Capítulo Cuatro

La decisión

La segunda semana que el circo llevaba en la ciudad. Katniss y Prim comenzaron a ir a todas las funciones de la noche. Últimamente Cray se había vuelto insoportable y la castaña lo atrapó robando dinero de su bolso de caza, habían tenido una fuerte discusión que la dejó a ella con un moretón en la mejilla; ahora lo único que pensaba era en estar el menos tiempo posible en su casa, y el circo era una buena forma de escapar por un instante de su realidad.

Esa semana se sentía especialmente agobiada, la cuenta de la luz estaba por vencer y si no la pagaba los siguientes días, se las iban a cortar y después tendría que pagar la multa por la reconexión, bueno siempre y cuando juntara el dinero.

Pero ella no era una persona que se diera fácilmente por vencida, ya vería como le hacía, pero juntaría el dinero.


...

―Te estaba esperando muchacho.

Haymitch sonrió ― Qué tal Ripper.

― ¿Ya te dejaron sin alcohol?

―Sí ― se rascó la nuca con una mano ― anoche Effie tiró todas mis botellas, incluso las que tenía escondidas.

―Esa muchacha tuya sólo se preocupa por ti, por tu salud, no deberías hacerla pasar tantos corajes.

― ¿Me estás diciendo que no debería estar aquí comprándote alcohol?

―No dije eso ― sonrió la mujer, la falta de varios incisivos saltaba a la vista ― Negocios son negocios ― le tendió un vaso con un líquido amarillento.

Él le dio un trago y sintió como el líquido le abrasaba la garganta ― esto es mejor que lo que suelo tomar ― levantó la mano con el vaso haciendo un gesto de brindis y bebió otro trago.

― ¿Ya fuiste a visitarlos?

A él se le perdió la mirada en el vaso que tenía en la mano.

Sus padres, su hermano y la que fuese su novia en su juventud, estaban enterrados en el cementerio de ese distrito. Y era eso lo que siempre lo ponía ansioso en el Doce, lo que lo hacía ahogar el recuerdo de la tragedia en alcohol para no pensar en ellos, aunque siempre molestaba a Effie.

Haymitch asintió con la cabeza para responder la pregunta de Ripper, pero su mente voló a los sucesos de la noche anterior.

...

Haymitch se encontraba sentado en la sala dentro de la tienda rosa, la casa que compartía con Effie en el circo, ya se había terminado una botella y estaba a punto de abrir otra, cuando un remolino rubio vistiendo una larga bata de seda estilo japonés entró con una caja con botellas en los brazos.

―Eres increíble ― le habló en un tono frío ― no puedo creer que utilices a los muchachos para esconder tu vicio.

―Esas no se suponía que las encontraras, son para el viaje, no me las iba a tomar ahorita.

― ¿Qué pretendes hacer? Quieres matarte ¿verdad? ― era una afirmación ― No tienes vergüenza.

― Ya sabes que jamás la he tenido ― una botella pasó volando cerca de su cabeza y se estrelló tras de él, la esquivó por poquito ― ¿Pero qué diablos Effie? ― se puso de pie.

―Es obvio que tú quieres morir así que yo te voy a facilitar las cosas ― continuó lanzándole las botellas ― ¡Eres un borracho insufrible, egoísta, rufián!

Él se movía de un lado a otro para esquivarlas, tenía que admitir que su mujer tenía muy buena puntería ― ¡Detente ya, estás loca!

Los gritos de la discusión probablemente se escuchaban afuera, pero ellos continuaron.

― ¿Loca? Tú no tienes respeto por este circo ni por toda la gente que trabaja en él, ellos también son tu familia, no sólo las personas enterradas en ese cementerio.

Haymitch sintió la sangre hervir en ese momento, su familia era un tema prohibido y ella lo sabía, aun así, los mencionó ― ¿Qué sabes tú de familia? Eres una perra del Capitolio a la que su propia familia vendió ― le dijo en voz baja pero grave. Después cerró los ojos en el momento en que las palabras abandonaron su boca, había ido muy lejos y sabía que la había lastimado.

Ella se quedó congelada por un momento y abrió mucho los ojos, la caja que sostenía en los brazos cayó al suelo.

―Princesa… ― estaba arrepentido, quería regresar el tiempo y retractarse. Su enojo había desaparecido por completo y ese sentimiento había sido reemplazado por miedo.

―Entonces debiste dejarme morir ― su voz era fría. Pasó a su lado para ingresar a la casa rodante.

― Effie por favor… ― trató de detenerla tomándola por el brazo.

―No me toques ― le habló de espaldas y se zafó de su agarré.

Él se quedó parado viendo como ella se metía a la casa rodante, y se pasó una mano por el rostro. Se sintió sobrio en un instante y corrió tras ella. Cuando entró en la casa y volteó a la izquierda, vio que Effie ya tenía una maleta abierta sobre la cama y la comenzaba a llenar de ropa.

― Princesa no quise decir eso ― pero observó que ella estaba llorando ― Diablos Effie, ¡para por favor! ― le habló desesperado y tomó la maleta arrojándola al otro lado de la cama.

― Finalmente dices lo que piensas de mí ― no lo volteó a ver.

Haymitch la tomó por los brazos y la abrazó contra su pecho ― No es verdad, sabes que no es verdad, ¿Cuántas veces me has dicho que digo puras estupideces cuando estoy borracho?

―Suéltame, no quiero que me toques. Esta vez sí me voy a ir ― sollozó.

―No te voy a soltar hasta que me escuches ― subió una de sus manos hasta posarla sobre su nuca para hacer que volteara a verlo, sin ejercer mucha presión ― Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, tú me has salvado más veces de las que te imaginas ― cuando la sintió relajarse contra su cuerpo, subió sus manos para tomarla del rostro y limpiarle con los pulgares las lágrimas ― tú sabes lo que significas para mí; hay días en los que no quiero salir de la cama y tú eres mi motivación para seguir adelante ― le dio un pequeño beso en los labios ― No me dejes cariño ― la volvió a besar y esta vez profundizaron más el beso.

―Te amo ― le dijo ella y le pasó las manos por el pecho acariciándolo ― pero no me gusta cuando te pones en modo autodestructivo Haymitch ― lo miró a los ojos y le acaricio la mejilla ― Siento mucho haber mencionado a tu familia, sé lo difícil que es para ti cuando estamos en este distrito, pero por favor déjame a ayudarte, apóyate en mí cuando te sientas así ― se acercó para hablarle al oído ― hay otras formas de lidiar con el dolor aparte del alcohol que también te pueden ayudar a olvidar ― le susurró.

Lo empujó contra la cama hasta que él se sentó, y entonces se puso ahorcajadas sobre él ― Ah ¿sí? ― dijo él ya en un tono medio de broma, la verdad era que tener a Effie así sobre él, era sumamente excitante.

― Solo prométeme que vas a cuidarte, por favor ― lo miró con esos intensos ojos azules que él adoraba.

Haymitch pasó las manos por su espalda y la atrajo hacia él para besarla. Y entre besos le respondió ― Voy a intentarlo Princesa.

Ella sonrió contra su boca y comenzó a desabrocharle la camisa.

...

Así era casi siempre, empezaban con una discusión y después de gritos, insultos y llanto; momentos después se encontraban haciendo el amor sobre cualquier superficie plana que encontraran. Es una especie de juego, pero era su juego.

Haymitch sacudió la cabeza para alejar los pensamientos de su mente.

― Pobre muchacha ― comentó la anciana.

― ¿De qué hablas? ― se volteó en su banquillo para ver el resto del Quemador.

― La cazadora, esa que viene caminando hacia acá. El maldito del padrastro se dedica a gastar todo el dinero que le corresponde a ella y a su hermana en drogas y apuestas, y ella tiene que hacerse cargo de alimentar a su hermana y pagar las cuentas de la granja.

Haymitch la reconoció, era la chica que había visto conversando con Peeta en varias ocasiones.

― Es fin de mes, debe ser apurada por completar para pagar las cuentas antes de que comiencen a cortarle los servicios ― continuó hablando la mujer.

― ¡Eh preciosa! ― la llamó Haymitch y le hizo un gesto con la mano para que se acercara.

La chica frunció el ceño de inmediato, volteó hacia atrás no estando segura de que la estuviera llamando.

―Sí tú, acércate.

La joven se acercó ― ¿Qué se le ofrece?

Haymitch sonrió ante el tono brusco de la muchacha, era desconfiada y por un momento se vio reflejado en ella ― Qué traes ahí para vender ― señaló su bolso con la mirada.

A ella le cambió el rostro ― Bueno, ya solo traigo té ― abrió su bolso y sacó una bolsa transparente con pequeños saquitos ― mi hermana y yo los hacemos, son medicinales y todo es cien por ciento natural.

― Muy bien, enséñame lo que traes.

Ella lo miró con algo de esperanza y comenzó a sacar todo lo de su bolso poniéndolo en la mesa de Ripper ― Traigo de varios tipos, para dolor de cabeza, para dolor de estómago, éste ayuda a dormir ― le iba explicando mientras sacaba los saquitos ― esté es bueno para calmar los nervios, este ayuda a adelgazar, esté es antiinflamatorio… ― siguió sacando bolsitas y bolsitas, explicando los usos de cada una ― todo viene marcado aquí, lo que contiene y su función. Se usan como medicina alternativa y le aseguro que son efectivos.

Haymitch se asombró con la cantidad de tés que le había mostrado ― ¿Cómo sabes tanto?

― Mi madre era sanadora y era especialista en medicina alternativa.

― De acuerdo ― dijo él echando un vistazo a todo lo que estaba sobre la mesa ― me llevo todo.

― ¿En serio? ― preguntó incrédula la castaña.

Él tomo un pequeño saquito ― Si esto le quita la manía a mi esposa de tomar pastillas para dormir siempre que se encuentra ansiosa, créeme que te pediré más ― y sacando varios billetes de la cartera, se los tendió.

La joven abrió mucho los ojos ― No, eso es mucho ― y tomando la mitad de los billetes que le ofrecía dijo ― esto es más que suficiente.

―Tómalo todo ― le volvió a ofrecer el resto.

―No puedo, así está bien.

La chica era terca.

―Tómalos Katniss, deberías valorar más tu trabajo, tés como esos que tú preparas, en esas tiendas ricas de allá valen mucho más ― comentó la anciana.

―Mira hagamos algo, te propongo un trato. Toma esto ― le puso el resto del dinero en la mano ― como un adelanto para que me prepares más tés ¿sí?, nos vamos en cuatro días, los que alcances a hacer en estos días está bien.

Katniss entonces sonrió ― De acuerdo.


...

―Vamos hermana, hoy es la última función, creo que deberías verte diferente, arreglarte un poco más.

―Olvídalo Prim, no voy a ponerme un vestido para ir al circo.

―Un vestido no, pero ¿qué tal una blusa bonita? ― le insistió su hermana ― vamos a revisar las cajas de ropa de mamá, tenía unas hermosas.

La mayor lo pensó un momento y finalmente cedió ― De acuerdo, veamos si encontramos algo.

Después de revisar la ropa de su madre, Katniss se decidió por una bonita blusa de seda con cuello redondo sin mangas, que tenía un pequeño lazo que se amarraba debajo de cuello lo que la hacía ver muy femenina. Casualmente la que había elegido era color naranja, pero se dijo a ella misma que no tenía que ver con que Peeta le hubiera dicho esa semana que era su color favorito.

Su hermana también la convenció de que llevara el cabello suelto, así que solo se hizo una pequeña trenza pegada en forma de diadema para despejar el cabello de su rostro.

Prim también se había esmerado en su arreglo, Katniss sospechaba que el chico llamado Rory que le había presentado esa semana y que actuaba como payaso en la función tenía algo que ver, pero no dijo nada.

Cuando estaban a punto de irse, no contaron con que Cray las estaría esperando.

― ¿A dónde creen que van?

Las chicas se quedaron mudas de la impresión, había dicho que iba a salir y no esperaban encontrarlo.

― Les estoy hablando par de putitas, ¿creen que no me he dado cuenta que han estado saliendo todas las noches? Apuesto que van a revolcarse con los hombres del Quemador, me han llegado muchos rumores.

― Esas son tonterías Cray y lo sabes.

― ¿Lo sé? ― el hombre de cabello entrecano y penetrantes ojos verdes las vio de arriba abajo con desprecio ― Pues de una vez es digo que estas salidas se terminaron, se van a quedar y atender al hombre de la casa como se merece.

Katniss sentía la respiración acelerada y Prim estaba escondida tras ella.

― ¡Qué esperan! ― les gritó ― ¡Comiencen a hacerme la cena!

Las hermanas reaccionaron y se metieron de prisa a la cocina, sus planes se habían arruinado y era claro que no iban a salir esa noche. Quizás si tuvieran suerte podrían ir a despedirse de Peeta antes que partieran el siguiente día.

Katniss se apresuró a prepararle un estofado de ardilla, demoró un poco menos de una hora, y cuando finalmente estuvo listo, lo llamó para que cenara.

Cray se sentó en la mesa del comedor y Prim colocó frente a él el plato con la cena. Su padrastro olió la comida, tomó la cuchara y apenas dio un bocado, tomó el plato y lo estrelló en la pared.

― ¿Qué clase de basura es ésta? ― rabió, se paró de la silla y fue hasta la castaña a la que tomó de la mandíbula y se la apretó ― ¡Quiero comida decente, no este mugrero! Sé que trajiste un conejo hace rato, ponte a prepararlo y no me molestes hasta que esté listo.

Katniss apretó los puños a sus costados y asintió con la cabeza. Su padrastro había estado fumando hierba, y cuando se ponía así de violento lo mejor era no molestarlo más de la cuenta.

Las chicas se metieron de nuevo a la cocina y prepararon conejo al horno y papás a las finas hierbas.

Su padrastro las hizo sentarse a la mesa con él para que cenaran todos en familia. La verdad era que las hermanas no tenían hambre, no después de lo sucedido, pero se obligaron a picar el plato para que él no se molestara más con ellas. Después de eso, las obligó a que se sentaran con él a ver la televisión.

― Ahora que lo recuerdo ― dijo Cray después de un rato ― No me ofrecieron postre.

Prim de inmediato se paró ― Iré a la cocina a traerte unas galletas.

Pero cuando pasaba a su lado, él la jaló de un brazo y la hizo sentarse en sus piernas ― Yo estaba pensando en otro tipo de postre ― le pasó la mano por las piernas.

Katniss se paró de inmediato ― ¡Suelta a mi hermana! ― le gritó, pero cuando se acercó, él levantó la pierna y la pateó en el estómago sacándole el aire.

Cray tenía abrazada fuertemente a Prim y comenzó a besarle el cuello a pesar de su llanto y sus gritos.

La castaña se levantó como pudo y se lanzó contra él.

Su padrastro empujó a Prim, quién cayó y se golpeó la cabeza con la mesa de centro; tomó a Katniss por las muñecas y la atrajo hacia él, su apestoso aliento le revolvió el estómago cuando le hablo muy pegado al rostro ― ¡Qué! ¿me vas a tratar igual de bien que a todos tus amiguitos del Quemador?

― Suéltame ― dijo Katniss con coraje.

― No me gustan las morenas, pero para pasar el rato estás bien ― la tiró al suelo, se puso sobre de ella y le sujetó las muñecas con una mano sobre su cabeza. Con la otra mano le rompió el lazo de la blusa y comenzó a besarle la mandíbula.

Katniss trataba de quitárselo de encima, no dejaba de gritar, pero él era más fuerte y pesado.

―Eres un asqueroso ― lo escupió en la cara.

Él le soltó las muñecas y le dio dos golpes con el puño cerrado, uno cerca del ojo y con el otro le abrió el labio.

La joven estaba conmocionada por los golpes, entonces él aprovechó para desabrocharse el pantalón.

De pronto un jarrón se estrelló en la cabeza de Cray. Katniss aprovechó que estaba aturdido y logró zafarse de debajo de él.

Prim se había quedado paralizada después de golpearlo con el jarrón. Pero su padrastro comenzó a levantarse y entonces dos fuertes golpes en la cabeza lo noquearon.

Katniss había tomado un viejo candelabro de metal para golpearlo.

Las hermanas se quedaron paradas viendo como un charco de sangre comenzaba a formarse en el piso. La mayor fue la primera en reaccionar.

―Katniss, está… ― comentó Prim asustada.

― ¡No lo toques! Tenemos que irnos de aquí Prim, de prisa ― tenía el corazón acelerado y le temblaba la voz ― ¡Vamos tenemos que tomar algunas cosas!

Con manos temblorosas, llenaron sus mochilas escolares con ropa. Katniss tomó el libro de su madre sobre plantas y la chamarra de cazador de padre. Ya de salida, tomó el bolso que utilizaba para ir a cazar, junto con su arco y carcaj.

― Vámonos Prim ¡rápido!

―Katniss creo que lo matamos ― la menor no podía contener sus lágrimas.

― Fue en defensa propia― contestó nerviosa, estaba tratando de reprimir el llanto.

Cuando caminaban a la salida, Prim la detuvo ― Katniss no podemos dejar a Lady.

La castaña lo pensó unos segundos ― de acuerdo vamos por ella, pero rápido.

Salieron casi corriendo de la granja, con la cabra tras de ellas amarrada de una cuerda.

― ¿A dónde vamos a ir Katniss?

― Sólo hay un lugar que se me ocurre para escapar.


Bueno aquí va un nuevo capítulo, la verdad la escena con Cray me tenía algo nerviosa, sé que es un tema delicado y trate de manejarlo lo más light posible, espero no haya molestado a nadie.

Y bueno que opinan de que Katniss y Prim se vayan al circo, ¿Qué actos creen que podrían hacer cada una?

Es muy importante para mí que me den sus opiniones, para saber como continuar la historia y animarme a escribirla.

gracias por leer! y por seguir esta historia.

Hasta el próximo viernes!

Marizpe