Capítulo 4: ¿Quién es el Emperador? Los coches se internaron dentro de las calles del Centro de la Ciudad de Sarajevo, conocida como la "Jerusalem de la Europa Balcánica", allí era donde se habían instalado desde hace mucho tiempo las tres religiones: El Cristianismo, el Judaísmo y el Islam, por donde uno mirara podía observar los bellos edificios arquitectónicos, las Iglesias, tanto Católicas como Ortodoxas, las Sinagogas y las Mezquitas, cada una de ellas un tesoro de suma importancia, de un elevado nivel cultural, también las calles con los zocos, los negocios donde habían diferentes grupos étnicos de los Balcanes que se dedicaban al comercio, al igual que en lo local.
En la plaza central, donde estaban los edificios de gobierno, allí podían verse estatuas levantadas a los Héroes de las guerras vividas y en especial una que era del Mariscal Josip Broz Tito, levantada por órdenes del Emperador del Este. También apreciarse las Centrales de la Policía y de las Fuerzas Armadas junto con los civiles que paseaban tranquilamente por las calles de ese Imperio creado y protegido por aquel joven que había sacado a Leni de aquella "isla".
Justo en ese momento, se oyeron los repliques de las Campanas de las Iglesias, el cuerno de las Sinagogas y el Llamado para la Oración en las Mezquitas, cosa que tomó por sorpresa a aquella rubia americana, la cual no paraba de observar cada parte de la Capital Imperial, cosa que causó risa en la Sargento Spalkov de Ucrania, ya que parecía que aquella muchacha se acostumbraría a su nuevo sitio.
- Pregunta.- Llamó Leni la atención de las dos mujeres Oficiales de más alto rango.
- Dilo, adelante.- Respondió Spalkov y de ahí la chica lanzó su pregunta.
- Como que cuando voy a poder conocer al Emperador.- Pidió ella ese deseo, cosa que llevó a las dos mujeres mirarse seriamente y de ahí se dirigieron hacia ella.
- Es demasiado temprano, Leni, pronto lo conocerás.- Prometió Spalkov a la rubia Loud, la cual quedó más confundida.
- ¿Eso significa ahora o más tarde?.- Preguntó ella, cosa que hizo reír a la Teniente de Bielorrusia, pero la ucraniana no era para nada una persona que se tomara todo en broma.
- No te preocupes, sé que estás confundida, pero pronto lo conocerás al Emperador, es una promesa.- Juró la chica, mientras que ahora era el turno de su colega.
- Además, a partir de ahora vivirás en la mansión de Su Majestad, espero que te agrade tu nueva cama, el Señor Alexander mandó a traerla par a ti.- Contó la Teniente Primero Natasha sobre el lugar donde ahora iba a residir aquella joven americana.
- ¿Una mansión? ¿Cómo las de Malibú o Beverly Hills?.- Pregunto ella con emoción y sintiéndose como una Estrella del Cine.
- Es más bien una mansión como todas las que habrá visto.- Respondió Spalkov y eso dejó más pensativa a Leni.
- Pues, debe ser muy bonita entonces.- Teorizó la rubia en aquellos momentos, mientras que se imaginaba aquel sitio donde iba a vivir.
¿Cómo sería esa mansión?. Por su mente de chica rubia americana, donde siempre eran ellas las más hostilizadas en las películas de comedia al ponerlas en el papel de las taradas, huecas, millonarias y caprichosas, Leni era todo lo opuesto, podía ser tonta, podía olvidarse las cosas tan fácilmente pero era sensible a cuando alguien le faltaba el respeto y eso se veía muchas vidas en su anterior vida que tuvo en Royal Woods. Aquella casa donde iba a pasar su tiempo la tenía bastante atareada, perdida y ya comenzaba a sentirse mareada por esa pregunta que tenía en su cabeza.
- Leni, ¿estás bien?.- Preguntó Natasha y le movía su mano para ver si tenía una reacción, sin embargo ella estaba bastante mareada.
- ¿Qué tiene?.- Interrogó el chófer.
- Según sus registros, ella suele marearse cuando tiene una pregunta en su cabeza, de la cual no puede hallar respuesta alguna.- Respondió Spalkov, mientras que leía los archivos de la chica.
- "Vaya, Leni si es que muy especial, pero me gustaría saber por qué el Emperador la sacó de esa "isla"?.- Pensó Natasha y de ahí iban saliendo de la ciudad de Sarajevo para internarse en las afueras de la misma, por la zona de los suburbios, rodeados de bosques y caminos.
Pronto fueron llegando hasta la mansión, ésta tenía un aspecto a las de Francia e Inglaterra, ese toque del Siglo XIX para la Aristocracia, igual a las que aparecían en las películas de drama y romances europeos, también le recordaba a Leni a una que habia visto en las historietas de su hermano Lincoln, la cual estaba ubicada en las afueras de Bruselas, Bélgica.
La mansión tenía un estilo Renacentista, parque con "Orangerie" y jardines al estilo francés y rusos, además de que contaba con la belleza de los bosques, una gran extensión de árboles. De los colores que poseía, resaltaba mucho el blanco, el acanalado y el negro para los techos y las cúpulas, poseía balaustradas del Neoclásico en los balcones, en las paredes junto con las ventanas estaban grabados en piedra el Escudo de la Familia, éstas estaban ubicadas junto con toda esa fila de las mismas, en la parte central de la extensa mansión. Se agregaba además que en los dos lados, tanto a la izquierda como la derecha, arriba de todo de las cúpulas, se podían observar unas pequeñas torres que formaban un campanario.
La reja de entrada se abrió y ante ellas les dio la bienvenida un grupo de Soldados, los cuales vestían uniformes negros, guantes blancos y en sus gorras, ya que eran Oficiales en su mayoría, llevaban bordado un Águila Imperial junto con una Cruz Cristiana y cruzados se veían un rifle y una espada con una frase en bosnio, la cual, traducida al español decía: "Mi smo vojnici Božji i domovina" ("Somos los Soldados de Dios y de la Patria"). Esas palabras confundían a Leni, ya que ella no sabía el bosnio, ruso, ucraniano, bielorruso o de otras lenguas del idioma del Este de Europa, pero por ahora eso no importaba, todo lo contrario: Estaba maravillada con aquel sitio y que le ayudaba, aunque fuera de forma momentánea, olvidar lo ocurrido en aquel barco de evacuación.
En ese momento, los jóvenes que estaban en la entrada hicieron la venia y dos de ellos abrieron las puertas de ambos lados del coche, para luego extender sus manos hacia las dos Oficiales y a la rubia americana, ya todo esto parecía ser sacado de alguna película como "Titanic", solo faltaba el barco y listo, se terminaba, pero para Leni era todo un comienzo en esas tierras.
- Bienvenida, Señorita Leni, por favor, sea nuestra invitada aquí, en el Chateau Romanov-Ivanisevic.- Dijo uno de los Soldados, mientras que la rubia se dirigía con la mirada hacia aquella magnífica edificación.
- La llevaremos hacia su habitación.- Añadió otro de los jóvenes y portaban una maleta, la única que había sido recuperada del hundimiento del barco frente a las costas de California, en el Pacífico Norte, en la cual estaban las ropas que ella había llevado de su casa para ir a Europa.
- Por favor, por aquí, no tenga miedo.- Le invitó el Oficial a cargo y de allí, fueron caminando por el sendero bien trabajado y que conducía hacia la mansión, en donde fueron abiertas las puertas para que pudieran pasar adentro.
¿Cómo sería su interior?, ¿tendría algún parecido a las de California?. No, de ese modo tan extravagante y llamativo, en sí era más educada, aristocrática, apegada a los Siglo XVIII y XIX, donde grandes personalidades de la Historia habían vivido en aquellas mansiones. El interior de la misma era como entrar en una película vieja de los años 20 o 30, habían dos bustos de los Zares Romanov, en especial de Nicolás II, el último en gobernar el Imperio Ruso hasta 1917. Cerca estaba la escalera, la cual se dividía en dos tramos y tenía unas extensas alfombras rojas con bordes dorados.
- Por aquí, Señorita Leni.- Pidió Natasha y junto con Spalkov reanudaron la marcha pero ésta vez hacia la planta alta.
Fueron subiendo aquellas escaleras, al principio, Leni tropezaba varias veces y se agarraba del pasamanos, eso le causaba risa a Spalkov pero era reprimida por Natasha con la mirada, ya que no era bueno reírse de esa pobre chica.
- ¿Cuando podré ver al Emperador?.- Preguntó la rubia y eso dejó de vuelta la pregunta en juicio de tela: ¿Debía ser ahora?.
- Pronto, muy pronto, ahora está ocupado.- Respondió la ucraniana, mientras que llegaban a la planta alta y de ahí cruzaron por unos extensos pasillos, todos bien iluminados y con pinturas, bustos, estatuas, armaduras y hasta cuadros del Renacimiento y del Clasicismo de Europa.
Leni estaba maravillada con todas esas representaciones de diversos personajes de la Historia, le llamaban la atención de todos ellos, ¿acaso esa persona era un amante de la Historia? ¿Un anticuario? ¿Qué otra clase de "tesoros" podría encontrar allí?.
Justo en esos momentos, las dos Oficiales condujeron a Leni hacia una puerta de roble, pintado de blanco y bien trabajado, en su interior estaba la habitación donde ella dormiría: Era un poco grande pero cómoda, un enorme armario donde podría guardar sus pocas prendas de vestir pero al ver adentro de aquel mueble, se percató que estaba lleno con la marca de moda que ella amaba.
- El Emperador se hizo cargo de que tenga la ropa que a usted le gusta, además de que le consiguió materiales para sus diseños.- Le contó Spalkov a la rubia, la cual estaba sorprendida y más cuando vio aquella cama: Era una Texas King Size con cabecera de madera pulido y sábanas gruesas, además de calefacción y un espejo para que pudiera peinarse y sentarse en la silla que había allí.
- ¿Todo esto...lo hizo él para mí?.- Preguntó Leni, mientras que miraba cada uno de los "regalos".
- Así es, incluso esa pequeña muñeca, es...es un regalo de él para ti.- Señaló Natasha y de ahí sus ojos se humedecieron al ver a aquel objeto recostado en la cama.
Aquella era una pequeña pelirroja con dos coletas atadas con unos pequeños moños, era blanca junto con sus mejillas carmesí, una bella sonrisa y llevaba un vestido rosa con unos detalles blancos.
- ¿Está bien, Señorita Spalkov?.- Preguntó Leni, mientras que tomaba a aquella muñeca en sus brazos.
- Ese es un regalo muy importante, esa muñeca perteneció a una de sus hermanas, hasta ese...ese maldito día en que le arrebataron a su familia, cuando regresó a Sarajevo mucho tiempo después y encontró esta tierra totalmente destruida, entre las ruinas de su antiguo hogar encontró, de las muy pocas pertenencias, aquella muñeca, la cual fue de su hermana Anastasia, cuídela bien, ¿sí?.- Le contó la ucraniana aquella historia y Leni asintió.
- "Hace mucho que dejé de jugar con muñecas, pero no quisiera fallarle a Spalkov y a Natasha, además, esta muñeca me trae recuerdos, en especial de Lola".- Pensó Leni, mientras que tenía a aquella en sus manos y no la soltaba.- No se preocupe, no le fallaré, lo prometo.- Juró la rubia y de ahí, la ucraniana secó sus lágrimas.
- Confiamos en ti, bueno, Spalkov, andando, tenemos cosas que atender en la Capital.- Le llamó Natasha a la chica, quien se levantó del suelo y de ahí se despidieron de Leni.
- Si necesitas algo, pregunta por la mansión, hay mucha gente aquí, no solo militares.- Finalizó la Sargento y de ahí se retiraron de allí, dejando que la rubia se acomodara con sus cosas y pudiera descansar.
Pronto, ambas chicas se fueron de allí. Leni comenzó a desempacar y a preguntarse si habia sido verdad lo de aquella isla ese conejo que había estado, ¿dónde estaría?. Tenía que preguntar por eso y de ahí trataría de averiguar algo del misterioso Emperador del Este, el cual estaba en alguna parte de esa mansión.
Terminó con lo suyo y salió de la habitación para solucionar aquellos dos problemas que tenía en mente, así que empezó con la búsqueda por la planta alta. Tenían razón Natasha y Spalkov, había mucha gente allí y no solo militares, había presencia de civiles que compartían habitaciones, también médicos, profesores y hasta escritores, le llamaba la atención el por qué vivía tanta gente allí, pero pronto comenzó a ver a otros que estaban terminando todo y se retiraban.
- "Como que esto parece más bien un hotel, ¡tal vez mi familia esté aquí!".- Pensó ella, teniendo esa única posibilidad en su mente.
Comenzó a recorrer la planta alta, era vista por los civiles que estaban allí y completó todo el recorrido sin hallar a ninguno de los miembros suyos, ¿estarían en la planta baja?. Decidió probar su suerte allí y por lo tanto, bajó las escaleras para ver si los encontraba en esa parte del inmueble.
Llegó a la planta baja pero vio algo que le llamó la atención: Era un bello lienzo que estaba colgado en una de las paredes del hall de entrada, en éste podía apreciarse a un joven con Armadura, una espada y Alas Blancas junto con todo un grupo de Ángeles y Santos que entraban en Sarajevo, siendo recibido por la multitud, Leni quería ver a esa persona pero llevaba consigo una especie de máscara de la Antigua Grecia, pero podían notarse los pequeños detalles como unos ojos rojo-escarlata que brillaban detrás de aquella "protección".
- "La llegada de la Dinastía Celestial".- Decía aquel título.
- Es hermoso, ¿no cree?.- Preguntó una mujer mayor, la cual vestía aquellas clásicas prendas de Bosnia y se acercó a Leni, tomándola por sorpresa.
- ¿Disculpe?.- Quiso saber ella confundida.
- Es una belleza ese óleo que le hicieron al Emperador, es como un Ángel que trajo paz a estas tierras.- Contó la anciana, la cual se estaba yendo con su familia.
- Oiga, espere, disculpe pero ¿lo conoce? ¿dónde está?. Quisiera verlo y ¿por qué hay tanta gente aquí? ¿Esto es un hotel?.- Lanzó Leni un montón de preguntas y la última causó una pequeña risa en la anciana de cabellos blancos.
- Jajaja, qué niña tan inocente eres.- Dijo con un tono tierno y pellizcando la mejilla de la rubia.- Lo he visto al Emperador, es una persona que se preocupa por todos nosotros, en especial por los que perdimos nuestros hogares por la Tercera Guerra Mundial, nos dio hospedaje aquí, mientras que reconstruían nuestras casas, ahora volvemos allí. Que Dios lo bendiga y que nunca se nos vaya, como te dije, él es como un Ángel que nos devolvió la vida y el color.- Le contó todo aquella persona, mientras que se retiraba con su familia de allí.
Leni quedó pensativa un buen rato: ¿Sería de verdad eso?.
Decidió no perder más tiempo y fue a buscarlo, internándose en un pequeño corredor donde había un grupo de jóvenes montando guardia y que la detuvieron justo cuando estaba a pocos metros de llegar hasta donde estaba la puerta.
- Alto, no puede avanzar por aquí.- Le dijo uno de los Guardias.
- Disculpen, pero necesito ver al Emperador, ¿dónde está?.- Preguntó ella con un tono de miedo en su voz, ya que sos hombres eran bastante serios con su tarea.
- No puede ingresar, aquí es donde está la persona de a quien busca, pero está ocupado, aquí es un sitio de relajación para él y para los jóvenes que necesitan paz interior, le recomendamos que vuelva a su habitación y espere, él ya la atenderá, ha estado muy ocupado con sus tareas.- Respondió otro de los Guardias, pero Leni no iba a esperar tanto tiempo, quería ver a aquella persona, por lo cual decidió no escucharlos y comenzó a forcejar para que luego abriera las puertas.
- ¡Yo necesito verlo, quiero hablar con el Emperador!.- Exclamó la joven rubia y superando a aquellos dos Guardias, abrió la puerta y se dirigió hacia aquella parte de la mansión, la cual tenía un toque a Japón, una zona de aguas termales, en donde mucha gente se recuperaba de los estragos de la guerra y estaban acompañados por aquella persona de gran poder.
- ¡Señorita, espere, alto!.- Pidió el primer Guardia pero ya la rubia se había internado en aquella sala y en donde fue recibida por una intensa corriente de vapor y humedad, la cual le hacía sentir agotada pero no iba a rendirse por nada en el Mundo.
La comenzaron a perseguir, mientras que se veían a las personas en aquella parte, tapándose y evitando cualquier problema, Leni se adentró hasta llegar hasta la zona donde habían una gran fuente, la cual tenía toques a la Antigua Grecia y estaba formada por la Vasija Preciosa de Zeus, Acuario, la cual vertía sus aguas en aquel conjunto enorme y con profundidad.
- ¡Alto!.- Ordenaron los Guardias y justo cuando estaban por llevarse a Leni, alguien habló en medio del caos.
Justo en aquella escena, los dos jóvenes se arrodillaron inmediatamente ante aquella persona que salía de allí: Se podía ver su cuerpo delgado y con un poco de musculatura, en especial en la espalda, sus hombros bien formados y sus largos cabellos blanco-plateados que caían, empapados y cubriendo su rostro, el joven no podía voltearse para verla.
- ¿U...Usted...Usted es el Emperador?.- Preguntó Leni, sintiendo una extraña corriente en su ser, ¿acaso era miedo u otro sentimiento?.
- Sí, así es, soy la persona que buscas.- Respondió de forma tranquila.
- Arrodíllate, arrodíllate.- Le pidió uno de los Guardias, pero eso fue oído por el joven.
- No hace falta hacer una reverencia, eres mi invitada aquí, así que no te preocupes por ello. Pero vayamos al punto principal: ¿Qué necesitas?.- Llevó la calma el muchacho y de ahí lanzó su pregunta hacia la rubia.
- Quisiera...Quisiera saber dónde está mi familia, ¿podría ayudarme, por favor?.- Pidió Leni su ayuda, pero hubo un intenso silencio que cayó sobre toda la habitación.
¿Por qué no se volteaba para verla? ¿Por qué no respondía a esa pregunta que le había hecho? ¿Acaso era algo preocupante en el Emperador?. La rubia sentía una gran calma a su alrededor, caían las gotas de agua que estaban sobre el cuerpo del joven y hacía aquel sonido al entrar en contacto con la superficie, parecía ser eterno.
- Él no puede voltearse y si se voltea, no lo mires a los ojos, es parte del "Protocolo".- Dijo otro de los Guardias a Leni, en voz baja.
- Tampoco hace falta eso, no hay de qué preocuparse, no soy un monstruo ni un Dios, pero por ahora no puedo responder a tus preguntas, como dijeron los Guardias, esto es un momento espiritual en esta parte. Por ahora, por favor, regresa y descansa en tu habitación; más tarde te daré un recorrido por la mansión, es una promesa y podrás hacerme todas las preguntas que quieras.- Hizo el muchacho su promesa, mientras que Leni quería avanzar y darle otra pregunta para que le respondiera, sin embargo, los dos Guardias la detuvieron.
- Por favor, venga con nosotros, dejaremos pasar esto pero tenga cuidado para la próxima.- Pidieron los dos y de ahí ella salió de allí, cerrando las puertas y volviendo a aquel momento espiritual en la habitación.
Una vez que Leni volvió a su habitación, se recostó en la cama, abrazando a aquella muñeca que tenía a su lado, haciéndole recordar sus momentos en los que ella jugaba con aquellas y se sumergió bajo el sueño de Morfeo, con la esperanza de poder saber algo sobre su familia, de hallarlos sanos y salvos para que volvieran a estar juntos para siempre, dejando atrás lo ocurrido en aquella maldita guerra.
Pronto quedó profundamente dormida y poco después, la puerta de la habitación se abrió, revelando la entrada del Emperador, el cual había llegado para hablar con ella, pero al verla dormir tan tranquila, tan pacífica, decidió dejarlo para otro momento.
(Truman sleeps, Phillip Glass, OST de "The Truman Show")
Allí estaba el joven, quien sintió algo raro dentro de él, una extraña corriente de atracción que lo llevaba hasta ella, la miró de arriba-abajo y fue entonces que se sentó en borde de la cama, donde pasó su mano por los cabellos de Leni, acariciándolos y de ahí le dio un tierno beso en la frente para que tuviera un buen descanso. Acto seguido, se sacó aquella larga túnica negra que llevaba consigo y la usó para tapar a Leni para que no tuviera frío, quedando solo con una remera de mangas de cortas y unos pantalones de dormir grises, para luego retirarse a su habitación para dormir un rato tras un día agotador.
- Que descanses, Leni.- Le deseó el joven escarlata, quien se retiró de allí, dejándola dormir por ese rato.
Pronto llegaría otro día y con ello, las respuestas que la rubia deseaba obtener al respecto.
Este capítulo creo que me costó más, necesitaba inspirarme un poco con mis libros de Historia, en especial con el Imperio Bizantino, del cual me basé para hacer el de Alexander, aunque claro, también utilizando a Huxley y a Orwell, éste último para el aspecto global tras una guerra nuclear. Me gusta jugar con este tipo de cosas, uniendo temas como religión, cultura e historia, ya que en Bizancio había un gran cariño hacia el Emperador, en especial cuando el último de ellos murió en la Batalla de Constantinopla contra los Ejércitos Otomanos, Constantino XI Paleólogo, ese era su nombre.
Me baso de esto por mis apuntes que anotaba en mis clases de Historia del Mundo Moderno, en especial cuando veíamos Oriente y Medio Oriente, Dios, como extraño esas clases en 2014. Por otro lado, también le di una especie de toque "Soviético" a la mansión, por la presencia del pueblo pero en este Imperio hay una unión del Emperador con la gente, no importa la procedencia étnica, él está para protegerlos y gobernar por el bien común, la Justicia, la responsabilidad y demás para que ellos estén felices.
Quiero agradecer a Transgresor3003, RCurrent y Guest por comentar y espero que le guste este capítulo, para la semana entrante, si puedo, saldrá el siguiente pero voy a ver si llego, ya que quiero estrenar otro proyecto que tengo en mente y se llama "Te amo", un Lincoln-Luna que vengo hablando desde hace mucho y ésta en la lista de estrenos que publiqué meses atrás.
Les deseo a todos ustedes un buen de fin de semana. ¡Cuídense y nos vemos en el capítulo que viene!.
