El día era esplendido: soleado y con una temperatura muy agradable, probablemente el último coletazo del verano. Los árboles estaban vestidos de ocres, bronces y rojos, idéntica alfombra de hojas cubría el suelo a sus pies, crujiendo a cada paso que daban. Podían oír el murmullo del río correr a su vera.
El sendero, tal y como había dicho Rei, era de fácil acceso pese a la pendiente. Los árboles ahora formaban un arco natural sobre sus cabezas, tamizando la luz que caía sobre el grupo y arrancando reflejos vivos de sus cabelleras. Un destello dorado cegó a Rei, frente a él, a un par de metros, caminaba Nagisa, con ese característico andar suyo de pasos apresurados y ágiles. Parecía infinitamente ligero, como si sus pies no tocasen el suelo. Había algo terriblemente hermoso en él, en cada movimiento, en cada gesto, en cada expresión de aquellos vibrantes ojos. Con sólo tenerlo cerca se sentía abrumado, incluso aunque no le mirase a él. Inconscientemente se subió las gafas, ocultando su rostro.
Makoto a su lado se percató de ésto pero miró hacia otro lado, concediéndole al de gafas un momento de intimidad con sus propios pensamientos, después de todo, él ya tenia bastante con lo suyo como para meterse con lo de los demás. Rin, sin embargo, no fue tan considerado y lanzó la pregunta que Makoto había evitado.
- ¿Qué os pasa a Nagisa y a ti?
- ¿Eh? - fue la elocuente respuesta de Rei, que se giró hacia su interlocutor, al igual que Makoto; el uno sorprendido y el otro crítico.
- No sé, sois como uña y carne y esta mañana ni siquiera os habláis.
Makoto miró a Rei, esperando la respuesta tanto como Rin.
- No... no nos pasa nada - balbuceó, incapaz de revelar el motivo de su mal genio. Era demasiado íntimo... y humillante.
- Pues a mi me parece que te estás portando como un gilipollas - el tono de Rin era distendido, como si hablase del tiempo.
No esperó respuesta, apresuró el paso hasta alcanzar a Haruka y Nagisa, a quien rodeó con un brazo a la altura de los hombros, dispuesto a contarle más historias de terror australianas.
Rei miró al suelo, en silencio, sopesando las palabras de Rin. Notó la palma ancha de Makoto sobre su espalda.
- Ya sabes cómo es, no pretende ofenderte - comentó en tono conciliador, disculpándose por el pelirrojo.
- No, tiene razón. La verdad es que ni yo mismo me reconozco.
Makoto guardó silencio, aguardando a que Rei continuase, si es que deseaba hacerlo. Se tomó su tiempo. El más alto le veía tamborilear los dedos contra su brazo, dentro de la manga de su yukata.
- ¡Es que...! - hizo un gran aspaviento y en seguida se detuvo, tratando de recuperar la compostura - Es que no sé que quiere de mi. Me tiene muy confundido.
Makoto abrió mucho los ojos, eso le sonaba demasiado familiar. Sin embargo apartó estos pensamientos de su mente: ahora se trataba de Rei y Nagisa, no de él y Haru.
- ¿Lo dices por cosas como meterse en tu futón? - aventuró en voz baja, encorvándose ligeramente.
- ¿Lo sabes? - más que una pregunta fue un chillido. Su cara se volvió totalmente roja, trató de ocultarse tras sus gafas pero se las había ajustado tantas veces en los últimos minutos que Makoto pensó que se las acabaría incrustando en la nariz.
Rei se había levantado el primero esa mañana, había dejado a Nagisa durmiendo en su futón y él se había acostado en el que quedaba vació. Nadie debía haber sabido lo que había pasado.
- Ya conoces a Nagisa, él hace ese tipo de cosas. - Trató de tranquilizarlo Makoto.
- Ese es el problema: él es así. Con todo el mundo. Y yo...
Rei miró al suelo, incapaz de seguir. Makoto no pronunció palabra. Era curioso: resultaba evidente para cualquiera que los mirase que Nagisa quería a Rei y Rei a Nagisa, sin embargo parecían andar en círculos, sin nadie que se atreviese a dar el primer paso.
El primer paso... Haru lo había dado aquella mañana. Y aquella pregunta también se había formulado: qué quería de él. ¿Qué quería él de Haru? Tenia razón, le molestaba verlo con Rin, pero no tanto por unos celos pueriles como pensaba, sino porque él, ninguno de ambos, tenia miedo de encarar los sentimientos que sentía por el otro. ¿Pero en que posición estaba él? Acarició los labios con sus dedos, allá donde Haru había puesto los suyos. Sintió otra vez ese calor en las yemas, el peso de aquel cuerpo fibroso sobre él.
¿Qué quería? Quería sentir aquello otra vez, quería besar a Haru, acariciar su sedoso pelo negro, recorrer con sus dedos cada centímetro de su suave piel blanca.
Se sobresaltó al percatarse de la dirección de sus pensamientos. A unos metros Rei le observaba con preocupación.
- ¿Estás bien?
- Eh, sí, sí.
Rei alzó una ceja y esperó a que su amigo llegase a su altura para reemprender la marcha.
Echó la vista al frente, apenas podía oír la conversación de Rin y Nagisa, de la que Haru no era participe, sin embargo Makoto captó la mirada que le dirigía al pelirrojo. ¿Qué quería de Haru? No, la verdadera pregunta era qué quería Haru de él cuando ya tenía a Rin. Pero no podía odiarle, él apreciaba mucho a Rin, pese a su mal genio, había algo en él, una vitalidad y energía que se contagiaba y arrastraba a los demás, entendía la fascinación que despertaba, no sólo en Haru, sino en todos los demás. No podía competir con algo así.
De pronto captó un brillo azul, los ojos de Haru se habían fijado en él, se había detenido y les extendía la mano.
- Vamos - les instó, con una discreta sonrisa. Esa sonrisa que desde aquel verano empezaba a ser más frecuente y que sosegaba sus pensamientos.
¿Qué iba a hacer con él?
La arcada de árboles era la antesala de un claro amplio de forma irregular; una pequeña cascada rompía contra las rocas antes de caer a una poza lo suficientemente grande y profunda para nadar en ella. Un par de sauces se asomaban sobre ella, arrojando sus hojas rojas sobre el agua cristalina. En definitiva, aquel era un paisaje digno de un tapiz. Los cinco chicos respiraron profundamente, tratando de imbuirse del aire mágico de aquel lugar.
- ¿Ha merecido la pena, verdad? -afirmó Nagisa, con los brazos extendidos, dejándose mecer por la suave brisa.
- Desde luego - corroboró Makoto, olvidándose por un momento de sus tribulaciones.
Rei avanzó con paso lento hacia el centro del claro, los ojos abiertos, embriagados de aquel paisaje.
Nagisa caminó hasta él aunque se detuvo a una distancia cortés.
- ¿Te gusta?
El aludido se giró despacio, como si un movimiento brusco pudiera romper el hechizo.
- Es hermoso.
Los ojos rosados de Nagisa se encendieron, sintiéndose complacido, pero su regocijo duró poco, tan poco como tardó Rei en volver a girarse. No había una hostilidad abierta, pero el rubio notaba un muro de hielo entre ambos. Frunció el ceño, decidido a que si así es como iban a jugar, no iba a perder.
- Haru, ¿No quieres nadar?
El moreno le miró fijamente, y a su vez Rin y Makoto le miraron a él, esperando uno de sus numeritos.
- No he traído el bañador - un tono ominoso teñía su voz, cargado de reproche.
- ¿En serio? - dijeron los otros tres al unísono, incrédulos.
Haru se abrazó, parecía sentirse mal.
- No me habías dicho que nos podríamos bañar.
- ¿Entonces no llevas nada ahí abajo? - preguntó Rin, divertido, mientras tiraba del faldón del yukata.
Le lanzó una mirada fulminante, en ese tema no admitía bromas.
- No pasa nada, yo tampoco llevo. ¡Podemos nadar au naturel!
- El agua debe estar friísima, no creo que debáis bañaros - trató de disuadirles Makoto.
Sin embargo Haru ya estaba desatándose el nudo del yukata.
- ¡Haru! - apresó su mano. Éste le lanzó una mirada critica. Esta vez no había calor en ese roce ni deseo en aquellos ojos, no saltó una chispa. Era el lado hidrófilo de Haru quien le miraba. Se sintió derrotado, ni Rin podía competir con el agua.
Haru se soltó con un ademan.
- Nagisa. - llamó.
El rubio sonrió de oreja a oreja.
- ¡Vamos allá!
Se quitó el yukata con un único y enérgico movimiento, dejándole sólo vestido con un calzoncillo corto de cuadros y sus deportivas.
Rei se giró hacia el grupo, saliendo de su ensimismamiento a tiempo para ver a Nagisa corriendo hacia la poza, totalmente desnudo.
- ¡Que diantre...!
Haru se deshizo también de su yukata y se descalzó. Makoto y Rin lo miraban con curiosidad morbosa, sin saber muy bien si llegaría tan lejos como Nagisa. Cruzaron una mirada y confirmaron que ambos pensaban lo mismo.
Sin embargo Haru no hizo ademán de quitarse el bóxer negro. Avanzó hacia la linde de la laguna y se zambulló grácilmente.
Los siguientes segundos fueron agónicos para los que quedaron en tierra, esperaban oír los chillidos de los dos intrépidos nadadores, y verlos salir del agua con la misma rapidez con la que se habían metido. Lo único que alcanzó sus oídos eran los zumbidos de los insectos y el graznido de las aves
- ¿Se habrán muerto? - preguntó Rin, estirando el cuello.
Makoto lo miró con espanto y echó a correr en dirección a la poza. Oteó la superficie y allí encontró a Haru flotando sobre el agua con las palmas de las manos hacia afuera, rodeado de hojas rojas y doradas. Una imagen funesta cruzó su mente.
- ¡HARU! - chilló.
- Quéeee... - contestó con hastío. Ni estaba muerto ni nada, sólo estaba en su elemento.
- Eh, no, nada... - musitó Makoto, algo avergonzado por su dramática reacción.
- ¡Mako! - gritó Nagisa, reemergiendo y salpicando a todos lados - ¡Métete, está fresquita!
- Mejor no - le dedicó una sonrisa cómica.
- ¡Soso! - trató de salpicarle mientras se reía sonoramente.
Makoto se alejó, dejando a los dos bañistas a su aire, parecía que Rei o Rin habían llamado su atención, aunque a Nagisa no le importó demasiado. Se apoyó en las rocas de la orilla, dejando caer la fachada de buen humor que vestía. Resopló y hundió la cabeza entre sus brazos cruzados.
- Nagisa... - oyó decir a Haru, que dejó la frase colgando. En realidad no planeaba continuar, era una invitación para que hablase con él, si es que deseaba hacerlo.
- Dime, Haru ¿Tú crees que Rei me odia? - hubo un ligero quebranto en su voz.
- No - respondió el moreno, categórico.
- ¿Entonces qué le pasa conmigo? ¿He hecho algo mal? - preguntó nuevamente, con un hilo de voz.
- Nagisa ¿tú quieres a Rei?
- Sí - la respuesta fue inmediata y totalmente franca.
- ¿Se lo has dicho a él?
- No - la voz del rubio se apagó un poco.
- ¿Por qué? - el tono de Haru era tranquilo, sosegado. Seguía flotando con los ojos cerrados a espaldas de Nagisa.
El rubio tardó en responder, se hundió en el agua, dejando sólo nariz y ojos sobre ella primero, luego zambulléndose por completo. Volvió a emerger aunque sólo hasta el mentón.
- Tengo miedo de su respuesta - admitió al fin.
- ¿Por qué? - repitió el moreno.
- ¡Hasta tú deberías entender por qué! - reprochó Nagisa, una nota de frustración de coló en su voz.
- Eh, sirenitas - interrumpió Rin, sobresaltando al rubio - Vamos a subir a lo alto del cerro ¿Venís u os quedais aqui?
- No sé para qué preguntas - respondió Haru entreabriendo un ojo.
- Ya, yo tampoco - el pelirrojo enarcó una ceja - No tardaremos mucho.
No dijo más y los volvió a dejar solos. Nagisa se alzó por encima de la orilla y vio a los otros tres dejando el claro y tomando la loma.
- Sólo entiendo que si no se lo dices no lo puede saber - repuso Haru, como si nunca hubiera habido una pausa en su conversación.
- ¿Se lo has dicho tú a Rin y Makoto? - replicó Nagisa con rabia, aunque en seguida se arrepintió - Lo siento...
- ... ¿No lo saben ya? - preguntó con ingenuidad, convencido de que siempre era lo suficientemente claro con lo que quería.
- Si no se lo dices no lo pueden saber - parafraseó Nagisa, con una sonrisa condescendiente.
- También puedes besarle directamente - comentó el moreno distraídamente.
- ¡HARU! - chilló, a medio camino entre el escándalo y la picardía - Con lo formal que pareces y resulta que eres un pervertido.
El aludido sonrió ante aquel fingido reproche. Ni siquiera había considerado que sus actos de aquella mañana podrían considerarse como algo pervertido, simplemente quería hacerlo y lo hacía. Empezaba a entender que su naturaleza impulsiva le llevaba a obviar el poder de las palabras, pero quizá sus razones no resultaban tan claras para alguien más reflexivo. Alguien como Makoto.
- ¿Los has besado a ambos? - aventuró Nagisa, encantado de distanciarse de su problema con Rei y muerto de curiosidad, aprovechando que Haru no parecía demasiado en guardia.
- Rin me besó a mi y yo besé a Makoto.
- Caray ¿Y qué vas a hacer?
- ¿A qué te refieres?
- Tienes que elegir a uno - respondió Nagisa, ceñudo.
- ¿Tengo que hacerlo? ¿Por qué? - Haru dejó su cómoda posición y encaró a Nagisa, con una mirada extraña, llena de confusión.
- Bueno, porque lo normal es que alguien se sienta mal si a la persona que le gusta le gusta otra persona. Queremos sentirnos imprescindibles e insustituibles, sabernos los únicos que pueden completar a nuestra pareja; si no te decides puedes hacerles mucho daño.
Nagisa vio como los ojos azules de su amigo se nublaban con la duda y la desazón. Que pudiera hacerles daño era algo que no había tenido en cuenta, ni siquiera había reparado en esa posibilidad porque para él era natural, tener a Makoto y a Rin a su lado era lo natural, no podía elegir a uno de los dos, seria como elegir uno de sus brazos ¿qué estupidez era esa?
- ¿Haru? - llamó Nagisa suavemente, preocupado.
- Dile a Rei lo quieres, el menos él es el único para ti, eso no puede dolerle.
- Haru... lo siento, yo no quería...
- Empieza a hacer frío.
