Disclaimer: No me pertenece ningún elemento de Hakuouki. Esta historia es escrita por placer y sin ánimo de lucro.
Nota de autor: ¡Nueva actualización después de tres meses de hiatus! Sepan disculpar la demora amigos míos. He tenido varios problemas de salud que me han impedido seguir publicando este fic, pero en vistas de mi momentánea recuperación ¡me paso por aquí con la intención de que el show continúe! Este fanfic es de mis favoritos y me es todo un placer escribirlo.
Un amigo como tú
Capítulo 4
"El inadaptado"
Por Lady Yomi
Verano, 20 de Setiembre de 1864. Una semana después de que Heisuke comenzara a atenderse con el doctor Tani Mantaro.
—¡Eh, Toudou-kun! —Okita Souji le salió al encuentro con una sonrisa maliciosa. Su cabello parecía todavía más rojizo a la luz del mediodía—. ¿Cómo estuvo la visita médica?
Heisuke hizo una mueca, incapaz de determinar si el resultado había sido bueno o malo. —No soy el doctor, pregúntale a él si quieres detalles.
—¿Por qué la cara larga? —posó sus ojos en el cabestrillo que todavía estaba fijo al brazo de su camarada—. Yo agradecería una licencia como la tuya.
—No seas mentiroso, Souji —no pudo evitar sonreír al oírlo—. Te volverías loco a los dos días. Te conozco. —Se apresuró a seguir hablando antes de que su acompañante lo interrumpiera—. ¿Quién te mandó a buscarme? Me sé el camino al cuartel de memoria, no es como si necesitara un guía o algo así.
—Se dice gracias, Toudou-kun —torció los labios con diversión, caminando despacio a través del sendero que bordeaba el río que cortaba la ciudad en dos—. La cortesía te lleva a muchas partes.
—Mira quien lo dice —puso los ojos en blanco tratando de mostrarse fastidiado, pero las bromas de Souji siempre acababan por alivianarle las penurias. Lo miró de reojo, con una expresión más amable que la que le dirigiera en su primer encuentro—. Apuesto a que Kondou-san piensa que soy un blanco fácil paseándome en este estado.
Okita se encogió de hombros, escondiendo las manos en el interior de las mangas de su haori.
—No voy a endulzarte las orejas, Heisuke. Si yo fuera un enemigo te dejaría el resto del cuerpo tan maltrecho como ese brazo inútil que cargas a todas partes —entrecerró los párpados ligeramente, adoptando una expresión más seria—. No deberías de andar por ahí portando dos espadas como si fueras el maldito Miyamoto Musashi. En esa condición tuya sólo te buscarás problemas.
—No tengo miedo a pelear en desventaja —su mirada se paseó de las calles polvorientas a la superficie cristalina del agua. Hacía tanto calor que hubiera agradecido poder ser libre de darse un chapuzón.
—Sé que no —Okita apartó un mechón de cabello que se había pegado a su frente a causa del sudor—. Pero el Roshigumi no está en condiciones de perder a uno de sus Capitanes en una batalla callejera de segunda. Arruinaría nuestra reputación mucho más que lo que el memo de Serizawa ya está haciendo.
Heisuke luchó por reprimir una risotada:
—No le digas memo. Es nuestro jefe.
—Eso no lo hace menos memo —soltó un resoplido—. Entre él y ese tipejo Tani no podríamos caer más bajo.
El más joven casi detiene el paso a causa de la sorpresa. Parpadeó varias veces antes de volver a caminar con normalidad junto a su camarada:
—¿A ti también te cae pesado el nuevo Capitán?
—Vamos... —soltó aire por entre los dientes—. ¿No te has dado cuenta de lo mucho que trata de parecerse a mí?
—Souji... —Heisuke puso los ojos en blanco—. No es por eso que me desagrada. Tu excusa es tan infantil como todo lo que tiene que ver contigo.
—¡Eh! —Okita hizo un mohín, expresión que no hizo mucho por borrar la opinión que su compañero tenía acerca de su madurez—. No es cosa sólo mía. Harada-san fue su alumno en el estilo Tyokushin Ryu y me ha dicho que estoy en lo correcto.
—Porque la opinión de Sano-san es una muy informada, ¿verdad? —torció los labios con malicia—. Apuesto a que estás celoso de él o alguna niñería así.
—¿Lo estás tú?
—Claro que no —meneó la cabeza de forma lenta, y sus cejas se fruncieron peligrosamente sobre sus párpados cuando recordó el momento en el que había conocido a su nuevo compañero por primera vez—. Pero sería mucho más tolerable si supiera guardarse sus opiniones para sí mismo.
Heisuke se giró a ver a Okita y tuvo que elevar el mentón varios centímetros para mirarlo a los ojos. —¿Quieres saber lo que me ha dicho durante la patrulla de ayer?
—Si te dijo que eras una carga yo hubiera coincidido con él —soltó Okita con picardía—. Pero apuesto a que me equivoco.
—El muy petulante dijo que el Roshigumi era un grupo muy piadoso.
—¿Hmm? —Okita arqueó ambas cejas, curioso ante la declaración—. ¿Por qué dijo eso?
Heisuke soltó una risa amarga que se quedó a mitad de su garganta.
—Porque aceptaba aún a aquellos que no tenían pasado.
—Es una bonita metáfora.
—No cuando eres un bastardo como yo.
—Hmm... —el mayor se llevó una mano al mentón—. Pero no es algo que hubiera dicho yo, así que no le veo el problema.
Heisuke no pudo evitar soltar un chillido ridículo al verse presa del fastidio que le resultaba la actitud de su compañero.
—¡¿Es qué sólo te quejas de él cuándo actúa como tú?!
Okita sonrió con malicia, enseñando los dientes en una sonrisa felina:
—¿No he dicho antes que era eso lo que me molestaba de su patética personita?
—Por todos los oni, Souji —Heisuke dejó caer los hombros en un gesto de derrota—. Es imposible tratar de buscar compasión contigo, ¿eh?
—No tanto —se encogió de hombros—. Es sólo que tú te ofendes por muy poco.
—¡¿Yo lo hago?! ¡¿Y qué hay de ti?! —dio un respingo, pateando una piedra directo al fondo del río—. ¡Te estás quejando de algo muy subjetivo!
—Subjetivo mi trasero —gruñó Okita elevando el tono de voz un tanto por encima de lo normal—. El segundo día que estuvo en el cuartel nos hallábamos discutiendo un tema bastante interesante con el resto de los chicos...
—¿Qué tema? —gruñó Heisuke sin mostrarse demasiado interesado.
—Tratábamos de ponernos de acuerdo acerca de quien era la mujer más bella de todo Kyoto —declaró con una sonrisa orgullosa.
—Que cosa más tonta.
—Cierra el pico o no te contaré el resto.
—Jamás dije que quisiera oírlo.
—Como decía... —continuó Okita haciendo oídos sordos a las quejas de su acompañante— ...todos dieron sus opiniones y a mi me tocó hacerlo de último.
—Porque probablemente estabas haciéndote desear como siempre.
—Y dije lo obvio, que la maiko Kohana de Shimabara era la única merecedora de tal título entre el hato de tontas que todos ellos mencionaron antes.
—¿Kohana... de Shimabara? —Heisuke giró el rostro hacia él, repentinamente atento al chisme de su camarada—. Es hermosa, sí.
—No sólo eso. Sino que hace bien su trabajo. Jamás la he visto perder el tiempo o equivocar un sólo paso de danza —se cruzó de brazos mientras asentía concienzudamente con la cabeza—. Es una profesional y creo que eso ayuda a resaltar su popularidad.
Heisuke soltó una risita grave, codéandolo en las costillas con su brazo sano:
—¿Desde cuándo te volviste crítico de Okiyas, Souji-kun?
—No seas idiota... —chasqueó la lengua, encogiéndose de hombros mientras se detenía bajo un árbol frondoso repleto de chicharras ruidosas—. Yo sólo voy a beber a esos sitios. Era sólo un pasatiempo entretenido; no es para tomárselo muy en serio.
—¿Y por qué te molestó lo que sea que haya hecho Tani, entonces?
Okita frunció el ceño cuando el recuerdo acudió a su memoria.
—Usó exactamente los mismos argumentos que yo, pero para referirse a la amante de Serizawa-san.
—¿Oume-san?
—Exactamente —dio un respingo—. ¡Incluso se atrevió a decir que ambas se parecen físicamente y que eso las pone en igualdad de condiciones! ¿Puedes creerlo? ¿Igualdad de condiciones al comparar una maiko con una... mujer como Oume?
—No te ofendas, Souji-kun —musitó Heisuke disimulando la risa que quería dibujarse en sus facciones—. Pero me sigue pareciendo una riña un tanto tonta.
—Voy a matar a ese tipo.
—No seas tan extremo. —Heisuke se recostó en el tronco del árbol donde Okita se detuviera momentos antes, deseoso de descansar un poco antes de continuar la marcha—. El sujeto es un fastidio pero... —sonrió con desgano, rascándose la nuca con la mano sana— ...me he propuesto convertirlo en uno de nosotros.
—¿De qué diablos estás hablando?
—Tú eres un dolor en el trasero —lo miró con picardía—, pero eres nuestro amigo, ¿o no?
—Eso les gusta creer —declaró con una sonrisa pedante, ladeando la cabeza en la dirección de su compañero.
—Apuesto a que hay un motivo para que Tani sea tan... —hizo una pausa mientras buscaba la palabra exacta— ...cínico. Y voy a aplastar esa razón para convertirlo en nuestro camarada.
—Buena suerte lográndolo después de que lo eche de cabeza en el fondo de un aljibe.
—Vamos, Souji. Me ha tratado peor que a ti, y aún así estoy dispuesto a darle otra oportunidad —hizo un mohín, dirigiéndole una mirada de súplica al más alto—. No puede ser tan malo como parece. Si soportamos a Serizawa-san, bien podemos ser un poco más pacientes con Tani.
—Esa es tu opinión. —Okita se encogió de hombros, arremangándose el haori con fastidio; el calor lo estaba poniendo de un humor espantoso—. ¿Quieres ir a tomar algo a la posada Mao?
—¿Ahora? —Heisuke trató de adaptarse al cambio brusco de tema—. ¿No deberíamos ir a reportarnos con Kondou-san primero?
—Tranquilo —dio un respingo altivo, pavoneándose en dirección a la puerta del local—. Estás con su favorito, seguro que te perdona la falta.
—Toudou-san —Chie les salió al encuentro con una bandeja repleta de bolas de arroz. Su rostro estaba encendido a causa de la larga jornada laboral a la que estaba sometida—. ¿Qué los trae por aquí?
—La necesidad de no deshidratarnos —bromeó el joven mientras señalaba a Okita con un rápido movimiento de su mano libre—. Este es Okita Souji; Capitán de la primera división y patán honorario del grupo.
—Oh... —Chie vaciló entre si reír a causa de la presentación o guardar la compostura. Sus ojos se movieron hacia el rostro del desconocido para interpretar su reacción, pero la expresión del espadachín era indescifrable. Bien podría estar sonriendo o a punto de cortarla en dos con su katana; eso sólo la bendita Amaterasu-sama lo sabía, por lo que optó por hacer una reverencia apresurada a modo de saludo—. ¡Es un placer conocerlo, Okita-san!
—El placer es mío, Chie-chan —Okita le devolvió la sonrisa al mismo tiempo que le torcía un dedo a Heisuke (el que disimuló el dolor con un chillido ahogado)—. Me dijo Sannan-san que este bonito lugar se prendió fuego el mes pasado. Que bueno ver que lo han restaurado.
El rostro de Chie empalideció al recordar el terrible incendio y tuvo que dejar la bandeja sobre una de las mesitas por miedo a dejarla caer. Soltó una risita nerviosa mientras se alisaba las arrugas del delantal:
—Sí... es una suerte que... que la gente de Kyoto nos haya ayudado tanto, Okita-san.
—Mejor así —sus ojos se pasearon por el lugar y una sonrisa maliciosa se formó sobre sus labios—. Me gustaría ver la viga que casi parte a Heisuke en dos. Imagino que la tienen en exhibición.
—¿Q, qué? —Chie abrió los ojos en su máxima extensión—. ¡N, no! ¡Claro que no!
Okita soltó una risa grave. —Descuida; sólo te estoy tomando el pelo —le dirigió una mirada de soslayo a Heisuke—. Es una chica inocente, ¿eh? Eso está bien. Lo apruebo.
—Souji... —Heisuke se mordió el labio inferior, poniendo los ojos en blanco—. ¿Vas a ordenar algo para comer de una vez?
—Quizá —todavía no había perdido el interés en su nueva conocida. Le gustaba fastidiar a las mujeres tímidas más de lo que le gustaba admitir—. Dime, Chie-chan. ¿Te asustó mucho el fuego?
Silencio. Heisuke se quedó boquiabierta, ¿de verdad se había atrevido a preguntarle eso a alguien que estuvo a punto de morir quemada? Abrió la boca para pedirle que la dejara en paz, pero la joven se le adelantó:
—No podría decir que no me asusté —admitió, manteniendo la mirada de Okita sin vacilar—. Pero afortunadamente Toudou-san estuvo allí para evitar que eso fuera fatal.
—Ahm... —Okita la miró de arriba a abajo, tratando de medir su reacción—. ¿Y te has detenido a pensar en qué hubiera ocurrido si él no hubiera llegado a tiempo para rescatarte?
—Souji-
Heisuke trató de interrumpir la conversación nuevamente, pero Chie no perdió el tiempo a la hora de explicarse. Su expresión se suavizó de una forma que no concordaba con lo oscuro de su respuesta:
—No hay que ser un sabio para prever lo que habría pasado, Okita-san. Simplemente estaría muerta —un dejo de tristeza cruzó por su rostro, pero se apresuró a ocultarlo debajo de una sonrisa cordial—. Muchas personas mueren por causas que podrían considerarse injustas... o incluso bastante estúpidas. La vida... suele ser así.
—Sí... —Okita se encogió de hombros, ocupando la mirada en los clientes que entraban y salían del restaurante—. Yo lo veo de la misma manera... —empequeñeció los ojos al sonreír con picardía, mientras tomaba asiento en una mesa lejana—. Esperaba que te fastidiaras, pero me has arruinado la diversión... así que te obligaré a que me sirvas un trago, Chie-chan.
La chica no logró evitar sonreír. Toudou-san tenía motivos para considerarlo un patán honorario. Asintió efectuando una reverencia con la intención de perderse en la cocina, pero Heisuke la llamó por su nombre en voz baja:
—Señorita Chie —se acercó disimuladamente—. ¿Puedo preguntarte algo sobre... Tani Sanjuro?
La mujer dejó caer la mandíbula y se encontró con una enorme dificultad para encontrar las palabras necesarias para expresar la sorpresa que la embargaba. Volvió a dejar la bandeja en la mesa y miró en derredor para asegurarse de no ser escuchada antes de responder:
—¿C, cómo... cómo sabe que lo conozco?
—Ahm... no lo sabía, en realidad... —Heisuke parpadeó lentamente, tan inquieto como ella—. Tú conocías a... Mantaro-san, así que pensé... ¡p, pues... que conocías a su hermano!
—Pues sí... —Chie frunció el ceño gravemente—. Pero... no tengo tiempo para charlar con usted ahora, Toudou-san. Estoy... trabajando, como verá —apretó los dientes en una sonrisa fingida que no terminó de convencer a su escucha.
—¡S, sí! N, no quiero interrumpirte pero es que... —se rascó la nuca, avergonzado ante la petición que deseaba hacerle a la joven mesera— ...me gustaría conocerlo un poco ya que... pues... estamos teniendo ciertos problemas con su conducta en... en el Roshigumi.
Chie le había dado la espalda (dispuesta a esconderse en la cocina durante el resto de la tarde), pero cuando su salvador mencionó que Tani Sanjuro tenía dificultades para adaptarse... algo en su corazón la obligó a voltear y repetir la frase que tantas veces había pronunciado durante su infancia:
—Él no es tan malo como parece. Sólo... es un tanto reacio a confiar en la gente.
—¿De verdad? —Heisuke se llevó una mano al mentón, asintiendo lentamente—. Supuse que algo le impedía ser amable, pero jamás se me hubiera ocurrido que se sentía... inseguro.
—No ha tenido una vida fácil —Chie luchó en vano por desatar el nudo que le apretaba la garganta al pensar en su viejo amigo—. Y, yo... lo he visto en... en mejores momentos y... —sus mejillas se encendieron ante los recuerdos que se escapaban del lugar en el que los había enterrado años atrás.
—Lo... ¡lo siento, Heisuke-kun! —se interrumpió a sí misma—. ¡Y, yo... no puedo hablar más de esto! ¡Tengo que... volver a trabajar! —Chie se alejó a pasos raudos, tropezando con algunos clientes mientras se perdía en la distancia.
Heisuke se la quedó viendo con los ojos abiertos de par en par. Una sonrisa asomó a su rostro al descubrir un detalle curioso en la rápida despedida de la camarera:
—¿Me ha llamado... Heisuke-kun?
Otoño, 30 de Setiembre de 1864. Diez días después.
Si Furukawa Chie hubiera sabido que Toudou-san iba a aparecerse a diario con la intención de interrogarla sobre las cualidades de... Tani, probablemente habría tratado de controlar sus emociones en aquella primera ocasión para sacárselo de encima de una vez por todas.
Sin embargo ahí estaba otra vez, escondiéndose en la cocina del restorán; tratando de convencer a Ume para que la cubriera por décima vez.
—No puedes evadirlo para siempre —musitó su amiga mientras espiaba las mesas del salón principal—. No sólo es una tontería, sino que-
—¿Por qué no va a recabar información con Mantaro-san, eh? Él es su hermano y debería conocerlo mucho más que yo.
—Sabes que no es así —Ume (quien conocía la historia de Chie y Sanjuro como si fuera propia), la miró de reojo con los labios apretados al continuar—. Su hermano menor no sabe un diablo de Tani y apuesto a que ya le dijo eso a Toudou-kun.
—¡Ya sé... ya sé! —Chie infló las mejillas mientras espiaba por encima del mostrador—. Pero... es que no puedo... no sé si pueda ponerme a hablar de él sin-
—¿Sin echarte a llorar?
Chie asintió con un gemido lastimoso, ocultando el rostro debajo de su delantal. Gesto que le provocó una risa sincera a su mejor amiga, la que se inclinó para descubrirle el rostro con tanta delicadeza en el movimiento como en la voz:
—Le debes tu ayuda a Toudou-kun. Sin él no estarías aquí, querida.
—Sí, sí... —musitó la mesera por lo bajo—. Pero ya lo envié con un doctor, ¿no he pagado la deuda con eso?
—¿Lo harás sentarse a esperarte en esa mesa durante diez días más?
—¡N, no es mi culpa que... que él no tenga nada mejor que hacer!
—Dicen que no hay forma de salirse del Roshigumi sin cometer seppuku... —murmuró Ume de forma grave—. ¿Qué pasa si los problemas de adaptación de Tani logran que lo obliguen a abrirse la barriga como castigo?
—¡Oh, Ume! —el rostro de Chie perdió el color súbitamente y su boca tembló al hablar—. ¡N, no digas eso... por Dios!
—No trato de manipularte —la sujetó de la mano para ayudarla a ponerse de pie—. Sino de que no te hagas más daño del que ya te hicieron, amiga. Sé que si a él le ocurre algo malo por tu culpa jamás te lo perdonarás.
—Sí... —la joven se quedó con la mirada fija en sus propios pies—. No te equivocas en eso, Ume.
—Ayuda a Toudou-kun a comprenderlo. Y eso te dará tranquilidad.
—Yo... creo... creo que quizá pueda.
—Entonces ve. No temas a las lágrimas de tus ojos, sino a las de tu corazón —le dio un pequeño empujón que alcanzó a sacarla de la cocina, pero no del mar de inquietudes que empezaban a ahogarla a medida que se acercaba a la mesa que ocupaba el Capitán de la octava división.
—¡Ah, Chie-san! —Heisuke se puso de pie apenas verla, con una sonrisa de alivio bailándole en los labios—. ¡Al fin doy contigo!
La mesera lo miró con una cuota de rencor que se le hizo difícil ocultar. Sabía que el joven tenía buenas intenciones para con aquel que fuera su mejor amigo en el pasado, pero se había jurado no volver a pensar en Tani ni en nada que concerniera a sus asuntos.
Sentía que se estaba traicionando a sí misma en pos de Tani... otra vez.
—Perdona que no viniera antes —musitó tomando asiento junto a él mientras se quitaba el pañuelo del cabello—. Pero no estoy en el mejor de los términos con tu compañero y... preferiría no hablar de él.
—L, lo sé... ¡es decir! M, me pareció que te angustió un poco todo el tema... —se rascó la nuca para calmar los nervios, forzando una sonrisa mientras apoyaba la mano sana sobre la mesita de café—. Lo lamento, Chie-san.
—No lo lamentes... —elevó los ojos suavemente, mirándolo con una pequeña determinación que crecía a medida que sus nervios desaparecían—. Ya he decidido que... pues que todo esto es por su bien.
—Claro que sí —Heisuke asintió con la cabeza, dándole un golpecito a la mesa con los nudillos—. Sé que él no es el sujeto más divertido de la fiesta pero... me gusta saber bien con quien hablo antes de abrazar una opinión errónea de la que me puedo avergonzar más tarde —se encogió de hombros, un poco desanimado al pensar en su propia situación social—. Las apariencias engañan, ¿eh?
—Sí... —Chie bajó la mirada, observando su propio reflejo sobre la taza de té que reposaba en la mesita—. A veces la distancia pone a prueba a las personas...
—¿Eh? —Heisuke parpadeó de par en par—. ¿Chie-san? ¿Q, qué estás diciendo?
—¡Oh —la joven se sonrojó al notar lo distraída que estaba—. ¡L, lo lamento! ¡E, estaba... pensando en voz alta!
Heisuke rió de buena gana, quitándole importancia al asunto con un movimiento de su mano libre:
—No hay nada que lamentar. Imagino que no sabes por donde empezar.
—Me gustaría enterarme de que es lo que pasa con él primero.
—¿Hmm? ¿Cómo qué lo que pasa con él?
—¿Cuál es ese terrible problema de conducta que tan preocupado los tiene?
—Ah... —Heisuke apretó los labios, inseguro acerca de la mejor manera de expresar las quejas que el equipo tenía sobre este hombre que tanto parecía afectar a la mesera—. B, bueno... él... digamos que mete la pata casi de forma intencional.
—¿A qué te refieres con meter la pata?
—A que tiende a hacer comentarios más bien... groseros. Y se queja demasiado de todo —la miró para comprobar que no resultara ofendida por sus palabras, y comprobó con alivio que su escucha se veía más curiosa que alterada; por lo que continuó con más confianza—. Es más petulante que Souji... y eso es decir poco.
—B, bueno... él siempre tuvo opiniones muy fuertes. Y no era partidario de cambiarlas por algo como... las sensibilidades ajenas.
—Ya. Eso lo tengo claro. Pero donde le salga con algo de eso a Hijikata o Serizawa-san... —apretó los dientes, tamborileando los dedos de su mano libre contra la superficie de la mesa—. Se las va a ver negras de verdad.
—Sí, lo supuse y es por eso que decidí ayudarte.
—Bien. —Heisuke sonrió satisfecho, dándole un sorbo a su pote de sake—. Don Tani-petulante-Sanjuro está haciendo muchos enemigos con toda esa farsa de portarse como un bravucón. Las cosas van a ser más fáciles para él (y para todos nosotros también) si nos enteramos de sus puntos débiles.
Chie arrugó la nariz. —¿Puntos débiles? No voy a... darte ideas para fastidiarlo o algo así...
—¡N, no! —Heisuke tosió al atorarse con la bebida y se apresuró a interponer la palma de la mano entre ambos—. ¡No me malinterpretes! ¡Sólo... quiero saber como hacer para que deje de ser tan cerrado y... agresivo con los demás!
—Yo... —Chie se mordió el labio inferior, luchando contra el instinto de ponerse de pie y salir huyendo del lugar— ...jamás supe manejarlo como tu piensas. Él es muy independiente y... no suele escuchar consejos de nadie —sonrió de forma angustiosa—: Es un guerrero orgulloso.
—También lo somos nosotros. Y no vamos por ahí insultando el origen de los demás.
—¿A qué te refieres?
—Él no tenía derecho a decir que algunos de los nuestros son menos que los demás a causa de la forma en la que vinieron al mundo. El Roshigumi no distingue entre clases sociales, problemas con la justicia y demás estupideces sin sentido.
—Tani es un heredero de mucho prestigio. Quizá... todavía le faltan algunas cosas que aprender.
—Yo diría que muchas, de hecho... —murmuró sin poder evitar esconder lo mucho que le había molestado el verse juzgado por Sanjuro y sus subordinados en aquella ocasión.
Se hizo un silencio de tumba entre los dos y Heisuke observó como el rostro pecoso de Chie se contraía en un gesto que denotaba tanto sorpresa como angustia. Abrió la boca para saber el por qué de su extraña reacción, pero una mano que se posó en su hombro se lo impidió y sólo entendió la verdadera situación cuando la voz del mismísimo Tani Sanjuro se dejó oír a sus espaldas:
—Jamás creí que uno de mis compañeros capitanes gastaría las horas de su tiempo de rehabilitación hablándole pestes de mí a las jovencitas de Kyoto. Es un pasatiempo un tanto siniestro, ¿no es así, Chie-chan?
Hasta aquí llegó este episodio ¡Nos leemos muy pronto!
