¡Hola! Aquí vuelvo con un nuevo oneshot, también de GeoFount. Os advierto que es muy triste, pero también uno de mis favoritos (por no decir el que más XD). Espero que os guste!
Cuarto oneshot: A través del desierto infinito
Hueco Mundo es un lugar seco y estéril. Es gris, monótono y aburrido. Es el lugar que Ulquiorra llama hogar.
Ni sabe ni le interesa especialmente la razón por la que lo eligieron como su guardaespaldas. Él sólo cumple órdenes. Sin embargo, ella le interesa levemente, aunque nunca lo admitiría a viva voz. Pese a que Aizen sólo esté interesado en sus poderes, él lo está por su personalidad.
La ve una o dos veces al día. Las visitas no suelen durar mucho, lo suficiente como para cumplir las órdenes.
Se trata de la única persona con la que Orihime mantiene contacto. Según pasan los días y las semanas, la chica va perdiendo la vergüenza poco a poco, convirtiéndose en la fuerte mujer que captó su atención en un primer momento. Sabe que está desesperada por tener algún tipo de contacto, por saber cualquier cosa que le despeje sus dudas acerca de cuándo, dónde y cómo. Pero él no es el candidato indicado para hacerlo.
Mantiene conversaciones con él o, al menos, lo intenta. Sus respuestas son cortas y concisas. Orihime lo intenta repetidas veces hasta que, después de muchas derrotas, se da por vencida.
Cuando está sola habla para sí. Se habla sobre el día a día y lo que está sucediendo tanto dentro de ella como a su alrededor. A veces desea ser más fuerte. Otras llora y gimotea.
Ulquiorra no lo hace intencionadamente, pero la escucha de toas formas. En realidad únicamente le preocupa que pueda hacer algo tan estúpido como escaparse, pero sigue sintiendo curiosidad, así que le rpegunta.
- ¿Con quién hablas cuando estás sola?
Es la primera vez que le pregunta por algo que no guarda ninguna relación con Aizen o sus amigos. El tenedor de Orihime se congela camino a su boca.
- ¿Có… cómo sabes eso?
- Contesta la pregunta.
Ella pestañea y baja el tenedor hacia el plato.
- Con mi hermano- contesta- Hablo con mi hermano.
- ¿Con tu hermano?
- Sí.
- ¿Y dónde está?
- Está muerto.
Su respuesta es corta, a diferencia de las charlas anteriores. Él puede ver que no está diciendo toda la verdad, que hay algo más oculto, algo reciente y doloroso. Pero a Ulquiorra no le interesa. Y no responde. Orihime le mira a los ojos.
- ¿Tú tenías hermanos?
- Tengo muchos.
- No- niega con la cabeza- No digo como Arrancar, sino como humano.
Ulquiorra casi se ríe ante la pregunta. Casi.
- ¿Cuando era humano?
- Todos los Arrancar fuisteis humanos alguna vez, ¿no? ¿Acaso tú no?
Ulquiorra se tensa. No dice nada. Orihime continúa.
- ¿Recuerdas cuando eras humano?- persiste.
Por un momento, siente la necesidad de estrangularla. De presionar sus dedos en su blanquecino cuello y apretar hasta que no pueda volver a preguntar más. En su lugar, cierra los dedos en un puño.
- Hablas demasiado- contesta- para no saber nada. Te sugiero que guardes esa clase de opiniones para ti; no creo que los demás se tomen tan bien como yo esa clase de estúpidas observaciones.
- Estúpidas o no- contesta Orihime, con la mirada perdida- ¿son ciertas?
Ulquiorra la miró por un momento, manteniendo la distancia de ella. Ella reflexiona y se echa hacia atrás. Él se agacha tranquilamente y recoge el tenedor que la joven ha tirado sin querer.
- Te traeré otro.
Por una vez, no dijo nada mientras se marchaba.
La hogyoku lo había creado. Aizen lo había hecho gracias a ella. No sabía lo que había sido antes, ni lo había preguntado. No sabía si había sido un hollow, un humano o un humano que se convirtió en hollow. Tal sólo sabía que Aizen lo había creado. No tenía idea de su vida anterior, sólo que ahora pertenecía a Aizen.
Detesta la pregunta de Orihime. Aizen los había "educado" para considerar a los arrancar como una sola entidad, como partes de un cuerpo que trabajaban juntas. Ulquiorra no era un ser por si sólo, sino una parte de un todo.
Ulquiorra toca el agujero de su cuello. Rodea el suave borde con sus dedos mientras se pregunta por qué no está recortado y cómo encajaría la pieza que falta en ese agujero tan perfecto.
Más perfecto aún que las grises tierras infinitas.
- ¿Por qué le hablas a tu hermano?
Las tareas que Aizen le ha encomendado para ese día le han dejado exhausta, así que lo mira vagamente desde la cama, sin mostrar ningún tipo de interés.
- ¿Otra vez con lo mismo?
Ulquiorra ignora la pregunta.
- Dijiste que había muerto.
- Sí.
- Entonces, ¿por qué sigues hablándole?
Orihime se encoge de hombros.
- Creo que puede seguir oyéndome.
Ulquiorra resopla.
- Idiota. Ya no puede oírte. No podría ni aunque estuviera en la Sociedad de Almas.
Está demasiado cansada como para discutir con él.
- Me lo imagino- contesta- pero me reconforta.
- ¿Te reconforta?
- Menos sola.
Ulquiorra gruñe, medio divertido medio fascinado, como si alguien le hubiera contado un chiste sin gracia. Orihime abre los ojos y los fija en él.
- ¿Por qué no lo haces?- pregunta.
- Porque no.
- ¿Por qué no?
- No tendría sentido.
- ¿Perdón?
- No hay nadie a quien hablarle- explica tranquilamente- Tan sólo al aire.
- No entiendes lo que significa- gruñe ella, medio dormida- El objetivo no es asegurarte de que alguien te escucha, sino de hablar simplemente. A veces ayuda pensar que alguien está escuchando aunque no sea así. Hace que no te sientas tan sólo.
Ulquiorra no entiende su razonamiento en absoluto.
- Es una idea absurda.
Orihime sonríe sin ganas.
- Tal vez. Pero me hace sentirme menos sola, así que, ¿qué más da que sea absurdo?
Ulquiorra sigue sin entenderlo. Nunca se ha sentido solo de verdad y cree que nunca lo estará.
Cuando la pegan nunca llora. Tampoco se enfada o, de hacerlo, no lo demuestra. Su expresión es simplemente de tristeza, como si sintiera piedad hacia aquellos que la pegan y no hacia sí misma.
Las arrancar son quienes más la odian. Le dicen lo inservible y débil que resulta. La llaman "la mascota de Aizen" y le asustan diciéndole que no volverá a ser guapa después de la paliza.
Ulquiorra ni participa ni está presente en las peleas. Pero siempre está presente después. La observa, en silencio, herida y sangrienta, pensando que se acobardará y gritará. Pero no derrama ni una lágrima.
Entonces se da cuenta de que Orihime nunca llora por sí misma, sino por los demás.
- ¿Alguna vez te has sentido como si fueras el último superviviente del mundo?
- No.
- Mejor- dice ella- Mejor.
Cuando se va se acercan a la habitación como ratas detrás de un trozo de queso. Nunca van cuando Ulquiorra está dentro; no son tan estúpidas.
Tampoco lo son como para matarla o causarle heridas permanentes. Tan sólo le provocan pequeñas heridas, cortes o moratones que tardarán unos días en curarse. A Aizen le da igual lo que le hagan mientras Orihime siga siendo capaz de usar sus poderes.
Se escabullen en cuanto sienten la presencia de Ulquiorra cerca porque saben lo que pasaría si las cogiera.
A pesar de sus heridas, Ulqiorra no le ofrece ninguna ayuda. Ella tampoco se la pide. Sin decir nada, la observa cojeando hasta la cama.
La luz de la luna pasa a través de la ventana, transformando sus lágrimas en gotas de plata.
- ¿Alguna vez te has sentido así?- pregunta sin motivo.
- ¿Así, cómo?
- Como si fueran el último superviviente del mundo.
Orihime cierra los ojos y suspira.
- Ahora sí.
Permanece fuera de la puerta toda la noche, cazando todas las sombras que se dibujan por el pasillo.
- ¿Por qué me odian tanto?- murmura.
- Porque aquí no vive nada bello.
Sus amigos caen uno tras otro. La mujer shinigami primero, seguida del pelirrojo. Entonces, Ichigo. Sorprendentemente, el quince dura más en la batalla.
Hasta que muere con su nombre en sus labios.
Al principio Orihime no llora. No puede creerse que de verdad hayan muerto.
Ulquiorra le cuenta entonces todos y cada uno de los detalles. No porque quiera torturarla, sino porque odia a la gente que no quiere ver ni aceptar la realidad. Ulquiorra no vive en un mundo de falsas esperanzas, sueños o ilusiones de futuro. Ulquiorra sólo vive en el presente.
Orihime lloró después de aquello.
Ella sana la herida que Ichigo le hizo. No le pregunta dónde fue, ni él tampoco se lo cuenta. Su mirada sigue perdida y no pronuncia palabra durante el resto del día.
Ulquiorra finge no haberse dado cuenta.
Ulquiorra tuvo la frialdad necesaria para decirle que Ichigo había muerto.
Pero no la necesaria para confesar que fue él quien lo hizo.
Chad vive más que los demás. En lugar de acabar con él, deciden mantenerle con vida; debido al poder único de Orihime, Aizen tiene curiosidad por saber más del de Chad. Practican experimentos en él durante días.
Orihime nunca ve las torturas, pero las siente. Tiembla mientras duran y respira aliviada cuando su reiatsu se extingue al fin.
Había sido tan insensata de ir hasta allí para salvar a aquellos que quería. Resultaba hasta irónico; la madre que se sacrifica a sí misma para salvar la vida de sus hijos.
Pero, ahora, sus hijos se habían ido.
- Me gustaría- dice un día repentinamente, como si hubiera despertado de un sueño- Me gustaría volver a mi casa ahora.
Ulquiorra la observa, pasando el amplio espacio y el amplio silencio que los separa. Parece que nunca la entiende.
- No puedes marcharte.
La boca se Orihime se tensa.
- ¿Qué esperas sacar con todo esto?
- Aizen quiere el mundo.
- No te he preguntado eso- añade, cerrando los dedos en su camisón- Ya sé lo que quiere Aizen, pero ¿qué esperas ganar tú?
Ulquiorra la mira por un momento. Nunca ha pensado en ello, pero su pregunta le revuelve el estómago, como si se hubiera percatado de algo que, hasta el momento, estuviera escondido en algún lugar. Y eso le incomoda.
- ¿Acaso importa?
Orihime le sonríe con tristeza.
- No- contesta- Supongo que no.
Ahora habla con todos ellos; con Rukia, Ishida, Chad. Incluso con Renji, pese a no conocerlo mucho. Sin embargo, habla más con Ichigo que con cualquiera de ellos.
Ulquiorra observa lo suficiente como para comprobar que ella sentía algo por el shinigami de pelo naranja. Por un momento desea haberle contado a Ichigo que ella lo quería, antes de matarlo. Tal vez así hubiera conseguido que Ichigo luchase más arduamente, como el quincy.
Tal vez por eso Ulquiorra luchó con más fuerza que nadie.
- Has estado hablando con tus amigos últimamente- comenta directamente, sin importarle invadir su intimidad.
- Sí- admite Orihime, lavándose la cara.
- ¿Qué les dices?
- Que los echo de menos- se sorprende por un momento, mientras se pasa la mano por el cuello- y que lo siento.
- ¿Por qué lo sientes?
- Por hacer que murieran.
Ulquiorra resopla y se gira en dirección a la puerta.
- No fue culpa tuya- aclara.
Orihime lo mira sorprendida.
- ¿Qué?
- Que no es culpa tuya- contesta, girándose hacia ella lo suficiente como para mostrar el perfil- Decidieron venir aquí por su cuenta- continúa- Que vivieran o murieran no era asunto tuyo, así que no te culpes por sus muertes.
Por u momento cree que ella va a golpearlo de nuevo. En su lugar, pese a no estar demasiado convencida, suspira gentilmente.
- Gracias.
Ulquiorra abandona la habitación con una extraña sensación de incomodidad. Hubiera preferido que lo golpeara. Al menos, hubiera sabido llevarlo mejor.
Por la noche, un ruido sordo se produce en la habitación. Algo ha caído y golpeado el suelo. Ulquiorra, el eterno vigilante, se asoma y entra sin llamar.
Orihime está en el suelo, algo alejada de la cama. Se gira, tiene espasmos y murmura cosas incomprensibles. Sus ojos están cerrados.
Ulquiorra se acerca a ella. Sus labios se mueven en silencio. Sus dedos se mueven, como si tratasen de atrapar algo muy lejano, en sus sueños.
Pasados unos instantes, se inclina aún más. Duda. Sin contar aquella vez que lo golpeó, nunca ha sentido su tacto ni estado tan cerca de ella.
Apoya su mano en su brazo. El agujero de su cuello empieza a arder, pero lo ignora a la fuerza.
La coge entre sus brazos. Al sentir aquel tacto, se despierta.
Ulquiorra se congela y la mira.
Orihime pestañea confusa. Alza las manos, acariciando su rostro con suavidad.
- Lágrimas- dice- ¿por qué?
Por la mañana, él se encuentra a su lado, en la cama. Ella se agita nerviosamente y murmura debido a las pesadillas. Le toca la frente- para comprobarle la fiebre, según él- y ella abre los ojos.
No se mueve. Se miran fijamente por unos instantes, hasta que él se aleja.
- Estabas hablando con tu hermano otra vez.
Ella no contesta. Traga saliva.
- ¿Alguna vez te contesta?
- … Nunca.
Ulquiorra cree que lo único que los diferencia es que el mundo de Orihime está repleto de opciones, por lo que las únicas consecuencias a las que tiene que enfrentarse son aquéllas fruto de sus propias elecciones.
Pero el mundo de Ulquiorra está lleno de órdenes. No tiene ninguna consecuencia a la que enfrentarse porque sólo hace lo que se le ordena.
Nunca se ha sentido culpable porque nunca ha hecho nada voluntariamente. Orihime se siente culpable porque, pese a obligarle a elegir, lo hizo ella misma. Era una situación en la que perdía o perdía; no importaba lo que eligiera porque habría perdido de todos modos.
Tu agujero está en el interior, piensa, mientras la escucha hablando con sus queridos amigos, detrás de la puerta.
- Por favor- se cae a sus pies, temblorosa y sudorosa, apoyándose en sus zapatos- Por favor- le ruega- ayúdame a escapar.
Él se separa de ella.
- Deja de humillarte- contesta- Levántate.
Ella no le hace caso, como siempre. Permanece en el suelo, temblando, pequeña y desamparada. No tiene nada que ver con la fuerte mujer que había visto tantas veces.
Le da asco.
- Levántate.
- ¿Me ayudarás?
- No seas idiota.
Por un momento permanece en silencio, antes de murmurar algo inaudible. Entonces levanta la vista hacia él.
- Si no me vas a ayudar- añade- ¿Me dejarás que lo mate?
- No.
Ella casi lo alcanza, pero se lo piensa mejor.
Ulquirra la mira y mueve la nariz. La chica huele a lágrimas, desesperación y pérdida. Aquel olor le recuerda, extrañamente, al agujero de su cuello.
Ulquiorra se marcha porque aquella imagen también le da asco.
No vuelva hasta que se ha calmado por completo. Está en silencio y pensando, con las manos unidas y apoyadas sobre el vestido.
Ulquiorra habla primero.
- ¿Por qué quieres escaparte?
Orihime levanta la vista hacia la ventana, desde donde la luz solar se filtra en la habitación.
- ¿Por qué?- murmura como si hablara con ella misma.
- No te queda nada- continúa- Lo has perdido todo.
Ella no se inmuta ante las duras palabras.
- Lo sé.
- ¿Entonces por qué quieres ser libre?
Se gira hacia él y lo sonría tristemente, como si escondiera algo.
- ¿No lo sabías?- dice- "Libertad" no es más que otra palabra para decir "nada que perder".
Nunca llueve en Hueco Mundo, pero hay nubes ese día.
- Hoy- dice- Creo que hoy es el día- Entonces se lleva la mano al pelo, comprobando que conserva las orquillas.
- ¿Hoy?
- Hoy- asiente- acabaré con todo.
- ¿Acabarás con qué?
Orihime no le contesta, sino que le mira a los ojos.
- ¿Si ataco a Aizen me matarás?
Ulquiorra se hiela. Algo le agita en su interior, como si una puerta cerrada se abriese.
- ¿Ése es tu plan?- pregunta con tranquilidad.
Orihime no le contesta. Tiene una mano sobre el corazón. Su mirada está vacía, desesperada.
- Por favor- suplica.
Ulquiorra la mira y, de repente, comprende lo que significa ser el último superviviente del mundo. Entonces cierra los ojos.
- Está bien- murmura.
- Gracias- le contesta, sonriéndole.
No se mueve cuando se acerca hacia él ni cuando lo besa, provocando que su cuello arda de nuevo.
Ulquiorra nunca había sabido lo que significaba sentirse solo porque nunca había tenido nada que le perteneciera únicamente a él. Nunca había tenido nada propio que le hubiera sido arrebatado.
Su pudiera maldecirla lo haría, porque está así por su culpa. Pero ya está hecho y no hay vuelta atrás.
Finalmente Ulquiorra comprende lo que quería decir.
- Estabas hablando con alguien esta noche- comenta Grimmjow.
Ulquiorra lo mira fijamente por el rabillo del ojo, pero no le contesta.
- ¿Con quién estabas?
- Con nadie.
- Entonces, ¿con quién estabas hablando?
Ulquiorra permanece callado durante unos instantes.
- Con nadie- dice finalmente- Con nadie en absoluto.
Fin
¡Hola! Bueno, ya os dije que era muy triste y muy, muy bonito! Qué os ha parecido? No sé por qué, pero este oneshot me ha parecido muy especial. Tal vez sea que, hasta ahora, no haya traducido algo parecido (sobre todo respecto a Orihime). Pobre Hime, qué penita me da en este fic… pero bueno, parece que al final hay una conexión bastante rara con Ulquiorra, no? Espero no tardar con las demás traducciones. Un beso!
MiaConstantine28: hola! Muchas gracias por el review, me ha gustado un montón! En realidad las historias no me las leo en profundidad hasta que me pongo a traducirlas, así que me alegra que os estén gustando tanto. Tengo pensado empezar con una historia propia y con una larga traducida, así que espero que me apoyes también con ellas. Muchas gracias por el comentario y un beso!
