Dato : Repetí escenas entre los dos debido a que intento plasmar los diferentes pensamientos de cómo piensa uno que piensa el otro y lo que en realidad sucede por su cabeza.

Mis personajes son de SM propiedad de Naoko Takeuchi, con adaptación a la novela Orgullo y Prejuicio Jane Austen, (con modificaciones, claro). Aquí es un Haruka/Michiru y haruka es hombre, aclarando para las que no les gusta que le cambien el sexo.

Las mansiones, ciudades, pueblos, y demás, son solo invento mío, claro que existen pero las rutas tal vez no coincidan. Al igual que las denominaciones de los nobles, son pura mezcla de mi mente loca.

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Qué Casualidad

Michiru POV

Hoy no tuve ganas de hacer mi caminata de diario, con mayor razón porque el lugar que frecuento (el lago), e frente a Westminster. No temo por las advertencias del estúpido y malcriado Duque, pero entre mas lejos de esa gente, mejor.

Sentada en el marco de la ventana de nuestro pequeño vestíbulo, recargando mi cabeza en el vidrio. Escucho la conversación de mis hermanas (nada agradable).

— ¡Oh!, ya veo — en el sillón que da frente a la ventana, e izquierda de la chimenea; están sentadas Amy (según leyendo) y Rei (escuchando) — ¿así que fue eso lo que sucedió? Fue un error de su parte no comunicarlo a papá.

— Es algo sin importancia — contesto con simplicidad sin mover mi posición.

— ¿Sin importancia? Michiru, ¡le levantaste la voz a un Duque!

— Es un humano cualquiera. Deja de tenerle tantas consideraciones, te recuerdo que yo soy tu hermana — la volteo a ver apuntándome con el dedo índice al pecho.

— Pues será un humano cualquiera, pero puede mandarte al otro mundo.

— ¡Ja, ja!, ahora sí me has hecho reír — se le notaba un tanto preocupada así que trate de tranquilizarla —. Despreocúpate linda, ese hombre no puede hacerme nada. No sabe ni donde vivo, ni quién soy. Con la ira que tenía, no creo que recuerde mi nombre cuando Amy lo usó.

— Pero contéstame sincera. ¿Ni por un momento te asustaste? — me quede en silencio unos segundos antes de responder.

— No, en realidad no — mentí para no preocuparlas de más, y sonrío — creo que él estaba más asustado que yo.

— ¿Y cómo podrías saberlo?

— No lo sé. Pero por lo menos si lo intimidé un poco, cuando alguien saca su ira a veces es por esa razón — o simplemente porque tienen un mal genio — Además la suerte estaba de mi lado — me rio y ellas se miran confundidas (debido a que esa noche fue en la que menos suerte tuve) — mi aspecto no era el de una mujer cuerda. Y si es un hombre inteligente — que lo dudo — debe de saber que los locos poseemos una fuerza sobrenatural — mi rostro con risa malévola las hizo estremecerse — no tiemblen, solo bromeaba. Pero se los confirmo para que sepan que no tienen que temer por mí — dirigí de nuevo la mirada al cristal, recordando esos ojos tan penetrantes. Nadie jamás me había causado ni un poco de temor y aunque fue muy leve, logre percibir ese sentimiento en mí. Definitivamente no me gusta eso. — Cambiemos de tema ¿quieren?

— Como digas, pero insisto en que deberíamos comentárselo a papá — dice Amy, con sus ojos en el libro para evitar mi mirada de fastidio.

— Papá es un hombre tranquilo y no creo necesario tener que agobiarlo con algo sin la menor importancia — ya bastantes problemas tiene con la carpintería — Solo si es debidamente necesario se lo diré. Pero hasta entonces ni una palabra, hermanas — sentencié — Y es poco probable que nos volvamos a encontrar a ese sujeto. Son de los que se la pasan encerrados en sus mansiones.

— Ojalá y tengas razón — suspira Rei.

— Y, díganme — cambié rápido el tema, a uno que seguramente no esquivarán — ¿Cómo les fue ayer con los Everglot? — alcé mis cejas curiosa. Sus expresiones de preocupación, cambiaron a un estado de ensoñación. Regularmente no toco temas de este tipo (amor), o relacionados, a menos que ellas deseen hablar sobre ello o cuando la ocasión lo amerite urgentemente. Como hoy por ejemplo.

— ¡Si les contara!

— Adelante Rei — contesta Amy, dejando a un lado su libro.

— En la primer pieza, no dejaba de mirarme. Yo volteaba discretamente a otro lado y cuando volví a voltear, ya estaba frente a mí ofreciéndome su mano. Y por supuesto que acepté. Hotaru estaba conmigo y me dio un empujoncito porque creo que no reaccionaba — nos causa gracia imaginar esa escena de Rei viendo paralizada a Seiya (que iba siempre tan galante) —. Después de esa pieza no me soltó para nada. Bueno, excepto en dos ocasiones cuando serena… ya saben. Y me sacó otro muchacho. Seiya en cuanto vio que bailé con él, creo que se puso celoso. Y cuando nos separamos de nuestros otros bailadores, se acercó inmediatamente antes de sentarme y llegó Yaten para avisarnos de lo ocurrido. Mamá me lanzaba miradas fulminantes, por un momento temí por Seiya.

— No te preocupes. En una ocasión que tenga, abogaré por ti con ella.

— No debería oponerse a tu cariño para con él.

— Y que nos dices tú Amy. Michiru y yo queremos saber cómo te fue con Taiki.

— Cierto, cuéntanos, anda.

— Ya hermanas — tocó con ambas manos sus mejillas ruborizadas — saben que solo somos amigos — Rei y yo nos volteamos a ver con miradas divertidas.

— Hmm…si tú lo dices — contestamos al unísono y soltamos entre risas y carcajadas. Volteo de nuevo a la ventana y veo que llegan Mamá y Hotaru, con las cosas para el desayuno.

— Ahí vienen

— ¿Quién?, ¿los Everglot? — reí por sus posturas de sorpresa y emoción.

— Claro que no. Son mamá y Hotaru — soltaron un fuerte suspiro, no sé si de alivio o decepción.

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Sentadas en el comedor, ya casi por terminar.

— Amy, necesito que le lleves la comida a tu padre. Hoy va a tener un cliente importante y no va a poder venir.

— Claro mamá.

— ¿Podrías dejar que yo se lo lleve? — no he salido, me siento frustrada, y a parte no quiero asistir a la reunión.

— ¿Qué no quedaron en ir a visitar a sus primas? — "¿quedaron?" si yo nunca dije que sí.

— Si pero…— que excusa puedo dar, no quiero ir — lo que pasa es que… no quiero ir — así de simple.

— Está bien — ¿ya?, casi siempre me cuesta mucho trabajo y muchos sermones antes de convencerla.

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La tarde se pasó rápido aseando la casa aquí y allá. Voy en camino a mi encargo y como la carpintería está cerca de la iglesia.

Entro y solo hay unas cuantas personas. El padre (quien es mi amigo de la infancia, me gana con dos años y a veces platico con él. A veces hace predicciones y da miedo porque se cumplen) esta encendiendo los cirios alrededor del altar. Paso por en medio de las bancas y me siento a la orilla izquierda de una. Me persigno, dejo la canasta con la comida a un lado, junto mis manos entrecruzando los dedos; me pongo de rodillas cerrando mis ojos y por último me pongo a orar. …Siento la presencia de que alguien se está sentando a mi lado. Trato de ignorarlo pero despide un delicioso y delicado aroma a perfume de lavanda. Supongo que es el padre (no pero el padre huele a rico incienso). Bueno da igual.

Ya estuve lo necesario, si me retraso más, papá se va a morir de hambre. Al tiempo que intento levantarme (aún sin abrir los ojos), la persona a mi lado también lo hace y saluda al padre que se está acercando.

— Buenas tardes padre — habla una voz profunda y susurrante.

— Buenas tardes hijo —

— Quiero felicitarles, por su iglesia. Está hermosa — su voz me parece conocida, pero no logro distinguirla ya que habla muy bajo para no perturbar a los fieles. Me pongo de pie para saludar a mi amigo (el padre)... mejor no lo hubiera hecho. Un hombre rubio, alto de unos 1.80m me daba la espalda y platicaba con mi confidente. Por su porte, no me hizo nada difícil descifrar de quien se trata. Intento irme lo más rápido que puedo pero para mi desgracia el padre ya me había visto.

— ¡Hola!, Buenas tardes Srta. Michiru — con su alegría notable de siempre. El hombre que me daba la espalda, entonces, empezó a voltear lentamente. Tan lento, como mi corazón palpitó al diez mil por hora. Es un martirio ver sus ojos clavándose en los míos. Me desvío lo más natural y normal que mi corazón y mi mente me lo permiten.

— Bu…buenas tardes padre — ¡tartamudee!, ¡¿Por qué tartamudeo?! Hasta el sacerdote se me quedó viendo con ojos extrañados. Y es no es para menos, siento ten pesada su mirada que hasta siento que me ladeo. Me retracto al decir que tiene un suave aroma. Disimulo con una sonrisa pero no puedo más — quisiera quedarme más tiempo, pero tengo que irme, después regreso — como si la otra persona no existiera. Me doy rápidamente la vuelta para irme por el lado izquierdo de las bancas, pero…

— Michiru — ¿Por qué me detiene?, ¡¿Por qué?! No hay de otra no puedo ignorarlo.

— Si, dígame.

— La canasta, es tuya — me apunta a donde yo estaba sentada. ¡Hash! Como pude ser tan tonta y olvidarme de eso si es a lo que vengo.

— ¡Oh!, gracias, perdón, adiós — tomo la dichosa canasta, me persigno, inclino y me voy (lo más rápido que se puede discretamente).

Saliendo de la iglesia voy a paso veloz. — ¿A caso hice mal y por eso soy castigada? — sacudo mi cabeza tratando de olvidar el mal momento que pasé. — ¡es el colmo!, yo evitándolo y que se me aparece, donde me lo vine a topar. Ignóralo ¡ya, ya, ya! Deja de pensar en eso — ¡cielos!, creo que debo de dejar este mal habito de hablar sola. Por lo menos en la calle. Una señora voltea espantada al escucharme.

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Por suerte la carpintería no es lejos — parece que los ayudantes se han ido a comer — El negocio es chico pero cómodo. En la parte de frente está la fachada y el letrero. "CARPINTERÍA VAN DORT E HIJAS". Muchos lo criticaron por ese título de "hijas" pues según ellos, la mujer no debe de tener tanta importancia en un negocio o se vendría abajo. Por suerte él los ignoro por completo y lo conservo. Siguiendo con el diseño, es como una cabaña, pero más grande. Al entrar están los trabajadores (que son como 3 o 2) y en el fondo, tiene su despacho. Toco a la puerta y sale él.

— Hola mi pequeña — me toma de los hombros y me da un beso en la frente. Papá es un hombre alto como de 1.74m, con barba de candado color igual que mi cabello (lo cual es algo raro), ojos café claro, fornido. No es tan mayor, tiene 45 años. Y cabe mencionar que sigue siendo el sueño de muchas viejas que envidian a mi madre por él — Le pedí a tu madre que te mandara para traerme la comida, espero no haberte molestado — ¡Ahá!, con razón mamá no se negó al enviarme. Me abre la puerta y deja que pase yo primero.

— ¡Claro que no papá!, antes me salvaste de ir a visitar a las Cromwell.

— Lo supuse. Tu madre me comentó de esa reunión diciendo que estabas ansiosa de ir — si, como no — y me sugirió mandar a mi pequeña Amy, pero te conozco lo bastante como para saber que aborreces eso tanto como yo — por eso digo que me le parezco, soy el hijo que nunca tuvo.

— ¡Gracias papá! — le di la canasta con la comida pues escuche un gruñido proveniente de su estomago. Pasamos a su despacho y estuvimos conversando de los nuevos proyectos que para bien, tenía preparados.

—… ¿A sí?, y ¿Quién es el que te ha encargado tanto?

— Es…— se quedó pensativo unos momentos — es…— y saltó como recordando algo — lo siento hija, he recordado un pedido que me encargaron para esta tarde. Sabía que algo me faltaba — recogió su plato y lo dejó en la canasta. Salió tan rápido como pudo y fue por un carruaje (de los que se rentan). Me dijo que si llegaba el señor, le dijera que lo esperara.

—Ojala y no se moleste porque no está — y eso no es lo peor, ver a una mujer en un negocio, es de mal augurio según los creyentes (como en los barcos) — espero y todo salga bien — tocan el timbre. Creo que es él. Me acerco, intento tranquilizarme para simular que solo fui a comprar. Abro la puerta…. ¡Esto no me puede estar pasando!

— ¿Usted aquí? — un escalofrío digno de que ha bajado mi temperatura y mi sangre, todos los proyectos de papá se vendrán abajo si descubre que soy su hija.

— El señor Van Dort, no está y me pidió que lo esperara, que no tarda — intenté hablarle lo más amablemente que pude, pero mi hipocresía no llega a tanto. El desgraciado pasó tan abruptamente empujando la puerta que casi me hace caer. Me arrepiento con toda el alma de haber venido (pero si Amy hubiese venido la reconocería).

— Dígame, ¿qué quiere?, dinero. Pues no lo va a tener así que deje de seguirme — ¡¿escuche bien?!, ¿seguirlo?

— ¡¿Disculpe?! — Puse mi cara de profunda exaltación — fui yo quien llegó primero a la iglesia y entre tantas bancas Ud. tuvo que sentarse en la que estaba yo — pasaba sus dedos por su cabello apoyándose en la pared. Me da la impresión de que le parezco sumamente peligrosa.

— ¿A si?, que coincidencia, ¡A la iglesia nadie tiene prohibido entrar!, y mucho menos a escoger donde sentarse. — ya estaba empezando a levantar la voz y yo no me iba a detener.

— ¡Pare de hablar incoherencias! Y le recuerdo que yo vivo en este pueblo. Que se me ha vuelto un infierno pues para mi desgracia, a cada paso que doy, me encuentro con su detestable presencia.

— ¡JA! — su tono de burla ya me está irritando — a caso esas son las palabras de alguien que acaba de visitar la iglesia — que sin vergüenza, si él fue el que inicio el pleito y con el padre finge ser gentil.

— ¡Lo mismo digo!…

— ¡Le recuerdo que está hablando con un Duque! Así que mídase al hablar — se me acercó y nuestros rostros quedaron a no menos de 30 cm.

— ¿Y a caso son esas las palabras de un supuesto caballero?, !Le recuerdo que está hablando con una dama! — me puse de puntillas para gritarle mejor.

— Esa denominación le queda demasiado grande.

— ¡Mida sus palabras!

— Y que espera que piense de alguien que está en el despacho de un hombre, se supone y rumoran es respetable — ¿Me está llamando mujerzuela? — Eso no es algo que haría alguien decente. ¿De qué otra manera podría entrar a un negocio privado una mujer con un hombre casado? — ¡Maldita sea!...no debo sacarle de su error. Dio en el blanco. Debo recobrar mi compostura o…. Retrocedo y doy la media vuelta. Miro hacia la pared y me encuentro con la pintura donde nos encontramos toda la familia… Mi orgullo ha caído. Jamás me había sucedido algo como esto. No, no puedo ser egoísta. Pero debo tragarme mi...

— Lo siento. Si lo he ofendido… de alguna manera — las palabras salen de mi boca como espinas. Aprieto mis puños como desahogando la ira en mis manos. No le veo, para evitar su expresión de victoria. Tomo la canasta, y me dirijo rápidamente a la puerta — pero le pido un favor. Se lo suplico — tomando la manija de la puerta y viendo de reojo — no involucre a ese gran hombre con nuestro incidente. Por lo…— tomo aire, siento que estoy a punto de estallar. No es fácil, nada fácil rebajarme de semejante manera — por lo que más quiera — Sin decir más nada, salgo del despacho y cierro la puerta detrás. Enseguida camino rápidamente hacia la puerta de la entrada pero escucho que se abre la del despacho. El hombre sale y me toma del antebrazo. Giro mi cabeza y su expresión es de total confusión, pero antes de pronunciar palabra alguna, entra mi padre por la puerta que da a la calle. Me suelta rápidamente.

— Buenas tardes, buen señor — de bueno no tiene nada.

— Buenas tardes, ¿Ud. Es el señor Van Dort? — la discusión lo dejó algo atónito.

— Oh, sí. He tenido que salir a dejar un pedido urgente. Pero ya estoy aquí a sus órdenes. Le di indicaciones a mi hija de ponerle al tanto por mi ausencia. Espero no haberlo molestado con eso — al escuchar decir a papá que era su hija lo escuche decir en una voz casi imperceptible "¿hija?", una risa de lado me apareció en el rostro instantáneamente. No era mi deseo que lo supiera para no agravar la situación (aunque me salió peor de lo que esperaba), sin embargo, ese hombre arrogante sabelotodo se había equivocado. Él, había insultado mi dignidad, y yo le di en el ego.

— No, por supuesto que no — ¡Ja, ja! su voz era fría devastadoramente insensible. Me dijo mujerzuela, pero verlo derrotado; supera el mal rato que me hizo pasar… Oh, sí, definitivamente ésto lo supera.

Me acerque a papá y le di un beso en la mejilla para despedirme — Adiós papá, te veo en casa.

— Adiós cariño — me despidió con un beso en la frente.

— Con su permiso — Le saludé secamente. Hice una inclinación y salí. Solo espero y ruego porque no afecte en nada.

— Propio.

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Si él está en el pueblo, seguro que no vendrá para acá en un rato. Me recargo en el árbol más grueso que hay frente al lago, con mis manos a mis espaldas, recargo mi cabeza hacia atrás y cierro los ojos. — en realidad no sé ni porque discutimos tanto. Normalmente ignoro los comentarios humillantes pero…Apenas llevamos dos días de conocernos ya parecemos perro y gato. Pero que digo, si ni siquiera lo conozco. Solo lo he visto.

Me subo al árbol, quiero ver el ocaso.

Haruka POV

— Y no piensas que exageraste un poco — Andrew, siempre tan calmado.

— De ninguna manera — antes creo que fui demasiado flexible.

— Te pidieron disculpas y…

— Lo que querían era meterse en la casa de alguna manera

— Vamos Haruka, no exageres — esboza una risa que no comprendo — además, fue la única en hacerte hablar más de lo normal

— Exactamente eso fue lo que más me enfureció. Yo no quería cruzar palabra con ninguno en la región y sale esta…

— Pero no fue ella la que te obligó a hablar, eso tú lo hiciste. Bien habrías podido aceptar su disculpa y marcharte.

— Y quedar con mi orgullo por los suelos. Por supuesto que no. Mucho menos frente a una loca como esa.

— ¿Y cómo sabes que era una loca?

— Su aspecto lo decía todo — negó con la cabeza.

— Si te tranquiliza, podríamos mandarla a buscar para sacarte de tu error — sabe que lo que está diciendo me enfurece y por eso ríe sigilosamente.

— No digas tonterías. Solo una vez en la vida me he equivocado — con Esmeralda — Mejor cambiemos de tema. Y dime, ¿siempre si vas a mandar hacer la cabaña de madera?

— Si, es algo que he estado pensando hacer desde hace tiempo. Frente al lago quedaría muy bien. Ayer justamente me informé acerca de un buen carpintero. Dicen que es muy noble y respetable. Su casa queda en el camino hacia acá, pero la carpintería se encuentra en el centro del pueblo, casi junto a la iglesia de Sir Andrew.

— ¿Ayer?, pero si apenas llegamos.

— Si, lo sé. Pero es un sueño que me llegó desde que vi el lago, cuando recién pensé en venir. Es tan grande y hermoso. Con un pequeño puerto y una cabaña, es perfecto para toda ocasión. — Se quedó mirando su plato como visualizando algo —La señorita Lita quedará encantada — ya decía.

— ¿Así que todo es por una dama? — no me ve a los ojos, sabe que lo estoy retando.

— Espero que ella tenga tu aprobación. Te aseguro que es tan linda, tan, tan…— volteo para otro lado, no quiero verle su cara de ensoñación — hermosa.

— Conócela primero.

— Lo haré. En una semana celebraré mi cumpleaños, la invitaré. Además pediré permiso a su papá para invitarla a salir.

— ¿Que dices? Mira mejor ya ni me digas nada — Me levanto del comedor — voy a ver a ese carpintero que dices. Eres tan… — noble e ingenuo. Es tan fácil que alguien lo engañe — bueno será mejor que yo me encargue de eso. A fin de cuentas no tengo nada en que ocuparme por ahora.

— No tienes que hacerlo — se enfadó por mi despecho hacia sus sentimientos. Pero no puedo evitarlo.

— Es mi gusto. ¿Pediste el carruaje verdad?

— Si — contesto secamente

— No te molestes, es por tu bien que lo hago. Con tu permiso — Salí del comedor, crucé el vestíbulo y el gran salón de baile. En las afueras ya esperaba el carro. Subí y di indicaciones de marcharnos

No comprendo su necedad en buscar esposa. En más de una ocasión ha experimentado el interés por el dinero, debería de conformarse con lady Luna, es de buena posición social y con eso basta. Pero sigue empeñado en encontrar "el amor" — ¡Bah! — como si eso existiera. Es solo un sentimiento que se ha inventado el hombre. Solo considero existente el cariño/amor por la familia, no más. El amor de pareja es una vil ilusión inventada por personas sin nada que hacer. Si algún día llego a casarme, será por seguir el legado familiar. Eso es un honor. Y Lady Neherenia es buena candidata, he notado su interés por mí. Me agobia y me empalaga, pero es heredera de una gran fortuna, por ser la mayor de las BanderVart. Si me decido, este año le pido matrimonio. Me causa escalofríos, mejor no pienso en eso. — Ahí está la iglesia — le doy indicaciones al chofer para que pare y me bajo. La iglesia es algo chica, pero es hermosa por dentro. Me persigno y sin dejar de ver el Cristo, me siento en una banca y posteriormente me pongo de rodillas a orar un poco. No me había dado cuenta que había una persona a mi lado. Lo noté por que despide un rico aroma a rosas. Tal vez es mayor, las jóvenes vanidosas no usan ese tipo de fragancias, ni siquiera sabía que existiera. Es raro lo delicioso y delicado que se despide en el aire y tan natural, ¿qué clase de compañía logra captar tan hermoso aroma en un frasco? Me gana la curiosidad e intento ver la identidad de quien porta ese perfume, pero cuando abro los ojos, veo que el padre viene hacia mí.

— Buenas tardes padre — Me levanto rápidamente y saludo, intento no hablar tan fuerte.

— Buenas tardes hijo.

— Quiero felicitarles, por su iglesia. Está hermosa — apenas iba a contestarme cuando saludó a la persona detrás de mí.

— ¡Hola!, Buenas tardes Srta. Michiru — ¿Michiru?, ese no nombre… Voltee para confirmar mis sospechas. Es extraño, pero mi corazón palpitó tan agresivo que mis ojos me dolían. Al parecer no me conoció, no tenía expresión en sus ojos y rápidamente volteo su mirada.

— Bu…buenas tardes padre — ¿tartamudea?, entonces sí me ha conocido y tiene miedo por mis advertencias. Es la loca de la noche de ayer, me retracto completamente al decir que tiene un rico aroma, ya de verla siento nauseas. Sonríe hipócritamente — quisiera quedarme más tiempo, pero tengo que irme, después regreso — ¡Me ignoró por completo al despedirse! Se da la vuelta y se va pero el padre se da cuenta de algo que yo no.

— Michiru

— Si, dígame. — da la vuelta muy lento, como evitando hacerlo y mirarme.

— La canasta, es tuya — una canasta con mandado estaba en la banca donde ella se encontraba.

— ¡Oh!, gracias, perdón, adiós — Toma la canasta y se va. Que rara. Ja, supongo que mi advertencia le sirvió de algo. El padre y yo salimos para platicar de las donaciones que se hacían. Pero no pude evitar realizar una pregunta.

— Disculpe mi atrevimiento, pero… ¿Está seguro de que la canasta era de ella? — el joven padre asomó una leve sonrisa.

— Por supuesto. A ella la conozco hace ya bastante tiempo, es de familia humilde pero siempre honrada — hallé en sus palabras consuelo y credibilidad, pero aún lo dudo. Notó mi expresión de que no estaba convencido — porque lo pregunta. ¿Hay algún problema?

— No. Bueno, no del todo. Ayer casualmente ayer la conocí y no de una manera dichosa. Hubo una serie de incidentes como para llegar a desconfiar totalmente en esa persona.

— Habla muy seguro de lo que dice.

— Y lo estoy. Si me la vuelvo a encontrar, creo que ya sería mucha coincidencia. Y podría sospechar que algo quiere.

— No se ofenda. Pero las casualidades no existen. Todo está minuciosamente preparado por el destino. Como por ejemplo: las personas que conocemos, los lugares que nos topamos, y un sinfín de eventos que suelen ocurrir.

— Quiere decir que… — conocí a esa loca — ¿conocí a esa señorita por cosa del destino? — reí ante la incredulidad de sus palabras. Pero no se ofendió en lo más mínimo.

— Exactamente.

— Hmm…

— Tengo la leve impresión de que no fue de su agrado encontrarla aquí.

— Está en lo cierto. Ayer pasé una desagradable escena. Y me causó muchos problemas. — creo solo fue uno, pero igual provocó que enfureciera y eso me molestó (más de lo normal) — y una impresión jamás había visto en alguien.

— Pues tenga cuidado — entonces si está loca.

— ¿A qué se refiere?

— Solo digo que tenga cuidado. Pero no en la manera en que piensa. — Apresuró a decirme pues vio en mi cara la expresión de "lo sabía" — Las personas que causan un cambio fuerte en nuestras vidas. Son especiales. — Arquee mis cejas incrédulo/sorprendido. Por un momento creí soltar una carcajada.

— ¡Ja, ja! — no me pude contener, suena tan ridículo. Él sonrió de igual manera y me avergoncé de mi conducta. Optando rápidamente por la anterior. — disculpe, pero se me hace difícil deducir bien sus palabras.

— Pierda cuidado. Y no se deje guiar por las apariencias. Esa es una buena joven.

— Bueno, Gracias por sus sabios consejos. Me retiro — me incliné y estrechamos la mano, pero antes de subirme al carro me dijo.

— Le doy una pista curiosa — asentí — ahora ha visto a esa muchacha solo una vez ¿cierto? — Asentí de nuevo — será como un juego. Un juego del destino — lo miré incrédulo. Estoy empezando a creer que toda la gente de este pueblo está remotamente loca. Y ni este cura se salva —. Si al cabo del resto del día, hasta que den las 12 de la noche. La ve 2 veces: es alguien que solo pasará; la ve 3 veces, será alguien sumamente importante en su existencia — lo digo y lo sostengo. Locura total.

— Está bien padre, como diga — subo al carro y nos encaminamos hacia la carpintería. Pero que tonterías se inventa, si fuera la era de Salem lo colgarían. Por suerte no es. Es raro pero parece buena persona. Aunque me hizo dudar con los elogios hacia mi contrincante. Bueno, de cualquier manera es poco probable que me la encuentre y si acaso eso sucede. No sería ni destino, ni coincidencia; eso es algo ya planeado.

Llegamos. Es un negocio chico, pero parece decente. Me acerco y toco a la puerta. Que desagradable. No definitivamente esto no es casualidad. Se me ha agotado la paciencia.

— ¿Usted aquí?

— El señor Van Dort, no está y me pidió que lo esperara, que no tarda — ¿Quien se cree?, actúa como si nunca me hubiese visto. Como si no hubiera pasado nada.

— Dígame, ¿qué quiere?, dinero. Pues no lo va a tener así que deje de seguirme — Si, seguro que eso es lo que quiere.

— ¡¿Disculpe?! — Su cara de completa ignorancia me fastidia — fui yo quien llegó primero a la iglesia y entre tantas bancas Ud. tuvo que sentarse en la que estaba yo — entonces si se dio cuenta e intento ignorarme para evitar confrontaciones. Pero de esta no se escapa.

— ¿A si?, que coincidencia, ¡A la iglesia nadie tiene prohibido entrar!, y mucho menos a escoger donde sentarse. — Como se atreve a decirme donde estar.

— ¡Pare de hablar incoherencias! Y le recuerdo que yo vivo en este pueblo. Que se me ha vuelto un infierno pues para mi desgracia, a cada paso que doy, me encuentro con su detestable presencia — ¿qué? Ya quisiera que la tomara en cuenta.

— ¡JA! — Río burlonamente — a caso esas son las palabras de alguien que acaba de visitar la iglesia — hipócrita.

— ¡Lo mismo digo!…

— ¡Le recuerdo que está hablando con un Duque! Así que mídase al hablar — Ya no soporto más. Es alarmante esta situación. Y opto por un tono más grueso.

— ¿Y a caso son esas las palabras de un supuesto caballero?, !Le recuerdo que está hablando con una dama! — Alcancé a notar que se hizo un poco más grande, al ponerse de puntillas. Cree que así me va a intimidar inútilmente.

— Esa denominación le queda demasiado grande. — como se atreve a compararse con una de verdad.

— ¡Mida sus palabras! — mi indirecta le calo en lo más hondo.

— Y que espera que piense de alguien que está en el despacho de un hombre, se supone y rumoran es respetable — mujerzuela — Eso no es algo que haría alguien decente. ¿De qué otra manera podría entrar a un negocio privado una mujer con un hombre casado? — Exactamente las palabras ni más, ni menos. Vergonzosamente creo que es cierto. Retrocedió y se volvió hacia la pared.

— Lo siento. Si lo he ofendido… de alguna manera — y sin una explicación lógica ni me contradijo en mis acusaciones (que mantengo son ciertas) simplemente se dio la vuelta y cuando estaba a punto de marcharse se detuvo — pero le pido un favor. Se lo suplico — no involucre a ese gran hombre con nuestro incidente. Por lo…— no quiere involucrar a su "amante" probablemente — por lo que más quiera — Como es posible que crea voy a ser cómplice de semejante bajeza. No pienso dejarla ir. Salgo inmediatamente detrás de ella y la tomo por el brazo para que me de una explicación (en realidad ni siquiera me incumbe), Alguien entra y la suelto rápidamente, para evitar una incómoda situación.

— Buenas tardes, buen señor — Un hombre cabellos azul acua entra por la puerta y mi sorpresa es mayor.

— Buenas tardes, ¿Ud. Es el señor Van Dort? — No, es imposible. No puedo haberme equivocado

— Oh, sí. He tenido que salir a dejar un pedido urgente. Pero ya estoy aquí a sus órdenes. Le di indicaciones a mi hija de ponerle al tanto por mi ausencia. Espero no haberlo molestado con eso —

— ¿Hija? — Susurré momentáneamente hiperventilando mis pensamientos — No, por supuesto que no — intento disimular mi sorpresa pero es tan…

— Adiós papá, te veo en casa. — segura que está alegre por su triunfo momentáneo. Me irrita de tal manera.

— Adiós cariño — Es imposible poner en duda su paternidad, son en demasía similares.

— Con su permiso — Y todavía se despide hipócritamente.

— Propio — sin palabras. Me ha tratado de la manera más humillante posible. Jamás alguien me había tratado así.

— Es encantadora mi hija ¿no lo cree? — ¿encantadora?, ella es una bruja.

— No estoy en condiciones de aceptar tal adjetivo en una persona que no conozco — se molestó un poco pero no me interesa.

Después de un tiempo de plática, que considero de sobra y algo perdido. Me informó de los precios y su forma de trabajar. Al parecer es una buena persona, espero no adelantarme ante mis intuiciones. Habló y habló, pero sinceramente los pasados acontecimientos me dejaron aturdido. Me avergüenza, pero ni siquiera pude tomarle toda la atención que necesitaba. Mi mente vagó por las palabras raras del padre. ¡Bah! Son solo supersticiones de un monje loco.

— Fue un gusto platicar con usted, es un gran conversador — su rostro alegre cambió al de serio cuando vio que su chiste no me causó nada de gracia.

— Igualmente. Con permiso. — subí al carro y nos marchamos, el día ha sido algo ajetreado.

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Me recargo en el asiento. Como si hubiese tardado una eternidad. Por el camino ya se distingue el ocaso, el lago se ve hermoso y aún alcanzan a llegarle unos cuantos rayos de sol. ¿Pero qué es eso? — ¡No es posible! — Mis ojos no dan crédito a lo que ven. Allá, en el árbol mas frondoso y grueso, en una de las ramas bajas, hay una mujer. Su cabello aguamarina luce… ella luce… Es más extraña de lo que pensé.

"La ve 2 veces: es alguien que solo pasará; la ve 3 veces, será alguien sumamente importante en su existencia"

— ¿A caso cree que voy a caer en tantas patrañas? — Cierro mis ojos y rio — alguien de tan bajas condiciones, no puede siquiera tomar un poco de mi atención. Será mejor que lo olvide o me causará un terrible dolor de cabeza. Ahora que lo pienso, en demostrarle mi ira, me estoy rebajando a su nivel, y eso no está bien. Son simples coincidencias.

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Espero que les haya agradado este capítulo. No desesperen, van a seguir de pleito estos dos por un buen rato jajajaj

Bueno, nos vemos en la próxima ciao.