suelo mirar las cámaras, pero ayer por mera casualidad lo hice. Regresé al edificio sólo para cerciorarme que todo había finalizado normal, ya que al irme, Temari no estaba muy bien. Pedí a seguridad ver las cámaras de la oficina, y grande fue mi sorpresa al verlos «atracando», por menos no los vi «tirando», ya que al parecer caminaron hacia el punto ciego.

—Señora Tsunade…

—No quiero explicaciones, Temari, yo también fui joven alguna vez. Es una buena forma de limar aspereza —le habló con empatía, la ojimiel, y luego prosiguió —. Bueno, volviendo al tema, ¿cuándo comienzan?

Les sonrió ladinamente, prácticamente los tenía en sus manos.

—Hoy después del horario de colación —espetó con fastidio, el pelinegro, colocándose de pie.

—Así me gusta muchachos. Yo ahora tengo un compromiso, así que me retiro. Están en su casa, si quieren pueden hacer aquí su primera reunión, no hay problema.

La rubia de ojos miel rápidamente se puso de pie, y salió de la oficina, dejando a la pareja sola.

—Tsunade resultó ser toda una chantajista —espetó molesta, la rubia, cruzando los brazos.

—Bueno, mujer, después todo trabajar juntos no será tan malo —acotó, el moreno, estirando sus brazos para ayudarla a levantarse.

Ella tomó sus manos y se puso de pie.

—¿Tú crees? —inquirió enarcando una ceja.

—Por supuesto, ya que compartiremos más, nos conoceremos más y terminaremos usando los dos puntos ciegos restante.

—Idiota —acotó con falsa molestia, sonriendo al final.

—Ves, libidinosa, no puedes negar que te gustó la idea.

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FIN

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Gracias por leer, espero que les haya gustado.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor (yo los amo).

Más rato responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré.

Nos leemos en mi próxima actualización.

Que tengan un buen fin de semana. Les mando un fuerte abrazo.

Saludos.