DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
MI NIÑA DE PROSPER
CAPITULO 4
El teléfono sonaba en la mesita demasiado temprano para mi gusto.
- Diga? – susurré somnoliento
- Edward? Se puede saber dónde diablos estás? – Jane. Demasiado ansiosa para la mañana del domingo
- En casa durmiendo y pienso seguir así por mucho tiempo más.
- Ni se te ocurra. Has olvidado nuestra comida en el club con mis padres y mi hermano? – Sí. Lo había olvidado.
- De acuerdo. Estaré ahí en una hora - suspiré
- No me hagas esperar, Edward. – amenazó
Colgué y caí sobre la almohada bufando. Al cerrar los ojos el rostro de Bella apareció tras mis párpados y sentí la necesidad de llamarla. Sólo esperaba que no fuera muy temprano.
- Hola?
- Buenos días, preciosa, espero no haberte despertado – dije con voz sugerente
- Edward? – respondió con timidez
- Sí. Cómo has dormido?
- Muy bien – podía imaginarla sonrojada – Y tú?
- Muy bien porque soñé contigo
- Eres un adulador – me acusó y no pude más que reírme.
- Cenarás conmigo hoy?
- Sí - contestó en un susurró luego de dudar un momento
- Te recogeré a las 7
- Te esperaré.
Pasadas la 1:30 llegué al Club de Golf de Westchester. En una de las mesas del jardín estaba Jane con sus padres Aro y Renata Vulturi.
- Buenos días, disculpen el retraso – extendí la mano a Aro y saludé a Renata antes de acercarme a Jane y besarla castamente en los labios
- Tranquilo, Edward, aún esperamos a Alec – me disculpó Renata.
El camarero me sirvió un whisky igual que bebía Aro.
- Ya te ha explicado Jane sobre la boda de Alec? – me preguntó Renata.
Negué con la cabeza mirando a Jane interrogante
- Alec y Chelsea ya han fijado fecha para la boda
- Ah, sí? Y cuándo será?
- Finales de mayo
- Aún falta bastante – comenté
- No lo creas, hijo, ocho meses es muy poco tiempo para organizar una boda
Aro me sonrió cómplicemente ante mi cara de incredulidad.
- Espero que vosotros me aviséis con más tiempo vuestra fecha – dijo Renata con fingido desinterés
- Mamá... – le llamó la atención Jane
- Qué planes tienes para la boda, Edward?
- Eh? – me sorprendí – Aún no hemos hablado de eso – dije mirando a Jane pidiéndole que me rescatara de esa conversación
- No habéis hablado de ello? Lleváis casi un año prometidos, creo que ya es tiempo de que vayáis hablando de la boda
- Mamá, aún tenemos tiempo. Sabes que deseo acabar la universidad antes de la boda.
- Lo sé, cariño, pero este es tu último año. Estoy deseando organizar la boda de mi hija y estoy segura que Esme desea lo mismo para ti, Edward.
- Supongo que sí, aunque creo que Esme desearía casar antes a Emmett.
- Basta ya, Renata, deja de agobiar al chico. Son jóvenes y tienen mucho tiempo por delante.
Para mi tranquilidad en ese momento llegaron Alec y su novia Chelsea, y Renata comenzó a disparar sus dardos contra ellos.
La comida estuvo distendida; mientras las mujeres hablaban de los planes para la boda, Aro, Alec y yo nos dedicamos a hablar de trabajo primero para luego comenzar un debate sobre la última temporada de béisbol y el increíble pase de Mike Newton de los Mets a los Yankees.
Estuvimos gran parte de la tarde en el club hasta que Aro y Renata se despidieron porque habían quedado con unos amigos.
Sobre las seis llevé a Jane a su casa.
- Quieres entrar? – me invitó cuando aparqué en la puerta de su edificio
- Lo siento, cariño, pero debo preparar unos informes para mañana – poco a poco me estaba convirtiendo en un mentiroso compulsivo
- Lamento lo de mi mamá – se disculpó
- Qué cosa? – le dije girándome hacia ella
- Todo lo que dijo sobre la boda, no quiero que te sientas agobiado.
- No te preocupes por mí, cielo, pero dime, qué piensas tú sobre nuestra boda?
- No lo sé, Edward. Es normal que todo el mundo esté pensando en ella, llevamos ya tres años juntos, supongo que todos se lo esperan de un momento a otro.
- Y qué es lo que tú quieres?
- Primero quiero acabar la universidad, pero tal vez podríamos organizarla para finales del próximo año, qué te parece?
- Si es lo que tú deseas, cielo, así será.
- Quiero que tú también lo desees, Edward.
Me acerqué a ella y tomé su rostro en mis manos.
- Yo deseo que tú seas feliz – le susurré antes de besarla
Luego de pasar rápidamente por mi departamento para ducharme y vestirme, partí rumbo a Newark. Faltaban 10 minutos para las 7 cuando tocaba timbre en el departamento de Bella.
- Edward, adelante – me invitó a pasar Tanya – Bella está acabando de arreglarse
El departamento era pequeño y sin ningún lujo. Todo se veía realmente económico. En el salón dos desgastados sofás estaban cubiertos por varios cojines brillantes.
Una mesa redonda en una esquina de la estancia rodeada por cuatro sillas completamente diferentes, daban un aire divertido y humilde al lugar.
Estaba decorado con extrema sencillez, pero había cientos de portarretratos por todas partes con fotos de Bella y Tanya con varias personas diferentes.
Un chico moreno muy joven acompañaba a Bella en muchas fotos y sentí un puño apretando mi estómago. Celos. Nunca los había sentido pero me sentía capaz de identificarlos y aquí estaban. Celos.
En ese momento Bella entró en el salón. Estaba guapísima, muy sencilla pero extremadamente delicada y guapísima. Se me cortó la respiración y pude escuchar a Tanya soltar una risita ante mi reacción.
Llevaba unos pantalones oscuros que se ajustaban a sus deliciosas piernas como si fuesen guantes. Los acompañaba con una camisa azul hielo de una tela muy fina que se amoldaba a sus delicadas curvas. El cabello formaba una cascada de rizos sobre sus hombros y su rostro casi no llevaba maquillaje. No acostumbraba salir con chicas tan naturales y eso me fascinaba. De no haber sido porque Tanya estaba allí, me habría abalanzado sobre ella y la habría hecho mía.
- Hola – me saludó tímidamente ante mi estúpido silencio.
- Hola. Estás hermosa – susurré y bajó la mirada.
Cogió su abrigo y su bolso y nos fuimos.
Tenía una reserva en el Forno's of Spain y a Bella le encantó. Nunca había probado la cocina mediterránea y le llamaba la atención cada plato del menú. Tenía una inocencia adorable y me maravillaba.
Pedí una variedad de aperitivos y langosta riendo ante las caras de Bella cuando le explicaba qué era cada cosa.
Esta niña era completamente refrescante y yo estaba ahogándome en su dulzura.
Cenamos contándonos anécdotas de nuestra niñez y adolescencia. Sin duda alguna, mi vida en una gran ciudad como New York, había sido infinitamente más aburrida que la de Bella en un pequeño pueblo de 2000 habitantes.
- Ese año al acabar el verano Jake y yo estuvimos trabajando en jardines. Hicimos todos los jardines del pueblo. Fue muy divertido – me contaba entusiasmada
- Tengo celos de Jake – confesé y ella me miró asombrada – Has hecho muchas cosas con él.
- Jake es como un hermano para mí. Yo no tengo hermanos y sus hermanas son mayores así que siempre nos hacían a un lado. Estamos muy unidos.
- Y estás segura que no estaba enamorado de ti?
- Jake? De mí? – rió – Desde luego que no. Cómo podría enamorarse de mí? – negaba riendo
- Es muy fácil enamorarse de ti, Bella.
Me miró con clara sorpresa.
- Desde luego que no.
- Nunca has tenido novio, Bella?
Se sonrojó furiosamente y escondió su mirada
- No – susurró – Tanya dice que soy un bicho raro, porque aún con 19 años nunca me habían besado.
- Me encanta que así sea – le dije acariciando su mano por encima de la mesa.
Cuando salimos del restaurant fuimos a caminar por la orilla del río.
Íbamos tomados de la mano en un cómodo silencio. En un momento me recosté contra la barandilla y la atraje hacia mí envolviéndola en mis brazos. Sus manos apoyadas en mi pecho transmitían a través de mi camisa una calidez abrasadora. Estaba loco por esa chica.
Acerqué mis labios a los suyos con mucha suavidad y la besé. Respondió a mi beso con inocente candor. Nos besamos durante largo rato.
- Me vuelves loco, Bells. – confesé – Y me encanta ser el primer hombre que saborea tus deliciosos labios.
Bella se sonrojó tímidamente.
- Adoro el rubor de tus mejillas – le dije acariciando sus pómulos – Sabes exquisitamente y no soporto tenerte cerca y no besarte o acariciarte. Muero de ganas de hacerte el amor. – susurré esperando no espantarla
- Nunca lo he hecho – me confesó
- Lo sé y yo no voy a apresurarte, pero tu cuerpo me trastorna. Y enloquezco ante la idea de ser el primer hombre que te tome.
La apreté más contra mí y pude notar su ligera rigidez al notar mi erección apretándose contra su cuerpo. Comencé un beso suave y dulce que poco a poco fue volviéndose más demandante. Bajé mi mano hasta su trasero y lo acaricié con delicadeza apretándola contra mí.
Colé mi otra mano bajo su blusa y la subí acariciando su espalda haciéndola estremecer. Lentamente pasé mi mano al frente y acaricié su pecho por encima de la tela de su sujetador. Sus pezones estaban erguidos pero Bella se tensó y lentamente se separó de mí.
- Edward... – me pidió pero no pude alejar mi mano de allí mientras seguía besando su cuello – Edward, detente por favor...
- Bells... – rogué
- Es muy pronto, Edward, casi no nos conocemos – susurró y yo sabía que tenía razón, pero era incapaz de detenerme
- Yo quiero que nos conozcamos mejor – dije besando su cuello
- Y yo – confesó – pero no quiero hacer el amor cuando apenas nos conocemos – me pidió y tuve que aceptar que tenía que detenerme
Llevé mis dos manos a su cintura y apoyé mi frente en la suya buscando calmar mi agitada respiración.
- Yo... lo siento – se disculpó
- No, cielo, soy yo quien debe disculparse. Te prometí que no te apresuraría.
Estuvimos un rato más simplemente abrazándonos y acariciándonos hasta que al fin la dejé en su departamento despidiéndonos en la puerta con un profundo beso.
Aquí les dejo otro capítulo.
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