III . I Want a Date with You.
– ¿Qué te pareció Pamela?
La pregunta la sacó de sus pensamientos, rápidamente alzó la mirrada y rió nerviosa. La pelirroja no se veía tan altanera y sarcástica como todos decían que era. Al contrario, se veía una persona agradable, aunque sus planes de acabar con todos para preservar las áreas verdes estaba medio zafada, eso a ella no le importaba mucho. Después de un rato de pensar, se encogió de hombros, curvando un poco sus labios.
– Es... agradable, supongo.
Jonathan la miró mientras caminaba de regreso a su despacho. Si bien, Hiedra no era tan agradable con él tenía que reconocer que era bella, pero definitivamente él y ella no se llevaban bien. Ciertamente tenían que convivir siendo él su psiquiatra asignado y ella su paciente, pero fuera de eso ni se miraban y les daba igual la presencia o no del otro. Hiedra ya había escapado ciertas veces pero al final siempre era regresada por Batman, al igual que muchos de aquí. Iba caminando aún cuando sintió que suavemente le jalaron del brazo. Sacudió la cabeza y miró a Harley, quién era la que lo había jalado de aquella manera.
– ¿Qué pasa, querida?
La rubia alzó la mirada, fijándola en la de él y señalando con la cabeza a una de las celdas.
– ¿Quién es él?
Crane parpadeó un poco en señal de no entender pero al alzar la vista y ver de quién se trataba sonrió y contestó la pregunta de la chica. Harley había vuelto su vista al chico de la celda. Era de cabello rubio, corto; ojos azules y no era muy alto, tenía casi la estatura de ella o un poco menos.
– Se llama Jervis Tetch. Le dicen "El Sombrerero Loco".
Si, así era. Jervis era aquél joven que estaba en esa celda. Se encontraba sentado en el suelo, con un libro en la mano, al parecer estaba muy metido en su lectura que ni cuenta se dio que el par de psiquiatras lo veían. En la portada del libro se podía leer el título "Alicia en el país de las maravillas". Su cuento favorito. Harley tuvo que morderse el interior de la mejilla para no carcajearse, el título y el nombre de él le parecían graciosos.
– Pensé que aquí sólo admitían criminales.
– Y lo hacen, querida. Aunque ten en cuenta de que esto es un Asilo, y pueden haber tanto locos como grandes psicópatas.
Dijo, y después caminó de nuevo en dirección a su despacho. La ojiazul se entretuvo un momento mirando al chico rubio, pero al notar que el giraba a verla, simplemente sonrió y le hizo señal de hola, a lo que él simplemente ladeó su cabeza con curiosidad. La chica le recordaba a la protagonista de su cuento, Alicia, una chica rubia, de ojos azules y amistosa. Por un momento le devolvió la sonrisa y el saludo, pero Harley había notado que Jonathan ya había desaparecido, por lo que enseguida se echó a correr detrás de él, dejando a Jervis extrañado.
Después de un rato de buscar por los pasillos, encontró la puerta que daba al despacho del castaño. Dr. Jonathan Crane | Psiquiatra. Mtro. de Psicología. ¿Así que aún seguía siendo un maestro? Por un momento comenzó a recordar cuando ella era aún su estudiante, habían sido buenos tiempos. Y dentro de esos recuerdos se le vino aquél día en que se dio cuenta de que comenzaba a sentir algo por él, se ruborizó ante ese recuerdo y cuando estaba a punto de abrir la puerta, ésta lo hizo, golpeándola justo en la frente.
– Auch.
Al escuchar el quejido, se asomó y miró a la chica sobándose la frente. Abrió un poco más los ojos y salió del despacho, acercándose a ella mientras trataba de ver como tenía la frente.
– Har... Harley, perdón, no sabía que estabas...
– Está bien, está bien –se excusó ella y formó una sonrisa nerviosa.– Estoy bien.
– A ver, déjame verte.
Se inclinó un poco más para ver la frente de la chica. Estaba roja, pero no tenía ninguna rayadura, simplemente había sido el golpe. Alzó su mano y con cuidado de no lastimarla, frotó suavemente la frente de ella, claro que, estaba tan ensimismado con ayudarla que no se había dado cuenta de que estaba demasiado inclinado, lo cuál -al ser Harley más baja que él- provocaba que la chica quedara a la altura del cuello de él. Las mejillas de la rubia no tardaron en encenderse al sentir la cercanía de su ex-profesor, ahora tutor.
– Jon... ¿Dr. Crane?
– ¿Si, querida?
– Creo que ya está mejor, gracias.
Respondió, a lo que él, asintió con la cabeza y se inclinó sin saber por qué a depositar un suave beso sobre la frente de ella, lo que provocó que el color de las mejillas de ella se intensificaran, hasta el punto de ser del mismo rojo que el cabello de Hiedra. Él se separó y abrió la puerta de su despacho, haciéndose a un lado al hacerlo para dejar que ella ingresara primero. Ella inclinó la cabeza hacia abajo y entró, dejando que él cerrara la puerta tras si. Lo vio irse a parar junto al escritorio, dejando a un lado la carpeta que tenía.
– Dr. Crane..
– Querida, te he dicho que puedes llamarme Jonathan o Johny, como gustes.
– Jonathan... –empezó ella, apoyando las manos en el respaldo de la silla enfrente de ella.– ¿Estuvo bien lo que hice? Quiero decir, hablar tan naturalmente con la señorita Pamela.
– Créeme, en el poco tiempo que he estado aquí, nunca en mi vida había visto a la joven Isley hablar tan naturalmente con alguien como lo hizo contigo. Conmigo desde el principio le costó abrirse y contarme todo. Se puede decir que no nos llevamos muy bien. Pero lo has hecho bien, en tu primer día, mejor que yo, creo –rió.
Harley parpadeó un poco aún sin creerse lo que le había dicho. ¿A él, a él le parecía bien lo que hacía? Parpadeó un poco y se giró hacia donde estaba él, caminando. Le había gustado lo que él le dijo acerca de su trabajo, nadie en toda su vida le había dicho lo bien que trabajaba, algunos incluso la tachaban de floja e inútil, pero él no. Sin saber si fue por un impulso o por cuenta propia, se acercó y con rapidez lo rodeó con sus brazos, abrazándolo con fuerza pero sin lastimarlo, lo cuál lo tomó por sorpresa. La rubia no sabía desde cuando había anhelado tener un abrazo de él, de hecho, todo esto empezó desde aquél día en que lo vio en clases de psicología. Y por todo ella se refería a los sentimientos que habían llegado a despertar por él.
Por otro lado, él apenas y pudo reaccionar, abriendo un poco más los ojos al sentir el abrazo de ella. De acuerdo, no había llegado a esperar eso, pero tampoco se había negado a ser rodeado por los brazos de ella, de hecho le gustaba el tenerla cerca. Con cautela, subió los brazos para rodearla y así poder devolverle dicho abrazo. Ella no se esperaba eso, así que las mejillas de nuevo se le coloraron, nunca se había sentido así. Inconscientemente, ella se inclinó, apoyando una mejilla sobre el hombro de él, se sentía segura allí y no es como si tuviera intenciones de separarse al igual que él. Después de un rato, él comenzó a acariciar su cabello a la par que giraba un poco la cabeza para poder susurrarle al oído.
– Harleen..
– Es Harley.
Escuchó como él reía cuando ella le había corregido.
– Harley, quiero hacerte una pregunta.
Al oír esto, ella giró la cabeza y se incorporó un poco, soltándose un poco del abrazo pero sin separarse completamente. Sus ojos rápidamente fueron a dar con los verde-azulados de él, parpadeó un poco y ladeó su cabeza con curiosidad. No tenía ni idea de qué clase de pregunta le iba a hacer.
– Dime..
Él sonrió y negó con la cabeza, desviando la mirada un segundo antes de volverla a ella.
– Prométeme que con toda sinceridad vas a contestarme, no quiero que te sientas forzada a aceptar mi propuesta.
Mi propuesta. Es lo único que Harley logró captar y de repente sintió como el estómago se le revolvía, ¿iba a hacerle esa clase de propuesta? ¡Por supuesto que no era una propuesta de esas pervertidas! Ella se refería algo así como que fuese su pareja, o... "Harley, ya empezaste de nuevo" Y era verdad, parecía que de nuevo las hormonas la traicionaban, tan metida estaba en sus fantasías acerca de una pareja que ni la pregunta había escuchado.
– ¿Y?
Al oír ese "y", enseguida reaccionó y lo miró de nuevo.
– ¿Ah?
Jonathan suspiró y soltó una suave risa, mientras tomaba la mano de ella.
– Te he preguntado si quieres ir a cenar conmigo.
Por un momento sintió como dejaba de respirar y todo a su alrededor se detenía. Esperen, ¿había dicho cenar conmigo? No, eso debió de habérselo imaginado ella, él jamás le pediría a ella que cenaran juntos, ¿verdad? Era sólo una jugarreta de su mente fantasiosa y desesperada. Pero al alzar la vista y ver sus ojos de nuevo, se dio cuenta de que no era ninguna broma ni mucho menos un simple pensamiento suyo. La pregunta había sido de verdad.
–¿Y-Yo?
– Sí, tú Harley.
Una sonrisa se marcó en el rostro de ella y casi sin pensarlo asintió con la cabeza.
– Claro... ¿Dón... ?
– Sólo dime donde vives, yo pasaré por ti, claro.
Y aparte de todo, él iría por ella. Cuando pensó que no podía ser más caballeroso. Buscó una hoja de la libreta que ella tenía y tomó un bolígrafo, anotando la dirección. Ya no tenía familia así que vivía -por el momento- sola y no es que le incomodara mucho. Después de anotar la dirección y verificar que la había escrito entendiblemente y sin haberse confundido, arrancó la hoja y se la tendió. Él la tomó y leyó la dirección.
– Ésta en el centro de ciudad Gótica, ¿no?
– Si, vivo en un apartamento, ya que mis padres murieron hace un tiempo.
Jonathan miró la hora y suspiró, eran las 5 p.m.
– Ya es tarde. Creo que deberías irte.
Y dicho esto, iba a ir a sentarse a su escritorio cuando escuchó el carraspeó de Harley.
– Ehem. ¿A qué hora?
– A las 9 –respondió él, girándose hacia ella.
– De acuerdo, entonces..
Ella tomó sus cosas del escritorio y colocó uno de sus mechones rubios detrás de su oreja, ella quería quedarse a ayudarle con el papeleo pero supuso que tenía que ir a arreglarse antes de ir a la cena. Así que, lo miró un momento y cuando lo vio distraído, sonrió y rápidamente se acercó a besar su mejilla con alegría.
– Te veo luego.
Fue lo último que dijo, antes de dedicarle una sonrisa para irse. Dejando a cierto castaño inmóvil con una tenue sonrisa en sus labios.
Ya eran las 8:30 de la noche y Harley seguía debatiéndose con su cabello, no tenía idea si llevarlo suelo o amarrado, y como no tenía idea a dónde irían, supuso que podría ir como quisiera. Odiaba tener que arreglar su cabello, siempre lo llevaba en una coleta o suelto. Se miró una vez más en el espejo y se hizo un chongo con algunos mechones sueltos para no estar tan formal, luego bajó la vista mirando su vestido, era púrpura, corto pero no tan provocativo. Si, era lindo y la hacía ver bien, pero no era para llamar mucho la atención, de hecho ella no usaba muchos vestidos, sólo faldas cortas o shorts. Se encogió de hombros y se sentó en la cama para poder ponerse las zapatillas. Se las puso y salió a la sala a esperar, se había puesto una pulsera de color oro la cuál tenía muchos dijes, provocando que cuando caminara se escuchara el leve tintineo de los colgantes al chocar. Observó la hora, faltaban como 10 minutos. Suspiró, tomando el control remoto de la televisión para ver algo, pero enseguida escuchó el timbre. Aún faltaban 10 minutos, ¿no? Abrió la puerta y lo vio allí parado, luciendo un elegante traje negro con corbata; él se ajustó los lentes y sonrió nervioso.
– Harley...
Ella bajó la mirada y se observó a si misma, no sabía si lo decía porque lucía terrible en ese vestido ajustado o si era una especie de halago. Movió sus pies incómoda y acomodó uno de sus mechones sueltos con una mano.
– ¿Tan... Tan mal me veo? –preguntó, un tanto avergonzada.
Jonathan parpadeó al oír eso, negando con la cabeza.
– Oh no, Dios, no. Te ves hermosa...
Harley formó una sonrisa, abriendo un poco más la puerta para que pasara. Aún faltaban diez minutos, ¿no? Una vez que él entró, ella fue a sentarse al sofá, haciéndole una seña de que él hiciera lo mismo. Cuando lo hizo ella tragó saliva y de nuevo se acomodó el cabello.
– Gracias. Llegaste antes, eres puntual.
– Suelo serlo la mayoría del tiempo, por cosas de trabajo y eso, ya se me ha pegado la maña –rió levemente, ajustándose las gafas.
Ella sólo asintió, mirando hacia el reloj, realmente era pésima iniciando conversaciones, más con él, no tenía ni idea que hacer en una cita. Claro, ya había ido a varias pero la mayoría de los chicos siempre alardeaban con ella, provocando que casi ella no abriera la boca. Pero él no, Jonathan era diferente. Carraspeó y empezó a jugar con sus manos de manera nerviosa.
– ¿A dónde vamos? –preguntó con curiosidad.
– Al Iceberg Lounge.
– ¿No crees que... está muy caro allí? –bajó la mirada, él iba a gastar mucho en ella y eso le parecía injusto en cierta manera.
– No, quiero decir... Me llevo con el hombre que maneja al lugar –encogió los hombros, mirando su reloj.– Y creo que deberíamos ir bajando a mi auto o no llegaremos a tiempo.
Rió, levantándose mientras se acomodaba el saco, cuando lo hizo, le tendió el brazo a ella de manera caballerosa. Harley lo miró, parpadeando y se levantó, tomando su bolso antes de tomarse del brazo de él. Él le sonrió y ella correspondió el gesto con una sonrisa igual. Definitivamente esa noche no iba a ser como todas, aunque realmente no se esperaba lo que iba a ocurrir.
N/A.: Okay, perdón por tardar en subir el capi, he tenido problemas con esto del internet y no me había dejado abrir la página para subirlo. Está un poco largo y el próximo creo que estará más corto o eso depende de mi imaginación. A partir de aquí comienza el drama, oh si. So... Reviews?
