IV. A veces, el poder es terrible
1 año después
– Están de pie frente a la Reina Daenerys Stormborn de la casa Targaryen, primera de su nombre, madre de Dragones, Khaleesi del Gran Mar de Hierba, la que no arde, protectora de los inocentes y rompedora de cadenas. – Cuando la voz de la chica de piel bronceada se apagó a su lado, Daenerys reprimió el impulso de voltear los ojos. Los títulos eran meramente formalidades y desde hacía algún tiempo le molestaba la forma en que sonaban de la boca de alguien que no fuera Missandei. La hacían sumergirse en memorias amargas de un pasado que luchaba diariamente por enterrar en su cabeza.
Apretó ligeramente la mandíbula y se obligó a poner toda su atención en los tres hombres que la miraban a los pies de los escalones del trono donde ella permanecía sentada.
– Lord Connington, bienvenido a Meereen – saludó Daenerys, después de una pequeña pausa. El hombre que se encontraba en medio de los tres hizo una reverencia con la cabeza y sus acompañantes siguieron su ejemplo –. Y bienvenidos… – Miró a los hombres que lo acompañaban con una ceja levantada, cuestionando en silencio su identidad.
– Balaq el Negro, el comandante de nuestros arqueros, su majestad, – Lord Connington señaló al hombre a su derecha, alto, de cabello largo y piel tostada con largas cicatrices en el rostro que lo hacían lucir salvaje y feroz –. Y este es Ser Brendel Byrne, uno de mis sargentos – dijo y se giró al hombre fornido a su izquierda, de cabello corto grisáceo y rostro serio que la miraba con intensidad, estudiándola.
Daenerys les asintió a los hombres con cordialidad y se tomó un par de latidos de corazón para examinar particularmente al hombre que tenía directamente enfrente de su campo de visión.
Lord Connington era un hombre de estatura media, fornido, con barba prominente y cabello largo de color grisáceo con raíces de un color rojizo ardiente y pobladas cejas del mismo color. Sus ojos azules la miraban de forma profunda y cautelosa, y cuando su mirada encontró la suya, sus orbes brillaron con algo que a Daenerys le recordó vagamente a la nostalgia.
– Usted luce exactamente igual que su hermano Rhaegar, su majestad. – Hizo una pausa, sin dejar de mirarla profundamente y sonrió. – Él era… un buen amigo mío. – Daenerys sintió como su corazón daba un vuelco, un sentimiento de tristeza y nostalgia que hacía largo tiempo no sentía se instaló en el centro de su pecho y estrujo brevemente su corazón.
Entrelazó sus manos sobre su regazo, apretándolas fuertemente, y se irguió en su postura, intentando controlar el latir descontrolado de su corazón y mantenerse serena por lo menos en su expresión.
– Tengo entendido que usted era la Mano de mi padre, mi Lord ¿es correcto? – preguntó por cortesía, a pesar de escuchar su propia voz salir fría de sus labios, sabiendo de antemano la respuesta a su pregunta.
– Así es, su majestad, por un corto periodo de tiempo. Mi derrota por las fuerzas rebeldes en la Batalla de las Campanas fue motivo para que su padre me desterrara de Poniente y revocara mi cargo – respondió sin flaquear su sonrisa o dejarse amedrentar por la expresión seria que Daenerys no dejaba de dirigirle.
– Entiendo, mi Lord y por eso mismo no comprendo su presencia aquí, ¿tendría que sentirme amenazada por el ejército que ahora mismo descansa fuera de la ciudad? ¿Por venganza quizá? No sería la primera vez que la Compañía Dorada se declara como enemigo hacia mí o hacia mi gente.
– Le aseguro que no somos sus enemigos, su majestad – respondió rápidamente y dio un paso al frente, sin desviar la mirada de sus ojos violetas a pesar de la postura amenazante de los Dothraki que custodiaban su seguridad. Daenerys sintió a Gusano Gris moverse a su lado y ella levantó rápidamente la mano para reafirmarle que todo estaba bien, encontrando sus ojos brevemente –. Primero que nada, su majestad, permítame contarle una pequeña anécdota – empezó –, intenté llegar a usted, antes de su partida hacia Poniente. Me temo que en mi camino hacia Volantis me infecté de psoriagrís y no pude alcanzarla. Fueron… tres largos años desde entonces, pero finalmente puedo presentarme ante usted y cumplir mi juramento hacia su familia. No todos los miembros de la Compañía Dorada compartimos las decisiones deshonrosas que el comandante Harry Strickland tomó apoyado a la casa Lannister.
– Mi hermano Viserys solicitó la ayuda de la Compañía Dorada y celebró un banquete con sus capitanes. Después de escuchar sus suplicas, ellos sólo se rieron de él… ¿Por qué habría de confiar en ustedes?
– Yo no estaba entre aquellos hombres en esa época, su majestad. Usted es la legítima heredera al Trono de Hierro y la última descendiente de la casa Targaryen. Venimos a jurarle lealtad a usted, mi reina. Nada me complacería más que jurarle mi espada y mi vida en memoria de su hermano Rhaegar. Le fallé a él y le fallé a usted al no llegar a tiempo a su lado, pero pretendo no fallarle de ahora en adelante, si me lo permite.
Daenerys lo observó fijamente por unos minutos, apretando firmemente sus labios en una línea recta con expresión dura y seria. Las manos perdieron su color conforme las estrujaba sobre su regazo y el corazón le palpitaba tan fuertemente que estaba segura que todos en aquel recinto podían notarlo.
¿Legítima heredera al Trono de Hierro y última descendiente de la casa Targaryen? Pensó con amargura. La expresión se le ensombreció mientras evocaba el recuerdo de un hombre apuesto de rizos oscuros y ojos profundos. Cerró los ojos mientras el dolor sobre el pecho era casi inaguantable y aspiró aire profundamente antes de abrirlos y exhalar con pesadez, sin borrar aquella expresión fría que le regresaba la mirada en el espejo cada mañana, sorprendiéndola cada nuevo día.
Algunos fantasmas nunca dejarán de atormentarme, pensó y se obligó a encontrar los ojos azules de aquel hombre que la miraba con curiosidad y cautela.
– Tal vez sería bueno que habláramos en privado de algunos nuevos acontecimientos, mi Lord. Sería un honor si me acompañara durante el almuerzo para conversar cómodamente – ofreció, forzando una sonrisa –. Después podemos discutir el tema de las lealtades.
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Arya observó cómo su hermano Jon se dejaba caer sobre el césped con los brazos y las piernas extendidas, dejando que su larga espada Garra se deslizara por entre sus dedos y mirando el cielo mientras Fantasma se revolcaba alegremente a su costado. Él se pasó la mano para secar el sudor de su frente y se cubrió ligeramente los rayos del sol, aspirando aire por las fosas nasales y exhalándolo profundamente por entre los labios, recomponiendo su respiración después de su entrenamiento.
Ella se sentó a su lado, dejando descansar su espada Aguja a solo unos centímetros de distancia, y también levantó su mirada hacia el cielo despejado, sonriendo ligeramente. Cuando escuchó el profundo suspiró de su hermano, se giró a mirar su rostro de nuevo.
Ver sus ojos y su frente fruncida bajo una capa de melancolía hacía que Arya sintiera una presión incómoda en el pecho. Había una nube negra y sombría que siempre perseguía a su hermano desde que ella se había marchado hacía poco más de un año, y por más que intentara distraerlo o ayudarlo, él parecía incluso más taciturno que antes.
– ¿Sigues pensando en ella? – preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Jon suspiró y descansó la palma abierta de su mano sobre sus ojos cerrados.
– Todos los días.
Arya reprimió el gruñido de frustración que se atoró en su garganta y tosió para esconder su molestia. Tomó agua de la cantimplora de cuero que siempre llevaba en su cintura y se la ofreció a su hermano antes de hablar.
– Jon, ha pasado más de un año – murmuró entre dientes, desviando su mirada hacia Fantasma, que disfrutaba la sombra refrescante de un árbol –. Ella está en otro continente, es hora de que sigas adelante – dijo, sin querer lastimarlo. Odiaba verlo en ese estado. Jon, de entre todo el mundo y tras todo lo que había sacrificado y hecho, merecía un poco de felicidad. Y gracias al fantasma de ella, su hermano parecía no poder encontrar esa paz que tanto necesitaba –. Dentro de unas semanas Sansa regresará a Invernalia y he… he estado pensando en ir con ella. Por una temporada, por lo menos, ¿por qué no vienes con nosotras? Te hará bien regresar a casa.
– Sabes que no puedo, Arya… necesito estar aquí – murmuró él como única respuesta.
Arya dejó escapar un nuevo suspiro de frustración y lo miró de nuevo.
– ¿Por lo menos has considerado la realidad de que ella nunca regrese? – preguntó, con exasperación en la voz.
Jon abrió los ojos y la miró, haciendo una mueca, con aquella tristeza profunda ensombreciéndole la mirada.
– Ella nunca va a regresar, Arya. Eso lo tengo muy presente.
Arya frunció el ceño y, con resignación, se dejó caer de espaldas sobre el césped dispuesta a dejar el tema por la paz, sin entenderlo completamente.
La ansiada primavera en Desembarco del Rey había sido recibida con los brazos abiertos. Finalmente la brisa helada se había convertido en una brisa refrescante bajo un sol lo suficientemente cálido y acogedor que ambos hermanos disfrutaban cada tarde en sus entrenamientos. Sansa, Arya y Jon habían permanecido en la ciudad para acompañar y ayudar a su hermano Bran a reconstruir el reino, resolver algunos problemas políticos, lidiar con Lores ansiosos de poder y ayudar a todos los inocentes que habían recibido el daño colateral de la guerra… aunque en realidad, Sansa y Tyrion se habían encargado de toda la logística del reino y la política junto a Bran, y Arya, Jon y Ser Davos se habían enfocado a las necesidades del pueblo y a la seguridad. Asimismo, con una pequeña prosperidad restableciéndose poco a poco, Sansa finalmente había decidido regresar a Invernalia como la nueva Guardiana del Norte.
¿Y Jon? Bueno, su hermano había solicitado un puesto en el consejo del rey, sin ningún título en particular, a veces tomaba parte de la Guardia Real sin haber ofrecido ningún tipo de juramento, otras veces solo daba opiniones o ideas para ayudar a las necesidades de la población, y el Rey Bran y el consejo en general se lo permitía. El antiguo bastardo de Invernalia era un héroe en los ojos de muchas personas, no solo por su victoria en el Norte contra el Rey de la Noche, sino, para disgusto de él, por su participación en derrocar a la reina tirana Cersei Lannister y en la posterior derrota y expulsión (como a muchos les gustaba pensar) de la Reina Loca de Dragones y su ejército extranjero.
La mayoría de la población sabía el poder que había tenido la última descendiente fémina de la dinastía Targaryen y alguien (Arya sospechaba que bajo las ordenes de su hermana) había divulgado el rumor de que Jon de las casas Stark y Targaryen se había rebelado contra su reinado después de la masacre en Desembarco del Rey, lo que había causado su aprisionamiento, para posteriormente negociar la paz con ella y convencerla de marcharse de Poniente sin mayor derramamiento innecesario de sangre.
Arya sabía muy en el fondo que mucha gente creía aquellos rumores solo por el placer de construir una falsa realidad con la que pudieran conectar o satisfacer su imaginación. Ella no sentía ningún placer en particular escuchando las palabras venenosas y el rencor de la gente hacia Daenerys Targaryen, tampoco es que le interesara demasiado, a decir verdad, pero su hermano parecía cada día más miserable por eso y a ella se le retorcía el corazón solo de verlo.
Cuando estaba a punto de decirle algo para aligerar el ambiente taciturno que se había construido alrededor de ellos, Jon se adelantó y habló primero:
– Aquel día en el Trono de Hierro, yo la hubiera matado ¿sabes? – le confesó, con voz rasposa. Se relamió los labios con pesadez y perdió su oscura mirada en el cielo –. Si ella no se hubiera apartado de mí, yo la hubiera matado. Dudé, con la daga en mi mano, por un instante dudé, pero ella fue la que se apartó. Cuando encontré su mirada, en mi cabeza sólo pasaron imágenes de cómo haría para acercarme a ella y matarla sin pelear… me parte el corazón, recordar eso.
– Jon – dijo Arya, pronunciando su nombre con apremio, – hiciste lo que creíste correcto en ese momento. Ella no estaba bien y tú sabías que debías detenerla por un bien mayor.
– No se siente correcto, Arya. Ella confió en mí y estuve a punto de matarla – dijo, haciendo una mueca de dolor. Arya había escuchado esas palabras más veces de las que podía recordar –. El recuerdo del dolor en sus ojos me perseguirá por el resto de mis días. Casi pude ver como se rompía algo en su interior y aun así en mi cabeza solo se repetían las palabras: 'es mi deber'.
Arya tomó su mano, entrelazando sus dedos con los de él y Jon le dio un ligero apretón sin dejar de mirar el cielo, en un agradecimiento silencioso.
– Ella me veía como su única familia y la traicioné y rompí mi juramento hacia ella. Conozco ese sentimiento… yo… – tragó saliva, como si le doliera físicamente pronunciar aquellas palabras –. Mis hermanos de la Guardia de la Noche me apuñalaron hasta la muerte y aun así intenté hacerle lo mismo a la mujer que amaba... que amo, – se corrigió –. No importan las circunstancias. Ese tipo de traición es… horrible y sólo… sólo quiero mantener mi promesa está vez, incluso si me toma toda la vida. Necesito estar aquí por si ella me necesita – murmuró y Arya solo pudo suspirar con pesadez –. Estoy cansado de elegir el deber por sobre todo lo demás.
– Intentaste hablar con ella, Jon. Has hecho todo lo humanamente posible para redimir tus errores, no deberías sacrificar toda tu vida o felicidad por ella.
– No es suficiente – dijo y se giró a verla, sus ojos se oscurecieron –. Lo único que me trae paz en estos momentos es saber que ella está viva en algún lugar del mundo y sólo deseo que encuentre su felicidad sea como sea.
– Tú definitivamente eres un norteño honorable y estúpido – dijo, resignada, y Jon le sonrió ligeramente, aunque el humor no le llegaba a los ojos. Finalmente, como si no le quedara otra cosa que argumentar, dijo: –. Estaré de regreso en unos meses, hermano, cuida a Bran por nosotras.
Jon asintió y tras unos segundos, ambos se levantaron al tiempo que las campanas de la recién remodelada Fortaleza Roja anunciaban el medio día, lo que indicaba que Jon tenía poco tiempo para llegar a la reunión del consejo de aquella tarde.
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Lord Connington la miraba con una expresión entre sorprendida e incrédula. Daenerys tomó un sobro de su té de menta y se relamió los labios disfrutando el ligero sabor dulce y cálido de su bebida, manteniendo una mirada impasible sobre su acompañante.
El Lord, que estaba sentado justo en su extremo contrario, carraspeó ligeramente y se removió en su lugar.
– ¿Un hijo legítimo, dice? – preguntó, aunque ella había contado la historia de Jon con lujo de detalles.
– Así es – respondió, pacientemente.
– Es increíble… – la miró –, es decir, estábamos en guerra… definitivamente no hubo tiempo de hablar de esas cosas. Nunca creí esas mentiras que dijeron sobre él, siempre pensé que era una clase de farsa que se utilizó como excusa para iniciar la rebelión. Yo lo conocía bien, Rhaegar siempre odió la violencia – afirmó y dejó escapar un suspiro –. Ned Stark debió ser un buen padre para el príncipe. Era uno de los hombres más honorables que tuve el placer de conocer.
Daenerys dejó su taza de té sobre la mesa y llevó sus manos a su regazo, pretendiendo alisar las ondulaciones de su vestido blanco de seda, cuando en realidad quería esconder el nerviosismo que le causaba recordarlo a él.
– Jon… Aegon es el hombre más honorable y honesto que conozco, tanto que a veces era irritante, – logró articular y forzó una sonrisa. Lord Connington le regresó la sonrisa y asintió en silencio, de acuerdo con su declaración –. Tuvo una buena infancia, mi Lord, se lo aseguro. Aunque las dificultades de la guerra afectaron cada rincón de Poniente y eso no lo excluyó a él.
El hombre la miró y se quedó en silencio por unos segundos, pensativo.
– Hay algo que no entiendo, escuché que un Stark se declaró Rey de los Siete Reinos.
– Seis – corrigió Daenerys, cortésmente. El hombre frunció el ceño.
– Creo que me falta parte de la historia, su majestad. Muchos rumores suenan en todo Essos acerca de su regreso – dijo y llevó una mano hacia la copa de vino que descansaba sobre la mesa. La levantó y se quedó mirando el líquido carmesí claro por un par de latidos de corazón antes de decidir dar un ligero sorbo.
– ¿Cuáles son los rumores, mi Lord? Yo podría llenar con gusto los huecos faltantes.
Él levantó su mirada de nuevo hacia ella y le sonrió ligeramente.
– Se dice que usted conquistó Poniente.
– No creo que eso sea enteramente la verdad – dijo y tomó de nuevo su té entre sus manos, aunque sólo se dedicó a observar el líquido y a tamborilear los dedos sobre los bordes finos de la taza –. Intenté… salvar Poniente… solo que… fallé – admitió con un suspiro pesado.
– Usted se fue de aquí con tres enormes dragones y un vasto ejército, y regresó con un dragón y la mitad de sus fuerzas – dijo, aunque no era una pregunta, sino una afirmación más para sí mismo que para ella –. Pero usted tomó venganza contra los Lannister, su majestad, tomó venganza en nombre de su familia ¿no es eso verdad? ¿Cómo es que falló?
Daenerys titubeó antes de hablar –. Así es, mi Lord, derroqué a Cersei Lannister del trono pero también destruí Desembarco del Rey en el proceso.
– ¿Qué dijo el príncipe Aegon de todo esto? – preguntó con curiosidad tras unos largos segundos en silencio, sin dejar de fruncir el ceño, como intentando unir los puntos dispersos de todos los rumores que había escuchado.
Daenerys sintió una punzada de dolor en el centro de su pecho ante aquellas palabras, tanto por el nombre que alguien más había utilizado para referirse a Jon, como por las implicaciones y los recuerdos amargos que evocaba aquella pregunta.
– No estuvo muy contento por eso, mi Lord. – Furioso, a decir verdad, pensó amargamente y tragó saliva, intentando por todos los medios que la voz no le fallara –. Yo no estuve contenta por eso y tampoco estoy orgullosa.
– ¿No estuvo de acuerdo que usted vengara a su familia, mi reina? – preguntó, sorprendido.
Daenerys lo miró por un segundo antes de suspirar profundamente. Dejó la taza nuevamente sobre la mesa, incapaz de pretender que aún había algo que beber y apretó las manos sobre su regazo. Por alguna razón, hablar sobre esto con alguien que pretendía jurarle lealtad resultaba extremadamente difícil.
– Puede llamarme Daenerys, mi Lord, ahora solo soy reina de mi gente, – ofreció y soltó otro suspiro pesado antes de continuar –. Tras todo lo que he revelado este día, usted y yo sabemos que vino a jurarle lealtad a la Targaryen equivocada, aunque dudo mucho que Jon acepte completamente la herencia de su sangre. Me temo que él es un Stark más que un Targaryen – dijo y se llevó una mano a la sien para apaciguar el dolor que empezaba a palpitarle en el centro de la cabeza –. Maté a mucha gente que no merecía morir. Masacré una ciudad por una ambición y un sueño que me consumieron y me convirtieron en mi padre… incluso en algo peor que él. Por supuesto que Jon no iba a estar contente por eso, mi Lord, como le dije, él es un hombre de honor y justicia.
Lord Connington la miró y aunque Daenerys esperaba encontrar repulsión u horror en su mirada, lo único que encontró en esos ojos azules fue algo parecido a la compasión. Algo que tampoco le gustó, sin duda.
– ¿Entonces Aegon se proclamó Rey bajo el apellido Stark?
– No… es complicado – intentó explicar –. Su hermano Bran Stark es Rey ahora… es decir, su primo – se corrigió –. Jon, Aegon nunca quiso el trono.
El hombre se llevó una mano hacia el mentón y se quedó callado por unos minutos, procesando detalladamente la información recién adquirida. Daenerys esperó pacientemente a que él encontrara nuevamente su mirada antes de hablar.
– Estaré eternamente agradecida por su lealtad a la casa Targaryen, mi Lord, pero no puedo prometerle gloria bajo mi reinado. Estoy tratando de dejar esos días en el pasado.
– Su majestad… Daenerys, tú no eres tu padre – dijo y pronuncio cada palabra lentamente, sin dejar de mirarla con intensidad. A Daenerys le recorrió un sentimiento que hace un año podría haberla dejado al borde de las lágrimas. Apretó los labios y se irguió un poco más en su lugar, sintiendo los músculos de su espalda tensarse dolorosamente.
– No. Como dije, probablemente me convertí en algo peor. Tengo la sangre de miles de inocentes en mis manos y me temo que nunca podré expiar esa clase de pecados en lo que me resta de vida.
– No conozco completamente las circunstancias, Daenerys, pero por todo lo que me has dicho y por lo poco que he podido conocerte en este par de horas, puedo asegurarte que no eres tu padre y no eres peor que él – reafirmó y le sonrió ligeramente. De repente y sumamente nerviosa, Daenerys se sintió extremadamente expuesta ante los ojos azules y profundos de aquel hombre. Tragó saliva y tuvo que desviar sus ojos hacia sus manos, las cuales estrujaba fuertemente en su regazo. Incluso el collar de plata con la insignia del dragón de tres cabezas que rodeaba su cuello le resultó repentinamente pesado e incómodo.
Esos sentimientos complicados y dolorosos empezaban a resurgir en su interior y tuvo que pelear con todas sus fuerzas para no dejarlos ganar en contra de ella.
– Sé lo malvado que era mi padre, mi Lord.
– ¿En serio? Dudo mucho que alguien se atreviera a hablar de la verdadera maldad del Rey Loco, mi reina. Todos querían simplemente olvidarlo. – Ella levantó los ojos nuevamente para mirarlo, y tras un suspiro tembloroso, se obligó a recuperar su compostura.
– Mi padre asesinó niños frente a sus padres. Sé que imponía su propia forma cruel de justicia y disfrutaba de una forma retorcida quemar a las personas con fuego salvaje. No dejemos fuera el hecho que planeaba quemar Desembarco del Rey durante la rebelión, antes de que Jamie Lannister decidiera salvar miles de inocentes de su locura y lo asesinara. Sé, mi Lord, como fue que mi padre se ganó su nombre – murmuró fríamente, con un nudo amargo en la garganta. Sus siguientes palabras le penetraron el corazón de una forma tan dolorosa que tuvo que pelear con todas sus fuerzas para que las lágrimas no se derramaran de sus ojos –. Lo único que hice en Poniente fue terminar lo que él empezó.
– ¿Lo disfrutaste? – Daenerys tuvo que parpadear varias veces antes de procesar su pregunta y encontrar las fuerzas para responderle.
– Por supuesto que no – respondió con apremio y apretó tan fuerte la mandíbula que los dientes le dolieron. Sintiendo su incomodidad, Gusano Gris se removió en su lugar a unos pasos de ella.
– Bien… no eres tu padre, entonces. ¿Sabías que Aerys Targaryen era celoso, cruel y sumamente desconfiado, incluso desde joven? Sí, mi reina, su padre disfrutaba quemar vivas a las personas y torturarlas de las formas más viciosas. Tenía una fascinación repugnante por el fuego, temo decir. – Daenerys tragó saliva con dificultad, encontrando insoportable la resequedad molesta de su garganta –. ¿Sabías que tu padre abusaba de tu madre, Daenerys? Los rumores decían que la forzaba a mantener intimidad y la golpeaba. Nunca fueron felices, pero su matrimonio se tornó tan cruel que era imposible no sentir lastima por la reina, la propia hermana del rey.
Él se detuvo un momento, tratando de dejar que ella pudiera procesar lo que estaba escuchando. Daenerys sintió algo tan fuerte aplastarle el pecho que la dejó al borde del pánico, impidiéndole respirar como ella lo necesitaba.
Gusano Gris estuvo a su lado en un solo latido de corazón y le ofreció un vaso de agua. Ella aceptó el líquido refrescante y le dio un ligero apretón a la mano reafirmante que el comandante de sus Inmaculados colocó sobre su hombro. Dejó el vaso de agua sobre la mesa con manos temblorosas y encontró de nuevo esos ojos azules que la miraban con comprensión, incitándolo a continuar.
– Tu padre no confiaba en Rhaegar, su propio hijo ¿sabías eso? Tampoco en su amigo de la infancia y su primera Mano de Rey, Tywin Lannister. Ese era el extremo de su desconfianza. Creía que todos a su alrededor conspiraban contra él. La demencia se notaba en su rostro, Daenerys, en sus últimos años ni siquiera parecía él mismo. Menos después de ser prisionero por seis meses en la Resistencia del Valle Oscuro. Seis meses, mi reina, seis meses que ayudaron a cultivar su locura. Estaba flaco y demacrado y raramente consumía alimentos porque tenía esta absurda paranoia de ser envenenado. Tampoco permitía que hubiera objetos afilados cerca de él, rehusándose a cortarse el cabello, la barba o incluso las uñas… ¿puedes imaginar eso, Daenerys? ¿Alguien te lo había dicho? ¿Alguien te había dicho que tu padre realmente irradiaba su locura, con su barba larga y cabello enmarañado o esas repulsivas uñas largas? ¿Lo sabías?
– Deténgase – pidió Daenerys, apretando las manos tan fuertemente hasta que los nudillos perdieron su color. Sintió de nuevo las incontrolables ganas de llorar y su pecho se retorció por el dolor. Gusano Gris le dio un ligero apretón con la mano que no había retirado de su hombro y eso logró mantener la poca compostura que le quedaba –. ¿Por qué está diciéndome todo esto?
– Tu hermano me confió muchas cosas, Daenerys y muchas otras tuve la desgracia de verlas con mis propios ojos. Te digo todo esto porque quiero que entiendas que tú no eres tu padre. Tienes la misma expresión de tu hermano Rhaegar ¿sabes? y a pesar de tantos años, años que parecen una eternidad, aun puedo reconocer sus mismos gestos en ti y puedo ver que estas luchando desesperadamente contra un dolor y una culpa que al parecer te tienen atada al pasado. Las personas suelen actuar de una forma muy distinta cuando están sufriendo, mi reina ¿eso te ocurrió a ti, quizá? ¿Te arrepientes de lo que sucedió?
– Todos los días.
– ¿Quieres saber porque empujé esta verdad hacia ti entonces, Daenerys? – Ella exhaló aire bajo un jadeo ahogado y asintió, sin confiar de nuevo en su voz –. Llegué a tus puertas con un ejército a mis espaldas, ofreciéndote mi lealtad ciegamente y recibí un adorable almuerzo con una mujer completamente honesta que trató de convencerme desesperadamente que alguien más merecía mi lealtad. Si fueras como tus ancestros, podrías haber tomado ventaja de la situación pero decidiste contarme la verdad. Según entiendo… Aegon… ¿Jon? No reconoce su propia dinastía y al parecer tiene una familia que lo hace feliz… espero que algún día puedas contarme la historia completa, Daenerys, pero entiendo lo suficiente para ver que él está bien y lo más importante, no está solo. Un Targaryen solo en el mundo es algo terrible.
– No estoy sola – logró articular ella tras comprender lo que él quería decir, aunque sus palabras habían causado que la resequedad de su garganta regresara y los ojos le ardieran, dejándola tan vulnerable que ella sólo deseó salir y encerrarse en algún lugar para llorar.
– No, mi reina, ya no. No le fallaré a tu familia está vez.
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2 años después
Todo empezó con Volantis, la más antigua de las ciudades libres. No tan libres como dice su nombre, había pensado Daenerys con furia en aquel momento. Solo había bastado ver a los niños magullados, abusados y encadenados bajo los pies de hombres gordos adinerados para que la ira de la Reina de Dragones se liberara.
La ciudad era un punto clave en el comercio de esclavos y por más que ella intentó voltear el rostro de las atrocidades que pasaban en el mundo, algo dentro de su ser impidió que lo hiciera. Al principio había sido una advertencia, Daenerys se rehusaba a empezar otra guerra y había exigido amablemente que cesaran la esclavitud y la violencia desmedida, pero el gobierno de los Triarcas se había reído de ella y habían regresado la cabeza del emisario que ella había enviado.
Cuando una sacerdotisa roja de la fe de R'llor entró a sus puertas, débil y cubierta de sangre, y le contó las atrocidades que ocurrían detrás de las edificaciones de la Muralla Negra o el plan macabro del feudo de los autoproclamados Antigua Sangre que se forjaba entre las sombras para derrocarla, Daenerys no tuvo mucha alternativa ante la petición.
La batalla había terminado tan rápido como había empezado. El enlace mental que Daenerys mantenía con Drogon se había afianzado tanto en estos últimos años, que ella se sentía más segura y poderosa sobre su lomo. Había aprendido a ver de una forma diferente a través de las sensaciones de su hijo o a sentir sus alrededores como él las sentía. Había empezado a controlar sus complicadas emociones o pelear contra el instinto animal que a veces surgía del temperamental dragón. La profundidad del enlace que compartía con Drogon era tan mágico como terrorífico. A veces, Daenerys sentía todo. Incluido el dolor, la aflicción o la aterradora excitación por sangre y fuego que comúnmente él sentía antes de una batalla. Era difícil de explicar, pero en los cielos y entre las nubes, volando libremente con él y experimentando todas esas sensaciones, ella se sentía como un verdadero dragón.
La ciudad de Volantis era defendida por guardias esclavos conocidos como las Capas de Tigre. Cuando la horda de Dothraki se acercó a las murallas y el majestuoso dragón sobrevoló la ciudad y destruyo parte de las edificaciones de la entrada, los esclavos se rebelaron contra los maestros y las Capas de Tigre le juraron lealtad en ese mismo momento.
Los jaques adinerados y nobles arrogantes fueron destituidos de sus posesiones y títulos y Daenerys comisionó emisarios y representantes de un pueblo libre para fomentar un nuevo tipo de gobierno. Ella no deseaba cometer los mismos errores que en el pasado, y bajo la guía de su fiel consejero, Lord Connington, Daenerys se volvió más cautelosa y experimentada en la política.
Aquel hombre podía llegar a ser extremadamente peligroso si se lo proponía, pero había llegado a ganarse la confianza de Daenerys con su capacidad innata para liderar. Era cauteloso pero honorable y tanto su compañía como sabiduría le otorgaba un cierto equilibro de armonía a su vida.
Sin embargo, Daenerys se había prometido ser mejor que depender de los demás. Escuchaba a sus 'consejeros' con paciencia, asimilaba las palabras y opiniones de aquellos a su alrededor, pero nunca les otorgaba el poder de controlar o contradecir sus decisiones y con eso se alzaba cada día un poco más.
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Jon arrojó el pergamino al fuego crepitante de la chimenea y Fantasma levantó la cabeza para obsérvalo con curiosidad. Le acarició la cabeza a su enorme lobo huargo y se sentó sobre una silla de madera con pesadez. Se llevó ambas manos al rostro y presionó fuertemente sus ojos y frente para intentar controlar todos los sentimientos que surgían desde el centro de sus entrañas.
Aunque el fuego consumió el pergamino con facilidad, las palabras escritas retumbaban en su cabeza y memoria.
'Se nos informó sobre el inicio de una guerra civil en Volantis bajo el mando de Daenerys Targaryen.'
– Por los siete infiernos, Dany ¿estás bromeando? – preguntó en un murmuro a la soledad de la habitación.
Se levantó sin poder mantenerse quieto y pateó la silla con frustración, asustando a Fantasma, que giró su cabeza hacia su dirección y le gruñó con indignación.
Jon pasó los dedos por entre su cabello y le dirigió a su compañero una mirada de disculpa.
Después de un poco más de dos años, Jon había decidido finalmente regresar a Invernalia a tomarse un descanso de sus responsabilidades en Desembarco del Rey. Esta vez, había accedido a la suplicas de su hermana Arya para acompañarla en uno de sus recurrentes viajes para inspeccionar a su hermana Sansa.
Jon había dudado, como siempre lo hacía, pero tras la aparente tranquilidad que empezaba a formarse en el reino y exhausto de sus responsabilidades como consejero del rey, él no había podido negarse.
Pateó de nuevo la silla y se revolvió el cabello con frustración. Dos largos años habían pasado desde la última vez que la había mirado y las únicas noticias que habían llegado desde Bahía de Dragones eran que Daenerys había estado trabajando para reestructurar su gobierno. Muchos de los informes eran simples rumores, al parecer la proclamada reina de Meereen había empezado a limitar las filtraciones de información, consiente que podrían estar siguiendo todos sus pasos en Poniente. Cada vez que le preguntaba a Bran por Daenerys, él simplemente respondía que 'ella estaba bien'.
Era tan malditamente frustrante.
En más de una ocasión, Jon había querido tomar un barco para zarpar a través del Mar Angosto y reunirse con ella, pero en más de una ocasión se había frenado, convenciéndose mentalmente que necesitaba mantenerse firme en su promesa.
Se paseó por la habitación sin dejar de estrujar sus manos y dejó escapar un suspiro profundo, preguntándose porqué de todas las malditas cosas que Daenerys pudo elegir para seguir adelante, la guerra había sido su primera opción.
Recordaba todas las historias que ella había compartido con él sobre Essos, antes de que todo empezara a desmoronarse entre ellos. En aquel momento había quedado completamente maravillado por la forma en la que ella deseaba la libertad de las personas y se había enamorado de su gran corazón, comprendiendo lo extraordinaria que era. Nunca olvidaría el brillo intenso de esos ojos amatistas cada vez que ella le presumía cada uno de sus logros con una sonrisa.
Por los siete infiernos, como la extrañaba.
Se frotó de nuevo la frente con una mano, tratando de impedir que todos los sentimientos de nostalgia, tristeza y resentimiento que intentaba enterrar en su interior, escaparan a la superficie. Hasta el momento estaba fallando.
Trataba desesperadamente de entender cómo es que ella quería seguir este camino después de todo lo que había ocurrido, después de todas las batallas que habían enfrentado, o de todas las muertes y el sufrimiento que habían presenciado. Él estaba tan cansado de la guerra y no podía comprender cómo es que ella tenía las fuerzas para seguir en lo mismo. Comprendía el motivo, era un motivo noble, pero… Dioses.
Empezó a empacar sus cosas con frustración, decidiendo que al día siguiente marcharía de regreso a Desembarco del Rey, con la aprobación de sus hermanas o sin ella.
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3 años después
Daenerys se separó de los labios de aquel hombre con una frustración que empezaba a ser insoportable. Suspiró con pesadez, descansando las manos sobre el pecho de Daario y giró su rostro para cerrar brevemente los ojos.
– No puedo – dijo en un murmullo suave, suspirando nuevamente mientras mordía su labio inferior para detener el temblor incontrolable de sus labios.
– Es bueno que sea un hombre paciente – susurró él acercándose a su oído. Daenerys no pudo reprimir el temblor de su cuerpo, aunque los motivos eran diferentes a lo que ella hubiera deseado sentir.
– Yo… no creo que pueda seguir intentando esto, Daario.
– ¿Qué quieres decir? – preguntó él, frunciendo el ceño.
Daenerys no contestó de inmediato y se levantó de la cama, abrochándose los lazos sueltos que sujetaban a su cuello el vestido azul claro que llevaba puesto aquel día. Se sirvió un poco del vino endulzado con miel que siempre tenía a su disposición en su habitación y suspiró profundamente sin intentar girarse para encontrar los ojos castaños de su fiel guerrero.
– Yo sólo… no creo que esto vaya a funcionar, Daario – susurró, revolviendo distraídamente el vino de su copa mientras aspiraba el ligero aroma a alcohol que éste desprendía.
No se giró cuando escuchó el rechinar de la madera de su cama cuando Daario se puso de pie, ni cuando sintió sus brazos envolver su cintura, jalándola hacia él. Era tan reconfortante, el calor de su cuerpo musculoso contra su espalda, pero Daenerys sabía que no era suficiente para ella. Daario había sido paciente, increíblemente paciente. Tuvo que pasar un poco más de un año antes de que ella pudiera permitir que él la besara. Siempre empezaba igual: en una caricia lenta, profunda y cómoda. Después de todo, él sabía lo que hacía. Pero siempre terminaba antes de que ella pudiera permitir que la intimidad escalara, tras una caricia en su cuerpo, una mano en su pecho o un beso sobre su cuello. Siempre terminaba igual: abrupto y con una sensación amarga que la dejaba temblando, y eso la llenaba de frustración.
A veces, su cuerpo reaccionaba sin que ella le diera permiso, el calor de su vientre bajo le decía lo dispuesta que estaba a que aquello funcionara, pero la presión de su pecho y el dolor que la estremecía de pies a cabeza le impedía dejarse fundir en los brazos de aquel hombre. Le dolía pensarlo, pero en la soledad e intimidad de su cabeza, tenía que aceptar que anhelaba que los abrazos y las caricias que Daario le brindaba, fueran de otro hombre. El hombre incorrecto, por supuesto.
– Puedo esperar a que estés lista – susurró él contra su cuello, justo antes de depositar un tibio beso debajo de su oreja. Daenerys cerró los ojos y suspiró nuevamente.
– No va a pasar, Daario – afirmó, completamente segura, sin abrir los ojos y cerrando sus manos sobre los antebrazos que le rodeaban la cintura –. Me he estado esforzando mucho, pero no puedo obligar a mi cuerpo o a mi mente a esto… y no creo que sea justo para ti tampoco.
– No te preocupes por mis sentimientos. Tú vales la paciencia, mi reina – murmuró y mordió el lóbulo de su oído. Daenerys abrió los ojos y apretó la mandíbula, separando los brazos de Daario de su cuerpo y girándose para mirarlo. Él suspiró también y dejó caer sus brazos a sus costados –. ¿Todavía lo amas?
Daenerys tuvo que desviar sus ojos de la intensidad de su mirada por unos breves latidos de corazón y se esforzó en reprimir sus propios sentimientos –. Eso no importa – dijo y regresó su mirada hacia él, dejando la copa de vino sobre la mesita y desistiendo de fingir que quería beber de él.
– Importa si eso te impide seguir adelante, mi reina – murmuró y Daenerys pudo escuchar la frustración de su voz. Él se abrochó los botones de su camisa de algodón clara y ella no supo muy bien que contestarle –. Mereces algo mejor que el tormento de seguir pensando en él.
– No es tan simple, Daario – logró responder, abrazándose a sí misma y tratando de expulsar la desesperación y la frustración que le provocaba evocar ese tipo de recuerdos amargos –. Desearía poder amarte de la forma que tú lo deseas, o poder casarme contigo… a veces desearía haber amado a Jorah. Sé que podría haber sido feliz de esa manera… pero no puedo forzarme a nada de eso ni soñar en el 'hubiera' – susurró quedamente –. Es solo que… a-algunas veces… recuerdo sus manos, sus caricias, sus labios… y-y l-luego siento su daga perforar mi piel, incluso aunque eso no haya pasado. Después puedo sentir, puedo ver la sangre de todos esos inocentes en mis manos y recuerdo porque intentó matarme en primer lugar.
Daario tomó su rostro entre sus manos mientras las lágrimas nublaban su visión, pero ella se obligó a reprimirlas.
– Nadie te culpa de nada aquí, mi reina. Has estado intentando hacer el bien todos estos años y es suficiente. Necesitas dejar de vivir en ese pasado, esa persona ya no eres tú.
– No es algo que me agrade, Daario, s-solo… no es suficiente. No todavía. No estoy lista para esto… Esto me hace recordarlo, recordar su traición, y recordarlo significa recordar todo lo que me destruyó – dijo y ella vio como él suspiraba, resignado, y separó sus manos de ella. Daenerys tragó saliva y expuso una preocupación que empezaba a quemar el centro de su estómago –. ¿Te quedarás a mi lado aunque no pueda darte lo que deseas de mí, Daario? – Ella confiaba en él, confiaba en él como confiaba en pocas personas a su alrededor y no estaba lista para perderlo, aunque fuera egoísta de su parte.
– Por supuesto que sí, mi reina. Te juré mi lealtad y mi vida.
– Pero… puedes ser libre si así lo deseas, Daario. Te repetiré lo que le dije a Gusano Gris antes de regresar a Essos: no tienes que estar conmigo por un juramente, eres libre. Te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero eres libre de irte si así lo deseas – le dijo e intentó sonreír, aunque estaba segura de que no lo logró. Daario acortó la distancia entre ellos y la abrazó, pasándole los brazos por sobre los hombros. Daenerys se aferró a su camisa y escondió el rostro en su pecho, respirando profundamente.
– Estoy contigo porque quiero estar aquí. Me tendrás por aquí por un largo tiempo, mi reina y veré tu grandeza por el resto de mis días.
Daenerys cerró los ojos, impidiendo que sus lágrimas se derramaran y sintió el alivio recorrer todo su cuerpo. No estaba lista para perder esto, como tampoco estuvo lista para perder a Gusano Gris cuando le ofreció exactamente lo mismo.
– Tienes que enviarme a las ruinas de Valyria, mi reina – susurró él, después de lo que parecieron horas en silencio. Ella se separó de su agarre y echó la cabeza hacia atrás para mirarlo, confundida con su petición. Daario sólo se dedicó a mirarla con resolución –. Sé que la guerra contra Volantis no formaba parte de tu plan inicial, pero Meereen no es tu hogar. Déjame encontrarlo por ti. No puedes salir de expedición al borde de la guerra contra las Ciudades Libres, tus ejércitos te necesitan. Pero yo puedo dar el primer paso para este sueño tuyo, mi reina. Tienes que dejar que vaya, hace dos años que todo está listo para esta campaña.
Daenerys lo pensó por unos minutos antes de contestarle con una pregunta.
– ¿Cómo va todo en Volantis?
– Todo está yendo bien, mi reina. Se acomodaron establecimientos para los enfermos, abastecidos con medicina y curanderos preparados como lo ordenaste. Lord Connington se aseguró de que los huérfanos estén siendo atendidos y educados para que puedan encontrar un mejor futuro. La gente está reconstruyendo la ciudad y los cultivos van mejorando cada día. La ciudad está siendo gobernada bajo tu nombre y tu nueva reforma… Pronto, las demás ciudades se unirán – le aseguró –. Los Segundos Hijos regresarán a proteger Meereen mientras yo esté lejos. Y yo regresaré pronto, tan pronto como pueda para ayudarte en la guerra – prometió. Ella se quedó nuevamente callada y después de unos latidos de corazón, suspiró profundamente.
– Sólo… ten cuidado, Daario y regresa, esa es una orden de tu reina.
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Un mes después de la partida de Daario junto a un grupo de hombres de los Segundos Hijos, algunos Inmaculados y un sargento de la Compañía Dorada que aseguraba conocer el terreno, las hostilidades contra los gobernantes de las Ciudades Libres de Lys y la poderosa nación de Myr se desataron en una nueva guerra en contra la reina Daenerys y su pueblo. Poco tiempo después, Tyrosh se les unió en las hostilidades y la ex alianza conocida como la Triaquía resurgió para combatir la guerra en contra de la Madre de Dragones y su Ley Antiesclavista. La Triarquía contrató mercenarios y soldados exiliados de todo Essos para reforzar su ejército, invirtiendo casi toda su capital para derrocarla.
Daenerys odiaba la esclavitud sexual de Lys y la hacía recordar a su antigua doncella Doreah, que la había traicionado tantos años atrás, en una época completamente diferente. Este tipo de esclavitud y la cantidad abrumadora de casas de placer eran parte de la cultura y la misma economía de la ciudad, y Daenerys iba a intentar cambiar eso con todas sus fuerzas. Ninguna mujer, hombre, niña o niño iba a ser sometido a ese tipo de esclavitud tan cruel bajo sus ojos.
Myr era una de las Ciudades Libres más poderosas de Essos y recordaba sus calles de cuando Viserys y ella estuvieron en la ciudad por una corta temporada durante su niñez. La ciudad estaba fuertemente involucrada en el comercio de esclavos, como todas las Ciudades Libres, y estaba regida por un consejo de magistrados, elegidos por los nobles más ricos y egocéntricos de la ciudad. Según Lord Connington, la fuerza militar de Myr era poderosa y no debía ser tomada a la ligera. Tendrían que tener especial cuidado de sus ballesteros y sus largas y finas flechas de puntas hechas con vidrio flameado, que podrían ser letales incluso para Drogon.
Deseó en ese momento que Daario estuviera con ella para que pudiera darle una mejor perspectiva sobre la otra ciudad, Tyrosh, una ciudad portuaria igual de grande, poderosa y edificada por el feudo antiguo de Valyria como una fortaleza militar, guarecida por una torre alta y enorme, llamada la Torre Sangrante. La ciudad era gobernada por hombres codiciosos con un estilo de vida de vicios y excesos. Según lo que recordaba de ella, Tyrosh contenía a los mejores mercenarios y asesinos que se podían contratar de todas las Ciudades Libres.
– ¡Deberíamos tomar primero la ciudad de Lys! El poder de nuestro ejército naval es suficiente y estaríamos abriendo el camino para atacar Tyrosh.
– Myr es una ciudad peligrosa, deberíamos darle prioridad. Podemos atacar con los Dothraki y la Compañía Dorada, menguando sus fuerzas por el norte y arrasaríamos fácilmente si los Inmaculados y las Capas de Tigre marchan desde el sur. Drogon podría–
– ¿Y exponer a la reina a una emboscada? ¡Ni hablar! No hemos sabido nada de Pentos, podrían est–
– ¡Suficiente! – Daenerys se levantó de su lugar justo a la cabeza de la larga mesa y miró a sus comandantes de guerra uno a uno antes de exhalar aire con frustración. Todos los presentes se quedaron callados ante su orden y la miraron con cierta sorpresa. Paseó la mirada entre ellos, Gusano Gris se sentaba justo al lado de un sargento de los Inmaculados, siempre impasible y calmado. Al lado de ellos se sentaba un comandante de una compañía formada por una alianza de antiguos esclavos, autonombrados como El Pueblo Libre de Mhysa. Justo frente a ellos tres, Lord Connington se encontraba de pie con las manos sobre la mesa, entre uno de sus sargentos, a su derecha, y el comandante de la compañía de los arqueros, a su izquierda, quien dirigía su miraba cautelosa hacía ella. El general de las Capas de Tigre estaba al otro extremo de la mesa, justo frente a ella, y en otra mesa más pequeña, dos de sus jinetes de sangre se encontraban estudiando el mapa de la región, desinteresados en la discusión que los otros hombres mantenían –. Mis Lords, por favor, necesitamos llegar a un acuerdo. No arrasaremos a nadie, lo más importante es convencer a los esclavos a que se alcen en contra de los maestros y sus gobernantes, y entre menos destrozos causemos en las edificaciones, mejor. No quiero que ningún inocente salga herido por un error militar. Esta reunión se terminó, salgan a tomar el almuerzo para que puedan despejarse, los veré de nuevo dentro de dos horas – ordenó en valyrio y repitió lo mismo para sus Dothraki.
Los presentes se levantaron y se marcharon lentamente con una reverencia. Cuando todos, exceptuando a Gusano Gris, salieron del salón, Daenerys se dejó caer de nuevo en la silla, frotándose la frente con cansancio. Una muchacha de ojos verdes y piel tostada de color olivo le sirvió un poco de vino endulzado y le trajo una bandeja con pan, fruta, una selección de quesos y un platillo de langostines con mantequilla y especias.
– Acompáñame, Gusano Gris – pidió, dirigiendo sus orbes amatistas hacia los ojos oscuros de su fiel comandante y él asintió en silencio, acostumbrado a ese tipo de peticiones de su reina.
Desde que Daario se había marchado y con Lord Connington tan ocupado con los planes militares, Daenerys se avergonzaba del sentimiento de soledad que muchas veces emergía dentro de ella. Gusano Gris era callado, y se dedicaba principalmente a escucharla, pero resultaba confortante tenerlo a su lado. Le recordaba a Missandei.
– ¿Cómo va el entrenamiento del Pueblo Libre de Mhysa?
– Muy bien, ansiosos de servir a Mhysa – respondió en valyrio y ella le sonrió ligeramente, incitándolo a comer algo –. A Missandei le hubiera gustado esta comida.
Daenerys suspiró y asintió. Sí, ella hubiera amado esta comida.
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4 años después
La primera vez que la derribaron del lomo de Drogon, fue en la batalla contra el ejército rebelde de Myr y sus mercenarios. Trataban de cruzar las últimas defensas de la fortaleza principal cuando, en un vuelo bajo con su dragón (un error que jamás volvería a cometer), el tiro casi perfecto de un ballestero le asestó en el hombro derecho. Daenerys había gritado de la sorpresa y el dolor, y debido a la profundidad del enlace con su dragón, él había sentido la sensación de la flecha perforando su piel, haciéndolo dar una brusca voltereta en el aire. Dado que Daenerys había apartado las manos del agarre de sus espinas, el brusco movimiento había provocado que se deslizara violentamente del lomo de su dragón, en dirección a tierra firme. Drogon había reaccionado al instante, y extendiendo su ala hacia ella, había intentado amortiguar el golpe que posiblemente la hubiera matado.
Daenerys se había dislocado el hombro con la caída, se había roto un par de costillas y se había ganado una serie de moretones e hinchazones en la cabeza y los brazos, pero había sobrevivido.
Su ejército estaba lo suficientemente avanzado para cuando todo eso pasó, y sus tropas más cercanas se habían apresurado a protegerla. Ella había tenido que montar a Drogon nuevamente, con la sangre y el dolor insoportable del hombro –que uno de sus soldados Dothraki le había recolocado– para retirarse del frente de batalla. Afortunadamente, su enorme ejército fue completamente capaz de atravesar la fortaleza y, con la ayuda de la rebelión de esclavos dentro de las murallas, habían tomado la ciudad.
Una semana antes de la batalla contra las fuerzas restantes y cansadas de la Triaquía, Daario había regresado tras meses de expedición. Los Segundos Hijos se les unieron en la batalla justo frente a las costas de Lys y la ciudad se había rendido ante la colosal fuerza de los ejércitos de la Reina de Dragones. En ese momento, Daenerys había agradecido el final de una exhaustiva guerra, una guerra que había durado meses, casi un año, entre la preparación, los asedios y la enorme batalla.
Como había pasado con Volantis, Daenerys desintegró los gobiernos corruptos, destituyó nobles de sus títulos y riquezas, y asignó emisarios de confianza para alzar las ciudades a una nueva etapa de gobierno. En cada ciudad, ella había extendido las tropas necesarias para mantener la seguridad y el orden, y se había asegurado de dar largos discursos de victoria hacia la población, ordenando una disciplina bajo su nueva Ley. No le pasaría lo mismo que en sus primeros años como gobernante de Meereen y la antigua Bahía de Esclavos. No dejaría que el pueblo que con tanto esfuerzo había liberado, abusara de esa libertad.
Ordenó la construcción de establecimientos para los enfermos y para los huérfanos, y se aseguró de que cada ciudad tuviera el abastecimiento necesario de provisiones y recursos. Uno de sus leales consejeros en Volantis, de los descendientes de la sangre de la antigua Valyria, le presentó el diseño de un nuevo tipo de drenaje y letrinas públicas que se implementó en todas las ciudades. De esta manera, la salud en las calles, el olor y las condiciones de vida mejorarían considerablemente.
Disolvió completamente la esclavitud y, aunque le molestara profundamente, permitió las casas de placer en Lys –ante las peticiones de la misma población–, con la condición de una mejora sanitaria, un límite de edad de dieciocho años y un salario adecuado para sus prestadores de servicios, tanto hombres como mujeres. Quien rompiera esta ley, sería sentenciado a muerte bajo su nombre. Pueden vivir en el nuevo mundo o pueden morir en el viejo, recordó con cierta amargura.
Daenerys tomaba estas medidas porque no podía permitir que la población desobedeciera sus órdenes y si algo había aprendido en estos años, es que ser benevolente y complaciente no siempre funcionaba correctamente. Ella debía infundir cierto respeto y temor para que la población aprendiera a seguir normas que nunca habían conocido. A veces, el poder era terrible, pero un gobernante tenía muchas decisiones difíciles que tomar.
A veces, en momentos como aquel donde debía tomar horribles decisiones, recordaba a cierto hombre de rizos oscuros y mirada intensa. A veces, esa mirada la perseguía cuando alguien moría frente a sus ojos o cuando implementaba un castigo hacia alguien que no había seguido la Ley. Los fantasmas en su cabeza aun no desaparecían completamente y a veces, dudaba de sí misma. Sin embargo, hacía mucho tiempo que ella había tomado la decisión de llevar esta carga tan pesada sobre sus hombros y ver cada sonrisa, cada niño alimentado y cada mejora en la vida de la población, solo la impulsaban a seguir adelante.
Finalmente, a casi cinco años desde su regreso a Essos, Daenerys zarpó hacia su ansiada exploración a las ruinas de Valyria. Daario le había traído buenas noticias, diciéndole que había encontrado un área perfecta para el asentamiento de su nuevo imperio. Y así, habiendo dejado órdenes, emisarios por todas las ciudades conquistadas y a Lord Connington a cargo de ciertas responsabilidades en su nombre, Daenerys por fin se había embarcado en la aventura que, esperaba, la dirigiera al lugar al que podría llamar hogar.
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5 años después
Sintió un mareo repentino mezclado con un dolor agudo en la base de su cabeza y algo caliente se deslizó desde su sien, nublándole momentáneamente la visión. Intentó estabilizar su cuerpo mientras el dolor le punzaba tan fuertemente la cabeza que tuvo que reprimir con toda su voluntad sucumbir a la oleada de nausea que ascendió desde el centro de su estómago. Abrió los ojos para enfocar su mirada, pero sólo vio motas rojas. Una mano tomó firmemente su brazo derecho y evitó que su cuerpo se estampara contra el suelo bajo sus pies.
– Mi reina, ¿estás bien? – Sin reconocer completamente aquella voz, Daenerys parpadeó varias veces, intentando no entrar en pánico al ver que los puntos rojos y los destellos de colores no desaparecían de su visión, y llevó el dorso de su mano –la cual todavía sostenía fuertemente a una de las hermanas Cenizas del Reino– hacia su frente, justo por encima de su ojo derecho, donde sentía el dolor palpitar fuertemente y se limpió el líquido carmesí que le había cubierto la mitad de su rostro, dándole un aire salvaje –. ¡Daenerys! – exclamó de nuevo aquella persona y ella por fin distinguió la voz preocupada de Daario, que aún la sujetaba fuertemente del brazo –. ¡Necesitas llamar a Drogon!
Daenerys asintió con la cabeza con aire ausente, sin encontrar su voz todavía y se obligó a separarse de él, tambaleando. Daario la sujeto de nuevo y ella dejó escapar un jadeo ligero mientras apretaba fuertemente la herida de su frente.
– ¡Protejan a su reina! – gritó él y Daenerys apretó los dientes por el palpitar de su cabeza. Una barrera de Inmaculados apareció detrás de ella, apuntando sus lanzas hacia el frente mientras la rodeaban para escudarla del peligro de la batalla.
Se separó nuevamente del agarre de Daario y se estabilizó aun presionando firmemente la herida de su sien. Su mente nublada empezaba a despejarse, así como los destellos de colores de su visión. Acomodó con dificultad una de sus largas dagas en una de las vainas vacías de su espalda y alguien le tendió las riendas de cuero de su corcel plateado.
Daenerys se acomodó encima de la montura con la ayuda de Gusano Gris, al que apenas reconoció, y limpió nuevamente la cálida sangre que aun brotaba de su herida, sosteniendo firmemente la hermana de pomo carmesí de sus Cenizas del Reino con una mano y las riendas de su caballo plateado con la otra. Miró brevemente el cuerpo del guerrero que la había golpeado con la empuñadura de su espada y que ahora yacía muerto a sus pies, degollado por el arakh de Daario, y, sacudiendo su cabeza para despejarse del dolor, giró su rostro para analizar el combate que se llevaba a cabo a metros de distancia.
La visión era un caos, el sonido de las espadas colisionando retumbaba en sus oídos y apenas distinguía los cuerpos de los Segundos Hijos, a sus Inmaculados y Dothraki entre sus enemigos, soldados y mercenarios pertenecientes a la ciudad de Qarth, que se había levantado contra la Reina de Dragones en una alianza con el imperio dorado de Yi Ti y la nación de Asshai. Una alianza poderosa que incluía nigromantes, domadores de sombras y brujos peligrosos.
Una explosión retumbó a unos metros de su posición, haciéndola girar momentáneamente la cabeza para protegerse de los escombros, rocas y tierra que se dispararon hacia ellos por la colisión de una enorme bola cubierta en brea y flamas. El dolor de la sien se acentuó conforme los latidos de su corazón palpitaban dolorosamente en su cabeza y tuvo que apretar fuertemente las riendas de su caballo para no sucumbir al nuevo mareo que la envolvió.
– ¡Envía las catapultas al frente, Gusano Gris! – exclamó con voz ahogada, recuperando precariamente su balance. Miró a Daario, que observaba con una excitación feroz el frente de la batalla y encontró brevemente sus ojos –. ¡Daario, conmigo!
Él asintió mientras montaba otro caballo y se colocó a su lado. Ella no dijo nada mientras comandaba a su corcel a avanzar mientras los Inmaculados que la habían rodeado rompían su formación para permitir su retirada.
Buscó a su dragón mediante su enlace y rápidamente sintió a Drogon no muy lejos de ellos, expectante e impaciente por la batalla y furioso por el dolor de su madre. Daenerys tuvo que presionar toda su fuerza mental para impedir que él se abalanzara contra ellos, a tal grado que sintió la sangre bajar por los orificios de su nariz. Lo último que deseaba era exponer a su hijo contra el vasto ejército, nigromantes y hechiceros incluidos, contra el que se enfrentaban, pero estaba cansada y sabía que sus soldados estaban en peores condiciones que ella.
Apresuró el andar de su caballo, cabalgando tan rápido como podía hacia una colina lejana, lejos de la batalla y con Daario siguiéndole los pasos. Se frenó cuando pensó que estaban a una distancia lo suficiente segura y Daario la miró.
– Ve por la Compañía Dorada, las Capas de Tigre y el Pueblo Libre de Mhysa, avancen con el resto de los Dothraki como planeamos. Esta noche tomaremos la Ciudad. – Su comandante tyroshi inspeccionó su alrededor para asegurarse que no corrían ningún peligro y, satisfecho por la soledad de sus alrededores, le dirigió una breve reverencia con la cabeza confirmando que estaban a salvo y se separó de ella mientras Drogon volaba hacia su dirección. Daenerys se bajó de su montura y su caballo se alejó, atemorizado por el rugido reverberante de su dragón en el cielo. Sintió las piernas entumecidas, los músculos de los brazos adoloridos y la cabeza parecía a punto de reventarle. La armadura oscura que llevaba encima le pesaba en ese momento más de lo que le gustaría y el sudor le bajaba incómodamente por la espalda y la frente, mezclándose con la sangre que brotaba ligeramente de su herida.
Envainó la otra hermana de sus Cenizas de Sangre cuando la tierra bajo sus pies tembló fuertemente en el momento que su hijo aterrizó al lado de ella y apretó fuertemente su sien con la palma de su mano abierta mientras ascendía hacia el lomo de Drogon. Se acomodó entre sus espinas y se sujetó fuertemente mientras Drogon alzaba el vuelo con ansiedad y excitación.
Aquel día, en aquella furiosa batalla, cayó del lomo de Drogon por segunda vez.
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– ¡Que buena manera de darse por vencida! – siseó Sansa mientras arrojaba el pergamino sobre la mesa –. ¡Ella sólo fue a conquistar la mitad del maldito mundo!
Tyrion carraspeó a su lado y tomó un trago profundo del vino de su copa.
– Su ejército aumenta con una peligrosa rapidez, debo admitir. Con un solo dragón ha logrado conquistar casi todo el continente de Essos – dijo Tyrion y suspiró con pesadez. Estudió a los presentes y se detuvo un momento en Jon, que apretaba la mandíbula firmemente y se mantenía en un silencio abrumador. Aquella expresión sombría que siempre cargaban sus ojos, parecía particularmente más oscura. Tyrion bebió más vino y suspiró pesadamente.
– ¿Deberíamos empezar a preocuparnos por ella? Es decir, Jon, sé que no te gusta escuchar estas cosas, pero ella se está volviendo alarmantemente peligrosa. Daenerys Targaryen podría regresar en cualquier momento y tomar venganza de nosotros – dijo Sansa, atropellando las palabras, claramente incómoda de expresar aquello en presencia de su hermano. Tyrion observó cómo Jon sólo apretaba la mandíbula con mayor fuerza y él pudo notar el dolor momentáneo que cruzó sus ojos cuando escuchó el nombre de su antigua reina. Incluso él mismo sentía un dolor y un remordimiento molesto cuando la recordaba.
– Ella no va a volver – respondió él con frialdad, cruzando sus brazos sobre su pecho.
– Yo creo que debemos cubrir todas las posibilidades. El comercio con Essos ha empezado a ser muy inestable estos últimos meses. La última campaña de Daenerys Targaryen en contra de la alianza de invasores del oriente le otorgó la rendición y la lealtad de las ciudades de Pentos y Braavos. Al parecer, o le tienen demasiado miedo o le agradecen genuinamente por su protección. Sinceramente, creo que es lo primero – comentó Sansa, con cierta amargura.
– Escuché que Daenerys peleó contra hechiceros y nigromantes. Y al parecer algunos de ellos doblaron la rodilla ante su poder y le juraron lealtad. Aunque bien podrían ser simples rumores, la información llega con mayor dificultad estos días – comentó Tyrion mientras se servía más vino. El Rey Bran lo miró entonces y él sintió un escalofrío como cada vez que encontraba su mirada perdida.
– Debe tener magia cerca, desde hace unos meses no he podido verla claramente. Alguien está bloqueando mis visiones – comentó el Rey y los presentes se quedaron callados por unos segundos, algunos sintiendo escalofríos ante el pensamiento.
– ¡Lo ven! ¡Debemos tener precaución! Esto podría perjudicar a todo Poniente. Estoy segura que su estabilidad emocional va a quebrarse de nuevo en cualquier momento. Lleva cuatro, casi cinco años pasando de guerra en guerra. Creí que estaba cansada de luchar. La ambición ha po–
Un ruido seco y violento detuvo el discurso de Sansa y los presentes se giraron al origen de aquel sonido. Los ojos de Jon resplandecían con furia contenida y sus manos estaban firmemente apretadas sobre la mesa. La silla que se había precipitado al suelo cuando él se había levantado con brusquedad, yacía de espaldas sobre el mármol del piso de la sala del consejo.
Jon no dijo nada y solo se irguió en su lugar, mirando fieramente a su hermana. A su lado, su enorme lobo huargo los miraba con desconfianza, sintiendo la hostilidad de su amo.
– ¡Jon! – Sansa se levantó también, sin dejarse amedrentar por la mirada su hermano –. La llaman la Reina Emperatriz, por los siente infiernos, deberíamos enviar a al–
– No – finalmente habló él, con voz fría y autoritaria.
– Creo que Lady Sansa tiene un buen punto – empezó Tyrion y Jon le dirigió una mirada furiosa.
– He dicho que no. No vamos a hacer esto de nuevo.
– Nadie está intentando conspirar contra ella pero creo que podríamos tener un pla–
– ¡He dicho que no! – cortó él de nuevo mientras golpeaba la mesa. Tyrion tuvo que aceptar que se sobresaltó con cierto temor ante su molestia. Jon se giró para ver al Rey Bran –. No seré parte de esto, su majestad.
– Por favor, tomen asiento de nuevo. Creo que Ser Davos tiene algo más que informarnos. Quizá esto ayude con esta discusión – tranquilizó Bran, con aquella voz monótona y casi siniestra a la que nunca se acostumbrarían. Sansa tomó asiento, frustrada y Arya le colocó una mano en el hombro para que se tranquilizara. Jon, sin embargo, se alejó de la mesa y les dio la espalda, fingiendo ver una mancha muy interesante en uno de los estandartes plateados del Rey Bran, un cuervo negro de tres ojos encarando a un lobo huargo de la casa Stark.
– Ayer – empezó Ser Davos, aclarándose la garganta –, llegó este mensaje del Banco de Hierro... la deuda de la corona – titubeó, – ha sido saldada. Es un obsequio, dice, en nombre de la casa Targaryen.
Tyrion se quedó genuinamente sorprendido. Su hermana Cersei básicamente había dejado un enorme problema sobre sus hombros y con la reconstrucción del reino, ni siquiera habían logrado pagar una tercera parte de la deuda.
– ¿Por qué haría eso? – preguntó, sorprendido, más para él mismo que para alguno de los presentes. Incluso Sansa se quedó en silencio, pensativa. Ser Davos llamó su atención de nuevo y Tyrion se giró para mirarlo, lucía algo preocupado, lo cual no significaba nada bueno.
– Hay… hay otra cosa. El Banco de Hierro retira su relación con la corona… y los comerciantes de Lys y Myr no están dispuestos a seguir haciendo negocios con nosotros tampoco – comentó como si no quisiera decir aquello y carraspeó –. La ruta mercantil con Braavos tampoco parece mejorar y me temo que pronto, todo Essos opte por detener el comercio con nosotros.
Tyrion tuvo que esconder su preocupación bebiendo más vino y Sansa dejó escapar un sonido de frustración.
– ¿Órdenes de la reina, me supongo? – preguntó ella con cierto desprecio y Ser Davos la miró.
– No precisamente… es decir, Daenerys liberó a la gente que ahora gobierna esas ciudades y ellos… la aman y respetan. Según mis informes, ellos decidieron hacer esto en honor a Mhysa, signifique lo que signifique.
– Madre – aclaró Tyrion mientras se levantaba para servir más vino en su copa. Sansa le echó una mirada de desconfianza y él tuvo que reprimir el impulso de tomar la botella completa y llevarla a su lugar.
– Bueno… eso. Debemos recordar que ahora el gobierno está dominado por antiguos esclavos. La ambición por el poder y el dinero no es lo primero en lo que están pensando, el comercio con Poniente probablemente no sea indispensable para ellos como lo era para los maestros. Parece que nadie en Essos conoce la historia completa, pero al igual que aquí, la población cree que la reina fue exiliada y deshonrada en este lado del Mar Angosto – dijo y tomó asiento.
– ¿Es una especie de castigo? Suena graciosísimo – dijo Arya y su hermana le dirigió una mirada de reprimenda –. ¿Qué? ¡Los esclavos nos están castigando! – Sansa volteó los ojos.
– Jon, me parece que has tomado una decisión – habló Bran y miró la espalda de su hermano. Jon se irguió un poco más en su posición y giró su cuerpo para mirarlos.
– Yo sé… que por más que discuta con ustedes, no dejarán este tema hasta tener su estúpido plan de contingencia – empezó y miró con especial atención los ojos de Sansa y de Tyrion –. Voy a respetarlo, porque pienso que sus intenciones son en beneficio del reino pero… no voy a formar parte de esto. No de nuevo. Así que voy a renunciar a mi puesto como consejero extraoficial del Rey.
Arya fue la primera en levantarse.
– No tienes que hacer eso, Jon.
– Pero sí tengo que hacerlo, Arya. De todas maneras, hay un lugar al que necesito ir –. Ella parecía tan confundida como Sansa, Tyrion o Ser Davos. Bran lo observaba, impasible.
– ¿A dónde piensas ir?
– A Essos, por supuesto. A Nueva Valyria.
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¡Hola! Como siempre, primero que nada agradezco todo el apoyo incondicional de los lectores que siguen esta humilde historia. Intenté publicar este capítulo antes, pero me fue imposible porque me costó más trabajo de lo anticipado. Tuve que investigar algunas cosas y releer otras tantas para poder sacarlo, que al final trabajé en él más de la cuenta, espero que haya valido la pena.
Ténganme paciencia por los cambios que me tomé la libertad de acomodar en la historia y también por algunos huecos que, espero, puedan rellenarse en el próximo capítulo. Este, en particular, resultó más largo de lo que inicialmente planeé, así que tuve que recortar algunas cosas y terminarlo en una parte que originalmente no había planeado. Como he venido mencionando anteriormente, pretendo que esta historia sea corta, así que me tomé la libertad de hacer un salto temporal para que avanzáramos hacia el tema principal de todo esto. El siguiente capítulo tendrá una dinámica similar, aunque no pasarán años ni nada de eso… solo, pretendo que sea algo distinto. Como dije, ténganme paciencia.
Bueno, pretendía contestar los comentarios uno por uno, pero he decidido mejor exponer algunos puntos que se repitieron un poco entre todos ellos. Quiero que entiendan que lo que estoy a punto de escribir, simplemente es mi opinión y resulta en una combinación de un análisis de la serie y los libros.
Primero, me gustaría explicar un poco porque metí y acomodé a Lord Connington en la historia. Necesitaba exponer un punto que me molestaba de la serie, es decir, el tema de Aerys Targaryen y su locura. Se han hecho varios comentarios de él en la serie pero no creo que fuera suficiente. La dichosa locura de Daenerys me molesta por esto precisamente. Su padre estaba loco y paranoico desde joven y la crueldad y demencia se cultivó por varios sucesos en su vida. O sea, se construyó realmente un villano. Me molesta que intentaran implementar eso mismo con Daenerys sólo porque era una Targaryen, destruyendo su personaje y su legado como si ella hubiera sido peor que su padre, su padre que violaba a su madre, que quemaba gente por placer, que dudaba de su propio hijo y que no confiaba en nadie… ¿En serio D&D? Esto no parece lógico, es por lo que Daenerys y su pérdida de humanidad se sienten tan fuera de lugar. Una vez leí por ahí un comentario que apoyé completamente: Me gustaría haber temido de una Reina Loca, no haber dudado de la existencia de una.
Bueno, como intento seguir con el canon de la serie (me cuesta mucho trabajo, créanme), intento dejar en claro que Daenerys tiene una especie de síndrome postraumático. Y sí, ella es fuerte y podría seguir adelante, pero seamos sinceros, si tienes a alguien a tu lado, apoyándote en los momentos más difíciles, todo es más fácil de sobrellevar. Es más fácil perderse en la depresión si no hay nadie que te apoye, y eso intento expresar aquí. No es sólo que intente forzar una relación entre Daario y Daenerys.
A ver, o sea, esta historia es 100% JonxDany. Y tras la ira nublada que tenía cuando escribí el primer capítulo, ahora espero que pueda darles un final mejor a los dos. Juntos.
Daario no me cae completamente mal, pero tampoco me cae particularmente bien. Es decir, no tiene honor ni restricciones y sí, empujaba a Daenerys a sacar lo peor de ella, pero lo utilizo a mi conveniencia en esta historia.
Drogo… rayos, Drogo es otra historia para mí. En los libros no abusa de ella en su noche de bodas, como en la serie. Después, no es que la viole, Dany sabía su papel en su matrimonio, no es que le gustara (hasta después) o que sea bonito pero… es complicado. Los Dothraki son complicados, no es fácil para mí juzgar a alguien que tiene una cultura completamente distinta a la moral contemporánea. Eran salvajes y así vivían, crecían y morían. Drogo llegó en el momento oportuno para empoderarla, para protegerla de su hermano y después creo que genuinamente se enamoró de ella, pero no era suficiente para cambiar su forma de ver el mundo, pero si su forma de tratarla. Eso es lo que me gustaba de él, como es que Daenerys cambió su forma de verla a ella, no al mundo, a ella. En fin, aun así entiendo lo que Drogo era y lo que hacía, solo respeto y amo lo que hizo por Dany. Ella no conocía ese tipo de cariño o poder o protección, y lo encontró con él y los Dothraki, no fue lo mejor, pero fue lo que le tocó.
Y no, no creo que Daenerys haya traicionado a Jon por el trono. No, es sólo… no. Alguien lo puso por ahí, pero no. La primera vez que se encontraron después del festín de victoria, Daenerys ni siquiera lo buscó para hablar sobre su linaje o el trono o la guerra o nada. Ella estaba triste y sólo quería estar con él y hasta que la rechazó, fue entonces que hablaron de todo lo demás. La actitud de Jon fue bien ilógica, ingenua, (malditos D&D), esa verdad era peligrosa, iba a destruirla y Jon no quiso verlo, como nunca quiso ver que Sansa no era la misma de antes. Jon eligió a su familia, su terca familia. ¿Nadie más notó como fue que a Jon ni le importó que Sansa lo traicionara? Nunca le dijo nada, ni se enojó, ni se disculpó por ella… Nada.
Me molesta como todos se empeñan en decir que Jon era una amenaza para Daenerys y por eso siempre iba a estar en peligro… o sea, ¿en serio? Que rayos, me parece que vimos series diferentes. Hay muchas cosas que nos gustaría simplemente dar por hecho, pero me cansé de excusar la serie de sus errores. ¿En serio? Jon la traicionó y ella no dejó de confiar en él, al contrario, muy en contra de su personaje, Daenerys intentó echarse a sus brazos de nuevo y él la volvió a rechazar, y ella nunca lo amenazó (lo cual, en mi punto objetivo de vista, debería haberlo hecho, porque supuestamente en eso se estaba convirtiendo). En la sala del trono, antes de que él la matara, Daenerys lo miró y sonrió, confió en él otra vez. Ella era más inteligente que eso, por favor. Después de todo lo que había pasado, ella debería haber tenido guardias a su alrededor, pero no, por supuesto, no dudó de Jon, que ya la había traicionado y rechazado y vio con buenos ojos que él le haya regresado el beso como si nada. O sea, me parte el corazón, de verdad, porque ella no se merecía eso. Jon ni siquiera la abrazó. Si ella hubiera sido una verdadera Hitler, entonces no hubiera permitido que Jon se acercara a ella en primer lugar. Y por favor, Daenerys no era nada tonta.
No pretendo decir que lo que ella hizo estuvo bien, masacrar la ciudad y matar a toda esa gente… pero, es algo que no me entra en la cabeza tan fácil ¿saben? Se sintió tan fuera de lugar que me cuesta aceptarlo por completo. Después de ese capítulo sabía que Daenerys tenía que morir, pero… no quita el hecho que me rompiera el corazón, es decir, la gente de Desembarco del Rey me valía un pepino y ella, pues ella no. Maldición :c En fin, creo que dejo bien en claro en esta historia que ella no es inocente tampoco.
Por último (antes de que empiece a escribir un capítulo completo de notas de autor) me gustaría pedirles de favor, que respeten las opiniones de los demás. Sentí una escalada de hostilidad en algunos comentarios y no es necesario, estamos aquí para disfrutar la fantasía de los fanfiction y ya. Esta maravillosa historia de Game of Thrones nos dividió, pero no quiere decir que no podamos intercambiar ideas como gente decente.
Bueno, muchas gracias a todos, espero no haberlos mareado. Espero sacar el próximo capítulo antes de lo que se esperan.
Un abrazo y disfruten la lectura.
P.D. Casi lo olvido, cambié la clasificación de la historia… solo para estar seguros.
