Hola. Perdón por tardar tanto en actualizar, sobre todo cuando el fanfic está pensado para ser corto. Este es el penúltimo capítulo (creo) y pues tiene mucho diálogo. ¿Creen que debería empezar a escribir teatro? Espero que lo disfruten.

Marceline Abadeer caminaba hacia su casa tras un largo día tocando la guitarra. Sentía en las yemas de la mano izquierda que punzaban los callos que se había hecho con el paso de los años. Acariciaba con el pulgar una a una las puntas de sus dedos tratando de relajar el dolor o, por lo menos, haciéndose consciente de este. A los pasos que al inicio parecían ser solo suyos se sumó el sonido de otro par de pies que alternaba el golpe contra el piso en periodos regulares; había alguien detrás de ella.

-Qué tal, Keila-adivinó sin necesidad de mirarla.

-Marceline.-Respondió al saludo de su amiga.

-¿Me perdí de algo?-Preguntaba al tiempo en que Vlad nivelaba sus pasos a los de Marceline y ahora caminaban una al lado de la otra.

-Supongo que no hablas de las clases. Quieres saber lo que se dice en los pasillos.

-Qué lista-se burló. Keila sujetó el brazo de Marceline por un momento y se detuvo. Dio un cuarto de vuelta para quedar justo frente a ella a la vez que se giraba también.

-Hay... rumores.

-Te escucho.

-No me dijiste que tuvieras novia.-Si bien no se sorprendió por completo, sí dio un ligero respingo y levantó un poco las cejas. Por lo menos esperaba que los chismes fueran menos precisos al inicio hasta que eventualmente ese fuera desatado. Grumosa era rápida.

-¿Hay nombres?

-Sí. Uno: Keila Vlad.-Abadeer rio por un par de segundos, aunque no de una forma divertida, sino como si quisiera decir "debí haber esperado esto".

-No me sorprende, es un poco obvio

-Pero es mentira.

-Mejor para mí.-Volvió a caminar hacia el frente, tratando de dar por terminada la conversación. Keila la contempló por un momento y aceleró algunos pasos para darle alcance.

-¿No me vas a decir quién es?

-No.

-Soy tu mejor amiga.

-Nunca dije que no lo fueras.

-¿Vas a traicionarme a mí para proteger el nombre de una chica que no es capaz de dar la cara mientras tú arriesgas tu escuela?-La chica se detuvo de nuevo y giró la vista hacia Keila.

-De acuerdo, número uno-levantaba el índice de la mano izquierda mientras hacía una ligera presión con el de la derecha para enfatizar la cuenta-no te estoy traicionando. ¿La gente en la escuela cree que eres tú? Bueno, yo no les di motivos para pensarlo, jamás insinué que lo fueras. Número dos-levantaba índice y medio-No quiero, bajo ninguna circunstancia, afectarla a ella y-un tercer dedo se sumaba a la cuenta-número tres, esto es algo que yo decidí hacer. Ella no tiene ninguna obligación con la causa.

-Vale, vale, ¿pero en serio ni siquiera yo puedo saber de quién se trata?

-No. -Se detuvo ante la fachada de su casa y llevó una mano al bolsillo para sacar las llaves. -¿Te quedas a comer? -Keila observaba el ademán que Marceline hacía señalando la puerta abierta y, tras pensarlo un instante, entró.

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-¿Bonnie? ¿Otra vez te desvelaste con tu proyecto de ciencias?-Era lunes por la mañana, lo que sumaba ya el cuarto día de protesta en la entrada de la escuela y, lo cierto era que en esos días Bonibbel había hecho lo posible para no pensar en Marceline. El método más efectivo que encontró era precisamente ocuparse en cosas escolares y adelantar tareas. -En serio te ves terrible.

-Wow, gracias, Lady.

-Sabes que no me refiero a eso. Tienes las ojeras más oscuras que he visto en mi vida.

-No es nada, sólo necesito un café.

-No. Necesitas relajarte-dijo mientras colocaba las manos sobre los hombros de su mejor amiga.

-Estaré bien.-Sentenció mientras la miraba a los ojos. Lady pudo ver que mentía.

-¿Sabes? -Detuvo el contacto físico con ella y siguieron caminando por el pasillo- Estaba pensando que sería conveniente tomarte un día libre. Jake comentó que tal vez podríamos tener una cita doble...

-No.

-Vamos, Bonnie, debes ser la única chica en toda la preparatoria que no tiene citas.

-Ya sabes la razón: escuela. Necesito concentrarme en mis estudios.

-En serio, eres la persona más inteligente de este lugar, no va a pasar nada si sales una tarde con nosotros.

-Sabes lo que dicen de mí, ¿cierto? Princess don't do dates. ¿Y se puede saber con quién diantres pretendes celestinearme?

-Finn ha estado pensando en invitarte a salir las últimas 3 semanas.

-Pues ahórrale la molestia al pobre chico. Princess don't do dates. -Enfatizó.

-Muy bien, Bonibbel, no quería llegar a esto, pero quiero ayudarte y no me dejas muchas opciones. Te doy dos salidas: puedes decirme qué es lo que te tiene actuando como zombie o puedes venir a esta cita doble. Tú elige. -En este punto comenzaba una batalla de miradas entre las dos chicas que permanecían con los brazos cruzados. La primera en romper el contacto visual fue Bonibbel.

-Dile a Finn que pase por mí a las cinco.

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Las clases avanzaban sin obstáculo alguno; los estudiantes ya habían aceptado la música como parte del ambiente y muchos de ellos no se molestaban en tomarse un momento siquiera para prestarle atención. Los alumnos observaban con atención la clase del profesor Petrikov, quien trataba de explicar las implicaciones del asesinato del Archiduque de Austria y cómo esto desató la Primera Guerra Mundial.

No se habían atrevido ya a cuestionar su estado de ánimo, sino que se ocupaban en esperar pacientemente la respuesta de la escuela ante las demandas de su compañera. Ahora, en cambio, tomaban notas con mucha atención, como si todo fuera normal.

Bonibbel Bubblegum terminaba de dibujar un mapa conceptual que sintetizaba la clase de manera magistral cuando escuchó la campana. Después de la sexta noche durmiendo apenas un par de horas y tras haber aceptado la propuesta de Lady de asistir a una cita doble con Murtons, sus movimientos se habían vuelto mil veces más pausados y torpes que de costumbre, de modo que se estaba convirtiendo en la última chica en salir del salón de clases rumbo al almuerzo.

-¿Supiste qué fue lo que Martin le dijo esta vez?-Llamó la atención de la pelirrosa la conversación que Simon mantenía con Keila.

-Creo que ahora habló de expulsarla. Al parecer a Marceline no le importó que el viernes amenazara con sus calificaciones -Bonibbel se detuvo un par de segundos. Detrás de ella, Simon se presionaba el puente de la nariz.

-Bonnie, vamos a comer. -La voz de Lady de pie en la puerta cortó los pensamientos de Bubblegum, quien sacudió un momento su cabeza y, una vez que volvió en sí, salió.

-Nada de esto es justo, Profesor Petrikov. -La voz de Keila hablaba esta vez sólo para Simon, sin el oído de Bonibbel

-Ya lo sé. Pero tenemos que pensar en cómo podemos ayudarla.

-No me refiero a eso, me refiero a ella, a la otra chica. Ni siquiera se molesta en dar la cara mientras Marceline se desvive por ella.

-No creo que sea indiferente, Keila.

-¿Tú sabes quién es?

-Por supuesto que no, la semana pasada la invité a comer dos veces a mi casa y en ninguna ocasión quiso dar información de nada. Pero incluso si lo supiéramos, no hay nada que pudiera hacer por nosotros.

-Por lo menos yo podría tirarle los dientes. -Keila no soportaba ver a su mejor amiga en semejante aprieto y pensar que la responsable la había dejado sola.

-Claro, y entonces te expulsarían a ti y ella te dejaría de hablar. -Keila parecía querer objetar algo, pero las palabras no salieron de su boca cuando levantó el índice para decir algo. -Supongo que le diré a Martin que si la expulsa, eso significa mi renuncia.

Vlad agachó la cabeza un momento. Ella conocía a Marceline desde el preescolar. Literalmente habían sido amigas durante toda la vida y, si bien le dolía ver que todas las personas a su alrededor parecían involucrarse e interesarse por su pequeña manifestación, la lastimaba más saber que Abadeer no hubiera confiado en ella todos estos años. Levantó ligeramente la mirada para encontrarse de nuevo con los ojos de su profesor de historia.

-¿Sabe? Me gustaría poder estar con ella allá afuera, ahora mismo, pero si lo hago, todos pensarán que verdaderamente soy yo su novia.

-¿Por eso te preocupa tanto la identidad de la chica?

-No quiero enredar a nadie más en esto. Creo que yo la entendería si fuera ella, pero sí pienso que sería aun peor si mi participación ayuda a difundir falsos rumores.

-Y en eso tienes razón. -Petrikov contempló la mirada de preocupación en la chica y adivinó que su propio rostro no sería muy distinto en ese momento. -Sigamos haciendo lo que hemos hecho hasta ahora: cuídala, pregúntale como van las cosas y asegúrate de que esté comiendo bien. ¿De acuerdo?

-Supongo que está bien.

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-No es necesario que me des un ultimátum, Petrikov. No voy a expulsar a Marceline.

-¿Entonces por qué no simplemente piden una disculpa y hacen que la jovencita pueda volver a sus clases?

Martin soltó un suspiro y presionó el puente de su nariz con el dedo índice. Una vez que se sintió capaz de levantar la mirada, respondió.

-Estoy atado de manos. No se trata de las políticas de la escuela, aunque debo decir que al dueño no le encanta, es lo suficientemente abierto como para dejarlo en poco menos de una intervención con Lemon. Son los padres de la chica.

-No me vas a convencer con eso. Estoy seguro de que los Abadeer...

-Los de Marceline no, los de la otra chica.

-Oh... -Simon se detuvo al entender de qué se trataba.

-Son unos de los donadores más importantes. Entenderás que, al ser una institución privada, la escuela depende mucho de las contribuciones de terceros.

-Entiendo... -se mostró dubitativo un par de segundos.-Entonces ellos...

-Llamaron a la escuela y nos pidieron intervenir. Mientras no estén de acuerdo, no hay modo de que cambiemos nuestra postura.

Simon contempló la escena un par de segundos. No había mucho que pudiera hacer con esa información.

-Marceline no va a ceder, Martin.

-Lo sabemos.

Petrikov abrió la puerta de la dirección y casi choca con Bonnie, quien entraba al tiempo que el salía.

-Señorita Bubblegum -dijo a modo de saludo y siguió su camino por el pasillo.

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Decir que se sentía miserable era poco. El director de la escuela le había pedido amablemente que hiciera lo posible por detener los planes de Marceline en cuanto antes. Y aquí se encontraba, otra vez, frente a la escuela, una vez terminadas las clases, esperando a que la chica terminara de guardar su guitarra y amplificador. Parecía que Abadeer no había notado la presencia de nadie y, si la notó, prefirió hacer caso omiso, pues, una vez que se echó sus cosas al hombro, bajó las escaleras y continuó en dirección a su casa. Bonibbel apretó el paso hacia ella.

-Marceline. -Habló cuando ya se encontraba a pocos metros de ella. Abadeer pareció estar a punto de detenerse, en cambio, sólo se trabó un segundo y siguió caminando. -¿Podemos hablar?

-Cuando quieras-trataba de hacer que su voz sonara lo menos rota posible, y no se atrevía a mirarla a los ojos. Tras casi una semana sin dirigirse la palabra, no estaba segura de poder conter las lágrimas.

-Necesito que detengas esto. -Esta vez sí se detuvo y se volteó para quedar de frente hacia ella. Se miraron durante lo que pareció una eternidad entonces, aunque fuera un par de minutos.

-¿Necesitas? -Preguntó incrédula.

-Sí-respondió después de tartamudear un poco.

-¿Necesitas?-insistió.

-Ni siquiera entiendo por qué lo haces. No voy a volver contigo porque...

-Cállate. -Fue la primera vez en todos estos años que Marceline decía algo como eso. -No tienes puta idea de lo que estás diciendo.

-¿Disculpa? -Bonibbel no salía de su asombro.

-Que te calles. No voy a detenerme. Esto no es para que regreses. -Soportar el nudo en la garganta y contener las lágrimas era cada vez más difícil. -¿Me dejaste porque te amenazaron con tu universidad? Fabuloso, nunca te quitaría lo que sé perfectamente que es más importante para ti que nada en el mundo ¿No quieres estar conmigo de nuevo? De acuerdo, lo acepto, tampoco lo pedí. ¿Voy a tener que tragarme todas las idioteces que lanza tu mejor amiga contra mí sin estar segura de que tú no piensas igual que ella? Vale, puedo con eso.-Levantó el dedo índice y se acercó a ella, señalando en su dirección- lo de nunca, Bonnie, bajo ninguna circunstancia, voy a aceptar, es que un grupo de idiotas vaya por ahí diciendo que hay algo mal contigo, porque, maldita sea, princesa, tú eres perfecta.-En ese punto, ninguna de las dos se preocupaba ya por contener el llanto. Bonibbel no contestó. Marceline relajó su postura y suavizó su voz.-Yo... sólo quiero que esto termine para poder levantarme un día en la mañana y no sentir que necesito vivir por ti. Todos los días en estos últimos años he vivido por ti y necesito poder superarte. Espero poder hacerlo una vez que la escuela se disculpe.

No espero una respuesta de su parte. Simplemente siguió su camino hacia casa.