Impura

Tu pareja no podía entender, ¿cómo lo haría? Él, con todo el tiempo del mundo, no comprendía la fragilidad de las vidas humanas. Hasta que fue demasiado tarde, y ya no pudo hacer nada para remediarlo. Pero tú lo sabías, conocías del dolor de perder a un ser amado y, sin embargo, no hiciste nada. Pudiste haberlo remediado —¡habérmelo pedido!—, pero no lo hiciste, porque ya no eras pura.

Aun no entiendo por qué nos odiaste tanto ¿Qué te corrompió tan rápido? Supongo que fue el miedo a morir, ¿no?

Tu aura dulce, blanca y perfecta ya no era así. Jamás habías deseado nada con tanto fervor, jamás habías amado tanto y jamás habías odiado. Elegiste tu pureza por encima de vivir manchada, de vivir con la desgracia de no poder purificar más. Tú, que eras la única capaz de salvarme ya no podrías hacerlo. Me dejaste aquí y le dejaste a él la tarea de cuidarme.

¿Qué esperabas que hiciera? Cuando le prohibiste usarme acabaste con la esperanza de los dos. Él no podría traerte de regreso y yo no podría jamás descansar. Sin ti, nuestras existencias carecían de sentido.

Él tomó una decisión y me guardó sin desear nada.