No hay excusa, pero perdón por el retraso de todas formas! Mala yo, mala yo… :(
CAPITULO CUATRO: Encuentros
That's when I love you (Aslyn)
When u have to look away
When u don't have much to say
That's
when I love u
I love u just that way
To here u stumble when u
speak
Or see u walk with two left feet
That's when I love
you
I love u endlessly
And when your mad cause u lost the game
Forget I'm waiting in the rain
Baby I love u
I love u
anyway
Cause here's my promise made tonight
U can count on me 4
life
Cause that's when I love u
When nothing u do can change my
mind
The more I learn the more I love
The more my heart can't
get enough
That's when I love u
When I love u
No matter
what
So when u turn to hide your eyes
Cause the
movie it made u cry
That's when I love u
I love u
A little
more each time
And when u cant quite match your clothes
Or when
u laugh at your own jokes
that's when I love u I love u
More
then u know
And when u forget that we had a date
Or that look
that u give when u show up late
Baby I love u ,I love u anyway
So here's my promise made tonight
U can count
on me 4 life
Cause that's when I love u
When nothing u do can
change my mind
The more I learn the more I love
The more my
heart cant get enough
That's when I love u
When I love u
No
matter what
Ohh that's when I love u when nothing baby, nothing u do could change
my mind
The more I learn, the more I love, the more my heart can't
get enough
That's when I love u , when I love u no matter what
Ohhhh no matter what
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¿Pero quién se había creído esa pobretona que era?
Tendría su merecido, costara lo que costara.
Había pasado su peor semana en la escuela por culpa de ese insignificante ser pelirrojo. No era tannnn tonta como para no percatarse de las miradas burlonas y los comentarios mordaces que desde la escena con la Weasley en el pasillo, habían surgido por doquier. Había amenazado, gritado y maldecido, pero nada había dado el resultado que ella esperaba.
Los comentarios seguían, y aunque no era un golpe demasiado duro para su popularidad intachable como la chica con más estilo y fortuna de Hogwarts, su orgullo le pedía a gritos que se vengara. Era lo que debía hacerse. Además, la Weasley nunca le había caído bien. Con esa pinta, ensuciando "su" escuela de perfecto renombre.
Y él había estado de acuerdo. No había sido difícil persuadirlo. Nada era difícil cuando se era una Parkinson. Pero igualmente, pensó que le costaría un poco más de esfuerzo. No importaba. El plan estaba en marcha.
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El fin de semana llegó más rápido de lo que Ginny había esperado.
Los alumnos, felices de tener un descanso luego de la dura semana, reían y charlaban en grupos e inundaban de ruido cada rincón del castillo. La mayoría se había apiñado en las gradas del campo de béisbol o en los jardines.
En otro momento, presenciar aquello hubiese sido otro motivo de tristeza para Ginny. Ella siempre estaba sola, y debía ver de lejos como los demás se divertían. Nunca nadie se acercaba a ella, así que la mayor parte de sus fines de semana, se habían escurrido en una soledad apagada. Pero aquél fin de semana todo era diferente, pues tenía a Aquimelee a su lado. Y por primera vez, podía apreciar la belleza del cielo despejado, la belleza de la suave brisa que lo peinaba todo casi con delicadeza, el movimiento de los árboles y el ruido de las hojas, el suave arrullo del agua cristalina del lago.
Las dos amigas habían programado un fin de semana colmado de actividades. El sábado las dos despertaron relativamente temprano y bajaron a desayunar entre el bullicio usual. Mientras Ginny se servía jugo de naranja, Aquimelee se dio vuelta, alarmada. Allí estaba Pansy Parkinson, que iba pasando con su grupo. La chica las miró extrañada.
"¿Qué ocurre?" preguntó Ginny al ver la expresión de su amiga.
"No lo sé, Gin, pero mejor te cuidas de Parkinson. No creo que vaya a dejar este asunto así"
Ginny se mordió el labio, nerviosa.
"Probablemente tengas razón, pero no quiero preocuparme ahora por Parkinson. Tenemos todo el día por delante" dijo Ginny con una sonrisa.
Aquimelee sonrió también.
"Tienes razón…¿Qué haremos primero?"
Ginny miró a su amiga, dubitativa.
"Creo que el lago sería una buena opción. No he tenido oportunidad de visitarlo todavía" comentó Aquimelee de inmediato.
"De acuerdo, el lago será entonces."
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Tal como Ginny había pensado, el día se pasó volando, y llegada la noche, la pelirroja estaba de muy buen humor.
Para mejorar aún más las cosas, no había visto a Parkinson en todo el día, ni a Malfoy, valía decirlo.
Habían visitado el lago, el bosque, habían recorrido el castillo de punta a punta y visitado el pueblo cercano, donde Aquimelee se volvió completamente loca y compró un montón de golosinas, cuerdas nuevas para su guitarra y partituras para escribir. Ginny, por su parte, adquirió una nueva pluma y una pulsera muy bonita que su amiga compró para ella, y que no pudo rechazar ante la testarudez de Aquimelee.
Esa noche, Lee se durmió de inmediato. Pero Ginny estaba inquieta. Ahora que estaba segura en su cama, no podía evitar pensar en lo que Parkinson estuviera planeando. Sabía que debía sentirse asustada, pero no era aquello exactamente lo que sentía. En su opinión, Pansy ya no podía planear algo peor de lo que había hecho antes.
Se levantó de la cama en silencio para no despertar a Lee, que dormía profundamente.
Ginny sabía bien que a esa hora ya todo el mundo estaría en la cama, al igual que sabía que las cocinas se hallarían desiertas. Se dirigió hacia allí con la idea de tomar un vaso de leche, y comenzó a caminar por los pasillos, mientras tarareaba suavemente una canción que había escuchado a Lee cantar.
La luz de la luna se colaba por las ventanas del castillo, iluminando tenuemente la piedra gris y las impresionantes pinturas que colgaban de las paredes. Sombras se dibujaban sobre el piso y el techo, pero Ginny siguió caminando, un poco más rápido, para volver a la cama de nuevo y lograr por fin conciliar el sueño.
De pronto, escuchó un ruido justo delante de ella, y antes de que pudiera gritar, se dio de frente contra alguien. El impacto la mandó volando hacia atrás y al caer se raspó el codo, que comenzó a sangrar levemente.
Con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho, la chica se quedó allí, temblando.
"¿Piensas quedarte ahí toda la noche, Weasley? Ni pienses que te voy a levantar"
"¿Malfoy?"
"No, el fantasma de la ópera" musitó el muchacho burlonamente mientras la iluminaba con la linterna que había llevado todo ese tiempo apagada en la mano.
Ginny se protegió de la luz un momento, y luego se puso en pie con agilidad.
El rubio estaba en pijama, al igual que ella, pero estaba protegido por una bata de seda verde oscuro con el escudo de la familia Malfoy bordado en plata. El cabello le caía desordenadamente en parte del rostro, y Ginny se sorprendió por no haber notado que lo tenía tan largo. No obstante, era de esperarse, porque durante el día Malfoy lo llevaba impecablemente engominado.
"No es que me interese, pero ¿qué demonios haces aquí?" preguntó él, observando sin poder evitarlo el peculiar encanto que parecía emanar de ella así vestida con pantalones y musculosa de algodón haciendo juego y con esa cascada de fuego bañándole los hombros y la espalda.
Ella frunció el ceño.
"Como bien dijiste, no te interesa" contestó ella, comenzando a caminar.
El se quedó allí parado, maldiciendo por su maldita curiosidad.
"Weasley, estás sangrando" comentó.
Ginny se detuvo y examinó el codo.
"Oh"- dijo, mirando el impacto del golpe.
"Solo a ti se te ocurre decir oh" dijo él de mal humor, acercándose.
Ella lo quedó mirando. El la miró de igual forma, subió una ceja con arrogancia y le levantó el brazo para examinarlo más de cerca, aprovechando que ella parecía distraída.
"Es un corte bastante profundo, lávalo" ordenó él.
Ginny frunció el ceño, irritada.
"Como usted desee, mi señor" ironizó, haciendo una leve inclinación.
Draco la miró con los ojos entrecerrados.
"Eres bastante exasperante"
"Lo mismo digo, adiós" contestó ella mientras rodaba los ojos, se daba media vuelta y comenzaba a caminar hacia las cocinas.
El rubio la observó emprender la marcha, y emprendió la suya propia.
Al cabo de un minuto…
"¿Me estás siguiendo?"
Ginny se dio vuelta, enfadada y molesta por el ruido de los pasos de Malfoy, que no la habían abandonado desde que había comenzado a caminar.
El se acercó.
"No te creas tan importante como para que yo te siga, Weasley. Mi habitación queda para este lado y por mucho que me gustaría tomar otro camino para no tener que aguantar tu presencia, me tardaría más y no estoy de humor."
Ginny se sintió un poco tonta y comenzó a caminar de nuevo, con él siguiéndola de cerca. Finalmente, alcanzó la puerta de la cocina, y cuando se disponía a entrar…
"¿Estás loca, Weasley?" preguntó él, tomándola del brazo no lastimado.
"Por Dios, Malfoy. ¿Qué diablos sucede ahora?"
"Vives en un termo"
"Piérdete"
"Si, en un momento. Debería saber que la cocina ya no está desierta en las noches como antes"
Ella lo miró, confusa.
"¿Qué quieres decir?"
"Quiero decir que la junta escolar decidió poner un sereno durante la noche. El número de incursiones a las cocinas se había incrementado mucho. Notaron la falta de comida, pero aún peor, de bebidas alcohólicas que están allí destinadas para los miembros del consejo cuando vienen una vez por mes. Como la mayoría son unos viejos alcohólicos, eso les molestó mucho, y ahora la cocina nunca está sola. Mi padre es miembro de ese consejo y por eso me enteré. El sereno tiene orden de notificar a la dirección si cualquier alumno es descubierto, hasta los mejores como yo."
Ginny lo observó, dubitativa.
"Weasley, no estoy mintiendo"
"Eso sería una novedad" dijo ella, dándose cuenta de que él todavía la estaba sosteniendo.
Miró la mano de él sosteniéndole el brazo, y él pareció notarlo también, porque la soltó de golpe como si fuera algo tóxico.
El rubio había abierto la boca para decir algo, cuando de pronto…
"¿Quién anda ahí?"
La voz masculina venía justamente de la cocina. Un segundo antes de que la cara colorada y dormida de un hombre algo mayor pero con aspecto aterrorizante se asomara por la puerta, Draco agarró a la pelirroja del brazo nuevamente pero ésta vez con brusquedad, y los metió a ambos por la puerta más cercana, que resultó ser un estrecho armario de la limpieza.
Atrapada entre la pared y el cuerpo del muchacho, Ginny tembló cuando los pasos del hombre se acercaron. Pero finalmente debió pensar que fueron imaginaciones suyas, porque murmuró un par de maldiciones y lo oyeron cerrar nuevamente la puerta de la cocina.
Ginny suspiró aliviada, más cuando notó la posición en la que se encontraba con el chico más perseguido de Hogwarts, no pudo evitar un estremecimiento. El pareció no notarlo; estaba demasiado ocupado aguzando el oído para tratar de escuchar si ya era seguro salir de allí.
Cuando volvió a girar la cabeza para decirle a ella que ya no había nadie, se encontró con que estaban a escasos centímetros de distancia, el armario demasiado pequeño como para moverse siquiera.
Draco la observó un momento: las mejillas arreboladas y la respiración temblorosa, y sorprendido, notó que no se sentía para nada incómodo.
La cara de su padre, gritándole que estaba ensuciando el apellido familiar, se dibujó en su mente, y sin más, abrió la puerta del armario murmurando un "ya se fue" y salió primero.
Cuando Ginny salió cinco segundos más tarde, él ya había comenzado a caminar, casi perdiéndose de vista, y pensando que ya era demasiado para una noche, ella se fue en sentido contrario, hacia su propia habitación.
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Draco entró a su habitación y prendió la lámpara de su escritorio de caoba. La luz no era lo suficientemente potente y eso le gustaba. La mayoría de las veces, le gustaba encontrarse en penumbra.
Se sentó en su silla giratoria favorita y se quitó la bata, que fue a parar sobre la cama.
Su habitación era lujosa y amplia, y decorada estrictamente con un gusto refinado y masculino.
La colcha de su cama era de un azul muy oscuro, al igual que los almohadones del amplio sillón donde solía tirarse a leer cuando tenía tiempo. Buenos libros descansaban en la repisa y el piso de madera estaba casi completamente tapado por una enorme alfombra negra. El escritorio estaba lleno de papeles, tareas escolares, cuadernos y plumas, y su armario, gigantesco, guardaba prendas de la más fina calidad. No había adornos, aunque sí dos o tres cuadros, todos abstractos, oscuros y algo tétricos.
No compartía con nadie aquella habitación. Era su lugar privado. Ni siquiera las numerosas chicas que solían ocupar su tiempo por un breve período de una o dos noches a lo máximo, habían entrado allí; había demasiados recovecos en el castillo como para que se preocupara por eso. Y en su mente, tenía demasiadas preocupaciones.
Al recordar la última carta de su padre, no pudo evitar sentirse frustrado. Se levantó de la silla y de lo más profundo del armario, un lugar que sabía nadie se atrevería a tocar, sacó una carpeta. Se sentó en la cama con ella sobre las rodillas y la abrió con un suspiro. Los dibujos se apiñaban en perfecto orden cronológico. Desde los primeros, hechos con crayones y algo desprolijos, hasta los últimos, hechos con esmero en lápiz, en óleo, en tempera. Simplemente perfectos. Su mayor secreto. Y pronto tendría que renunciar a aquello que más amaba. Porque él era un Malfoy, y los Malfoy no se convertían en artistas, sino en políticos, en personas poderosas, en millonarios.
No iba a mentirse a sí mismo: el dinero le gustaba. Pero más le gustaba pintar, dibujar, expresarse de esa manera.
Al ver en su último dibujo una flor de un rojo brillante, no pudo evitar que la imagen de Ginny Weasley se hiciera presente en ese mar de sus pensamientos. Cerró la carpeta de un golpe y la tiró lejos, furioso.
Pero antes de acostarse, la tomó arrepentido y con delicadeza, y la volvió a guardar en su rincón empolvado en el armario, de donde nunca saldría.
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A la mañana siguiente, los recuerdos se agalopaban de manera confusa en la mente de Ginny. Caída, codo lastimado, miedo, pasillos no tan desiertos, cocinas y…Malfoy.
Cuando le pelirroja despertó aquella mañana, Aquimelee ya no estaba en su cama, así que no pudo desahogarse con ella. Sabía que su amiga le tomaría el pelo por siempre gracias al incidente del armario, pero debía decirle a alguien lo que le estaba pasando. Y es que algo estaba pasando. Estaba más confundida que nunca.
¿Draco Malfoy salvándola de una inminente charla con el director y una mancha en su perfecto historial? Debía de ser una broma. Pero al recordar de pronto su advertencia, clara y sincera, Ginny tuvo que reconocer que la noche anterior había visto una faceta de Malfoy que jamás había visto. Y que no estaba muy segura de querer volver a ver.
Se vistió en silencio, y se fue a la biblioteca sin desayunar para hacer las dos tareas que tenía pendientes para el día siguiente.
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"Hola"
Aquimelee se dio vuelta alarmada para encontrarse con nada más y nada menos que Blaise Zabini, que la observaba fijamente mientras mordisqueaba una manzana.
"¿Qué haces tú aquí?" preguntó ella, volviendo a sentarse en la grada y dándole la espalda olímpicamente.
"Suelo caminar por las mañanas. ¿Qué hay de ti?"
"Suelo querer un poco de paz por las mañanas" contestó ella, tirándole una clara indirecta.
El sonrió y se sentó a su lado.
"Eres bastante directa, Galloway"
"Y tú bastante molesto, Zabini"
"¿Siempre eres tan endemoniadamente fría con quien se te acerca o es solo conmigo?"
Ella se encogió de hombros.
"Bueno, veamos…suelo ser sí bastante fría, sobretodo con la gente que invade mi espacio y mis momentos privados, y la verdad Zabini, es que tú estás haciendo eso con una exasperante frecuencia" dijo la muchacha mirándolo
Aquimelee pensó que él huiría despavorido, como todos solían hacerlo. Pero el chico, ante su sorpresa, se limitó a reír con ganas.
"No es que planee invadir tu espacio, Galloway. Son simple casualidades" dijo él, aún con una leve sonrisa plasmada en el rostro "Dime algo… ¿en serio eso de ser tan grosera te resulta?"
Ella bufó molesta.
"¿Se puede saber por qué estás hablando conmigo? Seguramente miles de chicas quisieran estar en mi lugar, pero aunque te parezca una idea descabellada, no estoy interesada en confraternizar con nadie de esta escuela" replicó ella.
"Bueno, eso de que miles de chicas desearían estar en tu lugar, aunque me avergüence, seguramente es verdad. Pero aunque a ti te parezca descabellado Galloway, el hecho de que me trates con sinceridad, el hecho de que no te rías de mis pésimos chistes ni intentes seducirme, es una sensación refrescante".
Aquimelee lo miró, desconcertada. Su larga cortina de cabello azabache estaba luchando para librarse de la desprolija trenza que se había hecho al descuido aquella mañana. Bailse se sorprendió mirándola ensimismado, y como supo que aquello no le iba a gustar, desvió la vista mientras ella lo fulminaba con sus ojos verdes, brillantes y furiosos.
"¿Por qué no te vas a refrescar a otra parte, Zabini?"
El la miró nuevamente, ésta vez con una ceja en alto.
"¿Esa es tu sutil manera de decirme que me largue?"
"Sí, pero no creo que tenga nada de sutil" comentó ella sin interés.
"Quizás me equivoque Galloway, y si es así, te pido que me disculpes, pero tus sutiles maneras de mandarme al diablo, pueden ser interpretadas como algo más"
Ella se dio vuelta, ésta vez sin tratar de disimular su desagrado.
"¿Qué quieres decir?"
"Que te pongo nerviosa" contestó él sin alterarse.
Ella lo quedó mirando unos segundos, para luego comenzar a reírse con ganas.
"Estás soñado, y ya de paso, acabas de demostrarme que eres tan pedante y engreído como todos en esta escuela"
Ella se dispuso a bajar de las gradas para irse, pero él la detuvo con suavidad.
"No lo soy, Galloway, pero quizás corriéndome como lo haces, nunca seas capaz de descubrirlo" dijo él muy tranquilo. "No te preocupes, el que se va soy yo. Pero nos volveremos a ver, Galloway, cuando el destino así lo decida" agregó con una sonrisa.
Aquimelee lo vio bajar ágilmente las gradas, y entre maldiciones, no notó que él se alejaba con una sonrisa en el rostro.
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"Señorita Weasley ¿podría hablar un momento con usted?"
Ginny se dio vuelta un tanto sorprendida y se dirigió hacia el escritorio del señor Owens, su profesor de Literatura clásica.
A Ginny le agradaba el señor Owens. Era un señor bajito y ya entrado en años y tenía un espeso bigote que le ganaba las burlas de varios de sus estudiantes. Desde el comienzo, Ginny supo que a ese viejo profesor de corazón alegre no le importaría su estatus social si se esforzaba en sus clases. Y así fue. Ginny era su mejor alumna, y el señor Owens era el primero en afirmarlo.
"¿En qué puedo ayudarlo, señor?" preguntó la pelirroja con timidez.
"La noté algo distraída hoy, señorita Weasley" comentó el profesor mientras juntaba algunos papeles. "¿Ocurre algo?"
"Oh, no, señor Owens. No volverá a repetirse"
"Me alegra saberlo, querida. Pero igualmente, no era de eso de lo que quería hablarte"
Ginny prestó más atención y miró fijamente a su profesor mientras éste se volvía a sentar en su silla y le indicaba que tomara asiento frente a él.
"Es usted una chica inteligente, señorita Weasley, y estoy seguro de que sabe perfectamente las grandes condiciones que posee si decidiera seguir una carrera basada en las letras"
Ginny asintió, algo nerviosa.
Le gustaba escribir, pero no estaba segura de querer dedicarse a eso por completo. Por supuesto, era una opción, pero tenía muchas en la cabeza.
"No entiendo, señor"
"Bien…entiendo que usted…bueno…no tiene recursos suficientes como para ir a una Universidad privada"
"Sí, es verdad, señor"
"Sin embargo, me parecería un desperdicio de talento si usted decidiera, como tantos otros, buscar un trabajo decente y contentarse con eso para su vida, señorita Weasley. Por eso, y porque éste es su último año en Hogwarts, y porque debo admitirlo, sus calificaciones son impresionantes, creo que debería pedir una beca en la Universidad de Oxford"
Ginny abrió la boca, sorprendida.
"Pero esa es una de las mejores universidades del país, señor."
"Lo sé, al igual que sé que es la más capacitada, en mi opinión, para preparar a una persona con sus talentos, señorita. Es por eso, que le pido que lo piense. Si está dispuesta a seguir mi consejo y lograr grandes cosas en su vida, yo puedo ayudarla en su solicitud"
"Gracias, señor, lo pensaré" murmuró Ginny, extasiada.
"Muy bien, señorita Weasley, es todo. Nos vemos en nuestra próxima clase."
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Cuando Ginny salió al pasillo luego de su charla con el profesor Owens, encontró que la mayoría del cuerpo estudiantil se apiñaba sobre las carteleras del pasillo, leyendo un anuncio que obviamente había captado el interés general.
Sin embargo, su mente estaba tan embotada por la conversación que acababa de mantener, que no prestó atención. Llegó a la entrada principal del castillo, y consultó su reloj. Aquimelee no saldría de su clase de Física hasta dentro de cuarenta y cinco minutos, así que salió al exterior, demasiado confundida como para tener ánimo de adelantar algunas de sus tareas en la biblioteca, como era su costumbre. Se alejó de los patios y comenzó a caminar por los terrenos, sin rumbo fijo.
Lo que había dicho el señor Owens era cierto. Pronto terminaría sus estudios, y extrañamente, Ginny sintió una especie de vacío. Si, no había sido feliz allí, pero al menos era alguien. No alguien popular o rica, sino la pobre y huérfana Weasley, pero también era una de las mejores estudiantes de su curso. ¿En quién se convertiría cuando abandonara Hogwarts?
La chica siguió caminando, y cerró los ojos con fuerza. "Me convertiré en quien yo quiera ser, solo eso" pensó con determinación.
"Si sigues caminando con los ojos cerrados, pelirroja, vas a causar un accidente o a romperte el cuello"
Ginny abrió los ojos al verse sus pensamientos tan abruptamente interrumpidos.
Draco Malfoy estaba a poca distancia de ella, tirado en la tierna hierba, con los codos apoyados en el piso y observándola con su característico desinterés.
Se paró perezosamente y ella suspiró.
"No estoy de humor, Malfoy" dijo en un susurro apenas audible.
"Lo que tú estás es un poco loca" contestó él mientras se limpiaba algo inexistente de su equipo de béisbol. "¿Me estás siguiendo, Weasley?" preguntó luego.
"¡Por supuesto que no!" contestó ella, ofendida "No tengo la culpa de encontrarte en cada maldito lugar al que voy. ¿Crees que lo hago a propósito? Pues no, si quieres la verdad, es un tormento"
El se acercó con el ceño fruncido, y ella retrocedió un paso, un poco asustada.
"Eres un tanto grosera, ¿lo sabías?"
"Y tú eres un nenito mimado"
"Y tú una mocosa insolente que no sabe con quien se está metiendo"
"¡Y tú un engreído, un esnob, un latoso y un idiota!"
"¡Pues tú eres una gritona, una loca que se descarga conmigo sus frustraciones y una insignificante pobretona que para los veinte ya estará muerta de hambre!"
Había dado en el clavo. Se quedó inconscientemente aguardando por su respuesta, con la respiración entrecortada por su fuerte discurso y observándola con aprehensión. Pero la respuesta esperada nunca llegó.
Ella lo quedó mirando con fijeza, con las mejillas arreboladas por la furia y los ojos brillantes. Draco sintió un escalofrío, a pesar de que el sol brillaba sobre ellos con fuerza.
"Weasley…"
Pero no tuvo tiempo ni oportunidad de decir lo que fuera que iba a decir, porque en un abrir y cerrar de ojos, ella levantó la mano y le dio la primera bofetada de su vida, también al igual que él con la respiración entrecortada por la furia.
La muchacha se dio vuelta como una exhalación y comenzó a volver al castillo a grandes pasos, pero no había avanzado mucho cuando él la interceptó con agilidad.
"Estás completamente chiflada. ¿Cómo te atreves siquiera a…?"
Ella lo miró con frialdad.
"Dijiste todo lo que querías decir, Malfoy, y yo ya te di mi respuesta, ahora sal de mi camino y déjame en paz" musitó ella, haciendo grandes esfuerzos para no perder el control nuevamente.
Draco se acercó un paso, sin saber muy bien lo que hacía.
"¿Crees en serio que dejaré esto así?" dijo con una tranquilidad aterrorizante.
Ella levantó la cara, y mirándolo a los ojos, a esos fríos ojos del color del cielo tormentoso, lo enfrentó.
"¿Vas a golpearme? Vamos, hazlo si eres tan hombre, Malfoy, hazlo de una vez" lo desafió.
El la miró un momento.
"No, Weasley, te pegaré de una manera que te dejará mucho más marcada que una bofetada"
"¿Ah, si? Pues adelante, Malfoy, aún así, yo di el primer golpe"
"Exacto, pelirroja, y es mi turno de dar el segundo"
Ella levantó la cara, con un orgullo y una testarudez que no sabía que tuviera dentro. Pero entonces, mientras aguardaba a que él cumpliera su amenaza, Draco, en un movimiento rápido y casi indetectable, la tomó por un brazo, tirando todos sus libros al suelo, y antes de que ella tuviera tiempo de reaccionar o siquiera asustarse, estrelló su boca contra la de ella con una fuerza y una pasión que ella nunca imaginó alguien tan frío por fuera tuviera por dentro.
Ginny reaccionó de pronto y comenzó a debatirse, pero con una facilidad bochornosa, Draco le aprisionó los brazos, y sin hacer caso de sus protestas silenciosas pero muy presentes, siguió dejándole la marca de la que tanto había alardeado dos minutos antes.
No una marca física como ella había pensado, pero sí una marca en el corazón.
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Bueno, quise hace un buen capitulo como disculpa por la demora. Se me había drenado la inspiración. Espero que les halla gustado, jejejeje! Dejen muchas REVIEWS!
