Capitulo 3. "Nudo Ciego"
Aquella noche no había sido una de las mejores aún después de que la luz eléctrica volviera a funcionar, sobre todo cuando no quedaban más que recuerdos de su época juntos, incluso tratando de revivir las memorias no resultaba conveniente que todo regresara a la normalidad de golpe pues era extraño, sin duda. Choromatsu pensaba que nada podía ser más incomodo que escoger de nueva cuenta un lugar en el largo futon donde durmieron alguna vez aunque estaba seguro que mantendrían el lado que se asignaron antes de que todo ocurriera y de que separaran sus caminos con el pretexto de velar un futuro que jamas consideraron un impulso propio o alguna clase de deseo personal
—Me siento como en una pillamada de adultos— comentó Osomatsu despreocupadamente, más que nada feliz por dormir de nuevo junto a tantas personas, diferente a Todomatsu él no sufría de fobia a la oscuridad, sin embargo si que le había causado vértigo yacer sumido en tinieblas sin el calor de otros cuerpos en aquel espacio que nunca le pareció tan extenso en su vida. Su comentario a Choromatsu no tardó en irritarlo, principalmente cuando los ojos del mayor se giraron disimuladamente en dirección a Karamatsu antes de desviar la mirada y gestar una expresión de tristeza. ¿Qué demonios significaba esa cara? La situación al tercer hermano lo estaba poniendo de malas.
—Choromatsu-niisan
—¿Ah?— el aludido reaccionó al llamado del quinto hermano quien palpaba a su lado del futon con entusiasmo mientras le sonreía con cierta dulzura, algo que -si bien no lo relajó- le ayudó a contener sus impulsos pues no era su estilo moverse por la pasión momentánea, no cuando estaba seguro de lo que daría lugar cuando Osomatsu se posicionara a su costado bajo las mantas del futon. Se arrodilló sobre este y gateo hasta la zona donde Jyushimatsu estuvo golpeando, resignado a comportarse con naturalidad para las horas que quedaban de la noche pero una voz se hizo escuchar de pronto, haciéndolo girarse para descubrir al autor de esta de pie a su lado
—Choromatsu-niisan—el acento de Ichimatsu desprendía indiferencia pero el que le asistiera lo sorprendió y al levantar la mirada apreció su monótona mirada aburrida, una que parecía emitir una fuerte aura de odio y rencor en su estado más puro
—¿Qué sucede?
—Cambia de lugar conmigo
—¿Por qué?
—Te lo estoy pidiendo, no quiero estar junto al imbecil de tu hermano
—Es tu hermano también— renegó como primer respuesta, contando mentalmente hasta diez para calmarse, extrañado con la petición, después de todo Ichimatsu nunca se había quejado de dormir junto a Karamatsu pese a lo mucho que pregonaba detestarlo y el que se lo solicitara ahora lo había dejado anonadado. No tenía idea de qué respuesta darle y qué consecuencias podría tener ceder a su capricho —Bueno, esto es muy repentino...
—¡Yo lo tomaré!— exclamó Jyushimatsu de pronto sin dar lugar a las dudas, atrayendo la atención de todos sus hermanos justo en el momento que saltó y calló sobre el involucrado indirectamente en la conversación, tumbándolo sobre la almohada con brusquedad y ganándose la confusión del mismo ya que las acciones de su hermano -además de impredecibles- no tenían un razonable motivo de ser
—¿Jyushimatsu?— la mirada del segundo hermano exigía respuestas
—Atrapé a Karamatsu-niisan. Jaha~
—Ah...— Karamatsu tardó un poco en reaccionar, el menor lo había tomado desprevenido —¡Oh! Si, me atrapaste, my brother— dijo con una sonrisa galante, no tenía nada de malo tratar de mimar a sus hermanos como antiguamente llegó hacer
—¡Ahora no te dejaré ir!
—¿Qué dices? ¿No estamos todos en el mismo futon?
—Pero por esta noche Karamatsu-niisan es mio
Aquellas palabras crisparon involuntariamente los nervios de Osomatsu, dejandole una nada agradable sensación fría recorriendo toda su anatomía sin imaginar lo que esta había provocado en sus músculos faciales cuya expresión no pasó desapercibida por Choromatsu, volviendo a molestarlo. ¿No podía dejar de ser tan obvio? Karamastu se quedó pasmado sin saber cómo contraatacar ese juego de palabras y, aunque lo dudaba, no sabía si Jyushimatsu lo había dicho intencionalmente o sólo era descuidado al hablar como siempre
—No lo digas de esa forma, Jyushimatsu-niisan, se escuchó bastante extraño— se quejó Todomatsu desde su lugar en el futon bajo la cobija, dedicándoles una mirada de asco
—¿Ah, si? Pero Totty no se molestará conmigo, ¿verdad?— cuestionó Jyushimatsu sin desaparecer la extensa sonrisa formada en sus labios
—¿Ehh~ ? ¿Por qué habría de molestarme?— el gesto del menor de los seis esta vez se había vuelto tierna, insinuante, similar a la de una novia que coquetea con su pareja bajo el hechizo de una velada romántica. Karamatsu quería creer que imaginaba cosas.
—Si ya terminaron de perder el tiempo inútilmente, apagaré la luz— las palabras aplastantes del tercero hizo que todas las miradas se posaran en su silueta de pie frente al contacto, despreciandole en silencio
—Siempre tienes que arruinar el ambiente con tus ordenes. Veo que muchas cosas no han cambiado en ti. Me das pena— dijo Todomatsu haciendo una mueca burlona, la mirada de Choromatsu se afiló peligrosamente, destilando cierto brillo a amenaza, uno que el sexto de los Matsuno esquivó educadamente, casi como sino hubiese jugado con fuego hace unos instantes —Pero bien, tengo sueño, no será malo para ninguno recuperar las horas que perdimos en nuestras vidas privadas
—Cansancio, cansancio— canturreó Jyushimatsu, acompañando las palabras del menor
—Sólo duérmanse ya, ¿quieren?— seguido de su dictamen la oscuridad se hizo presente, cubriendo con su espeso manto a quienes se acurrucaron en sus lugares. Choromatsu volvió a su zona, sintiendo tibieza a sus costados, Ichimatsu y Osomatsu habían calentado rápidamente el futon con el calor de sus cuerpos, enfebreciendo la falta de costumbre a esta sensación tan natural; se sorprendió de lo sencillo que hubo sido para él olvidar y dejar de extrañar tener contacto con sus hermanos, aquel cariño que mantiene viva a una familia común en el seno de la sociedad moderna y es que para él nada pareció tan vulgar como los contactos fraternales, el mismo contacto tibio que se coló bajo sus ropas en un lapso de veinte minutos sin conciliar el sueño pero con intenciones poco inocentes, erizandole la piel. Choromatsu conocía aquellos dígitos traviesos que se aventuraban de forma sinvergüenza por su estomago, jugando con el resorte de sus pantalones y siguiendo con sus calzoncillos hacia adentro sin llegar demasiado lejos. Gruñó y se removió inquieto, victima de sus reacciones sensitivas corporales
—Oye, deja de hacer eso— susurró revelando molestia en su acento, las ansias a flor de piel en su sistema por apartarlo de su espacio personal de modo primitivo. En respuesta Osomatsu se atrevió a tocar más al fondo, divertido —¡Oye!
—¿No querías hacer esto conmigo?
—¿Qué... ?
—Ha pasado tanto tiempo desde la última vez, ¿no crees?— las manos de Osomatsu se deslizaron bajo las prendas, tocando directamente aquello que delataba el verdadero rostro con el que Choromatsu estaba afrontando el suceso; manos sobre su piel desnuda, aliento pululando en sus orejas y un murmullo ansioso saboreando los estremecimientos, evidenciandolo —Puedo sentirlo... tu cuerpo ya está encendido
—Suéltame, idiota— ordenó, aclamó, exigió. Aquello no le provocaba el menor placer, efectuar un acto carnal sobre el futon donde todos sus hermanos yacían presentes -quizás hasta ignorantes de que alguno estuviera despierto en ese momento- era una obscenidad que no estaba dispuesto a cometer otra vez, muchas cosas habían cambiado para ellos dos, las cuales no quería pensar siquiera en reparar —Te digo que me sueltes
—¿Por qué?
—Es extraño. No importa por dónde lo mires, dos hermanos haciendo esto es asqueroso
—Dices eso pero mírate cómo estas— susurró lascivamente, dejando en evidencia al menor acerca de su respiración alterada y mejillas ardiendo en deseo, agitado por los tortuosos movimientos que realizaba la mano de Osomatsu en su entrepierna —Tu cuerpo no parece notar la diferencia entre un amante nocturno a un familiar como yo. Me estas excitando, Choromatsu, ¿no piensas hacerte responsable?
El mayor se frotó contra el cuerpo de Choromatsu, obligandole a percatarse de la dureza en su propia entrepierna, una realidad que lo hizo repeler inconscientemente
—Hazte cargo de eso tú mismo, maldición...
—No seas aguafiestas, frota el tuyo con el mio. Sólo nos masturbaremos juntos, eso no afectará a nadie, ¿sabes?
—No.
—Eres tan terco— Osomatsu bufó encantado con la resistencia de su hermano quien mantenía la mirada fija en la espalda de Ichimatsu, suplicando por que no estuviera despierto escuchándolo ahogar sus gemidos contra la almohada, la cual mordía obsesivamente tratando denegar su propia e injustificada lujuria. Odiaba ser arrastrado por los juegos de Osomatsu, se sentía sucio en cuerpo y alma cada vez que accedía involuntariamente a formar parte de estos actos indecorosos, odiaba sentirse tan bien
—Osomatsu-niisan... eres un hijo de puta— espetó con furia antes de girarse para quedar frente a frente con quien se había impresionado bastante con sus acciones, Osomatsu no había esperado que tomara la iniciativa de sujetar ambos miembros, unirlos en un desesperado vaivén que incluso a él había fascinado, provocando el efecto esperado en su organismo entero; los espasmos habían tomado su juicio, dominándolo mientras se deleitaba con la visión delante de sus ojos, su hermano menor lucía concentrado en el trabajo manual y gestaba cada estremecimiento en medio de una mueca de desagrado total
—Choromatsu...— el nombre del tercer hermano salió de su garganta cargado con necesidad, infestado por impulsos carnívoros, hambrientos —Lo haces muy bien, haz mejorado. ¿Lo hacías seguido cuando vivías sólo?
—Cierra la boca
—Jeje, pervertido
—Mira quien lo dice— contraargumentó con irritabilidad, evitando la mirada insistente de Osomatsu posada deliberadamente sobre su rostro contraído, gestando incertidumbre más que el innegable placer que sentía vibrando desbocado en su vientre como un hormigueo presa de la adrenalina y es que no podía evitarlo después de haberse entregado a ello, disfrutándolo de la misma manera que disfrutaba ver a Osomatsu completamente excitado a causa suya, porque nadie más podía complacerlo como él seguro hacía, nadie, ni siquiera Karamatsu —Fuiste tú quien esperó demasiado para que esto sucediera, eres asqueroso, Osomatsu-niisan
—Veo que no puedes dejar de alimentar tu ego como en los viejos tiempos
—¿Qué ego? Lo que digo es la verdad
—Egolatra~
—¡Oy-
La replica de Choromatsu fue interrumpida por el desesperado choque de labios ejecutado por el mayor que no dudó en introducir su lengua dentro de la cavidad contraria, deslizándola hacia adentro y más adentro con el objetivo de mantener los gemidos de Choromatsu guardados solamente para ellos, gemidos de reproche y replicas que Osomatsu prefirió ahorrarse a seguir escuchando sus tonterías mientras lo incitaba acelerar los movimientos de su manos chocando sin orden entre si hasta que la garganta de ninguno pudo más, separándose en un impulso por recuperar el oxigeno que habían perdido en ese nuevo método de asfixia colectiva
—Espero que te mueras muy pronto, infeliz— logró articular entre exhalaciones forzadas en un intento de hacer circular el aire en su sistema respiratorio pero sin cesar las calientes caricias que parecía necesitar más que nadie en su cuerpo
—Oh, Choromatsu, eres tan tierno— se mofó Osomatsu dedicándole una sonrisa cruel, casi demoníaca, colándose en sus facciones naturales con excesiva confianza
—Hablo en serio
—Apuesto a que es verdad— Osomatsu aproximó el rostro al de su hermano con cautela, preparando su siguiente movimiento —Es por eso que no me canso de ti
Las cejas de Choromatsu se fruncieron, asqueado por aquella sonrisa compasiva, el aliento del mayor había acariciado sus labios haciéndole cosquillas, aclamando por su propia satisfacción sin embargo no lo volvería a besar ya que hacerlo sería tirar por la borda el promiscuo autocontrol que se había impuesto a si mismo para no demostrar cuan celoso estaba de la genuina atención que le dedicaba al segundo de los seis. Sonrió, gesto alimentado por la vanidad y los pensamientos que se habían anidado en él esa noche que había comprobado lo que estuvo sospechando desde el principio sin apelar a la verdad, riéndose del mayor por lo deplorable de su estado y de su mismas alteraciones emocionales.
—Estas jodido entonces, Osomatsu-niisan
—¿Eh?
—Ahora, más que antes, estas jodido— declaró apretando ambos miembros sin medir sus fuerzas, incluso encajandoles las uñas con alevosía, lastimandolos dentro del acto
—¿Eh? Duele. ¿Esto es un nuevo gusto sexual, Choromatsu?— cuestionó Osomatsu dejando que el dolor nublara la comodidad con la que estuvo su cuerpo gozando las ágiles manos de su hermano. Jadeó notando cómo su miembro comenzaba a palpitar, el dolor no era una de sus preferencias y lo sabía, no le gustaba y dudaba que Choromatsu hubiese comenzado a practicarlo, la expresión adolorida que gestaba en sus músculos faciales lo decía todo: tampoco lo disfrutaba —Detente... ¡oye! Basta... no me gusta, esto no es...
—¿No dijiste antes que mi modo de masturbarnos te gustaba? Anda, disfrútalo
—Esto es diferente— Osomatsu, molesto por la sensación punzante en su zona baja, intentó safar el agarre con el cual Choromatsu tenía aferrado sus miembros pero al darse cuenta que sus esfuerzos eran inútiles optó por usar el plan B —Choromatsu, Choromatsu... ah, gritaré sino me sueltas, sabes que eso despertará a nuestros hermanos
Ante su amenaza Choromatsu no tuvo otra opción que acceder a sus demandas, aunque lo hizo de forma abrupta, haciéndole saber sobre su frustración al respecto; entonces se giró sobre su lugar para darle la espalda al mayor, fingiendo ahora que dormía, como si nada hubiese pasado pero Osomatsu no pensaba permitir que le ignorara de esa manera
—Choromatsu, maldito, ¿cuál demonios es tu problema? El día de ayer fuiste más accesible
—Cállate, me cansé de estos encuentros, es lo único que pasa. Somos hermanos, hasta un mocoso enclenque sabría lo que conlleva nuestra situación
—Por favor, eso es cuento viejo. ¿Qué esperas que haga para que aceptes los nuestro sin tantas quejas?
—Si te interesa saber la respuesta te callaras y me dejarás dormir
Osomatsu chasqueó la lengua inconforme pero no agregó nada más, sin ánimos suficientes para rogarle a alguien tan terco, sobre todo cuando su zona baja dolía como el infierno por su culpa.
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Así pasaron las horas, los minutos que se le antojaban siglos, los segundos que se sentían eternos. Los ronquidos acompasados de sus hermanos a su lado lo relajaban pero inquietaban al mismo tiempo, giró su cabeza en dirección a Choromatsu que aún le daba la espalda, suponiendo que estaba dormido no lo molestó, prefiriendo dejarle en paz ya que se sentía resentido todavía por el daño causado a su orgullo masculino, como prefería ó al recordar ese rostro furioso tocado por una pizca de placer, el Choromatsu malhumorado que conocían era tan distinto al que conocía él en la intimidad de una mirada discreta, el Choromatsu que se movía y hablaba diferente a aquel que se había colado bajo sus brazos para efectuar el sexo entre varones. ¿En qué momento había iniciado todo eso? Choromatsu había sido su compañero de travesuras en alguna época pero el que se dieran a llevar de tal forma no tenía nada qué ver con el compañerismo que compartieron en esa niñez lejana e incierta. ¿Qué clase de relación compartían? Se preguntó pues el pensar a fondo durante las noches se había convertido en un habito que conservaba desde el momento en que inició el conteo de noches a solas y frías madrugadas sin gemidos somnolientos. ¿Qué hacía a este amor de nada más que caricias y experiencias compartidas diferente del amor con el que se enlazaba a la existencia de Karamatsu? Ambos eran hermanos como lo eran con Choromatsu. ¿Por qué buscaba al tercero mientras evitaba al segundo? ¿No era aquello algo contradictorio? Un capricho fraternal, ¿quizás?
Esta vez giró la cabeza en dirección contraria sólo para ver el rostro de Todomatsu gestando una mueca de paz absoluta cuya suavidad logró que Osomatsu se riera brevemente, conforme de que no hubiese tenido problemas para conciliar el sueño, se removió para acomodarse sobre la almohada en un angulo más alto, buscando la manera de percibir la figura de Karamatsu pero fue inútil, lo único que alcanzó a visualizar fue el contorno de sus cabellos oscuros. Decidió entonces que se levantaría pero cuando lo hizo se arrepintió enseguida, la imagen de Karamatsu siendo abrazado por el mismo sonriente Jyushimatsu -aún dormido- logró despertar en su estomago algo que ardió como el fuego y se extendió por cada una de sus venas, quemandolo de la misma manera que lo hizo cuando escuchó al quinto hermano aclamar su marca de pertenencia en Karamatsu, decir tan desfachadamente que le pertenecía. Volvió a su posición e intentó tranquilizarse pensando en que exageraba las cosas, Jyushimatsu no era como lo imaginaba, seguramente así se comportaba con Choromatsu todas las noches, seguro que en algún punto del sueño terminaba rodeando a cualquiera de sus hermanos con sus brazos por mera comodidad, porque era cómodo dormir con sus brazos rodeando a alguien, era natural que lo hiciera con Karamatsu ya que había cambiado de lugar con Ichimatsu. No era nada de lo cual preocuparse; apretó la cobija del futon entre sus dedos como lo hizo con su mandíbula, sus dientes rechinando y su cuerpo entero tenso.
—Maldita sea... — susurró para sí, no pudiendo mantener más esa farsa. Estaba furioso.
