Hola otra vez, cuarto capítulo, espero que les guste. Algo corto pero en fin, así escribo yo, jeje. Muchas gracias por todos sus reviews, ya saben que Hey Arnold es propiedad de Craig Bartlet.

Oso de Felpa

Capítulo 4: La Primer Pelea

Toda la familia caminaba por el parque disfrutando del fin de semana que iniciaba. Arnold, Helga y Craig se encontraban realmente felices gozando cada instante. Los tres lamían y saboreaban sus conos de helado a la vez que jugaban a las atrapadas y se divertían en grande. Arnold adoraba esos momentos familiares, momentos que él nunca había tenido la oportunidad de disfrutar cuando era niño.

El haber crecido sin padres originalmente había representado una pequeña causa de preocupación por temor a no saber educar a su hijo. Afortunadamente sus temores eran mal infundados y había resultado ser un estupendo padre, amoroso y protector, un verdadero ejemplo a seguir para el pequeño Craig.

Luego de unas horas de alegría en el parque caminaron por el centro de la ciudad. Les agradaba pasear por las concurridas calles observando los aparadores y perdiéndose entre la multitud. Era una actividad que ya se había hecho costumbre y tradición para ellos, así como el ir al cine todos los viernes, la mayoría de las veces para ver caricaturas aptas para Craig.

Mientras avanzaban por la acera viendo a toda la demás gente caminando y ocupándose de sus asuntos pasaron por una pequeña tienda de novedades y regalos. La mayoría de los productos eran baratos y algo mal hechos, no obstante, un objeto llamó la atención de Craig al instante. Cada vez que el niño veía algo que le gustaba significaba un buen rato de estarlo viendo y admirando, cosa que para nada desagradaba a sus padres.

Lamentablemente el objeto en cuestión esta vez no era algo tan fácil de quedarse mirando, más que nada para Helga. Resulta que el juguete que ahora era el centro de la atención del niño era un pequeño oso de felpa muy similar al que Lila le acababa de obsequiar a Arnold. Para ella no era nada sencillo quitarse de encima el pensamiento de Lila y con ese oso frente a ella mucho menos.

No sabía porque, pero al ver ese animal de felpa sentía como si le hirviera la sangre de coraje. Una horrenda sensación de angustia, mal estar y furia la llenaba y le era casi imposible ocultarlo. Arnold notó este detalle pero trató de no tomarlo mucho en cuenta aferrándose a la idea de que todo era producto de su imaginación.

-¡Qué bonito oso!, ¿me lo compras, papá?- preguntó Craig inocentemente con su dulce voz de niño.

-Claro, si quieres- contestó Arnold sintiendo nuevamente esa necesidad de consentir a su hijo.

Los dos estaban a punto de entrar a la tienda por el oso cuando Helga los detuvo hablándoles con un tono autoritario y un tanto agresivo.

-¡No van a comprar nada!- exclamó Helga.

Tanto Arnold como Craig se sorprendieron por esta repentina reacción. Era como si el niño hubiera hecho algo malo o lo hubieran descubierto diciendo una grosería, pero lo único que había hecho era pedir un juguete.

-¿Por qué no?- preguntó Arnold confundido.

-No debemos mal acostumbrarlo y comprarle todo lo que pida- dijo Helga.

-Vamos, se lo merece. Se ha portado bien y se ha esforzado en la escuela. Además no puede ser muy caro ese oso- contestó Arnold.

-Si quieres darle un premio no tengo nada que objetar, pero no quiero que le compres ese oso-

-Craig lo quiere-

-Él lo quiere pero yo no-

-Se lo voy a comprar a él, no a ti-

-¿Por qué tanta insistencia por comprarselo?-

-Porque es lo que él quiere-

-¿No será que tu eres el que quiere comprarlo porque te recuerda al que te regaló Lila?- dijo Helga con sarcasmo.

Estas palabras hicieron que Arnold se enfadara mucho, finalmente entendía lo que estaba ocurriendo. Craig por su parte miraba a sus padres asustado y llorando en silencio por el miedo y la culpabilidad de que se estaban peleando por él.

-¿Es eso?, ¿sigues con lo de Lila?- dijo Arnold levantando la voz.

-Papá… mamá… está bien, ya no quiero el oso. Solo no se peleen- dijo Craig tímidamente.

-¡Pues si!, ¡no sé por qué te regaló esa cosa!- dijo Helga ignorando a su hijo.

-Somos amigos, es razón suficiente- se defendió Arnold.

-Pues creo que tiene demasiados detalles para contigo. Una amiga no hace eso- siguió Helga.

-Estás celosa, eso es lo que pasa- dijo Arnold.

-¿Y eso qué?, tengo derecho de proteger lo que es mío. Tu eres mi esposo y ninguna lagartona te va a alejar de mi- gritó Helga a la vez que Craig se sentaba en el suelo y comenzaba a llorar asustado.

-¡No te atrevas a llamarla así!- alegó Arnold.

-¿Lo ves?, ahora la estás defendiendo-

-No la defiendo, pero tampoco tienes derecho a insultarla. Ella no te ha hecho nada- dijo Arnold.

Helga estaba a punto de seguir discutiendo pero en ese momento se dio cuenta de que los dos estaban tan entretenidos discutiendo que habían olvidado a Craig. El pequeño ahora se encontraba aterrado y llorando. Arnold por su parte también se dio cuenta de esa situación.

Ambos padres se sintieron terribles por haberle provocado sufrimiento a Craig, después de todo ese era un momento familiar y acababan de arruinarlo. Los dos se arrodillaron y abrazaron al niño tratando de reanimarlo.

-Craig, perdónanos- comentó Arnold.

-Todo está bien, no llores- siguió Helga.

-No… si yo no hubiera pedido ese oso ustedes no se hubieran enojado- dijo Craig con la voz entrecortada.

-No es tu culpa. Los adultos a veces nos olvidamos de ciertas cosas y hacemos tonterías- dijo Arnold con el tono amable que lo caracterizaba.

-Perdóname, Craig. En todo caso es mi culpa, yo inicié el pleito- dijo Helga mirando al niño a los ojos -¿Me perdonas?- preguntó con un tono sumamente cariñoso.

Craig solo se secó las lágrimas y asintió con la cabeza. Ya no lloraba más pero el susto aún estaba presente en él y los dos comprendieron que la tarde familiar había llegado a su fin. El precioso momento acababa de romperse por sus problemas de adultos y no querían que todo se quedara así.

Camino a su hogar le compraron a Craig un bonito y colorido cuaderno de dibujo, actividad que el pequeño adoraba realizar. Poseía una gran imaginación y sentido artístico, dibujaba muy bien para su edad y esto solía ser muy relajante para él.

El día siguió sin mayores complicaciones y para el anochecer, Craig ya había llenado las primeras páginas de su cuaderno con divertidas caricaturas y dibujos. Sus padres las miraron con orgullo y luego de merendar lo arroparon y lo llevaron a dormir. Arnold le leyó uno de sus cuentos preferidos y finalmente la paz regresó a ellos.

Una vez que Craig se durmió, Arnold también se cambió y se dispuso a ir a la cama. Helga terminó de hacer sus quehaceres y pronto ya estaba lista para descansar por ese día. Ninguno de los dos quiso hablar sobre el incidente pero ambos lo tenían muy presente.

El enojo se había esfumado pero la tranquilidad también. La mente de ambos estaba nublada y perturbada. En el caso de Arnold, la angustia de la reacción de su esposa ante una situación tan insignificante como el haber querido comprarle un regalo a su hijo. En el caso de Helga, miedo por haberse comportado de esa manera y por la idea de Lila que aún no la abandonaba.

Ambos tenían ideas muy distintas con respecto a ese asunto. Los dos creían que su posición era la correcta e inconscientemente culpaban al otro por lo que había sucedido horas antes.

Como fuera, ambos estaba preocupados y temerosos por lo que e mañana les deparara. No era la primer discusión que tenían, pero si era la primer pelea en la cual se habían enfurecido a ese grado. Esta vez un tercero había sufrido, Craig, su mayor tesoro. No querían que eso se repitiera y aunque querían hacer todo lo posible por evitarlo sabían muy en el fondo que no había terminado.

Diferentes pensamientos, diferentes ideas. Pero en lo que si estaban de acuerdo era que los problemas mas que terminar iban a aumentar muy pronto. Solo esperaban que nada irremediable fuera a ocurrirles a ellos o a su hijo, quien era el menos culpable en todo eso y sin embargo, el más vulnerable.

Continuará………