¡Cásate conmigo, pero ya!
Cap. 3
Damien se movía de un lugar a otro en la oficina de su padre. Estaba bastante inquieto.
El día anterior por poco y se materializa en el mundo humano por culpa de los idiotas que hicieron llorar a Pip. Se alegró cuando el inglesito lo golpeó en las pelotas y huyó. Ese tipo se merecía ese dolor… y mucho más… por eso ese tal Trent Boyett ya no lo molestaría nunca más, ni él ni su grupo ni ningún otro bully. A todos les quedó más que claro. Y sobre los sujetos que comenzaron a seguirlo en la noche… pues con ellos no tuvo piedad. Damien había leído sus pensamientos. Eran horribles. Se deshizo de ellos y de cualquier rastro de su existencia.
Satán llegó a su despacho con papeles en mano y se sorprendió al ver a su hijo allí. De inmediato preguntó el porqué de su presencia.
-Padre, es algo que… me cuesta mucho trabajo decirte…- empezó el anticristo, sorprendiéndose a sí mismo de su propia inseguridad –Es que yo…-
-Vamos, hijo, sabes que puedes decirme lo que sea.- apoyó Satán al notar el nerviosismo de su hijo. Ambos tomaron asiento en un cómodo sofá y Damien se sirvió un poco de agua. Suspiró, decidido a continuar.
-En los últimos días… he estado viendo a alguien… pero ese alguien no sabe nada de mí…- Satán prestó máxima atención a cada palabra del pelinegro. –Bueno… me conoce, pero no sabe quién le envía los regalos y las notas…-
-¿Le has estado enviando obsequios? ¿Eres su admirador secreto o algo así?
-¿Qué? No, no, no… no… bueno, sí… Pero hay un gran problema. ¡Uno muy grande!
-Vamos, hijo, no creo que sea para tan…
-Es un chico puro de la Tierra- interrumpió rápidamente. El gran hombre rojo quedó en shock momentáneo. El anticristo se levantó de golpe, disculpándose por la interrupción y haciendo ademán de retirarse.
-Hijo…- lo detuvo su padre, sosteniendo su hombro. –No preguntaré cómo lo conociste, tampoco qué te atrajo de él o por qué lo sigues en secreto. Pero más se por viejo que por ser Satán y no puedes negarme que lo amas. Sé que te inquieta el qué pasará con él en el Apocalipsis y yo puedo decirte qué hacer para estar con ese chico.-
-¿En serio, Padre? Dímelo, por favor ¿Qué debo hacer?
-Es algo bastante complejo, hijo mío…
-¡Dímelo o quemo tus putos papeles!
-¡No! ¡Tardé toda la noche en rellenarlos! Oh, cielos, no te enojes así. Ejem… Te advierto que requiere de tu total compromiso. Debes ir donde ese chico, confesarte y contraer matrimonio con él. Ten en cuento que es con su consentimiento ¡Nada de poderes mentales o cosas por el estilo! De lo contrario, no funciona. Ahora, hijo, apresúrate. Quedan pocos días para el Fin de los Tiempos.-
Damien abrazó a su padre completamente emocionado antes de salir corriendo a sus aposentos. Quería asegurarse, una vez más y como siempre, del bienestar de Pip.
Philip estaba en la escuela y nadie parecía tener interés alguno en molestarle o burlarse de él. Damien se alegró, lo que hizo había dado resultado, por supuesto.
El pelinegro chasqueó sus dedos e hizo aparecer un libro delante de sus narices. Lo sostuvo un rato entre sus manos y luego lo sumergió en la fuente llena de sangre. Esperaba que con eso pudiera ayudar al rubio en su proyecto. Quería verlo más tranquilo y creía que era una buena idea que al abrir su casillero se encontrara con tal sorpresa.
Damien sonrió con ternura y contempló un rato más al inglés, quien se mordía el labio mientras completaba un examen de matemáticas.
Sus ojos comenzaron a humedecerse de a poco.
Tenía miedo.
El anticristo tenía miedo a ser rechazado por un ángel que merecía todos los mimos y caricias del mundo ¿Cuántos días quedaban para el Apocalipsis? ¿Seis o quizás menos? ¿Cómo podría convencer a tan pura criatura de contraer matrimonio con él?
Se sostuvo del fino mármol y dejó caer un par de lágrimas a la fuente, disipando la imagen de Pip.
-Amo, es hora de su entrenamiento- irrumpió de pronto un diablillo en el cuarto. Damien se irguió al instante y sin mirarlo le ordenó retirarse, pues iría en unos minutos.
Cuando el esbirro se fue, Damien enjugó sus lágrimas y respiró hondo. De él se esperaba un gran guerrero.
[Horas más tarde]
-Estaré ocupado. No quiero que nadie me moleste.- avisó Damien a sus esclavos. El entrenamiento fue duro y quería descansar, pero primero lo primero: Philip.
Allí, nuevamente reflejándose en la sangre, estaba el rubio camino a su casa. Aún tenía tiempo de enviarle un regalo y escribir una nota con la que esperaba develar su identidad.
Esta vez quería darle un obsequio completamente especial y único, por lo que se concentró unos minutos para crear un objeto realmente bello.
Escribió la nota y dejó ambos en la entrada de la humilde morada del inglés.
Esperó un momento frente a la fuente y sonrió lleno de alegría al ver la reacción de Pip por el regalo y cómo las facciones de su rostro cambiaban acorde leía la no tan larga carta.
Definitivamente lo había recordado.
Suspiró aliviado y su dirigió a la cama para tomar un merecido descanso. El sueño lo invadió de inmediato apenas acomodó su cabeza en los suaves almohadones.
Soñó con Philip, lo veía caminando frente a él en un bello campo de claveles blancos como sus ropas. Los dorados cabellos del inglés danzaban improvisadamente al viento y Damien se sentía lleno de dicha.
Él estiró su brazo para tocarle y Pirrup sostuvo su mano mientras le regalaba una hermosa sonrisa.
De pronto, todo a su alrededor comenzó a cambiar. Las flores eran aplastadas por el pavimento y edificios surgían de la tierra. Ambos parecían hacerse más pequeños… era un recuerdo… era South Park cuando ambos tenían 8n años.
-Eres mi único amigo, Damien- le susurró el inglés sin soltar su mano. El anticristo se dispuso a acariciar su mejilla pero sin previo aviso lo invadieron los recuerdos de cuando lo convirtió en fuegos artificiales.
Despertó de golpe, sudoroso, y se sentó en el borde de la cama. Odiaba recordar ese día, lo hacía sentir horrible. Abrió el cajón de una mesita auxiliar y de este retiró con apuro un precioso collar de plata con forma de cruz invertida y una gema roja en su centro. Apretó el objeto contra su pecho y recordó…
-Flashback-
Ya habían pasado más de dos años desde el incidente que Damien lamentaba. Pateaba las rocas al lago Stark mientras se preguntaba si acaso el rubio leyó su carta y si se molestaría en ir… si lo perdonaría…
Escuchó unos ruidos cerca y volteó al instante. El muchacho que él tanto ansiaba volver a ver se asomaba tímido detrás de un árbol.
-Pip…- susurró acercándose. El mencionado salió de su escondite y movió su mano en señal de saludo.
-Hola, Damien… Tanto tiempo sin verte.- el anticristo no sabía cómo empezar. No sabía qué decirle ¿Tenía que mencionar lo mucho que había crecido? ¿Debía alabar lo bonito que se veía su cabello?... ¿Qué?
Balbuceó unas cuantas palabras y a cada frase incompleta, la pueril sonrisa de Pirrup aumentaba.
-Te perdono, Damien.- le dijo de pronto, sorprendiéndolo.
-¿E-en serio?
-Por supuesto. Entiendo por qué lo hiciste y… te perdono.- Damien corrió a abrazarlo y le susurró un dulce "Gracias".
Hablaron un rato más, apoyados contra un árbol y sintiendo la nieve en sus piernas. Es entonces cuando a Damien se le ocurre una idea. Se hizo un pequeño corte en la palma de la mano y apretó con fuerza el puño, diciéndole a Pip que le daría una sorpresa. Pasaron unos segundos y al abrir su mano reveló una piedra preciosa, hecha con su propia sangre.
-Es un regalo para ti.- le dijo, extendiéndole la piedra –Así siempre estaré contigo- Philip la sostuvo entre sus manos, completamente impresionado y le preguntó si acaso podría hacer lo mismo con su sangre, pues también quería acompañarlo para siempre.
-Dame tu mano.- Damien le pinchó un solo dedo y la única gota de sangre que salió de la herida se solidificó inmediatamente, formando una segunda piedra. Al anticristo se le ocurrió incrustarla en el collar que llevaba en ese momento y creó uno para Philip, así él no tendría tanto temor de perderla.
-¿Te gustan las rosas, no?- preguntó, mientras colocaba el accesorio alrededor de su cuello. –Prométeme que nunca olvidarás que somos amigos.-
-Lo prometo, Damien.- dicho esto, al reverso de la rosa de plata y de la cruz invertida, quedó grabada la palabra "Recuerda".
-Fin Flashback-
Damien se colocó el collar y volvió a recostarse. Temía que si se aparecía de pronto podría asustar a Philip. No tuvo contacto con él durante años y de pronto ¡Bam! Regalos y notas por doquier. Era extraño, ¿no? Más extraño sería que una persona que no has visto en mucho tiempo se te aparezca para pedir tu mano en matrimonio.
Debía idear algo… ¡pero ya!
N/A: Okey, este es el bonito y nuevo capítulo que tanto tiempo estuvo esperándome en un cuaderno.
¿Qué les parece?
Cuando estaba escribiendo el flashback se me ocurrió una historia de estos dos llena de acción, drama, revuelos y *tic nervioso*… debo calmarme. Mi meta es terminar los fics que dejé en la cuenta anterior y luego comenzaré con los nuevos.
Cualquier opinión o crítica es bien recibida ;)
¡Gracias por leer~!
