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Me aparto, subo las escaleras y me meto en la ducha. Quiero pensar en mi plan, en lo que voy a hacer ahora. Pero no. Solo pienso en lo que Peeta ha insinuado. No es tan descabellado, Gale es popular, las chicas hablan de él, lo he visto miles de veces hablando con otras. Gale es alto, guapo y simpático. Aunque nunca ha tenido novia, no ha sido por falta de pretendientes. Podría haber sido una de ellas Magde? Una de las que se besaba con el detrás del gimnasio del instituto?.
Los días siguientes me limito a vagar por la casa. Gale se recupera rápido y en cuanto puede andar se va a su casa. Es un alivio, no quiero verlo. Tampoco he visto a Peeta en estos días, y eso me hace sentirme culpable.
No puedo salir a cazar los agentes de la paz están muy nerviosos y podría meterme en jaleos, pero el estar encerrada dentro de esta maldita valla me está volviendo loca.
Son más de las once de la noche, estoy en la cama y no puedo dormir. Muy abrigada salgo a la calle, necesito caminar. Llego a la puerta de Haymitch, la empujo, recorro el largo pasillo hasta la cocina.
- ¿qué haces por aquí?- pregunta Haymitch medio borracho.
- ¿No puedo hacerte una visita? Las horas pasan muy despacio cuando se está encerrada. ¿Qué bebes?- Pregunto mientras le doy un trago a la botella. – Joder, esto sabe a gasolina.
- Ganar los juegos no te hace más fuerte. Solo fuiste más lista que los demás. Deja la botella esto no es para ti.
-¿Cómo sabes lo que es para mí? ¿Tienes todas las respuestas? Porque tengo unas cuantas…
- Tu ya tienes las respuestas, solo tienes que acatar tú futuro sin rechistar y de manera convincente.- Me siento con él a la mese y en silencio pasan las horas.
Abro los ojos. Mi cabeza me estalla, la noche fue larga. Bajo a la cocina aunque no tengo hambre. Finalmente decido salir a la puerta. Sentada en la silla del porche cierro los ojos y dejo que el frio aclare mis ideas. Haymitch tiene razón, sé lo que tengo que hacer.
Oigo la puerta, no tengo ganas de escuchar el sermón de mi madre, así que permanezco con los ojos cerrados, hago como si no estuviera. La puerta se cierra y oigo a alguien que se aleja.
Abro los ojos, y ahí está. La fuente de mis problemas.
- Gale- grito cuando ya se está alejando. El se para pero no se da la vuelta. Me acerco corriendo. - ¿Cómo estás?- no sé porque le he parado, solo sé que llevo mucho sin hablar con él y es algo que necesito.
- hola Katniss- sus ojos son fríos.
- ¿Qué tal tu espalda?
- ¿Realmente te importa? – me odia. Está a la defensiva. Me ataca con sarcásticas preguntas. ¿No quiere hablarme? ¿Ya no somos amigos?
- Magde fue muy amable.- Por que le habré dicho eso. Ahora yo estoy a la defensiva. Pero ya no puedo parar.
- Sí, fue muy amable.
- Teniendo en cuenta lo mal que te portabas con ella…- Gale quiere hablar, no le ha gustado que le diga que eso – ¿o es que ya no la odias tanto? – Gale se gira y sigue caminando.
- yo nunca he odiado a Magde. Es una buena chica.
- Buena chica…
- Katniss, ¿Qué te pasa?- ha parado en seco y me habla muy cerca. - ¿Es que no puedo tener más amigas que tú? ¿Es que tan malo soy que la gente no quiere ayudarme?, ¿Qué estás insinuando? Yo ya no puedo entenderte… Katniss, déjame en paz. – se gira y camina. Yo le sigo.
- ¿Qué hay entre vosotros? ¿Tienes un discurso ensayado para las chicas o te sale natural?– Estamos en medio de la calle y hablamos muy alto. Pero no puedo parar, los celos me están comiendo por dentro.
- katniss, no seas cría. – sigue caminando.
- ¿Eso soy para ti? ¿Una cría? ¿Crees que todo esto es un juego? - las palabras salen de lo más oscuro de mi ser. Estoy siendo mala con Gale y lo sé, pero no puedo evitar odiarlo. Solo pensar que quiere a otra… -¿Magde es mejor que yo?
Me coge por la muñeca y me arrastra por entre las casas de la aldea de los vencedores. Llegamos a una que todavía no ha sido ocupada. Estamos en la parte trasera, rompe un cristal y entramos en la cocina. Me empuja dentro, detrás entra el, camina por la habitación.
- ¿Estás loca? ¿Cómo puedes hablar así de ella? Es tu amiga, se preocupa por ti.
- ¿Seguro que se preocupa por mí o por ti? – quiero que confiese. Que diga que es un traidor, que lo que me dijo a mí se lo ha dicho a muchas, que solo soy una más.
- Catnip siéntate tenemos que hablar - su voz es triste, no hay odio pero si resignación.
Creo que mis sospechas eran ciertas, va a admitirlo y yo no estoy segura de querer oírlo. Quería oírlo, pero ahora el pánico se apodera de mí. ¿Me ha engañado?
- El día de la cosecha – comienza a hablar, despacio, escogiendo las palabras – cuando salí de despedirme de ti, y tienes que entender que aunque tenía muchas esperanzas estaba convencido que jamás volvería a verte, y lo que es peor, vería como otros te cazaban y te daban muerte. Iba caminando por la plaza, cuando pasé por la pastelería la vi que salía. Estaba totalmente destrozada pero aun así estaba animando al panadero. Nuestras miradas se cruzaron, y nos quedamos unos instantes así. Yo sabía que te tenía aprecio, que siempre estabais juntas en el comedor del instituto. Cuando la vi supe que ella pensaba lo mismo que yo.
No volví a verla hasta la noche en que televisaron tú reencuentro con Peeta.- se para y respira intentando relajarse, el sufrimiento se nota en sus palabras.- después de muchos días acechándote el resto de tributos, de ver como sobrevivías de milagro, tuve la esperanza de volver a verte y poder decirte todo lo que te amaba… y entonces saliste corriendo a buscarlo. Desesperada lo encontraste, le cuidaste… veros a los dos juntos contándoos historias, historias en las que debería estar yo, pero me borraste y entonces…- hace una pausa, coge aire y me mira - le besaste.
- Gale..- intento hablar pero me interrumpe y sigue hablando.
- Ese beso lo televisaron miles de veces aquella noche – dice levantando la voz y cerrando los puños.- Miles de veces, y yo no aguantaba más, salí de casa, no podía ver a mi madre mirándome con cara de pena. Todo el mundo llevaba días hablando de los trágicos amantes, historias que me resistía a creer, pero ese beso…Salí al bosque y estuve toda la noche vagando, al amanecer puse trampas y cacé. Cuando llegué al quemador, todos me miraban, pero nadie se acercaba a decirme nada. Mejor, no estaba para bromas. Obtuve un montón de dinero ese día, ya que mi caza había sido mayor de lo normal y los canjes me fueron muy provechosos, creo que ese día nadie se atrevía a discutir con migo.
En el puesto de Sae, uno compañero mío de instituto, Mike, estaba hablando de los juegos. Hablo de ti, de tu romance con Peeta. Yo estaba de muy mal humor… bueno la verdad es que no sé que me pasó pero me acerqué a él y empecé a pegarle. Le pegué mucho, estaba ciego de odio. Unos instantes después la gente nos separó, Sae me levantó del suelo y me dijo que me fuera.
Todos me miraban con sorpresa y asco. ¿Cómo podía haber pegado a Mike? Antes de salir compré unas botellas de licor. Iba despacio, no podía respirar, Mike me había roto la nariz, un ojo morado, que empezaba a hincharse, y creo que me fisuró alguna costilla. No era consciente del dolor que sentía, solo veía la imagen de Mike, tumbado en el suelo, estaba bastante peor que yo.
Iba de camino al bosque cuando me tropecé y caí. Me quedé unos instantes con los ojos cerrados y llorando por el dolor que sentía, el vacío que habías dejado en mi corazón. Cuando abrí los ojos Magde estaba allí. De pié, se agacho y me recogió, juntos nos adentramos en el bosque. Me dejó en el suelo, tumbado allí paré de llorar, me sentía miserable por haberle pegado a Mike y que Magde me viera en esas condiciones.
Me levanté, quería parecer fuerte, explicarme, demostrarle que tenía razón, pero en vez de eso, Magde ya se había bebido medio botella de licor y me la pasó para que yo la terminara. Nos tumbamos en la hierba, bebiendo. Estuvimos hablando de ti, de lo mucho que nos afectó el día de la cosecha y de cómo te íbamos a echar de menos. Hablamos de la vida en el distrito, de lo injusto de los juegos. Hablamos y bebimos.
Catnip, Magde es la única persona con las que hablé libremente desde que te marchaste. Ella también estaba profundamente afectada por ti. Nos sentíamos muy mal. Era tarde y en la soledad del bosque nos besamos.
No voy a mentirte Catnip, tú querías saberlo, necesitas saberlo y así tomar una decisión.
Magde y yo nos besamos y no fue lo único que pasó.
Todo esto es mucho más de lo que quería oír.
- Gale – me mira en silencio esperando una respuesta, la que sea.- ¿quieres decir que os acostasteis?
- Sí. Pero Catnip tienes que entender que yo no la quiero…
- Gale como puedes ser tan hipócrita de enfadarte con migo por besar a Peeta cuando tú…
No sé qué pensar. Todo es confuso. Estoy sentada y miro fijamente a la mesa, no puedo mirarle a la cara. Yo quería esto, no? Es lo mejor para mí, olvidar a Gale, odiarle, y que él encuentre a alguien, pero me duele mucho. Sus palabras me han herido profundamente, no sé si les odio.
- Catnip, yo quiero que entiendas que no hay nada entre nosotros, que fue la tristeza lo que nos unió aquella noche y nada más. No ha vuelto a pasar nada. Y yo siempre te he querido y siempre te querré a ti.
- Gale, creo que es lo mejor.
- ¿Qué?
- Creo que es lo mejor, que encuentres a alguien… que rehagas tu vida, Magde es muy buena… - me levanto para irme, no quiero seguir aquí.
- ¿De qué estás hablando Catnip? Te he dicho que entre ella y yo no hay nada, yo no la quiero a ella. – se levanta y me sujeta por los hombros, me zarandea, quiere que le mire a los ojos pero yo no puedo. No puedo mirar sus profundos ojos grises y despedirme de él. – Catnip, mírame- suplica.
Alzo la vista y le miro - Gale, tienes que entender que es lo mejor. – digo con voz seca y más valor del que tengo.
Gale me sujeta la cara con ambas manos y me besa, me besa profundamente. Un beso cargado de pasión y súplica. Suplica por la esperanza. Suplica por otro beso. Suplica porque lo elija a él. Su beso me envuelve, me lleva a la casa del lago, recuerdo el calor del fuego y contacto de su piel. Me dejo llevar. Nos besamos con urgencia, nuestro final está cerca y estos besos serán lo últimos.
La pasión se apodera de nosotros otra vez. Rápidamente nos quitamos la ropa, ayudándonos el uno al otro. Hoy no hay misterio, ambos sabemos lo que quiere el otro. Su cuerpo me aprieta contra la pared, noto su aliento sobre mi cuello, su lengua recorriéndolo, el calor de su piel. Acaricio su pecho y bajo mi mano, acaricio sus abdominales y sigo por debajo de su cintura. Le acaricio despacio, Gale suelta un pequeño y profundo gemido, sé que le gusta. Sus besos son más rápidos, lamo sus labios con mi lengua. Entonces me sujeta por el trasero, yo sujeto su cabeza con mis dedos entre su pelo negro, me eleva mientras le rodeo con mis piernas. Me lleva sobre la mesa de la cocina. Nos seguimos besando. Todo mi cuerpo arde, noto el pulso en mi cuello, en mi pecho y en lo más profundo de mi entrepierna. Solo quiero que se acerque más aun. Solo quiero que seamos uno que nos unamos como en la casa del lago.
- Gale hazme el amor- le pido, le ruego, le suplico…
Sobre esa mesa de cocina, igual a la de todas las casas de la aldea y a la que nunca volveré a mirar de la misma manera, Gale me hace profundamente el amor. Saboreo cada momento, siento cada uno de sus movimientos, movimientos que se aceleran y me hacen respirar profundamente, gemir, y hasta quiero gritar su nombre. Quiero disfrutar, quiero que sea mío, que me posea. Estoy tumbada sobre la mesa, Gale recorre mi cuerpo con sus manos, puedo observarlo, esta vez sí voy a memorizarlo porque será la última que lo vea así. De eso estoy segura. Esto termina hoy y termina aquí.
Estamos en la cocina y el orgasmo llega, mi cuerpo se arquea, Gale echa su cabeza hacia atrás y suelta varios gemidos. Su cuerpo se destensa y se dobla sobre mí. Su cabeza se apoya sobre estómago, me que besa sobre el ombligo. Está cogiendo aire, yo también. Me incorporo y tomo su cabeza entre mis manos. Le beso, le doy suaves besos en sus labios ardientes por el placer.
Gale se separa de mí. Yo me levanto de la mesa y doy unos pasos, restrego mi cara con mis manos para recuperar la realidad. Abro los ojos y lo veo sobre el fregadero lavándose la cara y bebiendo un poco de agua. Y entonces lo veo.
Veo su espalda marcada por el látigo. Es como si viera el futuro, es como ver al presidente Snow amenazándome en persona.
Gale se ha dado cuenta de cómo le miro y se viste, no quiere que lo vea así.
La realidad me golpea. El miedo se apodera de mí. Esto no puede volver a ocurrir. Estoy poniendo a todos en peligro por sucumbir a la pasión.
- Gale, quiero que sepas que siento mucho lo que te pasó, yo lo solucionaré, yo arreglaré todo.- me visto rápidamente. Quiero salir de allí, no soporto como han dañado a mi buen amigo. Es el anticipo de lo que puede pasar a todos los demás.
- Catnip, esto no fue culpa tuya, es algo que tarde o temprano tenía que pasar.
- Gale, esto no puede volver a suceder. A partir de hoy no volveremos a vernos. Esto termina aquí.
- ¿Pero qué he hecho? Catnip dime qué quieres que haga y lo haré, haré lo que tú me pidas. – la tristeza se refleja en toda su cara, sus ojos, su boca, en las arrugas de su frente.
- Nada Gale, no puedes hacer nada. Solo alejarte de mí. – grito. Desesperada por no saber cómo mantener a salvo a todos. - Si el presidente se entera nos matará a todos. Es que no lo entiendes?
- Pues mataré al presidente. Lo haré. - grita, su voz es fuerte. Pero la locura que muestra es peligrosa. Siento miedo, miedo por lo que pueda hacer.
- Gale, no digas eso. – intento tranquilizarle.- Gale, tú me quieres, me has pedido que te diga lo que quiero que hagas, no?
- Si, dímelo y lo haré, no tengo miedo. Me enfrentaré a quien haga falta. Haré una revolución. Destruiré al capitolio. Lo que sea, solo dilo.
- Pues bien, solo te pido una cosa.- sus ojos fijos me miran, sus pupilas dilatadas demuestran su nerviosismo, la excitación por enfrentarse al capitolio. Casi está saboreando una revolución. Casi saborea la libertad, el no tener que escondernos. – Gale solo te pido que te olvides de hoy, de esta casa, de la casa del lago, de todos los días que pasamos en el bosque, quiero que no me mires que no me hables, Gale solo te pido… te pido que te olvides de mí. – mi voz aunque fuerte se quiebra. Las palabras son duras. Pero tiene que oirlo.
Los ojos de Gale están desorientados, solo niega con la cabeza. Se arrodilla, está abatido. No esperaba esto, el es fuerte, él puede aguantar el hambre, el trabajo en la mina, los latigazos y torturas pero esto le supera. Su mente se niega a aceptar lo que yo le pido. Su cuerpo entero se agota, su lucha interna es más fuerte que su corazón.
- Lo que me pides… Catnis, lo que me pides no puede ser. Cómo voy a olvidarte.- Sus ojos lloran, su cabeza niega y su corazón se está rompiendo. Pero esto el lo que tengo que hacer si quiero que siga vivo.
Me armo con valor, el valor que da el miedo por perder a los seres queridos.
-Gale, yo no te quiero. Me oyes? Yo no te quiero. – Miento, le miento por su bien.- Tú no eres bueno para mí. Tus ansias de revolución me matarán. Nos matarán a todos. ¿Quieres que muera, es eso? ¿O tuya o de nadie? Porque eso es lo que pasará si te acercas a mí.
- Catnip, no…
- Sé que he sido yo la que se acercó a ti antes. Y por eso yo te prometo que no volverá a ocurrir. No volveré a entrometerme en tu vida. No sabrás de mí, no me acercaré a tu casa o a tu familia, desapareceré de tu vida. Tú no puedes hacerme feliz. Lo nuestro nunca podrá ser. Mañana escogeré mi vestido de novia y me casaré con Peeta. El es bueno para mí. Tú lo sabes.
Mis últimas palabras le rompen por completo. Noto su dolor en mi pecho. Pero es lo que tengo que hacer. Me giro y salgo de la cocina. Voy caminando, no me giro, no quiero verlo en el suelo destrozado. Sé que él lo entenderá. Sé que admitirá que Peeta es mejor para mí. Se convencerá de ello, seguramente me odiará. Pero ese odio le mantendrá vivo. No puedo cargar con su muerte.
Decida me dirijo a casa de Peeta, sé que está allí. Iré y le proclamaré mi amor, le prometeré fidelidad. Le mentiré y le diré todo lo que ha estado esperando oír.
Viviremos, todos viviremos, y nada malo nos sucederá.
