Levadura

Un pastel de chocolate era una buena idea sin duda, más aún siendo Navidad. Eso pensaba la joven castaña de ojos zafiros mientras observaba los ingredientes colocados ordenadamente en la mesa.

— Aoko — llamó una vez desde detrás arrastrando la última sílaba.

Soltó una pequeña risita, a veces podía ser tan infantil.

— Kaito tranquilo — lo apaciguó dando una vuelta, viendo como el joven de cabello alborotado se sujetaba la tripa mostrándole el dolor que ese lugar despertaba — Aún tengo que preparar el pastel, así que tendrás que esperar.

— ¡No hay derecho! — exclamó dejándose caer en el respaldo.

Después de sonreír volvió a girarse para comprobar si estaban todos los ingredientes, dándose cuenta de que faltaba uno básico; levadura.

Con un suspiró abrió el armarito que tenía encima de la vitrocerámica y observó que el dichoso ingrediente estaba situado en la balda más alta. Algo fastidiada tomó una de las sillas cercanas a donde Kaito estaba y la situó justo en el lugar adecuado para que al subirse pudiera tomar el objeto.

Se quitó las zapatillas y se subió, pero lo que ella no había notado, era que esa silla estaba coja por ello al tomar la levadura he intentar bajar la silla se movió y ella perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás, donde estaba el tabique con el fregadero. Cerró los ojos esperando el fuerte impacto, pero no fue así.

Chocó contra algo, sí, pero no era frío y duro, sino todo lo contrario, blando y calido. Abrió los ojos y vio que Kaito se había interpuesto entre ella y el mueble. Se fijó que ya su rostro no mostraba rastro alguno de aquella hambre que decía tener, solo se veía la preocupación, y ahora el alivio. Ninguno dijo palabra alguna, simplemente se dedicaron a mirarse hasta que él intentó moverse para volver a su lugar, intentando no hacer lo que sus deseos le decían; besarla.

Pero ese día algo deseaba que él consiguiera aquel anhelo que desde hacía años tenía, haciendo que al moverse los labios de ambos impactaran dado que Aoko, con miedo se había aferrado a él, y descansó uno de sus pies en la silla, haciendo que al moverse se apoyara aún más en el chico, que en esos momentos no procesaba la información.

Fue un contacto casto, ya que nada más unirse se separaron muy sonrojados, sin mirarse a los ojos, volviendo cada uno a su lugar, desviando a veces la mirada para contemplar al otro.

Aoko en varias ocasiones se llevaba disimuladamente las manos a los labios, extrañada por aquello. No sabría decir si aquello se podría considerar un beso, pero para ella lo era. Su primer beso…Realmente aquellas eran unas circunstancias extraña para uno.

No había habido declaración por parte de ninguno, todo había sido obra de la dichosa levadura y de la silla que al parecer su padre finalmente no llevó ha arreglar.

Kaito, por su parte la miraba con disimulo viendo de vez en cuando la acción de ella.

¿También pensaba lo mismo que él? ¿Tendría ella las mismas ganas que él de repetir ese momento otra vez? Él sí, pero lo alargaría lo más posible, y lo repetiría todas las veces que pudiera.

Se levantó con esa idea y vio como ella probaba algo del chocolate que desde hacía rato estaba derritiéndose. Dibujó una sonrisa pícara en su rostro, y después de ver que ella soltaba la cuchara le dio la vuelta y la besó, al principio fue algo brusco, pero después bajó la intensidad, haciendo que ella lentamente correspondiera su beso.

Unos segundos después se separaron por falta de oxígeno. La castaña estaba completamente ruborizada y sin palabras, más al ver la sonrisa pícara del ojiazul, que sin pensárselo dos veces volvió ha besarla.

— ¿¡Qu-Qué demonios haces idiota!? — exclamó avergonzada la chica cuando al fin se separó de él.

— Pruebo el chocolate, ya te dije que tenía hambre — expresó lamiendo una de las comisuras de sus labios, manchada ligeramente de chocolate — Que por cierto…Creo que debes echarle más azúcar. Aunque al parecer la única que queda está en el estante.

— ¡Ba-Bakaito! — gritó ella cerrando los ojos abriéndolos después de golpe cogiendo la fregona que tenía cerca — ¡Ven aquí!

— Solo si me das un beso — articuló ya en la puerta de la cocina.

— ¡Un golpe es lo que te llevarás!

— ¡Entonces mejor no me acerco! — formuló corriendo fuera de allí, sabiendo que aquella noche, cuando volviera todo sería muy diferente, ya que tarde o temprano, Aoko aceptaría que deseaba aquello tanto como él.