SUBLIMINAL.
Capítulo 3.

...

Despegó sus labios lentamente de los de Dante y se quedó abrazado a sus hombros, mirándolo a los ojos a una distancia miserable, mientras sentía su corazón desbocarse en un intento por drenar todo el alcohol de su sistema.

El murmullo del viento volvió a arremeter contra la ventana, y rápidamente, como si no bastara con la nostalgia que les invadía, la habitación quedó envuelta en una atmosfera de confusión.

Dante abrió la boca para decir algo pero calló al sentir que el muchacho le ponía dos dedos sobre los labios.

"No digas nada…" —le susurró lo más bajo que fue capaz antes de volver a besarlo con su mano de por medio. Sin retirarla lamió lo poco que alcanzaba de Dante a través de sus dedos.

Prohibido. Todo indicaba que en realidad Nero se estaba esforzando por no echar a perder la amistad e ingenuamente hacía aquello con el fin de que el contacto no fuera completo y el beso no llegara a ser beso.
Pero Dante era casi demasiado lascivo como para aguantarse sin hacer nada escandaloso. Dejándose llevar introdujo el dedo índice del menor en su boca, comenzando a chuparlo. Y este, que veía todo doble, observaba la escena para descubrir muy pronto que quería hacer parte de ella.

El cuerpo actuó por sí solo. No aguantaba más. Se deslizó tortuosamente hasta quedar de pie, para unirse a su compañero en un ósculo , aceptando la caricia, aferró a Nero por la espalda y lo hizo retroceder hasta tropezar con el escritorio detrás de ellos.

Pudo saborear el licor en su saliva, el culpable todo.

La cabeza le dio mil vueltas.
El joven lo miró en lo que sentía como un brazo le rodeaba por los hombros, y el otro por la cintura y lo iba recostando poco a poco. Su cuello quedó expuesto a las caricias. Luego de nuevo fue inclinado hacia adelante.
Dante recargó su propia frente en la de él, y lo llevó de un lado a otro de la habitación con un paso aletargado y sensual. Después le tomó las manos y las posicionó de tal forma que parecían dos amantes posando para una fotografía. El mayor dio un paso al frente, y volvió a hacer lo de antes. Nero sonrió al entender que se trataba de un baile. Advirtió además que Dante enredaba sus manos en su chaleco y comenzaba a sacárselo a la vez que le mordía la barbilla, sin dejar de bailar.

En el siguiente paso, fue el chico el que tomó la iniciativa de arrancarle el cubretodo a su poeta. Un nuevo beso y la camisa de ambos, había desaparecido.

Por varios minutos lo único que perturbó el silencio fue el sonido de sus pisadas en la madera. Bailaban bajo el claro de luna. Como lobos, como bestias.
Al final, se dejaron caer en la cama.
Y aquel cuarto reducido, desabrido y empolvado, pareció un palacio.

Nero sintió a Dante gatear por todo lo largo de su cuerpo, llenando de besos su ombligo, pecho y quijada.
Se miraron otro instante. Provócame más.

Las manos del más joven resbalaron de su posición hasta quedar mansamente sobre su pecho. Su razón se nubló, el corazón cayéndole al estómago. Cerró los ojos a modo de invitación muda. Tómame aquí, tómame.

Una agradable sensación de calor volvió a rodearlo. Estaba siendo atendido de nuevo.
Sus bocas abiertas se tocaban levemente, en un beso que le recordó a los amantes de los tiempos antiguos.

Pensaba que así sólo podía ocurrir en las películas, pero ahora que le estaba pasando precisamente a él se dio cuenta de que era mucho mejor de lo que imaginaba.

Suspiró al ver a Dante abrirse paso hasta su corazón, llevándose consigo lo poco que restaba de su cordura.
Tan pronto lo sintió metido entre sus piernas, con sus caderas encajando perfectamente, ahogó un grito. El repentino roce entre sus partes lo enloqueció.

El cazador se movía hacia adelante y hacia atrás emulando el acto sexual. Se recargó sobre sus manos mientras el joven levantaba las caderas en busca de más contacto, sólo entonces, una breve sensación de sometimiento le llegó en forma de punzadas.

Como estaba, debajo, parecía completamente sumiso y tan ebrio que ni a quejarse alcanzaba. Devolvió las caricias como pudo mientras le halaba los pantalones al otro para que se los sacara.

"Espera…" —susurró Dante demasiado cerca. Era real, muy real… estaba hablándole porque era real y eso le encantaba, le provocaba. No quería atender pero le detuvieron las manos—. "Espera"

"¿Q-e?" —due todo lo que su excitada voz pudo mascullar.

"¿De verdad quieres hacerlo conmigo?"

Las mejillas se le encendieron… 'hacerlo'...

…'hacerlo con él'

Dante alargó una sonrisa cariñosa antes de estirarse hasta la mesita de noche. Nero pareció no comprender pero entonces vio la mano ajena reburujar en uno de los cajones. La visión de aquel cuadrito plateado le desconcertó de sobremanera y no supo la razón.

"No" —articuló.

¿Qué podía haber de romántico en el plástico?

El cazador le miró, atrayendo el detestable objeto a la cama. —"No" —volvió a decir Nero, y alargó el brazo para manotear el preservativo.

"¿No?" —inquirió Dante dudoso. El chico negó con la cabeza— "¿Quieres que lo hagamos sin nada?"

Hagamos…

El pecho quemaba. Le embargó la duda, y tuvo que preguntar. —"¿Te doy asco?"

"No… pero…"

"Entonces tíralo" —dijo con determinación.

"¿Qué..?"

"Que lo tires."

Dante sonrió. Era cierto, el muchacho era un bravucón, mandón y malgeniado. Ave libre, macho indomable de corazón frágil. Qué perfecta la forma en que su ceja fruncida surcaba su rostro jovial.

Acomodó todo su peso sobre él nuevamente y desechó el producto. Besándolo antes de desaparecer en su entrepierna.

"Cierra los ojos" —le pedía mientras le bajaba los párpados pesados con una mano.

Nero gimió al darse cuenta que de pronto los dedos fríos de Dante se habían colado entre sus ropas y ahora estaban sobre su miembro.

Dejó que le arrancaran los pantalones del todo. Sintió algo de vergüenza al recordar con quién se estaba revolcando pero en vez de revirar, volvió a gemir.

El tintineo de la hebilla de su cinturón golpeando el aire lo desequilibró.

Dante rasguñó la extensión de sus muslos.

Verlo desnudo aumentaba su lujuría: su cuerpo era el de un joven bien formado, de rasgos no tan exagerados como los suyos pero hermoso igualmente. Solo una parte de él exhumaba delicadeza… y eso era sus caderas. Cuando las tomó para atraerlo, sintió que se las quebraría.

Lentamente y sin que Nero se diera cuenta… se descubrió la pelvis, abriéndose paso entre sus piernas en lo que examinaba, en los ojos entreabiertos en que se reflejaba, algún gesto de dolor.

Así, se empujó dentro y como había pensado el chico frunció las cejas y apretó los dientes formando además un gran grito con los labios.

No se detuvo sin embargo. Fue tortuoso el momento. Apretado, muy apretado. Que dolor tan delirante, se inclinó sobre él para besarle la mejilla que no estaba contra la almohada y esperó unos instantes para acostumbrarlo.

La primera estocada fue seca, Nero gruñó. La segunda fue más lenta, obtuvo una mueca de satisfacción (O dolor. No se supo) Entonces de igual forma fue la tercera, la cuarta, la quinta aumentando la velocidad, conteniendo apenas los suspiros hasta que Nero le encaró para decirle: "Te quiero"

Dante tuvo que detenerse para procesar las palabras en silencio. Se paralizó al considerar que aquella confesión bien podría tratarse de una verdad. ¿Sería entonces que el chaval buscaba algo más que placer al acostarse con él?

Pero qué decía, si hablaba del mismísimo Nero. Nero el infame, el hostil.

Encima, ¿qué significaba aquella expresión? Te quiero… no tenía sentido. Te quiero. Te quiero ¿qué? ¿Te quiero, quiero? ¿Te quiero comer…? ¿qué?

"Perdona…" —dijo el joven, interpretando erróneamente el silencio—. "No lo volveré a decir."

"¿Es en serio?" —Repuso Dante, ignorándolo. El joven desvió la mirada apenado, haciendo sufrir al mayor… ¿Acaso era culpa lo que sentía?—. "Nero, mírame" —él seguía con la vista clavada en la pared—. "Mírame, ¿sí?"

"No escucho por los ojos."

"Solo… mírame" —farfulló al aferrarlo por los cabellos de su frente.

Los hombres eran animales impulsivos. Se mataron con sólo verse, y luchando por mantenerse firme se empujó hacia dentro una vez más.

Nero juntó todas sus fuerzas para no dejar salir ningún sonido, pero su cuerpo le jugaba una mala pasada. Comenzó a responder otra vez y eso impulsó a Dante a seguirlo besando… el cuello, la boca, el cabello.

También incorporó su devil bringer extendido sobre el colchón. Con vergüenza y en un sobresalto accedió al tacto. Quizás pensaba que era incorrecto, pero fue sublime verlo aferrarse a su espalda conteniendo las ganas de volverlo diminutas tiras de serpentina a punta de rasguños.

Estaba sudando, contrario a lo que Dante creía. Nero se había estremecido de repente con su mano aferrada a su entrepierna. Un tirón, otro más y se vino temblando.

Un éxtasis infinito y extraño, como si muriera y volviera a la vida.
El cazador por su parte fue capaz de soportar otros pocos segundos, llegado el punto Nero no permitió que se moviera. Terminó dentro de él.

En gratitud, Dante le besó la cara y rodó a un lado jadeando en éxtasis.
Se le notaba avergonzado al chico y confundido, su expresión natural había regresado.

Aquel suceso, en una noche loca les haría los días más incómodos de hoy en más. Ahora Nero le daba la espalda, ¿en qué pensaba? Las cosas no resultaron y reinó el silencio. No dijeron nada más, evitando herirse…

Ya habría tiempo de sobra.


Ta Dah! Capitulo tres. Salgo de mi habitual silencio para contarles que... hice como cinco versiones de este capítulo pero al final me decidí por esta porque las demás se me hicieron demasiado largas. La verdad es que no me gusta mucho escribir este tipo de escenas. Siento que no soy muy buena describiendo pasiones. Pero ahí está, Hyuna amade, Mitzuki-chan, LadyAniMangaXD y SirenaLoreley. Gracias por sus bonitos comentarios. ¡Ayudan a mejorar!

EDITO_ OMG! No puedo creer que haya podido escribir algo como esto. Infinita vergüenza* No sé por qué no lo dije antes, pero ahora releyendo me doy cuenta de lo descuidada que he sido: PROTÉJANSE. Aquí la falta de preservativo tiene excusa porque las personas involucradas no son humanas (ni reales) por lo que no pueden enfermarse. Pero siempre es importante, SIEMPRE. Seas hombre o mujer, tienes la responsabilidad de cuidarte a ti y a tu pareja, sea hombre o mujer. Eso es lo más maduro, inteligente y romántico que puedes hacer para demostrarle que lo/la quieres. C: