—Realmente se ve negra a la luz de la luna— Will observó sus manos cubiertas de sangre, Hannibal le ayudó a ponerse de pie frente a él.
—Ves, esto es lo que siempre quise para ti, Will— hizo una pausa, ambos jadeaban exhaustos — para los dos.
—Es hermoso— sonrió Will aferrándose a sus brazos, luego segundos de contemplación, de tranquilidad después de la eufórica pelea, abrazó a Hannibal y se meció, era el momento indicado, con un poco más de fuerza ambos cayeron por el acantilado, unos labios rozaron los suyos, el golpe del agua lo aturdió mas no deseaba soltar a Hannibal, cuando en realidad era él quien lo apresaba debajo del agua, dos minutos más y Will perdió la conciencia, entonces salieron a flote, Lecter lo llevó hasta la orilla sobre la arena, lo colocó boca arriba, le dio respiración de boca a boca y presionó bajo el diafragma hasta que expulsó el agua en sus pulmones, parecía que se recuperaría, comenzaba a despertar, el doctor puso el antebrazo en su garganta y apretó las vías respiratorias consiguiendo que se desmayara. Lo arrastró detrás de unos matorrales donde había un auto escondido con las llaves puestas, Chihyo había hecho su trabajo, un último favor. Subió a Will en el asiento trasero, le inyectó un sedante que tenía en la guantera y condujo, tras algunas horas llegó a casa de Du Maurier, llevó consigo al agente Graham y entró sin avisarse.
Bedelia se disponía a salir de la casa con dos maletas, mismas que cayeron de sus manos al ver entrar al caníbal por la puerta, sus ojos se abrieron con asombro.
—Necesitaré tu equipo de primeros auxilios— dijo el lituano con tranquilidad pasando a su lado para dejar a Will sobre la mesa de la cocina.
La mujer corrió hacia la puerta, pero antes de poder salir fue atrapada por Hannibal, él la cargó con facilidad y apretó su garganta, el rostro de Bedelia se tornó rojo y se desmayó, la colocó con cuidado sobre el piso y cerró la puerta. Cuando estaba suturando la herida del hombro de Will bajo las lámparas del comedor, después de haber hecho lo mismo con las suyas, el teléfono de Bedelia resonó en la casa, el identificador de llamadas no arrojó ningún número conocido y Hannibal levantó el auricular dejando que el interlocutor hablara primero.
—Doctora Du Maurier, la avioneta que pidió está lista, el auto que enviamos para usted se retrasó un poco, estará en el hotel Richmond en treinta minutos más. ¿Desea hacer algún cambio?— preguntó una mujer joven.
—Habla el doctor Blake, mi esposa desea que nos recojan en casa, aún nos falta preparar algunas maletas, usted sabe, será un viaje largo.
—Por supuesto señor, estará ahí en una hora.
—Gracias— colgó, tenía el tiempo justo para preparar todo.
El dolor de cabeza era insoportable para Will al día siguiente, sus sienes palpitaban, se levantó y un mareo lo dejo inmóvil un momento, en sus manos había sangre, la sangre de Bedelia, se acercó al armario de donde Hannibal había sacado ropa para él, había dos cambios más, eligió uno y buscó el baño. Tomó una ducha larga, estaba cansado de pensar, de soñar, recordó sus alucinaciones, habían sido tan reales, tan perturbadoras. Era temprano y tenía una erección, intentó masturbarse pensando en Molly, en su calidez y su ternura, pero era como ensuciar su recuerdo, un flashback del beso de Hannibal alejó cualquier posibilidad de distraer su mente incluso en los momentos en los que la naturaleza de sus necesidades humanas lo apremiaban.
Salió del baño vestido, en la planta baja se escuchaba el siseo de la sartén, todo aquello era una locura, una maldita patraña, rió para sí mismo, al parecer la única necesidad que su cuerpo podía cubrir ahora, sería el alimentarse, bajó las escaleras y fue a la cocina donde su casero ya tenía listo el café y pan tostado sobre la barra del desayunador.
—Buenos días Will— le sonrió.
—Buenos días— se sentó y tomó la tasa de café, el sabor amargo le pareció reconfortante.
—No usaste la colonia que había en el baño.
—No
—Debes probarla, la compré especialmente para ti.
—Tal vez en otra ocasión.
Hannibal colocó dos platos y se sentó frente a él, Will miró detenidamente su plato como si esperara encontrar alguna parte de Bedelia.
—Son sólo huevos— musitó el lituano. Will entornó los ojos hacia él y comenzó a comer. Desayunaron en silencio, Hannibal lo observaba como si Will fuera un chiquillo— Es un poco apresurado, por la tarde tomaremos un avión.
—Esto termina aquí Hannibal, no te seguiré, no debo seguirte.
"No debo", que mal sonaba esa palabra para Hannibal, "deber", nuevamente William se resistía.
—"Esto" sólo terminará de una manera Will, lo sabes.
—Contigo comiéndome.
—O tú a mí.
—No tengo ese interés.
—Es la única forma, realmente me honrarías, te enseñaré, sé que alguna vez lo pensaste, incluso puedes fantasear con ello, probar el dulce sabor de mi carne, como yo siempre he deseado probar la tuya.
Las imágenes seductoras entraron a la mente de Will, devorar a Hannibal, comerlo, hacerlo parte de él para siempre.
—No, eso no es lo que quiero.
—Entonces una familia, sabes Will, tengo un regalo especial para ti, un hijo…
—No los menciones, Molly y Walter están fuera de esto.
—No hablo de la familia prefabricada que conseguiste Will, hablo de un hijo real, uno que lleva tu sangre y muy probablemente tu don.
Graham lo miró intentando encontrar la mentira, pero Hannibal no mentía, miraba con curiosidad su turbación, William siempre dejaba ver sus emociones con tanta facilidad.
—¿Dónde está?
—Todo llega al que sabe esperar.
—Considero este juego suyo muy poco refinado doctor.
—Quid pro quo, Will, quid pro quo — colocó los brazos sobre la mesa y entrelazó los dedos— Por ahora él está bien, pero estará mejor con los cuidados de su padre, un padre que pueda enseñarle a pescar, a pasar el tiempo en los astilleros y le muestre el mundo. Ahora es tu turno de dar, iremos a Londres.
William adoptó la misma posición que él sobre la barra.
—¿Y cómo es que tengo un hijo sin haber intimado con nadie?
—Me sorprende que preguntes, sabes que existen otros métodos, estuviste bajo mi cuidado el tiempo necesario.
William frunció el seño y se echó hacia atrás poniendo las palmas sobre la barra.
—Acaso… las cesiones— se llevó las manos al rostro oprimiendo su nariz y su boca en un gesto desesperado, se levantó y comenzó a caminar por la cocina con las manos en la cadera y la cabeza baja calibrando sus ideas — Primero Abigail, luego la esperanza de un niño con Margot y después Molly y Walter, me has quitado todo eso, ¿por qué ahora me entregarías un hijo?
—Tal vez ellos no eran adecuados para ti.
—¿Qué sabes de lo adecuado para mí?
—He salvado tu vida muchas veces Will, sólo quiero lo mejor para ti.
—Y cada vez has sido tú quien me ha colocado al filo de la navaja, haciéndome coodependiente, para probarme, para acercarme a ti — bajó su voz en las últimas palabras y lo comprendió, Hannibal quería eso, su compañía, en su mente sólo él y ese hijo del que hablaba eran adecuados para él.
El ex agente intentó deducir, sin embargo, Hannibal imperturbable no daría ninguna pista útil, tal vez si Will se adentraba en sus pensamientos, en el orden en que planeaba las cosas, sólo así podría interferir antes de que alguien inocente saliera lastimado.
—Bien, quid pro quo— aceptó.
Nort West, Virginia.
Jack Crawford se encontraba en un pequeño operativo, un secuestro, dos hombres mantenían cautivos a una familia y amenazaba con volarles la cabeza si no se les entregaba un transporte y dinero, tras investigaciones internas la unidad a su cargo había pasado de perseguir psicópatas a operativos como esos; el jefe de la unidad de Ciencias del Comportamiento dio la orden para que el equipo SWAT entrara, los francotiradores tenían resguardado el perímetro y era tiempo de terminar con el asunto. Así lo hicieron, dos hombres entraron por la puerta del frente junto con Jack, dos por la trasera, otro más por una de las ventanas, fue fácil desarmar a los secuestradores y los sacaron por la puerta del garaje para evitar a la prensa, pero no a Freddie Launds, como siempre, había logrado burlar a otros policías y fue la primera en obtener las fotografías, deslumbrando a Crawford con el flash de su cámara en el proceso.
—Debí imaginarlo, usted no para señorita Launds— se detuvo a hablar con ella— ¿o es que me está siguiendo?
—Ambas cosas agente Crawford, estoy segura de que usted esconde información del paradero de Will Graham y las personas deben saberlo.
—Espera que yo lo encuentre porque está cansada de escribir sobre casos como estos. Leí su último artículo parece demasiado mediocre después del fantástico reportaje sobre el Dragón Rojo.
—Entonces no leyó la segunda parte del artículo de The Murder Husbans y su último asesinato juntos, Francis Dolarhyde.
—Oh, cómo olvidarlo, ¿qué tal su estancia en prisión?— Antes de que Freddie lograra responder Jack fue interrumpido por un policía local, lo necesitaban para el traslado de los secuestradores, Jack se giró hacia los policías y comenzó a caminar hacia la camioneta blindada.
—No se olvide de Bedelia Du Maurier ¿Ya tienen pistas sobre ella?— le gritó la pelirroja
—Cuídese señorita Lauds— le dijo Jack alejándose.
Freddie se quedó ahí con la cámara entre las manos, era cierto que gracias a su última invasión de una escena del crimen, se ganó una pequeña estadía en prisión, pero a su parecer había valido la pena, esa noche fue la primera en acudir al sitio, el chalet de Hannibal Lecter, esa madrugada encontró el cuerpo de Francis Dolarhyde también llamado el Gran Dragón Rojo, obtuvo una primicia total, su sitio de internet TattleCrime obtuvo cuantiosas visitas, las fotografías mostraban las terribles heridas infligidas sobre el cuerpo del hombre, un asesinato monstruoso, algo que sólo podía salir de mentes perturbadas, mismas que no volvieron a aparecer.
Al principio era un caos mediático, la paranoia total en la población, personas asegurando haber visto al doctor o a Will Graham, pero la historia no tardó en ser olvidada, Jack usó sus influencias y le dio a Molly lo que quería, paz y un entierro digno para su esposo perdido en acción.
Freddie estaba segura que no murieron como las versiones oficiales habían dicho, se encontró sangre de Will Graham y Hannibal Lecter, pero no era prueba suficiente, sus cuerpos no fueron encontrados y eso abría una posibilidad. Ante ese panorama tenía el camino libre para escribir esta vez algo más que artículos, después de todo el doctor Chilton ya no podría pelear la exclusividad sobre Hannibal el Caníbal, The Murder Husbans sería un Best Seller.
Hannibal y Will llegaron por la noche a Londres, bajo nuevas identidades el doctor Lecter alquiló un auto y un pequeño departamento en la ciudad, pagó una semana por adelantado, tenía planes de algo más acorde con su posición y su nueva vida; aún con ello en mente el departamento no le pareció de mal gusto, era un espacio abierto con una decoración moderna, pisos lustrosos y algunos muebles cromados.
El único inconveniente era el dormitorio y la única cama que había, la observó un momento y decidió que tendría que dormir en el sofá. Durante los siguientes días ambos se sumieron en la tranquilidad, pese a que Will seguía teniendo pesadillas, todo lo demás parecía extrañamente pacífico; cuando Hannibal dibujaba Will leía alguna de sus recomendaciones o sólo lo observaba y viceversa, Will evitaba salir no sentía ningún ánimo de mostrarse ante la gente, a Hannibal le parecía conveniente y las pocas veces que salieron fue para comprar algunos productos de uso personal. En cuanto a la comida Hannibal se mantuvo al margen, platillos elaborados excepcionales como siempre, pero con Will cerca se limitó a preparar algunas aves y frutos del mar, por supuesto los vinos no podían faltar y como un buen sommelier se dedicó a mostrarle al ex profesor la degustación correcta puesto que Will tenía que entrenar su paladar antes de dar el salto a cortes selectos de carne.
Lo principal sería hacer que Will se dejara llevar por sus impulsos, tenía en mente de qué manera, pero dejaría esta vez que la oportunidad se acercara, se daba cuenta de los sutiles cambios, entre más tiempo pasaba Will con él más rápido perdía la noción de las líneas divisorias de su personalidad, él no cruzó ninguna, el joven ya lo haría, mientras tanto podía prepara el terreno.
