Sin más me retiro y doy las indicaciones de siempre.

Por favor, sean creativos con sus comentarios, que sean largos, que se note que han leído.

Y, se me había olvidado, pero si van a hacer comentarios ofensivos o despectivos, mejor ahórrenselos. Sin comentarios ofensivos ni insultos. Se les ruega encarecidamente, lean las indicaciones y los apartados de autor que no los pongo de adorno. Están al final de cada capítulo, una breve explicación.

Aclaraciones:

Narración.

Diálogo. —

‹‹Pensamientos.››

(*) Esto es un apartado para alguna palabra o concepto que aclararé al final del capítulo.

Advertencias:

OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales implícitas-explícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Género: Romance | Humor.

Clasificación: T | M.


Capítulo 3

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‹‹La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.››

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Henri-Frédéric Amiel.

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Niñera.


A Kakashi cuando se le cruzó por la mente aquel bonito pensamiento de que tendría una buena noche, jamás imaginó que tendría que pasarla postrado en una maldita cama de hospital.

Será sencillo, no te dolerá en lo absoluto. — le había dicho la mujer.

No le dolerá… ¡Las polainas! Y ahora estaba ahí postrado en cama sin poder moverse ni un milímetro.

¡Carajo! Que si lo hacía se le desprendían todos los huesos del cuerpo.

Solo tomará un minuto nada más.

Minuto, ¡llevaba horas ahí en esa maldita cama! Por eso odiaba los hospitales y a los médicos. Bufó descontento y miró de reojo a su izquierda, ahí estaba el objeto de sus desgracias…

Ah, como deseaba poder posar sus manos en ese blanco y frágil cuello hasta estrangularla…

Mantén la calma o el tratamiento no servirá. — anunció ella, con sobrada burla.

Que le advirtiera no significaba que no disfrutara del hecho de ver al Hatake echar chipas y no poder hacer nada, ya vería esa mujer… Se las pagaría algún día, lo juraba sobre la tumba de su padre (que esperaba no llegara a espantarlo por andar pensando meras idioteces).

¿No pudiste aplicarlo en mi casa? — rezongó el Hokage, para nada contento de tener que pasar más tiempo del necesario entre cuatro paredes y sábanas blancas, oliendo a medicamento.

No es que fuera claustrofóbico, ¡no! En lo absoluto, simplemente le gustaba estar cómodo. Y esa cama parecía hecha de piedra. Lo que le recordó que debía revisar el presupuesto para los implementos del hospital, estimación que Shizune le hizo ver hace mucho pero que él ni recordaba…

En el momento que saliera de ese lugar infernal iría directamente a revisarlo, ya empezaba a compadecer a los pacientes. Seguramente salían de ahí curados de sus males pero se llevaban otros, como un buen dolor de espalda por ejemplo.

Daño que el sufriría los próximos días, porque esas camas no eran reposo, era una mierda. ¿En qué carajos pensaba cuando Shizune le mencionó lo del presupuesto?

No tienes los instrumentos e implementos necesarios en ese pequeño departamento tuyo, que más bien parece un nido de ratas. — contestó Midori, pasando la página de un libro del cual se leía el título: Anatomía humana.

El peli-gris achicó los ojos, su departamento no era un nido de ratas. Seguro estaba más ordenado y aseado que su casa en el centro de la ciudad.

De habérmelo dicho antes, hubiese mandado por todo lo necesario. — replicó él, ignorando el insulto hacia su morada y por ende, a sus costumbres de orden y aseo.

La hermosa kunoichi se encogió de hombros y levantó la mirada unos segundos, dejándola fija en él mientras emulaba algunas palabras.

Se me olvidó.

La simpleza con la que pronunció esas palabras, no mas le hicieron querer con más ganas posar sus manos en el pequeño cuello de la fémina y retorcerlo… Tenerlo ahí fue adrede y no lo ocultaba, ¡era el colmo! Sobretodo sabiendo que odiaba los hospitales como las plagas al insecticida.

Lo hiciste a propósito. — acusó él, Midori negó tranquilamente.

No, simplemente se me olvidó. — reiteró —. Estaba demasiado ocupada intentando encontrar una forma de que no desgastes tanto chakra, ya el tratamiento no hace el mismo efecto y puede tener secuelas desfavorables para ti si dejo pasar mucho tiempo, Hatake. — resumió, seriamente.

Deja de quejarte, Kakashi. Tú no eres el único postrado en cama. — refunfuñó otra voz masculina, bastante enronquecida debido a su repentino despabilamiento.

El Hokage volteó hacia su izquierda, claro, olvidó que no era él quien exclusivamente se encontraba ocupando esa sala. Itachi también les hacía compañía. ¿Por qué? Pues muy fácil, el Uchiha mayor estaba en las mismas condiciones que él porque el tratamiento también lo incluía.

Sonrió satisfecho al notar que él tampoco se podía mover y de paso se quejó cuando lo intentó, por lo menos no era el único adolorido en ese horrible lugar endemoniado.

Ori, debiste explicarme primero en qué consistía esto. — se quejó un poco Itachi, realmente estaba adolorido pero no tanto como Kakashi.

El peli-gris achicó la mirada ante el mote cariñoso que emitió el moreno y un sentimiento amargo se le instaló en la boca del estómago, aunque era muy posible que las papas fritas que Sakura le hizo comer le estuvieran haciendo efecto.

Midori rió bastante divertida de verlos a ambos en tal posición y quejándose como niños, mas uno que otro.

Lo sé, pero que no quería que te pusieras en plan de sabelotodo. Por eso preferí hacerlo así.

¿Y funcionará? — indagó el Uchiha, valientemente logrando sentarse y dejándose caer en el respaldar de la cama.

El rechinido de los barrotes hizo que a Kakashi le dolieran los oídos, maldito sea su oído sensible.

Si logra mantenerse calmado durante las próximas 24hrs. Le durará mucho más el efecto. — explicó la peli-púrpura.

Espero que funcione y no haya pasado por esto para nada. — gruñó el Hokage.

La kunoichi nada más se burló del Hatake y volvió a su lectura, aun le hacían falta detalles por afinar y esperaba con toda el alma, que es nuevo tratamiento le diera el tiempo necesario para afinar la cura definitiva. Solo era cuestión de un poco mas de espacio.

Nada más eso.

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Pasaron tres días antes de que Kakashi saliera de aquel mar de tinieblas que denominó averno.

Daba gracias al cielo haber salido de ahí y que nadie notara su ausencia, bueno, no totalmente. Ya que sus alumnos estuvieron atosigándolo con que les tocó que retrasar la cita y no sé qué otras cosas mas que decidió ignorar por el bien de su paz mental.

Ni bien salió del cuarto infernal, sus ex alumnos lo abordaron y le dieron la dirección de la fémina que ‹‹tenía›› que recoger.

No faltaba verla, conocía perfectamente el lugar y a la mujer que debía ir a recoger. Lo que le llevó de nuevo a formularse una pregunta…

Tocó y la puerta se abrió casi de inmediato.

¡Kakashi, llegas temprano! — exclamó la fémina frente a él.

¡Yo! — saludó él como era su costumbre, ignorando el hecho de que era verdad anticipación — ¿Puedo pasar, Kurenai? — preguntó.

La mujer abrió los ojos ante la pregunta, estaba siendo descortés.

Claro, claro, pasa por favor.

La kunoichi de largos cabellos azabaches y ojos carmesí se hizo a un lado permitiéndole la entrada a su morada. No más cerró la puerta, Kakashi le dio una rápida mirada a la mujer percatándose de su desarreglo. Y ella lo intuyó cerrándose moderadamente la bata y sonrojándose de la vergüenza ante su aspecto.

Perdona que me encuentres en estas fachas, pero no te esperaba tan temprano. — se justificó la kunoichi, el peli-gris asintió comprendiendo —. Si me disculpas, iré a terminar de arreglarme.

Claro. — dijo él.

Kurenai le sonrió y antes de retirarse le invitó a pasar a la sala, donde se encontró con el pequeño Asuma. Echó un leve vistazo general, la casa estaba muy arreglada y ordenada, además de equipada para cualquier desastre que el pequeño hiciera mientras su madre no estuviera cerca.

Aunque tomando en cuenta que el pequeño hijo de su difunto compañero, gozaba de la tranquilidad del mismo, dudaba mucho que hiciera alguna travesura. Pese a que no estaba de mas tener precauciones. O por lo menos, es lo que supuso dado que él no tenía hijos y no gozaba de ningún infante cercano. Y de ellos no sabía nada.

Se acercó y fisgoneó un poco el corral en donde el infante estaba dormido, profundamente.

Sabiéndose tranquilo mientras el tiempo que estuviera ahí, se sentó con toda libertad en el pequeño sofá café que adornaba la estancia y se dedicó a esperar a su ‹‹cita››, entonces recordó…

¿Por qué Kurenai se metería en eso?

No lo comprendía con exactitud, su pequeño no tenía un año de edad y creía firmemente que amaba lo suficiente a Asuma como para creerse capaz de engañarlo. Emocionalmente hablando claro estaba.

Sorpresivo, si era para él tener que salir en una cita con una compañera a la que vio como eso, una colega en el campo de batalla y con una inteligencia comparable a la suya. Nunca como una potencial pareja, de hecho, se sentía incómodo de estar en esa sala con el hijo del que fue su compañero y mejor amigo mientras estuvo con vida.

Ya estoy lista. — señaló repentinamente la voz de Kurenai.

Como el caballero que era (aunque muchos lo dudaran), se puso de pie y dio la vuelta. Tuvo que admitir que su compañera se veía realmente radiante.

Yūhi, llevaba un bonito vestido color negro, largo de tiras y con un escote bastante revelador. La vestimenta realmente acentuaba muy bien sus recién adquiridas curvas maternales y destacaba considerablemente sus proporcionados senos. Obligatoriamente aceptaba que su compañera y amiga, tenía un atractivo que no pasaba desapercibido para ningún hombre, incluyéndolo.

Ka-Kakashi… — murmuró la mujer, avergonzada de la insistente mirada del peli-gris sobre sí.

Él parpadeó y la miró, sonrió bajo su máscara. A lo mejor eso podía funcionar…

Te ves hermosa. — halagó.

El sonrojo en las mejillas de la azabache se acentuó un poco más y jugó un poco con el pañuelo que llevaba en las manos.

Espero no te moleste, pero debemos esperar a que la niñera venga. — señaló tímidamente la mujer, él nada más asintió.

Y ahí se quedaron, esperando…

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Treinta y cinco minutos después, Kakashi se encontraba totalmente solo en la sala de la casa de su compañera. ¿Cuál era la razón?

Muy simple.

Exactamente cinco minutos después de haber salido de la habitación, Kurenai recibió una misteriosa llamada en la que según, alguien la necesitaba con urgencia por un reporte que no se molestó en completar. Él, le dijo que no había necesidad que se mortificara con eso que luego podía terminarlo. Sin embargo, siendo Kurenai, sabía que no se quedaría así y no podría con su propia consciencia de haber dejado un trabajo sin completar.

Así que con la promesa de que no tardaría más que veinte minutos en ir y volver. Le dijo que pronto la niñera llegaría y él no tendría que preocuparse, que la susodicha se ocuparía del pequeño. Que pronto se irían.

Ella no regreso y la niñera nunca se presentó.

Ahora él se encontraba solo, con el pequeño Asuma llorando como poseso por alguna razón desconocida y Hatake no sabía qué hacer…

Oh, vamos pequeño… No llores. — dijo, mas bien le sonó a súplica.

Pero el niño no dejó de llorar, por el contrario, el llanto aumentó y empezó a gimotear. Kakashi le pedía con fervor y suavidad que se calmara, claro, parado al lado del corral porque no sabía qué hacer. No tenía ni idea de cómo tomar al niño, ¡ni siquiera sabía qué hacer en esas situaciones! Pese a que no tenía ningún conocimiento con los niños, no podía dejarlo dentro del corral.

Así que, ignorante pero decidido, se acercó al corral y se agachó para poder cogerlo. Con miedo y torpeza (quien lo diría ¿no?), lo tomó. Esperó que con esa acción el infante dejara de lagrimear pero no hubo ninguna quietud.

Vamos, Asuma, no llores. — prácticamente rogó mientras mecía al niño de un lado a otro, ¡no sabía que hacer! — Dios, ¿qué hago? — se preguntó, paseando como mas ahínco al pequeño procurando calmarlo, antagónicamente éste lloriqueaba mas — ¡Rayos! ¿Qué hago? ¿A quién puedo…?

Y como caída del cielo (o del infierno), la respuesta le llegó de repente. Ya sabía a quién llamar.

Tomó el teléfono dispuesto en la sala, con Asuma en un brazo y el teléfono en el otro; se dispuso a marcar los números de manera casi frenética. En cuanto dio el tono, rogó porque contestara. Dos llamados y pronto otra voz atendió al otro lado de la línea.

Necesito que vengas ahora. — prácticamente ordenó.

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No pasaron más que diez minutos antes de que la puerta de la residencia de su compañera sonara y él, prácticamente corriera a abrir.

¿Qué demonios quieres, Hatake?

Kakashi nunca creyó que adoraría oír esa voz femenina regañona. Sintió un alivio sin igual, Midori estaba por cuestionar (o más bien gritar), cuando captó al pequeño que el peli-gris cargaba en brazos y al cual balanceaba con insistencia pretendiendo acallarlo.

El pobre Asuma estaba sumamente rojo de tanto llanto.

¿Pero qué demonios…?

Ayúdame, ¿quieres? — pidió Hatake, bastante apurado.

Para Midori era asombroso que él, el Ninja Copia le pidiera ayuda de alguna manera. Ya que no solía hacerlo bajo ninguna circunstancia, más bien ellos se la ofrecían a él. Definitivamente ese era un momento en el que podía burlarse, pero el pequeño era la prioridad. Su color ya la estaba alarmando.

Trae acá. — exigió, mientras le arrebataba al pequeño de los brazos y entrando en la residencia sin pedirle permiso a nadie —. Vamos pequeño, estoy segura de que estás sucio y tienes hambre. — articuló, con suavidad y dulzura.

Kakashi podía constatar la primera, pues su súper olfato (el que detestaba en esos momentos) le indicó que el niño estaba sucio. Desgraciadamente, no sabía cómo se cambiaba un pañal, y peor aún, no sabía dónde demonios estaban. Midori sí, por lo que se fue directamente hacia la habitación principal y ahí encontró el lugar donde estaban los pañales, además de donde podía cambiarlo.

El peli-plata la siguió por instinto, entró junto a ella y notó inmediatamente como se desenvolvía en el pequeño espacio para mudar al infante.

Diablos, ¿desde hace cuánto estaba así? — soltó la fémina mientras tomaba el talco y una crema para rozaduras, el pequeño ya tenía la piel rosada.

Desde hace una hora.

Ese era el tiempo que llevaba la madre fuera, al vigilar el reloj de la mesita de noche se percató de que estaba a punto de dar las ocho de la noche. Demasiado tiempo para que Kurenai estuviera fuera, y por lo que notaba, no daría muchas señales de vida en lo que restaba de la noche…

¿Por qué no me llamaste antes? — indagó de nuevo la kunoichi, entretanto le aplicaba la crema al bebé que curiosamente ya se había calmado. Nada más sollozaba de vez en cuando.

Midori dirigió sus ojos violetas hacia él, esperando por una respuesta.

Esperaba a que llegara la niñera.

Uhm. — dijo nada más la peli-púrpura.

El Copy-nin ignoró el ruido que hizo y se centró en el hecho de cómo ella cambiaba el pañal, de cómo atendía al infante y de que éste la miraba con mucha atención. El pequeño Asuma la veía con mucho interés, a lo mejor le recordaba a su madre y por eso sentía mucho más cómodo con ella.

¿Y tú qué haces aquí? No se supone que tenías una cita con Kurenai. — departió, acomodando todo en su lugar y tirando el pañal en el basurero del baño.

Un instante, fue tan solo un instante en el que Kakashi se quedó ido contemplando como la kunoichi hacía todo con tanta cotidianidad y naturalidad. Así hasta podía pasar por una mujer normal.

Sí, pero tuvo un llamado de emergencia y me dejó con Asuma. — repuso rápidamente — ¿Cómo es que sabes hacer todo esto?

No pudo contenerse, la interrogó mientras se dirigían a la cocina. Ya para ese momento, el pequeño Asuma se recuperaba su color natural y estaba mucho más tranquilo jugando con el cabello de Midori.

La kunoichi soltó una pequeña risa y se dedicó a contestar, al tiempo que ponía a hervir un poco de agua para deshacerle la solución al infante y que pudiera comer.

Tengo un sobrino de 15 meses, ¿recuerdas? — claro que recordaba, la vio varias veces con el hijo de su irresponsable hermana mayor —. Mi hermana lo deja todas las noches conmigo y se va de fiesta… Aprendí a hacerlo. — agregó con cierto toque de amargura, aunque con una sonrisa genuina al recordar a su sobrino.

Kakashi no lo admitiría públicamente, pero admiraba la forma en la que Midori podía lidiar con todo y aun así ayudarlos en todo lo que se le presentara. De verdad, asombraba todo lo que una mujer puede llegar a hacer; como tampoco consentiría públicamente que la sonrisa que esbozó se le antojó sumamente hermosa.

¿Por qué no vas por Kurenai? Yo me quedaré con Asuma, hasta que ustedes vuelvan. — sugirió.

Ocultó la sorpresa y le enterneció el ofrecimiento, negó rotundamente en cuanto miró el reloj de pared de la cocina. Ya no era tiempo de salir, era demasiado tarde y el efecto de la primera impresión ya se había ido.

No es necesario, no creo que vuelva en un buen rato. — asumió —. Me quedaré hasta que vuelva.

Y de paso, se quedaría con ella.

Midori acudió en su ayuda, no la dejaría sola con el paquete. Al final, era su cita y no la dejaría en su lugar.

No era de caballeros, tampoco de buenos amigos.


Notas de Autor:

Bien, aquí está la actualización de esta historia. Me disculpo si a lo mejor no era lo que esperaban y me faltó abarcar algunas cosas que abordaré en próximos capítulos. Lo he hecho a la ligera con todo el tiempo que he tenido, que es muy poco. Así que espero no se decepcionen. Sin más, me despido, espero hayan disfrutado algo de la actualización.

Mil gracias por sus comentarios, CONNIE23, Yue Moon Uchiha, moonnlight, yusha, Yumi Zafiro Saito, Mar Angys Dreams, krito1389, Crimela, RinneRikudo, Irasue Hatake, TheDarkAngel, Aire2409, Andrew Hatake, Karina Bancrofti. Muchas gracias, también a quienes me agregan a alertas y favoritos.

Un abrazo y un saludo.