Segundo deseo: parte II

(existencia).

Me encontraba en un barrio lleno de olor a incienso y hierbas en gran variedad. La luz del sol que se escondía tras acontecer la tarde me llenó de una nostalgia tangible, lejana y casi olvidada. Me contuve de regresar e inventarle cualquier excusa a Radamanthys.

No lo encontré.

Está muerto, suerte para la próxima.

Misión fallida, ¿deseas algo más?

Pero me retracté de esas ideas casi inmediatamente, sabiendo dos cosas. Uno, era mi deber complacer en su totalidad y con todo lo que conllevase, a mi legítimo y temporal amo. Y dos, presentía algo, sabía que yo podía recuperarlo, yo sabía que Dégel tenía algo que decirme. Fue por eso que seguí.

Con sigilo me escondí en un rincón oscuro, cambiando de forma, adquiriendo la forma de un águila bastante habitual, y muy útil para el lugar a donde me dirigía.

La noche casi volvería a caer, aterricé en una aldea cercana a un gran poblado, empezaba a sentirse frío, pero no como el habitual de la Antártida. Uno más…familiar.

—Así que estás aquí…lo imaginé. La ligera tormenta de nieve me impedía ver claridad, sólo despejé un poco el pesado ambiente para ver entre la multitud de pálidos algodones a ese ser despreciable, inmundo y…todavía joven. Exclamó mi nombre cuando alcanzó a verme estando casi frente a frente. —Kardia. —Lo siguiente que obtuve fue un inesperado abrazo de su parte.

No entendí el significado de eso, pero me transmitía una gran calma acerca de nuestra situación. — ¿Dónde has estado todo éste tiempo? La última vez yo…

—Yo, yo, yo. Eso no importa ahora, si te preocupa lo que he hecho, que realmente no debería, he estado encerrado en mi lámpara por años, ¿feliz? Sólo…estoy cumpliendo una petición del último usuario que me liberó.

— ¿Una petición?, ¿ahora?

—Haces muchas preguntas Dégel. —Su maldita respiración, casi podía sentirla sobre mis labios, de no ser porque estaban congelados.

— ¿qué clase de petición? —Se acercó más.

—Luego tendré tiempo para explicarte Dégel. Necesito regresar a Inglaterra—le di la espalda mirando un punto inexistente, levantando mi tono de voz—, y debes venir conmigo, el amo lo ordenó. —Seguido de mis palabras apunté mi uña hacia él, dedicándole la mirada más desafiante y fría que me podía salir.

Pero había un problema con ese intento.

Él es Dégel.

— ¿Y desde cuándo obedeces órdenes tan sencillamente Kardia? Debe ser alguien muy importante, eh —Callé por unos segundos intentando descifrar el significado de esas palabras. Hasta que lo encontré casi de inmediato.

—Sí…lo es. —La mirada que me dedicó…no tengo palabras para describirla, pero sus ojos me mostraban tanto odio, tanta tristeza, y tanta alegría a la vez que tuve que contenerme para no llorar. Dégel había sido más que un amigo, más que un amante. Había sido mi mundo, pero con lo último que pasó, lo último que me dijo…eso dolió en lo más profundo de mi ser… ¡no!, ¡más importante aún! Dolió en lo más profundo de mi corazón; causó una grieta, que ni siquiera el poder o el tiempo pudieron curar.

—Si vas a poner resistencia es mejor que ataques primero.

— ¿Y si mejor hago esto? —Sus palabras me desconcertaron, y tan pronto como su rostro rozó mi cuello pude ver sus intenciones.

Juro que intenté empujarlo, y como siempre fue en vano. Esta vez él era el atrevido, esta vez no era yo quien lo atacó, sino él a mí.

Sus labios buscaron los míos con violencia, sacudiéndome, haciéndome retroceder, temeroso por primera vez en mi vida, temeroso de no saber lo que ello despertaría en mí.

Estuve a punto de caer ante él, pero luego vino a mi mente…

Kardia…

—Radamanthys. —Apenas en un balbuceo salió de mis labios su nombre, apenas en un murmullo inaudible. Pero como siempre, Dégel pudo oírme claramente.

—Así que fue ese el que te pidió mi presencia, ¿no?

Ese tiene un nombre, lo acabo de repetir, y lo escuchaste muy claro.

—Tan valioso se ha vuelto para ti que incluso le defiendes, ¡lo llamas por su nombre! Kardia, ¡Kardia! ¿En qué clase de lío te has metido? —Sonreí ingenuo.

— ¿LÍO? Jajajajajá. —Tuve que tapar una parte de mi rostro para contener la risa. —Tu relación con esa mujer—utilicé el mismo tono de voz despectivo que él había utilizado con Radamanthys—, tus infidelidades con esa mujer, tu vida en peligro por ese amigo tuyo. ¡Tus sueños conmigo reemplazados, quemados, olvidados y muertos por esos idiotas sí te metieron en un lío! Del cual nunca, nunca te vas a zafar.

— ¿¡Acaso no te lo había entregado todo!? ¿No pasé miles de situaciones horribles contigo? ¿No te acompañé hasta el final?, ¡yo también tenía mis límites Kardia! ¡Yo también quería ser feliz contigo, pero no me dejaste!

—Así que situaciones horribles…vaya, jamás pensé en ti, lo siento, amigo…—Antes de que pudiera continuar, el llamado de Radamanthys me hizo detener mis palabras en seco.

Kardia, ¿dónde estás?

Señor…

—Es él, ¿verdad?

Ven.

Estaré de vuelta pronto. —Me quedé en shock por unos instantes, ignorando las protestas y reproches de Dégel. Esa conexión…

—Hay que volver.

— ¿qué?

—Dijiste que debías llevarme a Inglaterra. Bien. Entonces vamos. No tengo nada que perder ahora que te he encontrado. —En respuesta simplemente asentí; un segundo movimiento volvió a sorprenderme, cuando tomó mi mano. Curiosamente no sentía nada a comparación de cuando lo hacía en el pasado.