Por favor disculpad mi retraso con todos los fic, pero no me gustaría hacer algo de lo que después no me sienta bien de haber publicado. Quiero que cada capítulo ( sobre todo de este fic) este al menos medianamente bien, y para ello necesito tanto inspiración como tiempo.

Espero no decepcionaros, muchas estaréis esperando este en concreto ;)

Perdonad tambiénmis líos con las fechas, porque el primer y segundo capi no coinciden...


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Capítulo 3

"Agonía: La agonía (del Griego αγωνία) es el estado experimentado por un ser vivo antes de la muerte. Este término simboliza el sufrimiento insoportable, y es usado para describir un dolor extremo, ya sea interno o externo.

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"Si la vida es el recuerdo de nuestras decisiones, entonces no podemos cambiar lo que somos, pero del mismo modo podemos elegir lo que seremos." (Anónimo)


Hermione despertó gritando, incorporándose sobresaltada en medio de una intensa negrura.

Una gota de sudor le resbalaba por la frente mientras intentaba controlar su agitada respiración, con los ojos muy abiertos, pero sin ver nada.

Recordó vagamente la pesadilla que la había despertado.

Cuerpos deformes acercándose a ella.

Cadáveres desnudos que la señalaban.

Lucius Malfoy…

Sabía que esa última parte no había sido un sueño.

Recordando los acontecimientos del largo día anterior, el rapto, la mansión Malfoy, los laberínticos pasillos, el frío de una sala tan blanca como escalofriante, aquella montaña de cadáveres…

Unas terribles náuseas se apoderaron de ella tan súbitamente que sólo tuvo tiempo de agacharse sobre el borde de la cama.

Vomitó con violencia y presa de unas terribles convulsiones en el estómago. Las lágrimas afloraron debido tanto al dolor de las sacudidas como al dolor de su alma.

"El fin siempre justifica los medios" recordó haber dicho.

Agachada como estaba, y sufriendo las últimas arcadas, pensó en Ron, Harry, en Ginny en la cama del hospital, y pensó también en cientos de familias destrozadas por desconocer el paradero de algún ser querido, ignorando su cruel destino que en ese momento se hallaba tras unos enormes y suntuosos ventanales.

"No, nada justifica tanta maldad."

La sangre fría de Lucius Malfoy la dejaba sin aliento. Había ido más allá de lo que nunca creyó posible, y todo por llegar, según decía él, a alcanzar lo mismo que ella había estado buscando malgastando sus fuerzas y su vida: la cura a la enfermedad. Se atrevía a compararlos. Ella, que sólo vivía por la vida de los demás.

Lucius Malfoy osaba comparar su montaña de egoísmo y crueldad con la búsqueda de ella.

"Hay cosas, Granger, cosas... que sólo pueden hacerse cuando una persona está realmente desesperada. Y la mayoría de la gente no lo entendería."

Así que Lucius Malfoy estaba desesperado.

Hermione no pudo sino esbozar una sonrisa amarga pensando que, alguna vez, habría sentido cierta alegría ante esas noticias. Alguna vez, dado que ahora, y bajo su mando, no pintaba nada bien que Lucius fuera capaz de llegar hasta extremos atroces.

No lograba concebir las razones por las que aquel mal nacido podría haber realizado semejante atrocidad. No tenía sentido que realmente buscara una cura únicamente para sacar dinero o gloria, que era lo primero que le venía a Hermione a la cabeza, a menos que eso de "desesperado" significase que ahora el clan Malfoy se hallaba en la ruina.

La castaña se incorporó, respirando profundamente e intentando olvidar las imágenes que le venían a la cabeza.

Su silueta se recortaba en la oscuridad bajo la luz de un amanecer inminente.

Cuando consiguió encontrarse mejor y adaptar sus ojos a la oscuridad, observó que efectivamente, le habían alojado en una de las habitaciones de Malfoy Manor. Y supuso que era una auténtica habitación para invitados excepcionales, porque se parecía en todo lujo de detalles a la suite más cara del mejor hotel que pudieras encontrar.

Por lo que se veía a través de la luz del crepúsculo en los amplios ventanales, la habitación era del tamaño de la sala común de Gryffindor, y había dos puertas más a parte de la que parecía ser la de entrada. Las sombras perfilaban lujosos y suntuosos muebles, así como varias lámparas de araña que brillaban sutilmente ante la poca luz. Y junto a ella, unas cortinas de aspecto increíblemente sedoso enmarcaban la cama con dosel en la que ella estaba sentada.

Justo cuando se inclinaba lentamente para tocar aquellas telas, unos golpes resonaron en la habitación.

Hermione retiró rápidamente la mano como si estuviese a punto de hacer algo malo. Todavía con los últimos resquicios del sueño embotando su mente, se frotó con fuerza los ojos para luego abrirlos e intentar enfocar a aquello que hubiese hecho ese ruido.

Todo en la habitación parecía en orden.

Se fijó de nuevo en las ventanas, de grandes dimensiones y bellas vidrieras translúcidas.

"No hay barrotes" pensó. Pero tal y como le vino ese pensamiento se llamó estúpida, pues los barrotes no significan nada para un mago.

Los golpes volvieron a sucederse, y esta vez Hermione estaba lo suficientemente despierta como para darse cuenta de que provenían de la puerta que ella había supuesto como la entrada.

Subiéndose la ropa de cama todo lo que pudo y con la vista fija en la exótica madera, preguntó con recelo.

- ¿Sí?

- Soy Gertrude, una de las doncellas del Señor Malfoy. – la voz de la chica parecía amable y dulce- Me ha enviado aquí para prepararla.

Gertrude, la misma muchacha pelirroja del día anterior.

¿Había venido para repararla por orden de Lucius? ¿Prepararla para qué?

La visión de aquella montaña de cuerpos desnudos volvió a su mente y no pudo sino estremecerse.

Al menos no volvió a vomitar.

- ¿Por qué?- preguntó a través de la puerta a la doncella. Preguntar "prepararme para qué" hubiera rematado el tono tembloroso de su voz.

- El Señor Malfoy desea que se reúna con él en el salón para el desayuno.

Puede que la situación no tuviera nada de cómica, quizás fuera el exceso de emociones del día anterior que le impedían pensar con claridad ese nueva mañana, pero lo cierto es que lo primero que le vino a la cabeza fue la imagen de "La Bella y la Bestia" en la que la Bestia le pide que baje a cenar con él la primera noche que ella pasa en su castillo.

La pregunta a realizar era obvia.

- Supongo que me es imposible negarme, ¿verdad?

Hubo un momento de silencio detrás de la puerta, tras lo que contestó la voz femenina con un deje de resignación.

- No, supongo que no.

Por su tono de voz, Hermione se imaginó la figura de la muchacha ante la puerta, inclinando su redondo rostro pecoso en señal de desaprobación ante las órdenes de su amo. Sintió cierta simpatía por ella y por el trabajo que le había tocado en la vida.

- Pasa Gertrude.

Tras otro instante de silencio, aquel rostro que un momento antes la Gryffindor había podido recordar con facilidad se asomó entre la puerta entreabierta con la vista fija en el sueño.

- Discúlpeme.

- No pasa nada, al parecer, las órdenes son órdenes.

Casi le pareció ver una tímida sonrisa en el rostro de la joven.

Se preguntó que hacía esa persona, al parecer tan inocente y dulce sirviendo en un sitio como aquél. Se preguntó hace cuánto tiempo ella había dejado de ser así de pura, de cuánto había envejecido en esos tiempos de la enfermedad…

- ¿Cuántos años tienes Gertrude?- le preguntó mientras la doncella cerraba la puerta tras ella.

Ésta se volvió sobresaltada, todavía evitando su mirada.

- No tiene usted que llamarme por mi nombre de pila, Señorita, puede usted…

- Me gusta llamar a las personas por su nombre. Es más, ¿tiene algún diminutivo?

Gertrude enrojeció ligeramente.

- Mi… mis padres solían llamarme Gertie, pero…

Hermione sonrió.

- Gertie, perfecto. Es mucho más fácil, y más bonito.

La muchacha pelirroja sonrió, esta vez más ampliamente y logró subir un poco la mirada para encontrarse con la de Hermione, pero sus ojos se desviaron hacia el extremo derecho de la cama.

- ¡Oh Dios mío!- exclamó dirigiéndose hacia la cama con las manos extendidas- ¿Se encuentra usted bien, señorita?

- ¿Yo?- la Gryffindor la miró extrañada cómo ésta se arrodillaba junto al borde de la cama, y luego recordó el desagradable suceso de su despertar. Hizo una mueca.

- Lo siento mucho, yo…

- Quédese tranquila señorita, yo limpiaré esto en un segundo.

- Llámame Hermione, por favor.

- Oh, no podría, Señorita- respondió la doncella, y , la castaña pudo ver cómo, con un rápido y grácil movimiento de su mano, aquella desagradable mancha desaparecía de la moqueta sin dejar un solo rastro.

Miró cómo Gertie se incorporaba completamente impresionada.

- ¿Logras controlar la magia sin varita? Eso es algo…

- ¡Oh, no, no!- rió la muchacha negando con la cabeza- No es más que magia corriente canalizada a través de otro tipo de objeto. – se apartó un poco la manga de su uniforme dejando a la vista su muñeca derecha, adornada con una fina pulsera de madera- ¿Lo ve? No es más que una varita transformada en pulsera. Me permite realizar todos aquellos hechizos domésticos que pueda necesitar en la casa, pero no posee poder para nada más.

- Es decir, tiene un limitador.

- Exacto- respondió, volviendo a colocarse bien la manga.

Propio de Lucius, no permitir ni un riesgo de motín en su barco. Aunque supuso que si aquellos criados estaban ahí trabajando no lo harían bajo coacción.

Ahora que lo pensaba…

- ¿Gertie?

- ¿Sí?- contestó la muchacha que se dirigía hacia una de las otras dos puertas de la habitación, la más cercana de las ventanas.

- ¿No hay elfos domésticos en Malfoy Manor?

- No, hace un tiempo que el Señor Malfoy los liberó a todos…

Vaya, qué considerado, nunca lo habría pensado.

- … pensaba que sólo traían problemas y quiso eliminarlos, pero con las nuevas leyes de protección de los elfos domésticos...

"Retiro lo dicho"

Observó perdida en sus pensamientos cómo la chiquilla de uniforme negro y blanco se internaba en una habitación contigua a la suya por aquella puerta desconocida.

Le había preguntado su edad, pero no recordaba que ella le hubiese respondido. ¿Tendría su misma edad? ¿Quizás la edad de Ginny? ¿Menos todavía?

Sabía que algunas chicas podían aparentar mucha menos edad de la que realmente tenían, ella misma había sido una de ellas hasta que su lucha contra la epidemia desmejoró gravemente su salud y su aspecto. Había perdido bastante peso y sus ojos siempre estaban acompañados por oscuras sombras.

Pero aquella chica resplandecía con la inocencia de la pubertad.

Se preguntó qué habría sido de su familia.

- Puede ir duchándose Señorita, mientras yo arreglo la habitación y le elijo una indumentaria adecuada.

Gertie había vuelto de la habitación con un albornoz de tonos verdosos.

- ¿Lo de la indumentaria también va dentro de la orden de Malfoy?

- No señorita, pero creo que ésos pantalones muggles llenos de barro no serán de su agrado.

- Y por supuesto no queremos enojar al amo de la casa- dijo Hermione , resoplando y bajando de la cama.

- No, no debemos- contestó la doncella, con tono tan serio que Hermione se volvió hacia ella, pero para entonces, ya se había dado la vuelta otra vez y entraba por la tercera puerta de la habitación. Un baño.

- Aquí tiene todo lo que necesita para su aseo completo- dijo la muchacha alzando la voz mientras colgaba el albornoz en el interior del baño. Por el ruido Herms supuso que había abierto los grifos, y luego salió cerrando la puerta del baño tras de sí.- Puede dejar la ropa que lleva encima ahí dentro, yo la recogeré en cuanto salga- continuó, dirigiéndose a la entrada de la habitación todavía sin mirarla.

Puso su mano sobre el pomo de la puerta.

- Gertie…

- ¿Sí, señorita?- contestó ésta automáticamente, ya en el umbral.

Hermione se acercó a ella.

- ¿Por qué estas aquí? ¿Qué ha sido de tu vida para que acabes sirviendo a gente como Lucius Malfoy?

La doncella suspiró con suavidad, y lentamente se giró hacia ella sin levantar su cabeza gacha.

- El Señor le ha enseñado en lo que está trabajando ¿verdad?

- ¿Tú también lo sabes?¿¿¿Y cómo puedes soportar saber algo así y aún así seguir sirviendo a ese monstruo???- Hermioe lo pensó un momento- ¿Estás bajo coacción?

La pelirroja negó con la cabeza.

- A veces… a veces los motivos cambian con el tiempo, pero siempre es el amor el que guía nuestros pasos…

- Gertie… tu familia… ¿ tu familia está enfe...?

- Buenas noches – la interrumpió la doncella, abriendo rápidamente la puerta, y cerrándola tras ella.


Una hora más tarde, Hermione caminaba dificultosamente por uno de los enormes y laberínticos pasillos un par de pasos por detrás de Gertie, ambas en silencio.

La Gryffindor maldecía por lo bajo la "indumentaria" que la doncella le había preparado, sin ni siquiera darle opción a elegir otra, pues tenían el tiempo muy apretado para llegar a desayunar y pasar antes por un pasillo a recoger unas cosas que se le habían dejado olvidadas.

"¡No hay tiempo de que elija otra cosa, debo ir ahora mismo de camino a acompañarla al salón, Señorita, si no, el Amo me matará!"

Supuso que decía eso como modo de exagerar, pero sus ojos suplicantes parecían que hablaba en serio, y que Lucius Malfoy podía llegar a tales extremos con lo que a la servidumbre se refiere.

Por lo que no pudo si no resignarse a vestirse lo que Gertie había elegido previamente y seguirla por los amplios pasillos a paso rápido a lo que quiera que tuviera que hacer.

El suelo de mármol estaba recién pulido, de eso no había duda, tanto por lo que brillaba como por lo mucho que le resbalaban los zapatos nuevos que se había calzado.

Eran preciosos, no había duda, y sin duda casaban perfectamente con esa túnica sencilla pero mortalmente elegante de manga hasta el codo y de cuello barco, pero los tacones de 10 cm no eran lo suyo precisamente. Vagamente recordaba la última vez que se puso unos así... Quizás para una de las últimas citas románticas con Ron... Ya casi ni se acordaba de las citas.

Se sentía aturdida. Ese baño en agua caliente en medio de ese cuarto de aseo tan majestuoso la había dejado laxa, sin fuerzas, como si se estuviese preparando para algo contra lo que no había escapatoria.

Se había sumergido en aquella bañera de proporciones increíbles rodeada de espuma a la espera de que alguna brillante idea de estudiante modelo de la casa Gryffindor acudiese en su auxilio, pero supuso que esa parte de ella había muerto, y que ya casi se resignaba a lo que el destino le tenía preparado.

No esperaba morir, si era eso lo que Lucius quería ya estaría muerta. Sin embargo, había hecho algo mucho peor: le había proporcionado descanso en una habitación impresionante, un baño en lo que parecía ser los aseos del Papa, y ropa diseñada por el Arman de los magos.

Y eso le asustaba muchísimo más.

Por no hablar de la espeluznante visión de ese tétrico laboratorio, que para su sorpresa, no era algo que ocultase dentro de la mansión. No había olvidado que Gertie conocía de su existencia.

Resbaló por décimo quinta vez en lo que llevaban de camino.

- ¡Ay, Merlín...! ¿Es que tenían que ser nuevos? Yo no estoy acostumbrada a llevar taconazos y encima ¿han de ser nuevos?

- Tranquila Señorita- dijo Gertie por encima del hombro.

- ¿Cómo voy a estar tranquila? ¡Estoy en la casa de un asesino vestida de manera elegante disponiéndome a desayunar con él!

- Baje la voz…- la doncella se volvió hacia ella, interrumpiendo el paso cerca de un par de enormes dobles puertas abiertas cerca de ellas.- …No debemos despertar al amo…

- ¿Cómo que no debemos despertar al Amo?

- El Amo ha de descansar y dormir, Señorita, yo sólo tenía que pasar para…

- ¿Pero acaso no me esperaba para desayunar?

- ¿Cómo que la esperaba…?

- ¡¿Tanta prisa y ni siquiera ha bajado ya?!- le interrumpió Hermione.

Gertie se giró asustada hacia las dobles puertas y luego miró con ojos suplicantes a la castaña.

- Se lo suplico, baje la voz, usted no entiende…

- ¡Claro que lo entiendo!¡Y no pienso bajar la voz! ¡No sé en qué estaba pensando cuando acepté asearme y vestirme así porque un engreído rubiales me lo ordene!

- Por favor, señorita… - la muchacha le miraba a ella y a la habitación abierta alternativamente, con aspecto apurado- … por favor, no grite.

- ¡Gritaré lo que me plazca y cuanto me plazca! ¡No tengo miedo, si tiene que venir a convertirme en un cuerpo más de su tétrica colección de cadáveres tendrá que venir él! ¡¡¡Porque yo no pienso mover un solo pié mas para….!!!

- ¡¡¡¡¡¡QUE SE CALLE DE UNA PUTA VEZ!!!!!!

.

.

Ambas chicas se quedaron petrificadas.

Aquel grito había retronado por todo el pasillo y los adyacentes, creando un sonido aterrador, que había ahogado las quejas de Hermione y las súplicas de la doncella, la cual ahora se hallaba mirando fijamente la habitación abierta.

- No, no, no….

La Gryffindor se había quedado sin habla. Con un zapato en su mano y el otro puesto, se hallaba en una postura incómoda, pero aquel grito la había dejado estupefacta.

- Lo sabía, - seguía farfullando Gertie- sabía que acabaría despertando al Joven Amo, gritona estúpida…

Pero Hermione ya no prestaba atención a los murmullos de la doncella, ni siquiera ante aquel insulto tan fuera de lugar.

Aquel grito, aquella forma de insultar, como si le resultase más fácil que respirar…

"Joven Amo" había dicho Gertie.

Sentía retumbar aquellas palabras en su cabeza mientras se acercaba hacia la entrada de aquella habitación.

- ¡No por favor, Señorita…!

Hermione hizo un amago para girarse hacia ella pero no pudo apartar la vista de la gigantesca puerta que estaba apunto de alcanzar. Se quitó el segundo zapato sin dejar de avanzar, sintiendo que algo se le escapaba de la memoria, y que por cada paso que daba más cerca estaba de saber qué era.

Un recuerdo extraño, un sentimiento…

"Esa voz..."

- ¡No!

Ignorando ya a Gertie por completo, dio un último paso, el cual le permitió asomarse a la entrada de la habitación.

Las tinieblas lo inundaban todo, salvo un resquicio de luz que se asomaba tímidamente por una pequeña ventana cercana al techo al fondo de la habitación, la cual parecía ser más grande que la sala Común de Hogwarts.

¿Por qué pensaba en su antigua escuela justo en ese momento?

Mientras avanzaba lentamente, Hermione entrecerró los ojos para ver de qué manera aquél fino rayo de sol caía directamente sobre lo que parecían unas brillantes y plateadas sábanas.

"Joven Amo" había dicho.

Empezaba a respirar con dificultad por mucho que sus pasos fuesen cada vez mas lentos.

"El Joven….Malfoy."

Al final, con el pulso latiéndole frenético, se detuvo en lo que parecía ser el centro de la habitación, justo cuando aquel brillo de sábanas se movió suavemente.

Y de entre las tinieblas que inundaban el cabecero de aquel aposento, como si de un fantasma se tratase, unas finas hebras de clarísimo cabello rubio se asomaron, reflejando con gran intensidad parte de la luz que caía sobre las sábanas.

Y aquella voz surgió de nuevo de entre la oscuridad:

- Bienvenida al infierno, sangre-sucia.


Espero que les haya gustado. Estoy tratando a esta historia con mucho cariño y espero escribir más a menudo.

Pero un fic se alimenta de RW, de modo que muchas gracias a quienes apoyan este fic y los demás míos :DDD me hacéis muy feliz. Espero que este capi no os defraude y si os a gustado o si esperáis el siguiente con ansiedad o si sólo queréis ponerme a parir por tardar tanto en publicar...

¡¡¡dejarme un review!!! :D

:::Ibeth Cullen:::