Hola? Hola?
Ah… ya tengo computadora de nuevo, no tiene Word, pero me estoy adaptando (¿?). Este capítulo estaba avanzado desde hace más de dos meses, lo perdí, pero de alguna manera volvió a mí. Lo importante es que ya está terminado, me pregunto si sigo teniendo lectores (¿?).
Gracias a las chicas y chico que me han escrito: Lady Mary Hiwatari (eres muy dulce, gracias), Kimi Alexa Infinity (Jajaja, usando mis palabras en mi contra, me encanta, eres Slytherin? xD), Mariangeles (Awww extrañaba tus RR), Try To Follow Me (lo importante es que sigues aquí ¿? xD), Minpao Hyun (distinto y original es de los mejores halagos no merecidos que puedo recibir, gracias), Izziechan (tengo tanto tiempo que no te veo escribiendo o leyendo que me sorprendí de recordar q dejaste un RR, pero eres la mejor! Así seas flaca impura), Guest (graciassss), AllyzA (has estado leyendo varias de mis historias y escribiendo y haciéndome muy feliz, no tengo palabras, que bueno que te agraden mis historias, espero te guste el cap), Tengoku no tenshi (tú me has hecho el mes, en realidad, te culpo por haber actualizado los dos fanfics, tus RR han sido divertidos y me han hecho muy feliz, mil gracias), Mimato Bombon Kou (ame tu nickname, de pana, lo ame, no puse lemon porque tengo un problema emocional para escribirlos a menos q sean 100% relevantes a la historia, pero eventualmente lo hare ¿? Espero), Dayanet (muchas gracias, linda), Darkychan (Awwww… te extrañaba, con tus subidas de ego que no merezco, pero que aun así recibo, mil gracias), Touko (mil gracias!), Osiris (tejer? JAJAJA), LilyP (Once Upon a Time? xD).
Inevitabilidad
De todos mis años de salir con el sexo opuesto, oh, y han sido bastantes, lo más recurrente que he oído salir de sus labios es que soy diferente. Si bien es cierto, que primero oigo los típicos halagos a la apariencia que acompañan la notoria superficialidad del mundo de las citas, lo primero que me dicen, después de conocerme mejor, detrás del rosa y el maquillaje, es que soy diferente.
No estoy segura si la mitad del tiempo lo dicen como un cumplido. A veces, se siente más como un insulto. Y en verdad, no entiendo claramente por qué lo aseveran con tal convencimiento.
Es que, diablos, me miro en el espejo y no veo escamas, ni nada que discorde. Me veo perfectamente normal, mejor parecida que la media de personas en el mundo, pero en relatividad, me veo bastante normal. O eso considero yo. Nadie me llama diferente al conocerme, todos me ven como la típica chica consentida de personalidad burbujeante que siempre parece estar en un grupo de amigos ordinarios.
Quizás en ese está el punto, no son mis amigos exactamente quienes me consideran diferentes. Sino la población del mundo de las citas en general. Los hombres tienden a creer que soy diferente a las demás mujeres, cosa que siempre me ha intrigado.
Es decir, puedo entender como Miyako es diferente, ella es un genio. Pero yo me siento perfectamente ordinaria, y aún así, me tratan como si fuera de cristal. Todos parecen creer que voy a romperme, porque soy 'diferente'. A veces, siento que es una manera sutil de decirme débil. Como que soy incapaz de mantener el mismo nivel de aguante de las otras mujeres.
Quizás sea eso, soy la frágil e ingenua Mimi Tachikawa. Por eso soy diferente, porque me ven como una figura de cristal que cualquiera puede reventar si se lo propone.
El cristal es duro y frío, yo no soy ninguna de las dos. Pero si soy cristalina, y quizás por eso más propensa a romperme. No sé cómo esconderme, no sé cómo tener un mecanismo de defensa, y, en realidad, no me preocupa romperme.
Sus ojos vagaron hacia el rubio por un instante, mientras sus pulmones se llenaban de oxígeno, un oxígeno deliciosamente dulce, bañando en una mezcla del aire nocturno con el perfume del muchacho. Su mano se alargó, temblorosa, hasta la frente del muchacho, retirándole un mechón rubio del rostro.
Había venido a gritarle, y de alguna manera habían terminado en la cama. Eso nunca le había pasado, habían pasado meses hasta que Jou Kido siquiera hubiese llegado a segunda base con ella, pero aquí estaba ahora, en la cama de Yamato Ishida, en un arrebato de pasión, sin ningún compromiso de promedio, y con un enorme potencial de ser echada del apartamento con dinero para el taxi la mañana siguiente.
¿Qué se suponía que hiciera si eso ocurría? ¿Podría reclamarle con una conciencia limpia, si quiera? Lo dudaba, él le había dicho de manera repetitiva que lo mejor para ella era alejarse de él, había sido ella la que se había negado a escuchar. Ella había venido a buscarlo, y en un nivel subconsciente, sabía que había querido que esto ocurriera. Pero ahora que lo había hecho, se sentía más perdida que antes. No creía poder soportar ser una aventura de una noche para el tormento de su romántico corazón.
Quizás por eso soy diferente, y quizás por eso siempre termino rompiéndome.
Los tacones de sus zapatos color plata, cliqueaban en el camino apedreado de la calle desierta, mientras acomodaba su abrigo blanco nieve sobre sus hombros. Una sonrisa se extendió pos sus labios color carmesí, mientras cruzaba al lado contrario para ubicar la puerta del bar Ecoqueté, con sus altos pilares griegos, y su interior lleno de cigarrillo y alcohol. Cruzó la puerta, buscando entre la multitud de poetas y pintores. Ubicándolo en la barra, dándole la espalda a la puerta, ligeramente encorvado sobre un viejo cuaderno raído, con un cigarrillo en una mano y un vaso de vodka en la otra.
'Sabía que estarías aquí' saludo la castaña al rubio, quien no se inmuto con su presencia.
'No era una adivinanza complicada' respondió, dando un trago al vaso.
'Deberías estar en la galería' anunció ella, mientras se quitaba el abrigo, develando un hermoso vestido ceñido al cuerpo y lleno de lentejuelas.
'Debería. Debería. Es un estado de ser tan relativo. Quizás debería estar en el fondo de una alcantarilla, o debería estar en la cárcel por aquella botella de brandy que robé de la casa de Esther ayer. Tantas cosas que deberían, y no son'
Ella soltó una pequeña sonrisa, e hizo señas al cantinero para que le sirviera un trago también.
'No quieres saber si les gusta tu trabajo'
El rubio se terminó el cigarrillo y apagó la colilla contra una servilleta.
'Claro que no. Si les gusta, soy un chiste de masas. Si lo odian, soy un fracaso'
La muchacha dio un sorbo a su trago soltando una carcajada.
'Así que el plan es deprimirte y beber, indiferentemente del resultado'
'Básicamente. Sí'
Ella sonrió con condescendencia.
'Todos los bohemios son iguales'
'Yo no soy como nadie más, linda. Y tú deberías saber eso' dijo él con convicción.
Ella se inclinó y le dio un beso en la mejilla, manchándole con el labial.
'No. Realmente, no. Eres un misterio andante'
Él se encogió los hombros restándole importancia.
'¿Lo soy? Porque estaba bajo la impresión de que tú me leías como a uno de esos libros que tanto te gustan'
Ella soltó una risa, musical y hermosa, que inundó su alrededor en un segundo. Se levantó y se sentó reposada en la pierna derecha de él.
'Eso te molesta' aseguró, rozando sus labios carmesí contra los de él, manchándolos un poco con la pintura.
'¿Por qué me molestaría ser tratado como a un libro?' preguntó él, con sarcasmo.
'¿Por qué me molestaría ser tratada como una musa?' preguntó ella.
Eso arrancó una sonrisa de los labios de él, y se acercó dándole un beso en los labios, rodeándola con los brazos para acercarla más.
'No es eso adorable' dijo una voz detrás de ellos con sarcasmo. Ambos se volvieron para encontrar unos fríos ojos negros fijos en ellos.
Él se levantó inmediatamente, bajándola de su pierna y colocándose frente a ella con una pose protectora, creando un escudo con su cuerpo. La muchacha se encogió incómoda detrás de él.
'Insisto, adorable. No sabía que tenías una novia tan hermosa' repitió el recién llegado.
'Ella no tiene nada que ver' aseguró él, escondiéndola.
El hombre tomó el resto del trago de vodka que quedaba en el vaso de ella, enviándole una sonrisa de suficiencia a los dos.
'Pronto, tendrá que ver también' dijo, dándose la vuelta, y dejando caer el vaso al suelo. El cristal se hizo añicos, mientras ella apretaba el brazo del rubio. Uno de los fragmentos se clavó en la piel de la pierna derecha de la muchacha, haciéndole soltar un quejido de dolor. Él se volteó hacia ella, alarmado tomando una servilleta de tela para limpiar la sangre de la cortada.
'No es nada' soltó ella, revisando la cortada y encogiéndose los hombros.
'¿Segura?' preguntó.
'¿Quién es él?'
El rubio entornó sus ojos azules con rabia, hacia la puerta cerrada del bar, soltando un suspiro prolongado.
'Él… es malas noticias. No quiero hablar respecto a eso' dijo negando con la cabeza, y terminando de limpiar la cortada superficial con un poco de agua.
'No necesitas protegerme' atajó ella, adivinando sus intenciones.
'Oh, pero sí lo necesito. Eres propensa a los accidentes' dijo señalando su cortada.
'Eso no es justo' soltó ella ofendida.
Él se levantó del suelo, enviándole una sonrisa condescendiente.
'Esto no es asunto tuyo'
'Si es asunto tuyo, es asunto mío'
'No, ciertamente no. Prefiero mantenerte tan alejada como sea posible'
'Pero… ¿Por qué?'
Él acarició su mejilla, en silencio.
'Temo que desaparecerías en una nube de humo, si te dejo tocar mi realidad'
Yamato Ishida cerró los ojos con pesadez, al tiempo que se colocaba una sudadera encima y se levantaba de la cama con gesto cansado. No estaba seguro de cómo había pasado lo que había pasado. Bueno, eso no era cierto, estaba perfectamente al tanto de cómo y porqué había pasado. El problema serían las consecuencias irremediables de ello. Sus ojos azul zafiro, se enfrascaron a un lado, fijando la mirada en los caireles marrones desordenados por su almohada.
Mimi Tachikawa estaba dormida. Total y completamente dormida. Abrazando un trozo de manta sobre su pecho, como intentado resguardar su pecho. Y para ser justos, quizás debería mantener ese instinto en su vida cotidiana.
'Deberías tener una protección contra mí'
Yamato se alejó hacia la ventana frotando sus sienes.
¿Qué acababa de hacer, en verdad? No se sentía como la clase de chicos que desarrollaban relaciones largas con las mujeres, y Mimi Tachikawa ciertamente no era la clase de chica con la que podría tener una aventura de una noche. Incluso si había sido ella quien había venido a buscarla, quien no aceptaba un no por respuesta, él había sido el que la había besado.
¿Por qué la había besado, en verdad? No era difícil imaginar motivos por el cual quería besarla. Era hermosa, realmente hermosa, ridículamente hermosa. Pero no solamente le atraía su físico, sino una extraña luz que parecía emanar de ella. Una luz que aparecía cuando lo miraba con esos ojos marrón caramelo tan llenos de pureza, una luz que aparecía cuando le sonreía con dulzura. Una simple maldita luz, que parecía estar regada por su piel como escarcha.
Sin embargo, él siempre había sabido que involucrarse con ella era una mala idea. Lo había sabido cuando estaba en 8vo grado y Taichi le había dicho que la invitara a uno de los ridículos bailes de bienvenida. Lo había sabido la primera vez que habían conversado a solas. Siempre había sabido que Mimi no era para él. Ella podía ser hermosa y perfecta, pero él no lo era.
Eran como el agua y el aceite, en el peor sentido posible. Por eso nunca la había invitado a salir, por eso nunca lo había siquiera considerado.
Esa fue la realidad, hasta más o menos dos años atrás.
Su mirada se entornó hacia ella, con un suspiro. Todo había cambiado dos años atrás.
Ahora sabía que era ella. La muchacha con la que había estado soñando toda su vida. La muchacha cuya vida potencialmente había arruinado en tres ocasiones diferentes.
Él no era una persona romántica, diablos, ni siquiera entendía la mitad de los sentimientos que requerían aquellas pesadillas. Pero cuando pasas toda tu vida soñando con una chica misteriosa, mirando su rostro acosar cada una de tus noches, con un inconsciente que constantemente te narra historias orquestadas de películas cursis, eventualmente entiendes que alguna entidad misteriosa está tratando de enviarte un mensaje. Y eso era todo lo que él pensaba que era, un mensaje.
Se había dado cuenta que la muchacha era Mimi cuando Sora le había enviado una foto grupal, y se encontró a sí mismo con los ojos pegados a la castaña. Entonces, pensó que su subconsciente estaba enfermo, eso tenía que ser una mala broma. Mimi no podía ser la mujer de su vida, y le valía un demonio lo que sus sueños dijeran al respecto. Él era un hombre racional, y no estaba para cursilerías tontas en relaciones que jamás iban a funcionar, diablos, él ni siquiera quería una relación.
El problema, sin embargo, había llegado cuando volvió a reencontrarse con ella. Cuando sus cuerpos volvieron a tener contacto después de tantos años de separación. Cuando sus ojos se cruzaron por primera vez, enviando descargas eléctricas por todo su cuerpo, causándole incendios metafóricos en cada lugar de su cuerpo que Mimi tocaba. Cuando supo que era ella con quien soñaba, los sueños que ignoraba poco a poco se convirtieron en pesadillas. Haciéndole despertar cada noche con una repetición cruel de como él había tenido la culpa de cada fracaso. Él parecía ser venenoso para ella, y ella demasiado condescendiente para aceptar que le hacía daño.
Sin embargo, su cinismo a aceptar que aquello era más que un sueño, no flaqueó hasta que comenzaron las alucinaciones estando despierto. Cuando no podía verla, sin ver a sus contrapartes superpuestas sobre ella misma. Hasta que comenzó a escuchar una voz, que no venía de ningún lado, pero le recitaba trozos enteros de sus sueños al oído. Cuando eso empezó, asumió que de seguro se había vuelto loco. Pero no parecía alucinar por nada más que por Mimi.
Si estaba loco, únicamente lo estaba por ella. Y darse cuenta de eso, logró que hasta el más cínico de sus sentimientos aceptara que había algo más.
¿Significaba que creía 100% en la veracidad de sus sueños? No. Pero sí significaba que si había siquiera la más pequeña posibilidad de que lo fueran, no valía el riesgo. Él entendía eso, pero no creía que ella lo hiciera, aún si se tomara la molestia de explicarle su estúpida idea de vidas pasadas o pesadillas del futuro.
Eso, claro, sin mencionar que Takeru iba a matarlo, y estaba bastante seguro de que se lo merecía. Diablos, siempre se lo había merecido.
Suspirando, volvió a fijar su vista en Mimi, y se preguntó como un ser tan pequeño, podía desordenar tan enormemente su vida.
Mimi Tachikawa abrió lentamente los ojos, fijándolos en el techo con un suspiro prolongado. No tenía que voltear en la cama para saber que Yamato no estaba allí. Por unos instantes no supo cómo se suponía que debía sentirse, quizás debería sentirse molesta, traicionada o usada. Pero a decir verdad, sólo se sentía estúpida.
Maldiciendo, Mimi se colocó de pie, vistiéndose de manera apresurada, mientras observaba la luz del amanecer entrar por la ventana de Yamato Ishida. Por un segundo, dudó sobre qué hacer, sentía un nudo en la garganta que le causaba un fuerte dolor y unas ganas infantiles de llorar, pero no sabía si ese deseo era mayor que el de alejarse de manera violenta del lugar.
Suspiró, intentando calmarse por unos segundos.
'No llores, Mimi, eres una chica grande' se dijo de manera poco convincente, mientras recogía sus zapatos y corría a la puerta, la abrió con rapidez, sólo para tropezar con Yamato al otro lado.
La muchacha soltó un pequeño grito de sorpresa, y habría caído al suelo si Yamato Ishida no la hubiese sostenido por los brazos. El muchacho se había cambiado, y su cabello aún estaba húmedo, obviamente se había dado una ducha, no tenía el menor síntoma de somnolencia, lo cual le hizo pensar que no había dormido en absoluto.
´No hagas tonterías' le dijo el muchacho, alzando las cejas.
Mimi recuperó su posición, dejando caer sus zapatos al suelo y dándole un golpe al muchacho en el pecho.
'¿Dónde diablos estabas?' preguntó ella de manera ofendida.
Yamato suspiró, señalando la bolsa en su mano con sorna, donde traía unos cafés.
'En realidad, eres demasiado melodramática para salir conmigo, traté de advertirte´
Mimi suspiró, sintiéndose aún más estúpida, mientras Yamato la esquivaba para entrar a su apartamento, Mimi lo siguió un minuto después, recogiendo sus zapatos del suelo, con las mejillas encendidas de rojo, y cerró la puerta del apartamento.
'Pensé que te habías ido, para no verme...´ confesó de manera avergonzada.
'Lo sé' dijo Yamato, dándole la espalda.
Mimi suspiró, pegando la espalda a la puerta, y clavando la mirada en la espalda del rubio.
´No debiste irte así´
Yamato señaló la mesa con la mano izquierda, clavando sus ojos azul zafiro en ella, de manera inclemente.
'Sé que eres melodramática, por eso te dejé una nota'
Mimi observó el pedazo de papel, y sintió deseos de pegar la frente a la puerta. No la había visto.
'Lo lamento' se disculpó.
Yamato avanzó hasta ella, pasándole uno de los cafés, sin dejar de mirarla de manera seria. El muchacho dio un sorbo su café en silencio, dando un único asentimiento con la cabeza.
'No debí haber asumido sin saber' dijo ella.
'No importa. Sigo diciéndote que no soy bueno para ti, y aún así aquí estás'
Yamato se detuvo antes de preguntarle por qué de hecho estaba aquí aún, y de hacerse la pregunta nuevamente a él mismo.
Mimi bebió el café, mirando a su izquierda con pose incomoda. Probablemente ese era el intercambio de palabras más incómodo que había compartido en ninguna mañana de su vida. Quería preguntarle al muchacho qué significaba lo que había ocurrido la noche anterior, pero no sabía cómo hacerlo sin sentirse necesitada y patética. Yamato por su lado, no parecía tener ganas de hablar, pero al menos no había huido como ella había pensado que haría.
¿Acaso significaba que estaban saliendo? ¿Significaba que fue algo casual? ¿Yamato sólo estaba siendo civilizado? Mimi sentía deseos de tomarlo por los hombros y sacudirlo hasta que le dijera qué significaba que hubieran tenido sexo, pero preguntar eso le haría concederle la razón a Yamato en que quizás él no era el muchacho para ella, como él le había asegurado tantas veces antes. Y es que, quizás ella estaría de acuerdo, si no hubiese tanto más que ella sabía ya, o que al menos creía saber.
Mimi Tachikawa creía con firmeza que estaba destinada a vivir una historia de amor tormentosa con él. Sin embargo, ahora, por primera vez, se estaba cuestionando su capacidad de aguante para realizar dicha tarea sin correr a Yamato en el proceso.
'Entonces... anoche' comenzó a decir Yamato con seriedad.
Se detuvo de repente, observando el semblante confundido de la castaña, obviamente ella necesitaba un nivel de contexto para dónde se suponía que estaban ahora. Él quería brindárselo, pero algo dentro de él le decía que no lo hiciera. Que Mimi estaría mejor lo más lejos posible de él, y esa voz en su cabeza, sonaba muy parecida a la de Takeru Takaishi.
Oh, Dios, Takeru.
Por un momento, el corazón del rubio se saltó un latido. De todas las mujeres del mundo, por qué Takeru tenía que estar encaprichado con Mimi Tachikawa.
'Necesito que no le digas a mi hermano lo que pasó anoche'
Soltó aquella petición de manera más brusca a la que le habría gustado, y Mimi tardó dos minutos enteros en procesarla. Los ojos de Mimi se entrecerraron, con sospecha.
'Aparte de eso creo que deberíamos...'
Mimi levantó la mano izquierda con pose molesta antes de que pudiera continuar.
'Espera... ¿me estás pidiendo que le oculte lo que ocurrió a Takeru?' preguntó ella, de manera ofendida.
Yamato asintió, de manera distraída, sin entender su enojo.
'Sí, sobre lo demás, creo que...'
'Eres un imbecil'
Mimi dejó el café en la mesa junto a la puerta y se arrodilló a colocarse sus zapatos, sin hacer ningún ademán de estarlo escuchando, la muchacha terminó de amarrar sus tenis, colocándose de pie y enviándole una mala mirada antes de girar hacia la puerta. Yamato alzó las cejas confundido.
'¿A dónde diablos vas?' preguntó Yamato.
Mimi le dio la espalda, ignorando el nudo que nuevamente se había formado en su garganta.
'Pasamos la noche juntos, y lo primero que pides es que lo oculte... ¿a dónde crees que voy?'
Yamato abrió los ojos como platos entendiendo la razón de su molestia. Le había malentendido completamente.
'No te estoy pidiendo que lo ocultes, te estoy pidiendo que no se lo digas a Takeru' repitió Yamato de manera obvia.
'¡Eso es ocultarlo!'
'Claro que no, Takeru... Oh, niña ingenua, ¿es que no lo sabes?'
Yamato soltó una risa apagada, negando con la cabeza. No entendía cómo siquiera podía ser posible que Mimi no supiera de los sentimientos de su hermano por ella, considerando que el rubio estaba pegado a ella como calcomanía prácticamente todos los días. Sintió deseos de gritárselo, hasta que un milisegundo después, entendió que no era su lugar revelar los sentimientos de su hermano a su supuesta 'mejor amiga' o lo que sea que se suponía que era su relación.
'No te preocupes, Yamato, no le diré a Takeru, no le diré a nadie. Es más, finjamos que no pasó ¿eso es lo que quieres no? Fingir que esto nunca ocurrió, tantas veces que me dijiste que esto era un error ¿por qué diablos esperaría que pasara algo diferente a esto? Realmente, soy una ingenua, una estúpida...'
Mimi siguió murmurando, mientras abría la puerta del apartamento y la cerraba tras ella.
Yamato alzó las cejas mirándola partir. Las mujeres sí que se armaban tormentas en la nada.
'Takeru está enamorado de ti, tonta...' murmuró para sí, antes de rendirse y caminar hacia la puerta para seguirla.
Sin embargo, algo le hizo detenerse al momento en que su mano tocó el metal en la perilla. Quizás esto era obra del destino, para facilitarle las cosas. Mimi le gustaba, quizás demasiado para el bien de los dos, y con todo lo que sabía, quizás esto era preferible.
Pensar eso le lastimó un espacio indeterminado en su corazón.
'No la quieres, es un engaño de tu mente' se dijo, negando lentamente con su cabeza. Esa era una pésima manera de comenzar el día: mintiéndose a sí mismo.
Mimi corrió lo más fuerte que pudo, evitando los pocos estudiantes que rodeaban su camino para ir a la universidad, aún era demasiado temprano para las clases, pero algunos rezagados irían a la cafetería a desayunar o la biblioteca antes de que las clases comenzaran. Ella por su lado, no tenía las menores intensiones de asistir a clases hoy. Aún sentía ganas de llorar, por una extraña mezcla de ira y dolor, intentó aguantarlo, pero se vio fallar, cuando ya estaba a medio camino de llegar a su apartamento.
Se detuvo, soltando unos sollozos aislados, pateando un árbol cercano, y cubriendo su rostro como una niña pequeña.
'Eres tan estúpida, Mimi Tachikawa'
Ni siquiera podía estar molesta con él en verdad, había sido ella la que se había armado una historia de amor imposible en su cabeza. Maldijo a sus sueños por eso, y se maldijo más a ella por creerlos. Pero, es que se sentían tan reales...
Su mirada se alzó al cielo, y por una milésima de segundo, se preguntó por la posibilidad que su certeza sobre aquellos sueños, no fueran ideas romantizadas de su cabeza, sino la realidad... ¿qué dirían sus yo del pasado si ella se rendía tan fácilmente? Aquella pregunta casi le hace girar sobre sus talones y regresar al rubio. Pero su orgullo la detuvo. Se sentía humillada, y tonta.
'Quizás sólo he estado viendo las cosas de manera equivocada...' se dijo, mirando el camino por el que había corrido 'quizás no es él al que quiero, sino a lo que veo al dormir... ese no es él...'
Sus palabras flotaron sobre ella por unos minutos. Hasta que el sentimiento de derrota le hizo continuar su camino a casa.
Cuando llegó, no encontró a ninguna de sus compañeras despierta aún. Prefirió eso, no quería brindar explicaciones, ni hablar sobre lo que había ocurrido, no quería tener que escuchar decir a todos como ya le habían advertido que Yamato Ishida no era para ella.
Su respiración se cortó, al tiempo que cerraba la puerta de su habitación y se dejaba caer en el suelo, dejando salir las lágrimas que quedaban aún atrapadas en ella.
Su mano se abrió y se cerró repetidamente sobre la placa de metal con su nombre que le había dado su superior esa mañana. El metal se sentía frío y extraño en su mano, como si su mano rechazara el roce. Soltando el aire remanente en sus pulmones, el rubio giró el rostro a su derecha, esperando verla aparecer. Su reloj le avisó que llevaba más de dos horas de retraso, y eso le hizo preguntarse, si no estaría esperando en vano, quizás ella no vendría, quizás ella estaba demasiado molesta con él.
De manera instintiva, su mano fue a la mejilla derecha donde lo había golpeado, y una media sonrisa se curvó en sus labios. Habían sido amigos por demasiado tiempo para que fuese engañado por el golpe y las palabras de dolor. Le había gritado que lo odiaba, frente a una multitud de gente, y aún si lo odiara, él no podría culparle. Quizá debió decirle cuando se reencontraron, quizá debió decirle que ya no era el mismo muchacho que soñaba con la música y una vida junto a la playa. Quizá debió decirle que sus planes habían cambiado. Su mirada fue de nuevo a la placa en su mano.
'Pero no podía' sabía que al momento en que las palabras escaparan de su voz, el ensueño del último mes desaparecería como niebla entre sus manos. Ella tenía razón, él había robado esas últimas semanas, pero por eso no podía disculparse, no estaba arrepentido en lo absoluto, volvería a hacerlo sin dudar, volvería a mentir y a tomar esas cuatro semanas con ella así terminaran con ella gritándole que lo odiaba, y con él sin creerle ni una sola palabra. Sabía que mentir no era bueno, pero si con mentir lograba llevarse con él el recuerdo de las últimas semanas, el recuerdo de cada sonrisa que ella envío en su dirección, cada risa que había soltado en su oído, cada mirada transparente enviada en su dirección, cada roce de su piel con la suya, y hasta un beso robado bajo la vista del obelisco... Si mentir le traía algo por que luchar, algo en lo que creer, algo a lo que sentir esperanza, y algo por lo que volver…. mentir no podía ser un error.
Sus ojos azules se cerraron, mientras inclinaba la cabeza hacia atrás. El padre de la muchacha ya había salido a decirle que se marchara, que ella no volvería esa noche, pero él no podía hacerlo. Pasaría toda la noche allí, si era necesario.
Un sonido de pasos le hizo ponerse de pie, y girar sobre su propio cuerpo para encontrarla a más de cuatro metros de distancia. Había salido de su casa, lo cual significaba que había sabido que estaba allí desde que llegó. Tenía puesta un ridículo pijama de flores de loto de color rosado, y el cabello revuelto en una coleta improvisada, con unos mechones que le caían sobre los ojos en un fallido intento de ocultar lo hinchados y rojos que estaban por llorar.
De manera automática él se acercó, únicamente para que ella retrocediera, levantando las manos para evitar que se acercara.
'Sólo baje a pedir que te fueras´ explicó.
Él negó rápidamente con la cabeza, y le envió una sonrisa condescendiente.
'No voy a irme, no mientras estás así conmigo, necesito que me perdones'
Ella le envió una sonrisa triste que únicamente hizo que su rostro se viera más afectado que antes.
'No digas eso... sé que así esté así, te irás cuando te llamen'
Él quiso decirle que estaba equivocada, pero no pudo pronunciar las palabras en buena conciencia, sabiendo que tenía razón.
'Estoy aquí ahora' dijo, siendo lo mejor con lo que pudo defenderse.
Dio un paso hasta ella, y ella volvió a retroceder, soltando un sollozo.
'Por favor, no hagas esto' le suplico, dando otro paso hasta ella.
Ella volvió a retroceder, negando con la cabeza, mientras otras lágrimas se derramaban de sus brillantes ojos caramelo.
'Tú eres quien lo hace, no yo, tú eres quien va a irse'
Él se mantuvo inmóvil, antes de asentir con lentitud, retrocedió llevando la mirada a la placa de metal en su mano.
'Tienes razón, sí me voy...' apretó la placa entre sus dedos por unos segundos, antes de lanzarla en su dirección, con una mirada resignada. Ella la atrapó, secando su rostro con la manga de su pijama rosa, y fijando sus ojos en la inscripción de la placa.
'Estás marcado... como una vaca al matadero'
'No me desees la muerte' pidió con una sonrisa.
'¡Yo nunca haría eso!' soltó ella indignada.
'Lo sé, no fue gracioso, lo lamento'
Ella lo miró de manera reprobatoria, antes de volver su vista a la placa de metal, el nombre del muchacho parecía brillar en ella bajo la luz de la luna, como si estuviera marcada en neón. De alguna manera, eso lo hacía más real que el uniforme que, al menos, había tenido el buen gusto de no traer puesto hoy. Por un momento, quiso avanzar y abrazarlo, suplicarle por centésima vez que no se fuera, o quizás golpearlo de nuevo por mentirle y ocasionarle todo el sufrimiento extra que le estaba causando, o quizás besarlo y llenar sus labios del sabor de sus besos de nuevo, o quizás mencionar las dos palabras que le rompían el alma en dos pedazos.
Sus rodillas flaquearon, y volvió a dejarse caer al suelo, con un nuevo ataque de llanto, sólo que esta vez, no se calló, él la sostuvo en sus brazos, abrazándola con fuerza, y ocultando el rostro en su cuello. Él olía como la lluvia, como el rocío de la mañana, y sus brazos la sostenían como si fuese una pluma. Al momento en que sus sollozos volvieron a escucharse, fueron enmudecidos por el cuerpo de él, quien la aferró con más fuerza a su cuerpo, hasta que sus pies ya no tocaron el suelo. La levantó, y se sentó bajo la sombra del gran sauce del jardín vecino, apoyando su espalda en la madera, y manteniéndola a ella sobre sus piernas, todo lo que pudo hacer fue acurrucarse, y permitirle consolarla en silencio.
Había llorado por más de una hora, sin que ninguno de los dos hablara, cuando finalmente se calmó, él la estaba mirando con esos mismos ojos azules llenos de profundidad que ella había pasado más de la mitad de su vida observando al otro lado del jardín, ¿cómo no lo había amado la primera vez que lo vio? Tenía tres años, y el acababa de mudarse, pero ella debió saberlo entonces, debió saber que era él, debió haber aprovechado cada segundo que pasó a su lado, debió haberle dado su primer beso a los ocho años, debió haberlo abrazado cada día del divorcio de sus padres, debió seguirlo cuando se mudó lejos de esa cuadra donde se habían conocido, debió perseguirlo mientras vivió lejos.
Debió estar ahí para él, no debió haberlo dejado ir de su vida por tantos años. Eso lo había sabido al momento que se reencontraron, debió estar a su lado cada segundo posible, y no lo estuvo... ¿por qué no lo estuvo? Ella debió amarlo desde el primer segundo, y por cada respiro que dio desde ese momento hasta ahora ¿por qué había perdido tanto tiempo? ¿Por qué se había empeñado en ser su amiga, cuando era él? ¡Él! y solo él la persona que siempre había acelerado su corazón, la persona que siempre le había hecho soñar con lo imposible, la persona que siempre le había sentir viva, y de la cual no se había olvidado jamás pese a la distancia y el tiempo.
Él había sido especial para ella desde el comienzo, ¿por qué no se lo había dicho? Debió decírselo todos los días, no debió dejar pasar ninguno sin decirle lo importante que era para ella... ¿qué pasaría si ahora no volvía a verlo? Aquel pensamiento le helo la sangre de una manera que no le permitió pensar en nada más.
Sus brazos se cerraron con más fuerza al rededor del cuello del muchacho, maldiciendo al viento en silencio, y apoyando la frente en la de él.
'No quiero que te vayas, no quiero que estés lejos de mí, ni por un segundo más, no puedo aceptar que quieras irte y dejarme atrás... no puedo'
'No voy a dejarte atrás, no voy a irme para siempre'
Quiso decirle que él no sabía eso, pero no pudo, sus palabras se atoraron en el fondo de su garganta.
'Voy a volver' prometió él, enviándole una sonrisa 'lo prometo'
Ella le dio un leve golpe en el pecho, enviándole una débil sonrisa.
'Claro que vas a volver, sabes qué sino te buscaría hasta el fin del mundo'
'Eso lo sé'
Intercambiaron una sonrisa, y él volvió a secar sus lágrimas con una mano.
'No llores. No es un adiós, no me hagas sentir que lo es'
Ella aguantó la respiración por unos segundos, asintiendo.
'Esperaré por ti'
Él la observó con seriedad por unos segundos.
'¿No estarás saliendo con ninguno de tus hippies amigos cuando vuelva?' preguntó.
Ella negó con la cabeza, apretando la placa, antes de ponerla sobre la mano de él.
'No quiero quedar marcada por nadie más'
Él guardó silencio, por varios minutos, hasta que tomó la placa y la pasó por la cabeza de la muchacha, dejándola sobre su cuello. Ella lo observó extrañada, mirándole a los ojos confusa.
'¿Qué haces? Necesitas esto'
Él negó con la cabeza, enviándole una sonrisa.
'Diré que se me perdió. Pediré por una nueva. Tú quédate con esta'
La muchacha observó la placa confundida, tomándola entre sus manos blancas. De pronto, las manos de él se enredaron entre las suyas, haciéndole subir la vista hacia él. El ámbar de sus ojos, se unió con el zafiro de los de él, causando que se perdiera en ellos, y que el mundo entero a su alrededor desapareciera.
'No tengo una anillo para darte, pero quiero que te quedes con esto hasta que vuelva como prueba de mi palabra. Voy a volver por ti, espérame, por favor'
Su corazón se estrujó dentro de su pecho como si alguien acabara de apretarlo con una mano invisible y fría, sin querer, volvió a sollozar, con pesadas lágrimas cristalinas rodando por sus mejillas. Era un tonto en verdad... ¿es que acaso no sabía que ella lo esperaría hasta el fin de los tiempos, si fuese necesario? No necesitaba un recordatorio, no necesitaba prometerle nada, no necesitaba que se lo pidiera. Algo en lo más profundo de su ser, ya había decidido hacerlo, sin siquiera preguntar su opinión al respecto.
'Te esperaré, vuelve a mí pronto' se escuchó a sí misma decir, mientras sus labios se unían con los de él.
Ambos lo dijeron creyéndolo con cada partícula de su ser. Pero, la vida no siempre se interesa en las promesas que hacemos de corazón. No siempre toma nuestra opinión al respecto cuando decide el rumbo de nuestro camino. Algunas veces, el destino es cruel y miserable, sin importarle las palabras reales dichas en una noche de luna llena bajo la sombra de un árbol. A veces, no importa que tanto queremos algo, y se nos es arrebatado de las manos sin razón, sin lógica, sin sentido, porque perder algo que define tu vida siempre es un error, no importa cuánto te digan que las cosas pasan por algo… no ser capaz de cumplir una promesa, por algo que se escapa de nuestro control, nunca es lo correcto.
Se supone que cuando dos personas se aman lo suficiente, el universo debería conspirar para juntarlos, más la mayoría del tiempo son las historias trágicas e incompletas las que terminan marcando nuestra vida. Al final, pese a todas las noches que ella pasó esperando bajo el sauce, pese a todas las cartas que envió sin respuesta, pese a todas las noches que clamó por él, y que lloró su ausencia, él nunca encontró su camino de vuelta a ella. Por mucho tiempo, ella ni siquiera supo qué había sido de él, hasta que unos oficiales en la puerta vecina le habían confirmado sus peores miedos antes siquiera de que los padres del muchacho abrieran la puerta.
En un segundo, comprendió que él jamás encontraría su camino de vuelta a ella.
Ella nunca volvería a verlo. Él se había ido, para siempre, y no importaba lo que nadie más dijera, eso no tenía sentido, eso no había pasado por una razón, ninguna lógica valía que ella perdiera lo único que realmente había querido en toda su vida… de alguna manera, ella se había ido con él.
Mimi Tachikawa despertó de golpe, intentando colgarse de una memoria de cuya certeza dudaba, para encontrar que se había quedado dormida en el suelo de su habitación, después de llorar por un indeterminado número de horas.
La luz del medio día le lastimó los ojos, al tiempo que se levantaba con pesadez del suelo y se dejaba caer en la cama, sin poder resistirse en fijar la vista en su celular con la esperanza fallida de encontrar un mensaje de Yamato Ishida en él. Lo único que había en su teléfono eran mensajes de Takeru Takaishi preguntando por qué no había asistido a clases.
Mientras el nudo en su garganta volvía a cerrarse, y unas lágrimas solitarias rodaban por su cara, Mimi fue golpeada por la realización de que más que llorar por Yamato Ishida, lloraba por un hermoso sueño imposible.
ESPERO SU OPINIÓN, BESOS!
