Shameblack: Gracias, me alegro de que te gustase. A mi también me fascino la idea cuando me llego a la mente y no deje de trabajar en la trama desde que me inspire, de esta forma tengo un argumento bastante bueno para cada paso que doy. Espero sigas leyendo, gracias de nuevo.

Un día normal.

"La vida es una ruleta, que gira y gira mientras se respira".

Hogwarts, mazmorras, habitaciones de Slytherin.

08 /11/ 1978.

Un ronco y suave gruñido escapo de sus labios en el momento en que la alarma que había puesto la noche anterior comenzó a repiquetear en su cabeza, provocándole un ligero dolor. Tomo a tientas su varita, musitando con suavidad el hechizo que detenía ese infernal ruido. Abrió los ojos con lentitud, dejando la varita en la mesilla de noche, adaptándose a la suave luz de la ventana artificial de la habitación, que estaba al fondo, simulando ser la salida hacia un espacioso balcón con vista al jardín. Realmente no encontraba diferencia entre esa habitación, y la que ocupaba en su propio tiempo. Aunque lo único anómala en su tiempo era que él, particularmente, tuviera una habitación propia. Privilegio que le era sólo otorgado a los de séptimo grado y a los prefectos desde sexto. Bostezo quedamente, retirando las sabanas, estirándose un poco antes de ponerse en pie. El cuarto no tenía mucho que se dijese, era una habitación 2x2 m2, con baño propio. Decorada a la antigua.

Una cama con doseles verdes, con dos pequeñas mesitas a los costados; un armario de caoba laqueada, protegido con un hechizo para que la madera no se pudriera y un pequeño escritorio, con lo indispensable para hacer sus tareas.

—Mierda —musito con voz patosa. La cabeza le dolía un poco y mover el cuerpo se le hacia un poco pesado. La noche anterior se la había pasado charlando con Severus sobre cosas triviales, entre una que otra copa de Hidromiel y Cervezas de Mantequilla que este tenía bajo su cama. Ilegales, por supuesto. Una leve sonrisa se estiro en sus labios por ello. ¿Quién diría que el honorable profesor de pociones introdujera mercancía ilegal en sus años de colegiatura? Eso era algo que aun no se creía.

Con pasos lentos, se dirigió al cuarto de baño, retirándose las prendas del pijama de seda oscuro que tenia puesto. Esa mañana le tocaban las primeras clases, puesto que el día anterior simplemente estuvo para, según los profesores, adaptarse al sistema de enseñanza ingles. Sólo por seguridad tomaría aquellas que lo llevarían a la carrera de Pocionista, o en su defecto, a la de Sanador o Auror; que eran los trabajos mas remunerados de la época según su investigación. Que consistió en interrogar a un casi borracho Snape, que soltaba prenda como si lengua no tuviese. Quería tener sus posibilidades abiertas ya que tendría que estar casi dos años allí. Al menos eso le ayudaría a tener lo básico en la carrera de la que gustase para cuando volviera y decidiera su propio futuro. Tendría además que buscar empleo, necesitaba de algo con lo que sustentarse hasta nacer en ese tiempo. No podía estar mucho tiempo bajo el ala del anciano director. No era algo que le conviniera. Y mucho menos cuando lo que buscaba era escapar de esa guerra que amenazaba cada vez con estar más cerca.

Sus planes serian simples y concretos: se iría a Estados Unidos. Nada podía salir mal en eso, puesto que para la sociedad mágica misma él provenía de allí. Sólo era cuestión de decir que sus anteriores problemas, los que orillaron a su imaginaria familia a vivir en Inglaterra, se habían resuelto y podían volver sin ningún problema. Era simplemente magnifico, como lo era él mismo.

—Así tendré más que asegurada mi vida en esta estúpida guerra. —Dijo de forma lacónica, sintiendo lo relajante del agua bajando por su cuerpo. Estaba ya en la regadera, con su cabeza mirando hacia arriba, con los ojos cerrados. Según las informaciones que tenia, adquiridas en su tiempo por parte de Historia de la Magia, la guerra no explotaría sino hasta dentro de menos de año y medio. Eso le daría la leve posibilidad de encontrar un empleo de medio tiempo en cualquier sitio. Si hacia bien su parte, en menos de tres meses tendría el dinero suficiente como para comprar un pasaporte mágico con sus datos falsificados, en el callejón Knocktourn, y el suficiente para adquirir un traslador internacional de forma legal en el Ministerio de Magia—. ¡Joder! Lo que hay que hacer para sobrevivir. —Bufo mientras se restregaba el cuerpo con algo de rudeza—. Quizás debería de hacer lo mismo cuando vuelva si aquí me sale todo bien. A la mierda la fortuna Malfoy. Mi vida y libertad son más preciadas que esa estúpida genealogía implantada por esa banda de inútiles.

Luego de darse el baño, secar su ahora cabello de mediana longitud y darle el cuidado personal requerido a su bello y casi adulto rostro, salió con renovadas fuerzas. Se puso con pulcritud su nuevo uniforme y, cuidando de que la cresta de Slytherin estuviera orgullosamente expuesta, salió camino hacia el Gran Comedor. Necesitaba primero el horario, el cual se le entregaría ese día por el profesor Slughorn, quien había olvidado dárselo el día anterior, para así saber que clase le tocaba después del desayuno. Luego, quizás, iría a molestar a Potter y compañía. Por alguna extraña razón se le antojaba hacer eso. Tal vez porque así aparentaba normalidad en todo ese caótico enredo que era ahora su vida. ya que el molestar a Harry Potter siempre fue su insana manera de sacar la molesta opresión que siempre se instalaba en su pecho luego de que recibía una de las cartas en que su padre anunciaba su pronta iniciación con los Mortifagos. Algo que naturalmente se había convertido en su hobby particular.

—Buenos días, Ewdrich—saludo Severus, sacándolo de sus pensamientos. Estaba en la Sala Común, sentado en uno de los sofás individuales, cerca de la extinta chimenea. Draco asintió hacia él, con una pequeña sonrisa bailoteándole en los labios. Severus alzo una de sus oscuras cejas—. ¿Qué te causa gracia, si puedo preguntar?

—Oh, nada, mi querido Snape. Simplemente me preguntaba como un estudiante tan honorable como tú pudo traer de contrabando todas esas bebidas exóticas hacia el castillo sin ser descubierto por ninguno de los docentes.

—Fuera sarcasmo, vil víbora, que bien que disfrutaste en tu bienvenida de mi reserva. —Draco amplio una gran sonrisa, bastante complacida. Aquel humor negro existía desde antes de ser profesor. Snape bufo, antes de sonreírle con chulería y prepotencia—. Será mejor que subamos a por nuestro desayuno. No queremos llegar tarde en tu real primer día, ¿verdad?

—Oh, por Circe, eso sería impensable, mi estimado Snape. ¿Crees que soy del tipo de personas que deja plantados a todos sus fans? No puedo dejar que todas esas miradas escrutadoras y llenas de odio que esperan verme morir lenta y agónicamente se pierdan por mi falta de caballerosidad. —Severus soltó una limpia carcajada, acompañado por la suave risa de Draco. Después de calmarse un poco, Snape hizo un exagerado gesto de servilismo, indicándole el camino hacia la salida. Draco respondió con una leve y elegante inclinación antes de alzar su aristocrática nariz. Luego de sonreírse con complicidad, ambos salieron de la Sala Común entre uno que otro oscuro comentario.

Todo bajo la atenta e intensa mirada de un grupo bastante curioso de Slytherin's.

—7—

James frunció el ceño al verle entrar acompañado de Snivellus, como encantaban decirle los Gryffindor al serio Snape, en una actitud bastante cercana y comprometedora. De alguna manera, esa actitud tan amistosa que esos dos tenían tan sólo a poco menos de dos días de conocerse no le gustaba para nada. ¡Él lo había salvado de una muerte segura! ¿Y cómo le pagaba? Ignorándole e insultándole para defender a una vil rata de laboratorio. Sin darse cuenta, se encontraba torturando con el tenedor a los huevos revueltos, murmurando frases de muerte ininteligibles para cierto Slytherin de cabello negro.

—James, ¿en verdad te encuentras bien? —Pregunto Remus, un tanto asustado ante las muecas para nada lindas que hacia su mejor amigo. James chasqueo la lengua al percatarse de la forma en que Severus murmuraba algo en el oído de Ewdrich. ¿Quién coño se creía ese inepto haciendo eso?

—Sí, me encuentro perfectamente. —El duro y frio tono, con la endurecida mandíbula acompañada de unos refulgentes ojos castaños, difería bastante de lo dicho. Sirius, que era el tercer integrante de los infames Merodeadores, cruzo una preocupante mirada con Lupin. Ambos habían visto bastante extraña la hostil forma de comportarse de James, y más porque este se comportaba un poco indiferente con la pelirroja que desde hacía años le traía loco. No era nada común eso.

—Pues tus huevos revueltos no piensan lo mismo. ¡Hermano, baja esos humos! Ni que fuese tan importante eso que tiene tu humor como el de una Veela con celos. —Una mirada fulminante de parte de James casi lo hace atragantarse. Alzo con rapidez las manos al aire, a modo de defensa—. ¡Calma, soldado! Que hasta parece que me has enviado al paredón de los condenados para el beso del Dementor. Sólo fue un mero comentario.

—Lo siento…—suspiro luego de darse cuenta de lo que estaba haciendo. Dejo caer su tenedor, ocultando su rostro en sus manos con algo de cansancio. Sirius y Remus volvieron a verse con preocupación. Algo le ocurría, y ellos, como sus mejores amigos, debían darle apoyo. O al menos inmiscuir la nariz en eso que tenía con los pelos de punta al siempre tan calmado Prongs —. Gracias a cierto rubio oxigenado me siento demasiado temperamental desde ayer.

— ¿Malfoy? —pregunto Remus, con tacto.

No, el otro rubio prepotente. —Indico, apuntando hacia Ewdrich y Severus. Sirius torció el gesto de manera extrañada y Remus simplemente parpadeo, confundido.

—A ver, James, ¿de dónde conoces tú al nuevo? —James alzo la mirada, con un brillo bastante extraño en ella.

—Ya se los había dicho el otro día, ¿recuerdan? El chico extraño que me encontré casi muerto cerca del Lago. Es él… —Ambos asintieron, dirigiéndose miradas bastante inusuales—. El muy cabron me trata de a las patadas con sólo verme. ¡Le salve la vida! ¿Y me lo agradece? Pues no… El muy bastardo la tiene tan pagada de sí mismo. Como todo Slytherin hijo de puta. —Tanto Sirius como Remus abrieron la boca ligeramente, sin saber que decir. Era la primera vez que veían a James, aparte de tan mal humor, maldiciendo tanto. Y todo por una mera persona. James, por su parte, simplemente recordaba el incidente del día anterior. Se sentía tan avergonzado de sí mismo al permitir que le descubrieran con tanta facilidad.

Además de que golpeaba con demasiada fuerza su orgullo el haber salido corriendo por el tono coqueto de aquel bastardo. ¡Pero es que no se lo esperaba! No es como si alguien no se le hubiese insinuado antes; tenia montones de chicas y chicos que morirían por acostarse con él, y que siempre buscaban la manera de llamar su atención. Quizás el problema radicaba en que era la primera vez que alguien lo hacía con tanta seguridad en sí mismo, y que parecía controlar la situación de principio a fin. O quizás era por ser el primer Slytherin que hacia ese tipo de cosas con él, puesto que todos los de esa Casa evitaban por cualquier medio caer rendidos ante su encanto. Aunque realmente no les funcionara del todo.

La única razón por la que seguían castos y puramente oscuros era porque él no se antojaba de cogérselos. ¿Qué había de diferente en ese chico? No lo comprendía, pero había algo en él que de cierta forma le atraía. Era un misterio andante, y a él, por ser un Potter en toda regla, le atraían todos los misterios. Más el revelar sus secretos. Y ese chico parecía tener muchos, y bastante interesantes.

—A ver, de nuevo, ¿James, estas completamente seguro de estar bien? Mira que podemos ir a la enfermería para que te revisen (y den pastillas anti estrés). —Murmuro Sirius, diciéndole lo último en tono bajo a Remus, quien asintió en acuerdo al ver la tosca sonrisa, entre oscura y divertida, de su amigo. James se giro hacia ellos, sonriéndoles como siempre hacia, restándole importancia al asunto.

—Me encuentro excelente. Ya se me paso lo que sea que me haya dado. —Desestimo, volviendo al desayuno—. Más bien, ¿alguno ha recibido correo de Peter? Desde que fue llamado por sus padres no he recibido nada de él. Y eso que acostumbra siempre enviarnos una carta por semana cuando está en su casa.

—Nah… De seguro sus padres le están haciendo las usuales reprimendas que tienden a darle por su aparente inepto rendimiento académico. Ya nos contara lo que le pasa cuando regrese. —Con un asentimiento, se sumergieron en una amena conversación sobre la temporada de Quidditch. De vez en cuando, cuando los demás no lo notaban, James enviaba fugaces miradas a los dos Slytherin que le tenían de mal humor.

—8—

Draco sonrió para sí mismo cuando volvió a sentir aquella intensa mirada clavarse en su nuca cual daga envenenada. La había estado sintiendo desde el desayuno, y lo había estado persiguiendo durante todas las clases que le habían tocado: Transformaciones, Historia de la Magia, y ahora en Pociones dobles con el profesor Slughorn. Y no había que ser un genio para darse cuenta de quién era, mucho menos cuando Severus recibía el mismo número de incontables amenazas de las miradas que James Potter le enviaba a su persona.

Slughorn estaba explicando, torpemente a su parecer, el uso de la Poción Multijugos. No era algo de lo que debiera estar muy atento, puesto que ya la conocía de antemano. Después de todo, el que sería el mejor Maestro de Pociones en un futuro no muy lejano estaba sentado a su lado. Cuando volvió a sentir el leve cosquilleo en su nuca, se giro con suavidad hacia el lado de los Gryffindor, precisamente donde James se sentaba. Sus miradas chocaron de manera titánica, en una forma bastante retadora por parte de ambos. Antes de voltear al frente, le guiño un ojo de manera coqueta, logrando que el tan orgulloso león se ruborizara.

—Señor Ewdrich, ya que parece tan interesado en mi clase…—Draco alzo una ceja, sin prestarle real atención. Algunos Gryffindor rieron con burla al escuchar dichas palabras, y los Slytherin le dieron una leve mirada entrecerrada—, ¿puede explicar para que se usa la Poción Multijugos?

—Por supuesto, profesor—respondió con cinismo, desplegando toda la arrogancia que tenía—. La Poción Multijugos es una poción muy complicada de elaborar que permite al bebedor tomar la apariencia de otra persona, ya sea utilizando cabello, uñas o cualquier otro objeto de parte del cuerpo de la persona en que se convertirá. Está diseñada para usarse con humanos; no funciona con animales o medio–humanos. —Slughorn asintió complacido—. Pero ese no es ciertamente el caso. Yo mismo he podido comprobar que esta opción, si bien no funciona a la perfección, logra cierta simetría en caso de querer convertirse en un animal. Convertiría al que la bebe en algo más parecido a un humanoide.

—Bastante interesante, señor Ewdrich. Su deducción es bastante acertada. 20 puntos para Slytherin. —El profesor sonrió calculador. Draco torció un poco el gesto al notar eso, no sabiendo que esperarse del rechoncho hombre. El profesor continúo la clase, colocando la receta en el pizarrón y dándoles los instrumentos para prepararla.

—El profesor Slughorn tiende a organizar pequeñas fiestas sociales aquí en el colegio. —Murmuro Severus en tono confidencial—. Las hace para extender sus lazos entre las personas influyentes. Sólo invita a aquellos que tengan algo de lo que él se haya interesado. Y parece que se ha interesado en ti. Quizás te invite.

—Declinare de inmediato dicha oferta. —Dijo con cierto tono asqueado. Severus alzo sus cejas, dándole una mirada escéptica—. No soy de los que gustan tal tipo de eventos sociales. Es más, después de que mis padres me obligaban a acompañarlos a todas esas fiestas de círculos políticos desarrolle cierta aversión a ellas. —Draco dejo de trabajar para darle una mirada teatral de abatimiento—. Por cierto, Snape, coloca un hechizo de protección alrededor de ti y tu caldero. Creo que cierto gatito tramara algo contra nosotros. —Le hizo un suave gesto hacia James, quien estaba inusitadamente tranquilo, colocando una de esas caras de ángel que pretendían no romper ni un plato. Severus asintió, haciendo en el acto lo pedido.

Ni diez minutos después de eso, sintieron como varios conjuros se desvanecían silenciosos en sus protecciones, haciéndoles sonreír zorrunamente al imaginarse que cara tenía en ese momento Potter al saberse timado por ellos. La clase transcurrió con normalidad, obviando el hecho de los tantos fallidos intentos de James de querer arruinar su trabajo. Al final ambos habían ganado cincuenta puntos para Slytherin.

Lastimosamente, habían tenido la desgracia de toparse con los Merodeadores fuera de clase. Los alumnos que pasaban por el pasillo, y algunos de Slytherin y Gryffindor que se habían quedado alrededor, los observaban interesados, como si esperasen a que comenzara una lucha inusitada de poder entre ellos: —Vaya, Snivellus, ¿ahora eres puta particular del nuevo? Que rápido cambias de gustos y de dueño.

A Severus los ojos se le achicaron, claro signo de haberse ofendido a niveles insospechados. Draco sospecho que aquello terminaría bastante mal cuando noto a Black, detrás de Potter, con la varita lista para atacar por si Snape intentaba algo. El hombre lobo, por el contrario, se mantenía impassito, mirándolos a todos con cierta resignación. Antes de que Severus dijese algo, le dio una mirada cómplice, que este entendió de inmediato.

—Oh, Merlín, Potter. Nunca creí que fueses tan celoso. Si simplemente me hubieses dicho que te gustaba tanto Severus —paso una mano por el cuello del aludido, dándole una mirada significativa a James. Varias risas se escucharon alrededor mientras el ceño de Potter, quien estaba ofendido por tal replica, se fruncía al punto de fusionar sus cejas—. Sólo somos amigos, descuida. No intentare nada malo con él. Pero dudo mucho que mi amigo aquí presente sienta lo mismo por ti. Deberías de intentarlo un poco más duro. No es bueno estar celándolo por los pasillos…

— ¡Tu!... — James temblaba ante las risas a su alrededor, iracundo. Sirius no podía decir nada. La replica había sido tan perfecta que no tenía nada con que devolver la ofensa.

— ¿Sí, yo qué? —Potter guardo silencio, mordiéndose de manera salvaje el labio inferior. Draco hasta juro que su cabeza iba a explotar del coraje contenido. Ese Potter tenía menos aguante que el de su tiempo. Sonrió de forma oscura—. Oh, no, no, no. Ni lo pienses. Yo no soy plato de segunda mesa, Potter. Si mi amigo aquí no quiere nada contigo eso no significa que yo tenga que reemplazarlo. Mira que fresco nos resultaste ser. Pero ni creas que me tendrás en tu cama. Desvergonzado—hizo un gesto teatral, ocultando su rostro de tal manera que sólo James pudiera verlo, dándole un leve guiño coqueto y un suave beso al aire que termino con todo. Potter enrojeció, pero no de enojo, dio media vuelta y se marcho con sus amigos a una velocidad impresionante.

—9—

Severus reía a carcajada limpia, desparramado en el sofá largo de la sala común. Después de haber comido algo en el Gran Comedor, habían bajado a descansar la hora y media que les era dada antes del inicio del próximo periodo. Se había tirado allí a reír nada más llegar a la Sala Común, dejando bastante impresionado a Draco y a todo aquel que conociera al serio chico. Snape no era de los que soltaba carcajadas largas y duraderas como aquella.

Después de aplacar un poco su risa, Snape se sentó, carraspeando algo avergonzado en el acto. Dejando a Draco bastante divertido.

—Lo siento, pero es que fue increíble. Es la primera vez que veo a Potter tan ofendido y sin palabras en los siete años que llevo aquí. Nadie les había hecho frente como lo has hecho tú hoy. Tienes todo mi respeto. ¡Oh, por Merlín, como me hubiese encantado retratarlo! Hubiese sido algo para la posteridad—de alguna manera le gusto ver esa expresión tan risueña en su padrino. El hombre no era de los que se divertían de esa manera. Más bien era de lo que disfrutaban de sonrisas escuetas y largos tragos de Whisky de Fuego. Todo eso y más en la comodidad de su oficina.

—No ha sido nada—modestia aparte. Severus torció el gesto de manera burlona—. Es cierto. No ha sido la gran cosa. Simplemente le he dejado en su puesto. Mira que venir a molestar en el momento menos oportuno. Para mí que siente algún tipo de atracción hacia ti, Snape.

Severus hizo un gesto asqueado ante la insinuación: —Sin insultos, por favor. Bebería lava hirviendo primero antes de que ese retorcido pensamiento tuyo se hiciese realidad. —Declaro, encogiéndose con un escalofrió—. Potter está interesado en Evans, y porque cree que me gusta, y ella es como una amiga de la infancia, cree que se la intento arrebatar cuando me cruzo de casualidad con ella. Es un obsesivo. La pobre chica tiene que soportar su acoso a diario.

Draco alzo una ceja ante eso. Jamás se imagino que su padrino hubiese sido amigo de la infancia de la madre de su más acérrimo némesis del colegio. Aunque tampoco era algo de lo cual sorprenderse, él desconocía muchas cosas de la infancia de sus padres y padrino. Cuando se dispuso a ponerse cómodo en el sofá, ambos fueron interrumpidos por Lucius y compañía. Draco lo observo de manera indiferente.

— ¿Desean algo, damas, caballeros? —ellos simplemente dieron un asentimiento a modo de saludo, el cual tanto él como Severus respondieron. Snape parecía un poco nervioso.

—Veo que han hecho… buenas migas. —Oh, por Circe, ¿son eso celos lo que acaso detecto?, se dijo incrédulo. Severus bufo ante el comentario, dándole una mirada de pistola a su padre.

—No puedo negarlo. Es bastante cómodo y divertido hablar con Snape. —Se encogió de hombros, cruzando las piernas. A diferencia de los otros, que parecían profesarle algún tipo respeto al que sería su padre, él no se amedrantaría en su persona. Un Malfoy es orgulloso y altivo ante todo, incluso ante ellos mismos. Las palabras que una vez le dijo le llegaron con suavidad, haciéndolo sonreír antes de desplegar su altivo porte. Entre los presentes se encontraba el grupo que se había presentado en la mesa cuando fue seleccionado, y algunas más, entre ellos los Lestrange y su propia madre —. Como dije, ¿desean algo de mí?

—Simplemente saludar, Ewdrich. Nada más. —Volvió a tomar la palabra su padre, con tono entre neutro y amenazante por la manera en que se dirigía a su persona. Draco sonrió de lado, causando cierto escalofrió en los presentes.

—Mucho gusto a todos. —Asintió de forma educada —. Vamos, joven Malfoy. ¿A que realmente ha venido? No pensara que me creeré el que simplemente haya venido hasta aquí para saludarme junto con… sus amigos, ¿verdad? Eso no es algo que un Malfoy haga sin un propósito claramente oculto. Estoy bastante informado sobre su familia.

—No sé si deba sentirme honrado o preocuparme por eso. —Declaro, invocando uno de los sillones individuales para sentarse. Todos los demás hicieron lo propio.

—Tómelo como mejor le plazca. —Le guiño el ojo, creando cierta desconfianza.

—Lo tomare por un cumplido, pues. —Lucius le miro de forma intensa—. Vallamos al punto a tratar, joven Ewdrich. Al parecer, por lo que conversamos la otra vez en el Comedor, tengo la ligera sospecha de que usted sabe más de lo que aparenta con respecto al tema de los Mortifagos y su líder.

—Amo—le corrigió de forma impertinente.

Amo—mascullo de forma ruda y asqueada por el término—. Como decía, parece que usted conoce sobre ellos con cierto detalle omitido que dio a revelar entre sus palabras aquella noche. ¿Es usted acaso un opositor o es quizás un allegado de él?

—Me ofende, joven Malfoy. —Exclamo teatralmente ofendido, con una sonrisa que difería mucho de estar hablando en serio—. No, ninguna de las dos, joven Malfoy. Aunque tiene razón en que se mas de lo que aparento. Pero no por eso he de interferir en los asuntos de otros. Simplemente doy mi punto de vista a conocer ante los demás. Lo que decidan hacer es y siempre será de su total elección. ¿Puedo preguntar el porqué de este interrogatorio?

Lucius y los otros se miraron entre ellos, asintiendo de forma convencida.

—A su opinión personal, joven Ewdrich, ¿cómo sería posible para estos llamados Mortifagos salirse de toda esta… situación?