Nota de autora:

Hola a todos!!, bueno primero que nada quería agradecer a todas las personas que leen el fic y a las que dejan sus criticas, (las cuales, déjenme decirles, son un gran sustento para mi), bueno aquí esta un capitulo, que me parece lo/as tendrá bastante entretenidos y dejara mucho que decir, y no hay nada como escribir una tormenta, estando bajo una . Espero les guste, y por favor, dejen sus reviews!!!!

Capitulo 4: En la tormenta.

Había tenido un día bastante agotador, y realmente Hermione necesitaba descansar, relajarse, y principalmente, despejar su mente (especialmente, despejar su mente…)

"¿En que diablos estaba pensando?" Y la verdad, era que no estaba muy segura de querer saber.

Subió pesadamente las escaleras, y se dirigió directamente a su habitación, en el pasillo había una ventana, por la cual pudo observar el cielo cubierto de unas amenazantes nubes negras, frunció el seño cuando recordó que hace dos días había visto por el noticiario que pronosticaban un gran temporal.

"En cualquier momento empieza a llover."

Una vez que estuvo frente a la puerta de su habitación recordó, "Snape debería estar durmiendo allí, yo tengo que ir sillón de la sala."

Se volvió en sus pasos, pero no alcanzó a hacer más de tres, cuando se dio cuenta de que, por lo menos, debía buscar unas mantas y su pijama, las noches solían ser muy frías. Pero... estaban en su habitación... en la cual, dentro se encontraba Snape... Y el solo hecho de pensarlo le causo un escalofrío por toda la espalda.

Volvió a mirar hacia la puerta de su habitación, estaba serrada. Se acercó lentamente, meditando al respecto, no le quedaba otra opción. Iba a pedir permiso para entrar, buscaría sus cosas y se marcharía sin decir una palabra. Hizo acopio de fuerzas (después de todo, era una Gryffindor y su temple debería ser más que suficiente para pedirle permiso a su profesor para entrar en su propia habitación). Contuvo la respiración y llamó a la puerta.

No hubo respuesta, así que volvió a intentarlo, pero no hubo réplica. Finalmente decidió abrirla. Posó su mano en el picaporte y lo bajo lentamente, temerosa; pero a medida que la puerta le dejara paso a su habitación, se encontró con que la misma, estaba vacía; y que solo la luz de su velador de la mesita de noche estaba encendida.

La castaña entro indecisa, ya que comprobó que había un bolso de viaje color negro sobre una silla al lado del ropero y que sobre la cama había un libro de gran tamaño semiabierto. Se acercó tímidamente hasta el mismo (la curiosidad mato al gato, bueno, mejor dicho al león). No podía evitarlo, toda su vida había tendido afición por la lectura y ese libro le llamaba mucho la atención, estaba revestido con cuero negro, tenia símbolos extraños con relieve en dorado en la tapa, sin embargo, no llevaba titulo, ni autor. Se agacho un poco para tomarlo, y cuando estuvo a punto de tocarlo, la voz fría y seca de su profesor la sobresalto, provocando que Hermione casi diera un salto y se prendiera del techo.

- ¿Desea algo señorita Granger?- Preguntó Snape apoyado en el marco de la puerta de brazos cruzados, mirándola, tal cual momentos antes.

- Eh... no... Yo solo... vine para sacar mi pijama y un... un par de mantas... nada más.- Respondió la muchacha nerviosa. – No se preocupe, no me voy a demorar...-

La castaña empezó a buscar las cosas que necesitaba a una velocidad impresionante, demasiado nerviosa para tomarse su tiempo, siquiera para mirar a su maestro. Una vez que recogió todas sus cosas, se dispuso a darle las buenas noches a su profesor e irse a descansar, lo más rápido y sobriamente posible.

Pero al acercarse un poco a Snape un trueno tremendamente fuerte, provoco que la luz en la casa se cortara y empezara a llover a cantaros.

Hermione dejo escapar un grito, y dejo caer sus cosas al suelo.

- ¡Dios!, ¿qué fue eso?- Dijo la muchacha asustada.

- ¿No es más que obvio, que fue un trueno?- Contestó Snape.

- Si, ya se que fue un trueno, no soy tonta para no notarlo, pero... olvídelo.- Se escucharon pasos que resonaban en el piso de madera de la habitación.

- Oiga, ¿a donde va?... ¡No me deje sola!- Se quejo Hermione algo alterada, ya que no podía distinguir hacia donde se dirigía su profesor debido a la oscuridad total.

- A ningún lado, solo voy a buscar mi varita.- Respondió el profesor, seguido no se escucho absolutamente nada por unos cuantos segundos, hasta que una pequeña luz salió de la punta de la varita de Snape, que volvía a acercarse a Hermione. La muchacha parecía nerviosa y aquello, el mago, lo notó.

- Bueno, yo... ya tengo lo que necesito...- Dijo una vez que recogió todo lo que había tirado accidentalmente.

- Dígame, ¿le teme a la oscuridad?- Preguntó el hombre levantando una ceja en signo de interrogación.

- N... no.- Respondió.

- Esta bien, entonces si es así… Nox.- Pronunció, provocando que la pequeña luz que emanaba la punta de su varita se apagase y la oscuridad volviera a reinar completamente en la habitación.

- ¡No!- Dijo exaltada Hermione, que al instante tomo con su mano libre la túnica de Snape, la tenia bien agarrada del pecho y no planeaba soltarla.

- Lumos.- Exclamó Snape, provocando que una nueva luz apareciera en la punta de la varita. Hermione aun en la penumbra de la habitación, pudo notar que sonreía maliciosamente y la miraba a los ojos.

- Sabe… lo que esta haciendo no es gracioso.- Se quejo la muchacha, enojada por la acción del mago.

- ¿No era que no le teme a la oscuridad?- Pregunto el hombre, aun con una sonrisa maliciosa en su rostro.

- Bueno... talvez le temo... un poquito...-

El hombre volvió a repetir el proceso que había hecho hace un momento, "apagar la varita".

- Bueno... esta bien, usted gana… le temo mucho a la oscuridad. Listo, ya se lo confesé, así que ahora, por favor ¡prenda una maldita luz!- Exclamó la muchacha en medio de la oscuridad y sin soltar al mago.

Snape volvió a hacer el hechizo de Lumos. Aun la miraba a los ojos y tenia una sonrisa un poco más grande que la anterior.

- Como lo odio.- Le bramó a Snape.

- Parece que no lo suficiente como para soltarme.- Le respondió Snape señalando con un movimiento de la cabeza la mano de Hermione que sujetaba firme la tela negra de su tunica.

La muchacha no había notado que no lo había soltado, pero luego del comentario lo soltó de inmediato.

- Buenas noches.- Se despidió enfadada y se dirigió rápidamente hacia la puerta, pero una vez que traspaso el marco se detuvo en seco y muy despacio se volteo para encontrarse a un Snape mirándola con una ceja levantada.

- Profesor...- Llamó Hermione.

- ¿Si?-

Serró los ojos y conteniendo el aire dijo:

- ¿Puedo... puedodormirconusted?.- Preguntó la muchacha tan rápido que no se le entendió.

- ¿Qué?- Pregunto el mago haciendo un gesto, como agudizando el oído.

La castaña roja de bronca y vergüenza hizo chirriar los dientes. - No me haga repetirlo, no me es fácil tragarme mi orgullo, ¿sabe?- Le reprocho Hermione frunciendo el ceño.

- Me sabrá disculpar.-

- Bueno… supongo que no me dejará más alternativa que volvérselo a decir… ¿verdad?- Dijo resentida, hizo una pausa para respirar hondo y luego muy despacio pronunció. - ¿Puedo... dormir... esta noche... con usted?- Al terminar con el calvario de palabras, Hermione serró con fuerza los ojos, esperando una reprimida departe de su profesor, con un leve rubor en sus mejillas.

El mago se quedo mirándola, sin saber que responderle. - ¿Esta segura?- Fue lo único que pudo salir de su boca.

- Si…-

- Bien, pero... ¿dónde....?.- Empezó Snape, pero la muchacha lo interrumpió.

- En el suelo.-

- Muy bien.- Fue la corta respuesta del mago. Hermione sintió un gran alivio con aquella respuesta, pero al cabo de unos pocos segundos una pregunta, nada placentera le vino a la mente. "¿Cómo rayos me cambio?" Pero enseguida pensó que podría ir al baño a cambiarse, con la ayuda de su varita.

- Vuelvo en un momento.- Le interrumpió el profesor desapareciendo por el marco de la puerta. Dejando a Hermione con los nervios crispados, sola y a oscuras, por un momento pensó que hubiese sido igual que si se hubiera marchado a dormir en la planta baja. Aun que gracias a Merlín, pudo recordar que llevaba su varita en el bolsillo interno de su campera.

- Lumos.- De la punta de la varita de la hechicera aprecio una pequeña luz. "Aprovechare y me cambiare lo más rápido posible."

Primero, se despojo de un tirón de sus zapatillas, que volaron por la habitación para aterrizar en una esquina de la misma; luego de sus pantalones, campera y polera, que terminaron no muy bien dobladas en el piso y por ultimo de su sostén, quedando casi desnuda, a excepción de su braga y medias. Tomó su pijama rosa y comenzó a ponérselo un poco más calmada, olvidando que en cualquier momento podía volver Snape. Y sin saber que alguien la observaba atentamente desde el otro lado de la puerta.

"Bueno... ya esta, mucho mejor. Ahora a esperar a Snape."

Se sentó en la cama a esperar, cuando miro hacia el frente, distinguió una silueta marcada suavemente por la luz que emanaba su varita.

- Profesor...- Dijo ruborizándose. Allí estaba su maestro, vestido con un conjunto pijama azul oscuro y observándola con una mirada extraña.

- ¿Ya termino?, ¿o todavía le falta dos horas más para acostarse?- Se quejo avanzando hasta la cama de su alumna.

- No.- Contestó enfadada. - Solo... tengo que poner unas mantas y una almohada en el suelo y ya.- Respondió algo ofendida.

- Entonces apresúrese, estoy cansado.-

Hermione lo miró con el seño fruncido y se acercó a un armario, donde sacó las mantas y una almohada, luego las extendió en el suelo, cerca de la cama.

Snape se acostó y se tapó con las mantas, mientras miraba como su alumna lo imitaba en la precaria cama en el suelo.

La castaña tomó su varita y dirigiendo su mirada a su profesor, se despidió:

- Buenas noches profesor, que descanse, Nox.- La pequeña luz se apagó al instante, dejando la habitación en penumbras.

- Buenas noches señorita Granger.- Respondió secamente Snape, mientras permitía a su fantasía liberarse…