Cronopios del autor: Estoy echa un asco, ayer bebí como si no hubiera un mañana y amanecí súper cruda. Pero aquí tienen su capitulito, gracias por seguir acompañandome. Espero hayan tenido un excelente primer día del año. Por cierto, este año es bisiesto. Yehi!
Advertencia: Spoilers.
Descarga de responsabilidades: Noragami y sus personajes, así como algunos términos le pertenece a Adachi Toka, esta historia no pretende lucrar con ellos. La historia original donde se ven involucrados es una invención total de mí.
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Forjadores de la fe.
Por St. Yukiona.
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Capítulo 4: El deseo del pequeño dios.
Yato había descubierto una cosa muy importante, y era que le gustaba mucho la gente, se emocionaba en exceso cuando veía llegar gente al templo. Aunque Yukine aún no le permitía acercarse a ellos, sin que el rubio se diera cuenta espiaba a esas personas y cerraba los ojos escuchándolos con claridad.
"Bubis-sama ¿Por qué Yukine no puede escuchar a las personas?" había preguntado Yato un día mientras se encontraba en la enorme, y bonita, casa de la tía "bubis", era la diosa Bishamonten, pero se le hacía muy largo y pesado decir todo ese nombre enorme y la había dotado de un nombre que estaba relacionado a sus atributos, Veena había estado recordando que el idiota de Yato era un niño, pero en más de alguna ocasión había estado tentada a hacerlo reencarnar por imprudente, no obstante, le causaba curiosidad ver como Yato-bebé (como lo apodaban cariñosamente mientras superaban del todo que Yato-idiota-original se había ido) se acercaba a ella para resolver dudas.
"Eso sucede cuando rezan a nuestro nombre" explicó Veena. Ambos dioses estaban en el baño de purificación de la diosa, ella usaba una yukata blanca y delgada, el pequeño dios Yato nadaba desnudo, realmente a la rubia no le importaba compartir su baño con su pequeño vecino, de algún modo se sentía culpable, todos se sentían miserables.
"Oh…" el nene veía sus dedos arrugados por estar expuesto tanto tiempo a la humedad. "Es cuando debemos cumplir sus plegarias, ¿Cierto?"
Veena miró al pequeño. "¿Qué clase de peticiones escuchas, Yato?"
"Pues…" mordisqueó los labios un poco inquieto. "Hay ocasiones en que llegan a agradecer, pero en otros momentos sólo… piden cosas como exterminar esto o aquello y… que ahuyente las pesadillas"
Veena arqueó la ceja.
"¿Has hecho alguna de esas cosas?"
Yato miró a la rubia y después clavó de inmediato su mirada nuevamente en sus manos.
"Pero, he visto que esas mismas personas vuelven a regresar para dar gracias, quiero decir, ¿de verdad puedo hacer todo eso con nada más desearlo? O es que no soy yo el que hace eso y esas personas creen que así pasa. Es que… siento que soy un dios inútil" sonrió con cierta frustración que a Bishamon se le antojó que no iba con ese rostro infantil.
"Pues, tu antigua reencarnación en realidad sí era un inútil bueno para nada" declaró con simpleza la mujer mientras que se incorporaba lentamente para caminar hacia el centro de la laguna. "Sin embargo, en los últimos años, empezó a hacer las cosas bien, quizás te tome un poco de tiempo comprender que cuál es tu deseo y objetivo en esta vida, una de las mejores cosas que hizo el Yato antes que tú, fue adquirir a una regalía que se jugó su nombre por el bienestar de su amo, por lo tanto, habla con tu guía y expón tus predicamentos pequeño Yato, aunque en estos momentos sólo deberías preocuparte en crecer y aprender, tienes un par de manos que harán que la gente siga creyendo en ti"
Después de esa conversación el pequeño sentía que ningún momento era bueno para hablar con Yukine, mucho menos ahora que Hiyori-chan y su regalía parecían inmersos en la organización de la fiesta de comer pastel a la que invitarían a varios dioses que según el dúo le habían dicho a Yato eran amigos del primer Yatogami. Así que dejaría que su memoria aún tierna mantuviera la importante misión de "esa plática pendiente".
-¡Yato! –gritó Yukine detrás del menor que se escondía detrás de un árbol donde espiaba a un grupo de feligreses quienes no notaron la presencia del par-. Te he dicho que no deambules por ahí –lo tomó con cuidado de la manita para guiarlo hacia la pequeña ofrenda que era su "llave" para ir al Takamagahara pero Yato se resistió un poco.
-Quiero estar un poco más –pidió haciendo un puchero el dios de la calamidad.
-Pero… -Yukine había llegado a la conclusión de que sí el antiguo Yato era una molestia mimada, el pequeño Yato se llenaba las palmas en cuanto manipulación, así es como lograba salirse con la suya logrando regresar sólo a la casa de Yato en el Takamagahara mientras que el pequeño Dios se había quedado en su templo con la condición de que estaría únicamente ahí.
Ese día, en especial, era bastante movido, cuatro personas habían ido a levantar plegarías a su nombre y pedir que espantara pesadillas y que "limpiara" el hogar de tal o cual persona pues se acercaban fechas importantes. Pero pudo notar enseguida un inusual visitante. Era un niño más o menos de su edad que tenía sus manitas pegadas como si levantará una plegaría pero Yato no lograba escuchar nada. Frunció un poco su ceño pues algo en el chico resultaba ser anormalmente familiar, un aroma bastante agradable, incluso para él. Decidido a acercarse salió de su escondite pero una mano lo detuvo. Sintió frío y un estremecimiento que jamás había experimentado le recorrió.
-Yato, ¿A dónde vas? –preguntó una suave y aterciopelada voz femenina infantil.
El otro de ojos azules giró lentamente para notar enseguida la presencia de una chica de cabello castaño, lo que le hizo sentir más horror no fue la ropa blanca que la denotaba como un "muerto"* ni la sonrisa extrañamente fría que le dedicaba, sino la cantidad desmedida de nombres que aparecían en su cuerpo.
-Nora –masculló bajito mientras que el miedo se dibujó en su rostro retrocediéndose, soltándose para abrazar la mano de la cual lo había sostenido-. ¿Quién eres? –preguntó con voz alarmada y el gesto desmejorando a cada segundo.
-Qué cruel que me llames Nora, Yato, ¿Por qué no escoges uno de estos para llamarme? –dijo mostrando sus piernas alzando la yukata blanca-. O mejor aún… ¿Por qué no mejor me das uno? ¿No te gustaría jugar, Yato? Tú y yo lo hacíamos antes… cuando estabas vivo… ¿Sabes por qué reencarnaste Yato? Porque te volviste alguien inútil, Yato –insistía el ente acercándose lentamente. El cuerpo del niño se había congelado y la planta de sus pies se habían pegado al piso.
-Restricción –señaló una voz madura y pacifica-. Debes aprender a no ofrecer descuidadamente tus servicios, Nora –despotricó esa misma voz con una paciencia similar a la de antes. Yato giró lentamente su mirada hacia un adulto que en primera instancia le pareció la persona más hermosa que había visto jamás en toda su "larga" vida, con una altura casi similar a la de Daikoku, la regalía de Kofuku. Sólo que muy por diferente a la apariencia de ese monstruo, la persona ante él era esbelta y de piel clara, pálida. Ojos serenos, grises y brillantes. Le recordaban la calma de la luna.
-¡Yato! –apareció casi al instante Yukine que se abalanzaba a su dios y lo jalaba contra él, mirando con odio al hombre, pero al seguir la mirada del largo brazo extendido notó con mayor repudió a Nora.
El desconocido miró de reojo a la regalía y deshizo el encantamiento.
-¿Dónde estabas? –preguntó aquel sujeto a Yukine que chasqueó la boca cabreado incorporándose para gritarle a aquel hombre para sentir como Yato lo jalaba la mano y señalar que Nora se había ido. El rubio volvió a chasquear la boca.
-Mierda –bufó, se inclinó hacia su dios-. No debes hablar con ella ¿De acuerdo? ¿Recuerdas lo que habíamos hablado sobre esas regalías? Por nada del mundo debes de hablar con las Noras. ¿Lo entiendes? –preguntó Yukine y el menor afirmó solemne con un movimiento de cabeza. Yukine le dio unas palmadas a Yato en la cabeza-. Buen chico.
-Lo tratas como si fuera un retardado –comentó de forma tranquila el desconocido mientras encendía un cigarrillo de forma despreocupada.
Yukine frunció el ceño y se incorporó.
-¿Y quién diablos eres tú?
-Soy Taira. Y deberías dejar que tu dios decida sí quiere o no utilizar un Nora, intervine porque vi que el pequeñín la estaba pasando mal, como no observé a su regalía por ningún lado pensé que quizás no tenía una, así que quise ver si en vez de que usara a aquella Nora, me quería utilizar a mí, que por lo visto seré más útil que tú pequeño ratoncito –sonrió santurrón el chico.
Yukine frunció el ceño aún más cabreado.
-Estas jodido, hombrecito de nieve –declaró la regalía dispuesta a empezar con la tortura, pero antes de que eso ocurriera un tímido nene apareció detrás de las piernas de Taira. Yukine se detuvo pues notó la forma en que el menor observaba a Yato y como Yato le regresaba la mirada. El otro niño tenía cabello castaño y unos extravagantes ojos carmín. Fue entonces que Yukine cayó en cuenta que ese niño era un dios, mismo que acercándose tímidamente extendió un ema* a Yato, el cual lo cogió y parpadeó confundido.
"Por favor, aleja mis pesadillas"
El de ojos carmín hizo una reverencia rápida y regresó por detrás de las piernas de Taira, apretando el pantalón del hombre. Taira, por su parte le sonrió a su dios y se volvió al rubio que leía el ema entregado a Yato.
Un rato más tarde, Yato jugaba con el niño en el jardín de la casa del primero. Yukine, Hiyori y Taira bebían té entorno de la mesita.
-¿Así que ese pequeño y adorable niño es Kagutsuchi? –aún no se la creía Hiyori de que estuviera viendo con sus propios ojos al mismísimo dios del fuego y los herreros.
-Sí, se encuentra en versión "Pup" –dijo en broma sonriendo divertido vigilando a su dios corretear-. Su antigua reencarnación murió al ser tocado por una de sus regalías –contó un poco más serio.
-Aunque lo menciones, nunca lo había visto antes en el Takamagahara –declaró Yukine con seriedad, aún estaba un poco resentido por lo que antes había ocurrido, y ahora no se la tragaba toda de que ese enano fuera un dios tan poderoso.
-Kagutsuchi es un dios vetado de cualquier tipo de asamblea desde que fue asesinado por su padre, Izanagi –explicó Taira-. Sin contar que a diferencia de cualquier otro dios, mi Kagutsuchi no reencarna a la brevedad, tarda hasta tres años para volver a la tierra –farfulló. Tanto Hiyori como Yukine estaban en silencio-. No pongan esa cara, cuando Izanami dio luz a mi señor la asesino, es por su culpa que la diosa de la destrucción dejara caer su ira contra el mundo, por lo cual, es repudiado en general por todos los dioses mayores… pertenece al Takamagahara porque saben que si lo destierran podrían ocasionar perturbación, sin embargo, cada cierto tiempo –la mirada se le ensombreció-. Han apostado por asesinar a mi señor… así fue como terminó por reencarnar –masculló bajito mirando a los niños.
-¿Cómo pueden…
-Hay un puñado de dioses a los cuales los tienen fichados, mi dios encabeza la lista –alzó los hombros y suspiró-. A mí sólo me queda esperar y protegerlo hasta que crezca, en esta ocasión espero no viva una vida tan miserable como antes –indicó con determinación.
-¿Qué hay con eso de las pesadillas? –interrogó Yukine.
-Supongo que es un espectro que arrastra –masculló sin tener el coraje de seguir hablando, dio un sorbo a su té Taira.
-Kagutsuchi asesinó sin querer a Izanami, haciendo que cayera en ira y dolor Izanagi, por lo cual lo asesinó cuando apenas era un recién nacido, de su cuerpo, dice la leyenda, nacieron otros dioses… -contó Hiyori con cierta incredulidad. Taira bufó y sonrió con frustración.
-Él sueña que lo persiguen y es desmembrado, ni siquiera yo puedo hacer nada, así que en cuanto escuchó que había un dios que ahuyentaba las pesadillas, quiso venir –explicó el de ojos claros.
Yukine suspiró.
-Nos gustaría poder ayudarlo pero en realidad, sólo exterminamos Ayakashis –confesó Yukine-. O al menos lo hacíamos antes de que Yato reencarnara, a últimas fechas, lo he estado haciendo yo sólo con ayuda de Bishamon para que la gente siga creyendo en Yato, de lo contrario él puede desaparecer –indicó el rubio sin vacilación.
-Lo sabía… -suspiró Taira cerrando los ojos-. Supongo que tendré que esperar a que se acostumbre a esas pesadillas…
-Yo me desharé de ellas –dijo Yato que aparecía, nadie lo había sentido llegar-. Yo me desharé de las pesadillas de Ji-chan –murmuró señalando al menor que recogía flores silvestres-. Y también va a venir mañana a comer pastel, porque Ji-chan es mi amigo, y mañana estarán los amigos del otro Yato y los míos.
Todos se habían quedados fríos, Yukine y Hiyori por el hecho de saber que el menor pudo haber escuchado sobre la cuestión de "menos creyentes = desaparecer", mientras que Taira no creía lo que escuchaba.
-Aunque aceptará, Yato-sama, los otros dioses no aceptarán a Kagutsuchi –insistió Taira.
-Ji-chan es mi amigo, los amigos del otro Yato son amables y querían al otro Yato aunque era un inútil bueno para nada, eso es lo que dijo Bubis-san, así que… ¿Yukine, verdad que está bien que venga a comer pastel para que ya no esté solo? –preguntó con los ojos iluminados.
Y otra vez, el dios de la calamidad se salía con la suya.
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8 de enero: El estúpido santuario.
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Anotaciones:
Ema*: Es la tablita donde los seguidores escriben su plegaría a los dioses.
Kagutsuchi: Es uno de los hijos de la pareja venerada Izanagi e Izanami, ella al dar a luz muere consumida por las llamas que el bebé provoca, pues es el dios del fuego y la herrería, Izanagi se enfuerece y descuartiza a su hijo, después va al Yomi a buscar a su esposa pero es cuando se arma todo el desmadre (sorry por la palabra soez). Pues Izanagi ve el rostro calaverico y deforme de su mujer muerta y huye de ella, entonces ella amenaza a su esposo diciéndole que asesinará a 1000 humanos cada día, a lo que él responde que hará que 1,500 humanos nazcan al día. Esa es la leyenda de Izanagi e Izanami, pd. Kagutsuchi jamás fue perdonado por su papá.
Ji-chan: Es el apodo cariñoso que le da Taira, la regalía de Kagutsuchi, al dios. So, el nene Kagutsuchi sabe que se llama "Ji-chan". ¿Verdad que es una ternurita?Por cierto ¿Hay algún amante del Yaoi por aquí? -juega con sus cejas-.
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Follows y Favoritos: ¡Otra vez muchas gracias a todos los que me agregan a su lista!, de verdad que no tengo con que agradecer.
Contestando a los review:
Angielu300: Preciosa de mi vida, muchas gracias, fue el cumpleaños más feliz que he tenido en años, y bueno, aquí tienes la continuación. Espero te complazca este capítulo y el nuevo personaje que introduje, hehe, será... interesante en un futuro. Espero tenerte conmigo a ti y a tus bellas palabras. Saludos! Feliz año nuevo. Pd. ¿Creo que el capítulo resolvió la duda de Nora? Sí, será una pieza importante en todo esta trama.
GoddessOfTea: Muchas gracias, me quedo con la virginidad comentaristica (WTF¡?) Hahaha, gracias por brindarme el honor de que leyeras mi historia y te gustará, espero que lo siga haciendo en este y los capítulos siguientes. ¡Saludos! Feliz año nuevo.
Forever MK NH: ¡Claro que la sigo! Aquí tienes el nuevo capítulo, me cuentas que te pareció, mando muchos besitos de caramelos.
Shadowsakuras: Muchas gracias por leer y dejar review en cada capitulo, fue un detallazo. Y bueno, ya vez, la inquietud de interpretar qué pasaría sí Yato muriera me orillo a hacer esto, espero que sigas apoyándome y te siga pareciendo interesante la historia. Saludos! Feliz año nuevo.
Kurosagi-chan: En mi opinión, este fic abarca ciertas teorías con respecto el progreso de la historia original, qué pasará cuando Hiyori muera, o sí no muere, sí Yato consigue su templo, sí él muere, sí Yukine es tocado por el secreto mejor guardado, son cosas que aquí voy a plantear poco a poco, y bueno, que no veas el género "romance" no significa que no haya, hay otra cosa que quiero plantear muy importante, así que estate al pendiente. Pd. Si mi vida me lo permitiera postearía diario hahaha, pero no puedo estar 24/7 escribiendo xD. Espero te guste el nuevo capítulo y los que vienen. Saludos!
Me despido gente bella, a dormir que anoche bebí demás y no dormí nada. ¡Feliz inicio de año!
St. Yukiona.
