DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"F8rever"

Capítulo Cuarto

Y no puedo escapar del ardiente dolor.
Me recuesto despierta,
y el héroe caído atormenta mis pensamientos,
¿Cómo pudiste dejarme así?

No puedo creer que sea verdad,
sigo buscándote.
Reviso mi teléfono y espero oírte en la habitación llena de gente,
la broma es tan cruel.

Y ahora nunca lo sabré
Si todo lo que me han dicho es sólo una fría mentira.
Pensé que íbamos a llegar a viejos.
Espejos en el humo... Me dejaron aquí ahogándome.

Han pasado siete días enteros sin tu abrazo.
Quiero ver tu rostro, tengo algunas cosas que decir.
Fue hace apenas una semana,
tu dijiste: "Te amo, nena."
Te dije: "Te amo, más."

Y luego, un respiro, una pausa…

{If you say so – Lea Michele}

No sintió nada más que el rozar de sus dedos por su piel. Inmediatamente una sonrisa se formó en sus labios pero sin abrir sus ojos. Él continúo su camino por su brazo descendiendo por su cuerpo, luego su aliento tomando el lugar de su tacto, aún sin tocarla sus labios permanecían ahí acechándola, esperando. Al sentir la calidez de ellos una sensación de confort la embargo. Aun con sus ojos cerrados estiró su mano para alcanzarlo en medio de las tersas sabanas. Sus labios luego de abandonar su mejilla fueron a su oído para susurrarle un suave:

—Bella…

Abrió sus ojos de golpe.

Y la realidad la embargo.

Él ya no estaba.

Una gruesa lágrima desbordó por su rostro. ¿Hasta cuándo seguirían esos sueños que parecían tan reales? No había pasado ni un solo un día desde que Edward se había ido que no tuviera esos sueños.

Lo sentía todavía tan cerca de ella. Todos le habían dicho que con el tiempo pasaría. Pero todo era una mentira. Nunca lo haría, y Bella lo sabía muy bien porque desde que despertó en ese frío hospital el tiempo se había detenido para ella.

Se sentó en la orilla de la cama en la penumbra de la madrugada mirando a la nada. Todo estaba tan impregnado de su esencia. Todo lo que la rodeaba parecía nunca haber cambiado. Incluso las cosas que había dejado Edward antes de salir del departamento ahí estaban: El libro que le faltaba poco por terminar estaba abierto en la página que había dejado, una vieja costumbre que tenía. Ahora nunca sabría el final de él. Su taza de café que le había regalado su sobrina con sus manos pintadas en ella le acompañaba. Incluso el atril con su cuadro a medio terminar. No había movido nada.

En estos pocos días que pasaron sólo se había atrevido a ocupar el sillón de la sala y el baño de invitados. Ni siquiera quería ocupar el que ellos solían hacerlo. Ahí había estado Edward por última vez antes de salir. Lo supo cuando llego del hospital.

El baño todavía olía a él. El Shampoo a medio cerrar —otra de sus viejas costumbres—, su celular y la corbata que habían elegido para el matrimonio. Nada había sido movido ni medio milímetro.

Y ahora, que sin saber cómo había despertado en su cama. No había tenido el valor de siquiera entrar en su habitación, porque ya sabía que esto la derrumbaría.

Una semana que parecía un segundo. Eso había sido para ella.

Todos los días se levantaba, hacia la misma rutina, vivía atrapada en esa absurda monotonía. Una parte masoquista en ella no quiso abandonar aquel lugar donde había sido feliz con él. Su tía le ofreció un departamento en otra ciudad para que rehiciera su vida, pero ella se negaba. Aunque resultara doloroso se quedaría allí. Con él.

Ver aquel departamento que alguna vez estuvo lleno de amor, alegría y mucha pasión, ahora estaba apagado, frío. Estar en ese espacio era uno de los lugares más doloroso para Isabella, sobretodo dormir o al menos intentarlo en aquella cama en la que dormía con él, la cual tenía su olor.

Los días posteriores al entierro de Edward lloro, lloro todos y cada uno de los días, su ya delgada figura era cada vez más inexistente llegando a un punto preocupante. Sin querer se estaba convirtiendo en un fantasma, en una sombra.

Cuando la muerte de Edward la golpeaba en lo más profundo, ella solo viva por vivir, hacia todo sin ganas, esperando el momento en que la vida le arrebatar su último aliento, porque aunque ella no lo admitiera tenía fe en que en algún momento se reencontraría con Edward y en otra vida podría ser feliz nuevamente junto con él.

Pero lo peor fue el entierro, después de que la ambulancia se llevara el cuerpo sin vida de Edward, Bella no pudo soportar ver como se caía su mundo y se desmayó.

Estuvo inconsciente dos días y cuando despertó comenzó su calvario. Alice la ayudo a prepararse para el entierro irónicamente igual que lo hizo para su casi boda. Un frio día de invierno fue el entierro, las nubes negras presagiaban una gran lluvia y el viento como tempano de hielo calaba en los huesos. Por más que trataron los Cullen de que el entierro fuera algo sencillo y familiar, no se pudo. Mucha gente fue al entierro del retoño de los Cullen. En la primera fila se encontraba Carlisle el patriarca de la familia, luego Esme, Emmett junto con Rosalie, Alice y Jasper y una muy acabada Bella muy cerca del ataúd.

Tenía la sensación de que me habían practicado una gran abertura en el pecho a través de la cual me habían extirpado el corazón dejándolo en ese lúgubre ataúd y me habían dejado allí, rota, con los profundos cortes sin curar, sangrando y palpitando.Racionalmente sabía que mis pulmones estaban intactos, ya que jadeaban en busca de aire y la cabeza me daba vueltas como si todo esfuerzo no sirviera de nada.

Imaginaba mis manos azules del frío que sentía, me acurrucaba y me abrazaba las costillas para sujetármelas y no caerme a pedazos.

Estaba alerta, sentía el sufrimiento, aquel vacío doloroso que irradiaba mi pecho y enviaba incontrolables flujos de angustia hacia mi cuerpo.

Una gran brisa azoto al lugar y de pronto vi como lentamente bajaban el ataúd. A mi memoria llegaron los más lindos recuerdos vividos con él y como si el tiempo retrocediera y él a mi oído me dijera aquellas frases que marcaron mi existencia:

"Te amo con todo mi ser y tendremos una larga y feliz vida juntos mi amor", esa frase fue cuando me pidió matrimonio y fue como si el tiempo se detuviera.

Luego otra vino a mi mente; "nunca te abandonare, Bells, siempre estaré contigo. Nuestro corazón es uno solo", aquella cuando murió Renée y temía que todo se había apagado para mí. Y la última y más dolorosa, la que me desgarraba el corazón y me destrozaba el alma: "No llores, amor. Recuerda; un solo corazón, mi vida. Desde arriba te cuidare y te estaré esperando. Cuida de mi corazón, lo he dejado contigo". Pero era mentira. Él se había llevado el mío, y mi alma y todo mi ser.

A Bella se le escapa el aire, se ahogaba en esa interminable desolación. Le era imposible de entrar en razón cuando recordaba esas crudas y crueles palabras que la mataban por dentro.

¿Por qué Edward? Me lo prometiste, me prometiste que era para siempre. Amor vuelve, vuelve por mí...

Esperaba poder desmayarme pero, para mi desgracia no perdí el conocimiento. Las oleadas de dolor se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fuerza.

A Isabella se le doblaron las piernas y cayó en el frio pasto. Se acercó más al nicho aun de rodillas y repetía sin cesar: me lo prometiste.

Me lo prometiste…

Me lo prometiste…

Y así pasaron los días, que se convirtieron en semanas y las semanas se convirtieron en meses. En el día se veía a una muy demacrada Bella, que con suerte se peinaba y se hacía un moño de anciana, andaba taciturna, decaída y de noche salían todos sus males, los peores eran los recuerdos, pasaba noches sin dormir, mirando la nada y para nadie fue extraño que en mitad de los pasillos de la universidad se desmayara un día.

Al hospital llego su fiel amiga Alice, preocupada del estado de su amiga y casi hermana. También llego su tía Marie quien muy preocupada voló casi media ciudad.

Bella tenía una anemia muy aguda, su salud era deplorable pero los doctores encontraron algo más, algo muy inesperado.

—Felicidades, señora Cullen. —Le dijo animadamente el doctor a Bella.

—¿Felicitarme? ¿Por qué, Doctor? —Pregunto seria.

—Oh, vaya. Al parecer no sabe de su estado. Pero yo pensé que ya lo sabía ya que tiene varios meses.

—Disculpe, Doctor, pero no le estoy entendiendo. —Confundida le dijo mirándolo extrañada.

—Señora Cullen, usted está embarazada. Tiene cuatro meses de gestación.

Bella pensó que era una broma, aunque automáticamente se llevó su mano a su vientre, estaba casi liso pero inexplicablemente sintió algo, algo de él y de ella.

Una muy nerviosa Bella no sabía qué hacer. Hacia sólo tres meses atrás Edward había fallecido dejándola sola, pero no tan sola como ella creía, ya que le había dejado un pedacito de él. Después de tantas semanas Bella gesticuló con sus labios una pequeña sonrisa, sintió que sus pulmones podían respirar aunque no estaban sanados. Eso nunca pasaría. Pero su corazón se agrandaba al igual que lo haría su vientre para su bebé.

El doctor al revisar más minuciosamente su ficha y su diagnóstico le indicó a Bella que el bebé podría sufrir complicaciones al igual que ella debido a su anemia y que debería guardar reposo el resto de su embarazo ya que su estado era crítico.

Esto no desalentó a Bella, por el contrario, la alentó para cuidar su salud ya que si ella se enfermaba su bebé pagaría las consecuencias.

Contenta aunque siempre sumida en esa especie de neblina que la cubría le contó a Alice y a su tía quienes la llevaron no muy convencidas a su apartamento.

—Creo que deberías volver a pensar en mi oferta, hija. —Su tía le habla seria. Al verla nunca imaginarían que ella y su madre fueron hermanas. Eran tan diferentes. Se quedó pensando en ella.

La extrañaba tanto. Ni siquiera podía ir a visitarla al cementerio, su abuela se lo había prohibido. Eso era lo que más le dolía, y también pensar que su hijo no conocería a la mujer más bondadosa que el mundo pudo haber visto.

—Isabella. —La llamó enérgicamente—. No es sólo en ti que tienes que pensar ahora. Estar aquí no te hace nada de bien.

—Tu tía tiene razón —habló de pronto Alice, quien había estado callada hasta ahora—. Quizás sea mejor que te mudes. No tiene que ser a otra ciudad, pero las puertas de mi departamento están abiertas para ti. —Terminó dándole una sonrisa.

Bella negó de inmediato.

—Estaré bien aquí. No hace falta que me mude.

—Ni siquiera quieres dormir en tu habitación, Bella —Argumentó molesta Marie—. Tienes todas las habitaciones cerradas con llave. No mueves ni las tazas. Creaste una especie de… Santuario aquí.

Bella bajo su mirada apenada. Marie se acercó a ella tomándole sus manos.

—Él no va a volver.

—Marie —dijo Alice.

—No. Ella tiene que entender, Alice. No puede seguir viviendo en estas condiciones. Ya deje pasar mucho tiempo, pero no lo haré más. No puedo mirar a mi sobrina hundirse en esta depresión. Bella —le dijo mirándola—, esto tiene que acabar ahora.

Sintió una sensación de terror recorrer su cuerpo. Tembló de sólo pensar en abandonar el apartamento, de abandonarlo a él. La angustia se apoderó de ella y su respiración se fue acelerando.

—¿Estás bien, Bella? —Preguntó nerviosa Alice. Sabía que llevar a Bella hasta ese punto iba a ser difícil. Era por eso que ella y su madre la habían dejado allí. Esme pensó que si la dejaban con su dolor en aquel departamento por unos días su amiga se repondría. Pero Bella no lo hizo.

—No puedo hacerlo. No puedo abandonarlo —soltó sin querer.

Alice y su tía la miraron preocupadas.

—Eso es a lo que me refiero —dijo Marie.

Alice se acercó a Bella lentamente.

—Cariño. —Pasó su mano por su cabello dándole una sonrisa de compasión—. Sé que lo extrañas. Todos lo hacemos… —Alice se tomó un tiempo para hablar, esto era muy difícil para ella también—. Pero tienes que dejarlo ir.

Esas palabras la quemaron viva. ¿Dejarlo ir?

No podía tan sólo ni imaginar la idea de hacerlo. Pensar en ello la dejaba sin respiración. Comenzó a hiperventilar apretando sus puños.

—Necesito estar sola. —Apenas logro decir esas palabras.

—Claro que no. Isabella. —Marie le dio una mirada seria.

—Por favor. —Suplicó esta vez—. Estaré bien aquí.

Bella miró a Alice en ayuda. Ella creía que al menos su cuñada la entendería.

Alice suspiró—. Está bien. Pero llámame si me necesitas. Mi oferta sigue en pie.

—¿Qué? —Dijo atónita Marie—. No pienso dejarla así.

—Tía. —Bella la miró intentando parecer más tranquila—. Te prometo que me cuidare. Dormiré un poco y luego te llamaré.

Marie acepto a regaña dientes. Sabía que su sobrina no se veía nada bien y dejarla serie un error pero no pudo hacer nada más que aceptar. Luego de que las visitas se fueron hizo lo que prometió. O al menos algo así.

Intentó descansar un poco en su cama pero los recuerdos no se lo permitieron. Tuvo que abandonar rápidamente la habitación sentándose en la sala. El departamento era austero en su decoración, no había mucho muebles en él y escasos implementos. Algo que iba con la personalidad de ellos.

Se recostó por un momento en el sillón de la sala y el peso de sus ojos la envolvió en un sueño que no había tenido en días.

Así volvieron a pasar las semanas, y aunque el tiempo cambio su apariencia no lo hizo. Le había prometido a su tía que se cuidaría pero se le hacía difícil. Andaba siempre cansada ya que no dormía bien en aquel sillón, no comía bien porque todo lo devolvía y la pena la envolvía.

Sacó lo que más pudo —lo poco y nada que había— de la sala para ambientarla para ella. Quitó los marcos con las fotos de ellos, los atriles que Edward siempre mantenía en la sala, sus cuadros, la televisión y la radio. Intento por todos los medios quitar cualquier cosa que le recordara a él. Sin embargo, todo intento fue inútil. Porque a pesar que en el día evitaba a toda costa pensar en él, en la noche Edward la acosaba en sueños. Sueños que parecían tan reales, pero que la dejaban sin fuerza alguna. La derrumbaban.

Toco su vientre plano para consolarse. A pesar de que ya tenía seis meses nada parecía cambiar allí tampoco. Nunca tuvo ningún bulto que representara su embarazo pero se dijo a sí misma que pronto lo haría.

Ese día, aunque nunca lo sabría todo explotaría. Se levantó más nostálgica que de costumbre. Esa noche Edward no se había aparecido en sus sueños ni había escuchado su voz. Pensó que su mente lo estaba olvidando y sintió entrar en pánico. A pesar de que no se permitía pensar en él, el sólo hecho de imaginar que un día lo olvidaría la mataba de la angustia. Imagino el día en que no recordaría como sonaba su voz, su risa. Como se veían sus ojos en sol del amanecer, o como se formaban esas adorables arrugas en sus ojos cada vez que le sonreía. Algo comenzó a dolerle por dentro, pero lo ignoro.

Rápidamente busco entre los cajones su álbum. Y ahí estaba él. Nunca pensó que llegaría el momento en que necesitaría de unas fotos para recordarle, no tan pronto. Otro dolor le atravesó su cuerpo.

Se sentó en el suelo con el álbum en sus manos, y recordó que nunca lo había ido a ver al cementerio. Quizás por eso su recuerdo le estaba abandonado, pensó. Quizás si iba para allá y viera con sus propios ojos su tumba…

Otro dolor más fuerte le punzo. Quiso levantarse para ir al cementerio, pero no pudo. De pronto el dolor se hizo insoportable y sus pulmones parecían no funcionar. El aire no llegaba a ella. Se tocó el lugar de donde venía el dolor más fuerte; su vientre. Al bajar su mirada vio como una mancha roja se apoderaba de ella.

Sangre… Mucha sangre que la rodeaba.

Quiso pedir ayuda pero no pudo. Todo giraba alrededor de ella y en tan sólo unos segundos después todo se volvió negro.

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¡Hola!

Aquí terminando de escribir este capítulo que espero les haya gustado. Fue muy triste escribirlo pero era necesario para que entendieran del porqué Bella fue a parar a esa clínica. Aunque más adelante se verá el desenlace que la llevo hasta ese lugar.

Pero bueno espero que mis lectoras me sigan acompañando en esta historia que al igual que un rompecabezas se irán juntando las piezas. ¿Qué creen que le pasará a Bella ahora? ¿Y qué opinan de la muerte de Edward? Me gustaría leer sus comentarios ;)

Un abrazo enorme a mis nuevos lectores y a los antiguos también. Siempre es bueno saber que está allí.

Sin más que agregar me despido

Con cariño Nala.