Esta es la traducción de la historia 'Underneath', de Staci-Diane603

Marizu 194, Carpe diem, Amia Snape, Marce Capuccino, Olimka, Dana; ¡GRACIAS!

Para ustedes:

Capítulo 3: Muy bien

Carlisle estaba preocupado.

Era más una falla de carácter, que un simple pasatiempo. Era algo que siempre llevaba con él, como una constante plaga molesta; y aunque no siempre lo apreciaba, suponía que se trataba de algo natural. Después de todo, el mundo era un lugar peligroso, aún para monstruos como él. Había vivido por tres centurias y media, y en ese tiempo había visto más que suficiente como para justificar un perpetuo estado de preocupación. Por lo tanto, se preocupaba por su familia, y con frecuencia.

En primer lugar, por Esme -paciente, bella, bondadosa-, que nunca se quejaba por ningún aspecto de sus vidas, pero con seguridad, debía sentirse sola. Luego, Rosalie, que escondía su tristeza bajo una máscara de amargura; ¡tenía tanto que ofrecer! pero fallaba en darse cuenta. Luego, estaba Emmett, temerario y difícil de controlar; y Jasper, ¡que sentía tanto a causa de su don! y luchaba a diario con el hambre y la empatía. Y Alice, que cargaba demasiado sobre sus hombros con el peso de sus visiones. Y Bella -joven vivaz e inocente-, tan poco preparada para lo que les había pedido que hicieran...Y Edward.

No era algo admirable, pero Carlisle tenía un favorito -así sería siempre-, su hijo. Amaba a su esposa y a cada uno de sus hijos, muchísimo, incondicionalmente; pero Edward ocupaba un lugar especial que nadie podía disputar. Edward fue su primer y mejor amigo; su único amigo durante años, después de convertido. Hacía tanto que estaban juntos que él no tenía secretos para Edward, y Edward tampoco los tenía para con él. Eran dos lados de una misma moneda y eso nunca cambiaría.

Correspondía, entonces, que se preocupara más por él. Edward era el más inclinado hacia la depresión y a la contemplación, y el que hacía temblar las bases de su existencia; él era el más fvorecido por la preocupación de Carlisle.

Decir que se había sorprendido cuando Edward apareció la noche anterior con un moribundo Jacob Black en los brazos, era quedarse corto. Carlisle había estado repasando la escena en su cabeza desde que sucedió: la expresión de la cara de Edward, el anhelo en su mirada, el agotamiento bajo el peso de los pensamiento asustados de todos; el modo en que sus brazos se aferraron protectoramente alrededor del hombre lobo, y cómo le costó dejarlo ir...Nunca lo había visto actuar así, excepto, por supuesto, con Bella. Aunque se sintió orgulloso porque lo primero que pensó Edward al encontrar al joven herido fue en procurarle atención médica, no pudo evitar preguntarse qué fue lo que llevó a encontrarse con el hombre lobo.

Lo que dijo Jacob antes de salir; su acusación: 'Dale mis saludos a Edward Cullen'...y el hecho de que Edward vaya en camino a La Push y pueda ver el mayor asesinato en masa que sucedió allí jamás, donde habrá el tipo de pánico que podría sofocar a alguien con el don de Edward: todos esos pensamientos, ese terror, ese horror...Carlisle pensó en Jasper, cayendo al suelo por la fuerza del sufrimiento de Jacob, y se imaginó a Edward, haciendo lo mismo en medio de la Reserva y ante cientos de testigos, sin nadie que lo ayude a concentrarse y a recobrarse.

Se puso de pie, a punto de salir hacia La Push. En ese momento, Esme entró a la oficina, le ofreció una sonrisa amable y se introdujo en el círculo de sus brazos, descansando su pequeña barbilla sobre el hombro de Carlisle. Él suspiró suavemente, la envolvió con ambos brazos y la mantuvo cerca.

-Jacob se quedará con nosotros, ¿verdad? ¿Hasta que se ejecute el testamento de su padre?

-Si quiere-. Permitió Carlisle. -No tendrá elección mientras necesite cuidados médicos, pero una vez que esté curado, no podremos forzarlo.

-Sí que podremos-. Dijo Esme, con firmeza, dando un paso atrás y mirando a Carlisle con expresión decidida. -Sólo tiene dieciséis años, alguien debe hacerse legalmente responsable por él.

-Su familia...

-Suponiendo que no le quede más familia-. Aclaró Esme. -Quiero que se quede con nosotros.

-Esme.

-Va a hacer que lo maten, Carlisle.

Carlisle frunció el ceño. -Tú crees que irá trás el vampiro que atacó a su manada.

-Sé que lo hará-. Respondió Esme. -Jasper me contó que bajo el dolor, lo único que podía sentir era su necesidad de venganza. Él irá trás ese monstruo y hará que lo mate. Además, lo que dijo sobre el vampiro...sobre Edward...¿y si Edward está en peligro? Jacob es la única conexión que tenemos.

Carlisle lo consideró, sabiendo que, probablemente, ella tenía razón. Casi no sabía nada sobre Jacob Black, pero recordó el infierno en los ojos del chico cuando despertó y cuando tuvo a Edward contra la pared. Un joven hombre lobo, que perdió su familia completa, sumergido en crecientes ira y dolor...Aún así...

-No voy a forzarlo a quedarse si, en verdad, no quiere hacerlo-. Dijo él, firmemente. -Pero le haremos la oferta.

Esme hizo una mueca, pero lo aceptó. -¿Cuánto tiempo tomará que vuelva a estar bien?

-Bueno, visto y considerando que es probabe que se haya hecho más daño, no estoy seguro. Unos cuantos dias, como mínimo.

-Pobre chico-. Dijo Esme, con tristeza. Miró por la ventana, pero sin ver realmente, perdida por un momento en el recuerdo de la primera vez que vio a Jacob. Eventualmente, continuó. -Tal vez, para entonces ya lo hayamos convencido de quedarse con nosotros.

Carlisle sonrió, cansado, acercó nuevamente a Esme y le depositó un beso en la frente. -¿Por qué es tan importante para ti que se quede aquí?

Por un largo rato, Esme no respondió, pero cuando lo hizo, su voz sonó muy seria. -Es una sensación que tengo.

-¿Una sensación?- Preguntó Carlisle, intrigado.

-Sí. Tengo la sensación de...- Se interrumpió, preguntándose cómo expresarla. Y concluyó. -...la sensación de que su lugar es aquí, aquí es donde pertenece, con nosotros.

Carlisle no supo qué responder, en cambio, abrazó a Esme, pensando en lo que ella había dicho y en sus preocupaciones.

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Llovía. No era una llovizna, ni tampoco una lluvia torrencial. Llovía mucho y constantemente, lo suficiente para empapar la ropa de Bella y hacer que su cabello se rize en las puntas y se ondée en el medio; suficiente para aguar la sangre que manaba de la marca de la mordida en el cuello de Jacob y para borronear horríblemente el corte sangrante sobre la ceja izquierda, de modo que parecía mucho peor de lo que era. El cabello negro se le pegaba a la piel y las gotas de lluvia caían por sus mejillas como lágrimas. Edward se agachó lentamente junto a Bella; sus sollozos suaves eran desgarradores, la acercó lo más posible, con un brazo, sin sacar a Jacob del círculo de los brazos de ella.

Alrededor, la gente se juntaba a mirar y sus pensamientos se arremolinaban dolorosamente en la cabeza de Edward. '¿Ese es Jacob?' ¡Pobre chico!' ¿alguien habrá pensado en llamar a sus hermanas?' 'Ahora sí que está solo. ¿Quién se hará cargo de él?' '¿Qué pasó?' '¿Por qué sobrevivió?' 'Sam, todos sus amigos, todos los ancianos ¿y sólo sobrevivió Jacob?' 'Primero su madre, ahora su padre.'

Edward trató de ignorarlos, pero era muy difícil; la gente tenía mucho miedo y lo reflejaba en sus pensamientos: anormalmente fuertes, difusos; mareaban a Edward y le hacían doler la cabeza. Cerró los ojos y se acercó a Bella, presionando su sien contra la de ella y complacido, por una vez, por el dulce alivio de no poder escuchar sus pensamientos.

-Nunca oí un sonido como ese-. Dijo ella, en voz baja, abrazando a Jacob con más fuerza. -¿Lo escuchas?

Edward bajó apenas su barbilla, como toda respuesta. La mente humana nunca deja de trabajar, ya sea que esté dormida, inconsciente o comatosa; Edward había escuchado el grito de Jacob, y ahora seguía oyéndolo en los pensamientos del hombre lobo. Frotó el brazo de Bella con su mano fría, ofreciéndole el consuelo que era capaz. No sabía qué decir.

Ella respiró hondo, temblorosamente y se volvió a mirarlo. Si la situación no fuese tan seria, se vería un poco ridícula: la pequeña Bella Swan sosteniendo al caído hombre lobo de seis pies y medio. -Creo que se está poniendo peor.

-¿Qué?- Preguntó Edward, sorprendido.

-Su respiración es rara, como rasposa, y...creo que está inconsciente. ¿Estás seguro de que no deberíamos llevarlo al hospital? Tal vez podríamos inventar algo para explicar por qué su temperatura es tan alta.

Edward frunció el ceño, estirando la mano para tocar la frente de Jacob. No sirvió de mucho, estaba muy caliente, febril, pero así era su temperatura, Edward no estaba seguro de si era peligrosamente alta o no. -No, si sólo se tratara de una diferencia de un par de grados, podríamos hacerlo; pero con lo alta que es su temperatura en este momento, su interior debería estar derritiéndose. Carlisle va a hacerse cargo y a cuidarlo, tiene todo lo necesario en la casa.

-Muy bien-. Concedió Bella, apoyando su mejilla en la cabeza de Jacob y meciéndolo.

Edward se sorprendió: no sintió ni un poquito de celos.

-Ahí viene Charlie-. Dijo. Un momento después, Charlie dio vuelta la esquina, y se acercó a ellos.

-¡Bella! ¡Edward!- Gritó Charlie, por encima del ruido de la lluvia. -¿Está bien?- Era una pregunta retórica, porque tan pronto como Charlie estuvo lo suficientemente cerca como para ver realmente a Jacob, fue obvio que no estaba nada bien. Su muñeca rota estaba hinchada al doble de su tamaño, su cuello, abdomen y espalda continuaban sangrando, su camisa blanca empapada, casi escarlata. -¡Ay, mierda!- Dijo, suavemente.

Edward lo miró y sintió otro golpe de culpa y simpatía. Charlie y Billy eran buenos amigos, y la pérdida era evidente en la cara del hombre.

-Voy a llamar a una ambulancia.

-¡No!- Dijo Bella, demasiado rápido y demasiado fuerte. Edward casi pone los ojos en blanco y una pequeñísima sonrisa levantó un extremo de sus labios: Bella era la peor mentirosa que había conocido en toda su vida.

Charlie preguntó, confundido. -¿Por qué no?

Antes de que Bella pudiera meterse en más problemas, Edward se levantó y respondió. -Mi padre está esperando que lo lleve de vuelta.

-¿De vuelta?- Las cejas de Charlie desaparecieron hacia su cabello. -¿Qué quieres decir? ¿Ya estaba con ustedes?

-Sí, señor-. Respondió Edward. -Anoche lo encontré inconsciente, camino a casa, y llamé a mi padre. Íbamos a cuidarlo en nuestra casa hasta que pudiéramos comunicarnos con el señor Black.

Charlie frunció el ceño, volviendo a mirar a Jacob. -No sé, chicos. Parece que necesita atención médica urgente.

-Así es-. Interrumpió Bella, mucho más cómoda ahora que sólo estiraba la verdad, en vez de mentir directamente. -Tenemos que llevarlo lo más rápido posible con el Dr. Cullen. Él dijo que quería tenerlo en observación por unos días. Además, Jacob va a estar más cómodo en una cama de verdad que en una de hospital, ¿verdad?

Charlie continuaba indeciso, silbó una vez entre los dientes y, finalmente, asintió. -Muy bien, muy bien. Si el Dr. Cullen cree que eso es lo mejor, entonces vamos a llevarlo en mi coche. Yo los conduciré hasta allí.

-Gracias-. Dijo Edward, sinceramente. Esperó a que Bella, de mala gana, soltara a Jacob, y se inclinó para levantarlo. Jacob no emitió sonido; su cabeza se inclinó hacia el pecho de Edward, su cuerpo completamente flojo y tan cálido que era casi doloroso. Edward no pudo evitar pensar en lo bien que se sentía esa calidez tan cerca suyo. La gente que se había reunido alrededor -Edward no reconoció a nadie-, observaba tristemente como los tres se alejaban de los cuerpos mutilados de los hermanos de Jacob, de las luces rojas y azules y del eco del grito angustioso del hombre lobo.

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A Bella le parecía que su corazón sangraba, como si lo hubiesen perforado y el dolor y la simpatía que sentía por su mejor amigo se filtraban por ese agujero, llenándola por dentro. Su mente giraba tan velozmente que la mareaba y lo único que parecía poder oír era el eco de ese grito, de ese grito horrible y agonizante que salió de la garganta de Jacob. La hacía estremecerse, la hacía sentirse helada; la hacía desear -más que nada-, que hubiese podido quedarse en casa de los Cullen, con él, para que cuando despertara no estuviera solo con gente que odiaba. Esta noche, su habitación le parecía extrañamente vacía y limpia; la ventana estaba abierta por costumbre -para que Edward entrara por ella, una vez que Charlie estuviera dormido-, el aire frío le enrojecía las mejillas y la nariz. Bella se sentó junto a su escritorio, mirando fija e inexpresivamente su antigua computadora, pero sólo podía ver el recuerdo de la carnicería ocurrida en La Push, en vez del email que trataba de escribir a su madre. Se sentía inútil y un tanto nauseosa, tan preocupada que apenas podía respirar sin romper en llanto. Extrañaba a Edward, como siempre que no estaba allí, pero de pronto, la pérdida de Jacob le resultó increíble; desde el día en el bosque cuando él hizo que la castigaran, no habían hablado ni una palabra -excepto por la nota-. Se había portado tan mal con él, mostrándole tan descaradamente que escogía a Edward y no a él -aunque no hubiese querido, ¡Dios! ella los quería a ambos. ¡Cómo había deseado y esperado que Jacob dejara de amarla, que la quisiera como a una amiga, como ella lo amaba a él! La última conversación que tuvieron había sido tan llena de ira y dolor.

Y ahora. Ahora él lo había perdido todo: a su padre, a sus hermanos, a su manada. Estaba solo, herido y atrapado con los Cullen -para bien, ella lo sabía-, pero eso no cambiaba el hecho de lo que sentía por ellos. Bella lo amaba, tanto que temía por él y se preocupaba por él; ella quería, más que nada, poder hacer algo, algo para ayudarlo.

Bella pensó en la sonrisa de Jacob, amplia, hermosa e increíblemente brillante; su risa y su voz horrible para el canto, su sabor preferido de pizza y cómo sus enormes manos se manchaban con grasa mientras trabajaba en su automóvil o en las motocicletas, y se olvidaba y accidentalmente se tocaba la cara. Pensó en lo bien que se sentían sus abrazos, en cómo hablaba moviendo las manos, y hasta en lo increíblemente expresivas que eran sus cejas. Pensó en sus luchas con Paul y Jared, y en sus partidas de poker con Quil y Embry; en que no soportaba el silencio, así que silbaba o tarareaba o balbuceaba sobre absolutamente nada, para llenarlo.

Bella pensaba en él, en todo lo que amaba de él, y se preguntó qué clase de Dios dejaría que pasara algo así a alguien tan increíble y tan bueno como Jacob Black.

Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta que Charlie había llegado a casa, sino hasta que lo oyó golpeando el marco de la puerta abierta de su cuarto. Ya estaba oscuro afuera, ya habían pasado quince horas desde que ella, Edward y Charlie habían dejado a Jacob con los Cullen. Charlie había trabajado todo el día en la Reserva, lucía exhausto y rendido.

-Papá-. Dijo Bella, y no pudo agregar nada más. Se levantó, se acercó a él y lo abrazó. Charlie se lo agradeció, ella pudo notarlo por el modo en que sus brazos se apretaron alrededor suyo y le depositó un beso paternal en el cabello. La soltó y preguntó, asperamente: -¿Cómo está?

-Sigue inconsciente-. Respondió Bella. -Lo dejé hace como una hora. El Dr. Cullen le dio un sedante...dijo que es indispensable que descanse. Se pescó una neumonía, pero Carlisle dijo que se va a recuperar, tan pronto como se tranquilice y se permita sanarse.

-Bueno-. Dijo Charlie, moviéndose, incómodo en la puerta. -Eso es bueno-. Miraba a cualquier parte menos a ella. Bella levantó una ceja, con un mal presentimiento en el pecho. -¿Papá? ¿Qué es? ¿Qué pasó?

-Mierda-. Dijo Charlie, en voz baja. -Este día sigue poniéndose peor. Al final, pude ubicar a sus hermanas.

Bella se iluminó, un poco; casi se había olvidado de Rebecca y de Rachel. ¡Todavía tenía a sus hermanas! Por lo menos. -¡Ay, qué bien!- Sonrió un poquito. -¿Están en camino?

-No-. Respondió Charlie. El modo en que lo dijo, su mirada, aplastó el poquito alivio y buen sentimiento en Bella.

-¿Qué?- Preguntó, insegura de querer saber la respuesta. -¿Por qué no?

-Están muertas, Bella.

Bella parpadeó y abrió la boca para contestar, pero no pudo. No había nada que decir. Nada.

Charlie continuó. -Las encontraron a ambas, esta mañana. Rachel y su compañera de cuarto fueron asesinadas en su apartamento, cerca del colegio...apuñaladas. Y Rebecca y su esposo fueron...bueno, como a Sam...alguien les rompió el cuello.

Bella dio un paso atrás y trastabilló, tocó el borde de su cama con la parte de atrás de sus rodillas y se sentó, inmediatamente. Se tapó la boca con una mano, abrió enormes los ojos y negó con la cabeza. -¡Ay mi Dios!- Susurró. Podía sentir que estaba al borde de pasar de la conmoción a la histeria, pero aún así, le resultó imposible controlar su lento deslizarse hasta la última. -¡Ay mi Dios!

-Sí-. Dijo Charlie, pesadamente. -Lo sé.

Bella temblaba. -¿Cómo alguien puede...cómo...? ¡Ay, Dios, Jacob!

Charlie suspiró y cruzó la habitación para sentarse en la cama, junto a ella. La abrazó con un brazo, un tanto incómodo. -Bella, vamos a encontrar al que hizo esto. Una vez que Jacob se haya recobrado, vamos a hacerle preguntas, tal vez él pueda ayudarnos a encontrar a este tipo.

Ella asintió, porque le pareció la respuesta apropiada. -Por supuesto-. Dijo ella, sin ninguna convicción. -Por supuesto.

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El pequeño corte sobre ojo izquierdo de Jacob, era de un suave tipo de rojo; y la costra, de un agradable y accidentado color granate. Le daba un toque de carácter al rostro. Edward amaba esa pequeña herida, inexplicablemente, le tenía cariño y deseaba que le quedara la cicatriz. No tenía sentido, era un deseo enfermizo y egoísta, pero como Edward era un monstruo, supuso que sería adecuado que su parte favorita de una persona fuese una herida.

No estaba solo con Jacob. Esme también estaba allí, sentada en el gran sillón, a un lado de la habitación. Rosalie estaba en el asiento junto a la ventana, observando a Jacob como un halcón, aunque sin hostilidad -cosa sorprendente-. Emmett estaba sentado en el suelo, frente a ella, con los ojos cerrados y una expresión relajada; Rosalie jugaba con sus suaves rizos. Carlisle investigaba en su oficina, y Alice y Jasper, miraban una película, abajo. Edward podía oír sus pensamientos sutiles, que no le molestaban, eran como un sonido blanco en su cabeza, ni se preocupó en desenredarlos. En cambio, se concentró en la herida sobre el ojo izquierdo de Jacob, y cada pocos minutos, estiraba la mano y la tocaba. Nadie le preguntó qué era lo que hacía, pero todos lo veían hacerlo. Edward descubrió que no le importaba.

Jacob respiraba ruidosamente, porque la neumonía le había aferrado el pecho con sus dedos incómodos. Sonaba doloroso, pero el hombre lobo no parecía molesto, realmente, parecía dormir con tranquilidad. Los puntos de sutura volvieron a hacerse, sus costillas rotas y su muñeca quebrada vlvieron a vendarse; tenía una línea intravenosa pasándole los muy necesarios fluídos. Aunque parecía demasiado caliente, la fiebre se había estacionado en ciento diez grados. Jacob no se movió desde que lo acostaron allí, sus pensamientos estaban vacíos, cuidadosamente vacíos.

Por varias razones, Edward no abandonó su lado. Una, era Bella, que le había hecho prometer que cuidaría a su amigo; otra razón era su familia, él podría ayudar a someter a Jacob si el hombre lobo se despertaba y atacaba de nuevo. Otra, porque Jacob le intrigaba y le preocupaba -sutilmente-. Otra: porque Esme se lo pidió...y por esa pequeña herida sobre el ojo de Jacob que le rompía el corazón.

-Jacob-. Dijo Edward, en voz alta, sin pensar. Y, como esperándolo, los ojos de Jacob se abrieron. En la habitación, apenas iluminada, esos ojos parecían muy, muy oscuros, y la luz de la luna que entraba por la ventana los hacía brillar sobrenaturalmente, como a un personaje de una mala novela romántica. Ese pensamiento provocó que Edward frunciera el ceño y se quedara atrapado en la mirada de Jacob y en la manera en que sus pensamientos se movían lentamente, tan lentamente y con un control tan perfecto. Vio el momento en el que Jacob recordó todo, porque los ojos de Jacob se cerraron con fuerza, y vio el momento en el que el hombre lobo decidió dejarlo pasar, por ahora, y empujarlo lejos, muy lejos. Mentalmente, Jacob imaginó una pequeña caja y puso todo allí, luego cerró la tapa y le puso llave. Era una imagen increíble.

Edward quería volver a tocar la herida, pero no se lo permitió a sí mismo.

Antes de que pudiera decir nada, Esme se apresuró a acercarse; lucía muy preocupada. Se sentó con cuidado al lado de la cama de Jacob. Él nunca la había visto, y era obvio, por el modo en que sus ojos se agrandaron -Esme era de una belleza sin tacha-, por el modo en que la observaba, desconfiado, sin saber por qué, excepto por el hecho de que ella era un vampiro. No se parece a mi mamá, pensó. Edward escuchaba de cerca, pero la siento como a ella, un poco.

Edward se apoyó en el asiento, curioso, y Esme estiró la mano para tocar la frente de Jacob. Su piel fría le hizo dar un respingo.

-¿Jacob?- Dijo Esme. -¿Corazón, cómo te sientes?

La mente de Jacob parecía un tanto lenta, bajo los efectos del sedante. Sus pensamientos sonaban como arrastrados, pero lo suficientemente claros. -Bien-. Dijo él, con una voz muy áspera, haciéndose eco de lo que pensaba. -Muy bien.

Y esa fue, ni más ni menos, que una perfecta mentira.