TOP 10 PAREJAS RARAS
#7 Imperio Romano/China
Después de una tediosa reunión de naciones algunos de los países decidieron ir a tomar unas copas para aliviar la tensión de la junta. Fueron a un bar cercano donde comenzaron una amena platica, bueno amena solo para algunos…
-¿Y cómo era vivir con Roma?- preguntó Estados Unidos después de que un ebrio Inglaterra empezara a hablar de sus siglos de juventud y gloria, recordando de vez en cuando los días en los que aun se hacía llamar Britania y vivía con el famoso Imperio
-¡Vivir con el abuelo era muy divertido!- dijo entonces Italia sonriente
-sí, siempre pasábamos un buen rato haciéndole maldades ¿recuerdas?- coincidió España dándole un golpecito en el brazo a Francia con el codo, el rubio sonrió con nostalgia
-sí, siempre terminaba persiguiéndonos por los jardines- dijo el galo riendo
-también estaba… rodeado de mujeres hermosas… todo el tiempo…- agregó Grecia bostezando entre palabras
-el viejo no era tan malo, en realidad era algo amable- concluyó Romano un poco renuente a admitir su cariño por su abuelo
-el abuelito Roma era alguien maravilloso- opinó de nuevo Veneciano arrancándole una sonrisa a los presentes, incluso a Alemania, pero…
-¿¡en que retorcido universo el viejo pervertido de Roma era una persona maravillosa aru! ¡Ese tipo solo era una borracho libidinoso aru!- explotó entonces China que ya traía unos tragos encima; gracias a eso todo voltearon a verlo algo extrañados
-¿Conociste al Imperio Romano?- le preguntó entonces Rusia viendo al enfadado semblante del asiático que desvió la mirada algo avergonzado
-claro que conocí a ese sin vergüenza aru- respondió el moreno ahora si ganándose la mirada de todos trayendo a su alcoholizada cabeza las memorias del día en que conoció al Imperio Romano.
Aun podía ver con claridad sus días de aquella época, cuando a pesar de haber vivido tantos siglos su rostro parecía el de un adolescente que no pasaba de los 15 años.
China caminaba por las fronteras de su casa, estaba tan aburrido de quedarse en el palacio que decidió salir a estirar las piernas un rato, aunque definitivamente no esperaba encontrarse con eso:
Tirado entre los bambús había un hombre con las ropas más extrañas que el oriental hubiera visto en su vida, traía una faldón de cuero, con un elaborado peto de metal, anchas y al parecer pesadas hombreras, una raída y sucia capa roja y para terminar unas sandalias de cuero, a unos metros los que parecía ser un raro tipo de sable recto.
China observó de lejos al hombre, miró en todos lados buscando a alguien pero al no encontrar a nadie se acercó con cautela al cuerpo que aun parecía respirar. Con cuidado se arrodilló a un lado del extraño sujeto observándolo bien.
Sus facciones eran muy diferentes a las suyas, las del hombre eran duras y severas las cuales resaltaban mas gracias a la escasa barba en sus mejillas y mentón la cual China no pudo evitar acariciar reprimiendo una risita al sentir lo áspero de la barba y también estuvo muy tentado a acariciar esos rizos rebeldes de su cabeza pero antes de hacerlo escuchó un gruñido por parte del castaño que inmediatamente después abrió sus ojos provocando que el asiático intentara levantarse para huir, sin embargo el hombre fue más rápido y tomó con fuerza la muñeca del pelinegro impidiéndole escapar
-¿Dónde estoy?- dijo con voz ronca sin soltar al moreno calvándole sus ojos almendrados que debajo de ellos tenían unas marcadas ojeras.
China no dijo nada, en realidad parecía algo asustado por la fuerza que ese tipo estaba poniendo en su muñeca.
Al igual que China había hecho minutos antes, el desconocido examinó con la mirada al oriental dándose cuenta de que nunca había visto ropas parecidas ni esas facciones tan extrañas pero atractivas al mismo tiempo
-¿Y tú quien eres?- preguntó aun sin liberarlo pasándose la otra mano por el cabello. El asiático frunció el seño molesto por la falta de educación del extraño.
-eso debería preguntarlo yo, es más que obvio que eres un forastero aru-
-¿Forastero? ¿De qué hablas? Si estamos en India, lo que estoy seguro, pronto será parte del Imperio Romano- dijo el tipo muy confiado de sus palabras a lo que China abrió mucho sus ojos
-así que tú eres el loco que está conquistando occidente… ¿Cómo dices que te llamas? aru- preguntó China olvidándose de su miedo
-soy el Imperio Romano- contestó el otro sonriendo de manera galante
-Im… Impe… Ro…- intentó pronunciar China sin lograrlo así que desistió de su intento
-aunque… para ser honesto, no sabía que la India tuviera esta clase de bosques tan raros- comentó el castaño acariciando uno de los bambús que tenía cerca.
-eso es porque no estás en India. Yo soy china y esta es mi casa aru- explicó el oriental viendo como la cara de Roma palidecía en cuestión de segundos
-¿China? Discúlpame pero nunca había escuchado de ti pero ¿Cómo llegué aquí? Solo recuerdo que estaba bebiendo con mis hombres y de pronto… ah… creo que me emborraché demasiado…- dijo dejando caer sus hombros y agachando su cabeza
-¿cuánto se supone bebiste como para haber llegado hasta aquí sin darte cuenta aru?- le reprochó China al Imperio que solo se sintió aun mas avergonzado –creo que eso ya no importa aru…- dijo el asiático soltando un suspiro de resignación
-tienes razón, lo importante ahora es que…- comenzó a decir el romano -¡pude conocer a una chica tan hermosa como tú!- dijo feliz abrazándose repentinamente a la cintura del asiático
-¡quítate de encima! ¡No soy mujer aru!- gritó el pelinegro tratando de quitarse los brazos de Roma que aun sin soltarlo lo miró fijamente para después poner sus manos en el pecho del chino tanteándolo, inmediatamente después puso su mano entre las piernas del asiático que dio un saltito asustado
-¡no toques ahí aru!- reclamó con la cara roja cerrando las piernas empujando al Imperio que sonrió con malicia volviendo a atrapar al moreno en un asfixiante abrazo
-para mí no es inconveniente que seas hombre- dijo con voz melosa restregando su rostro contra el de China al cual le molestaba un poco la barba áspera del latino contra su cara
-¡ya basta aru!- se quejó China retorciéndose entre los brazos de Roma que solo apretaba más el abrazo
-¡ahhhhh pero eres tan lindo! No tanto como mis nietos pero aun así eres lindo, ¡quiero llevarte a casa!- decía apoyando todo su peso en el pequeño cuerpo del asiático haciendo que este cayera al piso con el desconocido sobre él
-¡estás loco! ¡Muévete, apestas a alcohol aru!- se quejaba el moreno al cual le lastimaba el peto de metal y sobre todo los fuertes brazos del Imperio
-no seas malo, estoy seguro que serás muy feliz en mi casa siendo parte del Impero Romano- dijo alegre el castaño notando como el seño del chino se fruncía
-¡yo no soy propiedad de nadie así que lárgate de una vez de aquí!- ladró el oriental notando como de pronto el hombre se quedaba quieto con una extraña mirada en sus ojos
-me agrada esa actitud- comentó acercado su rostro al de China que no podía hacerse para atrás pues estaba aprisionado entre el cuerpo de Roma y el suelo –ahora que lo pienso, me agradaría más que fueras mi amante en vez de mi nieto- dijo con una media sonrisa provocándole un escalofrío a China que cuando se dio cuenta ya tenía los labios de Roma sobre los suyos atrapados en un apasionado beso que para mala suerte del oriental se sentía demasiado bien. ¿Quién iba a pensar que lo romanos eran tan buenos cuando se trataba de pelear y besar? Aun así China no perdería contra el castaño así que luchando contra sus crecientes deseos carnales logró colar su pierna entre las de Roma haciéndole pensar a este que estaba cediendo, o eso era hasta que le dio un rodillazo directo en sus regiones vitales haciendo que el Imperio se detuviera de su asalto tan solo para encorvar su espalda y llevarse las manos a la zona adolorida.
China se levantó rápidamente y se puso detrás del castaño rodeando su cuello con su brazo comenzando a hacer presión
-¿Qué tanto decías acerca de que hacerme tu amante, viejo pervertido?- le decía ahorcando al hombre que con una mano trataba de liberarse y la otra aun estaba en sus partes nobles intentando amainar el dolor.
Después de una golpiza y haber dejado inconsciente al romano China regresó a casa. Un tiempo después se enteró de que el latino no había logrado conquistar India, según se rumoraba se debía a que había llegado malherido a la batalla.
Tras haber contado la historia y recordar viejas emociones y rencores, Rusia, Japón, Corea, Hong Kong y Taiwán trataban de detener al ebrio y dolido China que trepado en la mesa intentaba alcanzar a cierto par de italianos
-¡su maldito abuelo me hizo eso aru! ¡Ahora sus nietos tienen que pagar! ¡Devuélvanme mi primer beso aru!- les exigía a las dos Italia que solo alcanzaron a esconderse tras sus sillas
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Bien, bien, bien, ya sé que el Imperio Romano no aparece en los mapas, pero esto apareció cuando revisaba mi carpeta de fics, me acordé que ya había escrito sobre esta pareja y siempre me quedé con ganas de volver a hacerlo ja ja ja así que esta fue la oportunidad perfecta, aunque creo que parece una copia mal hecha del fic pasado. Espero les haya gustado y ¡gracias por los reviews!
Si gustan leer el otro fic de Roma y China lo pueden encontrar con el título de "Gente extraña, manos extrañas" jujuju es Raiting M así que bueno, ¡hasta el siguiente capítulo!
