No entiendo el motivo por el que debo hacerlo.- Dijo Draco Malfoy mirando con superioridad a Sirius Blanck.

-Harry ha pedido verte.- Respondió en un murmullo, exasperado.

Era la quinta vez que le repetía lo mismo y nada, que no se daba por enterado. Los ojos plata del muchacho joven le observaron impasible, sin perder ni por un momento la tranquilidad que le caracterizaba.

-Creo haberte dicho que no hago caso a los mandatos entupidos de mocosos malcriados. Por mucho que Potter sea el maldito héroe mágico, no tengo ninguna obligación de obedecerle.- Declaró en el mismo tono helado que las veces anteriores.

-¡Por Dios Malfoy! Si Harry ha pedido verte supongo que será por algo, ¿no? Deja de ser tan orgullo y pedante y haz el favor de ir a verle. Allí podrás insultarle todo lo que quieras pero por lo menos yo no quedaré mal.

-Eres insufrible, Black.- Dijo haciendo una mueca de asco al hombre frente a sí.

-No más que tu, Malfoy.- Respondio él, mirandole de la misma forma.

¿Por qué diablos su ahijado querría ver a ese prepotente? Deseaba que fuese simplemente para insultarle, sin embargo, el tono ansioso con el que se lo había pedido parecía indicar lo contrario. De todas formas, él simplemente cumpliría con su mandato, que luego Harry se las arreglara con el, ¿no? No podía ser tan malo después de todo.

Draco Malfoy suspiró con desagrado y se levantó del sofá donde había permanecido todo el rato sentado. Lanzó una mirada furibunda a Sirius y se dirigió a la puerta sin mirar ni un momento atrás, con toda la decisión propia de él.

-Lo haremos a tu gusto, Black.- Repitió su apellido con desprecio, saliendo de la habitación.

Sirius negó con la cabeza y, sin otra opción, le siguió.

Remus fue a abrir la puerta después de que esta hubiese sonado varias veces. Ante él se encontró con el rostro sonriente de Albus Dumbledore que, a pesar de haber sido cortes al llamar a la puerta, no esperó invitación alguna para atravesarla, haciendo a un lado al licantropo,

Conociendo las excentricidades del anciano, no dijo nada y se limitó a encogerse de hombros, cerrando la puerta tras de sí. Cuando se volvió, Dumbledore se encontraba abrazando a un sorprendido Harry, que no sabía ni como actuar.

-Mi muchacho, me alegra tanto de que hayas despertado.- Dijo, apretando más fuerte al chico para luego soltarlo y retirarse de la cama.

-Yo... Gracias..- Harry miró a Remus, pidiéndole una explicación, pero el castaño simplemente negó con la cabeza, casi tan aturdido como el propio Harry.

Dumbledore, que después de todo para algo era uno de los magos más poderosos de la Tierra, se dio cuenta perfectamente de las miradas atónitas de los otros dos.
Sabiendo que tarde o temprano le tendría que dar una explicación a Harry, pues se lo había prometido a sí mismo, se dirigio a Remus.

-¿Puedes esperar fuera un minuto? Me gustaría hablar con Harry a solas.

-Por supuesto.- Dijo Remus, mirando de reojo al muchacho moreno, preguntándose qué demonios pasaba ahí. No que se lo fuera a preguntar a Dumbledore, claro está.

Una vez que Remus salió, Dumbledore se volvió hacia su alumno, con una tenue sonrisa en el rostro. Se sentó en una silla al lado de la cama y unio las palmas de sus manos, concentrándose en lo que tendría que decir.

Harry se removió, inquieto. No entendía a qué tanto misterio.

-Harry...- dijo Albus, mirando fijamente al muchacho.- Cuando fuiste a la batalla final, yo pensaba que estabas totalmente preparado.- Levantó una mano al ver que el moreno iba a protestar, pidiendo silencio.- Fui yo el que te mando a aquella batalla. Y, cuando después no regresaste...- Se quedó callado unos segundos, perdido en sus pensamientos.- Me sentí muy culpable ¿sabes? Yo te aprecio mucho, Harry. He estado vigilando por ti cada día desde que tus padres murieron. Vi como tu familia abusaba de ti, y no hice nada, repitiéndome que era lo mejor para ti. Vigile cada paso que dabas en el colegio y me ocupé de que todo fuera lo más fácil para ti.- Sonrió levemente al ver que Harry alzaba una ceja.- Si, se que no lo hice demasiado bien, tu vida siempre ha sido complicada.

-Señor, no entiendo a que viene todo esto...-Farfulló Harry, un poco incómodo.

-Me sentí tan culpable de no haberte dicho nunca lo mucho que te apreciaba, de haberte mandado a morir, que fue insoportable. Por eso, ahora que has vuelto, tenía que decírtelo Harry. Quiero que sepas que yo siempre estaré para ti, te quiero como si fueses mi hijo, después de todo, te he cuidado como tal.

Unas lagrimas comenzaron a formarse en los ojos de Harry. Desde que se había enterado de lo que le había pasado se encontraba bajo de ánimos, pero por lo menos sabía que tenía gente apoyándole, y eso era suficiente para el.

-Gracias profesor. Yo también le aprecio.- Murmuró, sonrojado por el esfuerzo de mostrar sus sentimientos.

-Lo se Harry, lo se.- Dijo mientras se ponía en pie y despeinaba el rebelde cabello moreno.- Ahora voy a avisar a Remus. Ya se por qué desapareciste.

Harry se incorporó tan rápido al oir semejante noticia, que se hizo daño. Una mueca de dolor salió de sus labios mientras Dumbledore reía levemente, pensado que nunca dejaría de ser tan impulsivo como siempre.
El director se acercó a la puerta y la abrió para encontrarse con que Sirius ya había llegado, acompañado de Draco. Sus ojos chispearon de felicidad y su sonrisa se acentúo.

-Por cierto Harry,- dijo Dumbledore, impidiendo que el muchacho viera quien había detrás de la puerta.- He pensado que deberás seguir tus estudios y terminar tu séptimo año. ¿Te parece bien?

-Por supuesto, señor. Pero, ¿no va a explicar que me ha sucedido?

-Bueno, mejor se lo explico a Sirius y a Remus fuera, mientras, tu puedes quedarte hablando con Draco.- Dijo Dumbledore, guiñándole un ojo al moreno.

Harry, que hasta entonces no había visto a quien había al otro lado de la puerta, no prestó atención a nada más que no fuese el rubio. No notó ni si quiera como Dumbledore salía, ni como cerraba la puerta tras de sí, dándoles intimidad.

Sus ojos estaban fijos en el cabello platinado de Draco, así como en sus preciosos ojos grises. Había cambiado, si, pero para mejor. Se veía adulto, imponente con su túnica ajustada y perfectamente planchada. La espalda recta y la mirada desafiante.
Podría haberse pasado horas mirándole, sino fuera porque el rubio rompió con su ensoñación.

-¿Qué desea señor Potter? ¿Para que me ha mandado llamar?- Preguntó con la voz tan helada que Harry se sintió empequeñecer.

Draco le miraba con altivez y él sintió su corazón arrugarse al notar la hostilidad manifiesta del otro muchacho.

-Draco...- Dijo Harry bastante nervioso.

-Profesor Malfoy para usted, señor Potter.

Y, si por alguna casualidad, Harry hubiera tenido alguna ligera duda, ahora estaba claro: Draco no estaba en una actitud amistosa, precisamente.

Harry permaneció callado, sin saber qué decir, mirando fijamente al rubio frente a sí, que no parecía inmutarse por nada.

Sin embargo, eso no era cierto. Aunque nunca se lo admitiera a sí mismo, un cosquilleo en el estomago le impedía pensar con claridad. Habían sido cinco años en los que no había visto al chico, en los que ya pensaba que había muerto. Verlo ahí, de pronto, despierto y mirándole, era más que suficiente para alterar incluso al mas estoico de los hombres.

-Si va a permanecer callado, será mejor que me vaya.- Dijo Draco, intentando que no se notase su nerviosismo. Nunca se humillaría tanto como para verse frágil delante de otro.

-¡Draco! ¿Acaso te has olvidado de lo que paso entre nosotros?- Preguntó Harry, apunto de echarse a llorar y aguantando las lagrimas lo mejor que podía.

-Lo que paso, fue simplemente un error, señor Potter.- Le respondió Draco, escupiendo sus palabras venenosamente, que se clavaban como dardos en el corazón dañado de Harry.

Sabía que estaba siendo demasiado duro, pero era la única forma de que entendiera. Realmente ya no quería saber nada más de él, y si se lo decía amablemente, nunca le entraría en la cabeza.

-No es posible que no significase nada para ti. Aunque hayan pasado cinco años... Por lo menos éramos amigos.- Exclamó, sin saber qué hacer para que no le tratase así.

-Cinco años es tiempo más que suficiente para romper una mistad. Ahora si me disculpa, señor Potter, nos veremos en clase. Agradecería que no me volviera a llamar para hablar sobre tonterías de adolescentes.

-¿Nunca te he importado?- Preguntó Harry. - Tu dices que en cinco años una amistad se rompe, ¿no? Hermione y Ron no piensan igual que tu.

-Supongo que a ellos le importabas más que a mi.- Se giró para marcharse y, con una mano en el pomo de la puerta, volvió la cabeza hacia el muchacho.- Y por favor, ten un poco de orgullo.- Escupió mordazmente.

No entendía a qué venían los llantos de Harry, después de todo, cinco años dan para mucho... ¿Esperaba acaso que cuando regresara todo el mundo estaría a sus pies, adorándole? Se acordó de Ron y Hermione y bufó mentalmente al darse cuenta de que sí, la mayoría le miraba como si fuese lo más grandioso del mundo.

Oyó a sus espaldas un sollozo ahogado mientras salía de la habitación y, no queriendo ver el espectáculo de Potter llorando, cerró sin mirar atrás.

Fuera, se encontró con tres pares de ojos que le miraban curioso. Sin decir nada, hizo un gesto con la cabeza y se marchó de la enfermería, dejando perplejos a los otros tres hombres.

Sirius acomodó a Harry en la cama, moviendo una y otra vez los almohadones, tapándole con la fina sábana y volviendo a destaparle, nervioso. Notaba que su ahijado había estado llorando porque tenía los ojos rojos y la voz era apenas un susurro, como si pensara que hablando mas alto se echaría de nuevo a llorar. Remus había ido con Dumbledore a su despacho un momento por mandato del director, que quería darle unos papeles para confirmar la entrada de Harry al colegio y él se había quedado sólo con esa situación.

Harry intentaba no mirar a su padrino a la cara, dejándose hacer por completo a pesar de que tanto movimiento causado por Sirius comenzaba a marearle.

-¿Estás cómodo?- Preguntó, mirando aprensivo al chico.

-Si, claro Sirius.- Fue su lacónica respuesta, aún mirando hacia el lado opuesto de la habitación.

Sirius, sin saber cómo actuar, decidió que lo mejor era esperar a que volviese Remus para enfrentar al muchacho y preguntarle que qué le pasaba, que tenía mucho más tacto que él. Decidido a eso, se sentó en el sillón de al lado de la cama de Harry y esperó, impaciente.

No abrieron la boca ni una vez más, y así fue como Remus les encontró casi media hora después, cada uno mirando para un lado y en silencio.

Notando la tensión en el ambiente Remus miró a uno y a otro, bufando de exasperación.

-¿Qué os pasa ahora? Sois niños chicos.- Dijo el licántropo tomando asiento a un lado de la cama del joven.

-¡Es él!- Dijo Sirius señalando acusatoriamente a su ahijado, como si realmente se tratara de un niño de cinco años que le echa la culpa de todo a otro.

-¿Yo?- Preguntó inocentemente Harry. - ¿y qué he hecho yo?

-Le pasa algo, ha estado llorando, y no me dice qué le pasa.- Dijo Sirius mirando a Remus, haciendo como que Harry no estaba en la habitación.

El más pequeño hizo un mohín pero no dijo nada. No se sentía seguro como para decirle a su padrino sobre lo que realmente había pasado. ¿Y si le rechazaba? No porque fuera gay, después de todo, su padrino lo era. Pero si que quizás se sentía defraudado porque le gustara un Malfoy. Un Malfoy que pasaba de él... Sí, se tendría que ver patético.

Remus comprendió entonces el motivo de la "discusión", seguramente tenía algo que ver con Draco. ¿por qué Harry no les contaba?

Miró al chico y tomó su mano con suavidad, haciendo que le mirara fijamente.

-Harry, puedes contarnos lo que sea. Cuéntale a Sirius, él entenderá.

-¿Es que tu ya lo sabes?- Preguntó Harry fijándose en los ojos dorados de Remus.

No necesito que le respondiera, pues pudo ver en ellos claramente que sí, que sabía. Le agradó darse cuenta de que no le rechazaba, que le apoyaba y confiaba en que su padrino también entendería.

Echó un vistazo rápido a su padrino y asintió, debía confiar en él. Siempre le habían dicho que ellos estaban ahí para él, para que les contara sus problemas y poder ayudarle a resolverlos.

-Lo que pasa es que...- Miró nuevamente a Remus, que le asintió con una sonrisa, y luego a Sirius, que estaba expectante.- Me gusta Draco.

Por un segundo no se escuchó nada en la habitación. Claramente su padrino estaba en shock. Después Sirius sacudió su cabeza y tomó asiento en una silla, llevando las manos a su cabeza.

-¿Por eso le has mandado llamar? -Preguntó Remus. - ¿qué ha pasado entonces para que llores?

-Me ha rechazado.- Contestó Harry, bajando la mirada.- yo pensé que después de lo que pasó... Bueno... El dice que son cinco años y que lo ha olvidado. ¡Pero para mi no han pasado esos cincos años! Y siento exactamente lo mismo que sentía la noche que nos acostamos juntos.- se confesó del todo, apretando fuertemente la mano de Remus.

-No lo entiendo.- Habló por primera vez Sirius.-Dices que te acostaste con él... Pero yo pensaba que era hetero. Después de todo, está prometido con Pansy Parkison.

Harry abrió los ojos desmesuradamente y soltó la mano que le tendía Remus. ¿Había escuchado bien? ¡Draco estaba prometido!

La vista comenzó a nublársele y sintió que el aire le faltaba.

Remus llamó a la enfermera, reprochandole a Sirius el que hubiese tenido tan poco tacto. Sin embargo, mientras se perdía en la inconsciencia, Harry solo era capaz de pensar en Draco y Pnasy juntos, prometidos... A punto de casarse.