NOTA1: Este relato es la segunda parte de "Claro de Luna"... no es estrictamente necesario haberlo leído, pero sería adecuado xDD... después de todo sigue del final de "Claro de Luna"

NOTA2: Este relato contiene spoiler del capitulo 37 y puede que de algunos más... pero si no los habéis visto podéis leer el fanfic sin problemas, puesto que los diálogos del capitulo importantes están incluidos. Puede que no sean literales 100 pero he tratado de ser lo más literal que me permite mi memoria ). Aunque algunos los cambiaré un poco a propósito para el fanfic.

Quiero dedicar este relato a la gente que me dejó reviews en "Claro de Luna", pero especialmente a agf, Maya-chan, Bake-tsuki, Ann, Eugenia, Shadashiva, KreuzAsakura y spe metallium porque sus reviews tienen algo que me animó a escribir esta segunda parte. Espero que sigais apoyándome con esta segunda parte, porque vosotros tenéis vuestro pellizquito de mérito.

MUY IMPORTANTE!!!: ESTE CAPITULO CONTIENE LEMMON (QUIZÁS DEMASIADO FUERTE PARA MENTES SENSIBLES XDD) LEERLO BAJO VUESTRA RESPONSABILIDAD...

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Por fin había llegado el día de la fiesta de las fuerzas armadas del ejército americano, y Saya estaba espectante ante la oportunidad de poder enfrentarse a Diva. Sabía que podían decidirse muchas cosas, entre ellas el destino de la humanidad. Si, finalmente, ellos perdían la lucha el mundo estaría en manos de los chistophera y una nueva sociedad monstruosa sería creada. Sin embargo, ella tenía la esperanza de ganar.

La gente esperaba entre curiosa y espectante la actuación de Diva, la cual no tardó demasiado en aparecer. Sonriendo inocentemente ocultaba sus verdaderas intenciones, y así comenzó a cantar. La música flotaba ligera por el aire rodeando a un público maravillado, pero pronto las cosas cambiaron, varias personas comenzaron a retorcerse de dolor hasta que su cuerpo humano dio paso a un horripilante christophera. El caos reinó rapidamente y el escudo rojo, al menos los miembros que estaban allí, se desplegaron para tratar de controlar el problema.

Por otro lado, Saya y Hagi pudieron notar como Diva, Nathan y Amshel se escapaban por detrás del telón del escenario. Corrieron tras ellos hasta cortarles el paso. Ambas reinas se miraron desafiantes a los ojos. Era su primer encuentro desde que Diva matara a Riku y ese odio aún brillaba en los ojos rojos de Saya.

- Nee-sama, ¿Has venido a verme? Que honor...- dijo burlonamente. Saya tuvo que apretar los dientes para no lanzarse contra ella, pensando cuanto dolor le había causado por pura diversión. Si solo no se comportara así... si no quisiera hacer daño a todo el que le rodeaba...-

- He venido a matarte.-

La risa histerica de Diva resonó aún más que todas las canciones que hubiera cantado antes. No podía evitarlo, su hermana mayor tenía demasiada seguridad en si misma, pero ella se la arrancaría delante de sus seres queridos. De repente paró de reir dando paso a un gesto de pura furia. Estaba harta de ese aire de superioridad, de justiciera de la humanidad, como si matarla fuera un bien mayor que Saya debiera realizar. Siempre tratandole como un simple yerbajo que deseaba arrancar de su precioso jardín.

- Intentalo si te atreves...- antes de que pudiera terminar la frase Saya cogió su espada, la desenfundó y lanzó contra ella su primer ataque. Diva lo esquivó sin problema sin siquiera despeinarse.- ... pero sería cruel matar a tus sobrinas, ¿no crees?.- preguntó con aire triunfal.-

- ¿De qué hablas?.-

- De los bebés...- comenzó a explicar con una sonrisa ironica y sus manos posadas en el vientre.- ...de Riku.- en menos de dos segundos Saya comprendió todo lo que había sucedido en aquel barco el día que ella mató a su hermano.- Es curioso, ¿no crees?. Finalmente yo seré la única que tenga lazos sanguineos con tu "familia". Tu amada familia de la que tanto presumes... es mía ahora.- La sonrisa ironica no desaparecía de la cara de la reina. Al mismo tiempo los labios de Saya temblaban por la fuerza con la que seguía apretando los dientes. Esto era la guerra. Esto era lo último que Diva destrozaría con sus malas intenciones y su odio. Esto era lo último que le robaría.

Así comenzó una batalla entre las reinas, en la que pronto se vieron envueltos los caballeros de ambas. Golpes y más golpes se sucedían entre el vuelo de dagas y la lucha de espadas. La furia de ambas sangres vibraba tan profundamente que parecía que nunca fuera a parar. Saya contra Diva, Hagi contra Nathan y Amshel como un dios espectador de todo lo que había creado y planeado. Nadie podía parar... nadie QUERÍA parar, era un momento de venganzas, odios y envidias y esos sentimientos acrecentaban el fuego de la batalla.

El problema es que Saya estaba débil y aunque Diva pudiera no ser superior en fuerza, si que en estos momentos llevaba ventaja. Por eso, hubo un momento en que Saya se tambaleó levemente en uno de sus mareos habituales y fue entonces cuando Diva aprovechó para darle un golpe que le hizo salir disparada contra una pared y quedar casi inmovil por el impacto. Hagi reaccionó haciendo todo lo posible por librarse de Nathan e ir a ayudar a su dama, pero por mucha fuerza que usara no podía librarse de la sujección que el otro caballero ejercía. Por si feso fuera poco, la otra reina se acercó a él desafiante, sabiendo que esta batalla estaba a punto de ser ganada. Apretó fuerte la mano en la que sostenía una espada y alzandola se la clavó de inmediato al caballero en el corazón. Sabía que eso no le mataría, pero si que le dejaría durante un rato fuera de juego, perfecto para que ella pudiera hacerle lo que quisiera sin miedo a que contratacara.

- Voy a tomar prestado un rato tu juguete, espero que no te importe Saya.- se burló mirando a su hermana tirada en el suelo sin poder reaccionar.-

- ¡¡Dejale Diva!!.-

- ¿Quién me lo va a impedir?.- preguntó ironicamente acercandose a ella para cogerle del pelo y levantarle la cabeza para poder mirarla a los ojos.- ¿Tú? No, no lo creo...- y diciendo esto le propinó otro golpe que le hizo perder la consciencia.-

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Un fuerte estruendo sonó a poca distancia de la dama, lo que le hizo despertarse precipitadamente. No necesitó ni un segundo para recordar lo que había pasado antes de perder la consciencia, por eso se levantó de un salto y buscó con la mirada a Hagi, pero no le encontró. Pensó con rápidez tratando de analizar la situación, auqneu era díificil estar tranquila, la preocupación le recorría el cuerpo. Diva estaba loca, podía hacer hecho cualquier cosa con Hagi y nada le daba más miedo que ver morir a su caballero antes que ella. Alejó esos malos pensamientos y analizó la situación. Seguía oyendose revuelo al otro lado del escenario por lo que el escudo rojo aún no había detenido a los chistophera, ninguno de sus amigos había venido en su busca... lo cual solo podía indicar que o bien habían ganado los christophera o había pasado muy poco tiempo. De inmediato descartó la primera opción pues pudo oír claramente la voz de David gritando a lo lejos una orden de combate.

Dio un par de pasos algo dolorida aún y pudo ver un charco de sangre donde Hagi fue atravesado ante sus ojos. Aquel recuerdo le dolió más que si hubiera sido ella la que sintiera la espada entrar en su cuerpo, pero ese dolor le dio valor y energía. Olvidó cualquier cansancio que pudiera sentir y reanudó su paso a toda velocidad. Concentró sus sentidos, como ya lo hiciera una vez para buscar a Kai en Okinawa, y pudo sentir la débil presencia de Hagi no muy lejos de allí... a un par de kilometros dentro del bosque que estaba tras el escenario.

Corrió tan rápido que nadie podría haberla visto, practicamente voló y al final pudo sentir el aroma de su caballero en el aire. Siguió corriendo hasta que traspasó unos arbustos y le encontró. La escena era horripilante, sacada de una película de terror. Hagi reposaba inconsciente sobre un charco de sangre enorme, su cuerpo estaba totalmente magullado y varias heridas de espada dejaban ver bajo la ropa rasgada su carne roja. Las ganas de llorar le atenazaban la garganta, tenía miedo de acercarse y tocarle, miedo de comprobar que pudíeran haberle matado. Sabía que era muy díficil matar a un caballero si no era con la sangre de la otra reina, pero aún así había perdido tanta sangre y tenía tantas heridas graves que perfectamente podía haberse desangrado hasta la muerte. Se llevó la mano a la boca y ahogó un sollozo.

- ¿Ha...Hagi?.- dijo entre lágrimas rogando por una respuesta, pero el caballero no reaccionó. La desesperación y el miedo bombeaban en su sangre haciendo que todo el vello de su cuerpo se erizara y que un escalofrío recorriera su espalda. Se acercó entonces muy despacio hasta quedarse de rodillas en el charco de sangre junto a él y posó su mejilla en la de él comprobando aterrorizada lo fría que estaba la piel del caballero. - ¿Hagi?.- sollozó.- ...no ... te mueras.- rompió a llorar. Fue entonces cuando pudo notar un leve movimiento bajo ella.- ¿Hagi?.- le llamó una vez más tratando de convencerse de que no había sido su imaginación.-

- Sa...ya...- al poder escucharle, la dama sintió que el corazón volvía a latirle dentro del pecho, pues durante el segundo que temió que estuviera muerto podría jurar que notó como se le paraba.-

- Tranquilo, vas a ponerte bien, no hables.- le besó suavemente en los labios y notó como volvió a perder la consciencia. Ya más tranquila al ver que estaba vivo se detuvo a mirar cada una de las heridas que le habían hecho y de nuevo la furia bulló en su sangre. Notaba como si fuera lava lo que le corría por las venas encendiendole los ojos más rojos que nunca antes.- Diva...- farfulló con rabia.- ... esta me la vas a pagar.- Sin sabber muy bien de donde sacó la fuerza Saya le levantó y puso uno de los brazos de Hagi por detrás de su cuello para poder llevarselo a un lugar donde pudiera descansar y curarse. Siempre supo que no había llegado a conocer cuan grandes eran sus poderes, pero ella misma se sorprendió de la facilidad con la que levantó el peso muerto del cuerpo de Hagi.

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La estancia estaba oscura, era una casona de las afueras de la ciudad que a Saya le pareció deshabitada. Tenía todo el aspecto de ser una casa de veraneo, pero llevaba mucho tiempo cerrada, al menos eso hacía pensar la cantidad de polvo que acumulaban los muebles. Por eso, hace tres días decidió que era el lugar perfecto para ellos, recogió un poco una habitación y tumbó a Hagi en la cama.

Había estado muy preocupada, pues a pesar de que los caballeros se curan rápido Hagi estaba tardando demasiado. Quizás fuera por la gran perdida de sangre, pero fuera por lo que fuera ella no podía evitar sentirse culpable y preocupada por partes iguales. Durante esos tres días no se separó de la cama, apenas comió, apenas durmió, apenas hizo nada que no fuera sentarse en el suelo y apoyar la cara en el borde de la cama sin dejar de mirar a su caballero. Si era cierto que las heridas se estaban cerrando, pero extramadamente despacio.

Aquel día estaba algo más preocupada. Varias veces comprobó que la temperatura del cuerpo del caballero era extramadamente alta. Esperó que la fiebre bajara por si sola, pero al ver que eso no ocurría recordó una vez que Riku estuvo enfermo y su padre le bajó la fiebre con paños fríos en la frente y duchas frías. El problema es que no creía que fuera bueno moverle, quizás algunas de las heridas se le abrieran. Pensó con rapidez, algo tenía que hacer, no podía dejarle así. Pronto una idea acudió a su mente y se sonrojó. No había otro remedio, haría lo que fuera para curarle, por más verguenza que le diera. Se levantó del suelo y se fue hacia la cocina de la casa para coger agua fría y dos paños. En pocos minutos lo preparó todo y volvió a la habitación. Colocó el balde con agua en la mesita y se sentó en el borde de la cama. Sobre esta reposaba dormido el caballero, tapado con una sabana... unicamente con una sábana. Se sonrojó de nuevo al recordar como tuvo que quitarle toda la ropa, pues a parte de estar manchada de sangre, estaba toda desgarrada. Cogió uno de los trapos, le mojó con el agua fría y tras escurrirlo un poco se lo puso en la frente. Se giró y cogió el otro paño y repitió la operación, solo que esta vez no se lo puso en la frente. Respiró tratando de darse animos y de alejar esa maldita verguenza incomprensible. Después de todo había hecho cosas más intimas que la que iba a hacer ahora. Agarró un extremo de la sabana que le cubría y la retiró hasta el límite de las caderas. Así dejó la piel marmorea del caballero al descubierto y con el paño que tenía en la mano comenzó a recorrerla. La intención era refrescarle, pero no estaba muy segura si surtiría efecto.

Varias veces mojó el paño en el agua fría y continuó su recorrido por el cuerpo de Hagi. Pudo notar después de un rato como la fiebre comenzaba a bajar, pero al mismo tiempo que la temperatura de él bajaba, la de ella subía. Era demasiado tentador. Recorrer con sus manos esa piel tan suave, verle totalmente vulnerable y dejar actuar su imaginación. Después de estar haciendo eso por más de media hora no pudo soportar la tentación, se acercó un poco más y poniendose de rodillas en el borde de la cama le besó en los labios. La intención era simplemente un suave beso que calmara su ansiedad, pero de pronto notó como los labios de Hagi se movían bajo los suyos y su lengua se deslizaba calidamente dentro de la suya. En vez de continuar con el beso, se separó asustada y sorprendida. En seguida la sorpresa pasó a la felicidad cuando le vio con los ojos abiertos.

- ¡¡Hagi!! ¿estás bien?-

- Sí... siento haberte preocupado.- se incorporó despacio en la cama y ambos quedaron frente con frente dandose gracias en silencio. Ella por haber sobrevivido y no dejarla sola, y él por haber cuidado de él y permanecer a su lado. Hagi puso su mano sobre la de ella y movió la cabeza para besarla. Comenzó de nuevo como un beso suave que poco a poco fue ganando intensidad. Era la primera vez que era ella la que sentía miedo y él el que dormía ajeno a todo, así pudo comprobar Saya lo que su caballero experimentaba continuamente y sintió pena por no poder evitar su sueño de años.

Poco a poco mientras se perdían en la sensación suave del labio contra labio y de la lucha de lenguas húmedas, se fueron tumbando en la cama. Saya sobre Hagi, sin percatarse de la horizontalidad de sus cuerpos. En cierto momento el beso se rompió para poder respirar y ella se dio cuenta de que podía hacerle daño. Pretendía quitarsele de encima, pero él le pasó un brazo por la cintura y la retuvo.

- Hagi, dejame... te voy a hacer daño.- él apretó aún más su brazo y Saya pudo notar como la fina sábana no ocultaba el calor y la excitación del cuerpo de él.-

- Tú nunca me harás daño. Solo acercate ...- la pasión pudo más que la razón y ella así lo hizo. Decidió olvidarse del dolor y centrarse en la alegría de saber que estaba bien. Quería demostrarle con su cuerpo cuanto agradecía que no le dejara sola. Se acortó la poca distancia que les separaba y labios contra labio, pecho contra pecho y calor compartido comenzaron a desatar su excitación.

Era una calidez agradable, el sentir piel contra piel mientras se besaban. Aunque la piel de la muchacha estaba aún cubierta por la ropa, eso no les importaba aún. Solo estaban comenzando, se besaban y se acariciaban despacio, dejando el tiempo fluir sin prisa alguna, sintiendo como se derretían por dentro. La escitación crecía y Saya no solo lo comprobaba en ella misma, sino que pudo notar bajo ella la muestra más clara en que Hagi pudiera demostrarselo. Era más que claro que Hagi quería más... y ella también.

Volvieron a incorporarse, quedando Hagi sentado en la cama y Saya sobre él a horcajadas. El caballero comenzó a bajar la cremallera del fino abrigo morado hasta que la bajó del todo, se deslizó entonces la prenda por los hombros de la joven hasta que cayó sobre la cama. Agarró ahora el vestidito blanco por la parte baja y con ayuda de Saya se lo sacó por la cabeza. Frente a él la piel fue quedando expuesta, dejando a la dama solo con su ropa interior de encaje blanco. Era un conjunto sencillo, cómodo y bastante normal, pero a Hagi le maravilló aquella imagen. Sonrojada, acalorada, con la respiración agitada y medio desnuda sobre él. Los ojos de la muchacha estaban medio cerrados, concentrada solo en lo que sentía, sin querer fijar su vista en nada que no fueran los ojos de él.

Sin pedir permiso, tampoco es que lo necesitara, el caballero posó su cabeza en el pecho de la muchacha y se deleitó con el sonido de su corazón. Pum pum... pum pum... pum pum... era el sonido más hermoso que la humanidad conociera. Al menos para él. Saya sintió ternura y le abrazó mientras acariciaba su larga melena.

- Ojala el tiempo se detuviera en este lugar y en este momento.- susurró ella acercando la boca a su oído.-

- Si ese es tu deseo... yo lo detendré para ti.- reanudó entonces su misión. Pasó las manos a la espalda de la muchacha y mientras le besaba el pecho desató su sujetador, haciendo que sin que Saya se diera cuenta pasara de notar los labios sobre la tela fina a sentirlos directamente en la piel de sus pechos. Aquel detalle le excitó aún más si cabía. Ya solo quedaban las braguitas, pero prefirió dejarlo para cuando llegara el momento. Ahora se conformaba con poder sentir piel contra piel completamente. Ambos se acercaron y el roce de los pechos de la joven en el propio pecho del caballero añadió un punto más a su excitación. Ya cualquier estimulo era una tortura, pues ambos se deseaban de manera casi animal.

Con un movimiento que casi pareció una llave de judo, Hagi puso debajo a Saya, pero no pudo evitar exclamar un poco al sentir una punzada de una de las heridas. Quiso disimularlo, pues sabía que la dama se preocuparía, pero ella lo notó.

- ¿Estás bien? ¿Quieres descansar?.- preguntó preocupada.-

- No es nada...-

- Pero deberías...- antes de que pudiera seguir protestando la besó de nuevo silenciandola con sus labios. Nadie podría resistirse a tal argumento... y Saya no tenía ninguna intención de ser la excepción. Delicamente ella abrió un poco las piernas para que el caballero pudiera ponerse entre ellas y así estar más cómodo. Además, le daba verguenza confesarse a si misma que le gustaba la fricción que producía esa postura.

Desde su nueva posición Hagi recorrió con besos todo el pecho de la joven. Desde el lóbulo de la oreja bajando despacio por el cuello, parandose unos segundos en la clavícula para continuar es descenso por sus pechos hasta llegar hasta la parte inferior de su ombligo. Ella reía por las cosquillas, pero también disfrutaba de la sensación. Hagi sonreía contra la piel de la joven al darse cuenta de aquello. Comenzó después el camino de subida, pero esta vez se detuvos en sus pechos y lamió suavemente los pezones de la chica.

- Ahhh...- gimió ella. Él estaba decidido a hacerle disfrutar, pero ella no quería ser menos. Pasó las manos por su espalda y le acarició con dulzura, pero a la vez se bajó un poco, haciendo que por primera vez la dureza de Hagi se apretara contra ella. Un gemido ronco salió de la boca de él, y esta vez fue ella quien sonrió. Jugaban a tentarse, a hacer gemir al otro, disfrutaban dandose cuenta de que ambos se excitaban al menor roce. Sin embargo, los roces cada vez eran menos sutiles, dejando paso a clara fricción de ambos cuerpos.

Entonces cruzaron una mirada en la que se lo dijeron todo.

Hagi se separó un poco de ella, lo justo para tener libertad de movimientos, y con un gesto rápido le quitó la última prenda a la muchacha que no pudo más que sonrojarse ante lo que se avecinaba. De nuevo él se acercó y caballerosamente pidió permiso con la mirada ganandose una sonrisa de la muchacha, que se acercó más a él. Sin más, notaron como la unión fue total. Gimieron al unisino y comenzaron a moverse totalmente compenetrados. Embestidas iban y venían, los gemidos flotaban por la habitación y los dos susurraban sus nombres sin descanso.

Él sobre ella... caballero y dama caminando por la senda de la pasión más fulminante. Empujando y empujando, mientras entrelazaban las manos por encima de la cabeza de ella. Más y más la excitación crecía y nada podría detenerla ya.

- Hagi...- gimió ella cerrando los ojos por aquella ola de sensaciones.-

Y en un último movimiento sintieron que todo terminaba, el fin del mundo bullía en sus venas y era tan placentero que serían felices de morir en aquel preciso instante si aquel fuera su último recuerdo. Se agitaron un segundo y tras la tormenta llegó la calma, cayendo el cuerpo de Hagi sobre el de su dama y susurrandole con su aliento ahogado un juramento.

- Te amo... lo haré incluso cuando ya no exista.-

CONTINUARA...

Voy a llorar... sé que lo he escrito yo, pero voy a llorar xDD... me gusta mucho como ha quedado. Quería resarciros por el anterior capitulo, era muy aburrido. Creo que no podreís quejaros, ¿no?. Queriais lemmon y os he dado un lemmon bien romantico. No soy muy buena para expresar este tipo de escenas, así que no seais muy duros.

Espero muchos reviews... creerme que me animan mucho a escribir. (aunque en el anterior solo dos personas me escribieron... gracias!! me alegra saber que vosotros me apoyais hasta en los capis sosos xDD)

PROXIMO CAPITULO... ahhh, misteriooooooo (no, es q aun tengo dudas de que haré xD)