¿Tardé? Sí, tarde. ¡Gracias por los comentarios, otra vez? ;_; Sólo decir que, me alegra. Me alegra mucho leer un comentario nuevo. ¿Cómo estos niños pueden gustarme tanto juntos? Siento la necesidad de querer seguir escribiendo sobre ellos. Sé que, no es una pareja tan "querida" pero me encantan. Me encantan y mucho verlos juntos. ¿Habéis jugado al capítulo de Prompto? (ese Prompto x Aranea es intenso, HAHA y su final es muy Promptis *felicidad intensa*).

¿Alguien dijo porno? No, pero ya os lo digo yo. Este capítulo es porno. Éste y muchos. Creo que ya lo dije (o quizá no) pero este fanfiction parece las 50 sombras de Noctis. Narrado por Prompto Argentum (?.

Ahora en serio, espero que disfrutéis este capítulo, volvemos a los actuales Prompto y Noctis. Los que "hacen muchas aventuras juntos" y esas cosas -sobre todo eróticas-. Os juro que, a pesar del... porno, trato de meterle sentimiento en todo. Dicho de otro modo, parece un shôjo adulto. O bueno, a quien vamos a engañar, en la realidad a ti te gusta alguien con el que acampas y no creo que se base en darse besitos de buenas noches ¿no? O eso es lo que mi mente sucia piensa (también mi experiencia me dice que los hombres son unos cochinos, así que sigamos y dejemos de contar la biblia aquí y VAYAMOS AL CAPÍTULO YA):


CAPÍTULO 4: UN FAVOR DEVUELTO

Tras acabar la misión que Cindy les había encomendado, llegaron hasta el aparcamiento de Hammerhead y le llevaron a la rubia el recado.

— ¡Gracias chicos, qué rápidos! — agradeció, ella.

— Nada, nada. Me sé de alguien que haría más por ti. — respondió el futuro Rey, como clara indirecta.

— ¿En serio? ¿Quién? — le dio curiosidad a la mecánica que, aún con evidentes miradas día tras día, era incapaz de tener en cuenta las intenciones de Prompto.

El nombrado se rió a causa del nerviosismo, casi atragantándose. A los segundos se escondió detrás de Gladio. Ni siquiera ella se fijó en aquel detalle.

— Creo que la mejor opción para ti es rendirte, chico—. le sugirió el grandullón, cuando ya volvían hasta la caravana. Reposarían allí, el anochecer iniciaba.

— ¡No digas eso! — se quejó él, armando una sonrisa tontorrona en su rostro y aún así, igual de optimista—. Déjame un tiempo, ya verás que le impresiono.

¿Impresionar? Sí, pensaba en tácticas para impresionarla pero nunca el día en que terminaría haciéndolas. No al menos, delante de ella. ¿No era agradable esa sensación de confort? Esa sensación de lejanía mientras podía admirarla, con seguridad. Seguridad en que no sería rechazado, en que nada cambiaría. Había un nombre para un amor de ese tipo: eso era un amor platónico. Siempre se mentalizaba de que cuando acabaran aquella aventura, véase, cuando Noctis terminara casado con Lunafreya, él armaría el valor para acercarse a Cindy. Era como una dulce historia con final feliz.

Porque aquella aventura algún día tendría su fin, y debía estar concienciado de ello. Concienciado de que no siempre podría estar a su lado eternamente. Así que, tenía que vivir cada día, cada instante, cada momento como si fuera el último. Saber eso era lo que más intensidad provocaba en sus besos. Lo que más le hacía ceder ante situaciones peligrosas y arriesgadas, como en la que ahora ellos dos estaban.

- — Noct... ¿no podemos esperar a que... durmamos en algún hostal? – pronunció, arrepintiéndose en pocos segundos al notar como aquellos labios rozaban su cuello, formando un camino hasta el lóbulo de la oreja.

— ¿Quieres mejor esperar? Pensé que querías que te devolviera lo de esta mañana—. argumentó, dejando a medias el mordisco y concienciando a Prompto de que no había colores de arco iris a su alrededor.

Demonios, estaba siendo tan considerado con él. Arqueó las cejas, consumido por la expresión que le devolvía, y la lujuria que se escondía en las comisuras del apuesto moreno. Era una debilidad mayor cuando decidía actuar tan ofrecido. Eran tan pocas ocasiones las que dejaba ver esa faceta suya que sabía muy bien lo mucho que tenía que aprovechar.

— Ha-házmelo,... por favor— reclamó, casi en pocos segundos.

Y presionó la boca con las manos, evitando así ser oído por todo el aparcamiento. Noctis había desabrochado su pantalón para acariciarle con veteranía el miembro. Segundos después, flexionó las rodillas frente a él y comenzó a hacerle una felación.

Estaban detrás de la caravana. En medio de la nada, en cualquier momento alguien podría verlos. Sólo deseaba que de verdad Gladio e Ignis se hubieran creído que necesitaban tomar el aire para despejarse.

Su sonrojo se extendió hasta las orejas y aunque sabía que era peor, miró hacia abajo para ver como el príncipe acometía su tarea. Su Realeza desconocía lo atractivo que podía ser armando aquella cara placentera mientras lamía su parte íntima. Era un regalo de los Dioses que todavía no era capaz de creer que se lo hubieran otorgado.

Sólo fue suficiente medio minuto para alcanzar el orgasmo.

— Como siempre, tan rápido. — se jactó, su mejor amigo. Se estaba riendo. Satisfecho seguramente de ser bueno en su trabajo. Limpió su boca y se incorporó, quedando a su altura. — Aunque eso hace más fácil todo. ¿Ahora qué tienes que decir?

Se mordió el labio y le miró con un enojo que aún se embriagaba de gozo.

— "Gracias, mi héroe". — recitó, cumpliendo con el fetiche de éste. Le gustaba escuchar esas palabras, sobre todo dichas por él. Tenía que decirlas ante cualquier favor. Y cuando era cualquiera, era cualquiera. Frunció el morro y enseguida añadió: — ¡Pero que sepas que a la próxima voy a aguantar más! — declaró. Y visto que no le tomaba en serio, le señaló con un dedo acusador que aún temblaba por el reciente hecho. —¡Es más, voy a hacer que tú acabes el doble de pronto!

— Eso tendrá que verse, rubio. — le desafió el reto, alborotando sus cabellos con un gesto y dándole la espalda para marchar a la caravana.

Le siguió el paso, y le adelantó de forma juguetona. En el trayecto, le dio una merecida palmada en el trasero.

Qué sencillos actos y que simple forma de pensar. No había sido tan sencillo años atrás.