Una decisión de más allá

Capítulo 4.

Nota antes de empezar: Los títulos de los DVD triple "X" son inventados, yo no he tenido el mal gusto de ver ese tipo de películas, y en realidad no pienso hacerlo.

Previamente, en el capítulo anterior… — Esto si que es una burla hacia mi persona… —masculló airadamente el Gran Kaio - sama al marcharse de la estancia—… ahora hasta tengo que darle mi comida a un muerto… habrase visto semejante descaro.

Y Gokú se acomodó en el sofá más grande en lo que la película empezaba.

Así encontramos a nuestro buen amigo Gokú sentado en un cómodo y gran sofá en la sala de video en el hogar del Gran Kaio – sama, dispuesto a disfrutar… de varios filmes pornográficos en calidad "Dobly". Claro, él es un hombre tan cándido e inocente que no tiene ni la menor idea de lo que se trata el asunto. Extrañado miraba las portadas de los DVD's y leía los sugerentes y casi explícitos títulos.

¿"Las ficheras más fogosas"?... ¿"Hagamos pronto la tarea"?... ¿"La colegiala ardiente"?... qué nombres tan más raros tienen estás películas —se dijo a sí mismo rascándose la nuca. Posteriormente, en cuanto dejó la última caja sobre la mesa de centro, se preguntó dudosamente—. ¿Y por qué pondrán a las mujeres en poca ropa?... Bueno, seguramente no tenían mucho dinero para comprarles vestidos y por eso las dejaron así. Tal vez esas señoras son tan gastalonas y exigentes como Bulma… pobre de Vegeta —respondiéndose al final con simpleza al encontrarle ese razonamiento en su lógica, y en ese momento sus intestinos volvieron a gruñir—. Espero que el Gran Kaio – sama ya no tarde con la comida… —haciendo que se sobara el vientre con vergüenza.

Y, hablando del invocado, éste se presentó en la estancia acompañado por algunos de sus sirvientes, los cuales llevaban como cinco carritos de servicio con comida.

Bueno, muchacho, aquí está ya la comida. Ten la precaución de no romper nada porque esta vajilla es muy cara —le dijo seriamente en cuanto se acercó a él.

¡Muchas gracias, Gran Kaio – sama! —aquel pareció más que complacido por lo que veía, y ni tardo ni perezoso se abalanzó sobre el primer carrito que tuvo a su alcance, echándose a la boca toda una pierna de cerdo horneada, masticando ruidosamente como acostumbra—. ¡Chomp, chomp, chomp!... Está muy sabrosa, pero Milk la prepara mucho mejor —argumentó con la bocota llena antes de tragársela, para después zamparse una gran fuente con espagueti.

El Gran Kaio – sama y sus sirvientes se quedaron de a seis en cuanto lo miraron comer de esa forma tan desenfrenada y poco educada. En un santiamén no quedaron en los platos más que algunos huesos roídos, semillas no comestibles y cáscaras de bananas… claro, los cubiertos tampoco fueron devorados.

¡Ah, ya estoy satisfecho! —Gokú se sobó el estómago para representar su complacencia, y su gesto era de felicidad absoluta. Se dirigió al anciano en tono de familiaridad, dedicándole una de sus amables sonrisas—. Creo que otro día vendré a visitarte para comer, Gran Kaio – sama, ahora ya podemos ver las películas que tú dices —puntualizó como si nada.

Eee… sí, claro —el viejo parpadeó incrédulo… ¿ese desconsiderado se estaba autoinvitando a comer? Recuperándose dé la impresión, se dirigió a la servidumbre en tono de mando—. Llévense todo esto y dejen limpia la cocina.

Como usted ordene, Gran Kaio- sama —respondieron respetuosamente y se dispusieron a levantar todo el desorden.

Unos cinco minutos después se retiraron, dejando solos al Saiyajin y al venerable decano, el cual volvió a encender el reproductor de DVD para ver la primera película: "La guía máxima del embarazo".

Bien, primero verás este explicativo documental acerca de cómo es el embarazo y cómo se va desarrollando un hijo… si es necesario, más tarde verás lo que sigue —le dijo en tono de circunspecto, para posteriormente puntualizar—. Así que ponle toda tu atención porque no repito.

Muy bien, Gran Kaio – sama, lo que tú digas —le respondió Gokú acomodándose en el sofá cuan largo era.

Se chutó cincuenta minutos de un video bastante aclarativo sobre la fecundación del óvulo por el espermatozoide, el desarrollo del feto mes con mes en el interior del cuerpo de su madre, los cambios exteriores de la mujer, etc. Al final le pareció algo maravilloso todo eso de la relación madre e hijo, pero lo que no le quedó muy claro es cómo ese bebé llegó al cuerpo de la mamá; cómo es que… ¿los espermatozoides, así se llamaban?, entraban en la mujer para fecundar… ¿el… óvulo, ese era su nombre?; ¿de dónde salían y cómo es que llegaban?... ¿y qué tenía que ver el esposo en todo eso?... Todavía no lo deducía.

¿Y bien? —el más anciano de los Kaio – samas se le acercó nuevamente. Él había permanecido en otro extremo de la habitación para poder terminar con sus lecturas "didácticas"—. ¿Al fin recordaste todo lo que hiciste?

… pues… no —respondió un tanto indeciso rascándose la nuca—. Todo eso de cómo crece el bebé se ve muy bonito pero… no entiendo como ese bebé llegó a estar dentro de su mamá —manifestó con sinceridad y, por la expresión de su rostro, no podían ponerse en duda sus palabras.

Entonces tenemos que continuar con las lecciones —el Gran Kaio – sama disimuló un suspiro de abatimiento… sería una tarde muy larga. Cambió el primer disco y colocó un segundo en la bandeja del reproductor: "Atlas del cuerpo humano V: el aparato reproductor femenino y masculino"—. Veamos si con estas explicaciones ya no tienes dudas —especificó al ponerlo nuevamente en marcha.

En la pantalla empezaron a desfilar las imágenes mientras se escuchaban las definiciones al fondo. Gokú parpadeó asombrado por lo que veía en ese momento, pues muchas de esas ilustraciones le eran familiares, que incluso se revisó debajo de sus pantalones para comprobar que sus ojos no le engañaran.

Vaya, no sabía que esto se llamaba así y que no sólo servía para orinar —se dijo en tono de sorpresa. Inmediatamente se dirigió al anciano que dormitaba en el sillón contiguo, y le habló en voz alta ocasionando que despertara—. Oye, Gran Kaio – sama, ¿tú sabías que el pene no sólo sirve para orinar? —le preguntó sin delicadeza.

¿Qué, cómo, cuándo, dónde? —el pobre y centenario hombre por poco se infarta del sobresalto.

Qué si tú sabías que el pene de los hombres no sólo sirve para orinar, Gran Kaio – sama —repitió Gokú sin preocuparse por el estado en que se encontraba el viejo.

¿Que qué? —el aludido parpadeó hasta que lo enfocó bien al acomodarse sus gafas, recordando cual era el motivo absurdo que lo tenía en ese lugar sin poder tomar su siesta como debía de ser, así que le habló con bastante severidad creciendo con el enfado y bufando como toro de lidia—. ¡Ah, muchacho tonto, ya se me había olvidado que estabas aquí! ¡Así qué vuelve a ver la maldita película y no me preguntes nada hasta que termine!, ¿te quedó claro?

Eee… si, Gran Kaio – sama… está bien pero no te enojes —el despistado Saiyajin se dio cuenta de que había sido un inoportuno al preguntar, y volvió a concentrar la vista en la pantalla.

Y así se fueron cincuenta y dos minutos en describir sobre las funciones del aparato reproductor, tanto masculino como femenino, las hormonas que propician la aparición de los caracteres sexuales secundarios y su importante papel en la atracción de los sexos, el ciclo menstrual de la mujer, etc., etc., etc. Más aun con todo eso, todavía había detallitos que al joven de peinado punk no le entraban en la cabeza… ¿Cómo es que se daba la… relación sexual, así se llamaba? Porque en el video se explicaba gráficamente, no abierta ni explícitamente dado que es un documental para toda la familia, que la fecundación de un óvulo por los espermatozoides se daba después de una relación sexual si las condiciones eran propicias. Bien, ahora, ya había entendido que los óvulos son células de la mujer y que los espermatozoides son células del hombre, y, luego entonces, el hombre tiene que… pero qué complicada e intrincada era toda esa información para su cerebro.

Cielos, con razón no lo recuerdo bien —se dijo Gokú a sí mismo con un poco de abatimiento en cuanto empezaron a pasar los créditos que anunciaban el final del corto—. Todo ese asunto de los óvulos, los espermatozoides y la relación sexual es tan enredado… —está vez fue al sillón y movió al mayor de los Kaio – samas con algo de delicadeza para despertarlo, pues al viejecillo le escurría baba por la boca y hasta le brotaba una burbujita de moco por la nariz—. Oye, Gran Kaio – sama, ya terminó la película.

¿¡Ya, tan pronto!?... pero qué barbaridad, me quedé dormido —el ancianito se enderezó de su cómoda posición limpiándose discretamente y lo mejor que pudo con la manga de su camisa. Después le preguntó con interés tratando de mantener la calma y la cordura—. ¿Y bien, ahora si ya entendiste todo lo que pasó?

Bueno… en realidad… me parece que… —el Saiyajin de alborotado peinado tartamudeó con indecisión, y la mirada del decano se hizo escrutadora—… ¡todavía no! —admitió al final carcajeándose tímidamente y rascándose en lo alto de la cabeza para representar su bochorno.

El Gran Kaio – sama azotó una vez más dé la impresión. Si, definitivamente la tarde sería muy larga y su paciencia no era infinita.

Esto… no puede ser —murmuró antes de incorporarse.

Es que no entendí lo de la relación sexual… tú sabes… —agregó Gokú aun avergonzado, sin atreverse a levantar al anciano—… lo de que el espermatozoide del hombre tiene que llegar al óvulo de la mujer para que lo fecunde y entonces aparezca un bebé —explicó con su tono infantil de niño bueno y bien portado.

Bien, bien, entonces nos allegaremos a las lecciones prácticas si no hay otro remedio… —dijo el decano al incorporarse empleando en esta ocasión una entonación de circunspecto, tomando una tercera película: una dulce y empalagosa comedia romántica, bastante adecuada para intentar darle sabor al ambiente—. Empezaremos de forma muy suave a ver que te parece —puntualizó.

Bueno, Gran Kaio – sama, tú eres el que sabe —observó el joven Saiyajin dejándose caer una vez más en el sofá que casi había hecho suyo.

Casi hora y media de sopor, pues para el buen Gokú el romanticismo en exceso nada más no se le da, y, aunque hubo situaciones divertidas y tal vez hasta inverosímiles, con insinuaciones veladas de encuentros íntimos, y que al final la pareja protagonista se haya casado y tenido un hijo, no le quedo claro el cómo se daba en sí una relación sexual entre un hombre y una mujer, así que no pudo dejar de bostezar cada diez minutos sin encontrarle mucho sentido al filme. Incluso el Gran Kaio – sama continuó con su interrumpido descanso.

¡Ajum… qué película tan más pesada! —dijo el moreno estirándose en el sofá. Como el sillón donde el centenario hombre se encontraba al alcance de su mano, le pareció menos cansado el sacudir esta vez el mueble para despertar al anfitrión de la casa—. Oye, Gran Kaio – sama, ¿no tienes una película donde haya grandes batallas? —le dijo antes de tirarlo sin querer queriendo.

¡Auxilio, no sé nadar! —alcanzó a decir el pobre anciano al momento de caer… al parecer estaba soñando. En cuanto se percató de donde estaba en realidad, le dirigió al Saiyajin una mirada de reproche a través de sus gafas oscuras —. Pero que falta de respeto… —le reclamó airado.

En verdad lo siento mucho, Gran Kaio – sama, no medí mi fuerza —y está vez Gokú sí se dignó en levantarlo y ponerlo de pie, sonriéndole tímidamente… en realidad su intención no había sido tumbarlo—. Oye, ¿de verdad no tienes una película mejor que esa?, ¿una de artes marciales?... —le preguntó una vez más con gesto un tanto desesperado y la voz ahogada—… Es que estuvo muy aburrida.

Vamos, vamos, Gokú, primero tienes que decirme si ya te quedó claro todo el asunto de cómo es que se hacen los bebés, y después podremos ver la superproducción estadounidense con Jet Lee —la dijo el Gran Kaio – sama terminando de acomodarse las gafas y sonriéndole con amabilidad.

Pues… es que en verdad… yo… ¡creo que no! —puntualizó el aludido con bastante pena, riendo bobamente y rascándose la nariz.

¿¡Y entonces por qué demonios quieres ver la película de artes marciales, jovencito torpe!? —le regañó el anciano controlándose para no azotarse estilo anime… no podía creer lo que estaba escuchando—. ¿Es que acaso ya no quieres aclarar tus dudas? —le cuestionó severamente.

No… es decir sí… pero es que… —el pobre Saiyajin de peinado punk se hizo "chibi" por unos segundos, para inmediatamente añadir con bastante confusión—… ¿tengo que seguir viendo todas esas películas monótonas? —interrogó con vacilación.

Hasta que te quede bien claro todo el asunto de los bebés y recuerdes cómo le hiciste no podrás descansar de ellas, Gokú —le especificó el Gran Kaio – sama con bastante circunspección… faltaba más—. Así que debes ponerles toda tu atención para que no se te vaya ningún detalle importante —puntualizó al final volviendo a poner otra película en la charola del DVD. Y esta vez lo programó para que tocará más de un disco.

Bueno… si tú lo dices entonces tengo que hacerlo —dijo el aludido un tanto resignado, volviendo a acomodarse en el sofá.

No vayas a moverte por nada a menos que logres recordar lo sucedido con tu esposa —agregó el decano en voz de mando, tomando el control remoto del aparato y dándole "play"—. Y ya sabes, cualquier pregunta que tengas la responderé al final.

Y así se fueron casi doce horas ininterrumpidas de películas. Cada una que pasaba iba subiendo más de "tonalidad" con respecto a la anterior… por algo se trataba de un material de colección especial para adultos morbosos y no apto para menores de edad o pubertos de preparatoria. El Gran Kaio – sama acompañó a Gokú a ver algunas de ellas, sonriendo maliciosamente cuando los sucesos eran esencialmente explícitos, hasta que, rendido ya por el cansancio y por la edad, volvió a quedarse dormido en el sillón chupándose un dedo con cara de satisfacción. Y Gokú parpadeaba y parpadeaba no perdiendo de vista las escenas triple "X"… algo en su cerebro estaba conectándose al fin y sus pensamientos volaron hasta su esposa.

Vaya, así que ese tipo de cosas son las que se hacen para tener bebés… así es como entran los espermatozoides del hombre y llegan a los óvulos de la mujer… con razón, por eso el pene tiene esta forma —se dijo a sí mismo un tanto asombrado, volviendo a mirar con atención bajo sus pantalones—. Pensar que hice todo eso con Milk para que tuviéramos a Gohan y ahora al nuevo bebé que viene en camino… por lo que se ve debió haber sido terrible y doloroso para ella cuando lo… —observaba al meditarlo por unos segundos.

Al instante, casi como si un choque eléctrico le recorriera el cuerpo y le erizara de más los cabellos, su expresión se hizo horrorizada… ¿cómo pudo hacerle eso a su mujer siendo que ella lo amaba tanto?

¿¡Eso hice!?... ¿pero cómo pude tratar así a Milk, cómo pude ultrajarla de esa manera?... —exclamó asustado levantándose del sofá, y se miró las manos con temor—… ¡Soy… soy… soy un verdadero monstruo!

¡No, yo no fui, aaayyy! —y el Gran Kaio – sama se cayó una vez más del sillón donde dormitaba ante ese alarido, así que despertó con estremecimiento de su nueva pesadilla.

¡Gran Kaio – sama, Gran Kaio – sama, soy inhumano, soy despreciable, soy monstruoso! ¡Le hice un mal muy grande a Milk!... —el moreno lo levantó sin nada de delicadeza y lo sacudió con desesperación, gritando con verdadero espanto—… ¡Yo no merezco estar en el paraíso!

Oye… detente… me… asfixias… suéltame… —el anciano sintió que le faltaba el aire en los pulmones y farfulló con desesperación intentando liberarse del agarre del Saiyajin.

¡Merezco ir al infierno por tratarla de esa manera, por lesionarla, por perjudicarla! —más el muchacho no parecía encontrar la calma—. ¡Pero yo no quería… en verdad no quería, te lo juro… nunca he querido hacerle daño a nadie, menos a ella!

¡Gokúuuuuu! —como pudo el centenario hombre elevó al voz hasta llamar al fin la atención del despistado y atolondrado joven.

… —al darse cuenta de su acción, Gokú soltó a su "víctima" dejándolo caer como fardo en el suelo—. Lo siento Gran Kaio – sama, ¿te encuentras bien? —añadió apenado levantándolo esta vez con sumo cuidado y enderezándolo—. De verdad no era mi intención incomodarte, discúlpame.

¡Ah, ah, ah, aire fresco! —el decano aspiró varias bocanadas para recuperar el color y el aliento, y después volvió a mirar a su interlocutor con un gesto bastante severo—. Gokú, debes aprender a controlar tus impulsos o un día de estos vas a matar a alguien… bueno, pero creo que casi todos los peleadores de aquí están muertos, así que ya no pueden morir otra vez —meditó sonriendo un poco. Ese era el paraíso de los mejores luchadores del Universo, aquellos que habían recibido la gracia de conservar sus cuerpos por sus obras benéficas en vida—. Ahora dime, ¿qué fue lo que te puso en ese estado de demencia? —le cuestionó con cautela alejándose discretamente algunos pasos.

Bueno, Gran Kaio – sama, verás… es que… —el joven Saiyajin pareció un tanto indeciso.

¡Ah, ya veo, las películas…! —recordó el anciano al ver que el televisor y el aparato DVD aún estaban encendidos—. ¿Así que ya recuperaste la memoria y has evocado las "cositas" especiales que hicieron tu esposa y tú para tener tan lindos hijos? —le preguntó en tono picaresco, dándole unos suaves codazos al acercarse otra vez.

¡Gran Kaio – sama, soy un bárbaro! —el moreno volvió a exclamar entre angustiado y desesperado, aunque en está ocasión se controló mejor—. Creo que estuvo bien haberme muerto y quedarme aquí, así no lastimaré a Milk nunca más —añadió con visible tristeza. No podía negar que le emocionaba el enfrentarse a tipos fuertes y seguir entrenando sin que nadie lo molestara, pero también extrañaba a su familia.

Vamos, vamos, muchacho, el hacer "eso" no es tan malo como se veía… —el viejecillo le palmeó por un hombro para reconfortarlo, hablándole en tono paternal—… lo que pasa es que en esas películas a veces exageran la nota, pero todo en ellas es actuación.

Pero es que… los gritos… los gemidos… sus… sus… es que todo parecía tan… real —opinó Gokú atragantándose con un poco de su saliva. De sólo acordarse le dio un escalofrío por la espalda.

Bien, pero lo importante es que has recordado todo lo que hace una pareja para que la mujer se embarace —le dijo el Gran Kaio sonriéndole un momento, para después soltar un bostezo sin disimular—. ¡Ajum!, pero, ahora, tengo que dormir… ya tenemos casi doce horas aquí metidos y yo soy un hombre muy ocupado.

Pobre Milk, no debí haberla maltratado, eso debió dolerle muchísimo… lo bueno es que ya nunca más tendrá que sufrir por mi culpa —se dijo el de peinado punk con abatimiento—. Lo mejor es que me mandes al infierno por ser tan salvaje…

Anda ya, Gokú, no tienes que sentirte culpable ni angustiarte por nada —el decano le habló con algo de severidad, conduciéndolo a la puerta principal—. ¿Acaso alguna vez tu señora se quejó cuando hacían… "eso"? —le preguntó.

Pues… —Gokú pareció meditarlo.

Ahora que ya tenía la memoria despejada venían a su cabeza tantos de los momentos vividos junto a Milk: recién casados antes que Gohan naciera; cuando su hijo aún era un bebé; todos los años de paz previos a la llegada de Raditz y del inicio de un nuevo período de batallas; durante su entrenamiento después de que regresó del espacio, en la espera de los androides hasta su segunda y definitiva muerte… y en todas sus noches apasionadas bajo la luz de la luna, que aunque eran pocas las vivían al máximo, su mujer siempre se veía feliz al abrazarlo y dormirse sobre su pecho cuando terminaban de amarse. Sus mejillas se colorearon por un instante, ya que tampoco podía negarse lo mucho que gozaba al hacerlo cuando se le presentaba la oportunidad… ¿acaso era porque se le salía lo Saiyajin?

¿Lo ves? —le dijo el Gran Kaio – sama interpretando correctamente sus pensamientos—. A todas las mujeres saludables y en edad reproductiva les gusta que sus maridos les cumplan en la cama y les hagan el amor… y de cualquier manera mientras sea con amor —especificó sonriéndole grandemente—. Así que no hay porqué sentirse culpable dado que tu esposa está más que feliz ante la llegada de un nuevo hijo tuyo, aunque tú ya no estés con ella.

Tal vez tienes razón, pero… no sé… —a pesar de los argumentos, el moreno no parecía muy convencido.

Mira, mira, si hay algo que todavía no te quede claro vienes mañana y lo platicamos con calma —el anciano sintió que su paciencia había llegado más allá de su límite, así que le espetó enfurecido empujándolo sin mucha delicadeza hasta sacarlo de la vivienda—. Tú estarás muerto y tal vez no necesitas dormir, pero yo estoy vivo y me estoy muriendo de sueño.

Pero, Gran Kaio – sama, es que…

¡Adiós! —el decano azotó la puerta y la cerró en su nariz.

Qué genio… ya ni Vegeta… —el joven Saiyajin se sobó el apéndice nasal y, al ver que ya no tenía nada que hacer ahí, decidió marcharse volando hacia las colinas donde le gustaba ir a entrenar, pues no podía ir a molestar al Kaio – sama del Norte dado que también estaría dormido.

Se pasó muchas horas pensando y meditando en varias cosas que ahora ocupaban su mente. De que era seguro que Milk lo amaba no le cabía duda, y porque lo amaba le había aguantado tanto que incluso le perdonó el que hubiera llevado a Pikoro a su casa para esperar por la llegada de los androides y entrenar a Gohan enseñándole nuevas técnicas de batalla. En esos tres años había estado tan concentrado en mejorar que su pobre esposa pasó a ocupar un segundo plano en su vida, y pocas veces parecía tomar en cuentas sus necesidades personales. Pero una cosa nos debe quedar clara, y es que, en algún momento de ese arduo periodo de entrenamiento, su corazón y sus pensamientos volvieron a su mujer… o ese bebé no vendría en camino.

********** Flash Back: En un día cercano a la llegada de los primeros androides **********

Milk había pasado buena parte de esos tres años muy enfurruñada desde el día en que Pikoro estaba presente, pero al paso de los meses aprendió a tolerar su presencia, pues su Gohan se veía siempre entusiasmado en entrenar con su padre y con su maestro, y se había vuelto más disciplinado y esforzado, tanto en sus estudios cuando se daba un espacio, como en sus prácticas de artes marciales. Aunque otra de las cosas que la incomodaban en sobremedida era que sus momentos de pareja con Gokú se habían vuelto escasos, por no decir inexistentes, dado que, a su parecer, el verde alienígena siempre estaba rondando por la casa. Nada más equivocado, dado que el namek nunca se quedaba de noche. En fin…

Gokú se sintió un tanto más tranquilo en cuanto notó que Milk había recuperado algo de su buen humor, y trataba de compensarle de alguna u otra manera por esos malos ratos que le hacía pasar la mayor parte del tiempo, algo que no era del todo fácil porque a veces Gohan insistía en entrenar hasta bien tarde, lo cual no le hacía la más mínima gracia a la morena. Y así los tres años pasaron volando, pero la oportunidad se presentó cuando menos se lo esperaba.

Gokú y Pikoro se encontraban sentados sobre las ramas de un árbol cercano a su casa. Apenas había anochecido y el joven Saiyajin esperaba con ansias por la cena, repasando el entrenamiento de ese día con su amigo el namek.

Bien, me parece que Gohan ha alcanzado un buen nivel —expresó Gokú de muy buen humor—. Si sigue así será más fuerte que yo y Vegeta juntos —opinó sonriendo.

Por supuesto —afirmó Pikoro en tono de orgullo. El mérito de entrenar al niño cuando aún era bastante pequeño era todo suyo—. Yo lo supe desde un principio.

Bueno, y a todo esto… —añadió el de peinado punk bajando la voz—… ¿cómo crees que estará el pequeño Trunks de nuestro tiempo?... ¿Ya sabrá caminar?

No, eso no lo creo —respondió el de turbante con serenidad y en tono bajo—. Si mis cálculos son correctos no ha de tener ni medio año de nacido.

Vaya… quien viera a Vegeta de padre y soportando a Bulma —dijo Gokú suspirando por lo bajo. Era difícil creer que el Príncipe Saiyajin terminara enredándose también con una mujer terrestre, y con una muy especial.

En ese momento una silueta femenina salió de la casa y se encaminó hacia donde ellos estaban. Se sentía un desbordado Ki a su alrededor.

¡Gokú, baja de ahí en este mismo instante! —era Milk, y se veía furiosa—. ¿Cómo dejaste que Gohan arruinara su traje de esa manera, eh? —le reclamó a voz en cuello.

¡Ah, hola Milk!, ¿ya está lista la cena? —el mencionado le sonrió al bajar de un salto, preguntándole muy quitado de la pena—. Me estoy muriendo de hambre —afirmó en tanto su víscera soltaba un rugido.

¿¡Acaso no escuchaste una sola palabra de lo que te dije!? —la morena le enseñó amenazadoramente unos colmillos bien grandes, como si quisiera comérselo vivo—. ¡Siempre es lo mismo contigo, Gokú, nunca me pones atención! ¿Qué ejemplo le estás dando a Gohan, eh? ¡Eres un irresponsable, ya me tienes harta!

Pero… Milk… ya no te… —Gokú recibió de lleno los alaridos de su esposa, y por un instante quería que la tierra se lo tragara… nunca le ha gustado verla enojada. Pikoro prefirió retirarse sigilosamente o sus pobres tímpanos estallarían.

Así que la pareja se estuvo allí por uno o dos minutos, dado que Milk le soltó a Gokú un sufrido discurso sobre todo lo que ha tenido que pasar como una mujer incomprendida, a la cual nadie reconoce su esfuerzo. Y el Saiyajin no se atrevió a contradecirla, resignado a escucharla despotricar de esa manera. Fue entonces que la luna llena asomó en su totalidad sobre el horizonte, iluminando tenuemente el claro donde está ubicada la vivienda de la familia Son, haciendo que el hombre de la casa sintiera como maripositas revolotear en su estómago al contemplar detenidamente a su esposa: la dama traía la larga cabellera oscura suelta y humedecida, señal de que acababa de salir del baño junto con su hijo, así que el suave aroma del shampoo la rodeaba. A Gokú le pareció que Milk se veía muy linda de esa manera.

¡Y mira nada más que tarde es, Gohan ya debería estar cenando! —al ver la luna en el cielo, Milk recalcó con desesperación—. ¡Muévete ya y no te quedes ahí parado como tonto! —le dijo un tanto agria, dispuesta a volver sobre sus pasos.

Oye, Milk, siempre me ha gustado como te ves con el cabello suelto —le expresó él a modo de observación, como si el regaño no le hubiera incomodado en absoluto o no hubiera sido para su persona.

¿Qué? —la joven pareció extrañarse antes de dar un paso hacia la casa—. ¡Gokú, por favor, no es momento de decir boberías! —le dijo recuperándose de la impresión—. ¡Anda ya o Gohan puede sufrir una severa desnutrición por no comer a sus horas! —puntualizó y caminó algunos pasos.

Yo no creo que sea tontería el decir que te ves linda con el cabello así —el moreno la alcanzó de un movimiento preciso y la abrazó delicadamente por los hombros acariciándole cariñosamente un mechón de su negra cabellera—. Además cocinas tan delicioso y siempre tienes la casa limpia… en serio que eres sorprendente, no sé qué haría yo sin ti.

… —la dama se quedó muda por unos segundos, y, con asombro, fijó sus pupilas oscuras en el rostro de su marido. Inmediatamente su gesto se relajó y le regaló una gran sonrisa—. ¡Ay, Gokú, qué cosas tan bonitas dices! —dijo sonrojándose intensamente de las mejillas—. Vamos que la cena se enfría y Gohan nos está esperando —añadió desviando coquetamente la mirada.

Gohan había escuchado todos los gritos de su madre y en su carita estaba dibujado un mohín de angustia al pensar que tal vez al otro día no lo dejaría salir a entrenar. Grande fue su sorpresa cuando vio entrar a sus progenitores abrazados, y su mamá sonreía de oreja a oreja. Esa noche se fue a dormir temprano, y en la mañana no tuvo ningún problema para continuar con sus prácticas.

********** Fin del Flash Back **********

Así que… vaya, pensar que hicimos "eso" muchas veces… —casi amanecía y Gokú se había pasado meditando y pensando en todas y cada una de las ocasiones en que había hecho el amor con Milk, y todas le parecieron siempre tan únicas y especiales.

Nadie va a creer que, en casi once años de matrimonio, sólo en dos ocasiones lo hubieran hecho sin que le fallara el tiro, no señor. Nada más que, al ser un hombre bastante ingenuo, infantil, olvidadizo y un tanto distraído, cada una de ellas se le figuraba como si fuera la primera vez… he dicho, los caballeros de verdad no tienen memoria.

¡Ah, pero menos mal que no le hice daño a Milk!... eso jamás me lo perdonaría —suspiró hondamente sintiéndose en esos momentos bastante cansado, pues ya llevaba casi un día sin dormir y sin probar bocado—. Qué bueno que todo está bien en la Tierra.

Decidió que ya era la hora de descansar y entró a una cueva cercana acomodándose en un rincón donde crecía un musgo mullido, estirándose cuan largo es y bostezando sonoramente.

¡Ajum!... Más tarde iré con Kaio – sama para pedirle de comer y le contaré todo lo que aprendí con el Gran Kaio —se dijo tranquilamente y cerró los ojos para dormirse después de tan agotador día, cuando por su mente surgió una duda más que lo hizo abrir los párpados—… ¿Cómo será que lo hagan Vegeta y Bulma?... —si él, que era un Saiyajin bastante calmado, podía llegar a comportarse un tanto salvaje con su esposa, no era difícil imaginar lo que el Príncipe haría con su propia mujer, con el temperamento y el carácter que ambos se cargan—… Ese Vegeta ha de ser un verdadero cochinón… ¡ajum!... pobrecita de Bulma —meditó en voz alta volviendo a bostezar, quedándose dormido en el acto al soltar un ronquido bien fuerte.

Pero tenemos que regresar al tiempo real de la era del Dragón en la Tierra, en donde se desarrollarán los sucesos en el trascurso de varios años.

El embarazo de Milk iba transcurriendo con bastante normalidad, y Trunks seguía creciendo en tamaño y fuerza. A pesar de su corta edad, pues apenas cumpliría el año, ya su padre se estaba encargando de darle cierta instrucción, porque el niño era un verdadero torbellino arrasa todo y parecía no estar quieto nunca. Claro que a Bulma no le incomodaba demasiado mientras significara que Vegeta pasara algún tiempo con su hijo. En lo que la científica no había dejado de estar al pendiente era en acompañar a su amiga morena a las citas con el ginecólogo, visitándola de continuo y llevándole cosas útiles para el hogar y uno que otro regalo para su hijo mayor. Aunque en el ultrasonido del quinto mes no se llegó a distinguir el sexo del futuro bebé, quien muy pudoroso sólo les dio la espalda mostrándoles la colita, las dos damas no dejaban de asegurarse la una a la otra de que sería una hermosa niña, pues era lo que les convenía a sus intereses. Y toda esa seguridad tenía un tanto consternado a Gohan.

Un día decidió ir a consultar a alguien que pudiera ayudarle a despejar su mente y aclarar sus dudas, y consiguió el permiso de su mamá en una de las ocasiones en que ésta fue al médico. Al llegar al sitio indicado pareció indeciso en el último momento, más se armó de valor dado que esa persona jamás le haría daño por atreverse a cuestionarlo sobre ese tipo de cosas, y siempre le hablaría con la verdad.

¡Hola!... ¿se encuentra aquí, señor Pikoro? —preguntó cautelosamente al descender en el patio del Templo Sagrado de Kami – sama.

¡Hola, Gohan! Te vi venir y quise saludarte —fue Dendé quien muy contento se le acercó para darle la bienvenida.

¡Hola, Dendé!, ¿qué dice el trabajo de Kami – sama? —el pequeño Saiyajin le contestó afectuosamente, brindándole una gran sonrisa.

Pues ya he aprendido muchas cosas, pero los terrestres son seres tan complejos y llenos de contrastes… —respondió el joven namek poniéndose algo serio—… No pensé que ser Kami – sama fuera tan pesado al tener tantas responsabilidades.

Aprenderás conforme pase el tiempo, Dendé… el viejo Kami llegó aquí arriba cuando ya era un adulto —Pikoro salió del interior del Templo y se acercó a los dos niños, dedicándole una sonrisita al chiquillo de negra cabellera—. ¿Qué es lo que te trae por aquí, Gohan? —le preguntó amablemente.

¡Hola, señor Pikoro! Me da tanto gusto verlo —el aludido correspondió al saludo ofreciéndole a su maestro una respetuosa reverencia—. Se trata de un asunto… complicado y… creo que… usted es el único que puede ayudarme —se explicó un tanto dubitativo.

¿Y cuál es ese complicado asunto que te preocupa? —el namek adulto volvió a preguntarle empleando un tono de gravedad, sin encontrar nada relevante que pudiera complicar la vida de su discípulo. Vamos, ni siquiera los estudios de Física Cuántica o de Lengua Extranjera eran algo que hicieran sufrir al jovencito.

Eee… bueno, señor Pikoro… es que… me da algo de pena porque… pero no vaya a enojarse, por favor, yo no quiero molestarlo —el chiquillo tartamudeó un poco abochornado por sus tribulaciones.

Pikoro lo miró con un poco más de escrutinio… ¿cuáles eran los oscuros acontecimientos y pensamientos que nublaban la vista de su joven alumno y amigo? Esperaba que la causa no fuera cuestiones hormonales de pubertos alborotados porque, si era así, no tendría alguna buena respuesta que darle dado que de esas cosas no entendía en absoluto. Aunque, viéndolo bien y pensándolo detenidamente, Gohan aún no alcanzaba la edad de la punzada en los terrestres, así que no era por ahí el asunto en cuestión.

Vamos, Gohan, si no me dices lo que te preocupa no podré ayudarte —le dijo calmadamente sin dejar de observarlo.

Pues, verá… como usted ya sabe mi mamá está esperando un hermanito para mí… —dijo el niño Saiyajin enrojeciendo otro poco.

Y si no mal recuerdo anda ya por los cinco meses de embarazo —puntualizó el namek adulto animándole a seguir.

Ajá, pero es que… no sé… ¿qué va a pasar si mi hermanito resulta ser una niña? —preguntó Gohan afligido.

¿Qué que va a pasar? No va a pasar nada malo si tu madre da a luz una niña —le respondió Pikoro un tanto sorprendido… ¿mortificarse, por ese detallito?

Pero… señor Pikoro, es que… ¿cómo voy a cuidar a una niña? ¿Qué voy a hacer? —el chiquillo no pareció tranquilizarse con esas palabras.

Vamos, Gohan, tienes que calmarte —le dijo Dendé solícitamente comprendiendo su preocupación.

No veo cuál sea el problema por cuidar de una niña —opinó el adulto imponiéndose un poco—. Además tu madre está ahí con ustedes, nadie mejor que ella para cuidarla.

Bueno, sí, pero es que… como yo voy a ser su hermano mayor pues… tengo que darle buenos ejemplos —dijo el chico de negra cabellera en voz muy baja, agachando la cabeza.

Gohan, deja de angustiarse por nimiedades que ni al caso —Pikoro le volvió a sonreír acariciándole la cabeza por un segundo… el pequeño había dejado de ser un niño llorón, y ahora es todo un muchachito valiente y esforzado—. Tú eres un buen chico y no dudo serás un buen ejemplo para tu hermano, sea niño o niña… pero estoy más que seguro que tu hermano será niño —puntualizó al final cruzándose nuevamente de brazos.

¿Usted lo cree? —los dos infantes lo miraron con asombro, y el de negra cabellera abrió la boca sorprendido.

Por supuesto — expresó el adulto con tono de circunspección—. Si no mal recuerdo alguna vez escuché a Vegeta decir que casi no había mujeres Saiyajins, que eran escasas y probablemente tenían que ser programadas para nacer… así que no puedo equivocarme.

Bueno… creo que eso en realidad no importa —Gohan suspiró hondamente sintiendo nuevamente paz en su corazón—, aunque lo siento por Bulma y por mi mamá —externó al final.

¿Y qué tiene que ver la mujer de Vegeta en todo esto? —a Pikoro le extrañó un poco la mención de la científica, si bien sabía que ambas mujeres eran casi como hermanas, y por muchas razones.

¿Creerá usted que han pensado comprometer en matrimonio a Trunks con mi hermanita no nacida? Pero si mi hermanita es hermanito supongo que no se va a poder, ¿verdad? —el chiquillo le explicó la trama con simpleza, como quien cuenta un chiste o una anécdota curiosa.

Y Pikoro se quedó estático por unos segundos, tal vez digiriendo la información: ¿qué esas dos mujeres insufribles pensaban casar a sus hijos y de esa manera preservar la raza Saiyajin y su linaje? Una risotada espasmódica salió de su garganta de sólo imaginar el gesto de completo horror en la cara del Príncipe ante la mención de emparentar con su némesis, al cual, si estuviera vivo en esos momentos, no le incomodaría en absoluto la idea.

¿De verdad piensan hacer eso?... ¡No puedo creerlo!... —casi se revuelca en el suelo perdiendo toda propiedad—… ¡Qué bárbaras, qué ingeniosas, qué excéntricas, qué locas…!

Por la mente le cruzó una imagen de Trunks en edad juvenil (misteriosamente idéntico al joven Mirai Trunks), abrazando a una muchacha muy parecida a Gokú, por supuesto que con delicadas facciones y formas femeninas, y diciéndole a Vegeta que le presentaba a su esposa… obviamente que, ante esta impactante noticia, éste caía "muerto" en el sofá.

Señor Pikoro… ¿se encuentra bien? —los dos niños le preguntaron con verdadera preocupación al verlo actuar de esa manera tan inconveniente para alguien de su reputación.

Al percatarse de su desliz se enderezó en el acto, se sacudió la ropa, se ajustó el turbante y se acomodó la capa, carraspeando para disimular.

Ejem… bien, Gohan, ya se darán cuenta de su error —dijo en tono reservado… aunque, por cómo se manejaba la vida en la Tierra, todo podía pasar—. Y, de todos modos, si verdaderamente llegara a ser una niña, podrás cuidarla muy bien… no dejes de confiar en ello —le puntualizó con más amabilidad.

Tú vas a poder hacerlo, Gohan —le expresó Dendé con seguridad para transmitirle confianza en sí mismo.

Sí, creo que tienen razón —el chiquillo Saiyajin volvió a sonreír también—. Ya me voy porque mi mamá me estará esperando con el doctor… nos vemos y gracias por todo —y emprendió el vuelo con velocidad hasta perderse en el horizonte.

El namek adulto se quedó un par de horas parado en la orilla, observando con atención lo que pasaba en la Tierra, específicamente en un domicilio muy particular. Había que ver hasta dónde podía un Saiyajin ser dominado aunque quisiera aparentar lo contrario.

El tiempo seguía su curso y el primer cumpleaños de Trunks se acercaba, así que en Capsule se hacían los preparativos para lo que sería un convivio fabuloso, cosa que al padre del pequeño le tenía sin cuidado. Y, si no fuera por los convincentes argumentos de su mujer, se hubiera largado lejos por lo menos unos quince días en lo que pasaba todo el alboroto.

En una linda noche de luna llena toda la familia cenaba en la cocina, e incluso Vegeta estaba ahí con ellos… era mejor soportar todos sus cotilleos a esperarse una hora más para cenar sin que lo molestaran. Trunks mascaba un gran filete sentado en su silla alta, esforzándose por comer a la altura de un Príncipe Saiyajin, además que se sabía el centro de atracción de esa semana en especial. A pesar de sus escaso tiempo de vida era bastante inteligente y estaba consiente de muchas de las cosas que pasaban a su alrededor, principalmente si tenían que ver con él.

Oh, Bulmita querida, ¿entonces sí disfrazarás a mi pequeño y lindo "Trunksiee" en su cumpleaños? —le preguntó Bunny Briefs a su hija al momento de servirle a su esposo su respectiva ración para merendar—. Aquí tienes, cariño, un delicioso sándwich de jamón bajo en grasas —le dijo amorosamente.

Gracias, cielito lindo —respondió el buen hombre y se dispuso a comer con calma.

Por supuesto que sí, mamá, Trunks tendrá el mejor disfraz para su fiesta —le confesó Bulma a su madre en tanto colocaba frente a Vegeta una gran cacerola rebosante de espagueti a la boloñesa… eran como tres kilos de pasta en segunda vuelta—. Vegeta, te recomiendo que lo comas con cuidado porque todavía está caliente —le dijo tranquilamente a modo de observación.

¡Mph!, pamplinas —resopló el aludido un tanto hastiado de tanto "bla, bla, blá", y revolvió el contenido de su platillo para poder comer como acostumbra. Afortunadamente su educación "real" lo había enseñado a usar adecuadamente los cubiertos, o hubiera sido capaz de empinarse todo el traste a la boca.

¡Pero mira nada más lo que traigo aquí! ¡Un lindo trajecito para el angelito más lindo del mundo! —Bunny sacó una gran caja de quien sabe dónde y la colocó sobre una silla, extrayendo de ella una diminuta vestimenta—. Es el vestuario del Príncipe Encantador que viene con coronita incluida… ¿a qué es lindo? —preguntó emocionada.

Mamá… es verdaderamente… adorable —Bulma disimulo el gesto de asombro para no herir la susceptibilidad de su progenitora, más Vegeta no pudo ocultar su contrariedad al dejar de masticar sus albóndigas y abrir un poco la boca, mirando a su suegra con bastante desagrado—. Pero no creo que sea el traje adecuado para Trunks.

¿Entonces te parece que lo disfracemos de conejito? Las orejitas y el rabo de algodón le dan un toque de distinción —dijo la rubia sacando un disfraz alusivo al conejo de Pascua—. ¿Tú que dices, "Trunksiee" cielito? —y se dirigió al bebé acercándole peligrosamente el vestuario.

El niño también se había quedado mirando a su abuela con cara de "¿What?", e incluso imitó a su progenitor dejando de comer. En cuanto ella puso el traje de conejo a su alcance, le dio un mordisco y de un tirón lo rompió inmediatamente por la mitad, haciendo girones la parte que le quedó en la boca.

No, "Trunksiee" pequeño, esto no es comida —Bunny le reprendió con cariño —. No cabe duda de que es todo un Saiyajin —observó sonriente.

Yo creo que el disfraz no le gusto, Bunny querida —opinó el doctor Briefs con una sonrisita.

Oh, tienes razón, cariño, un conejito no es un buen disfraz para un pequeñín como nuestro "Trunksiee" —la rubia estuvo de acuerdo con la observación y echó los restos del trajecito a la basura—. ¡Mejor será un guapo capitán de barco!... y la gorra es de regalo —anunció por todo lo alto mostrando un nuevo diseño.

No "quiedo" eso —Trunks habló al fin con más claridad, poniéndose en pose de enfurruñado.

También tenemos el uniforme de "Buzz Lightyear" con casco y luces que prenden de verdad… el vestuario de "Woody", el comisario del desierto, y tiene unas lindas botitas de piel… una ropita como la de "Peter Pan"… el verde está de moda en esta temporada… puede ser un lindo leoncito con todo y melena… un precioso ropaje de monito… ¡tan tierno con su colita!... —Bunny sacó una buena dotación de disfraces e indumentarias colocándolos sobre una de las sillas hasta levantar una torre de ropa.

Mamá, por favor, mañana podemos ver con calma el disfraz de Trunks —dijo Bulma después de suspirar disimuladamente… su madre y sus ideas podían ser exasperantes—. Tengo que bañarlo antes de dormir y ya se ha hecho tarde.

Oh, Bulmita, tienes toda la razón… ¿cómo pude olvidarlo? —la sonriente dama miró el reloj de pared, el cual marcaba las ocho de la noche—. No queremos que "Trunksiee" se desvele… además el guapo del joven Vegeta también requiere de tu atención —agregó picaronamente dedicándole a su yerno un guiño de lo más coqueto, más éste ya había vuelto a concentrar su atención en su cena después de ver como su hijo hacía trizas ese ridículo atuendo de conejo.

Sí, mamá, gracias por entenderlo —fue la respuesta de la científica empleando un tono irónico por las tantas indirectas de su madre hacia su marido.

Una media hora más y Bulma luchaba con todas sus fuerzas por meter a Trunks en la tina de baño.

Vamos, Trunks, deja de jugar porque tienes que bañarte ya —le decía persiguiéndolo por toda la habitación.

No "quiedo" "bañadme" —dijo el pequeño esquivándola con agilidad. Obviamente que casi con un año cumplido sus movimientos ya eran más precisos, dificultándole a su madre el trabajo de cuidarlo.

Trunks… por favor… no tenemos toda la noche para bañarnos —la dama le reclamó agudamente, cayendo sobre la alfombra al querer atraparlo una vez más, sintiéndose frustrada y agotada ante lo difícil que le era ahora controlar a su retoño.

"Adio" —el chiquillo se escapó del cuarto, encaminándose al siguiente.

Justamente encontró a su padre en pura ropa interior, pues el hombre también estaba dispuesto a bañarse.

Papá… papá —le dijo sonriéndole grandemente al acercársele.

Mocoso… ¿qué diablos estás haciendo aquí? —Vegeta bufó quedamente al notar la presencia de su hijo, mirándolo de reojo. Eso significaba una larga jornada antes de dormir.

Desde que el chamaco era más fuerte le daba más dolores de cabeza a la loca de su madre, y él tenía que involucrarse más en su atención o capaz que su consorte moriría en el intento. Hablando de Bulma… ésta entró en la recámara bastante sofocada, casi sacando la lengua.

¡Uf, aquí estás, Trunks! —dijo entrecortadamente al exhalar, para posteriormente acomodarse la diminuta bata de baño que traía puesta—. Ahora ven aquí y no molestemos a tu padre.

No "quiedo" —respondió el bebé y rápidamente se agarró de la pierna de su progenitor. Vegeta no hizo más que poner los ojos en blanco por una fracción de segundo, sintiéndose contrariado por todo el drama que vendría a continuación, ya que no podría maltratar al niño sin que su mujer le reprendiera duramente por ello.

Trunks, te estoy hablando —Bulma pareció disgustarse ante la actitud de su adorado angelito, así que le habló con autoridad cruzándose de brazos en una forma semejante a como lo hacía su marido.

No —repitió el infante sin intenciones de moverse.

Vegeta, ¿no vas a decirle algo a nuestro latoso hijo? —la dama se dirigió a su cónyuge en tono airado.

Escúchame muy bien, mocoso del demonio, vas a bañarte ahora mismo porque yo lo digo —el varón se dirigió con aspereza al chiquillo mirándolo por encima del hombro con gesto severo—. Así que muévete ya.

Trunks miró a su padre y por un instante pareció a punto de llorar al hacer una especie de puchero, más como que se lo pensó mejor y, poniéndose igual de serio que él, le dijo un tanto retador.

Yo "quiedo" "bañadme" contigo, no con ella.

¡Oh, Trunks, está bien!... —Bulma se mostró ofendida porque el niño no se había dignado en decirle mamá todavía, así que se dispuso a retirarse hablando con mucho sentimiento—… hagan lo que quieran… pero eso me sacó yo por ser una esposa considerada y una mamá tan linda y abnegada… sí, creo que las mujeres bellas sufrimos demasiado —terminando de salir de la habitación.

¿Qué? —a Vegeta le dio un tic en la ceja… no se quedaría a solas con el infame rapazuelo, no señor—. Bulma, deja de hacerte la payasa y regresa en este mismo instante… recuerda que este mocoso endemoniado es tu asunto, no mío —le dijo levantándole un poco la voz y saliendo tras ella, llevando al pequeño colgado de su extremidad inferior.

Pero él quiere bañarse contigo, no conmigo, no me necesitan para nada —le respondió ella sin ánimo de retroceder, encaminándose hacia las escaleras para irse a la sala de televisión—. Y ni se te ocurra presentarte así enfrente de mi mamá ya que está viendo su novela favorita en este preciso instante —le puntualizó antes de comenzar a bajar.

Bulma… no me hagas esto —escupió el Príncipe contando mentalmente hasta diez para no soltarse con sus usuales improperios.

Bueno… si tú me pides de favor que nos bañemos los tres juntos… tal vez acceda —la dama le guiñó coquetamente un ojito para desaparecer escaleras abajo, guardándose una mueca de triunfo.

Vegeta se quedó unos dos minutos parado ahí, meditando en eso, y Trunks seguía aferrado a su pierna sin intentar soltarse.

Maldita mujer… si crees que me has ganado estás muy equivocada —masculló enfurecido. No pensaba pedirle nada de favor, por nada del mundo lo haría, ni siquiera que le quitara al niño de encima.

Papá, ya vamos a "bañadnos" —después del lapsus, el chiquillo se arriesgó a hablar empleando un tono algo irritado, dado que en realidad sí quería bañarse porque ya tenía sueño.

Al oírlo como si quisiera llorar, el hombre se lo pensó mejor… ¿bañarse con el escuincle, él solo? Era preferible rebajarse ante su mujer, total que eso no era de todos los días.

¡Bulma, con un demonio!, ¿quieres de favor venir para que bañemos al mocosuelo este? —le gritó sin moverse de su lugar, y sin atreverse a cargar a Trunks.

En seguida voy, Vegeta —respondió tranquilamente la aludida asomándose al pie de la escalera, disimulando una sonrisita—. Únicamente déjame terminar de preparar la última ración de leche que Trunks tomará está noche… ¿por qué no lo llevas a nuestro baño y lo mojas? —le sugirió muy suavemente.

Bien, no espero que se lo repitieran dos veces y, arrastrando una vez más a Trunks, quien no cedía ni un milímetro de su agarre, se encaminó a sus aposentos. Bañar al niño significaba usar agua tibia, y a él le gustaba el agua un tanto fría… en fin.

Está bien, mocoso endemoniado, vamos a bañarnos tú y yo pero ya suéltame —le espetó antes de llegar a la habitación—. Y compórtate como lo que eres, faltaba más.

"Beno", papá —le respondió el angelito recobrando la sonrisa, disponiéndose a obedecerlo.

Lo bueno es que la criatura ya estaba desvestida y sin pañal, así que por ese lado no habría ningún problema. Abrió las llaves de la regadera y dejó caer un chorro de agua hasta que alcanzó una temperatura adecuada.

Ahora metete ahí y no te muevas hasta que llegue la fastidiosa de tu madre —le dijo Vegeta a Trunks en voz de mando.

¿Y tú? —le preguntó el niño mirándolo con duda, sin deseos de dar un paso.

Anda ya —el hombre lo empujó con algo de cuidado para no lastimarlo. A pesar de todo, aunque su hijo fuera su hijo, reconocía que aún era bastante tierno como para ponerlo a entrenar… su cuerpecito no lo soportaría todavía.

¡"Etá" "fía"! —Trunks gritó un poco en cuanto sintió el agua caer sobre su cabeza, y se rio al tiempo que temblaba—. ¡Papá, "etá" "fía" el agua! —le dijo salpicándolo con sus manitas.

Oye, condenado escuincle, no me mojes —Vegeta le reclamó mirándolo con severidad, aunque le causó gracia verlo tiritar—. Yo voy a mojarme cuando yo quiera.

¡Papá cochino! —el chiquillo repitió su juego arrojándole otro poco de agua, sin dejar de reír—. ¡Báñate!

Vamos, el que debe mojarse bien eres tú —está vez el hombre lo aferró un tanto delicado de la parte trasera del cuello para humedecerle bien el cabello, alborotándoselo con la mano que tenía libre.

¡No, papá, me despeinas! —Trunks le reclamó sin dejar de reír.

Espero que la loca de tu madre ya no tarde demasiado —le dijo seriamente al dejarlo cuidadosamente en el piso, dándose por enterado de que había tenido que mojarse también.

En ese momento Bulma entró llevando todo lo necesario para bañar a su retoño: su shampoo especial para bebés, su esponja en forma de osito y su jabón suave.

Me da tanto gusto que ya estén bañándose —dijo disimulando un gesto de satisfacción y ternura al verlos juntos… esas pocas ocasiones en las que su marido parecía ceder en su orgullo y se disponía a ayudarle con su retoño debía aprovecharlas, y no incomodarlo con tonterías que lo hicieran volver al malhumor—. Ahora, Trunks, tesoro, voy a lavarte el cabello.

"Quiedo" "estad" con papá —dijo el niño un tanto enfurruñado, volviendo a aferrarse a la pierna de su progenitor.

Claro que sí, cariñito —la dijo la dama con tono dulzón—. Por eso yo también me bañaré con ustedes —añadió y se quitó la bata para entrar con ellos en el área de la regadera… lo bueno es que su baño es espacioso, así que todos cabían ahí—. ¿No te parece una buena y maravillosa idea que nos bañemos todos juntos? —opinó echándole el shampoo en la cabellera para empezar a lavársela, agachándose a su altura.

¡Sí! —admitió el pequeñín con alegría.

Bien, Vegeta, báñate ya que yo me encargo de Trunks —Bulma miró a su marido regalándole un nuevo guiño coqueto—. Y, ahora, hay que lavarse muy bien con el jabón y tu esponja —y se dirigió una vez más a su retoño entregándole la esponja para tallarle el cuerpecito.

Bueno, Bulma, pero creo que tú también deberías mojarte o no podrás quitarte la mugre de encima —bien, ante la bella estampa que se le presentó ante sus ojos, el Príncipe sonrió un tanto malicioso así que, tomándola por la cintura, la puso debajo del chorro de agua—. Yo no quiero una mujer sucia en la cama —le dijo suavemente al oído.

¡Oye, bruto, espera! —Bulma se carcajeó un poco al sentir el agua caer por su cuerpo, poniéndosele la piel de gallina porque de verdad estaba muy fría para ella—. Tengo que terminar de bañar a Trunks.

El niño se quedó un segundo absorto al ver como su padre agarraba a su madre y la metía a la ducha, más volvió a reírse porque le pareció gracioso que sus progenitores también jugaran con el agua.

Al fin Trunks cayó dormido después del baño y de tomar sus últimos cinco litros de leche tibia del día, permitiendo que Bulma y Vegeta le dieran rienda suelta a sus más bajos instintos mientras la luna brillaba en las alturas del cielo nocturno.

Nota: ya sé que la escena del baño familiar puede estar bastante usada, más me pareció lindo como una anécdota de Trunks en período de crecimiento, y la relación de sus padres, y sacar el lado romántico de un hombre como Vegeta. Lo mismo que el flash back de Gokú, romántico sólo en momentos especiales y oportunos… XD. Los Saiyajins deben conservar la imagen de hombres rudos, fuertes y algo insensibles delante de la gente… jejeje. Un saludo y nos seguimos leyendo con la continuación de la fiesta del pequeño Príncipe Saiyajin y el inminente nacimiento de su compañero de juegos, Goten.