Harry Potteres propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros., esta historia es sin fines de lucro.

Harry Potter y la historia que debió ser

Lessa Dragonlady

Parte I

"LA PAREJA DEL TRÍO"

Harry despertó con un dolor insoportable en todo el cuerpo. Llevaba un mes bajo el régimen de entrenamiento de su mejor amiga, lo que quería decir: ejercitarse, estudiar, hacer magia sin varita, comer, seguir haciendo magia sin varita y finalizar con un duelo de casi una hora. Lo que al principio fue divertido se convirtió en una profunda tortura física y mágica. En las noches quedaban tan cansados que preferían pedir comida a domicilio y echarse a dormir, lo cual también puso pausa al creciente contacto físico entre Hermione y él, algo que no le daba gusto. Miró a su lado a la castaña con una media sonrisa en sus lindos labios, la respiración acompasada de un sueño insondable. Se veía increíblemente sexy en el jersey de Quidditch, sobre todo porque gracias a todo el ejercicio Hermione había desarrollado músculos en sus, ya de por sí, preciosas piernas y en la parte superior del busto, provocando que se viera más elevado y sugerente. Disfrutó de esa visión pacífica, consciente de que en cuanto el despertador sonara Hermione regresaría a la irritada actitud que tomó desde la semana pasada, cuando Harry pudo entrar en contacto con su magia elemental y ella no.

Si había algo que odiaba Hermione era no ser la mejor. Al principio fue encantador, ahora honestamente estaba causando frustración en Harry. Por supuesto ambos saben qué tan irritantes pueden ser, lo urgente es encontrar una forma distinta de resolver sus desacuerdos, porque su relación ya no era la misma, aunque seguía sin definición. Harry temía que el problema se extiendera, puesto que ambos son bastante torpes en cuanto a hablar de sus sentimientos.

Además, no era su culpa que, siguiendo las indicaciones del libro maldito que compraron a principio de verano, conectara con la chispa originaria de su magia, en el centro de su pecho, que alimentaba al resto de su cuerpo. Desde entonces Harry tuvo una absurda facilidad para hacer magia sin varita, al punto de que podía realizar los hechizos del currículo de los tres primeros grados de Hogwarts. Hermione, a pesar de tener la posibilidad de usar su varita, también se ejercitó para dejarla de necesitar, pero no estaba llegando a ningún lado. Harry no quería insistir al respecto; las tres primeras veces que lo intentó fue terrible: Hermione no quiso tener una de sus típicas conversaciones antes de dormir con él. A Harry le gustaría ayudarla, pero sabía que cuando la Gryffindor se proponía algo era mejor no meterse.

Escuchó en la cocina la cafetera prenderse, lo que quería decir que faltaban cinco minutos para que el despertador sonara. ¿Hoy qué tocaba? ¿Escudos, duelos, hechizos?

Una enorme sonrisa apareció en su rostro al darse cuenta que era domingo. Día de descanso.

Se giró sobre Hermione, dispuesto a aprovechar cada segundo de su leona dormida. Besó los hombros pequeños y comenzó a acariciar la cicatriz azul, arrojando espasmos de calor en el cuerpo femenino. La escuchó suspirar agradecida, y continuó besando su espalda, oliendo la piel rozagante. De manera fugaz se prometió por fin hablar con Hermione acerca de esas interacciones tan poco fraternales, pero entre las ganas de descansar sin problemas todo el día y el miedo a ser rechazado, prefirió volverlo a aplazar. Él tenía derecho de sentirse así, sino ¿por qué otra razón, además de la falta de enamoramiento, Hermione no había hablado al respecto? Ella siempre se encargaba de esos asuntos entre ellos.

―¿Ya hay que levantarnos? ―la escuchó decir aletargada.

―Es domingo ―dijo regresando sus labios a la quijada delicada de Hermione―, propongo que no salgamos de la cama en todo el día y pidamos pizza.

Soltó un gemidito ―Pizza…

Harry sonrió, girándola bajo él. Siguió besando las mejillas, tronando juguetonamente los labios. Hermione comenzó a reír, empujándolo sin fuerza lejos de ella.

―Yo propongo que subamos a la alberca.

Fue turno de Harry para gemir ―Siempre tienes las mejores ideas.

―Lo sé.

Hermione abrió los ojos, ya despierta por completo, y elevó el rostro para besar a Harry.

―Buenos días ―susurraron al mismo tiempo.

Al levantarse Harry, con un giro de su muñeca, tendió mágicamente la cama. Hermione lo miró enfurecida.

―Lo haces ver tan fácil ―chistó.

Harry actuó veloz. Al siguiente instante ya la tenía abrazada contra él ―No quiero dejar de practicar, ni siquiera cuando es domingo. Sé que tú también conseguirás hacer magia originaria, no hay cosa en el mundo que no puedas aprender, así que no te presiones y sólo por hoy déjalo pasar, ¿sí?

La castaña suspiró derrotada bajo ese par de ojos verdes.

. . .

Media hora después estaban en la terraza. Hermione traía sus lentes oscuros, el bikini champaña, una taza de café y su bata de satín color azul pálido; se echó en uno de los camastros a leer el periódico. Harry, en traje de baño verde oscuro, decidió tomar su café mientras remojaba los pies en la alberca, respirando el viento veraniego de Cambridge. Amaba esos momentos en que Hermione y él disfrutaban de la compañía del otro, sin realmente interactuar. Dejarla leer el periódico mientras él tomaba café se estaba volviendo tradición.

Le gustaba pensar que podía crear, en un futuro, cientos de tradiciones con su mejor amiga.

Parecía un espejismo lo que estaba viviendo, lejos de los Dursley, de los Weasley, de Hogwarts, como si se hubiera recluido en una isla paradisiaca con la bruja que más quería en el mundo a hacer lo que más le gustaba: practicar magia. Aunque, pensándolo bien, lo que más le gustaba ahora es besar a Hermione. Era fantástico, cálido, siempre distinto y único. Sobre todo le gustaban las sesiones de besos que tenían en la cama que, inicialmente, se compró pensando en que dormirían separados. El último mes, poco a poco y gracias a la tienda de antigüedades que quedaba muy cerca, Harry y Hermione fueron arreglando la recámara principal, sin quedar claros en lo que realmente significaba.

―¿Ya viste hacia allá? ―preguntó Hermione un par de metros atrás de él.

Harry dirigió su mirada hacia el oeste, una pequeña lechuza se acercaba.

―Creo que es Pig ―dijo emocionado de que su mejor amigo por fin deseara hablar con ellos. Desde tres semanas atrás lo fue a visitar para decirle el secreto: Potter Pembroke se encuentra en el cuarto piso del 28B de Pembroke Street, Cambridge. De manera que pudiera ir a verlos cuando se le pasara el orgullo. Hasta entonces no habían sabido de él.

―Supongo que como Pig es de Ron, y Ron conoce la dirección de Potter Pembroke, pudo encontrarnos. Sino no entiendo cómo superó el Fidelius ―murmuró Hermione.

La diminuta lechuza bajó haciendo aspavientos, orgullosa de haber traído su carga súper especial. Hermione caminó hacia ella, pasando sus dedos por las plumas alborotadas.

Harry cogió el correo ―Son cuatro sobres. No puedo creer que Pig aguantó el viaje. Dos son de Hogwarts. Extraño. Mira, ésta es para ti.

―Es de parte de Ginny.

―La última es para mí de Ron.

―Abre primero esa, quiero saber si ya nos "perdonó".

Harry:

Resulta que no se les ocurrió pensar que al poner el Fidelius las lechuzas de Hogwarts no los encontrarían. El profesor Dumbledore vino a la Madriguera y me pidió mandarles esto para que estén enterados de sus resultados en los TIMOS. Yo obtuve siete, más de lo que Fred y George sacaron juntos, o por lo menos eso dijo mamá. Hablando de ella, quiere saber si vendrán a vernos por lo menos una vez antes de regresar al colegio. No sé cuál es tu plan, amigo, pero debes venir porque FLEUR DELACOUR está aquí. Sí, Bill se comprometió con ella, el suertudo, aunque a mamá y a Ginny no les gustó la idea, no sé por qué. La verdad es que pensaba ir a verlos en estos días, pero teniendo a Fleur aquí sería una locura alejarme de la Madriguera. Dile a Hermione (si es que no está leyendo esto) que supongo que está bien lo que hizo por ti, y que también me gustaría verla. El verano sin ustedes no es lo mismo.

Ron.

―¿Supone que está bien lo que hice por ti? ―repitió Hermione molesta ―¿Qué clase de disculpa es esa?

―La mejor que puedes conseguir de Ron ―dijo Harry feliz de tener en buenos términos a sus mejores amigos―. No es mala idea ir a la Madriguera, ¿no crees? Podríamos pasar el resto de la mañana aquí y en la tarde ir a comer allá.

Hermione de nuevo suspiró ―Comienzas a convencerme muy fácil de lo que quieres, Potter.

―No me engañas. Quieres la comida de la señora Weasley…

―Eso también.

Harry la abrazó, disfrutando de la abrumadora sensación de tenerla casi desnuda entre sus brazos. Hermione le sonrió amorosa antes de empujarlo, por poco tirándolo a la alberca, para agarrar su carta de Hogwarts.

―Ya estaba entrando en histeria por saber los resultados.

Harry la miró entre divertido y resignado, eso nunca cambiaría. También abrió su carta.

―No sé cómo me fue en el de pociones, de eso depende mi carrera de Auror.

Hermione confirmó lo que sospechaba, sus TIMOS brillaban en excelencia. Harry, en cambio, se decepcionó al ver un "Supera las expectativas" en el de pociones.

―El bastardo de Snape no me recibirá el siguiente año. No sé si sentirme aliviado o enojado.

Hermione se paró de puntitas para besar su quijada ―Estudiaremos qué otras opciones te interesan para especializarte, no te preocupes.

Harry terminó asintiendo ―Sólo falta la carta de Ginny.

―¿Qué querrá?

Querida Hermione:

¿Dónde estás cuando más te necesito? Este verano ha sido un completo fracaso. Para empezar Phlegm Delacour tomó posesión de la Madriguera, ¡se va a casar con Bill, mi hermano favorito! Es una estirada, presumida y falsa. Mamá y yo no la soportamos. Ni se le entiende cuando habla. Luego, por tu culpa, Ron ha estado de pésimo humor hasta que llegó Phlegm y entonces se puso peor; anda como perro faldero detrás de ella. Por último te necesitaba en la Madriguera para pedirte un consejo. Sé que ahora estás con Harry, protegiéndolo de los Dursley (bien hecho), así que tal vez puedas hacer algo por cambiar su idea de que sólo soy la hermanita de su mejor amigo. ¿Quizá debería terminar a Dean? Estoy tan confundida, espero puedas venir a la Madriguera, por lo menos para hablar sobre esto.

Besos, Ginny.

Hermione quedó congelada tras leer la carta. No quería voltear y ver la cara de Harry, "Seguro se está cuestionando qué hace conmigo cuando una bruja tan guapa como Ginny muere por él".

―Bueno ―dijo Harry―, eso fue incómodo. No sabía que Ginny sentía algo por mí.

―Oh, Harry ―se giró incrédula―, es lo más evidente del mundo.

―¿Qué debo hacer?

―¿Me lo preguntas en serio?

Harry la miró confundido ―Sí, en serio. No quiero lastimarla, pero es obvio que no tiene oportunidad. Y Dean me cae muy bien.

―¿Qué quieres decir con que no tiene oportunidad?

―Para ser la bruja más brillante de Hogwarts haces las preguntas más tontas.

―¡Hey! ―lo golpeó en el brazo.

Harry sonrió divertido. Cada vez le dolían menos los pequeños golpes de Hermione, el ejercicio en verdad estaba funcionando. Aburrido por el curso de la conversación decidió seguir disfrutando su mañana. Se agachó para cargar a Hermione y luego se aventó a la alberca, ganándose otro pequeño golpe y luego varias horas de besos húmedos.

Las cartas de los pelirrojos se mojaron, y la tinta se corrió hasta desaparecer.

. . .

―¡La Madriguera! ―gritó Hermione dentro de las llamas verdes. Unos segundos después salió en la cocina de Molly Weasley.

―¡Oh, pero cuánto has crecido, cariño! Ya eres una señorita ―dijo la matriarca pelirroja atrapándola en un abrazo.

Hermione se preguntó si así se sentían los demás cuando ella los abrazaba. Al separarse de la señora Weasley vio a Ron recargado en el marco de la cocina.

―¡Ron! ―corrió a abrazarlo, olvidando su último pensamiento lo apretó con toda su fuerza.

―Merlín, Hermione, ¿has estado haciendo ejercicio? Me vas a botar los ojos ―replicó sorprendido, pero igual la abrazó de vuelta.

―Tú creciste más, Ronald, ¿cuándo pararás? ―señaló la cabeza y media que ahora le sacaba.

La chimenea se activó de nuevo y Harry brincó fuera. Ron y Hermione esperaron pacientes a que Molly también engullera al recién llegado, y luego los tres se lanzaron en un abrazo grupal.

La última vez que los tres estuvieron juntos fue después de la batalla en el Ministerio. Tras la experiencia cercana a la muerte y con la moral quebrada, algo los unió más fuerte que nunca.

―Es el verano más largo de mi vida ―dijo Ron mirándolos desde su gigantesca altura.

Harry lo miró divertido ―Por tu orgullo, amigo. Te dimos la entrada a Potter Pembroke desde hace mucho.

―Lo sé, lo sé, pero luego apareció Fleur…

Hermione giró los ojos ―¿Y dónde está ahora?

―En Gringotts, ahí trabaja. En fin, vamos a desgonomizar el jardín y nos ponemos al corriente.

Harry y Hermione lo miraron incrédulos, ¿Ron quería hacer voluntariamente una tarea del hogar? El pelirrojo les hizo un gesto para que se apuraran, lo siguieron curiosos hacia el amplio prado que rodeaba la Madriguera.

―¿A qué viene esto? ―preguntó Hermione una vez que estuvieron a solas.

Ron se cruzó de brazos ―¿No es obvio? Sé que andan metidos en algo turbio. Le pusieron un Fidelius a su casa, por Merlín, decidieron entregar Grimmauld Place a la Orden y no han vuelto a poner un pie ahí. Cuando Dumbledore vino a dejarme las cartas de Hogwarts, le dijo a mamá que se tranquilizara porque ustedes dos estaban sanos y entrenando. Mamá se puso peor y Dumbledore, literalmente, voló por la ventana para escapar de ella. Desde entonces mamá ha querido que les saque la información. Aquí podemos hablar sin que ella escuche.

―¿Tú dedujiste eso?

―¿Por qué suenas tan sorprendida, Hermione?

Harry intervino antes de que eso se transformara en otra pelea ―Vamos por partes. El Fidelius fue para mí protección, no tiene alguna razón más profunda. Sobre lo de Grimmauld Place… bueno, me pareció cruel quitarle su base a la Orden que está intentando frenar a Voldemort. La verdad tampoco quiero regresar donde Sirius…

Ron asintió velozmente, de pronto igual de apenado. Harry continuó.

―Y acerca del entrenamiento, eso es algo qué contar. Aunque, pensándolo bien, creo que una demostración será más eficaz.

Se giró hacia el prado, avanzando unos pasos adelante a sus amigos. Puso el brazo derecho extendido frente a él, con la mano completamente abierta. Entrecerró los ojos, buscando su chispa. Ahí. Levantó el brazo de golpe, hacia el cielo. Al mismo tiempo docenas de duendecillos de jardín flotaron sobre el pastizal, histéricos.

―¡Magia sin varita! ―chilló Ron entre emocionado y celoso.

Harry cerró el puño, contrayendo a los duendecillos en un solo lugar, y como si fueran una pelota de beisbol los lanzó hacia los matorrales, muy lejos de ahí.

―Eso fue salvaje, Harry ―regañó Hermione.

―Oh, vamos, ¿no recuerdas lo duro que muerden esas cosas cuando intentamos quitarlas del jardín?

Ron seguía mirando con la boca abierta hacia el prado. Finalmente se giró, molesto, directo hacia Hermione.

―¿Tú también puedes hacerlo?

Harry le hizo un gesto para que cortara ese hilo de conversación, pero fue muy tarde.

¡No! y es completamente injusto. He hecho lo mismo que Harry, he leído más que él, no entiendo por qué no puedo lograrlo.

Ron se relajó al saber que no era el único sin saber hacer magia sin varita ―Tal vez lo estás pensando mucho ―dijo por decir.

Hermione lo miró a punto de explotar ―¿Cuándo es malo pensar mucho?

―Basta ―cortó Harry―. Hacer magia sin varita no es en lo único que nos hemos enfocado este verano. También aprendimos maldiciones y escudos muy geniales. Y Hermione se ha vuelto letal en los duelos ―agregó orgulloso, haciéndola sonrojar.

―Sólo soy un poco más rápida... ―murmuró.

Ron se revolvió el cabello ―Me siento un idiota. Ni siquiera Fleur vale perder la oportunidad de aprender magia sin varita. Para empezar, ¿cómo rayos investigaron sobre eso?

Hermione volvió a sonrojarse, y Harry empezó a contar la historia de cuando fueron al callejón Knockturn.

. . .

Media hora después Molly los llamó para comer. Entraron a la Madriguera todavía hablando en susurros, incrementando las sospechas de la señora Weasley. Al tenerlos sentados frente a su deliciosa comida empezó a interrogarlos.

―Así que, Harry, Hermione… ¿qué han hecho en el verano?

Ron giró los ojos ―Mamá, hasta yo sé que eso fue lo menos sutil del universo. No te vamos a contar nada. Por cierto, hoy me marcho con Harry y Hermione.

―Ronald Bilius Weasley, no eres un adulto como para andarte decidiendo solo. Primero me pides permiso a mí, luego a tu papá. Y no es seguro que te vayas, sólo Grimmauld Place me parecería aceptable…

―Pero la casa de Hermione tiene un Fidelius. El secreto de Grimmauld lo tiene toda la Orden. En cambio Potter Pembroke sólo está en la cabeza de nosotros tres. Es más seguro.

Hermione intentó no sonreír "Ron utilizando lógica. El fin del mundo se acerca".

Molly se fue hinchando mientras hablaba ―O más arriesgado. No me parece correcto que tres niños vivan solos en una casa muggle que nadie sabe dónde está. Sin ofender, Hermione.

La castaña siguió comiendo, ignorando la situación. Le tocaba a Ron resolverlo, era parte de las consecuencias por no haber ido con ellos desde antes. Además llevaba un mes sin comer algo tan hogareño y delicioso, ya que Harry no había tenido ganas de cocinar tras los entrenamientos.

Ron miró desesperado a Harry, por ayuda.

―Eh… señora Weasley ―dijo el moreno―, la casa de Hermione ya no es muggle. Quiero decir, ella, al ser una bruja reconocida como mayor de edad, tomó posesión de Potter Pembroke, lo que lo hizo tan mágico como la Madriguera.

―De eso también quería hablar ―siguió Molly―. ¿Qué es todo eso de "Potter Pembroke"? ¿Por qué le pusieron el apellido de Harry a la casa de Hermione? ¿Saben lo que eso significa ante los ojos de la comunidad mágica más conservadora?

Ron casi escupe para poder hablar ―¡Tonterías de los puristas, mamá! ¿Qué importa lo que esos estirados piensen? No es como si Harry y Hermione fueran algo más que amigos, Merlín.

Harry se tensó al escuchar eso. ¿Eran algo más? Oficialmente no, pero…

Molly negó ―Te prohíbo salir de esta casa, Ronald. Por lo menos hasta que regrese tu padre del trabajo. Entonces hablaremos.

Ron la miró molesto antes de seguir comiendo. Harry y Hermione guardaron silencio el resto del tiempo. Al poco rato el reloj de la cocina se movió, indicando que Ginny estaba de vuelta en la casa.

―¡Odio a Pleghm! ―gritó saliendo de la chimenea, quitándose la ceniza sin ver hacia la mesa donde el trío dorado comía― No puedo creer que Bill me hiciera llevarle su almuerzo, ¿qué se supone que soy? ¿su esclava? Maldito verano…

―¡Lenguaje, Ginebra! ―amonestó su madre.

Ginny por fin miró hacia ellos, sonrojándose al notar a Harry ―¡Están aquí! ―corrió hacia Hermione, abrazándola.

―¿No te avisó Ron? Le respondimos la carta desde temprano para confirmar que hoy los visitaríamos ―explicó la castaña.

Ron se encorvó más sobre su plato, intentando evadir su culpa.

Ginny le dio un empujón, luego fue a abrazar a Harry ―¿Cómo estás? Lamento tanto lo de Sirius. Ya no pudimos hablar cuando terminó el curso.

Harry, sin pensarlo, miró nervioso a Hermione. Ahora se arrepentía de no haberle insistido en que le aconsejara qué hacer con la pequeña pelirroja. Se aclaró la garganta y respondió ―Mejor, gracias. Hermione me ha ayudado mucho este verano.

La pelirroja entrecerró los ojos.

―Siéntate a comer ―ordenó su madre yendo por otro plato.

―¿Qué han hecho en el verano? Aquí todo ha sido Pleghm y Pleghm. Un bodrio.

Harry decidió comentar lo que pensó desde la mañana cuando leyó la carta de Ginny ―Fleur fue campeona en el Torneo de los Tres Magos. Aunque no la conocí tanto, me pareció una bruja muy poderosa y honesta. Según el cáliz de fuego también es la más valiente de Beauxbatons. ¿Por qué le tienen tanto coraje?

Ron sonrió sabiondo ―Sí, Ginny, ¿por qué?

La pequeña pelirroja bufó y continuó comiendo en silencio. Molly, en cambio, respondió.

―No quiere a Bill ―chistó agitada―. Mi querido hijo es tan guapo, además tiene un gran trabajo en Gringotts. Está más interesada en eso que en él.

Harry iba a volver a abrir la boca, pero sintió una ligera patada de Hermione por debajo de la mesa. La miró curioso, ella sólo negó con la cabeza. Esa batalla contra Molly no merecía alargarse. Dejó el tema por la paz.

. . .

Acompañaron a Ron a su cuarto, donde el pelirrojo empezó a meter su ropa desacomodada a su baúl.

―¿Crees que tu padre te deje venir con nosotros? ―preguntó Hermione.

Ron se encogió de hombros antes de aventar un calcetín ―No seguiré aquí cuando ustedes están entrenando. Quiera mi padre o no, me voy.

Harry de pronto cayó en cuenta que si Ron venía a Potter Pembroke varias cosas cambiarían. Básicamente, adiós a dormir con Hermione. Su rostro fue demasiado obvio para su mejor amiga, quien lo miró confundida.

―Ron, ¿qué te parece si Hermione y yo intentamos convencer a tu mamá otra vez? Mientras tú terminas de empacar.

―Gran idea, Harry ―sonrió el pelirrojo casi brincando sobre su baúl para cerrarlo.

Harry tomó a Hermione de la mano y salieron de nuevo a los pastizales. La luz anaranjada del atardecer hacía que el cabello y los ojos de Hermione se vieran más brillantes.

―¿Qué pasa? ―preguntó ella.

Harry respiró profundo. Era ahora o nunca ―¿Qué rayos somos, Hermione?

―¿Disculpa?

―Nos besamos, compartimos cama, pasamos largos ratos con poca ropa enfrente del otro… ¿me sigues?

La castaña sonrió ―¿A qué quieres llegar con eso?

―A que si Ron viene con nosotros a Potter Pembroke, ¿qué pasará con lo que sea que está sucediendo entre nosotros?

La sonrisa de Hermione se deshizo ―No lo sé… ¿qué está sucediendo entre nosotros?

―Esa fue mi pregunta original.

Quedaron un rato en silencio. Hermione desvió la mirada, inquieta.

―Supongo que hasta aquí llegó.

Harry sintió algo frío bajarle por el cuello ―¿Lo dices en serio?

―Es mejor así.

―¿Por qué?

―Ni siquiera sabemos exactamente qué es lo que pasa entre nosotros. Con Ron encima será imposible aclararlo y lo único que conseguiremos es pelearnos con él. Sin olvidar que ya casi regresamos a Hogwarts. Las cosas deben ser como antes.

―Estoy de acuerdo que con Ron en Potter Pembroke será… complicado, pero no imposible.

―¿Tú quieres explicarle lo que pasa entre nosotros?

―¿Qué pasa realmente? ―insistió Harry.

―No importa. Ya te dije. Lo mejor es dejarlo hasta aquí.

―¿Por Ron? ¿Él te importa más que nosotros? ―comenzó a sudar― ¿Estás enamorada de él?

¡No! ―chistó sonrojada― Aunque, honestamente, me sentí un poco atraída por él en cuarto grado, pero después del fiasco del baile de Navidad lo superé. Puede llegar a ser tan inmaduro…

―¿Y yo? ¿Alguna vez te has sentido atraída por mí?

Hermione le dio un suave empujón ―¡Es obvio, Harry!

―¿Entonces por qué quieres dejarlo hasta aquí?

―Es lo mejor.

Harry soltó un bufido, de pronto muy enojado ―Lo mejor para ti, ¿no es cierto? Mi opinión vale un knut.

―No me hables en ese tono ―replicó―. Es exactamente lo contrario.

―¿Por qué no mejor eres sincera y me dices que tuviste lástima de mí por la muerte de Sirius?

―¿Cómo puedes pensar eso? Es lo más ofensivo e ilógico que se te pudo ocurrir.

―Si no es eso, entonces ¿qué? ―la tomó de la muñeca, aterrado de la posibilidad de perder lo que pasaba entre ellos― ¡Dijiste que nunca me mentirías!

Hermione empezó a llorar ―Prefiero que lo dejemos hasta aquí porque en cuanto regreses a Hogwarts serás "El Elegido", tendrás a todas las alumnas detrás de ti, recordarás que soy una insufrible come libros que se la pasa regañándote. Me dejarás en un par de semanas, y yo… y yo… ―perdió la voz y enseguida recuperó el coraje― ¡Eres un bruto!

Levantó su mano y Harry salió despedido hacia atrás. Hermione ni siquiera se dio cuenta, marchó hacia la cocina donde desapareció en la chimenea.

Joder ―susurró el moreno tirado en la hierba.

. . .

Ron dejó la revista de Quidditch junto a él cuando vio entrar a su mejor amigo.

―¿Qué te pasó? Parece como si te hubieras parado frente a un huracán ―dijo divertido.

Harry le lanzó una mirada, su cabello echado atrás en todas direcciones ―¿No se suponía que ibas a terminar de empacar? ―señaló el montón de ropa y libros tirados en el piso.

―Recordé que Hermione ya puede hacer magia. Le pediré su ayuda en cuanto la vea.

―Pues tendrás que hacerlo solo, Hermione se marchó a Potter Pembroke sin nosotros.

Ron dejó caer los hombros ―¡Ah, rayos! Tendré que volver a empezar…

Harry se echó en la cama vieja del pelirrojo, provocando un rechinido. Miró el techo inclinado cubierto de velas derretidas, y pensó en el candelabro de la habitación que comparte con su mejor amiga. "Las mujeres son muy fastidiosas" pensó amargado, luego se arrepintió al instante "Hermione jamás será fastidiosa para mí". Esa realización lo hizo coger valor. Antes creía que la amistad es la base de su existencia. Reconocer un nuevo sentimiento, más poderoso, es una revelación. Lo que siente por Hermione mutó en algo desconocido y maravilloso. Tenía que defenderlo.

―Tenemos que hablar ―dijo seriamente sin mirar a Ron.

―¿Qué pasa? ¿Es Voldemort?

―No. Es algo más complicado.

Su amigo lo miró escéptico ―¿Más complicado que el mago tenebroso que quiere matarte, dominar el mundo y conseguir la inmortalidad?

―Se trata de Hermione.

―Oh, sí es más complicado.

Harry se sentó en la orilla de la cama, Ron junto a él.

―¿Te gusta Hermione? ―preguntó el moreno.

―¿Qué? ―dijo estúpidamente― ¿Qué? ¿Por qué? Yo… ¿Qué? ¿Por qué?

"Debí pensar antes en Ron. Soy el peor amigo del universo…" Harry cerró los ojos "¿Dónde está mi supuesto valor de Gryffindor?" ―Me gusta Hermione.

Pronunciarlo fue maravilloso. Hizo real cada beso, cada caricia y mirada que compartió con su mejor amiga desde principios del verano. Sonrió aliviado. Era real. Hermione y él…

Ron, en cambio, sintió esas palabras como algo sólido y funesto. Parpadeó confundido, cayendo en cuenta del tiempo que pasó ignorando la dulce emoción que Hermione le provocaba. Abrió la boca, seco de palabras y energía. Cuando vio a Harry sonreír, explotó.

―¡Tú siempre lo tienes todo! ―dijo levantándose. Sentía la sangre correrle muy rápido, los ojos palpitar por la furia― ¡¿Desde cuándo te fijaste en ella?! ¡Hace un par de meses morías por Cho Chang!

Harry también se levantó, más como un acto de cautela que como un ataque ―No tiene nada qué ver. Cho me gustó físicamente, con Hermione tengo una amistad, una conexión profunda que en estos días derivó a la atracción físi…

Ron lo golpeó en el rostro, tirándolo ―¡Tú sabías que me gustaba!

Desde el piso lo miró incrédulo ―¡Claro! Como es normal insultar y menospreciar a la chica que te gusta!

―¡Sólo estás jugando con ella para demostrarme, una vez más, que puedes quitarme lo que realmente quiero!

Harry giró los ojos ―No seas absurdo…

―¡Vaya mejor amigo eres!

―Oh, ¿ahora me reclamas eso? Tú me diste la espalda durante el Torneo de los Tres Magos…

―Entonces esto es venganza…

―¡No seas idiota! ―por fin se levantó y empujó al pelirrojo― ¡Hermione no tiene nada que ver con eso! ¡Ella en serio me gusta, la quiero!

Ron se le echó encima. Cayeron de nuevo al piso, quebrando una de las viejas tablas de madera. Harry apretó los dientes, aguantando el dolor en su hombro.

―¿Qué está pasando aquí? ¡Ronald! ―chilló Molly entrando― ¡Quítate de Harry ahora mismo! ¡Ronald! ¡Harry! ―gimió al ver al moreno girar sobre su hijo y darle un puñetazo en la nariz. Sacó su varita y los separó con magia― Quiero una explicación de este comportamiento barbárico.

Ginny llegó corriendo tras su madre, asomándose de puntitas para ver qué sucedía.

―¡Eres un maldito egoísta! ―gritó Ron― ¡Ella era mía, Harry!

El otro Gryffindor encuadró los hombros ―¿Es real lo que me estás diciendo o sólo es otra explosión de celos injustificados?

Ron apretó los labios, aguantando el llanto. Al ver a su mejor amigo en ese estado, Harry comprendió que eran reales sus sentimientos.

―¿Por qué? ―susurró el pelirrojo, apretando los dientes― ¿Por qué ella?

―Se me ocurren mil razones ―respondió suavemente, intentando no herirlo más―, pero creo que la principal es porque es mi mejor amiga.

Y no había algo más que agregar. Para Harry eso resumía todo.

Ron soltó un berrido, frustrado por saber mejor que nadie el vínculo que Harry y Hermione compartían, a veces al punto de excluirlo sin querer. Se giró y aventó lo primero que encontró contra la pared.

―¡Ronald! ―amonestó Molly.

Su hijo no le hizo caso, volvió a agarrar otra cosa y la aventó. Luego otra y otra. Cuando ya no encontró nada a la mano, se giró hacia Harry y lo tomó de la camisa, intentando levantarlo, pero con el reciente peso saludable y músculos desarrollados, no lo consiguió.

―¡Ronald! ―insistió Molly, ahora más nerviosa que enojada.

Harry se mantuvo quieto con los brazos relajados, mirando sin miedo al otro adolescente.

―Yo sé quién eres ―dijo en el mismo tono suave―. Hemos sido mejores amigos desde que nos conocimos. Me compartiste tu familia. Fuiste capaz de entrar a un nido de acromántulas por mí. Arriesgaste la vida acompañándome al Ministerio de Magia porque sabías que no me importaba si Ginny, Luna o Neville no iban, sin ti o sin Hermione realmente no me habría atrevido. Tú has sido el compañero más adecuado que pude pedir en el mundo mágico. Y quiero que lo tengas muy en cuenta, porque te juro que preferiría enfrentarme a Voldemort antes que lastimarte. Pero… esto no es algo que pueda controlar. Lo lamento. En serio quiero a Hermione, me tiene vuelto loco por ella. Y no quiero ir a Potter Pembroke y pedirle que sea mi novia sin que tú lo sepas. Eres mi mejor amigo. También eres el mejor amigo de ella. Por favor, aunque sé que puede sonar injusto para ti, no nos abandones de nuevo. Ambos te queremos.

Ron fue deshaciendo el agarre de la camisa. Al escuchar "no nos abandones de nuevo" sintió el estómago voltearse. Se giró, cubriendo su rostro, apretando los dedos encima de la piel enrojecida. El dolor del rechazo fue reemplazado de golpe por el miedo al abandono. Si sus mejores amigos empezaban una relación, ¿qué pasará con él? La frustración y los celos regresaron con fuerza. Imaginarse a Hermione besando a su mejor amigo…

Harry vio perfectamente cómo Ron se volteó para golpearlo. Tuvo el impulso, casi instantáneo, de levantar un escudo sin varita, pero prefirió aguantar.

El golpe entró limpio entre sus lentes, quebrándolos, lanzando su cabeza hacia atrás. Durante un segundo dejó de ver.

Ron miró sorprendido a su amigo mantener los brazos abajo, con el rostro sangrado e hinchado, un hematoma formándose cerca del lagrimal izquierdo, los ojos verdes clavados en él.

Se sintió avergonzado por lo que hizo.

Estuvieron en silencio casi diez minutos, poniendo más frenética a Molly, quien parecía haberse convertido en parte de la pared para no interrumpirlos. Ambos respiraban acelerados. Desde que comenzaron a hablar habían pasado dos horas, y ninguno lo había notado. La pelea, las cosas que aventó Ron, los reclamos, el golpe… Cada minuto era eterno.

Finalmente Ron habló.

―Eras mi hermano…

Harry sintió su labio temblar. Jamás Ron le había dicho algo tan cruel. Su amigo tenía seis hermanos, pero entre ellos había una conexión más profunda que la sangre. Eran un par de perdidos en el mundo que decidieron quererse y cuidarse. O así era…

Apretó los puños, resistiendo el impacto emocional.

―Lo sigo siendo ―respondió―. Moriría por ti.

Volvieron a quedar callados. El hematoma en la cara de Harry escalaba rápidamente.

Ron se talló el rostro, ahora para quitarse las lágrimas y la sangre, no fue un gesto de furia, sino de rendición.

―Yo también moriría por ti ―susurró, frustrado por su estúpido corazón. Claro que moriría por Harry. Su problema no eran los actos heroicos y fugaces, sino aguantar y perseverar. Podría desertar millones de veces y luego, sin pensarlo, dar su vida por su mejor amigo. Incluso ahora.

Molly se tapó la boca, mitigando un sollozo. La amistad de esos dos podría estar llegando a su final.

Harry aprovechó para reparar sus lentes y colocárselos, dejando que los minutos siguieran escurriéndose. El puente de su nariz palpitaba furioso. Pensó en cómo finalizar esa pelea, pero lo suyo nunca fue la resolución de conflictos. Casi siempre ellos se arreglaban en tres palabras y seguían como si nada hubiera pasado. Esta vez era distinto.

―¿Sabes Ron? Puede que no te guste escuchar esto ahora, pero Hermione también daría la vida por ti. Ella, tú y yo somos un equipo, sobrevivimos juntos, y lo digo en más de un sentido.

El rostro del pelirrojo se amargó en cuanto escuchó el nombre de Hermione.

―Ya. Pero ella te prefirió a ti ―masculló con rabia.

El moreno dejó caer los hombros ―No lo sé… no hemos hablado realmente sobre eso. Aún está la posibilidad de que me rechace.

Ron giró los ojos, de nuevo brillantes por aguantar las lágrimas.

―No seas idiota, ella jamás te rechazaría —dijo pensando en lo ridículamente autocompasivo que podía llegar a ser Harry… y él también. No decirle unas palabras de aliento, incluso en estos momentos, sería como traicionarse a sí mismo. Además… era cierto. ¿Cuántas veces tuvo la pesadilla de ver a Harry y Hermione besándose después de burlarse de él? Era un miedo real, basado en pruebas irrefutables. Ella no lo rechazará.

Harry lo miró sorprendido. No esperaba eso.

El pelirrojo continuó ―Esto iba a pasar tarde o temprano, ¿verdad? ―balbuceó ronco― Quiero decir, que Hermione decidiera a cuál de los dos prefiere. Porque, siendo francos, tú y yo estamos perdidos sin ella, y ella sólo nos tiene a nosotros ―soltó un bufido hueco―. Somos el trío perdedor de Gryffindor. Un mártir, un bufón y una come-libros.

Otra verdad. Harry no podía negar que los tres tienen baja autoestima, pésimas habilidades para socializar y una terquedad del tamaño de Hogwarts. Sin olvidar que, por separado, son inservibles. En cambio, juntos, pueden salvar al mundo. Y sí, Hermione sólo los tiene a ellos, aunque suene injusto o exagerado, ella también ha encontrado su lugar en el mundo gracias a sus dos mejores amigos. Tenía que pasar, Hermione se iba a fijar en uno de los dos, precisamente porque depende de ellos y ellos de ella.

—Te vi —dijo Ron sin voz—. En el Ministerio, en el momento decisivo, la tomaste de la mano y corriste.

—Fue instintivo.

Giró los ojos —Lo sé. Estúpido mártir.

Harry, muy a su pesar, sonrió ―Así que yo soy el mártir…

―Apuéstalo ―chistó molesto.

El cambio de tono en la discusión fue claro y natural. No se puede pelear en la misma intensidad durante horas. Ambos estaban cansados y ansiosos. Era momento de hablar.

―Joder, Ron, ¿qué hubieras preferido que hiciera? ¿Ir a tus espaldas con Hermione y que te enteraras de la peor manera?

―¿Qué te parece mejor no meterte con ella, ah?

―¡No fue algo planeado! ―refutó harto.

―¿En qué momento te diste cuenta? No es justo, ¡yo llevo años sabiéndolo!

―¡No hiciste nada al respecto! Esto no es un "yo lo miré primero y por eso es mío".

―¡Entre mejores amigos esto también aplica así!

―¿Y la opinión de Hermione no vale?

Ron le echó su peor mirada ―¡No la metas!

―¡Es por ella que estamos peleando!

―¡No la metas porque esto es entre tú y yo, como amigos!

―¡Entonces qué quieres que te diga!

―¡Cómo te diste cuenta! ¿Un día despertaste y dijiste "oh qué buena se ha puesto Hermione"?

Harry se sonrojó ―Eso lo pensé en cuarto curso…

Ron también se sonrojó ―¡Responde! ¿Cómo te diste cuenta?

―¿De qué sirve responder eso?

―¡No lo sé, necesito saber!

Harry pensó unos instantes ―Fue… fue como algo obvio. Como cuando estás en la escoba por millonésima vez, y te das cuenta que esa maniobra que antes te parecía imposible ahora sólo te costaría arriesgarte un poquito más. Y la realizas. Y de pronto te das cuenta que siempre pudiste haberla hecho, sólo no era el momento adecuado. Y la alegría y satisfacción que sientes no se compara con nada.

―¿Como un Double Eight Loop?

Sonrió ―Exacto.

Ron dejó caer los hombros ―Demonios…

Pudo parecer un poco estúpido cómo terminaron de pelear, pero ese intercambio cultural fue suficiente para comprobar que siguen muy conectados como amigos. Si algo intrínseco se hubiera roto entre ellos, no habrían podido usar ese ejemplo tan absurdo. Harry se alivió de que Ron y él mantuviera esa habilidad para seguir adelante juntos, aunque la situación parezca imposible. Hace menos de dos meses estuvieron a punto de morir, y esa lección seguía presente. Si sobrevivieron juntos… podían superar lo que sea.

Dejaron de hablar otro rato. Finalmente Harry se acercó un poco a él.

―¿Mejores amigos? ―le preguntó solemne. Ron prefirió no voltear a verlo, pero asintió― ¿Todavía quieres venir a Potter Pembroke? ―lo miró negar con la cabeza― Comprendo. Sólo te recuerdo que puedes ir a vernos cuando quieras. Sin importar el día o la hora.

Al no recibir respuesta supuso que lo mejor sería retirarse. Miró apenado a la señora Weasley y en el pasillo se encontró con una llorosa Ginny, quien corrió hacia su cuarto y azotó la puerta.

"Bien, Potter. Dos Weasley en el mismo día" pensó yendo a la cocina, con el espíritu caído por la discusión con su mejor amigo y nervioso por haber hecho todo eso cuando tal vez Hermione lo mande a la mierda al pedirle ser su novia.

En la habitación, Ron supo que sus sentimientos por Hermione no los iba a superar mágicamente. La pelea con Harry duró casi cuatro horas. Se golpearon, insultaron, replicaron y demás. Pero en esencia fue un trámite, pues nada cambiará que Harry ahora está interesado en Hermione. Esta vez por mucho que grite o les deje de hablar, ese hecho no se transformará. Sólo le queda aguantarlo. Tal vez no por Hermione… aún no, pero sí por Harry. Por su hermano.

Bajó corriendo las escaleras, limpiándose el rostro con la manga de su suéter. Alcanzó a Harry antes de que brincara a las llamas verdes de la chimenea.

—¿Ron?

Tenía que decirlo. Era necesario porque sólo después de cuatro horas de pelear con su mejor amigo, osaría pronunciar lo que jamás se atrevió a aceptar.

―Si algún día la haces llorar como… como yo lo hice tantas veces o, peor aún, le rompes el corazón, yo te romperé la cara.

Harry bajó el rostro patéticamente ―Eso si ella quiere estar conmigo...

Dejarlo así era una traición para su amistad. Si Harry se marchaba con esa actitud todo saldría mal con Hermione, y entonces ninguno sería feliz. Ni ellos. Ni él. Y eso no lo iba a permitir.

Los ama demasiado para eso.

Giró los ojos ―Ya, mártir. Todos sabemos que te va a decir que sí. Deja el drama por una vez y vete. Adiós.

Harry lo miró entre angustiado y sorprendido. Ron se obligó a sonreír. Lo que sea con tal de darle valor a su hermano.

El moreno respondió el gesto, suavizando la boca en una sonrisa. A Ron le dio un poquito de gusto ver el hematoma brincar por el movimiento facial.

―Seguro, bufón —dijo Harry—. Adiós.

Notas:

Gracias por leer, espero sus comentarios.

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