Y... ¡Buenaaaaaaaas! Oh dios, ¡Realmente fue mucho tiempo! ¡LO SIENTO MUCHÍSIMO! Disculpen todo este tiempo de ausencia, ¡Realmente lo siento! Estuve a nada de dejar este lugar y esta historia porque... acá entre nos, ¡Esto de escribir se me da fatal! Muchos me dicen que lo hago bien, lo agradezco. ¡Pero soy tan poco constante! Me dejaba mal sabor de boca haber abandonado esto, pero después de varios meses... ¡Aquí estoy! ¡Espero no hayan perdido esperanzas de terminar esta historia! Estos días han sido muy melancólicos para mí, tanto en mi vida personal como familiar, y en lugar de pasarme las horas de otro día acostada y durmiendo, preferí escribir, nuevamente. ¡Tengo muchas ideas floreciendo en mi cabeza!
Una nueva mañana. Dos semanas después de que Kenma pudiese llamar a alguien "amigo".
Kuroo había llegado para simplemente cambiar toda su rutina. En lugar de despertar gracias a la alarma ahora lo hacía por los miles de zumbidos que emitía su móvil cada amanecer, ya sin la necesidad de ver a la pantalla para saber que el causante era cierto vecino y amigo azabache. En lugar de caminar los 15 minutos que hacía a la escuela en solitario ahora sus mañanas eran más ruidosas, con dos pares de piernas caminando bajo la sombra de los árboles, con dos cuerpos conversando en calma; uno más alto, otro más bajo. Uno con más alegría, otro más monótono. Uno más disparatado, otro más relajado.
Dos con la misma sonrisa.
Kenma había terminado por acostumbrarse a la presencia de Kuroo, y a pesar de que los primeros días lo estuvo rechazando con frecuencia, actualmente ya está esperando a por él fuera de casa, fuera del aula a la hora del almuerzo y a la hora de salida para volver juntos, dado que era una de las ventajas de también ser vecinos. Desde entonces Kenma sonreía. Sin embargo, aquella bizarra relación se veía amenazada por los otros amigos del azabache popular, las chicas que cuchicheaban por los pasillos y los típicos bravucones que, al estar Kenma con Kuroo, no cogían el valor para ir a molestarle. Kuroo era capitán del equipo de futbol, y no se necesitaba ser mujer para poder admirar aquél cuerpo tonificado, de piernas frondosas y marcadas. No era necesario esperar a verle sin camiseta después de los entrenamientos para ser consciente de su musculatura. Y a comparación del rubio, Kuroo resaltaba por mucho tanto física como emocionalmente. Era más querido por los demás, que el hecho de que pasara tiempo con alguien "insignificante" era insoportable.
Pronto empezarían las molestias en su nueva amistad. Molestas situaciones que uno de ellos esperaba, a pesar de haberse acostumbrado a su nueva rutina. Las miradas se fijaban más en él y en sus acciones, cuando antes con esfuerzo sabían que en la clase había alguien que llevaba por nombre Kenma Kozume. Poco a poco sus cosas comenzaron a desaparecer nuevamente, su mochila aparecía volcada en el interior de los cubos de basura del Instituto, logrando salvarla antes de quedar con Kuroo. Trataba que éste no tuviera qué preocuparse de nada, él podía cargar con todo.
Sin embargo, todos eran insistentes. Ocurrían decenas de chasquidos bucales cuando veían a Kenma pasando de los acosos, y siendo feliz con su nuevo amigo. Verlo sacar cada mañana las cosas que ellos metían en la basura y seguir con su vida, levantarse del suelo cuando le hacían la zancadilla a escondidas del azabache…. Simplemente era irritante. ¡Verlo tan decidido!
Un grupo muy peculiar lo observaba detenidamente, a sabiendas de que de ser captados por Kuroo o por uno de los prefectos podrían meterse en un grave aprieto. Pero Kenma necesitaba más que simples bromas, para que les devolviera a su amigo. Unos nudillos tronaron, seguidos de un par de risas al ver al rubio ir a toda prisa hacia el final del pasillo. Los susurros de un plan poniéndose en marcha escapaban de sus bocas.
- Alguien debe bajarlo de su nube…
Y todo comenzaría en ese instante. Una mano no tardó en sellar los labios del rubio, quien había sido tomado por sorpresa de un momento a otro.
.
.
.
.
.
.
Era la cuarta vez que veía el reloj. Quizás se le había hecho tarde en la clase de Deportes y apenas terminaba de vestirse, o bien, había olvidado algo en su pupitre y volvió por él. Kuroo colocó sus manos detrás del cuello y se relajó contra la pared, viendo a todos pasar, despidiéndose de él como era acostumbrado. Unos cuantos conversaron con él, quien respondía amablemente a todo sin dejar de echar un vistazo por encima de sus cabezas. Las últimas personas cruzaban la puerta y los conserjes amenazaron con suspenderlo si no se movía de ahí y les dejaba hacer su trabajo.
¿Dónde se metería Kenma?
Quizás tuvo una emergencia en casa y volvió antes, sin avisarle. Creyendo eso se encogió de hombros, no podía monopolizar del todo al más pequeño, pero aquello no le quitaba la punzada de incomodidad, volviendo la vista un par de veces hacia atrás, esperando verlo corriendo exhausto y pidiendo disculpas. "Le mandaré un mensaje más tarde", pensaba, mientras doblaba la esquina que daba lugar a las casas de ambos.
Fuera estaba el padre de Kenma. Era un hombre alto, no tenía mucho parecido a su hijo pero, a como recordaba una vez que entró en casa de los Kozume, Kenma tenía más parecido a su difunta madre. Los había visto a los tres en una fotografía de la sala de estar. Lo saludó al pasar por su lado.
- Buenas tardes, Kozume-san.
- Hey, Kuroo. – Miró a sus alrededores; - ¿Kenma se quedó en clase extra?
.
.
Volvió su vista, extrañado. ¿No había regresado aún? El reloj marcaba las 6 de la tarde, en punto. Las clases extra siempre eran d de la tarde, por lo cual sería extraño que siguiera en la escuela. Además, que los conserjes lo despacharon rápido, y siempre ocurría cuando no era día de extracurriculares.
Pero no quería preocupar al hombre, por lo cual tuvo qué mentirle, diciendo que Kenma había decidido quedarse a una práctica de voleyball, que pronto habría un partido importante para el equipo. Aquello pareció extrañar a su padre, pero creyó sus palabras, entrando de nuevo a su hogar tras despedirse. Se quedó ahí observándole y devolviéndole la sonrisa que le dirigía hasta que la puerta fue cerrada. - … ¿A dónde demonios fuiste? – Murmuró borrando la sonrisa de sus labios, entrando a su propia casa y dirigiéndose en automático a su habitación tras un "Ya llegué" a su familia. Llevaba el celular en las manos, sintiendo el corazón en su garganta al tiempo que marcaba a los 10 dígitos que formaban el número de contacto del rubio.
.
.
.
.
.
- Al fin despiertas, princesita.
La oscuridad se hacía presente, haciéndole incapaz de ver. Notaba que sus párpados se abrían y cerraban a su voluntad, por lo que la respuesta más probable a la falta de luz sería que le vendaron los ojos.
- Así que esta es la niña causante de tanto alboroto. – Hubo risas ante la mención fémina de Kenma, quien intentaba reconocer aquellas voces. Ninguna le sonaba, pero seguramente eran parte del Instituto.
- ¿Q-Qué quieren? – Se atrevió a hablar, tembloroso. La verdad era que estaba asustado, habían sobrepasado por mucho sus expectativas de lo que podrían hacerle. Pudo imaginarse todo tipo de bromas, más no aquello. Tomarlo por la fuerza y dormirlo para llevarlo a un lugar que desconocía, con personas que desconocía. Sintió a alguien acercarse, podía sentir su aliento muy cerca de su rostro, por lo que instintivamente echó la cabeza hacia atrás. Segundos después una pequeña ventisca le sacudió el cabello.
- Oi, no le han tapado bien los ojos al crío. Esquivó mi mano. – Murmuró con aquella voz de superioridad, tomando a Kenma por el cuello de su camisa. – No te hagas el que no sabes, rubiales. Has estado teniendo a Tetsurou todo este tiempo para ti. ¿Qué pretendes con él?
Al oír aquello terminó por confirmarse su sospecha, que eran amigos de Kuroo. No hizo alguna otra mención o pregunta, él sabía que las cosas se pondrían así, aunque claro, esta vez lo superaron por mucho.
Hubo más silencio, por parte de ambos bandos. No sabía cuántos más había en ese lugar pero suponía eran más de uno. Lo observaban, meticulosamente, lo escudriñaban de arriba abajo, podía sentir ese odio que no era necesario decir para ser consciente.
Su vida siempre se basaba en ello, y sin embargo, estar con Kuroo le hizo, por una vez, olvidarlo. Olvidar que para el mundo era sólo alguien más sin significado.
- Parece que nuestro amigo está muy acostumbrado a ser humillado que ya el meterse con él en la escuela es nada. – Un escalofrío recorrió su cuerpo, intentando hacer uso de sus manos para apartar al desconocido. Fue cuando cayó en cuenta que no podía moverlas, alguien más las sostenía de las muñecas. – Creo que necesita nuevas tácticas que le permitan recordar lo que es la humillación.
Se removió, lanzando un pequeño gemido. Algo frío se deslizaba por dentro de su ropa; sus movimientos causaban risas en los demás, quienes disfrutaban viéndolo patalear en un intento de librarse de las manos que sujetaban las suyas, así como de las que hurgaban dentro de sus vestiduras. Un apretón en su entrepierna le dejó sin aliento, causando además un violento sonrojo en sus mejillas, un sonrojo que nadie apreciaba. – Oh, vaya, ¡Parece que sí es hombre!
Nuevamente rieron, podía escuchar el peculiar pitido que lanzaba una cámara al estar grabando. El mundo se le venía encima a Kenma, y lo único que pudo hacer en ese momento fue gritar por ayuda, hasta que a la fuerza fue silenciado.
.
.
.
.
Gritos y golpes que fueron escuchados a través de un teléfono celular que, accidentalmente, fue contestado desde el bolsillo de su dueño.
Seguramente nadie esperaba algo así. ¿verdad? ¡Jajajajaja! I feel the power of Satan inside me. Soy muy cruel, desaparezco por meses y al regresar hago esto.
Deberían darme un premio (?). Okno. Dudes, ¡Muchas gracias por sus reviews! Algunas personas me escribieron por MP pidiéndome regresar pronto. ¡Eso significó mucho para mí y no pude dejarlo pasar como si nada! Espero sorprenderlos cada update con esta historia, hasta ahora, mi favorita. Es la única que he publicado, pero espero hacer públicas otras historias más adelante.
¡Un saludo y un gran abrazo a todos!
