Capítulo 4: De compras en Londres.
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De repente, la molesta claridad le despertó de ese magnífico sueño en el que estaba en Hogwarts. La maldita luz venía y se iba una y otra vez, acompañada por el ruidito ese tan molesto. Frunció el ceño, fastidiado, y, con mucho esfuerzo, empezó a abrir los ojos. Como un acto reflejo, se tapó los ojos al notar el dolor que le causaban cuando veía la claridad. Se incorporó levemente y vio quien era el culpable, o mejor dicho, la culpable, de esa molestia: Hermione estaba junto a la puerta de su habitación, aun con el pijama, formado por una camiseta de mangas cortas y pantalón corto de color rosa, presionando una y otra vez el interruptor de la lámpara. Hermione, al ver la cara de fastidio que ponía Draco, soltó una pequeña risita de satisfacción sabiendo que había conseguido su objetivo: molestarle.
- Buenos días – canturreó la castaña en tono de burla.
Draco gruñó y se tapó la cabeza con la almohada mientras se volvía a tirar contra el colchón.
-¡Vamos, arriba! – le animó Hermione, insistiendo aun más en apretar el dichoso interruptor. Aunque en un principio había pensado que lo mejor sería no hacerle ni caso al Slytherin, después había decidido que lo mejor sería molestarle todo lo que pudiera y torturarle por decir que todo lo muggle era una porquería -. ¡Venga, que ya son las diez, perezoso!
-Granger, vuelve a encender la luz y estás muerta – le amenazó sin quitarse la almohada de la cabeza.
La chica, al ver que su plan no daría resultado, ya que el chico tenía la cara tapada, optó por ir hacía la cama y sentarse en uno de los filos, para después empezar a dar pequeños botes sobre el colchón.
-¡Vamos, levántate, Malfoy!
-¡Estate quieta! – le gritó-. ¡Granger, ya basta!- Al ver que la joven no le hacía ni caso, tiró la almohada al suelo con enfado, se incorporó del todo y gritó – ¡Te mato!
Hermione saltó de la cama, al igual que lo hizo el chico segundos después, y salió corriendo hacia el piso de abajo mientras era perseguida por el rubio. Desde la cocina se oían los apresurados pasos de los dos chicos que corrían escalera abajo. Hermione llegó hasta allí antes que Draco, les dio los buenos días a sus padres, acompañado con un beso, y se sentó, sintiéndose segura allí, ya que sabía que el joven, que acababa de llegar, no se atrevería a hacerle nada delante de su familia.
-Buenos días - dijo Bernard, separando por un momento los ojos del periódico.
-Buenos días - contestó Draco, sin quitarle ojo a Hermione, la cual le miraba triunfante y con superioridad.
- Buenos días, Draco - dijo Jane, poniendo dos platos, con dos tostadas cada uno, delante de los más jóvenes de la casa – siéntate. Tienes mala cara, cariño. ¿Has dormido bien? – preguntó preocupada, al ver la cara de enfado de Draco.
-Lo hacía hasta que Gran…Hermione tuvo la genial idea de despertarme encendiendo y apagando la luz y dando botes encima de mi cama – dijo con fastidio, para después llevarse una de las tostadas a la boca y darle un mordisco tan brusco que parecía que se imaginaba que el pobre pan era la chica y que la estaba despedazando con crueldad.
-Hermione, cariño, ¿por qué despertaste así al pobre Draco? - preguntó Jane, mientras limpiaba la encimera.
-Son las necesidades de hacerle bromas a un hermano. Te dije que deberíamos haber tenido un hijo más, mi vida - bromeó Bernard-. Aun no es demasiado tarde, ¿no crees?
A Jane casi se le cae uno de los platos que estaba poniendo en su sitio cuando oyó eso. Miró a su marido, algo sonrojada, y exclamó en forma de reclamo:
-¡Bernard!
-Tranquila, solo era una broma - aclaró el mientras su mujer le lanzaba uno de los paños de la cocina - Mírala, como se sonroja. Tantos años casados y sigue tan vergonzosa como el primer día - le dijo a Draco -. Estas son las buenas mujeres, las que nunca pierden la inocencia - dijo, refiriéndose a su mujer y a Hermione -.Quien consiga conquistar a mi hija será muy afortunado, ¿no crees, Draco? - le preguntó al rubio mientras le daba suavemente con el codo.
Draco le miró de forma extraña. ¿Acaso era eso una indirecta?
Hermione casi se atraganta con su vaso de leche y, tal y como había hecho su madre antes, exclamó:
-¡Papá!
Draco la miró divertido. Eso debería ser una venganza por haberle despertado de esa manera, pero no le había gustado que el padre de Hermione quisiera juntarle a él con su hija.
-¿Qué? No he dicho nada malo – se defendió haciéndose el tonto. Se llevó a la boca la taza de café y se bebió el último sorbo -. Bueno, de todas formas, te dije que le podrías haber despertado más tarde – dijo de repente.
-¿Y eso a que viene ahora? – preguntó Hermione, que había perdido el hilo de la anterior conversación.
-Todo esto empezó porque despertaste de mala manera al pobre muchacho. Y yo te dije que yo os acercaría hasta el centro, no hace falta que vayáis andando.
-Si, papá, pero es que Draco es tan presumido que tarda mucho más que yo en arreglarse.
-Eso es porque tu no te arreglas, Hermione – respondió el rubio, con una falsa dulzura al pronunciar el nombre de la chica.
Ella frunció el ceño. ¿Ah, si? ¿Eso creía? Ya se arreglaría ese día y demostraría que, incluso poniéndose guapa, era más rápida que él.
-¿Habéis terminado de desayunar? – Preguntó la madre, y, al ver los platos y vasos vacíos, dijo- Pues, venga, id a prepararos. Hermione, deja que Draco se duche primero.
-Gracias, señora Granger – dijo el chico y Jane le sonrió. La verdad era que la familia de Granger, a pesar de ser muggles, era muy simpática. Nunca nadie había sido tan amable con el como lo era la señora Granger. Era verdad que la gente le respetaba, pero era solo eso, respeto. Sin embargo, Jane lo trataba con sincera amabilidad. Por otro lado, jamás se había juntado con alguien que sus bromas no sirvieran para otra cosa que humillar a los demás y hacerles pasar un mal rato, pero el señor Granger lo hacía simplemente por diversión, sin intención de dañar a nadie.
Los dos subieron arriba a prepararse. Antes de que Draco pudiera meterse en el baño, Hermione le dijo:
- Oye, ¿tienes ropa normal?
-Define "normal"– respondió él.
- Cualquier cosa que no sea de mago. Nada de capas o túnicas – dijo ella.
- Sí, tengo algo – dijo sin darle importancia.
-Pues póntelo. Y llévate dinero, también tendrás que comprarte ropa muggle.
- Ya lo suponía – dijo con una mueca de asco y se encerró en el baño.
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-Ya era hora – le dijo Hermione, una hora más tarde, cuando el chico estaba vestido con unos pantalones negros y una camisa blanca de seda. Las dos prendas parecían muy caras.
Draco la miró de arriba a abajo. La chica se había puesto una falda un poco más alta de la rodilla de un color azul pálido y una camiseta de mangas cortas de un tono un poco más fuerte. No parecía la de siempre.
-Haz una foto, dura más - le dijo Hermione.
-¿Para que querría yo una foto tuya, Granger? ¿Para espantar a los fantasmas? - preguntó con burla.
-Anda, cállate y vamos. Mis padres nos están esperando en el coche - Hermione empezó a andar hacia la salida.
-¿En donde? - preguntó confundido, siguiéndola.
-Ahí – señaló la joven al automóvil cuando salieron al jardín. Anduvieron hasta el coche familiar de color plateado y Hermione abrió la puerta trasera. – Entra- le indicó, y el chico entró dentro.
-¡Vaya, que guapos os habéis puesto! Normal que tardaseis tanto – exclamó Jane cuando los dos estuvieron en el coche -. Que bien te sienta esa camisa blanca, Draco. Parece muy cara.
-Lo es – afirmó, satisfecho.
-Malfoy es rico, mamá. Solo se compra cosas de marca – explicó Hermione, rodando los ojos.
-Y me quedan de maravilla – dijo, tan presumido como siempre. Los padres de Hermione rieron, pensando que era una broma y que el Slytherin tenía muy buen sentido del humor. Solo Hermione se dio cuenta de que lo había dicho en serio.
-Si no os importa, voy a llevar primero a tu madre al instituto y después os dejo en el centro – le dijo Bernard a su hija, girando en una esquina.
-Hermione, después de entregar la matricula iré al trabajo, así que haz lo que quieras de comer.
-Está bien. No te preocupes, mamá.
Quince minutos más tarde, llegaron al centro comercial y el padre de la castaña les avisó que no podría ir a recogerlos porque estaría en la consulta. Los dos entraron directamente a la sección de libros. Pidieron todo lo que necesitaban para el instituto y les dijeron que en cuanto los libros estuvieran allí les llamarían. Después fueron a la sección de ropa y Hermione preguntó a la dependienta si tenían los uniformes del instituto Fénix. Por suerte, aun quedaban. El uniforme de los chicos se componía de una camisa blanca, una chaqueta roja y una corbata roja, junto con unos pantalones negros. El de las chicas era igual que los chicos, lo único que cambiaba era que en vez de llevar pantalones, llevaba una falda por encima de la rodilla.
Los dos entraron en los probadores. Cuando Hermione salió, contenta por que había acertado con la talla, tuvo que esperar un poco más a Draco.
-¿Te queda mucho? – le preguntó, cansada de esperar.
-Esta maldita corbata se me resiste – respondió desde dentro.
-¿Estas visible? ¿Solo te queda la corbata? – le preguntó de nuevo.
-Si – contestó él.
Hermione entró en el probador y cerró la cortina.
-¡¿Se puede saber que haces?! – le preguntó, molesto.
-Ayudarte – le dijo, poniéndole las manos en la corbata. Éste enseguida se las quitó de encima.
-No necesito tu ayuda. No me toques, sangre sucia – le dijo.
-Oye, después de esto tienes que ir a comprarte ropa. Vamos a pasar aquí un rato y me gustaría que nos diéramos prisa. Así que deja de comportarte como un inmaduro y deja que te ayude.
Draco se quedó sin saber que decir, así que, con cara de mal humor, dejó que la chica le pusiera bien la corbata. Aunque no le gustaba que ella le tocara, lo que más le molestó fue que sintió como un ligero rubor aparecía en sus mejillas.
-Ya está. Te queda bien ¿verdad?
-A mi todo me queda bien – dijo él -, pero odio el color rojo. Es el color de Gryffindor.
-Lo siento, pero así es el uniforme.- Salió del probador -. Date prisa y cámbiate. Aun te tienes que comprar algo más de ropa.
Y ojala solo hubiese sido "algo" de ropa, pero Hermione ya había supuesto que el chico sería tan presumido o peor que una chica. Cuando terminaron las compras, Draco llevaba montones de bolsas, la mayoría con ropa blanca, negra o verde. El chico decía que el verde era su color preferido y que los otros dos colores eran los más elegantes. Por supuesto, el niño caprichoso no había querido comprar ropa barata. Se gastó una fortuna en las marcas más caras. Los vendedores le trataban como un rey al ver todo el dinero que gastaba, y, aunque no sabia cuantos dollares equivalían a un galeón, él gastaba todo lo que quería porque "para eso tenía dinero", como él decía.
-Por fin terminas – le dijo -. Creo que te llevas medio centro comercial.
-Por que puedo permitírmelo. No como otras.
-¿Siempre tienes una respuesta desagradable para dar?
-Para ti sí.
Hermione bufó. Ya estaba harta de él. Estaban dispuestos a salir del centro comercial cuando Hermione vio algo que la detuvo: el Pizza Express. Su estomago empezó a quejarse y la verdad era que no tenía muchas ganas de cocinar al llegar a casa.
-Ven. Vamos a comer una pizza- le dijo a Draco, agarrándole del brazo para que cambiara la dirección.
-¿Que vamos a comer qué?
-Una pizza. Ya verás, te va a gustar.
Entraron a la pizzería y Hermione pidió la pizza a su gusto, ya que Draco no tenía ni idea de que era lo que se iba a llevar a la boca. Hermione le había explicado que era una masa, como la del pan, con varios ingredientes encima, pero el chico no se podía imaginar el aspecto que tenía un pan con cosas encima. Cuando le trajeron lo que habían pedido, Draco lo miró de manera extraña. Definitivamente no se había imaginado que fuera así. Hermione fue a por uno de los trozos y Draco, al ver que comía con las manos, pensó que se había vuelto loca.
-Se come con las manos, Malfoy – le dijo, al ver como la miraba.
El chico, finalmente, se decidió a coger un trozo. Le dio un mordisco y a Hermione le pareció que mientras masticaba iba evaluando el sabor, porque lo hacía lentamente y con una expresión muy seria. Poco a poco y sin darse cuenta fue sonriendo. Parecía que el sabor le había convencido del todo. Hermione no había terminado su segundo trozo cuando Draco ya iba por el cuarto, y cuando se acabó la pizza, el chico quiso empezar con otra.
-¡Vamos a pedir otra! Esta vez que tenga…- dijo mirando la lista…- ¡cuatro quesos!
-¡Hey! ¡Que después lo tengo que pagar yo!
-Oh vamos, no seas tacaña.
-Está bien – se resignó la chica - , pero que sea pequeña y solo lo hago porque me quedé con ganas de más.
Pero Draco sabía que eso era mentira, ya que cuando llegó la pizza Hermione solo se comió un trozo y parecía que lo hacía solo para hacer creíble lo que había dicho anteriormente, porque parecía que se la comía sin ganas. Al parecer la sangre sucia no era tan mala. Había comprado esa pizza solo por él.
Cuando se dirigía a la salida, tuvieron que pasar por la sección de libros una vez más. Hermione se fijó en que estaban colocando unos libros en la parte de "los más vendidos" y vio unas portadas de color azul. Draco vio como, de repente, la chica que estaba a su lado salió corriendo y con dificultad por las bolsas que llevaba encima, la siguió.
-¿A dónde ibas con tanta prisa? – le preguntó cuando la alcanzó.
-Este libro. Lo estaba esperando hacía muchísimo tiempo. ¡Por fin está a la venta! Es la segunda entrega de mi novela preferida.
Pero la felicidad de Hermione duró poco. Cuando vio el precio del libro, lo dejó de nuevo donde estaba y se fue de allí.
-¿Por qué no te lo compras? – le preguntó el rubio.
-Es muy caro y no me queda dinero – contestó ella tristemente.
Draco se quedó mirando con interés el lugar donde había dejado el libro la chica.
-Espera un momento – le dijo-. He visto una camisa que me interesa comprar. Cuida las bolsas.
Antes de que la chica pudiera decir algo, el rubio ya había desaparecido y cuando volvió, camufló la bolsa en la que llevaba la supuesta camisa entre las demás.
-Ya podemos irnos.
CONTINUARA…
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Fin del capitulo 4.
Hola a todos! ¿Qué tal ha estado el capitulo? Veo que el último si que os gusto, y eso que pensé que os cansaría mucho leerlo, pero no!
Gracias por todos vuestros comentarios. Jamás pensé que podría tener tantos con solo 3 capítulos. Ahhh, estoy feliz!
Alguien me preguntó si seguiría el fic. Claro que si! Y ahora más que nunca, que tengo un montón de ideas y mi otro Dramione ya lo voy a acabar.
Decidme que pensasteis de la bromita que le gastó Hermione a Draco al despertarle por la mañana? Os lo imagináis? Se me ocurrió por que yo le hice lo mismo a mi primo un día y casi se levanta para darme con un bate de béisbol n.nU jajajaja.
Bueno, me despido.
Hasta la próxima!
Pétalo-VJ
